Amor y rabanitos

OLYMPUS DIGITAL CAMERALos rabanitos se pueden sembrar por aquí desde finales de febrero, en turnos de 15 días o así; no hay que enterrar mucho la semilla, ni después cubrir completamente el tubérculo con tierra; lo suyo -pienso- es que les de un poco el sol en la barriga, como a las cebollas; si no sabrán poco y picarán menos. Se empiezan a recoger enseguida, desde abril; en Madrid los rabanitos de mediados de junio  están demasiado fibrosos, no se les puede meter ya el diente (es como masticar una cuerda); los de julio ni se recogen, pero dejo que los últimos se suban a flor y que la planta se seque: así tendré semillas para resembrar en septiembre.

Una de las ventajas de regar a mano es que da tiempo a pasmar un poco entre las flores y hortalizas. Una de las desventajas es que la cámara, siempre en el bolsillo del pantalón, a veces se moja y a veces se llena de tierra (lo mismo le pasa al móvil, y no creo que tenga solución).  Estos días he descubierto mientras regaba que la flor de los rabanitos atrae a diferentes tipos de chinches. Las de la foto, atareadísimas, son chinches escudo (Carpocoris fuscispinus?).

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Devota perdiz

OLYMPUS DIGITAL CAMERADecididamente, las perdices no son nada listas. Esta de la foto, madre devota donde las haya, se ha puesto a incubar justo debajo de una rama de moras ‘Royal Crown’, por donde paso todos los días -¡con los perros!- para abrir las llaves de riego de la alberca. ¿No tienen olfato?. ¿No tienen cabeza?. Todavía no sé qué rayo de luz o de buena fortuna la salvó de la hoz. Siempre andamos igual.  Encontramos el nido ayer por la mañana mientras desbrozábamos y limpiábamos esa terraza, la de las moras, y también la de esa charca que se forma con el agua que rezuma del viejo mortero de la alberca. Mohamed, que viene a ayudarme de vez en cuando, me insiste en que hay que impermeabilizar por dentro la alberca, idea recurrente todos los meses de agosto, cuando cuesta Dios y ayuda regar las huertas. Pero si lo hiciéramos nos quedaríamos sin charca. Así que no tiene sentido darle vueltas.

Mohamed menea la cabeza cada vez que surge el tema. En casa le llamábamos “Cacho Pan”, porque al principio, hace ya unos años, cuando aún no existía  la amistad que existe ahora, siempre se mostraba púdico y algo cuentista a la hora de cobrar. Mientras doblaba sin prisa los billetes que yo le tendía, Mohamed repetía rutinariamente la cantinela de siempre: que podíamos pagarle con lo que tuviéramos, cualquier cosa, que a él con un “cacho pan” le bastaba… Ahora nos reímos bastante juntos. No tiene ningún problema en tomarse “un botellín” conmigo a media mañana, y en hablarme largo y tendido de sus hijos,  sus amores, en particular del de tres años, que coge de la mata los tomates cherri , los chupa un poco y después los tira, “como un pajarito”, me dice su padre, imitando los gestos del niño.

OLYMPUS DIGITAL CAMERALe hice a la perdiz un doble semicírculo de zarzas y hierba fresca -idea peregrina, decían sin decirlo los ojos de Mohamed- para que no se sienta tan a la intemperie ahora que hemos desbrozado el herbazal que la rodeaba. Aunque sé que cuando están incubando  ni sufren ni padecen, y no hay nada bajo las estrellas que las haga moverse del nido -ni el zumbido de la desbrozadora, desde luego-, al atardecer subí a asegurarme  de que la perdiz seguía allí. Y hoy por la mañana bien temprano, otra vez.

