Go, bind thou up yon dangling apricocks

W. Shakespeare, Richard II, acto III, escena IV. 

1.
En inglés moderno: Go, bind you up young dangling apricots…
“Anda, ve y sujeta esos jóvenes albaricoqueros que se balancean…”
Puesto que el español necesita más palabras para decir lo mismo, habría que añadir dos frases que especifiquen cómo (cómo exactamente) ha de ser la sujección: “levanta las ramas (up) y átalas (bind)”.  En el contexto de esta escena -una conversación entre maestro jardinero y su ayudante- hasta podríamos añadir un dativo ético: venga, sujétame esas ramas… dice el jardinero de más edad, personalmente empeñado en el asunto. To dangle -leo en el diccionario on line– significa to hung loosely. Indica que las ramas pendulean, llevadas por el viento.

Go, bind thou up yon dangling apricocks
which, like unruly children, make their sire
Stoop with opression of their prodigal weight:
give some supportance to the bending twigs.
Go thou, and like an executioner,
cut off the heads of too fast growing sprays,
that look too lofty in our commonwealth:
all must be even in our government,,,

Tal es el huerto de Langley, propiedad del duque de York. Los jóvenes albaricoqueros, privados de poda,
1. crecerían desordenadamente (like unruly children), y de hecho ya empiezan a hacerlo, despatarrándose y penduleando;
2. fructificarían de más (prodigal weigh), comprometiendo -esto no lo dice Shakespeare aquí, pero parece sugerirlo más abajo- tanto el crecimiento del propio árbol como la fructificación del año próximo (eso que se llama vecería: cuando un árbol produce mucho un año y apenas nada el siguiente).
En un frutal sin podar: si la maraña de ramas recibe suficiente luz y aire (cosa poco probable) y si la fruta llega a cuajar, o será pequeña o no madurará, o bien -en terrenos muy fértiles, con variedades vigorosas y ejemplares jóvenes: Langley-  habrá tanta fruta que, además de quedarnos sin nada la próxima primavera (muy probablemente),  la rama se partirá y desgarrará el tronco al caer. 
Ergo: hay que podar.

2. 
En esta commonwealth que es el huerto de Langley,  los jóvenes frutales  se podan de modo que la copa crezca equilibrada:  eliminando chupones (too fast growing sprays) e  igualando las ramas estructurales (all must be even ). Además, cuando la poda no ha bastado, o no ha llegado a tiempo.. hay que sostener (levantando+atando) los ramos del año cargados de fruto (give supportance to the bending twigs).
El ayudante pregunta entonces a su jefe que por qué se van a molestar ellos en cuidar el jardín cuando todo el reino de Inglaterra es en esos momentos un sindiós. Toda la tierra llena de weeds, las flores más bonitas ahogadas (choked up, por culpa de las weeds), los frutales cabeza abajo (upturned), los setos hechos un asco, los parterres revueltos y la plantación de hierbas útiles “rebullendo de orugas”:
When our sea-walled garden, the whole land,
is full of weeds, her fairest flowers choked up,
her fruit-trees all upturned, her hedges ruin’d
her knots disorder’d and her wholesome herbs
swarming with catterpillars?

El jardinero reconoce que sí, que es una pena que el rey Ricardo, por no haber sabido poner coto a los excesos de sus aduladores, ahora se vea desposeído de su trono. Y, continuando el juego de metáforas, aprovecha para explicarnos  la práctica del pinzamiento (trimming) y de las incisiones/ muescas en la corteza (we do wound the bark). Técnicas complementarias de la poda propiamente dicha, destinadas a equilibrar crecimiento y producción.
... Oh, what pity is it
that he had not so trim’d and dress’d his land
as we in the garden!
 We at time of year
do wound the bark, the skin of our fruit trees,
lest, being over-proud in sap and blood,
with too much riches it confound itself
(*con demasiada riqueza se confunde:
¿referencia a la vecería, a ese fructificar de forma irregular, desordenada, “confusa”?)

