Sellos de flores

El Sr. Andrade me escribe siempre a mano. Usa su maravillosa pluma Waterman y un papel azul celeste, muy suave, que después introduce en un sobre apaisado del mismo color. Sé que en Navidades también felicita por carta a Juanito Ros (su padre murió el año pasado; por suerte para él, antes de que Venecia termine de hundirse), a Marisa, a Duveisa, a Hao (…). Lo imagino con las cartas en el bolsillo del abrigo, caminando despacio hasta la oficina de correos. Si el tiempo acompaña, el Sr. Andrade para a tomar un cafe y unas golosinas. Si está nevando, las pocas veces que esto aún sucede, sube de todos modos hasta Correos y va pisando con energía la nieve, como cuando era un niño, para oír el crujido bajo sus botas. En la última carta que he recibido -con un sello de la Confederación Helvética que representa una Hemerocallis fulva; he empezado a coleccionar estos sellos de flores para Miranda, mi hija, así que le he pedido que me envíe más- me cuenta que va dos veces al mes al mercadillo de Nyon. Que ha comprado dos platillos japoneses preciosos, de porcelana Imari (o quizá una copia, realizada en Delft o en Ansbach), por un franco suizo cada uno. Que en el lago hay muchas serretas y porrones (negros, moñudos y bastardos, especifica). Que una mañana muy temprano vio un zorro en el parque: se sostenía en las patas de atrás y apoyaba las de delante en una papelera, donde hurgaba a fondo en busca de restos de meriendas, patatas fritas con ketchup… Me cuenta que le duelen un poco las rodillas. Que le cuesta apartar la mirada de la nieve pero lo hace. Que sabe que es un hombre afortunado...”

Perfiles de cebra, pp. 429-30

Camelias blancas, ahora mismo en flor.
FELIZ 2020

Tierra seca en Jalalabad

Mural pintado en honor del Dr- Nakamura, “Hijo de Afganistán”. Kabul, 12 de diciembre 2019

Hace diez días, el 4 de diciembre, en Jalalabad, los talibanes, u otros como ellos pero que prefieren que se les llame de otra manera (?), acribillaron el coche del doctor y jardinero Tetsuo Nakamura, junto a cinco personas más que viajaban con él. Hoy, que por fin termina la COP25, la prensa encuentra un hueco para la noticia. El Presidente de Afganistán (Pdte. Ghani) ha asegurado durante el funeral que los responsables de estas muertes “irán con seguridad al infierno”.
Esto hacía Tetsuo Nakamura: https://www3.nhk.or.jp/nhkworld/en/ondemand/video/2058552/

Y su biografía actualizada: https://en.wikipedia.org/wiki/Tetsu_Nakamura

Rojizo rosado

Se llevan más los rosados pálidos, incluso muy pálidos, asalmonados o rosa-cebolla Este de Domaine Reno, procedente de garnachas de la côte vermeille (Collioure, ciudad hermanada con Soria, y en cuyo camposanto hay una tumba que pone: Antonio Machado, seguido de: Ana Ruiz, madre del poeta; habían cruzado a pie los Pirineos, pero ella creía, dicen, que iban camino de Sevilla; muertos el uno y la otra, con tres días de diferencia, en el gélido febrero de 1939)… este rosado tira mucho al rojo, demasiado, diría a lo mejor un enólogo exquisito, y también de sabor recuerda a sus hermanos tintos, que sí fermentaron con todo el hollejo.
Las reinetas fueron a dar a una tarta, con masa quebrada y mermelada de ciruela.
El libro que se ve en una esquina: ¿Acaso no matan a los caballos?, una edición de Tiempo Contemporáneo/Buenos Aires-1969 que encontré en un puesto de libros callejero con el cartel “LIQUI-DACIÓN” (páguese un euro, y el libro elegido pasará al estado líquido).
Al fondo de la foto, entrando en un visto y no visto, rácana y paliducha -como esos rosados etéreos que se han puesto de moda-, un poco, pero muy poco, de luz de noviembre.

Cebras a lunares

Potrillo de cebra. Masai Mara, Kenia, septiembre 2019

https://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/fotografiada-kenia-cebra-lunares-vez-rayas_14719

“Manuel se levantó al día siguiente a las ocho de la mañana, feliz y descansado. Había soñado con los équidos de Cabrerets. No serían “cebras propiamente dichas”, de acuerdo, porque las cebras (propiamente dichas) no tienen lunares sino rayas, se decía mientras se afeitaba. Pero ¿y en la prehistoria?, ¿qué sabemos nosotros si entonces las cebras no iban a lunares o a cuadros? La idea le pareció divertida: tendría que hacer algo con eso, en algún momento. Y también tenía que pensar más detenidamente en los animales…”

Perfiles de cebra, p.183.

Cueva de Pech-Merle, Cabrerets

Pan gallego

Foto: canal All you knead is bread / Best spanish rustic bread!