Las patatas están sanísimas y en flor.  De los injertos, sólo un tercio parece haberse afianzado; los otros se secaron al poco de brotar, ahogados, suponemos, por el empuje de los brotes que empezaron a salir por debajo del corte. He levantado una de las dos camas de fresas y en su lugar he plantado puerros. Ya estamos comiendo rabanitos y lechugas. En un montón de paja y tierra, donde están sembrados los calabacines, una serpiente de 125 cms (los medí) nos ha dejado quedar su preciosa muda de encaje.

Una gota de agua

A mediodía, cuando el sol está más alto

OLYMPUS DIGITAL CAMERAUna gota de agua, la que se pierde por el “racor” de la tubería de riego, le basta a esta culebrilla de agua (Natrix maura) para poder descansar un rato a  mediodía Una teja protege la llave (del hielo, de las zarzas…), y ahí, con la espalda contra la piedra húmeda, duerme hecha un ovillo la culebrilla. Quedan pocas ranas en la alberca nueva (que es ésta). Una o dos, como mucho, y buen cuidado tienen de andar de puntillas para no despertar a nadie… Cuando el sol está bien alto, mientras la culebrilla duerme, las ranas salen a cazar moscas por el borde de la alberca.

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Ojos verdes

ojos verdesEn lo más crudo de la cruda primavera, cuando  muchos animales ya han criado y otros están a punto de hacerlo, hay que ser muy cuidadosos con todo. Con los gazapos (ojos negros) y con los nidos de perdices (ojos rojos). Con los gazapos sobre todo, porque se quedan inmóviles entre las hierbas, convencidos de que no les ves, y ni se inmutan hasta que ya estás casi encima (¡y con la desbrozadora encendida!). También las serpientes de escalera -las que más se dejan ver por aquí- son un poco inconscientes; estos días empiezan a salir al camino a calentarse pero, soñolientas y lentísimas de reflejos, tardan en apartarse cuando se acerca un coche. Hay muchos más animales cuya presencia ni sentimos, como éste de la foto, que encontré mientras les “hacía los pies” a las cepas. Si en vez de una azadilla hubiera tenido en las manos un señor azadón, como los que se estilan por aquí, no me habría dado tiempo a detener el brazo en el aire. sapo de ojos verdesLe salvaron sus ojos verdes, brillando en la tierra como una esmeralda borrosa, del tamaño de una lenteja. Cogí al sapo, todavía adormilado,  y lo trasladé envuelto en hierbas al pie de otra cepa. Cuando al día siguiente volví a ver si todo iba bien, el hombre se había marchado ya, o quizá se había enterrado muy profundamente, para seguir dormitando unos días más.

El final de abril tiene algo que recuerda a septiembre. Al atardecer , aunque el trabajo es inmenso, me quedo pasmada mirando los árboles. No me importa nada que den o no den fruta. Sólo quiero que crezcan, que arraiguen con decisión, y que aprendan -eso sobre todo- a salir adelante sin mí. No todos van viento en popa, qué más quisiera. El viejo melojo junto al camino se apaga irremediablemente. La brotación había ido perdiendo empuje estos últimos años, y ahora la desproporción entre la masa de hojas (que no es tal “masa”) y la estructura leñosa hace difícil/imposible la supervivencia del árbol. No sé si hemos hecho algo mal. ¿No limpiamos el cauce del arroyo lo suficiente, para que el agua termine llegando hasta el melojo?. No sé. La verdad es que, en esta cruda primavera de 2014, la tierra vuelve a estar reseca y dura…como a veces en septiembre, después de un interminable verano. La gente que no vive pendiente de estas cosas cree que ha llovido mucho porque los pantanos están llenos, pero no es así. Ha llovido en la sierra, no aquí abajo. Por esta zona ya estamos otra vez con la angustia, esperando y mirando al cielo, esperando y consultando las previsiones en internet, esperando como siempre, cada día, esperando, a ver si entra por el oeste una buena borrasca que haga crecer los árboles y cuajar la fruta.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAsoman las “Mona Lisa”, pero sin mucha fuerza. También ellas, las patatas, esperan el agua de mayo. Asoman ahí mismo las correhuelas, que se vienen al campo camufladas entre el estiércol que traigo del “tinao”. Ayer, arrancando correhuelas entre los surcos, ví  una araña cargando con un saco de huevos, blanco como la nieve y casi más grande que ella. Han germinado las semillas de calabacín, calabaza, pepino, todos ellos en “lasañas” de paja y hierba fresca recién desbrozada, mezclada con algo de tierra y mantillo. Ya tenemos los primeros tomates plantados. Anastasio, el anterior propietario,  me dice que mal, que mal, que hay que esperarse a “la Cruz de Mayo”, que no se gana nada corriendo… De la huerta del pasado verano todavía estamos comiendo lombardas y (hoy miércoles) las últimas acelgas, justo antes de que empiecen a echar flor las plantas, momento en que las arranco y dejo sitio para otra cosa.
Los injertos de las cepas han prendido. En espera de la lluvia, los riego con mucho tiento (sin desbaratar las uniones) una vez por semana.