Respecto a los pinzamientos, (sobre brotes tiernos, aún no lignificados, que  cortamos/pinzamos por la mitad), con ellos se consigue ralentizar el crecimiento vegetativo en un determinado punto, impedir que se desmadren ramos que no nos interesan… que a lo mejor vamos a terminar reemplazando por otros.  
Respecto a las incisiones. ¿Es una tradición salvaje, esto de andar marcando a navajazos la corteza, que el jefe de jardineros de Langley perpetúa porque sí?  No exactamente: “A principios de la primavera, la traslocación de agua, nutrientes y reservas es básicamente ascendente hacia las yemas en inicio de brotación; y un corte dado sobre una de las yemas localiza la aportación de reservas hidrocarbonadas en ella, en detrimento de otras situadas por encima, con lo que su desarrollo se verá claramente reforzado,,,” (Gil-Albert, nota 1, p.66).
Detrás del trimming y del wounding, en el jardín y en cualquier lado, siempre la misma idea: no dejar que las cosas se desmanden.

3. 
“Mientras tú me sujetas los ramos del albaricoquero, yo iré a arrancar esos hierbajos apestosos que se llevan la fertilidad del suelo…” . La palabra aparece repetida tres veces en la escena: weeds, weeds,  noisome weeds
También se limpia por dentro el árbol, para dejar solo los ramos fructíferos ( referencia a la poda “de fructificación”, sin entrar en más detalles: seleccionar lo mejor, quitar lo ya fructificado o inútil, nota 2). Pero el rey, en mal podador, en pésimo gardener, nada de eso hizo.
superfluous branches
we lop away, that bearing boughs may live:
had he done so, himself had borne the crown,
which waste of idle hours hath quite thrown down.

4.
Jardín de albaricoqueros, espejo de príncipes.
Al Ricardo II no se le da bien reinar: llevar sus resoluciones hasta el final, respetar las posesiones de sus súbditos… Ricardo es ligero, insustancial. Presta oídos a los aduladores que medran en torno a él como los hongos al pie de un árbol débil. No se toma nada demasiado en serio (waste of idle hours). No sabe ser firme, no lo es, y por eso su primo Bolingbroke -futuro Enrique IV-  se le acaba de echar encima.

La mujer del rey pasea por el jardín del Duque de York en Langley, donde se ha refugiado al estallar la guerra entre su esposo y Bolingbroke. Ella y su doncella escuchan sin ser vistas la conversación entre los jardineros: poda de formación, poda de limpieza… mezclando entre unas y otras cosas alusiones al mal gobierno. Si el rey hubiera hecho lo mismo que ellos -dice sin tapujos el viejo jardinero, dándole la razón a su ayudante- ¡cuánto mejor le habría ido a nuestro reino, este otro jardín rodeado de agua! Los parásitos del rey (weeds!) han sido ya ajusticiados por Bolingbroke. Se dice que el Rey está preso.
Pero la reina, que nada sabía aún del rumbo de la guerra, al oír estas noticias sale hecha una furia de su escondite y se encara con el jardinero/mensajero…

NOTAS

(1) F. Gil-Albert, Tratado de arboricultura frutal, MP, Madrid 2003
(2) Sin embargo, detallar cómo fructifica un frutal de hueso sería útil para visualizar el balanceo. Uno vigoroso, como este albaricoquero de Langley, lo hará sobre todo en “ramos mixtos” (yemas vegetativas y florales repartidas):  de no podarse, el  tramo que fructifica cada primavera se va quedando  atrás, lignificándose… y el extremo pendulea con el peso de la fruta nueva, progresivamente alejada del tronco, cada año más canija. Por tanto, incluso en un albaricoquero joven/vigoroso/plantado en una buena tierra, la falta de poda tendrá consecuencias: a corto plazo, rama que se parte; a medio plazo: pérdida de calidad.