En 2005 en las playas de nuestra zona todavía quedaba chapapote del Prestige. Yo hacía cuarto de la ESO. Con mis compañeros y profesores del instituto me había manifestado, iracunda, contra la guerra de Irak.
Creo que fue por esos años. Algunos clientes, particulares u hosteleros, habían empezado a pedir “pan gallego”, pero –insistían– pan gallego “del de verdad”. No valían las harinas estándar. No colaban tampoco los detalles decorativos para hacer “rústico” (unos cestos de castaño, unas pizarritas con los precios…).
¿En qué consistía un pan gallego, se preguntaron mis padres?
Sabíamos distinguir perfectamente un pan de Vimianzo de uno de Carral, por ejemplo. ¿Pero pan gallego? El nuestro, el de Arteixo, era como el de Carballo: tenía más miga que el de Carral, de corteza bastante dura, y una harina sin restos de salvado, menos oscura que el de Vimianzo pero sin llegar a ser blanca. Teníamos en la sala, al pie de un San Tirso de plástico comprado en los chinos (en una mano, un largo serrucho; en la otra, las Sagradas Escrituras), un anaco de las Roscas de Oseiro, bendecidas por el párroco, que se sacaban en solemne procesión el último domingo de enero y se repartían entre los vecinos al siguiente, pero que estaban elaboradas con masa morta, sin levadura, y, por muy benditas y muy gallegas que fueran, a los dos días estaban duras. Conocíamos las bolas do Porriño, y el pan de Cea, que no se parecía en nada al nuestro, y en la zona de Lugo de la que procedía el bisabuelo molinero, hasta los niños de la guardería, decía mi padre, que se ponía un poco fatuo cuando salía el tema, podrían distinguir “con los ojos cerrados” un pan de Ousá de uno de Palas, de Paradela, de Monterroso… Y así con todas las parroquias, una por una. ¿Pero pan gallego? ¿Bastaría con hacer roscas y bolas con moño –moño de verdad, no un simple pegote– como las que habían hecho en casa toda la vida? Hubo que buscar en google. Y no, concluimos, no era suficiente con darle a la masa una u otra forma para que el pan fuera “gallego genuino”. De hecho, en muchas zonas no le ponían moña a la moña… Tampoco la llevaba el “redondo gallego” del Carrefour. La clave estaba, concluimos, en la masa madre y tiempos de fermentación, en la mezcla de harinas, y en la calidad del horneado. Lo primero tenía fácil arreglo: volveríamos a las prefermentaciones largas, de toda la noche, y se haría una primera fermentación en bloque de dos horas, como mínimo, después del amasado. Masas madres había muchas en el mercado. Como la Sapore (de Puratos) que, aunque no reemplazaba a la levadura, sí le daba al pan ese “punto artesano”, ese regusto ácido que los clientes decían apreciar tanto, y que nosotros no conseguíamos usando solo nuestra masa casera (un trozo de la masa de la víspera: no había más misterio). Respecto a las harinas, ya era otra cosa… En todas las grandes harineras del país las vendían así, “harinas para pan gallego”, mezclando trigo con algo de centeno y de salvado fino. Eran harinas que se hidrataban con facilidad, se estiraban y estiraban… y hacían panes mullidos, con la textura de una chapata, que es una cosa moderna, solo un poco más firme que un cruasán. Nada que ver, en todo caso, con los “panes de antes” (observaba mi abuela, abriendo un nuevo frente), como el que hacían en Neda (“y en todas las casas”), que no tenían “tanto aire” y duraban más, un estilo bizcocho, ¡no cruasán!, más consistentes que los de ahora, porque las harinas no hinchaban tanto, porque los trigos “de por aquí”, de Meicende, de Oseiro… debían de ser distintos. Todo era un trigal entonces, trigales e agras, decía la abuela, que las había visto desaparecer a toda pastilla en los años cincuenta. Trigales donde las ferrallas del Polígono, y los últimos molinos de viento más al norte, ya en la ciudad. Pero estos recuerdos de la abuela sembraron en nosotros nuevas dudas, pues algunos de los panes tradicionales a los que acabo de referirme –esos de la zona entre Lugo y Orense– eran aún de miga densa, como los que describía ella, pero no como los que encontrábamos bajo la rubrica “pan gallego” en internet y en las webs de las tiendas de delicatessen de toda España. Indagamos un poco más. Los trigos de producción autóctona, además de caros y difíciles de encontrar, hacían harinas de poca fuerza (no hinchaban), así que, aún en el caso de poder introducir un porcentaje de esas fariñas da terra en la masa, para elaborar el “pan gallego” arquetípico (esponjoso y vendible, en resumen) el porcentaje mayor tenía que ser de harinas fuertes producidas “fuera”.
Sensibles a aquella demanda creciente, y, de un modo más general, como nos pasaba a todos, a la suave presión identitaria y ecológica –que parecían confundirse: vivamos como galegos, comamos como galegos, y no le dábamos más vueltas– mis padres tomaron entonces la decisión de instalar gas natural, menos contaminante que el carbón de las centrales térmicas; comprar un Horno Rotativo con Solera Refractaria (hornos Revent, Zurich), que hacía panes artesanos “como los de antes”; y, por último, aumentar tanto como se pudiera el porcentaje de trigo “Callobre”, autóctono certificado, pero que, siendo realistas, era todavía muy escaso (acababan de empezar a sembrarlo de nuevo, por Xinzo y por ahí, con ayudas de la Xunta) y de baja fuerza panadera. Mientras tanto, mientras esas espigas crecían y se multiplicaban, y mientras se buscaba por las cuatro provincias una improbable variedad de trigo con el pedigrí impoluto –como el referido Callobre– pero con el que se pudieran obtener harinas fuertes (¿y dónde la encontrarían, si el “pan de por aquí”, el que aún recordaba vagamente mi abuela, no las necesitaba, dijera lo que dijera google?), habría que seguir comprándole los sacos a nuestro distribuidor de siempre, un tal Arsenio, que los subía todas las semanas desde Villalobón.
Nos dieron un crédito a quince años en la oficina de ING de Arteixo. Aunque el coste de instalación del gas era prohibitivo, como el kw/h –hecha la equivalencia con el m3 de gas– era tres veces más barato que el de la eléctrica, los números salían, al menos a diez o doce años vista, y siempre y cuando se mantuviera el ritmo de ventas de aquellos años. Todo empezó a cuadrar. Y así, gracias al dinero holandés, la tecnología suiza, el gas natural argelino, la masa madre belga, y las harinas fuertes de Palencia, en verano de 2007 conseguimos hornear, por fin, nuestro primer pan gallego.