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…y el boletín informativo desde Sarria

Publicada una Carta Aberta a la Directora Xeral de Patrimonio de la Xunta de Galicia – ¡que además es de Sarria!-  afeándole su conducta de estas últimas semanas. El Alcalde ha vuelto a hacer declaraciones, tan hilarantes como de costumbre. En este momento, la gran duda es si la Confederación Hidrográfica va a tener valor de cortar los árboles que más les estorban, y para los que, aseguran, “tienen permiso”. Habrá que verlo, porque la paralización cautelar de la tala por el juez sigue en pie, y , que se sepa, la “autorización expresa” de Patrimonio para ejemplares aislados, que exige la normativa de protección del Camino de Santiago, no existe (¿cómo justificar entonces las talas realizadas antes de esa fecha?; de ninguna manera: son ilegales se mire por donde se mire).

Toda la información: https://www.facebook.com/salvemosoriosarria

Querida lombriz

No sé muy bien cómo te llamas, si eres una Eisenia o una Lumbricus o una Eudrilus…  (veo en los foros de internet que hay debates muy encendidos entre los partidarios de unas y otras; yo diría que eres una Lumbricus, pero cualquiera se atreve). Estás en los composteros y en la tierra de debajo de las macetas y tablones. En la hojarasca, en los montones de grama que dejo entre las piedras, en el acolchado de paja de la huerta. Estás bajo la cubierta de estiércol de oveja con la que cubro en invierno parte de los restos de acelgas, puerros, lechugas, pero también en los montones descuidados de plantas que no se reciclan (no expresamente), como las tomateras o las coles, tan propensas a pillarlo todo. Querida lombriz,  tú haces que la tierra parezca couscous. Oxigenas las raíces, lo limpias todo.  A veces, después de una lluvia, te encuentro en la calzada jugándote la vida, como esas gallinas insensatas que andan a su aire por las cunetas y cruzan por donde les parece. Si todavía no te ha pisado alguien, ni te ha comido un pájaro, ni te ha atropellado una bici…te recojo y te devuelvo al pie de un árbol, a seguir haciendo tu trabajo. Date cuenta, queridísima lombriz, de que sin tí no habría huertas. Eres por lo menos  tan importante como el agua y como el sol.   Te llames como te llames, me consta que eres una lombriz competente. Ni se te ocurra marcharte. ¿Dónde  ibas a estar mejor?. Aquí no te ha de faltar nunca de nada. Tendrás comida sana y variada (dieta mediterránea), humedad, calor, buen trato…