Y enlaces:
Para profundizar en este vínculo de la Gran Bretaña con el apricok: https://laramadeoro.com/2014/05/20/comen-orejones-los-anglosajones/)
La forma arcaica apricock va pegada al latín praecox, de la que procede, por ser fruta de maduración temprana. También en otro post, aún más antiguo que el de los orejones: https://laramadeoro.com/2011/09/26/en-tiempos-del-gran-rey-kanishka/

Severo en la viña ( y 5)

Aquí va, para terminar la serie, la poda completa en vaso abierto de una vieja cepa de garnacha.  Fue hace exactamente una semana, cuando las cepas ya estaban llorando (i.e., la savia subiendo con fuerza).
Severo solo usa la tijera de dos manos y la azolilla. Las dos herramientas que usaba su abuelo. No le ve la utilidad a la tijera de una mano, y en cuanto al serrote, ¿para qué llevarlo, si su trabajo lo puede hacer igual (o mejor, en manos de un hombre hábil) el filo vertical de la azolilla, solo un poco más corto que el de una hachuela/destralillo?
Severo, que no es amigo de tontunas, dedica a cada cepa todo el tiempo que considera necesario. Unos diez minutos de media, contando la retirada de los sarmientos y la limpieza del pie con la azada (esto último no se incluye;  la tarea me correspondía a mí, y quedó para el final).  Por eso el vídeo es largo… Pero si alguien tiene de verdad interés en aprender a podar, que haga clic en el “on” una y otra vez. Todos los cortes que da Severo  tienen una razón de ser. Y los que no da, también. 

Por último. Un buen podador se está moviendo todo el rato alrededor de la cepa, como un bailarín a cámara lenta, buscando el ángulo bueno para meter la tijera (por detrás de la yema) y que el corte sea limpio (al bies, sin desgarros). ¡Cámbiate!, me grita Severo cuando, por vagancia, hago varios cortes desde el mismo sitio. ¡Cámbiate ya! ¡Baja los brazos!

¡Piensa un poco! 

8 de marzo 2020. Una última copa de moscatel, antes de meternos  en la madriguera.

                                        ¡Salud y rápida cuarentena a todos!

 

 

Severo en la viña (parte 4)

Para que la poda vaya sobre ruedas -sin mordiscos en los sarmientos, sin tirones en los brazos…-  todas las herramientas han de estar afiladas y engrasadas. Severo limpia y cuida con mimo sus tijeras. Todos los filos van protegidos por un trapo y una caperuza de cuero. También la azolilla.

(El problema de Severo es que está muy sordo. A veces le pregunto algo pero él no me oye, aunque dice “dime” a cada rato, preventivamente, y hemos de andar a gritos por la viña. Tú hazle caso, me dice Miguel Manduca.  Hazle siempre caso a Severo, que sabe más que el buey Limón.)

 

Severo en la viña (parte 3)

Si no se les quita lo seco las cepas se arreviejan. A los muñones sin yemas, o con una clara desproporción entre lo viejo (que es mucho) y lo nuevo, que es una chuchurría, Severo les dice cucazos. Fuera con ellos. Y Miguel, para que me quede claro, completa la descripción: peñuscos, miseria, guarrería… La herramienta para quitar todo eso: la azolilla (zapapico pequeño con dos filos, uno vertical y otro horizontal)

Cuando se raspan bien los cortes de esos cucazos reviejos, apurándolos con las tijeras una segunda y hasta una tercera vez, se sacan trozos finos de madera, como monedas, que Severo llama centimiles.

 

Continuará

Severo en la viña (parte 2)

En una viña como es debido las cepas están mondadas y/o chapodadas antes de la poda. Mondar: seleccionar los sarmientos y dejarlos largos, sin rebajar (diferencia con chapodar, que era solo recortarlos todos -chá, chá, chá…¿de ahí vendrá el palabro?- quizá para que pase mejor el arado por las calles).

Mondadas, chapodadas, o como buenamente quedaron tras la vendimia (nuestro caso), llega el momento de podar. En cada brazo quedará un pulgar y en cada pulgar dos o tres yemas: la casquiza de abajo, que no cuenta, y dos al aire (o solo una, si ya no hiela). No se puede dejar ninguna yema que no haya sido seleccionada. Para ello, dice Severo, hay que lamer bien los sarmientos, mejor dicho, sus cicatrices, que hemos dejado al ras. Mucho ojo con esas yemas casquizas que puedan quedar por los sobacos de la cepa. Ante la duda: pase de desroñador (véase parte 1).
Muy importante: la yema al aire del pulgar ha de estar cubierta por un tocón. Este tocón le dará resistencia al nuevo sarmiento (el que brote de la yema al aire) cuando se cargue de racimos… Para estar bien seguros de que dejamos tocón, el corte se hace por medio y medio de la yema/nudo siguiente, tal como hace Severo en el vídeo (arreglando una cepa podada por mí, con pulgares demasiado largos):

