Coles Goldberg

col chinaBrattleboro, hacia 1985. La pianista Zhu Xiao-Mei, exiliada china en los EEUU,  trata de salir adelante trabajando en lo que puede (baby-sitter, camarera, profesora de solfeo, empleada de hogar…) . Ya ha hecho algunos contactos, también en Europa. Pero no tiene dinero, ni visado, y su edad ya no es la de una principiante (anda por los 35). Xiao-Mei busca trabajo sin descanso. Aprovecha cada minuto libre para estudiar a Bach.

“…Lo que sí sabía es que acababa de hacer el descubrimiento musical de mi vida. Las Variaciones Goldberg llenaron desde entonces mi existencia. Todo está en esa música: se puede vivir sólo con ella. La primera variación me da coraje. La segunda me hace sonreir, y cantar la tercera…danzar la vigésimo cuarta, con su aire de polonesa…meditar la número quince, y la veinticinco…
Después llega la última variación, la número treinta,  ese famoso “Quodlibet” , que me parece una especie de himno a la gloria del mundo. Cuanto más la trabajo, más me conmueve. Bach, al mezclar dos canciones populares –formando con ellas la osatura de la variación- alcanza la cima de su arte: lo profano da nacimiento a lo sagrado, como el más sabio contrapunto hace nacer la simplicidad más absoluta. Un día descubro el título de una de esas dos canciones populares utilizadas en esta variación: “Coles y nabos me han hecho huir/ si mi madre hubiera preparado carne, me habría quedado más tiempo…” (“Kraut und Rüben haben mich vertrieben..”). ¿Qué vienen a hacer las coles a esta variación sublime?.  Al mismo tiempo, ¿cómo no pensar en esas coles de Zhangjiako que teníamos que ir a cosechar a los campos, y que yo encontraba día tras día en mi escudilla?. Es un signo del destino. Todavía hoy, cada vez que escucho esta última variación, veo aparecer delante de mí las áridas y mortecinas extensiones de Zhangjiako…(1)”

Zhu Xiao-Mei, La rivière et son secret, Ed.Laffont, Paris  2007, p. 266

NOTAS
(1) Xiao-Mei, pasó cinco años de su vida (de los 20 a los 25) en diferentes “campos de reeducación” de esta región, al norte de la provincia de Heibei, en la Mongolia interior. La Revolución Cultural puesta en marcha por Mao en 1968  prohibió todo contacto con la cultura occidental, incluída la música clásica, y sólo al final, en el último de esos campos de trabajo, cuando ya las consignas maoistas empezaban a aflojar,  Xiao-Mei y sus compañeros se las apañaron para hacerse con un piano y  conseguir algunas partituras.

La col de la foto es una Brassica campestris L. pekinensis, que aparece en los catálogos de semillas como “pe-tsai”. Tiene un aire con las lechugas romanas, pero es una col. Una col china.

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¡Crece!

melocotonero Van GoghSeñoras y señores, fieles amigos, ahora esta servidora hará el número de  ‘La plantación de un melocotón’. Pero antes de ello vamos a abrir el número con una cita del presidente Mao: ‘Nuestra literatura y las artes sirven a los trabajadores, campesinos, y soldados‘. Entonces cogió el hueso de un melocotón del suelo, lo plantó en un terreno fértil y escupió un buche de agua encima. “¡Crece!“, le ordenó. Quién iba a decir que un brote de melocotonero de un rojo brillante iba a salir de la tierra. Cada vez era más y más alto, hasta que se volvió un árbol hecho y derecho. Entonces la multitud observó cómo brotaban las flores en las ramas y los melocotones empezaban a crecer. En cuestión de segundos estaban maduros, y eran de un color blanco hueso. Si los mirabas con atención parecía que unas diminutas bocas rojas salían del tallo. La chica cogió unos cuantos melocotones y se los dió a los espectadores, ninguno de los cuales se atrevía a probarlos. Con la excepción de un niño, Yu, que le cogió uno de las manos y lo devoró. Cuando le preguntó que qué tal sabía él contestó que delicioso. La chica volvió a invitar por segunda vez a los espectadores a que los probaran, pero de nuevo, simplemente, permanecieron ahí de pie con los ojos fuera de sus órbitas, tan impresionados que ninguno se atrevía a probarlos. La joven suspiró y con un movimiento de mano hizo que el árbol y los melocotones desaparecieran, dejando tan sólo el espacio de tierra vacío…”
(Mo Yan, La República del Vino, Ed.Kailas, 2012, p.238)

