Era un jardín para ciegos

(Breve historia del rosal)


Palermo, 1860. El Príncipe de Salina pasea por su jardín:

.. Los claveles imponían su olor picante al protocolario de las rosas y al oleoso de las magnolias, que se hacían grávidas en los ángulos, y como a escondidas advertíase también el perfume de la menta mezclado con el aroma infantil de la mimosa y el de confitería de los arrayanes. Y desde el otro lado del muro los naranjos y los limoneros desbordaban el olor a alcoba de los primeros azahares. Era un jardín para ciegos: La vista era ofendida constantemente; pero el olfato podía extraer de todo él un placer fuerte, aunque no delicado. Las rosas Paul Neyron, cuyos planteles él mismo había adquirido en París, habían degenerado. Excitadas primero y extenuadas luego por los jugos vigorosos e indolentes de la tierra siciliana, quemadas por los julios apocalípticos, se habían convertido en una especie de coles de color carne, obscenas, pero que destilaban un aroma denso, casi soez, que ningún cultivador francés se hubiese atrevido a esperar. El príncipe se llevó una a la nariz y le pareció oler el muslo de una bailarina de la ópera… 

(Giuseppe Tomasi di Lampedusa, El Gatopardo, capítulo 1)

Los jardines del Palacio Salina eran opulentos y voluptuosos como sus salones (como su dueño), y los rosales `Paul Neyron’ morían de éxito, si así puede decirse, pidiendo a gritos las tijeras de un podador resolutivo -capaz de controlar ese equilibrio entre el “excitadas” y el “extenuadas”, que al Príncipe se le escapaba. La foto de ahí arriba es de una ‘P. Neyron’; en realidad el rosa es más intenso, pero si la planta está demasiado expuesta al oeste/suroeste, ¡y en Sicilia!, no es de extrañar que palidezca y adquiera “color carne”.

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En el principio fue un rosal silvestre (“botánico”), probablemente un damascena. Después un rosal de la China, con seguridad un ‘Old Blush’, Padre de Todos los Chinos, que, a diferencia de los rosales occidentales, florecía durante meses (floración “perpetua” o “remontante”) y no solo en primavera. Hibridados el silvestre y el chino en el océano Índico, en la isla de Bourbon/ Borbón, del archipiélago de las Mascarenhas, por entonces posesión  ultramarina de Luis XVI, dieron lugar al primer rosal borbón. Alto y garboso, resistente, de flores casi demasiado grandes, causó sensación entre los franceses expatriados (y morriñentos: arrancaban la flora autóctona, plantaban rosaledas) que mandaron su semilla  a un viverista de París. Hibridaciones muy parecidas se consiguieron en Italia (dedicados a la Duquesa de Portland, pasaron a la historia con su nombre) y en un vivero de Carolina del Sur, de la familia Noisette.
Así que
Borbones, Portland y Noisette. Con ellos arranca la historia del rosal moderno. Hibridados a su vez entre sí, nacieron los híbridos perpetuos.
‘Paul Neyron’ es uno de ellos. Mi ‘Zephirine Drouin’ (foto aquí abajo), pertenece al mismo tipo pero en versión trepadora (lo que los aficionados a las rosas llaman
sport). Son rosales sólidos, es verdad. Un poco convencionales…sí. Arbusto desmañado. Hojas oscuras. Flores desparramadas. Fragancia penetrante, potenciada por el calor en los jardines de sur,. Todo el encanto casero, pueblerino, de los rosales antiguos. Fieles como ninguno: duros de pelar. Son los que crecerían en los jardines de las novelas de Balzac: años cuarenta, años cincuenta. Estábamos a las puertas de la creación del rosal moderno (1867, ‘La France’), gracias a la introducción de los rosales de té (India, sur de China). ‘Paul Neyron’, que tuvo -dicen los libros- un éxito enorme, fue ya de los últimos de su estirpe.

