Instrucciones para una duna

EryngioHe leído que, para hacer una duna, lo primero y más importante es ver la manera de frenar poco a poco el viento.

La historia empieza en el momento en que las olas dejan sobre la playa su  cargamento de arena, traída y llevada  por las corrientes marinas a lo largo de la costa. Cuando el sol haya secado esa arena, el viento  volverá a levantarla y se la llevará en volandas tierra adentro, hasta que un obstáculo natural   (una simple elevación del terreno) le obligue a detenerse.  Esto sucede, entonces, por encima de la línea de la pleamar: el golpeteo de las olas no llega hasta ahí, todo lo más sus salpicaduras; la arena se  aquieta (esta vez sí) y las primeras plantas pueden empezar a enseñorearse de ella. Estas plantas valerosas, que asoman arrastrándose por el lado que  está más cerca de mar, parecen aguantar de todo sin quejarse. Sequía extrema, poca o ninguna materia orgánica, y mucha más sal que la que ninguna otra planta podría tolerar. Si estas primeras plantas consiguen afianzarse, sus  larguísimas raíces irán tejiendo una especie de madeja subterránea en la que quedará prendida la arena.  Es decir, la duna. Una segunda duna se irá formando detrás, más estable que la primera. Aunque las olas le pasen por encima durante las mareas vivas del invierno, ya no podrán desarraigarla tan fácilmente. Le darán un buen meneo, la arena volverá a cubrir las plantas…pero será sólo un susto. Al abrigo de esos vaivenes, mientras tanto, se irá formando la tercera duna, que es, según leo, la definitiva, donde más variedad de plantas y bichos se instalan, con intención de quedarse.
En la segunda duna -la duna “viva”-  el barrón y los cardos plateados se reparten el suelo. (foto de arriba). El barrón (Ammophila) con raíces largas y enmarañadas, que se extienden horizontalmente a diferentes niveles, como la grama en la huerta de LRO. Y el cardo plateado con su raíz pivotante, taladrando la arena hasta localizar la más mínima gota de agua perdida al fondo. También hay cardos plateados (Eryngium) en LRO, a varios cientos de kilómetros de distancia, muy lejos del mar. Como hay lechetreznas y torviscos entre las viñas: los mismos que crecen en la cara protegida de la duna fija. Y si seguimos tierra adentro, ya en el pinar, las mismas jaras blancas, las mismas “uvas de gato” (los Sedum que crecen en el tejado de la casilla), y hasta una siempreviva  (Helychrisum) prima hermana de la nuestra.

barreras en la dunaA  veces, por razones que no tienen que ver ni con las mareas ni con las lunas ni con ninguna de las cosas lógicas y buenas que gobiernan estos asuntos, la duna desaparece, destrozada por los pisoteos, por los tractores que recogen arena (¡ilegalmente!), o por algún proyecto urbanístico del tipo “paseo marítimo”.  Al irse la duna, el viento se cuela por el pasillo que ha quedado en su lugar, y  es muy posible que acabe creando problemas donde no los había (por ejemplo: inundando de arena esas instalaciones municipales, construidas  sin pensarlo dos veces en la misma trasduna). Puede suceder también que, pasado un tiempo, se quiera rebobinar. Entonces, imagino, habrá que facilitar la acumulación de arena en el sitio debido; ayudar discretamente al viento y al mar, como han hecho en esta playa de la foto, con   pantallas de brezo cosido -muy ligeras – que parecen seguir las curvas de nivel del cordón preexistente.

NOTAS
Manual  que anda por casa, muy básico y útil:  Guía de las plantas dunares de Galicia. MªJosé Leira Ambrós. Ed.Casa de las Ciencias.

