El misterioso cadáver del Château des Penthes

arbre à penthes
Basado en hechos reales.

Este árbol  fue plantado hacia 1870 en  Ginebra, en el parque del Château des Penthes (entonces  privado, hoy público).  La mañana del  seis de octubre de 1993, a eso de las 10:15, un estallido  salvaje se dejó oir por el vecindario.  Cuando las fuerzas del orden llegaron al castillo,  del árbol quedaba lo que se ve en la foto. Cuarenta y tres metros cúbicos de astillas habían salido volando por los aires (literalmente), para ir a caer  sobre  determinado inmueble de la ciudad….

Preguntas:

1.  El árbol en cuestión

  • Era un manzano de la variedad “tabardilla”
  • Era un cedro del Líbano
  • Era un baobab (imbondeiro)
  • Era una secuoya
  • Ninguna de las anteriores respuestas es correcta

2. Procedía de

  • Oriente Medio
  • La costa del Pacífico
  • Orense
  • Angola
  • Ninguna de las anteriores respuestas es correcta

3. La causa probable de la muerte fue

  • Una carga de dinamita
  • Varios  gin-tonics
  • Un rayo
  • Varias motosierras + trituradora
  • Ninguna de las anteriores respuestas es correcta

4. Tras lo sucedido estaba

  • J.F., propietario del parque, tratando de aparcar marcha atrás el coche
  • O  Exército Guerrilheiro do Povo Galego Ceive
  • Hezbolá
  • Júpiter Tonante
  • Ninguna de  las anteriores respuestas es correcta

5. El inmueble en que cayeron las astillas  resultó ser

  • El Centro Gallego en Ginebra
  • Le Palais des Nations
  • La Embajada de los EEEUU
  • La Parroquia de St. Gervais
  • Ninguna de las anteriores respuestas es correcta.

ANIMAMOS A LOS LECTORES DEL BLOG A ENVIAR CUANTO ANTES SUS RESPUESTAS. Todas las combinaciones son verosímiles, pero sólo una es la verdadera.
EL PRIMERO QUE ACIERTE SE LLEVA UNA BOTELLA DE VINO DE LRO  (que se embotellará –si para entonces queda algo de vino en la barrica- allá por junio).

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La vida en la periferia (bis)

plátano hueco(Segunda parte de : https://laramadeoro.com/2013/03/13/la-vida-en-la-periferia/ ‎)

Así que era verdad, que la vida estaba en la periferia, y lo de dentro – ese hueco “sano”, sin pudriciones- no era más que lo que sospechábamos: un refugio ocasional para gatos, niños, pájaros.
La foto me acaba de llegar, con la indicación de que está sacada hoy mismo a mediodía.

NOTA: Para la explicación botánica, léanse los comentarios a la citada entrada del mes de marzo

La vida en la periferia

Invierno 2013

la vida en la periferiaUn plátano de sombra hueco en el camino de Fessy. ¿Está vivo, muerto, catatónico?. Si está muerto, ¿por qué  sigue en pie?. ¿Vale para algo?.¿Quizá para guardar  la bombona de repuesto, o una escalera, o una pila de cajas, o..?. Si está vivo ¿brotará?. ¿Florecerá?. ¿Qué le ha pasado?. ¿Cuánta gente cabría dentro, bien apretada?. ¿Dónde está la copa?.  Si se apoya una bici o una moto, si se recuesta uno contra él, ¿se desplomaría?. ¿Quién lo plantó y cuándo?. ¿Anida algún pájaro en él…?.
(Todas las respuestas, próximamente…)

Extrañas criaturas de la ciénaga

Mayo 2012

Vuelve el misterio a LRO.  La foto fue sacada en el Marais d´Orx, en la costa aquitana, hace dos años. Parecen volcanes apagados en miniatura, o quizá criaturas anfibias, que viven con la mitad del cuerpo al aire y la otra mitad en el lodo… Pero ni siquiera está claro que puedan moverse. ¿Son duros o blandos?. ¿Cómo respiran?. ¿Saben hablar español o sólo francés…? ¿Son acaso seres de otra galaxia?.

EL PRIMERO QUE ESCRIBA SOLUCIONANDO EL MISTERIO SE LLEVA UN TARRO DE MERMELADA DE MORA DE LRO.