NOTAS
Vincent Van Gogh pintó este melocotonero a mediados de marzo de 1888. El cuadro está en Amsterdam, pero el árbol que le sirvió de modelo estaba en Arlès, en uno de los vergeles que entonces rodeaban la ciudad. “Bien ves -le escribía a su hermano Théo-  que los melocotoneros rosas han sido pintados con cierta pasión...”.
Entre diciembre y febrero se plantan los frutales en el hemisferio norte, siempre que la tierra no esté helada ni sople fuerte el viento.  En LRO se han plantado esta semana (“¡creced!”) un cerezo, un albaricoquero, un caqui, un granado, dos ciruelos y un melocotonero.

Things-are-beautiful

gruta-10-11-06En el interior de la gruta de LRO hay una inscripción china – malamente  grabada, con un clavo y una piedra- que se supone dice esto: Things-are-beautiful.  El ideograma original está en una tablilla de madera que compré en el jardín botánico de Montreal  mucho antes de llegar aquí. Un hombre chino, o medio chino-medio canadiense, vendía tablillas de éstas a la entrada del jardín. En cada una de ellas estaba inscrito el ideograma correspondiente a las diversas virtudes, algunas de ellas universales ( Bondad, Sabiduría, Salud…), otras más caseras  (Fertilidad, Felicidad Conyugal…). El hombre, un tanto excéntrico, me aseguró con muchos gestos y exclamaciones que el ideograma que yo había escogido decía “Thing-beautiful”. Como quería llevarme sólo una tablilla, una que sobresaliera entre todas,  que expresara lo único de verdad imprescindible, me hice a la idea de que aquello podría valer como ideograma de la Belleza y  la compré.  Ya en España una amiga me dijo al verla: si el tal chino desvariaba, ¿cómo puedes saber tú que la tablilla realmente dice eso y no cualquier tontuna…?.  Entonces me pareció imposible  replicar. Me quedé con la duda. Pero hoy pienso que, en el fondo, da lo mismo. Con que uno se lo crea es suficiente (pregunta que se han hecho los historiadores durante décadas: ¿está realmente el apóstol Santiago enterrado en la cripta de la catedral?; un milenio largo de peregrinaciones demuestra que eso es lo de menos).
La inscripción funciona, es un hecho. Uno entra en la “grotta” de LRO, escucha el repiqueteo del agua, pasa la mano por el musgo, y lee en la pared el ideograma de la Belleza: Things- are- beautiful… como sentenció aquel medio chino, quizá medio loco, en un jardín de Canadá. Y con eso es suficiente.

NOTAS

la tablilla

la tablilla

Si por una rara casualidad alguno de los lectores de este blog sabe chino, que me escriba, por favor; pagaré por sus servicios de traducción esta fantástica coliflor `Skywalker’.

la coliflor 'Skywalker'

la coliflor

Vino Tinto en el Celeste Imperio

Otoño 2012

En este preciso momento, en algún lugar del Celeste Imperio, un chino mandarino se dispone a beber una copita de vino de LRO. Las uvas que vendimiamos se van  a la cooperativa del pueblo, donde se mezclan con las uvas de nuestros vecinos. Pasado un año saldrán de la bodega convertidas en vino, embotelladas, y etiquetadas con ideogramas  (“new wine, old tradition”, pero en chino). El camión las dejará en algún puerto europeo, ¿quizá en Rotterdam?. Allí  serán almacenadas en un contenedor, cargadas en un enorme trasatlántico, y enviadas a ese cliente que espera en ultramar: dos océanos más allá.