Entre los calabacines

entre los calabacinesEntre los calabacines, ayer por la mañana, descansaban a la sombra una perdiz y sus doce crías. Se levantó despacio y fue a acurrucarse debajo de una anchusa (una que he dejado sin cortar, porque me encantan sus flores azules) con los doce perdigones apretados contra ella, convencida de que  ya no la veía…
Cuando me encuentro una perdiz, una paloma o una tórtola, procuro espantarlas haciendo aspavientos y simulando estar muy indignada. Incluso les arrojo  (suavemente) algún palo. La idea es que, si se acostumbran al ser humano, si creen por una décima de segundo que el ser humano es inofensivo, pierden las pocas probabilidades de supervivencia que puedan tener al empezar la temporada de caza. Pero esta vez no podía ponerme a dar gritos. Los perdigones eran minúsculos. Parecían pollitos de gallina recién nacidos.  Así que hice como que no los había visto, salí despacio de la huerta, llamé a los perros y los metí en la casilla.

…Media hora más tarde vino mi vecino Perico a por alfalfa. Aquella alfalfa que habíamos sembrado como “abono verde”, junto con avena, al poco de llegar a la finca. Sigue rebrotando cada año, y por lo visto es una “delicatessen” para conejos y liebres. Perico tiene una sobrina nieta de cinco o seis años a la que ha regalado un gazapillo que se encontró  hace unos días en el camino. El gazapillo va engordando a base de lechuga y alfalfa, y se deja acariciar por la niña, que lo lleva en brazos de aquí para allá. Le conté a Perico lo de la perdiz mientras cortaba alfalfa con su hoz. “Hocino”, me corrigió, el que usaban antes las mujeres. Los hombres usaban una  hoz grande que llamaban “carbonera” (..pero  había mujeres que trabajaban más que los hombres, “y eso que a ellas sólo les daban un cuartillo de vino”, etc ). Me dejó hacerle una foto al hocino, para que quedara bien claro, para las generaciones venideras, la diferencia con una hoz: el hocino tiene dientes, no filo, y es más pequeño; la hoja, además, no está en el mismo plano que el mango (guardo la foto para otro post, el de la guadaña y demás instrumentos cortantes). Volvimos a entrar en la huerta y buscamos a la perdiz con sus crías.  Ya no estaban. Ni rastro. ¿Por dónde entraron?. ¿Por dónde salieron?. Ni idea. Pero estaban aquí mismo hace un momento, rondando la huerta, el frescor de la tierra regada, la poca sombra que pueda proporcionarles un calabacín o una anchusa.  Le enseñé a Perico las fotos. Me dijo que los perdigones no echarían a volar antes de quince o veinte días. Durante ese tiempo hay que vigilar muy de cerca  a los perros.  Llevarlos al campo por turnos -uno a uno- y ver de tenerlos siempre al lado (incluso con la correa).

perdiz y perdigón
P.D. Este perdigón de la foto (en rojo) es el bobalicón del grupo. Sus hermanos corrían como centellas entre los calabacines mientras él se quedaba  ahí parado. En Galicia, si fuera un cachorro, le dirían “o da teta de atrás”,  al que sus hermanos no dejan acercarse a los pezones con más leche; relegado a patadas hasta la última fila, crece infraalimentado y un tanto ido (…Pero el que ríe de último ríe mejor. A lo mejor sus hermanos, por listos, acaban metiéndose en un lío. El de la teta de atrás va pasito a pasito, siempre sobre seguro).

La última de la clase

Al terminar junio

nemoptera bipennis Esta especie de mariposa -que no es tal, sino una prima, del orden Neuropterae– estaba posada esta mañana en una de las pocas margaritas no decapitadas por la desbrozadora. Es una Nemoptera bipennis.  Le hice la foto mientras regaba las moras. Con la mano derecha sujetaba la cámara y con la izquierda la manguera. La nemoptera vuela a trompicones, como si no le hubieran enseñado bien, indecisa entre esta hierba o aquella, y quizá agobiada por el calor. Pero esta foto mía, hecha  de cualquier manera, no puede transmitir ni su falta de pericia ni su ligereza. A lo mejor por su vuelo torpe -sin el nervio y la determinación de las mariposas- o por esos  largos faldones flotando, la nemoptera parece un pañuelo, o un trozo de papel,  que el viento anduviera paseando por los rastrojos.