(Hermanos latinoamericanos que leéis este blog: el presupuesto de LRO no da para envíos ultramarinos, ¡pero escribidnos igualmente si sabéis la solución!)

El misterio de los encapuchados (y 2)

Marzo 2012

(Continuación de la entrada publicada el 1-12-11).

Ante los MILES y MILES de peticiones que he recibido solicitando nuevos datos  (y ante la velocidad a la que se están cepillando a los “encapuchados” en este pueblo…), vamos a adelantar un par de semanas la solución al misterio. Primero unas pistas: 1- Junto a los extraños petits hommes escapuchados crecían también estos otros personajes no menos enigmáticos, tapados con una especie de capirotes hechos con ramas de abeto. Entre las ramas, con dificultad, asoma alguna que otra hoja de forma reconocible… 2- El huerto está junto al lago Leman, al pie de los Alpes. ¿Qué cultivos de cierta altura han de estar tapados durante el invierno en zonas donde nieva y/o hiela durante dos o tres meses al año?

No hay muchas opciones. O son cardos o son alcachofas. A ambos hay que protegerlos del frío, pero a los cardos, además, hay que blanquearlos. Así que los encapuchados deben de ser cardos, porque están requetetapados, y los capirotados con ramas de abeto deben de ser alcachofas. ¿O quizá también cardos, que inicialmente sólo se protegen del frío, pero destinados a ser “encapuchados” cuando llegue el momento del blanqueo (más de 20 ó 30 días con la capucha puesta y el corazón del cardo de pudre)…?.

Los cardos se cultivan como anuales. Se consumen a lo largo del invierno, desde finales de diciembre hasta principios de abril. Se van tapando y destapando poco a poco, a medida que se necesitan, y se comen los pecíolos cocidos. La especialidad de Ginebra es prepararlos al horno, gratinados, con bechamel y una capa de queso por encima (unos dos millones de calorías). Hacia mediados de abril no queda ni rastro de ellos. Habrá que limpiar la huerta, estercolar, quizá iniciar un nuevo cultivo. Las alcachofas, sus primas hermanas, se cultivan como vivaces, porque lo que se come es la flor (el “capítulo floral”). En abril se les quita el capirote, para que crezcan y florezcan al sol, y se comen cocidas desde finales de agosto.

El “Cardo-Espinoso-Plateado de Plainpalais”, una variante local del “Cardo de Tours”, es una planta emblemática de Ginebra. Pero para que el cardo llegara hasta aquí tuvieron que pasar muchas cosas.

La historia es larga. Para empezar, tuvo que producirse la Reforma de la Iglesia en el siglo XVI.  Tuvo que nacer Juan Calvino, recibir la llamada de Dios, y dedicar su vida a discutir con los obispos de Roma si llega con la fe para evitar ir al infierno, o si hacen falta además buenas obras, o si no vale ni una ni otra cosa, y sólo se salva el que recibe la “gracia” divina, haga lo que haga, crea en lo que crea, etc, etc.

Estas discusiones sobre la gracia, por raro que parezca, nos llevan directamente a los cardos de Plainpalais.. El reformista Juan Calvino encontró refugio en Ginebra, y poco a poco, usando métodos no siempre muy limpios (dizque), consiguió que sus partidarios se hicieran con el gobierno de la ciudad. En Francia los calvinistas recibieron el nombre de “hugonotes”. Estallaron las llamadas guerras de religión. Y tuvo que correr mucha, pero que mucha sangre antes de que el Rey Cristianísimo –Enrique IV, a la sazón– detuviera las matanzas y promulgara un Edicto de Tolerancia. Unas décadas después, Luis XIV, su nieto, decidió dar marcha atrás. Revocó el Edicto y expulsó de Francia a los que no quisieron renunciar a la fe reformada. Pues bien, en la maleta de uno de esos hugonotes que hubieron de dejar su tierra y ponerse en camino, un jardinero procedente de Tours, viajaron los cardos plateados y las alcachofas hasta Ginebra. Las sembró en los huertos de Plainpalais (hoy una plaza de hormigón), los cuidó, abonó, multiplicó… Y así hasta hoy.

N.B. Dicen los entendidos del lugar que las “costillas” de los cardos son tanto más tiernas y sabrosas cuanto más espinosas.

