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Acerca de ccoutodafonte

1968, La Coruña. En la Comunidad de Madrid desde 2005. Sector: jardinería. Blog: www.laramadeoro.com.

Ah, wild sea…!

Ah, wild sea...!600pix

Ah, wild sea…!
and the Galaxy stretching out
over the island of Sado!

Este haiku de Matsuo Basho, en inglés y en japonés, lo encontré escrito/pintado hace años en una pared de Leyden. Como en la mayoría de los haikús, ni hay verbos principales ni se cuenta realmente nada. El autor de los versos se limita a nombrar las cosas, maravillado por su simple existencia: mar salvaje, y  la galaxia que extiende, más allá de la isla de Sado. Otras maravillas más cercanas: los amasijos de algas, restos de redes y nasas, ramas partidas, pequeños crustáceos e invertebrados, que quedan prendidos a las rocas al retirarse la ola (alguna vez he llegado a encontrar ¡manzanas!). Los tesoros de las arribazones. Y el olor, imposible de reproducir. El mar de la foto no es el del Japón. Es el del Canal de la Mancha. Está sacada desde lo alto del faro de Carouan, un atardecer de septiembre de 2007 (habíamos cogido el último trayecto del ferry, La Bohème III, y a punto estuvimos de perder el viaje de regreso y de quedarnos a pasar allí la noche). Con el sol poniente y la marea todavía baja, ese trozo de agua parecía un océano, y los salientes rocosos -con sus retazos de algas- un lejano archipiélago. O una galaxia cercana.  Asomada a la ventana más alta del faro, mientras la gente se apresuraba a regresar a La Bohème, me acordé de esos versos y (por una décima de segundo, como suelen ser estas cosas) me pareció conocer desde siempre a su autor,  Matsuo Basho, aquel poeta pobre que vagabundeaba por la isla de Kyushu, hace tres siglos.

California

360px-Eucalipto_GaliciaMi abuelo llamaba California a su cuchitril de La Grela (barrio industrial al sur de La Coruña).  Tenía un sofá  desvencijado y varios armaritos que había ido apañando aquí y allá, cada uno de un color, sin tiradores ni nada. En una esquina, una pila de manzanas. En otra esquina, una pila de patatas. Para nosotros, sus nietos, que por entonces  éramos rapaces, aquello era el ideal de vida. Un grifo pegado a la pared, un retrete con su pozo negro y todo, un banco en la puerta, cajas de botellas bien ordenadas esperando a ser reutilizadas. El novamás era el alambique, en el que hacía un orujo de hierbas finísimo, según recuerdo que comentaban los adultos. Usaba el bagazo de las uvas de San Vicente, la aldea en que había nacido (y en la que conservaba otro terreno, después vendido): “mal vino, buen orujo”, sentenciaba. Otro artilugio que nos entusiasmaba, hasta el punto de provocar peleas entre nosotros, era el embotellador. Uno colocaba las botellas,  otro bajaba la palanca para empujar el corcho, y un tercero pegaba las etiquetas. Creo que también embotellaba vino comprado a granel, y lo mismo -pero en envases de plástico- con el aceite de colza. Las botellas se iban después al «almacén de coloniales” que el abuelo tenía en la calle Juan Flórez  (ahora hay un gimnasio). Allí, como en el chabolo, siempre olía a una mezcla de aceite, vinagre, bacalao, manzanas, y gasolina.  Con el añadido, en California, del olor de los eucaliptos y  el tufo que subía desde la refinería cuando soplaba viento del sur.  Todas esas cosas y muchísimas más (conservas, linternas, lapices, escobas, etc, etc), las vendía después por los bares y pequeños colmados de la Costa da Morte.
Al abuelo le encantaban las camelias, que por entonces no debían de ser tan fáciles de encontrar. Tenía varias, plantadas muy cerca de la pared. Y muchos rosales, todo muy junto y muy mezclado. Unas judías, unas lechugas.  Lo recuerdo timbrando en el portal de casa de mis padres, a última hora de la tarde. Traía una o dos cajas de patatas, que descargaba en un momento mientras sujetaba la puerta del ascensor con una pierna, y  un ramo enorme de camelias o de rosas para mi madre. Siempre era igual. Nosotros cenando en la cocina, con los pijamas ya puestos, y el abuelo todo sucio de tierra, que llegaba corriendo, nos daba un beso y desaparecía.  California. ¿Desde cuándo llamaría así a aquella chabola llena de flores, hortalizas, trastos y orujo, que sobrevolaba las instalaciones de Repsol en las afueras de la Coruña?.
Mi abuela, que no quería saber nada de aquel tinglado, intentó vender el monte al poco de morir él, aprovechando el rumor de una inminente recalificación…La operación quedó en nada. Un buen día uno de mis tíos encontró instalados en California a una familia de gitanos, o de rumanos, no sé. Con niños y animales  (así me lo contaron), e imposibles de desalojar. Poco más o menos en el momento de la “ocupación” la parte baja del monte, propiedad del concello de Arteixo (creo), sí empezaba a edificarse. Y en ella levantaba sus instalaciones…IKEA, ni más ni menos, con el centro comercial adosado de rigor. repsol Coruña
A mi abuela se le ha ido la cabeza hace tiempo. Por suerte, nadie se interesa ya mucho por aquel terreno olvidado. Y  mientras las infraestructuras de acceso a La Grela se han modernizado de la noche a la mañana, y hordas de ciudadanos corren raudos cada fin de semana al centro comercial, allá arriba, entre los eucaliptos, alguien que no tiene otro sitio a donde ir mantiene ocupado el chabolo, el lodazal, la tierra chamuscada por la contaminación del polígono… y quizá considere aquel rincón, su rincón,  equiparable a California.