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Junio

 Primeros días de junio, 2013

vilanos junioExtraña primavera. Como las temperaturas nocturnas no han subido de 8-10º durante semanas, y el cielo ha seguido cubierto un día sí y otro también (aunque sin lluvia), los tomates están flacos, las berenjenas pálidas, los calabacines lentísimos, las fresas menos dulces de lo que acostumbran…Del lado bueno: los albaricoqueros plantados hace dos años, y los melocotoneros tardíos plantados este invierno, están brotando bien.  Las viñas se han llenado de flores, y también las moras, que en los sitios más soleados empiezan a cuajar. A los puerros, remolachas y lechugas parece serles indiferente este ir y venir del sol entre las nubes. Las patatas siguen creciendo, mejor que peor; algunas hojas ya amarillean y hay que regarlas cada poco. El grillotopo asomó la nariz unos días y se comió unos ajos. Pero todavía no se ha puesto pesado.   Entre ayer y hoy –los dos primeros días de calor- he visto aparecer los primeros hormigueros. lagarto ocelado junio-13Un lagarto ocelado tomando el sol en medio y medio del camino. Conejos de fiesta al atardecer (atardecer en junio: diez de la noche). Hay alondras  revisando a fondo las cunetas, y aviones (de culo blanco)   haciendo el loco muy cerca del suelo. Las amapolas y arvejas van dejado el sitio a los carraspiques, silenes, cañahejas, cardos. En la orilla de la finca, donde hace un mes florecían los majuelos, lo hacen ahora (y con ganas) los rosales silvestres y las madreselvas.  De las retamas cuelgan legumbres peludas. De los bajos del pantalón, y de las orejas de mis perros, rascamoños grandes como garbanzos.  En la charca se emparejan las libélulas y los caballitos del diablo, pero las ranas ya no se desgañitan como hace un mes. El cuco insiste menos, casi nada… Las matas de angélica – que debería estar empezando a arrancar, al menos algunas- ciegan el cauce del arroyo y se llenan de flores blancas.  Perico, el vecino, ha terminado de arar y requete-arar su viña.
Empieza a hacer calor.

alondra 11-6-13(Fotos: vilanos de Tragopogon, lagarto ocelado, y alondra escondida detrás de un cantueso)

No trespassing!

Mayo 

no tresspassing 400pixAl sur y al este de LRO se extiende una franja irregular de monte bajo que crece de espaldas al resto de la finca.  Es un tramo reservado para los animales salvajes, en el que no entramos nunca y en el que no deberían entrar ni siquiera  los perros. El objetivo se consigue sólo a medias. Entran los cazadores y la gente que viene a buscar espárragos. A estos últimos les perdonamos la vida ( …aunque no suelen dejarnos ni la prueba) porque la finca está abierta y ellos no hacen daño a nadie.  Los cazadores son harina de otro costal. Todos los inviernos nos arrancan los carteles de “propiedad privada/prohibida la caza”, y en estas zonas vedadas de las que hablo dejan quedar cajetillas de tabaco, latas, botellines, cartuchos de escopeta. Por no hablar de los perros abandonados a su suerte en el monte  -por ser viejos, estar heridos o cazar mal- cuando termina la temporada en febrero. (De eso, de ese drama tercermundista,  habría que hablar por extenso algún día.)
Alguien más se deja caer por aquí cuando no hay nadie: los que nos roban los postes del camino. Ya van por el tercer año. Sólo son postes linderos, sin alambre, clavados en dados de hormigón casero, y muy espaciados. Los pusimos como señalización para la retro-excavadora de la sociedad de cazadores, que arranca la tierra al pie de las encinas, amén de jaras, retamas, zumaques (todo lo que pilla), para tapar de mala manera las cárcavas del camino y ahorrarse unos euritos en zahorra (véase “Grietas”).  Los ladrones pican el hormigón, arrancan el poste, y adiós. Da mucha pereza estar siempre así, uno y otro año. ¿Quién se cansará antes?. Lo único indiscutible es que no vamos a cerrar la finca, por mucho que nos busquen las cosquillas los amigos de lo ajeno (también se llevan herramientas, sacos de cemento, mangueras, cosas de la huerta..).  Si los animales no pudieran entrar y salir a su aire, como siempre han hecho, ya no nos interesaría seguir aquí. Los jabalíes y los corzos, y los zorros, se acercan cada noche a beber a la charca y al estanque (nunca los he visto pero lo sé).  Cuando dan las nueve de la noche en verano, o las seis en invierno, la finca ha de estar despejada. No queremos tampoco que nadie se quede a dormir en la casilla. ¿Para qué?. ¿Para incordiar a los animales?. La simple presencia de una furgoneta, el ruido de un motor, un susurro de voces humanas, les asustaría.  La gente, a dormir al pueblo.
peonia broteroi 1ªsemana mayoEn la zona-prohibida de la que quería hablar hoy crece una mata de Paeonia broteri. Entro una vez al año, a principios de mayo, para ver la peonía. Y ya no vuelvo a meter la nariz hasta la siguiente primavera. Ese día aprovecho para retirar la basura que me han dejado quedar unos y otros. Estas peonías debían de nacer asociadas al melojar, más que a las encinas, por eso, como los melojos, están en regresión en LRO (en la misma lista que los jacintos de bosque, por ejemplo).  La peonía va menguando de año en año. El capullo es cada vez más minúsculo y la floración más desganada. El año pasado no floreció. Este año la mata está más tupida pero tampoco hay capullo. Para consolarme  he plantado en el jardín de casa una peonía arbustiva -de esos híbridos tremebundos que “fabrican” los japoneses-  triste remedo, a pesar de su espectacularidad, de lo que quisiera ver y ya no veo en los rincones umbríos de LRO. Pero tampoco en esto hay que rendirse: las peonías tienen raíces poderosas, y longevas, que pivotan como barrenas hasta las entrañas del bosque. Si ese rincón se mantiene fresco -y si ningún ladrón de postes me la pisa- es sólo cuestión de tiempo que vuelva a florecer.