 

Continuará

Severo en la viña (parte 1)

Nadie sabe más que Severo. A él le enseñó su abuelo cuando tenía diez años. Durante los cincuenta, sesenta, setenta siguientes… Severo podó viñas sin parar. Las de la familia y las del tío León, y todas las que se le ponían  por delante. Las chapodó, sarmentó, despampanó, desroñó…
Severo es el mejor: el último de los buenos, el único que aún puede contestar a todo cuanto se le pregunta.
Para celebrar la clase -en el campo, acompañados de Miguel Manduca, buen amigo de ambos- yo llevé un queso San Simón da Costa y él una botella de moscatel.

Chapodar: cortar un poco los sarmientos nada más terminar la vendimia, de modo que cuando llegue el momento de la poda -propiamente dicha- solo haga falta rebajarlos, dejándolos reducidos a un pulgar de dos yemas.

Desroñar: quitar las tiras de corteza vieja, llenas de tierra y suciedad, usando un desroñador ( herramienta entre el hocino/fouciño y la serpeta)

Belles formes de fruitiers


Quelques belles formes de fruitiers, fotos de la Larousse agricole, fascículo 95, en el apartado taille (poda), y subapartado “poda de frutales”. Son manzanos en pirámide, en espiral simple, espiral doble y vaso alto.

A vueltas todavía con las podas de formación de bonsais (https://laramadeoro.com/2020/01/16/bonsais-sin-remordimientos/). La foto procede de un fascículo de la Larousse Agricole, uno de los siete que tengo en casa. Están editados entre 1921 y 1922. No tengo el fascículo de la “B” -o de la “bo”-, así que no puedo asegurarlo al cien por cien, pero supongo que a principios de los años veinte del pasado siglo apenas se sabía aún lo que era un bonsai, y sería remotísima, quizá inexistente, la posibilidad de encontrar uno en Europa. No sé qué hubieran pensado de ellos los (poco contemplativos) agrónomos franceses: à quoi bon?, dirían. ¿Qué producen? ¿Madera, fruta…? ¿Para qué valen entonces? Pero el principio de la “poda rigurosa para controlar el crecimiento” no les hubiera enseñado nada nuevo -¡ni por supuesto escandalizado!- pues lo aplicaban en fruticultura desde los tiempos de La Quintinie, director del Potager du Roi (Versalles), quien sistematizó y perfeccionó las antiguas técnicas de taille -en buena medida, como todo el arte jardinero, procedentes de Italia- para producir más fruta, más rápido, de más calidad, y de más fácil recolección.

A los suscriptores de esta Larousse les llegaba un fascículo por semana, que debían pasar a recoger por la librería donde hubieran formalizado el pago. En total son unas mil páginas, llenas de detalles técnicos, de dibujos, esquemas y fotografías, a los que se añade, al comienzo, un “bulletin hebdomadaire des campagnes” (consejos tipo: la alimentación de las vacas lecheras; época de siembra de los guisantes, etc). En España no teníamos nada que se le pareciera, ni de lejos.
Los fascículos encuadernados (dos tomos) se encuentran en anticuarios on-line a una precio aproximado de doscientos cincuenta euros. Pero la enciclopedia está escaneada, aquí: http://biblio.rsp.free.fr/LA/ (en el Reseau de Semences Paysanes). Aprovecho para buscar “bonsai”. Y en efecto, no hay nada entre “bonnet “(deuxième estomac des ruminants) y “book” (mot anglais signifiant livre).

Los bonsais ni siquiera eran muy conocidos cuando yo era niña; de hecho, que yo recuerde, los descubrimos como novedad en los viveros y floristerías a finales de los ochenta, quizá en los noventa.Tiempo en que aparecieron en el mercado los kiwis, por ejemplo. Las pizzas precocinadas, los yogures líquidos. Los hornos micro-ondas. Los ordenadores blancos,que pesaban un quintal, Un teléfono móvil a pilas, de marca Motorola… Y en medio de todas esas cosas, el olmo-bonsai de mi tío Fernando, que no tardó en palmar (el bonsai, no mi tío) porque todos pensábamos que, siendo tan pequeño, de aspecto tan frágil, y habiendo costado tanto (¿diez mil pesetas?) tenía forzosamente que ser mimado como una “planta de interior”.