NOTAS

No tengo fotos. Supongo que a nadie de la familia se le ocurrió nunca inmortalizar aquello. Estas que he subido   proceden de wikipedia y de atlantico.net
Mi hermana mayor conservó el codiciado embotellador. Hace un par de años me lo regaló, para que lo llevara a LRO. Aquí lo tengo.

¡Ya!

San José 2013

abejorro en un Prunus 18-3-13Ya está aquí. Llegó ayer, día 18,  a media mañana. Unas horas de sol después de un fin de semana de frío y llovizna…y ahí estaba por fin, sin alharacas ni ruedas de prensa. Ahí estaba, inconfundible, la primavera: un zumbido in crescendo en los almendros, en los ciruelos, y las primeras mariquitas «resucitando» entre la corteza de las cepas.

(Foto: un abejorro, género Bombus No sé la especie, quizá B.hortorum, pero la pelambrera varía mucho de unos a otros…)

Dime cómo podas (y te diré qué bebes)

Mediados de marzo

Los franceses han inventado (o mejor dicho, sistematizado y «racionalizado») mil maneras de podar las viñas. Lo esencial de esos sistemas de poda se ha ido exportando y matizando localmente  por todo el centro y sur de Europa (y allende los mares). Todo el mundo hace vinos, cada vez se bebe mejor; pero cuando uno se da una vuelta  del otro lado de los Pirineos enseguida tiene la impresión de que ellos, los gabachos, siguen siendo los amos.
Lo primero: no hay una correlación imperativa entre la variedad de la cepa y el sistema de poda. ¡No!. También cuentan otros factores. Por ejemplo: la fertilidad del suelo y/o la posibilidad de regarlo. En un buen suelo, en principio, siempre es más fácil hacer podas largas (dejando más yemas, más «ojos»). Otro factor: la posibilidad de mecanización (el tractor pasa mejor entre viñas en espaldera que entre viñas  en vaso). O el dinero: en las  espalderas, formas apoyadas, hay que pagar postes y alambres; en los vasos, no. Pero, en líneas generales, parece ser cierto eso de que unas variedades se adaptan mejor que otras a según que sistema de poda.