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La historia  de
El Gatopardo comienza en 1860, y el rosal -que el protagonista fue en persona a comprar a París- debía de llevar años plantado. Sin embargo, ‘Paul Neyron’ salió al mercado en 1869. No parece un anacronismo muy grave por parte del novelista. Al contrario.¡A los jardines de Palermo les va mil veces mejor ese “atraso” (relativo) de diez o quince o veinte años! No les hubiera cuadrado un rosal espigado, ultramoderno, de capullos tourbillonnés y sin apenas aroma, como tampoco un rosal sin pedigrí, un gallica o un centifolia -botánicos europeos-, como los de cualquier jardincillo burgués. En ese jardín señorial pero decadente tenía que haber un rosal perpetuo. Un híjo de los borbones guillotinados. Procedente de una isla que ahora -tras la Revolución liberal de 1848- había pasado a llamarse definitivamente de la Réunion. Las rosas de los Guermantes, las rosas de Proust, no podían ser las mismas que las de los Salina, porque las de Paris-1900  habían nacido para la vista, no para el olfato. Rosas intelectuales. No unas primitivas de los tiempos de Maricastaña. Esmoquin y no levita. Orquídeas, que no violetas.
Lampedusa escribió su novela en los años 50 del siglo XX, cuando la producción industrial de rosas ya era un hecho. Los rosales modernos tenían flores perfectas y sin olor. Los capullos de ‘La France’ y demás
híbridos de té –pedúnculos rígidos, pétalos apretados- podían enviarse en avión a cualquier punto del globo. Los arbustos eran una birria, pero ¡qué importaba! También en el jardín los rosales habían perdido el primer puesto en favor de especies exóticas, de los perfiles arquitectónicos… (justo a la inversa de lo que habían hecho sus tatarabuelos expatriados, allá en el Índico o donde fuera). Pero como todo vuelve en esta vida, no faltó quien reclamara los derechos perdidos de la flor antigua/ las antiguas virtudes. Un reverendo anglicano había creado ya, hacia 1930, el primero de sus rosales vintage… (Pero esta es otra historia, que dudo que el protagonista de El Gatopardo hubiera sabido apreciar).
Conclusión: Lampedusa, escribiendo  hacia 1950, sabía muy bien lo que hacía al escoger un híbrido perpetuo para el jardín de un patricio siciliano del tiempo anterior a la unificación. Y no un patricio cualquiera, además, sino uno aceptablemente cultivado, Fabrizio, Príncipe de Salina,amigo de todos los placeres (incluyendo los del olfato) y  consciente, como nadie en su entorno, del inminente final de su mundo

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¿Cuántas horas dedicó Lampedusa a hojear viejos catálogos de rosas?  O a lo mejor vio a su ‘Paul Neyron’ en alguna colección, en algún jardín conocido, pues su fama se mantuvo entre los híbridos perpetuos (y los rosales son longevos). En el Jardín Botánico de Madrid, por ejemplo, crecía uno hasta hace poco. ¿Habría rosales `Paul Neyron’ en el palacio de la familia Lampedusa, que una bomba americana hizo volar por los aires en el 43? Puede que el dato esté en alguna biografía del autor. No lo sé. Como punto de partida, para empezar a buscar la respuesta, este artículo de César Antonio Molina, con los enlaces correspondientes en Palermo y alrededores
:https://elviajero.elpais.com/elviajero/2015/10/29/actualidad/1446137384_372108.html

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Para terminar. Como los rosales antiguos se han puesto de moda (la tendencia anunciada en los años 30 no ha dejado de crecer, con los altibajos esperables), usted mismo puede comprarse un ‘Paul Neyron’ por internet y tenerlo en casa mañana por la mañana. Mañana, en el solsticio de primavera de 2019.  Ciento cincuenta años después de las reflexiones de Fabrizio, y prueba definitiva de que algunas cosas sí han cambiado (para que nada cambie, realmente).

 