El taparrabos de Adán

Enero 2012

L. Cranach el Viejo, S.XVI, Londres.

Primera pregunta. ¿Con qué se taparon Adán y Eva tras comer el fruto del Árbol de la Ciencia y sentir por vez primera vergüenza de su desnudez?.

Segunda pregunta, atención. ¿Cuál era ese fruto prohibido?.

Tercera pregunta, que en realidad es consecuencia de lo que respondamos a las dos anteriores. ¿El árbol con cuyas hojas se taparon era, por tanto, el mismo árbol cuyo fruto comieron… u otro que crecía por allí cerca?. La pregunta no es tan tonta como parece.

Creo que, de buenas a primeras, todos nosotros responderíamos lo mismo: que se taparon con hojas de parra y que lo que comieron era una manzana; ante la tercera pregunta quizá nos quedaríamos un poco pensativos… Lo lógico es que, como el sentimiento de pudor surgió en el momento mismo de morder el fruto, Adán y Eva se taparan con lo que tenían más a mano, ¿no?. Con lo primero que pillaron. Pero claro, entonces se taparon con hojas de manzano. ¿Y se puede tapar uno –tapar bien tapado– con hojas de manzano?.

Para solucionar este dilema lo suyo es consultar el Génesis, capítulo tres. Y ahí está la sorpresa, que en el Génesis no se dice nada, ni una palabra, sobre cuál era el “fruto prohibido”, pero sí se dice explícitamente que se taparon con… ¡hojas de higuera! (estupendas, por su buen tamaño, para tapar lo que se quiera). Así pues, ¿de dónde hemos sacado nosotros eso de la manzana de Eva y eso de que se taparon con hojas de parra?. No de la Biblia, desde luego. Lo hemos sacado de las imágenes, no de los textos. De las imágenes que desde el Renacimiento en adelante nos han ido acostumbrando a una determinada iconografía (y el hecho de que no estuviera sustentada en las Escrituras era lo de menos, porque tampoco las contrariaba en lo sustancial: fuera una manzana fuera un kiwi, lo grave era habérselo comido).

Codex Aemilianus, S. X, El Escorial.

En las historias del arte hay docenas, cientos de representaciones de esta escena. Si se miran con atención se aprecia un corte muy claro entre los Adanes y Evas de la alta Edad Media (capiteles y pórticos de las catedrales, miniaturas de los códices…) y los que se empezaron a representar a partir del siglo XIV, quizá antes. Hasta ese momento lo que tenían entre manos Adan, Eva y la Serpiente era una higuera, o bien un árbol esquemático, una abstracción geométrica que podía ser cualquier árbol frutal de hoja ancha. Y entonces, en los albores del Renacimiento, y muy particularmente en los países del Norte que tenían relaciones comerciales y culturales con el Mediterráneo (Flandes, Alemania), empiezan a multiplicarse las manzanas y las parras… Sucede que a estos pintores lo que de verdad les interesaba era pintar desnudos. Como excusa para hacerlo, la única imaginable, la Biblia les proporcionaba el retrato de Adán y Eva. En cuanto a la forma, estos pintores miraban con admiración –como sus colegas del sur– hacia el pasado grecolatino, tan rico en desnudos integrales. Ahora bien, lo que no podían saber, salvo que cruzaran los Alpes y/o los Pirineos, es cómo era una higuera. En los mosaicos, la cerámica y la escultura antigua veían a Dionisios (y su alegre compañía) con hojas de parra a modo de taparrabos. En el sur de Alemania conocían perfectamente la vid, llevada por los romanos hacía siglos. Además, la propia hoja se parece vagamente –por su tamaño al menos– a la de esa higuera que veían en las representaciones antiguas. Total, que se hicieron un lío.

En cuanto a la fruta, si uno lo piensa bien, ¿qué fruto podía crecer en el norte de Europa en esos siglos, fruto que sea suficientemente apetecible y tentador, tal como lo describe el Génesis?. Si descartamos los pequeños frutos silvestres, los membrillos y nísperos (imposible morderlos)… sólo quedan las manzanas y las peras. Cuanto más al norte, más manzanas y menos peras. El peral aguanta muy bien el frío pero necesita sol para que la fruta madure bien y sea de calidad; además florece antes que el manzano, lo que le hace muy, muy sensible a las heladas de primavera. Así que manzanas. Se puede añadir una segunda explicación: ¿no fueron también una mujer, Helena, y una manzana, la del juicio de Paris, las que provocaron la guerra de Troya?. Mujer guapa, lujuria, manzana, promesa rota, desastre. Cuando en el Génesis no se dice claramente qué fruto era ése del Árbol de la Ciencia, la manzana era una opción plausible porque remitía a un modelo conocido, con parecidas connotaciones morales. Las historias de la antigüedad grecolatina se mezclaban al buen tuntún con las de la Biblia, como pasaba con las representaciones de los Santos, y a nadie le parecía extraño.