guyot simple, coppet nov121. Una viña podada en Guyot simple (sistema del Dr.Jules Guyot), en una ladera soleada junto al lago Leman, que el río Ródano atraviesa antes de pasar a Francia, camino de Lyon.  A la cepa se le deja una vara (sarmiento largo y productivo, que pronto el viticultor vendrá a doblar y atar al alambre), y un pulgar -o vara corta- a dos yemas, reemplazo para el año próximo (2014: se cortará la vara de la foto, y de las dos yemas de ese pulgarcito saldrán la vara+pulgar del nuevo año…).  Las podas Guyot se usan sobre todo con variedades de poco rendimiento, como suelen ser, en general, muchas blancas. Ésta muy probablemente es una viña de chasselas, variedad que en la Confederación Helvética se cultiva con primor. No, no intente usted encontrarla a la venta en ninguna bodega. Los suizos se beben -¡como esponjas!-  más del 90% del vino que producen, que ahora es mucho y bueno.
cordon- royat2. Una viña formada en Cordon Royat ( «cordon horizontal»), pero todavía no podada. Poda corta en pulgares sobre un brazo de madera vieja. Es el sistema de poda usado en variedades de uva muy productivas, cultivadas en sistemas intensivos y mecanizados. Campos de viñedos en Cordon Royat es lo que uno ve desde el coche cuando atraviesa Borgoña o Champagne. Pero también es ya la poda característica de nuestros tempranillos en los viñedos ultramodernos de La Rioja y Ribera del Duero… Como la foto es del este de Francia, hay que inclinarse por uvas chardonnay, si es blanca, quizá una pinot noir, si es tinta.
burdeos 20073. Una viña en verano, esta vez en Burdeos. No se pueden ver los sarmientos bajo el follaje; lo que hay es lo mismo que en la foto 1, pero  ya doblado sobre el alambre y duplicado. Es decir, con una vara+ pulgar hacia la derecha y otra vara+otro pulgar hacia la izquierda: sistema Guyot  doble. Ahora las cepas son de Cabernet Sauvignon, o quizá de Merlot, ambas tintas, y menos fértiles que las que habíamos visto cruzando Borgoña. Al ser menos fértiles las yemas de abajo no van a dar fruta: por eso hay que dejar una vara larga productiva cada año (en este caso -Guyot doble- dos),  en vez de los pulgares del Cordon Royat.
4. Cepas en gobelet. Nuestros vasos de toda la vida, los vasos más o menos abiertos y con más o menos brazos, que se extienden  a lo largo y ancho de España. En Francia es el sistema tradicional del Languedoc. Vuelta a mirar por la ventanilla del coche: gobelets es lo que veremos también al cruzar la Provenza …como hasta hace nada al cruzar Logroño. Las viñas así podadas son las garnacha, las syrah, las cariñena…Viñas que soportan condiciones malas  o regulares. Sequías, heladas. Los racimos están mejor protegidos contra la insolación, y de noche los sarmientos -bastante despeluchados, si uno piensa en los formalísimos Guyot y Royat- retienen cualquier gota de rocío mucho mejor que  si estuvieran en espaldera. Los vinos suelen ser -hasta donde yo los he probado al menos- casi tan fuertes como las cepas que los producen…
La foto es de anteayer, la terminar de podar (¡in extremis, como siempre!) el último vaso de garnacha de LRO.
fin de la poda 2013

N.B. Todo esto es un resumen de amateur . Fuentes: los viajes por el pais vecino, por éste nuestro y por algún otro, seguidas de conversaciones y búsquedas de información en libros básicos de viticultura. Cualquier precisión, corrección, matiz, será recibida con gratitud.
Sobre la poda de las viñas en LRO (cuándo, cómo..): https://laramadeoro.com/2012/04/16/cuando-lloran-las-vinas/

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cordon royat… Unas semanas después de publicado el post, voilà otra foto de cordon Royat, con las cepas –pinot noir, en Borgoña- ya perfectamente podadas. Aquí sí se ven bien los pulgares.

La vida en la periferia

Invierno 2013

la vida en la periferiaUn plátano de sombra hueco en el camino de Fessy. ¿Está vivo, muerto, catatónico?. Si está muerto, ¿por qué  sigue en pie?. ¿Vale para algo?.¿Quizá para guardar  la bombona de repuesto, o una escalera, o una pila de cajas, o..?. Si está vivo ¿brotará?. ¿Florecerá?. ¿Qué le ha pasado?. ¿Cuánta gente cabría dentro, bien apretada?. ¿Dónde está la copa?.  Si se apoya una bici o una moto, si se recuesta uno contra él, ¿se desplomaría?. ¿Quién lo plantó y cuándo?. ¿Anida algún pájaro en él…?.
(Todas las respuestas, próximamente…)