Nota. Aprovecho para iniciar un tag / “categoría” con la reproducción de algunas páginas escaneadas de la Larousse agricole.

Bonsais sin remordimientos

Chaenomeles, membrillero japonés, en Bonsai Colmenar. También en flor los camelios, y a punto de caramelo los Prunus mume. Pero el invierno tiene más cosas: los pinos y enebros; las estructuras desnudas de los árboles caducos; las yemas hinchadas, las hojas moradas de frío.

No tengo bonsais. Requieren tiempo, un espacio seguro (a salvo de los perros, por ejemplo), y también un ritmo determinado, una cierta circunspección, de la que carezco.

-Hay que podarlos mucho, ¡pero no los torturamos! – me asegura raudo y veloz, sin que yo haya dicho todavía ni pío (pero adelantándose, por si acaso lo estaba pensando), el propietario de estos árboles de Colmenar. Se lo dirán constantemente: que criar bonsais es torturar arbolitos, y hasta le habrán mandado algún tuit afeándole la conducta…Y sin embargo, las personas que rechazan los bonsais por razones morales, ¿por qué no sienten lástima de los omnipresentes, insostenibles y tristes setos de coníferas, formados con árboles -¡cientos de árboles!- plantados a una distancia de cincuenta centímetros y mantenidos en un estricto marco geométrico de dos/tres metros de alto por uno/dos de ancho, en el mejor de los casos, que los condena a vivir poquísimo y con frecuencia enfermos? ¿Y -se me ocurre- de dónde pensarán que sale la fruta que compran en el súper? ¿Habrán visto, al pasar con el coche por la A2, por ejemplo, las plantaciones intensivas de melocotones, nectarinas, manzanas, etc. que ocupan hectáreas y hectáreas por las provincias de Zaragoza y Lérida? Hace años aprendí a hacerlo: a podar frutales en seto, y también a formar palmetas y cordones sobre una estructura de alambres, con distancias de plantación mínimas, para constreñir adrede el crecimiento de las raíces, y practicando técnicas tan poco piadosas como el “anillado”. Y, puestos a hacer la confesión completa, ¿qué hago en realidad con las cepas cada mes de febrero? Corto con el serrote brazos viejos improductivos, rebajo sarmientos de dos metros a apenas un pulgar con un par de yemas.


Así que no, no me parece que haya nada moralmente reprobable en criar un bonsai, sometiéndolo a podas y pinzamientos continuos. Lo cual tampoco quiere decir que todos los bonsais, o mejor, todas las técnicas de conducción de bonsais, me gusten. El principio de envejecimiento forzoso, por ejemplo, me da qué pensar. Cuando es exagerado, como en esos árboles a los que arrancan tiras del cambium (foto a la izquierda) para dejar al descubierto la madera muerta, me rechina un poco, e instintivamente me gusta menos, como el “rejuvenecimiento forzoso” en las personas mayores. Es ese artificio extremo, que, según me explica el director del centro, domina más en la escuela china que en la japonesa, lo que encuentro poco atractivo. Puede que esa preferencia estética de los occidentales, que tendemos a valorar a priori lo más “natural” (pura apariencia también: como en la historia de los jardines, ¡a veces para hacer casual hay que arrasar el campo de verdad!) se explique por diferencias culturales. Seguro que sí. Pero lo que no acabo de entender, por más vueltas que le doy, es qué puede tener que ver la moral con los diferentes sistemas de poda.

NOTAS
Las fotos están sacadas en el jardín de Bonsai Colmenar (www. bonsaicolmenar.com). Entre los árboles, bajo las mesas, los jardineros dejan deliberadamente los pétalos caídos; tampoco se obsesionan con abrillantar las macetas o arrancar las hierbas que puedan salir entre dos adoquines… Todo eso va incluido en el jardín. Las estanterías de madera que sostienen las bandejas son todas diferentes. No solo por el tamaño o la altura, sino porque a unas les ha dado más el sol y a otras las ha deformado un poco el agua de riego, la lluvia o el hielo. Las propias bandejas parecen también diferentes. Los arboles lo son. Lo (ligeramente) roto, lo desigual, lo alterado por el paso del tiempo. Las cavidades y grietas de las piedras, las superficies rugosas, un poco de sustrato caído (y el mirlo que se acerca a inspeccionar)… Todas esas cosas se valoran aquí, pero ninguna se deja al azar.