Nin meiga nin meigallo

xestas Porto do Son maioHai moitos anos, cando eu vivía en Vilariño (Cambados), cada primeiro de maio a señora Luisa, miña veciña, colocabame unha ponla de xesta no parabrisas do coche e outra no buzón da casa. Antes poñíamolas no carro e na frente das vacas, agora ímolas metendo polos parabrisas… dicía ela. A xesta, unha das moitas variedades de Cytusus ou Genista ( a “genista” da canción de Serrat) que empezan a florecer en canto asenta un pouco o tempo,  ten as floriñas amarelas, dun tono subido, rabioso, como as do seu  curmán o toxo (alecrín, alecrín dourado/ que naceu no monte/ sen ser semeado…). Os montes semellan fornos, as cunetas ferven… O motivo da xesta no coche , ou donde fose, seica era este: protexer as cousas moi valiosas
“antes do primeiro de maio
para botar fora as meigas
e os meigallos”

Llantén de cristal

Octubre 2012

El Padre Lampros sale a herborizar con el protagonista y el hermano Othon, otrora guerreros, hoy pacientes estudiosos de la flora de la Marina.

“Cierta mañana nos acompañó hacia un declive del jardín que los jardineros del convento habían escardado, y nos hizo detener ante un lugar en que se veía un gran paño de color rojo extendido sobre el suelo. Nos dijo que creía haber salvado del escardillo una planta digna de alegrar nuestros ojos; pero cuando hubo alzado el trapo no vimos más que un joven brote de esa especie de llantén al que Linneo dio el nombre de mayor y que se encuentra en muchísimos senderos.
Cuando, para observarla con más detención, nos inclinamos sobre ella, vimos que había brotado con una regularidad poco común y un vigor nada corriente. Su círculo formaba una verde circunferencia subdividida por hojas ovaladas, que daban una forma dentada a la misma, y cuyo centro de crecimiento se destacaba limpiamente en medio de ellas. La encarnadura de la figura producía una profunda impresión de frescor y delicadeza, y su espiritual simetría le daba el aspecto de algo indestructible. Al verla nos estremecimos y sentimos cuán profundamente unidos anidan en nosotros la delicia de vivir y la delicia de morir. Al incorporarnos, nuestras miradas tropezaron con el rostro del padre Lampros. El padre nos acababa de hacer la confidencia de un misterio.·

Cincuenta páginas después. La fértil Marina está siendo arrasada por las huestes del Gran Guardabosques. El orden clásico se desploma. Arden las viñas y los campos de trigo.  La biblioteca, los herbarios, todo. El protagonista ha arrancado de una pica la cabeza del Príncipe y la ha escondido piadosamente en un ánfora.

“…En la ladera vimos que el convento de Maria Lunaris también estaba envuelto en llamas (…) La gran vidriera que había junto al altar de la imagen sacra ya se había derrumbado, y en el vacío marco de la misma vimos al Padre Lampros. A su espalda ardía como un horno abierto, y nosotros corrimos hasta el foso del monasterio para llamarlo desde allí. Estaba de pie, revestido de sus ornamentos sacerdotales (…) Parecía escuchar y, sin embargo, no oyó nuestras llamadas. Entonces yo saqué del ánfora la cabeza del príncipe y la levanté con mi mano derecha.  Al ver la cabeza nos estremecimos, pues la humedad del vino había atraído los pétalos de las rosas, de manera que toda ella tenía un tinte de oscuro color púrpura.