Una familia de pioneros chinos acaba de abrir un restaurante en el pueblo: El Diamante Rojo.  El otro día al volver de vendimiar -cansancio y pocas ganas de encender la cocina-  nos dejamos caer por allí. Dos cosas me llamaron la atención en la carta:  la oferta de  “vino de la casa”, y el plato llamado “hormigas subiendo por el árbol”, que me recordó un post reciente del blog. De entrada, lo del vino-chino-casero nos hizo sonreir (como si lo que nosotros fabricamos por estos lares fuera un Lafite Rotschild…)
Más tarde, investigando por la web, me dí cuenta de que el que  ríe de último ríe mejor, y éste último casi siempre resulta ser… un chino. Algunos datos: China es hoy el séptimo pais del mundo en superficie de viñedo y el quinto mayor consumidor.  Las previsiones indican un aumento del consumo superior al cincuenta por cien de aquí al 2015.  Leo en internet que los chinos  prefieren el vino tinto, muy rojo y brillante, porque asocian su color a la  buena suerte. Leo también, consternada, que le echan hielo y lo mezclan con gaseosa (sí,  por lo visto hacen calimochos incluso con un “grand cru”).   Las botellas se regalan  para el Festival de la Primavera, víspera del Año Nuevo, y otras comidas de ocasión, además de estar reemplazando rápidamente al baijiu (licor, de arroz o de sorgo) en los banquetes oficiales.  Pero lo más asombroso es que, contrariando su fama de  prolijos-chapuzas, los chinos están empezando a producir ¡vinos buenos! (1).  Las bodegas nacionales contratan a enólogos  franceses y cuentan con el apoyo de las autoridades. Por su parte, las grandes bodegas europeas, californianas, etc, que han ido a instalarse al Celeste Imperio no lo han tenido fácil (ni las distribuidoras: cualquiera se mete ahí), pero las que resisten, incluso en pleno Desierto del Gobi, empiezan a hacer caja…

Vuelvo al pueblo. Un pueblo depauperado por la crisis, machacado como tantos por décadas de urbanización absurda  y abandono/maltrato del campo. Deprimido, cabizbajo. Sus vinos fueron importantes en el S.XVII – muy apreciados en la Corte, como contaba el Capitán Alatriste-, en especial los blancos elaborados con albillo. Nada más que albillo…uva que se ha ido haciendo rara, por ser menos productiva y espectacular que otras. Los vinos de hoy son corrientes, vinos “de mesa”, con más mercado entre la generación de nuestros padres y abuelos (nosotros -confesémoslo- consumimos mucha más cerveza). Bueno, la cosa es que hace apenas dos años la cooperativa estaba a  punto de quebrar. La anterior junta directiva parecía buscar deliberadamente la ruina del negocio, apostando solapadamente por echar el cierre y especular con los terrenos (en pleno centro del pueblo). La forma de tirar piedras contra su propio tejado consistía en dejar de llevar la uva a la cooperativa. Durante dos años, siguiendo las indicaciones del anterior propietario de LRO, le vendimos las uvas a un misterioso “Pepito” que aparcaba su trailer en el polígono e iba pasando las cajas por una vieja pesa romana…Terminada la operación, nos pagaba. En mano. Allí mismo. Billete sobre billete. Y cuando el trailer estaba lleno de uvas se marchaba, dizque a Burgos, para hacer con ellas el coupage en bodegas de tres al cuarto…El anterior propietario nos decía que esto era lo mejor, aunque el precio fuera más bajo, porque en la cooperativa sólo pagaban una vez hecho y vendido el vino. Y como por entonces los pagos se retrasaban hasta dos y tres años, Pepito y otros como él hacían su agosto con los impacientes. Bueno. Caimos de la burra enseguida, al año siguiente, un domingo que llegamos tarde a la cita con Pepito.  Con el tractor hasta arriba de cajas y la espalda rota después de muchas horas vendimiando, ¿qué hacer?. El trailer iba ya camino de Burgos. Entonces  aparece  otro vecino y gentilmente nos ofrece meter las uvas en la cooperativa a su nombre, asegurando que nos pagará  “cuando se cobren”. Menos da una piedra, ¿no?. Además, para poder dejar quedar las cajas en la cooperativa hace falta estar registrado. Total, que para usted estos mil kilos de uva…Y hasta hoy, claro. El vecino en cuestión resultó ser miembro de esa torticera junta directiva, que vendía su vendimia al primer postor aún teniendo la obligación -no sólo moral: también contractual- de llevarla a la cooperativa. Gracias a esas uvas nuestras, que jamás cobramos, ese año él lavó la cara ante la junta: ¿quién dice que yo no traigo aquí mis uvas…?.