Consultorio (2)

FumigatorEstimada señora Barbie Jardinera:
Tengo un problema con los geranios que se ha ido convirtiendo en pesadilla y que, desde hace unos días, amenaza la estabilidad de mi matrimonio e incluso la vida de mi mujer.

Todo empezó esta pasada primavera. Era domingo. Como todos los domingos, me había levantado tempranito para afilar mi hacha de monte, el set de cuchillos carniceros, las sierras, serruchos y serrotes, y las cuatro motosierras. Es lo que yo digo: uno nunca sabe en qué momento va a tener necesidad de estas herramientas, así que más vale tenerlas siempre a punto.  Guardo mis cosas en una cabaña de jardín, de esas de resina rígida que venden en el centro comercial.  El jardín es un rectángulo de baldosas, terminado en un semicírculo con tejadillo, que es donde hemos instalado la barbacoa. El abeto lo talamos hace años,  hartos de los gorriones que se metían entre las ramas.  No  era sólo el ruido  que metían. Lo que me ponía malo era que hicieran sus necesidades en el parabrisas del coche y en las baldosas del jardín.  Con la palmera de China y el macizo de chumberas que crecen en la parte de atrás tenemos más que suficiente. Delante de las chumberas he puesto el columpio de mi nieto, para que no estorbe al fregar las baldosas. A veces se pincha un poco las piernas, como es lógico, pero es lo que yo le digo: hijo, tendrás que hacerte un hombre. Por poner alguna planta en el jardín de delante mi mujer insistió en comprar unas macetas y colocarlas en los peldaños de la escalera de entrada. Bueno, le dije. Un peldaño sí y otro no. Para no exagerar. Fuimos al centro comercial y las compramos. Y plantamos unos geranios rojos, muy sencillos.  Los primeros días todo fue bien. Mi mujer regaba los geranios, los geranios crecían, y yo los miraba complacido desde el ventanuco de la cabaña, mientras le pasaba una gamuza a mi katana japonesa….
No habían pasado ni dos semanas cuando empezaron los problemas.  Era domingo, como ya he dicho, y yo andaba ya ocupado con el afilado de la primera motosierra. En eso me llama mi mujer para que vaya a ver un bichito que acaba de localizar en un geranio.  Cogí un cuchillo de caza, por si las moscas, y salí a ver qué pasaba.  Nunca había visto nada igual . Nunca en MI jardín. Era pequeño, verde, repugnante. Era un pulgón.  Esa misma tarde lo rocié con un producto que me vendió el de la tienda de piensos del pueblo (Arturo).  Repetí la rociada cada pocos días y al principio la cosa resultó.  Pero a mediados de mes aparecieron nuevos pulgones, más grandes y más gordos. Volví a lo de Arturo. Y le dije, le digo, “necesito algo más potente”.  Me vendió  un frasco de cristal lleno de cruces negras,  con la recomendación de que  no lo dejara cerca del columpio, y unas horas después de pulverizar  las macetas por allí no quedaba ni la sombra de un pulgón. Entonces mi mujer me hizo ver que tampoco los geranios tenían muy buena cara. Normal, le digo. Pero mañana verás que bien.  Y en efecto, al día siguiente los geranios habían mejorado un poco.  No era ése, sin embargo, el final de la historia. Muertos los pulgones, pronto empezaron a aparecer docenas, cientos, miles, millones, trillones de arañitas rojas…Voy corriendo a lo de Arturo. Lo que yo te diga: dame algo que mate a todos los bichos, no sólo a los pulgones.  ¡Y rapidito!. Me vine con una mochila de 16 litros, un mono de trabajo plastificado, y una escafandra. Rocié todo, escaleras y fachada de la casa incluidas. Las arañas desaparecieron. Los geranios también. Pero es lo que yo digo: se compran otros y listo, porque sólo valen dos euros con cincuenta cada maceta y porque lo que es a las arañas y a los pulgones no les han quedado ganas de volver. Mi mujer, que por entonces empezó con una tosecilla perruna que no termina de curársele, fue al centro comercial y se vino con los nuevos geranios.  Y yo, tranquilo, empecé por fin a ordenar mi cajas de munición, que bastante tiempo había perdido ya con la tontuna de los geranios. Poco duró la paz. A la semana los geranios estaban negruzcos, huecos, y una oruga gris, fea como un demonio, asomaba la  cabeza (o el culo, no sé) por uno de los tallos.   Arturo me sacó entonces un catálogo de productos “fitosanitarios” y juntos miramos qué podía encargarse.  Hicimos un pedido a Chicago. Los tres sobrecitos  (que aquí están prohibidos) valieron ciento cuarenta dólares cada uno.  Volví a ponerme la escafandra y rocié todo,  todo, hasta las juntas de las baldosas. Las orugas desaparecieron. … Calma. Consigo terminar de limpiar el arpón ballenero, la colección de dagas indonesias…  ¿Victoria?.  Qué va. Dos días después mi mujer me viene a buscar a la cabaña, golpea en el cristal con los nudillos y me dice, entre toses,  que acaba de ver un pulgón en una maceta.

