La Rama de Oro

LRO es una finca de algo menos de tres hectáreas, de las cuales unos dos mil metros cuadrados son huerta, unos cinco mil viñedo, y el resto monte bajo y pradera. Está situada al suroeste de la Comunidad de Madrid, en el valle del río Alberche, a los pies de la Sierra de Gredos. La altitud es de 680 metros sobre el nivel del mar. La pluviosidad de 500 litros anuales, acumulados principalmente en los meses de invierno pero con importantes variaciones de un año a otro (quizá no siempre fue así). Es raro el año que nieva; el hielo, en cambio, está presente durante muchas semanas.

La finca es una extensa ladera orientada al norte. El tío Victoriano empezó a aterrazarla en los años veinte o treinta del pasado siglo. Una familia de “serranos”, procedentes de un pequeño pueblo de Ávila, le compró la finca en 1948 y  continuó con el aterrazamiento. A día de hoy, gracias al trabajo inmenso de esa gente, hay en LRO cuatro sólidas terrazas construidas con bloques de granito, bloques que –nos cuentan– hubieron de traer en carros de bueyes desde los cerros vecinos.

En lo alto de la ladera aflora el agua, que es canalizada por una tubería subterránea hasta la alberca vieja, también de tiempos del tío Victoriano.

La Rama de Oro es nuestra desde noviembre de 2006. Un incendio iniciado en el vertedero de Cebreros había arrasado buena parte del monte en el 2002. El serrano que nos la vendió cuenta que antes del incendio, a lo lejos, sólo se veían pinos y encinas, pinos y encinas… y más cerca, viñedos, almendros, olivos y huertas. El paisaje, aunque mucho más aclarado, sigue siendo el mismo. Y también la amenaza del fuego.

Toda esta zona está incluida en la ZEPA 51 de la Comunidad de Madrid. ZEPA quiere decir “zona de especial protección para aves”; es, además, zona rústica, esto es, no edificable de acuerdo con el Plan de Ordenamiento urbano en vigor; y forma parte del coto de caza de la Sociedad de Cazadores del pueblo. Ninguna de estas cosas, sin embargo, ha impedido que se levanten aquí y allá construcciones ilegales, algunas de ellas auténticos chalés, con sus placas solares y sus fosas sépticas; y también  auténticos almacenes de basura y chatarra, con cierres infranqueables para la fauna silvestre y con perros casi siempre mal atendidos, en estado de semiabandono o abandono total.

Venimos de la ciudad, pero nuestros abuelos, como los abuelos de casi todo el mundo, venían del campo. Algunos de mis primeros recuerdos se los debo a ellos. La chabola donde mi abuelo almacenaba manzanas, por ejemplo. Los maizales donde nos escondíamos, aunque teníamos prohibidísimo entrar. No sé qué tipo de recuerdos podrán tener cuando lleguen a los cuarenta los niños que están naciendo hoy. A lo mejor el no tener recuerdos como ésos –recuerdos de manzanas y maizales–  les evitará la angustia que sentimos nosotros al ver cómo desaparecen sin remedio las cosas que más queríamos. La compra de LRO tiene que ver con esa angustia.

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6 pensamientos en “La Rama de Oro

  1. ¿Te acuerdas de los perales, manzanos, “pexegueiros”…? ¿Y de comer las fresas del abuelo cuando aún estaban verdes..? Y de las uvas poco afortunadas por falta de sol… las patatas, y las clavelinas…
    Lo mejor de LRO es vuestra ilusión, trabajo y todo el tiempo que le dedicais. Es vuestro futuro y el de muchísimos más que podemos aprender de esta experencia.
    ¡Muchísima suerte y gracias!

  2. Yo me crie a tiempo parcial ahí al lado, cuatro meses al año cada año desde los tres a los trece, en Hoyo de Pinares. me gustaría visitaros un día de estos (los tres Paola, Jara y yo)

    • Pues mira, para la vendimia todos los brazos son bienvenidos (y esto va también por mi hermana, la del primer comentario, y por algún que otro amigo del alma, que qué bonito y que tal y cual, pero cuando hablamos de vendimiar siempre les surge un asunto de extrema urgencia a unos mil kilómetros de distancia). No, en serio. No os asustéis: la viña es
      minúscula. Y como no está arada, y desbrozada sólo a ratos, las
      alijonjeras nos llegan a la cintura, y aquello en vez de una
      vendimia parece una jincana (a ver quién encuentra la uva negra, quién la uva blanca…). Los que han venido por aquí se han ido con los pelos de punta. Si conoces esta zona sabes lo durísimo, lo insoportablemente duro que es aquí el verano. Mi consejo es dejarse caer cuando los zumaques y los terebintos se colorean y por la tarde ya refresca un poco. Lo de la vendimia es la excusa perfecta para tomarse una cerveza al lado del capacho (vacío).

      • pues hablamos, y ya sé que suena a disculpa, pero en noviembre Paola está en Bolivia, veremos, quizás Jara y yo…¿puedo ir con mi perra?

  3. (Lo que yo digo: un asunto urgentísimo a mil kilómetros como mínimo…) Venid cuando queráis, con quien queráis y como queráis, sabiendo, eso sí, que los meses de verano son infernales (y esto no es una metáfora), y que este año no ha caido una gota en todo el invierno. Mi correo: cccouto@terra.es. P.D. Aquí se vendimia por el Pilar (Yo creo que esto es más duro, más extremo, más seco, que Hoyo de Pinares)

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