C.C.Couto, Perfiles de cebra, pp. 133-136

Cómo partir bien un huevo

La clave: el movimiento de la muñeca y la rapidez (lo mismo que cuando se bate). Pues un huevo no es de piedra ni de madera, sino “una cosa viva con la que debemos ser compasivos. Como con la guillotina: ¡chac! Se trata de partirlo, ¡no de atormentarlo!”
Aquí se los compramos a Inés, una señora que tiene gallinas en casa. Varios perros  -incluso alguno de la protectora, en acogida-, equis gatos, varias cabras, y un cerdo muy querido “de los que no se comen”.

Perfiles de cebra

Abril de 2019.
De vuelta en el planeta tierra. A punto para empezar con la huerta y decidida a no preocuparme más que por la falta de lluvia, o mejor dicho, por cómo sobreponerse/adaptarse a lo inevitable (precoz e interminable verano), sin renunciar por completo a los tomates ni, lo que es más difícil, perder las ganas y el buen humor.
La novela acaba de salir a la venta en internet.
Debería estar contenta… pero sigue sin llover. Sigue sin llover. Por el camino de LRO no dejo de ver encinas y enebros enfermos. ¡Sigue sin llover!  Los pantanos de la Confederación del Tajo están al 40% (o menos, según el tramo; el que nos toca aquí:
http://www.chtajo.es/LaCuenca/Paginas/CaudalEcoMini.aspx?Codes=ES030MSPF0602021)
Y si los árboles se mueren, dice Julia, con más razón que un santo, ¿de qué vale todo lo demás?.

https://www.peregrinoteca.com/perfiles-de-cebra-cristina-candal-couto.html
En versión digital:
https://www.casadellibro.com/ebook-perfiles-de-cebra-ebook/9788417564537/9483503
O kindle, en amazon.

Complemento musical:

Pequeña selección de buenas noticias

El hombre que detuvo el desierto:
https://www.20minutos.es/noticia/3450062/0/nobel-alternativo-sawadogo-burkina-faso/

Semillas de algodón germinando en la cara oculta de la luna:
https://elpais.com/elpais/2019/01/15/ciencia/1547542171_994570.html

Reforestando China: https://elpais.com/sociedad/2018/09/28/actualidad/1538136968_740260.html

Plogging: correr y recoger basura (sin tropezar y partirse los dientes):
https://www.lavanguardia.com/natural/20180309/441353224077/plogging-deporte-ejercicio-basura-ecologia-littering.html

Cultivos en el cielo de Hong-Kong:  http://www.elmundo.es/vida-sana/bienestar/2018/05/03/5ae325c422601dd5798b45c3.html

Fuera eucaliptos: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2018/03/13/xunta-bonificara-retirada-eucaliptos-500-euros-hectarea/0003_201803G13P7991.htm

Un lobo marino sano y salvo: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/carballo/muxia/2018/03/23/lobo-marino-rescatado-muxa-mes-pone-rumbo-aguas-irlanda/0003_201803C23C6995.htm#

La isla de El Hierro, 100% renovable: https://elpais.com/internacional/2018/03/26/actualidad/1522044301_177241.html

Bat-friendly tequila: https://elpais.com/elpais/2018/04/02/ciencia/1522661342_516899.html

Los colores del mañana

         “Los colores del mañana. Central funcionando con geranio enriquecido”

plonk-big

Cosas más raras se han visto. A ver si ésta, u otras aún mejores, nos esperan a la vuelta del 2014. Feliz Navidad para todos desde LRO.

(Postal: plonkandreplonk.ch)