Cerrar las grietas

Antes del invierno

palos y pedras en las grietasLa lluvia y la pendiente convierten las grietas en cárcavas allí donde no hay nada que sujete la tierra.
(1) En el campo el problema era el arado. Al dejar de arar la hierba ha vuelto a crecer y sus raíces se han convertido en la mejor herramienta contra la erosión. Donde las grietas eran profundas hemos  utilizado un relleno de palos y piedras -para que escurra el agua de lluvia entre ellas-, todo cubierto de tierra y rizomas de grama.

(2) En el camino. La sociedad de cazadores, en vísperas de abrirse la veda, mete una pala excavadora para tapar esas cárcavas con la tierra (fértil) que va mordiendo de aquí y de allá, en los taludes linderos de las fincas contíguas… No echan zahorra (no gastan dinero en eso). No echan nada. Rutinariamente, para que el camino aguante unas semanas, repiten año tras año la operación. El camino se va ensanchando tontamente, y los cazadores -encantados- pueden pararse a charlar cuando se cruzan, cada uno en su respectivo 4×4. No les importa que, si la primavera viene lluviosa, en unos pocos días toda esa tierra robada al campo, a los nidos de abejarucos y serpientes,  vuelva a correr pendiente abajo…
grieta con grama y tierraCuando limpiamos de grama las huertas, operación agotadora donde las haya, capachos enteros de rizomas y tierra se van a continuación al camino. Después procuramos pisotear el mejunje pasándole con la furgo por encima, para que la grieta quede bien bien tapada. Vaciamos también -mezclado con lo demás- los haces de sarmientos (picados con la tijera de dos manos) que hayan podido quedar olvidados por la viña, e incluso los calderos con ceniza de la chimenea. En alguna ocasión hemos llevado escombro: pero cuidado, ha de ser escombro seleccionado, menudo, que colmate bien el fondo de la grieta al tiempo que deja correr el agua .  Hay que ir vaciando saquito a saquito  y cubrirlo todo cuidadosamente con tierra (llevar azada en el maletero). Los trozos grandes de cemento, ladrillos, yeso, etc, además de horrendos son peligrosos (si una moto de cross o un «quad» -verdaderas plagas del campo-  los pinza y te los deja para arriba…adios neumático)

Los tres amigos del invierno.

Entre febrero y marzo

Three_Friends_of_Winter_by_Zhao_MengjianEl pino (song) y el bambú (zhú) atraviesan el frío y la noche invernal sin apenas inmutarse (algunas ramas partidas, la punta de las hojas helada). El tercer amigo, el albaricoquero (méi) , se suma ahora a sus dos compañeros. Lo hace en un momento muy preciso del año,  a la salida del invierno, cuando marzo  quiere ser abril pero todavía parece febrero: las yemas están hinchadas, ya se ve el color de los pétalos, y sólo falta  que la temperatura suba un poco para que las flores se decidan a abrirse del todo.
Este motivo song-zhú-mei – o también, según donde se lea, Suihan Sanyou, «tres amigos del invierno»-  empezó a utilizarse en la pintura y la cerámica chinas hace mil años. Los japoneses lo heredaron y lo estilizaron.  Lo convirtieron en  Matsu-take-ume. Y lo reprodujeron, con un sinfín de variaciones, en teteras, platos, biombos, kimonos, arreglos florales.  img_2554Los libros de arte insisten en el valor simbólico de cada planta, como cuando se trata de analizar la supuesta «vanitas» que todo bodegón barroco debe esconder… Los pintores, entonces, ¿escogían éste o aquel motivo por su valor moral?. El pino por su fortaleza. El bambú, por su perseverancia. El albaricoquero por su humildad, quizá por su optimismo (floreciendo mientras aún nieva, sin amilanarse). Y los tres -con el bambú  en cabeza- vendrían a representar originariamente al «hombre letrado», hombre superior,  ideal de Confucio…

Ayer

Ayer

Del bambú  (uno de los dormideros preferidos por los gorriones): el frufrú de las ramas cuando las mueve el viento. Del pino: el olor de la pinocha en verano, cuando el sol lo tuesta todo. Del albaricoquero: estos días antes del desborre, aquí o en la isla de Hokkaido: unas ramas  en un frasco de agua, junto a la ventana de la cocina. Y dentro de seis meses,  la mermelada.