Pero al levantar yo la cabeza otra imagen nos vino a conmover profundamente. Vimos cómo el rosetón, cuya redondez se mantenía intacta, se teñía de una luz verde, y el dibujo de la vidriera se nos antojó extrañamente familiar. Nos pareció que habíamos visto su modelo en el llantén que el Padre Lampros nos había mostrado en el jardín del monasterio, y aquel espectáculo nos reveló la oculta razón de su existencia.
Al mostrarle yo la cabeza del príncipe, el padre volvió a nosotros su mirada, y lentamente, medio saludándonos, medio mostrándonos algo, levantó la mano como en la Consacratio, y las llamas hicieron fulgir la gran cornalina de su diestra. Y como si con aquel gesto hubiera hecho un poderoso signo, vimos que el rosetón estallaba en una lluvia de oro….”

Ernst Jünger, En los acantilados de mármol, Destinolibro 251, 1990. p.86. y pp.177-8, Traducción de Tristán La Rosa.

NOTA: Cornalina: piedra preciosa, que el Padre Lampros llevaría engastada en un anillo

LRO Hotel Resort + Spa

Lonely Bees & Wasps Hotel

Habitaciones individuales, en tallos esponjosos de cañaheja, frambuesa, o rosal silvestre. Para avispas solitarias también hay bambú y  cañas comunes (Phragmites, procedentes de la finca de la Dionisia, vecina de LRO). Buenas vistas sobre la alberca nueva. Situación soleada pero no tórrida ( unos ramallos de sauce , sobre el ladrillo que forma el hotel, protegen las estancias del sol zenital).  Pequeño talud de tierra del otro lado de la roca. Restaurante para adultos a menos de cinco metros: umbelíferas silvestres, zarzamora, aromáticas y Sedum de los “cuasi-jardines”…

Habitación flotante para ranas

En planchas de poliespán alveoladas, con una teja, piedras, tierra, y varias ramas secas. Acceso individual desde el agua, por medio de una rama curva imputrescible (enebro).  Rampa de salida del estanque (otro tronco de enebro, más grande). Restaurante ahí mismo: mosquitos, efímeras, pequeños crustáceos…

El SPA de LRO incluye baños de barro y un circuito termal por piscinas de agua fresca, templada, o caliente.

Sólo he incluído dos de los “hoteles” que hemos fabricado expresamente para el bicherío, en zonas donde nos interesa particularmente tenerlo cerca (en el resto de la finca sería absurdo). Pero la mayoría de los refugios (hablo sólo de los “humanizados”, claro)  los han ido okupando ellos, como el montón de tejas viejas –recogidas en un contenedor de San Bernardo el año pasado- , hoy albergue para lagartijas. O como una de las arquetas de riego, en la que he visto acurrucarse, muy asustada, una culebra de agua. Todo lo que hacemos o dejamos de hacer tiene consecuencias. Un cesto lleno con retales de malla de sombreo se convierte en un nido donde hibernan y crían los ratones. En la salida del tubo de drenaje se ha instalado un sapo. Y en uno de los montones de sarmientos que no quemamos…y en las vigas podridas que retiramos de la bodega, hoy descomponiéndose en paz a la sombra….y en ese montón de piedras rastrilladas que he ido acumulando en una esquina de la huerta…

NOTAS

La médula esponjosa de Thapsia villosa -cañaheja- es perfecta para los nidos de avispas y abejas solitarias

Todo el mundo sabe que sin abejas y abejorros ninguna huerta ni plantación frutal producirá medianamente. Y todo el mundo ha visto alguna vez a las flemáticas ranas almorzando mosquitos en la orilla de una charca…. Pero ¿por qué “avispas solitarias”?. Esto lo he ido aprendiendo al llegar aquí. Aunque las avispas adultas son vegetarianas, como larvas son carnívoras. Por eso sus progenitores “cazan”: algunas hacen la puesta directamente sobre el insecto que parasitan (una larva de coleptero, una oruga…), pero muchas construyen primero un nido, lo llenan con sus presas aún vivas -paralizadas- y acto seguido hacen la puesta. Luego todo son diferencias. Algunas avispan se van y ahí queda eso (bien tapiado). Otras siguen llevando a sus crías alimento fresco…En fin. Que estas avispas solitarias son un auxiliar de primera cuando uno tiene un huerto con tendencia  a llenarse de pulgones, de saltamontes, o -lo peor- de grillotopos…Le tengo echado el ojo a dos géneros de avispa en concreto: Larra -que parasita grillotopos- y Pemphredon, que va limpiando de pulgones por donde pasa…