Foto que hizo Laura en octubre, cuando al manzano aún no le habían caído las hojas.

El milagro del olmo

el milagro del olmoMientras esperamos que se produzca en Sarria “el milagro del aliso” (véanse últimas entradas), voilà por todo el hemisferio norte este otro milagro, el de los olmos, que florecen y fructifican antes de la brotación,  en marzo, cuando por la noche las temperaturas todavía no suben de cinco grados, incluso menos. Doble milagro, además, en los olmos supervivientes de la grafiosis (como los extraordinarios Ulmus minor  de Rivas Vaciamadrid:http://elpais.com/diario/2003/07/01/madrid/1057058677_850215.html.)

OLYMPUS DIGITAL CAMERALos olmos y demás árboles de las plazas públicas siguen siendo terciados contra viento y marea en muchos pueblos; cada vez  es menos frecuente, (en Madrid hace mucho que ya no se tercia nada) pero hay jardineros en algunos ayuntamientos que se resisten a cambiar, a escuchar siquiera.  Terciar un árbol es cortarle dos tercios de su volumen.  Un árbol repetidamente terciado se queda tan débil que si su estado de salud previo era malo o regular,  puede que ya no levante cabeza.  Y entonces no hay milagro que valga: los primeros años saldrá una peluca de brotes verdes que harán creer a algunos en el efecto “revitalizante” de la poda; pero poco a poco la brotación irá perdiendo empuje, y  un buen día, tras el enésimo terciado, el árbol ya sólo  brotará tímidamente por el borde de las heridas. Brotará como pueda -poco y mal-  y esas briznas famélicas se secarán con la primera brisa del verano.   Eso es lo que le ha pasado a estos olmos mutilados de  la foto, con el agravante de que ya estaban enfermos y de que tenían muchos años.  Un jardinero inmisericorde los machacaba metódicamente con su motosierra cada dos o tres años. La pasada primavera tiraron la toalla. Justo cuando les acababan de poner una plaquita junto al tronco, celebrando su longevidad y no sé cuantas cosas más… No sabemos si la grafiosis los hubiera liquidado de todos modos; sí sabemos  que, aún en ese caso, los terciados repetidos (para “rejuvenecerlos”, me dicen cuando pregunto) adelantaron la muerte de esos árboles en unos cuantos años.

olmo sotoA la izquierda, en otro pueblo de la sierra madrileña: intento de reconstruir la copa de un grupo de olmos que durante diez años recibieron el mismo tratamiento desconsiderado que los ya difuntos de mi pueblo. Las inserciones de las ramas, a partir de los muñones  que deja el terciado, son siempre malas.  Además, en algunos puntos hay indicios del paso de “escolítidos”, esos escarabajos que abren galerías por la madera y llevan y traen los hongos de la grafiosis.  Todas las ramas afectadas se han eliminado. Si el ataque no es salvaje, no hay más olmos cerca, y el estado general del árbol es bueno, ¿podría bastar con eso?. Las opciones, en este caso relativamente “light”,  serían: tratar de mantener a raya la enfermedad y ganar tiempo, ordenando la copa, fortaleciendo el árbol, o talarlo todo sin contemplaciones…

ecda934e1e466e05703b4a926615af75Talar sin contemplaciones.  Ultima foto, la de los famosos olmos de Las Vírgenes Suicidas  (S.Coppola, 1999)., en un barrio de Detroit.    El Park Department  -y el conjunto de vecinos “comme il faut”- quiere liquidar los olmos enfermos de grafiosis para evitar contagios y detener el espectáculo de su lenta decadencia. Las hermanas Lisbon, tan “enfermas” ya como  los árboles, consiguen salvar de la tala al  que crece frente a su casa.  Nadie se hace preguntas. ¿Por qué  enferman los árboles, por qué enferman las niñas?. Su madre las mantiene encerradas bajo llave. El Park Department fumiga y fumiga…  Pero para las hermanas Lisbon la muerte es algo natural.  Cecilia, la más joven (y la primera en suicidarse), trepa a lo alto del olmo condenado y mira desde arriba a los chicos del barrio, que no entienden nada.  Muertas las cinco hermanas, talados  “sin contemplaciones” los olmos enfermos,  el barrio queda desinfectado y aparentemente en orden…3_sofia_coppola_favorite_films_the_virgin_suicides