Margaritas pendencieras

Corfú, años 30

tuscany_superb_bs“…Otra cosa que no se aprecia cuando se es joven es que las flores tienen personalidad. Son distintas unas de otras, lo mismo que las personas. Mira, te voy a mostrar un caso. ¿Ves aquella rosa de allí, que está sola en el florero?.
Sobre una mesita rinconera, entronizada en un florerito de plata, había una magnífica rosa atercipelada, de un color granate tan oscuro que diríase casi negro. Era una flor deslumbrante, con pétalos de perfecta curvatura, de piel tan tersa e inmaculada como el ala de una mariposa recién nacida.
-¿Ves qué preciosidad? –me preguntó la señora Kralefsky-. ¿Ves qué maravilla?. Pues lleva ahí dos semanas. Casi no lo puedes creer, ¿verdad?. Y cuando vino no estaba en capullo. No, no, venía ya bien abierta. ¿Pero sabes que estuvo tan enferma que temí que no saliera adelante?. La persona que la cortó tuvo el tremendo descuido de ponerla con un manojo de margaritas. ¡Fatal, absolutamente fatal!. No te puedes imaginar lo cruel que es la familia de las margaritas. plebeyas margaritas de LROSon unas flores muy toscas, muy plebeyas, y claro, poner entre ellas una aristócrata como la rosa es simplemente buscarle tres pies al gato. Cuando llegó estaba tan ajada y descolorida que yo ni siquiera la ví entre las margaritas. Pero por suerte  LAS OÍ . Yo estaba aquí, echando una cabezadita, cuando empezaron, sobre todo, según me pareció, las amarillas, que siempre son tan pendencieras. Bueno, naturalmente yo no entendía lo que estaban diciendo, pero sonaba horrible. Al principio no me dí cuenta de a quién se dirigían; creí que discutían entre sí. Entonces me levanté a echar un vistazo, y me encontré a esa pobre rosa toda espachurrada en medio de las otras, que no hacían más que ensañarse con ella. La saqué, la puse sola y le dí media aspirina. La aspirina es muy buena para las rosas. Monedas de dracma para los crisantemos, aspirina para las rosas, coñac para el guisante de olor, y para las flores carnosas del tipo de las begonias, unas gotitas de zumo de limón. Pues volviendo a nuestra rosa: apartada de la compañía de las margaritas y con el tentempié se reanimó enseguida y ahora está muy agradecida; se nota que está haciendo un esfuerzo por conservarse bella el mayor tiempo posible, en prueba de gratitud.
Al decir esto dirigió una mirada afectuosa a la flor, espléndida en su peana de plata.
– Sí, yo he aprendido muchas cosas sobre las flores….”

(G.Durrell, Mi familia y otros animales, “Las flores parlantes”, Alianza editorial, 2000)

NOTAS
La flor granate de la foto es una ‘Tuscany Superb’,  variedad de Rosa gallica que se encuentra con facilidad en los catálogos de “rosas antiguas”. Como todas ellas, florece entre mayo y junio, sólo una vez…y no como las “rosas modernas”, que aprovecho para ir presentando aquí, rosas que florecen ininterrumpidamente desde mayo hasta noviembre…

Las margaritas son de LRO, hace dos días.

Catalina huele a rosas

catherine-deneuve-20051201-87402Dos “rosas antiguas”,  la damascena y la centifolia, proveen desde la noche de los tiempos las esencias que llamamos “attar” de rosa (por destilación) y aceite  “absoluto” (por extracción), presentes en los mejores perfumes del mundo.

La rosa damascena llegó de Siria a Europa en las alforjas, dizque, de algún cruzado. Hoy se cultiva principalmente en Bulgaria, en el “valle de las rosas”  (Kazanlak) y en Turquía, en la región de Edirne (antigua Adrianopolis). Leo en internet que sólo el primer pais citado proporciona el 70% del aceite de rosas del mercado mundial.  La rosa centifolia es la rosa de Grasse, ciudad provenzal, “capital mundial del perfume”, pero también se cultiva en Italia y en Marruecos… Al decir de los que saben de estas cosas, la centifolia deja un regusto a miel del que carece la damascena, más pura, más “rosa”. (En cuanto a la rosa cortada – la de los ramos, la del ojal-  viaja por un camino diferente, que contaremos en otro post; un camino que lleva de las laderas volcánicas de Ecuador hasta Kenya, y de uno y otro puntos a la gran centrifugadora mundial de la flor cortada: la casa de subastas de Alsmeer, al norte de Amsterdam)

Jean-Paul Gherlain, perfumero – ya octogenario- del portal nº68, rue des Champs Elysées, (frecuentado por esas turistas japonesas que van por la calle dando tumbos, cargadas como mulas con sus bolsas de Gucci, Ferragamo, etc, etc), publicó en 2002 Les Routes de mes parfums :