La fuente principal, además de los manuales que cito siempre -el de V.Albouy y el Chinery-, la web de Terre Vivante, con instrucciones  para hoteles super-sofisticados y fashionhttp://www.terrevivante.org/237-construire-un-hotel-a-inscetes.htm

Anthidium libando la flor de un Sedum spectabile

 

Carraspique

Junio 2012

La especie Iberis ciliata tiene en Madrid dos subespecies, una de suelos calizos y otra de suelos silíceos. Esta nuestra es la segunda: Iberis ciliata ssp. contracta. De flor entre rosa y malva, de hojas finas, lineares. Crece formando una especie de cojines  por las laderas resecas y guijarrosas de LRO, en el mismo suelo pobretón  donde han fallado año tras año mis intentos (ingenuos) de hacer arraigar un puñado de albaricoqueros (resiten cuatro, de siete que se plantaron). El carraspique tiene un primo jardinero: Iberis sempervirens, que llaman “cestillo de plata”, muy utilizado en rocallas y taludes; la flor del cestillo es blanca, y las hojas más oblongas que lineares. Por aquí  el carraspique se extiende cada vez más. Cosa de haber abandonado el arado. Y de que el suelo, con ser tan magro, le ofrece a cambio un drenaje perfecto, vital para su supervivencia en zonas de heladas fuertes. La flor dura poco: unas dos o tres semanas, salvo que llueva (¡!).

En unos viveros yankis he encontrado esta variedad hortícola (inexistente en la naturaleza) llamada “Absolutely Amethyst”, marca registrada. Ahí la cuelgo, para que ustedes comparen.

Uvas de gato (1ª parte)

Septiembre 2011

Son los sedum rastreros. Esas plantas carnosas, de hojas pequeñas y gruesas, que tapizan las rocas en aquellos puntos en los que éstas parecen doblarse, formar un ángulo o una ligera hondonada donde pueda acumularse algo del polvo traído por el viento, restos de líquenes pioneros… y poco más. Se han puesto de moda con los llamados “tejados vegetalizados”, pero por aquí es una planta del montón (S. acre, S. album…). No hay fisura en la que no encuentre acomodo, e incluso ha empezado a extenderse a su aire entre las tejas de nuestra casilla.

Como todas las plantas crasas, también los sedum son vegetales frugales y resistentes. Tienen flores en forma de estrella, minúsculas, agrupadas en cabezuelas de diferentes colores: blanco, blanco-rosado, amarillo. Entre las variedades hortícolas, el Sedum spurium púrpura y el tricolor. Ambos están ya plantados en uno de esos rincones perezosamente ajardinados de La Rama de Oro. No los riego jamás.

Una combinación para maceta: sedum al pie de un Aeonium “cabeza negra”, cubriendo a continuación el sustrato con gravilla fina de río, y la maceta pintada de azul turquesa. Otras dos combinaciones: sedum con Lampranthus, de flores anaranjadas, en una jardinera en el alféizar, o con Delospermum cooperi en la parte frontal de un macizo (proporción de referencia para 1m2: grupo de tres Delospermum y alfombra de siete sedum). Todas esas combinaciones las he probado en mi casa en Madrid. Las regaba una vez a la semana en verano, y nada el resto del año. Lo único que me fastidiaba un poco es que las flores de Lampranthus y Delosperma no duraban más de veinte días. ¿Hubieran durado más con riegos más frecuentes? En todo caso, el follaje nunca decayó, y ninguna de esas plantas ha muerto todavía.

En cuanto al acolchado mineral, yo creo que es imprescindible, no sólo por razones estéticas y por evitar malas hierbas, reducir evaporación, etc., (como todos los acolchados), sino que (¡sobre todo!) protege el cuello de sedum y demás plantas crasas de posibles pudriciones (hay muchas más posibilidades de cargarse un cactus por exceso de riego que por lo contrario).