NOTAS
La primera foto, de wikipedia, reproduce una pintura en papel de Zháo Mengjian,  hacia 1200. La segunda es un plato de cerámica japonesa, hiperestilizada (atención al pino bajo la nieve: en la parte inferior; la nieve es esa línea que lo cubre, como una bolsa transparente). Procede de aquí: tokiojinja.com.
sake_shochiku-01A pesar de todos esos nombres exóticos diseminados por el post, el nombre más corriente para la tríada pino-bambú-albaricoquero parece ser ésta: Sho-chiku-bai, que no es ni chino ni japonés, sino, por lo visto, la lectura china de los caracteres kenji (japoneses)… Anoto esta tercera (o cuarta) forma de referirse al mismo motivo  porque en un museo de arte asiático es algo tan familiar como lo sería en uno nuestro, por ejemplo, una «Adoración de los pastores»…Tan familiar que hasta le ha dado nombre a un tipo de sake, el más tradicional. (Véase la reproducción, con las tres etiquetas circulares,  correspondientes a cada uno de los tres amigos. Procede de una tienda de venta de alcohol on-line)

¿La mala hierba?

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Cynodon dactylon, gramaGeorge Brassens. Traducción: Júbilo Matinal.

Cuando el día de gloria llegó
y todo el mundo la diñó
solo yo tuve el deshonor
de no morir con pundonor.
Yo soy muy mala hierba,

sí, señor, sí, señor.
la grama hay que quitarla a manoDe mí nadie hace pasto
ni me junta a su gavilla.
La muerte llevó a otros,
sí, señor, sí, señor,
y a mí me perdonó,
qué quiere usted que le haga yo….
La, la, la…

Que siga vivo, yo no sé
a quién le ofende, ni por qué…

(TRADUCCION COMPLETA, http://www.jubilomatinal.com )

Es el enemigo público número uno: la grama, conocida en los libros como Cynodon dactylon, o «Bermuda grass«. Una gramínea rizomatosa que prospera en cualquier suelo con tal de que tenga algo de humedad. Ahora bien, la mala hierba del campo no se parece ni en pintura a la de la canción de Brassens. La grama, ella en particular, no es ese personaje ácrata que va a su aire, que se junta con malas gentes, que se aleja del común de los mortales («Como borregos los hombres van/ siempre en rebaño con su clan. / Yo voy por libre y dudo que,/me haga jamás ningún carné….»). Muy al contrario. Esta mala hierba es la que va siempre en manada: la que, si se le deja, siempre termina haciendo manada. Osea, invadiéndolo todo. Se arrima a los buenos, no a los malos.  No es precisamente una rareza, la excepción a la regla, sino la hierba más común y anodina, la masa que se extiende y le quita el pan y la sal a las hierbas que sí son «diferentes». La  grama se aprovecha de las mejores condiciones del suelo, de las mejores exposiciones, de esa gota de agua perdida. Y en cuanto agarra, ¡ay del que tenga que vérselas con ella!. Es un error fatal tratar de erradicarla por las bravas. ¡Jamás! Con ella sólo vale el azadón (foto nº2).  Cavar y agacharse a recogerla, poniendo buen cuidado en llevarse la madeja entera. Si en la tierra queda un minúsculo trocito del rizoma, la muy loca volverá a colonizar la huerta (y por eso está prohibido el motocultor: la fresa que lleva incorporada trocea el rizoma, multiplicando el problema por MIL). Sólo en eso se parece la grama a la mauvaise herbe, de Brassens: cuando llega el día de la siega – le jour de gloire – ella es la única que se libra. ¿Y cómo no va a librarse, con semejantes rizomas? Con la grama no hay segadora ni desbrozadora que valga. No se trata de segarla, sino de arrancarla de cuajo.