Las uvas que se beberá un chino

La siguiente primavera escribimos una carta a la cooperativa solicitando fueran aceptadas  ese año y los venideros nuestras humildes uvas garnacha, tempranillo, y macabeo. De mil amores las recibieron y de mil amores las estamos descargando allí, en las tolvas de la cooperativa, desde entonces. Hemos ido aumentando la producción (¿o es que -más bien- Pepito nos tomaba el pelo?). Hace un año la anterior junta directiva fue destituida y públicamente vilipendiada….En unos meses empezaron a sanerase las cuentas. Todavía falta mucho. Muchísimo. Hay deudas con el banco que ni se sabe cuando podrán saldarse. Pero la nueva presidenta y nueva junta parecen moverse bien en este business. Como caídos del Cielo los chinos llamaron a la puerta.  Setenta mil botellas, según tengo entendido, viajaron a Pekín el pasado invierno…Y esta es la historia. Malas lenguas dicen “que los chinos han comprado la bodega” ( a ver: como si en vez de comprarnos las uvas nos hubieran comprado la finca), y peores lenguas aseguran que “unos chinos han comprado la bodega para vendérsela después a otros” (¿otros chinos?)…
En fin.
El hecho es que las cosas empiezan a enderezarse.
Y que la vendimia del 2012 ha sido fantástica.

NOTAS

(1) “Future of Wine report”, publicado por BBR, una tieda londinense de vinos (Berry Bros & Rudd): “hacia 2059 China liderará el mercado de vinos de alta gama…”. (www.absolut-china.com)
Las dos primeras fotos proceden de la wikipedia.

Honorables rosas chinas

23 de noviembre 2011

Rosa chinensis ‘Mutabilis’ frente a la casilla de La Rama de Oro, un veinte de octubre, y en la parte trasera del Museo del Quai Branly, en París, a finales de septiembre.

También en LRO la floración de las rosas `Mutabilis’  remonta en otoño, pero no es ni la sombra de lo que fue entre abril y junio. Me imagino que las cosas serían diferentes si regara intensamente todo el verano, pero no quiero hacerlo. He comprobado que estos rosales están fuertes, y muy sanos, con un riego semanal durante julio y agosto. Es suficiente. Si la floración es algo menor que en primavera lo asumo como algo normal  Regarlos más no sólo no está previsto en el “régimen de aguas” de LRO; es que me da en la nariz que… que sí tendrían más flor en septiembre, pero seguramente también más oídio y más marsonia (“mancha negra”).

Ese espacio frente a la casilla, orientado al este, era un terreno en pendiente hacia las viñas. Levantamos un pequeño muro de piedra y lo rellenamos con la tierra procedente de la excavación del estanque. Es una tierra pesada, que mezclamos –¡por añadidura!– con varios sacos de tierra también arcillosa (muy rica y ligeramente caliza) procedente del jardín de uno de mis clientes. Por la tarde la propia casilla proyecta su sombra sobre el macizo, así que la evaporación se reduce en las horas más calurosas. Al pie del muro, pero por dentro, colocamos en su día un tubo de drenaje perforado, que recogiera el agua excedente y la evacuara por un saliente en el punto más bajo. La idea era proteger los cimientos del muro y, de rebote, evitar que las raíces de las plantas se encharcaran.

Estos rosales ‘Mutabilis’ –cuyas flores van pasando del amarillo melocotón al rosa pastel o magenta– están plantados en compañía de una jara blanca, varias estipas y media docena de verbenas de Buenos Aires. El pasado año añadí otro rosal chino, un ‘Old Blush China’, que es igual de remontante que el `Mutabilis’, con hojas igualmente pequeñas y apuntadas, ¿y quizá un poco más fragante? (nada del otro mundo, en cualquier caso). Cuentan los manuales que este ‘Old Blush’ fue uno de los primeros rosales chinos en llegar a Europa, gracias al capellán –de origen sueco– de un barco de la Compañía de las Indias Orientales. El rosal salió de la provincia china de Guangzhou y llegó por mar hasta Uppsala en la segunda mitad del siglo XVIII, dejando maravillado a todo el que la contempló. Por entonces pocos imaginaban que pudiera existir algo así: rosales floreciendo durante meses y no sólo entre mayo y junio… Se piensa que el rosal ‘Mutabilis’ llegó casi un siglo más tarde, tal vez procedente de la misma provincia china (para ser precisos: del mismo vivero chino), pasando primero por la Isla de la Reunión (escala comercial de muchos barcos), por los jardines de la familia Borromeo en el Lago Como después, y de ahí, finalmente, a Ginebra, a las manos del botánico y viverista Henri Corrévon, al que se atribuye el inicio de su comercialización por Europa. (1)