Estimada señora Barbie. A mi mujer le han diagnosticado una bronquitis de pronóstico reservado. Escribo esta carta desde la sala de espera del hospital. Los geranios han muerto. Mi nieto tiene prohibido venir a vernos. Los pulgones corretean alegremente por las escaleras y empiezan a acercarse a la cabaña. ¿Qué hago?. ¿Le prendo fuego a todo?. Tengo un lanzallamas ruso que compré por internet y que podría valernos.

Suyo afectísimo.
Firmado: Fumigator.

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Respuesta:

Estimado Fumigator:

No hay que perder los nervios. Si la carrera de armamentos  consiguió acabar con la antigua Unión Soviética,  qué no hará contigo, que sólo dispones de un pequeño arsenal de jardín.  Sucede que el uso repetido de ciertos insecticidas  favorece la aparición de “cepas resistentes”, o sea, individuos a los que ya no hace efecto el tal producto. Por otra parte, esos mismos productos acaban provocando un problema serio de arañas rojas, que se cuelan de rondón…. Lo de las orugas es otra cosa. Son unas polillas venidas de Africa, difíciles de combatir. Tú has llegado quizá a un punto de no retorno.  Un producto lleva a otro, que a su vez lleva a otro, y a otro, y a otro,  en una espiral rabiosa que no acaba nunca. Veamos

–       Si decides tirar para delante,  prueba con una pequeña bomba atómica de fabricación casera. Arturo el de los piensos podrá echarte una mano, seguro. Para la información técnica, el uranio y la piecería, puedes mandar un mail amistoso a la embajada de Corea del Norte-, o mejor,  consultar esa web donde compraste el lanzallamas.
–       Si decides rebobinar y empezar de cero, prueba con un buen chorro de agua a presión al atardecer.  Es una opción, en cualquier caso, mucho más barata que la anterior.  No tendrá efectos secundarios en el aparato respiratorio de tu mujer (salvo si se asoma en ese momento a la ventana). Tampoco te creará problemas con la CIA en caso de que investiguen tu correo electrónico. Enchufas la manguera y empapas bien las plantas donde haya pulgón.  Respecto a los tallos perforados por la polilla, ten buen cuidado en ese centro comercial que frecuentáis: inspecciona  las plantas antes de llevarlas a casa, y corta enseguida –y tira a la basura- los tallos afectados.

Con mis mejores deseos para ti, tu mujer, y tu nieto.

Firmado: Barbie Jardinera.

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NOTA
El dibujo de “Fumigator” procede de un folleto del Jardín Botánico de Montreal.