Y así, entre manzanos del norte, higueras del sur, y parras aquí y allá, las combinaciones posibles resultaron numerosas y curiosísimas. Un resumen:

Detalles del díptico de Durero en el Prado; del grabado de Durero en Frankfurt, y del cuadro de Baldung Grieg en Budapest.
  • Adan y Eva se tapan con hojas de manzano y el fruto es una manzana. La opción más nórdica. Coherente pero sin relación con el Génesis. Es el cuadro de Durero en el Museo del Prado, por ejemplo.
  • Los dos se tapan con hojas de parra pero el fruto es una manzana. Incoherente y sin relación con el Génesis. Es el cuadro de H. Memling, alguno de los de Cranach, el grabado de Durero, etc.
  • Adán se tapa con una hoja de parra (que casi parece una hiedra) pero Eva con un ramito de manzano. Y comen una manzana. El cuadro de H. Baldung Grieg, en Budapest.
  • Los dos se tapan con hojas de higuera pero comen una manzana. De hecho, hay dos árboles: higuera y manzano, claro está. Es la opción “diplomática” de Tiziano, copiada más tarde por Rubens (las dos en Madrid).

  • No se tapa nadie y lo que comen son higos. Fresco de Miguel Ángel en la Capilla Sextina (y no vale decir que estaban a punto de comerlo: en la escena contigua ya lo han mordido, así que si están en cueros es porque Miguel Ángel así lo quiso).
  • No se tapa nadie y lo que comen son manzanas. Cuadro de J. Gossaert en el Museo Thyssen.
  • Se tapan los dos con hojas de higuera y comen higos. Versión de las representaciones antiguas (capiteles, códices…),  coherente con el Génesis, y que recientemente he visto en un cuadro enorme del Museo de Ginebra, cuyo autor no recuerdo (el celador de la sala, de origen tunecino, me distrajo haciéndome notar dos cosas: que el autor del cuadro se había equivocado pintando una higuera en vez de un manzano, y que Adán y Eva tenían ¡seis dedos en cada pie!).
  • Estas que he citado son las versiones habituales, las que he encontrado haciendo una batida rápida por mi biblioteca. Pero seguro que hay otras muchas, y muy originales. Por ejemplo, la de H. Van der Goes en Viena: Eva se tapa con un lirio, Adán con la mano derecha, y los dos comen manzanas. O la de J. Van Eyck en Gante: los dos se tapan con ramitos de manzana, pero comen…¡ un limón!.  Etcétera.

Conclusión. El fruto prohibido era un higo, el Árbol de la Ciencia una higuera, pero los pintores renacentistas del norte no tenían la más remota idea de cómo era este árbol ni su fruta. Los taparrabos estaban hechos con hojas de higuera, como dice el Génesis. En los manuales de iconografía se nos dice que los primeros exegetas de la Biblia siempre hablaron del higo-fruta prohibida, y en las representaciones más antiguas tampoco hay duda. Adán y Eva, nuestros padres, desoyeron las órdenes de Yahvé –no probaréis el fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal– se comieron el higo, y fueron inmediatamente expulsados del Paraíso. Y nosotros con ellos. La pregunta que queda en el aire, para terminar, es si empezó ahí la mala prensa de la higuera. Una higuera estéril fue maldita por Jesús de Nazaret. De una higuera se colgó Judas, por lo visto… Y sin embargo, la higuera fue durante siglos la fuente principal de azúcar –junto con la miel– de todos los pueblos del Mediterráneo. Inseparable de la vid y del olivo, que conocieron mejor suerte, hoy la higuera hace las veces de pariente pobre. ¿Por qué, si los higos son tan ricos?… (Ahí lo dejamos, para otro día).