“…Detrás de cada uno de nuestros perfumes se esconde una musa…  Creé ‘Nahema’ pensando en Catherine Deneuve. Esta actriz soberbia, de inmenso talento, me había fascinado en uno de sus películas, “Benjamin o Diario de un adolescente”. Catherine aparecía dentro de una jaula dorada con el suelo cubierto de rosas, vestida de seda blanca y los cabellos extendidos, como una aureola… el efecto era perturbador…Mi imaginación daba vueltas en torno a este recuerdo, y acabó convirtiéndose en el hilo conductor que, en 1979,  me llevaría a ‘Nahema’. Construí entonces ese perfume como un fragmento musical; quería recrear el ritmo lancinante del Bolero de Ravel: la nota olfativa principal se transformaba poco a poco en una presencia obsesiva. Siempre he sido un apasionado de las rosas, y mi jardín posee unas ochenta variedades…’Nahema’ es  una *rosa absoluta, construida sobre un acorde floral que acentúa el arranque, muy intenso, y se apoya sobre un fondo de madera y fruta, matizado por un toque de sándalo. Mi deseo era crear una composición que expresara de forma instantánea la sensualidad de una mujer particularmente refinada, experta en ese juego que consiste en ofrecerse sin dar la impresión de haberse ofrecido por completo… No es por casualidad que todas las creaciones Gherlain acogen la fragancia de la rosa en su composición, pues su poder de seducción ha atravesado los siglos…De la rosa centifolia, que es la rosa de mayo provenzal, a la rosa damascena, menos dulzona, existen alrededor de siete mil variedades. La recolección se hace únicamente en el mes de mayo, hacia las ocho de la mañana, cuando la flor empieza a abrirse y el aroma está en su apogeo…

(Apud  Le goût de la rose, ed.Mercure de France, 2008, pp.61-63. *Con *rosa absoluta quizá se refiere al aceite “absoluto”, esto es, al que se extrae de los pétalos utilizando disolventes)

2012-05-10 23.56.37En LRO crece una Rosa x damascena. Procede del esqueje que me trajo un amigo, Radhouanne (jardinero y entendido en olivos) de su casa en Túnez.  El esqueje arraigó en una maceta pequeña de arcilla -como las que limpia Catherine en la foto de arriba- rellena de tierra, mantillo y arena. Al año siguiente la planté en una esquina de la casilla, donde florece con profusión durante todo el mes de mayo (*en la foto se ve a un escarabajo, medio anestesiado por el olor, hundiéndose más y más en la corola…)

NOTAS
Además del libro citado, estas dos webs: rosasdebulgaria.com, (compra de cosmética búlgara on-line…más económica, en todo caso, que la de l nº68 Champs Elysées) y westcoastaromatherapy.com, donde se explican con detalle los procesos de extracción del aceite. La expresión “rosas antiguas” queda para otro día  (es una larga  historia.)

Boñigas y rosas

Desde finales de noviembre…

pralin de boñigas y arcilla

Hoy vamos a preparar un cóctel de boñiga de vaca, conocido en los foros de jardinería y revistas del ramo con el galicismo  “pralín”.o “praliné”
Ingredientes :
-medio cubo de bosta de vaca (boñigas)
-medio cubo de tierra arcillosa
-agua
Cómo hacer el pralín:
se mezclan las tres cosas en un cubo grande, capacho o similar. Se revuelve despacio con un palo (insisto en lo de “despacio”; si se va con prisas puede acabar uno de praliné hasta las cejas). Hay que remover hasta que quede fácil de untar, cremoso, apetitoso.Wettra
¿Para qué sirve ?. Para impregnar las raíces desnudas de los rosales antes de la plantación. También las de los árboles frutales. Hay que dejar el rosal un rato en el cubo,  que se pringue bien.  La arcilla empapada rehidratará las raíces, que están en estado de “shock”  tras ser arrancadas del vivero; la boñiga aportará una gran cantidad de nutrientes ( “bioestimuladores”, les dicen), compuestos orgánicos y oligoelementos, -procedentes de la descomposición de las hierbas en el estómago de la vaca…entre otras cosas igualmente ricas-  que favorecerán la formación de nuevas raícillas, las que de verdad dan de comer al rosal ( las grandes y gordas lo anclan al suelo). Con el pralin todo irá mejor y más rápido, en especial si el trasplante se hace tarde.  ¿Ahora en febrero es tarde?. Sí. Lo suyo habría sido hacerlo en diciembre. ¿Es grave?. Creo que no… Mientras el rosal NO esté brotado, aún hay esperanza. Y el pralín es el mejor cóctel para empezar bien en la vida. Con una buena masa de raicillas operativas, el rosal – que es goloso y exigente- tendrá brotes más fuertes y resistirá mejor la sequía y las enfermedades.

NOTA
La foto es de un rosal llamado ‘Wettra’, en el Parque del Oeste, Madrid. De los rosales plantados con su pralín hace unos días -cinco ‘Chartreuse de Parme’, que se ven detrás del cubo blanco-  prometo publicar fotos en cuanto  florezcan.