Así que mis rosales  pertenecen a una vieja estirpe aristocrática, oriunda de Guangzhou. No se puede pasar junto a ellos sin hacerles un saludo reverencial agachando la cabeza. Esto debe saberlo, y respetarlo, todo el que se acerque por LRO…

En verano, cuando los rosales se aletargan un poco, las verbenas toman el relevo. Cada pie de verbena dura unos dos años, pero aunque fueran anuales daría lo mismo porque se resiembran solas con mucha facilidad, de forma que, para tener siempre en flor el macizo, me basta con trasplantar esas pequeñas verbenas cuando ya miden un palmo. En la parte de delante, entre las piedras, hay Erigeron karvinskianus y un pie de Gipsophila en la parte del muro que da al pilón. En el capítulo de las marras habrá que anotar dos hinojos de color bronce. ¡Qué bien habrían quedado mezclados con las rosas Mutabilis! (así los vi en un libro de J.P. Collaert). ¿Era demasiado pesada la tierra para unos hinojos?. Como no estoy ni mucho menos conforme con este fracaso, volveré a intentarlo en cuanto pueda. Para terminar, en las dos esquinas del macizo hay romeros rastreros. Tanto más sanos y florecientes –prácticamente diez meses al año– cuanto menos caso se les hace.

 (1) La historia más completa y coherente de las rosas chinas en Europa la he encontrado en este libro: La Rosa, una herencia de color, de Peter Harkness. Ed. Cartago 2005.

En tiempos del gran rey Kanishka

Marzo-Abril

Aunque se llamen respectivamente Prunus persica y Prunus armeniaca, ni los melocotoneros son exactamente de Persia ni los albaricoques de Armenia. (Por otra parte, tampoco los nísperos, Mespilus germanica, son alemanes, ni el “arce de Montpellier” es de Montpellier, etc.  En la vida, a lo que parece, no todo se explica con argumentos científicos. De ahí, por ejemplo, que cuando un francés utiliza la expresión  “filer à l´anglaise”  nosotros lo traduzcamos al español como “largarse a la francesa”…).

Los melocotones y los albaricoques vienen de China, como tantísimas otras plantas de llevar a la despensa o –sobre todo– al jardín (¿es concebible la vida sin rosales remontantes?). Dicen que en China los albaricoques crecen silvestres, que al final hay tantos que la gente ya no les hace mucho caso al pasar. Como aquí a las zarzamoras. Desde hace, no cientos, sino miles de años, se sabe de poetas y pintores chinos que se consagraban a la exaltación de la flor del melocotón, de la flor del cerezo. Cuando por aquí los señores feudales sólo soltaban el garrote para comer a mordiscos un trozo grasiento de carne,  por allí, en ese preciso instante, ya había un gentilhombre perfectamente acicalado disponiéndose a pintar una garza sobre un lienzo de seda. Así son las cosas. Sobre cómo llegaron estos árboles a Europa no parece haber unanimidad. Transcribo a continuación la historia que yo prefiero. No la he sacado de un libro de fruticultura, sino de un pequeño tratado de Bertrand Russell titulado Elogio de la ociosidad. En el capítulo en cuestión el autor trata sobre “El conocimiento inútil”. Su propuesta es ésta: saber cosas nos hace vivir mejor, o lo que es lo mismo, llorar menos cuando toca llorar (eso no se arregla) y reir más cuando toca reir.

“Yo encuentro mejor sabor a los melocotones y a los albaricoques desde que supe que fueron cultivados inicialmente en China, en la primera época de la dinastía Han; que los rehenes chinos del gran rey Kanishka los introdujeron en la India, de donde se extendieron a Persia, llegando al Imperio romano durante el siglo I de nuestra era; que la palabra “albaricoque” (apricot) se deriva de la misma fuente latina que la palabra “precoz”, porque el abaricoque madura tempranamente, y que la partícula inicial “al” fue añadida por equivocación, a causa de una falsa etimología. Saber todo esto hace que el fruto tenga un sabor mucho más dulce”.