Amarillos y valientes

Febrero 2011

El año empieza en amarillo. Las flores aparecen –cuando febrero ya se termina– en las copas  de las mimosas, las alfombras de narcisos, las ramas rígidas y todavía sin hojas de los Jasminun nudiflorum.  En los jardines del norte, el amarillo de los Hamamelis. En el campo, el amarillo pálido de los amentos de  sauces y avellanos, de las flores en racimo de los cornejos comunes, el amarillo-azufre de los jaramagos entre las viñas. Y es siempre un amarillo valiente, que aguanta el frío nocturno, rozando en ocasiones los cero grados, y también el contraste cada vez más acusado con las máximas diurnas. Que incluso resistirán un retroceso a primeros de marzo. Alguna helada furtiva. Buenos chaparrones. Sólo algunos blancos puntean este dominio del amarillo precoz. Los almendros, durillos, galantus… Una nueva oleada primaveral de amarillos vendrá enseguida, en menos de un mes, cuando rompan a florecer forsitias y mahonias. En el entretanto ya se habrán hecho notar otros colores: jacintos azules, rosas y blancos en los alféizares de las ventanas; los primerísimos iris de jardín (los más pequeños: iris de Argel, unguicularis, etc); camelias y azaleas en los jardines húmedos del norte.

Este amarillo, sin embargo,  no trae todavía la primavera. La de verdad. La que llega –para quedarse– cuando los mirlos andan tonteando por los setos, y las yemas de todos los árboles se hinchan de día en día, casi de hora en hora, y se empieza a detectar un cierto olor a cebollino por el prado, que ya verdea con fuerza. El olor de los Ornithogalum. Minúsculos muscaris, que por Castilla llaman nazarenos, asomarán con ellos entre la hierba de los prados fértiles. Todavía falta un poco. Ornithogalum y muscaris florecen deprisa y corriendo en las praderas del Parque del Retiro. No les queda otra. Solícitos jardineros vendrán enseguida a segar y volver a segar la hierba en cuanto pase de un palmo de altura. Con eso favorecen la instalación de las gramíneas (genéticamente adaptadas al ramoneo de los herbívoros, ancestros de la segadora),  que después regarán todo el verano, inmersos en esa inercia absurda del regar-segar, regar-segar, que constituye el grueso del trabajo estival en los jardines convencionales. Ahora, a las puertas de marzo, es el momento de elegir entre pradera autóctona, por definición estacional, llena de flores multicolores, con su cortejo de insectos y pájaros, o monótono césped a la inglesa ( pero sin la lluvia de Inglaterra). E incluso en zonas donde hay carteles que prohíben pisar la hierba, incluso en esas zonas donde nadie puede tumbarse o andar descalzo, se ha optado por lo segundo. ¡Amarillos y valientes, los dientes de león vendrán en pleno verano a retar  al jardinero!.

Arlequín

Junio 2011

Cuando vi el apareamiento de dos mariposas arlequín no llevaba la cámara encima. Era a principios de mayo y se había levantado un fuerte viento. Ellas estaban acopladas la una a la otra sobre una hoja de fresa, a punto de dejarse vencer por las ráfagas de aire. Así que me acuclillé a barlovento, haciendo un parapeto con mi propio cuerpo para que terminaran en paz lo que habían comenzado, y les saqué una foto muy mala con el teléfono móvil. Tardé ¡dos meses! en encontrar la planta de aristoloquia de la que se nutren sus orugas. En el libro que consulté no había una segunda posibilidad: la oruga de arlequín sólo se alimenta de aristoloquias. Encontré la planta no muy lejos del fresal donde se apareaban los adultos. No muy lejos pero bien escondida, entre dos rocas enormes que incluso en pleno verano conservan  fresca la tierra en su base. Iba a plantar allí unos calabacines, por eso encontré la planta. No llegué a ver las orugas. Dejé que ese rincón se llenara de hierbas y ya no volví. En este punto, como cuando cuento la cópula acrobática de las libélulas, simplemente hay que creérselo: un puñado de orugas de mariposa arlequín han engordado y pupado esta primavera en ese rincón húmedo donde iba a poner yo los calabacines. Con un poco de suerte la próxima primavera se dejará ver su descendencia, y con un poco más de suerte todavía, fotografiar.