…Y sin embargo, raras veces el malo es siempre malo. O tan malo. La misma grama que arranco a mechones de la huerta, está sembrada por mi propia mano en el jardín. La grama consume mucha menos agua que un césped convencional. En los jardines de la costa, en particular en el sur y en levante, el Cynodon  (y otras hierbas similares)  reemplaza al césped incluso en los archi-cuidados y gastosísimos campos de golf. En las zonas de clima continental la cosa no está tan clara, porque ni la humedad atmosférica es tan elevada ni las temperaturas en invierno tan suaves, y la grama, por dura que sea, necesita un mínimo de agua y un mínimo de calor ¿Qué hacemos entonces en los jardines de Madrid, si no queremos superficies de grava/similar, ni tampoco cubrir todo el espacio -salvo senderos- de plantas tapizantes? En mi opinión, lo mejor es dejar una pradera asilvestrada, cuidarla en primavera y en otoño, y asumir tranquilamente que en verano se agoste. Rebelarse contra esto es inútil, tan inútil como enfadarse por las canas, o porque anteayer nevó…. Entre esas hierbas del «prado» no está mal que vaya mezclada la grama,  la «mala hierba» finalmente reinsertada, que tupe mucho y bien, y durante los meses buenos se dejará pisar. Como en esta pradera asilvestrada no hay aspersores, la grama no se va a entusiasmar tanto como en la huerta, donde hay que regar casi a diario. Y si no se entusiasma, dejará vivir al resto de las plantas, que -además- sí están mejor adaptadas  que ella al frío madrileño. (Conclusión: en primavera y en otoño la pradera estará preciosa; en verano estará amarilla, ¡que no muerta!, al menos en las zonas más soleadas; y en invierno, cuando las temperaturas bajen mucho, no estará tan marrón como lo estaría si fuera un tapiz monoespecífico de grama, estilo campo de golf en Alicante…)

Los ratones bien, gracias

Febrero 2009-hoy

ratoncillo en la casillaLa parte baja de la finca es una explanada llana de más o menos media hectárea. Está en el punto más alejado del manantial y la alberca.  Enseguida, nada más llegar a LRO, decidimos que esa explanada quedaría sin cultivar.  Pero para recuperar el suelo,  destrozado por años de arado y erosión (Véase “Arar o no arar”, el primer post publicado en este blog), ya ese primer invierno, deprisa y corriendo, se sembraron varios kilos de semillas silvestres (una mezcla de meliloto, mostaza blanca, amapola, algo de festuca, etc).  Al año siguiente plantamos una docena de encinas, algunos pinos,  ocho pistacheros, y dos olivitos ‘Cornicabra’.
Bueno, la historia que quería contar hoy es la del estanque artificial que excavamos  a continuación en esta explanada, que por entonces empezamos a llamar “pradera”.  Un señor del pueblo vino con su tractor y fue abriendo el agujero del estanque. (Con la tierra que sacaba nivelamos ese mismo día el terreno frente a la casilla). Hecho el agujero, suavizamos a mano el interior, preparamos dos diferentes niveles –como dos estanterías-  y limpiamos bien todo de piedras, raíces, etc.  Y entonces compramos la lona de caucho. Caucho, dijimos, que aunque sea caro, dura muchísimo más que las lonas de polietileno que venden por ahí (y que se agrietan con el sol). En ningún centro de jardinería lo vendían, así que nos pusimos a buscar directamente al fabricante. Escribimos a la central de Firestone en Bruselas. Nos envió la dirección de un distribuidor en Madrid, el cual, en aquel momento al menos, prácticamente sólo servía a grandes agricultores (caucho para balsas agrícolas, en levante y en el sur).  Nos fuimos al polígono de Coslada donde este hombre almacenaba sus lonas.  Con mil trabajos nos preparó un enorme paquete de lona de caucho plegada, que pasaba un quintal, y lo metimos entre todos en la furgoneta. Ell capricho de la lona nos salió en 300 euros.
Y entonces empezó a llover.
Guardamos el paquete  encima de un palé, al fondo de la bodega, cubierto con una segunda lona de plástico. Pasó un mes. Yo me lié con algo del trabajo, no recuerdo lo qué. No encontrábamos el momento para ir a terminar el estanque. Pasó otro mes…
…Y por fin, una preciosa y helada mañana de finales de febrero,  nos pusimos a ello. Primero extendimos por el fondo del estanque un fieltro geotextil, para proteger el carísimo caucho de hierbas, bichos, y demás. Después  fuimos a por la lona. La sacamos al sol y empezamos a abrirla…. Y del fondo del primer pliegue salieron arrastrándose, completamente ciegos, transparentes como el celofán, una media docena de ratoncillos recién nacidos.
A la carrera, con el corazón acelerado, volvimos a plegar el caucho procurando no aplastar a aquellas mingurrias, casi extraterrestres, de puro frágiles e inmateriales, y lo recolocamos todo donde estaba, al fondo de la bodega.