 

Honorables rosas chinas

23 de noviembre 2011

Rosa chinensis ‘Mutabilis’ frente a la casilla de La Rama de Oro, un veinte de octubre, y en la parte trasera del Museo del Quai Branly, en París, a finales de septiembre.

También en LRO la floración de las rosas `Mutabilis’  remonta en otoño, pero no es ni la sombra de lo que fue entre abril y junio. Me imagino que las cosas serían diferentes si regara intensamente todo el verano, pero no quiero hacerlo. He comprobado que estos rosales están fuertes, y muy sanos, con un riego semanal durante julio y agosto. Es suficiente. Si la floración es algo menor que en primavera lo asumo como algo normal  Regarlos más no sólo no está previsto en el “régimen de aguas” de LRO; es que me da en la nariz que… que sí tendrían más flor en septiembre, pero seguramente también más oídio y más marsonia (“mancha negra”).

Ese espacio frente a la casilla, orientado al este, era un terreno en pendiente hacia las viñas. Levantamos un pequeño muro de piedra y lo rellenamos con la tierra procedente de la excavación del estanque. Es una tierra pesada, que mezclamos –¡por añadidura!– con varios sacos de tierra también arcillosa (muy rica y ligeramente caliza) procedente del jardín de uno de mis clientes. Por la tarde la propia casilla proyecta su sombra sobre el macizo, así que la evaporación se reduce en las horas más calurosas. Al pie del muro, pero por dentro, colocamos en su día un tubo de drenaje perforado, que recogiera el agua excedente y la evacuara por un saliente en el punto más bajo. La idea era proteger los cimientos del muro y, de rebote, evitar que las raíces de las plantas se encharcaran.

Estos rosales ‘Mutabilis’ –cuyas flores van pasando del amarillo melocotón al rosa pastel o magenta– están plantados en compañía de una jara blanca, varias estipas y media docena de verbenas de Buenos Aires. El pasado año añadí otro rosal chino, un ‘Old Blush China’, que es igual de remontante que el `Mutabilis’, con hojas igualmente pequeñas y apuntadas, ¿y quizá un poco más fragante? (nada del otro mundo, en cualquier caso). Cuentan los manuales que este ‘Old Blush’ fue uno de los primeros rosales chinos en llegar a Europa, gracias al capellán –de origen sueco– de un barco de la Compañía de las Indias Orientales. El rosal salió de la provincia china de Guangzhou y llegó por mar hasta Uppsala en la segunda mitad del siglo XVIII, dejando maravillado a todo el que la contempló. Por entonces pocos imaginaban que pudiera existir algo así: rosales floreciendo durante meses y no sólo entre mayo y junio… Se piensa que el rosal ‘Mutabilis’ llegó casi un siglo más tarde, tal vez procedente de la misma provincia china (para ser precisos: del mismo vivero chino), pasando primero por la Isla de la Reunión (escala comercial de muchos barcos), por los jardines de la familia Borromeo en el Lago Como después, y de ahí, finalmente, a Ginebra, a las manos del botánico y viverista Henri Corrévon, al que se atribuye el inicio de su comercialización por Europa. (1)

Así que mis rosales  pertenecen a una vieja estirpe aristocrática, oriunda de Guangzhou. No se puede pasar junto a ellos sin hacerles un saludo reverencial agachando la cabeza. Esto debe saberlo, y respetarlo, todo el que se acerque por LRO…

En verano, cuando los rosales se aletargan un poco, las verbenas toman el relevo. Cada pie de verbena dura unos dos años, pero aunque fueran anuales daría lo mismo porque se resiembran solas con mucha facilidad, de forma que, para tener siempre en flor el macizo, me basta con trasplantar esas pequeñas verbenas cuando ya miden un palmo. En la parte de delante, entre las piedras, hay Erigeron karvinskianus y un pie de Gipsophila en la parte del muro que da al pilón. En el capítulo de las marras habrá que anotar dos hinojos de color bronce. ¡Qué bien habrían quedado mezclados con las rosas Mutabilis! (así los vi en un libro de J.P. Collaert). ¿Era demasiado pesada la tierra para unos hinojos?. Como no estoy ni mucho menos conforme con este fracaso, volveré a intentarlo en cuanto pueda. Para terminar, en las dos esquinas del macizo hay romeros rastreros. Tanto más sanos y florecientes –prácticamente diez meses al año– cuanto menos caso se les hace.

 (1) La historia más completa y coherente de las rosas chinas en Europa la he encontrado en este libro: La Rosa, una herencia de color, de Peter Harkness. Ed. Cartago 2005.