Manual de heridas (2)

herida pinoNo todos los árboles sangran igual. Las maderas de una conífera y de una frondosa son distintas, como distinto es el sistema de tuberías que en cada una de ellas llevan y traen la savia. A primera vista se parecen, sobre todo cuando el árbol es joven,  pero no, las maderas no son iguales. Tampoco las heridas lo son.

 Paso el dedo por todas las heridas del pino  recién podado: unas lágrimas espesas empiezan a salir ya, perlando la periferia del corte. Si fuera primavera, y si el suelo estuviera saturado de agua, no saldrían cuatro lágrimas sino un llanto desconsolado.
La herida de esta conífera no se cerrará con ese callo perfecto y limpio (esa rosquilla de savia y cosas buenas) que cierra enseguida las heridas de las especies frondosas… pero eso no significa que la madera vaya a pudrirse. No hay cuidado. El árbol produce  resinas, aceites, ceras, gomas variadas y tóxicas (para los insectos y hongos xilófagos)  que untarán, pringarán y taponarán cualquier ventanuco que quede abierto. Será como pasar una bayeta con detergente por todas las habitaciones. Por eso la madera de conífera resiste mejor las pudriciones, aunque la herida tarde en cerrarse. Por eso -dicen los libros- eran de cedro los barcos fenicios,  o  de sabina  los galeones  que Felipe II mandó tontamente a la Pérfida Albión…y que ahí siguen, en el fondo del océano, cuatro siglos después de naufragadas.

Hace tiempo me enseñaron  (1) en qué consistía la poda rutinaria de las coníferas: rectificar la guía cuando se echa a perder por accidente; aclarar las ramas cuando la copa se cierra mucho, y, por último, el refaldado. Refaldar un abeto o un cedro  es una indignidad. Un enorme abeto refaldado es como un anciano  al que  obligaran a andar en pantalón corto.  Yo sólo lo haría  en caso de fuerza mayor, ¡y protestando mucho!. Es decir, sólo si me dicen que la alternativa es apear el árbol.  Refaldar un pino piñonero o un pino carrasco, en cambio,  sí puede estar justificado. En la naturaleza – en un pinar-, las ramas bajas del pino se van secando solas a medida que unos y otros árboles medran, luchando por la luz, que cada vez llega con más dificultad a la parte baja. Pero cuando el árbol está aislado (y en una zona tan seca, donde no hay agua ni nutrientes para todo: para crecer en altura y en volumen a la vez), las ramas  bajas engordan desde muy pronto y el árbol se queda rechoncho. En LRO hemos plantado algunos pinos piñoneros. Las ramas crecen piso a piso, sobre todo estas primeras; después, cuando el árbol madure, se perderá esa simetría radial que todavía tienen, y habrá menos diferencia entre las ramas cerradas de la parte alta y las más abiertas/horizontales de abajo, que por ahora tienen que seguir sometidas al tirón de la yema terminal (la que manda aquí). Estos pinitos de la foto se plantaron hace cuatro años. No se han regado prácticamente nunca, y por eso crecen tan lentamente. El pasado mes de octubre me pareció que ya era tiempo de retirar el primer piso. El “rez-de-chausée”. Los pinos crecerán más,  todo lo derechos que les permita el viento, y las heridas -que son pequeñas, de no más de cuatro o cinco centímetros de diámetro-  se irán cerrando muy poco a poco, cubiertas de resina endurecida.

pino piñonero de 6 años   sin el primer piso

NOTAS.

(1) F.Gil-Albert, La poda de los árboles ornamentales, Ed.Mundi-Presa, bueno como introducción. Con  información mucho más actualizada:  Medioambiente y espacios verdes, V.V.A.A.. Ed.Uned 2013. Para consultas de casos prácticos: www.arbolsano.com.