Dos meses después, ya era primavera.
Volvimos a coger la lona. Volvimos a abrirla, esta vez con muchísimo más cuidado. Los ratones habían terminado de crecer y se habían ido, como calculábamos. Detrás habían dejado musgo, tierra, excrementos. Y, qué sé yo, ¿dos, tres docenas de agujeros?. La lona  parecía un colador.
Vuelta a llamar al tío de Coslada. No nos coge nadie. Vamos hasta allí, y un cartel en el portalón del garaje nos indica que se han trasladado a Humanes. Venga para Humanes.  No le contamos la razón de los agujeros, pero le exponemos  por encima, sin entrar en mucho detalle, el problema que tenemos…. Nos vende, por la módica cantidad de 90 euros, un tubo de caucho líquido con su aplicador (estilo silicona). El truco está en tapar las “fugas” de una tirada, es decir, usando todo el producto. Porque una vez abierto se seca, se endurece, y ya no hay manera de extenderlo (como los tubos de dentífrico, pero en caucho negro, pegajoso, endemoniado). Antes, con unas tijeras de pescado, hay que ir cortando retalillos por las esquinas sanas de la lona.  Retalillos para pegar en los agujeros uno a uno, que previamente hay que marcar con tiza…
En fin, de esto hace cuatro años. El estanque está bonito. Quisiera tener más tiempo para adecentar las orillas, y para empezar a poner coto a los rizomas de espadañas (Typha minima, que la otra, la grande, es incontrolable). Pero bueno, la idea original, que era crear un punto de agua, un bebedero, en el punto más alejado de la alberca, está conseguido. En otros post han ido saliendo algunos de los habitantes de este estanque. Ranas, sapos, culebrillas de agua, libélulas, notonectas… Estoy segura de que de noche bajan a beber los zorros, los jabalíes, los conejos. Todo el mundo.  ¿Y los ratones?. Los ratones bien, gracias. Creo que no se acercan mucho por esta zona. Los oigo corretear por la bodega cada vez que entro.  Anidan entre las macetas, bajo la mesa. Pero con cualquier cosa se arreglan: una caja vieja, unos sacos doblados, unas hilas que quedaron por ahí olvidadas. Y si dejo una katiuska tirada, en dos días, qué digo, en unas horas, me la llenan de almendras y musgo.
Iris bastardos+sol poniente junio

Sopa de coles ‘Plaisir’

 soupe_aux_choux
Un pueblo perdido de Francia. La sopa de coles, el vino, la amistad de dos viejunos con un extraterrestre -un «bon gars», procedente de un planeta triste-, el gato que va a cumplir trece años, la bicicleta, las flores, la huerta, los recuerdos de los tiempos mozos, la noche estrellada, los concursos de pedorretas (en la misma longitud de onda que la radio del marciano). La joie de vivre.  Y del otro lado, los jovenzuelos con sus motos. El ajetreo. Un alcalde muy moderno que quiere llevar a la aldea «la expansion E-CO-NO-MI-QUE!». Osea, los bulldozers, los chalets, los «parques de ocio». La masa de gente que les echa cacahuetes a los dos protagonistas, esas dos rarezas, que se niegan a vender sus huertas para que se sigan construyendo adosados («…les vieux cons, les vieux cons!», les grita el gentuzo.).
Pero en el planeta OXO quieren empezar a plantar coles, fuente de la felicidad, así que los dos viejunos reciben una oferta apetitosa, extensible al gato…y a la huerta entera.

(«La soupe aux choux», película de 1981, dirigida por J. Girault. Con L.de Funés, J.Carmet y J.Villeret .).