¡Abejarucos!

 ¡Abejarucos por fin!.

El año pasado no vinieron. Fue una primavera desastrosa. No había llovido ni nevado durante meses.   Tampoco las jaras florecieron como lo están haciendo este año, ni los melojos brotaron con ganas, ni se pudo catar un solo espárrago silvestre.  Nada. No vinieron los abejarucos y lo atribuimos a que todo estaba seco: la pradera con pocas flores, la hierba baja y poco gustosa. Una de las primeras entradas de este blog, sin embargo, había sido para  esos pájaros, convertidos en santo y seña de cada primavera:

https://laramadeoro.com/2011/12/27/hope-is-a-thing-with-feathers-2/

.. Pero no aparecieron. Ni uno. Como en este blog nos esforzamos  (de forma un tanto descabellada a veces) por subrayar lo que SÍ va bien, no tuve ánimos para decir la verdad. Decir, sencillamente, que los abejarucos no habían vuelto.
Pues bien, dos años después de su última visita, ¡aquí están!. Se me cruzo una pareja hoy a mediodía, cuando subía con el coche por el camino de LRO. Los ví con toda nitidez, como si se hubieran posado en mi mano. No solté el volante para hacerles fotos porque entonces no estaría ahora contándolo. Pero hay que creerme. Eran los abejarucos.

Consultorio (1)

Hace una semana

arña gigante MontreuxQuerida Barbie Jardinera:
Tengo un pequeño jardín en una pequeña urbanización de una pequeña ciudad del norte. En el jardín no hay apenas sitio para nada, pues un enorme castaño de indias crece en medio y medio, dándonos sombra en verano y muchas hojas para barrer en otoño. Algunos vecinos nos dicen que por qué no lo talamos. Que ensucia mucho, estorba al autobús, y tal y cual. Pero mi marido y yo queremos conservarlo a toda costa.  Mide más de quince metros de alto. Cuando está en flor hay gente que se para en la acera a hacerle fotos, de tan bonito que se pone. Todos los años le hacíamos una poda de limpieza, muy suave, y arremetíamos la copa para que el señor del autobús no protestara al pasar. Ahora el árbol está tan alto que  ya no hay manera de podar nada. No se vé el final de la copa,  que se ha ido cerrando, ni se sabe muy bien lo que pasa ahí dentro.  Bueno, la razón por la que te escribo, querida Barbie, es que hace cosa de una semana, mientras esparcía amorosamente una carretilla de mantillo al pie del castaño, escuché un frufrú muy raro que salía de lo alto. Levanté la cabeza y  me encontré de frente con  ESTO. Pegué un grito, solté el rastrillo y me metí en casa a la carrera. Pero  el bicho debió de asustarse también, pues al cerrar la puerta me dió tiempo a verle desaparecer entre el ramaje.  Una compañera con la que voy a hacer pilates todos los viernes me ha recomendado aceite de neem. He hecho la prueba, he pulverizado neem por las ramas bajas y desde la ventana, pero nada: el monstruo peludo se esconde en la copa durante el día y asoma el hocico y las patas al caer la noche. Salta la tapia, se da unas vueltas por la urbanización, y regresa. Como un gato, vamos, pero en araña gigante. Mi marido ha intentado atraerla con un reguero de cabecitas de gambas, en línea recta a la alcantarilla, abierta de par en par. Nada. Es muy lista. Se come las cabezas de gambas hasta el bordillo de la acera y después se vuelve al castaño,  relamiéndose y haciendo frufrú. La verdad es que con el paso de los días me he  ido acostumbrando a ella y hasta me he animado a hacerle esta foto, que es de ayer a eso de las nueve, antes de entrar a cenar (souflé de espárragos trigueros). Pero temo por nuestro castaño de indias.  Querida Barbie, ¿no estará destrozando el arañón las yemas del árbol?, ¿no estará estropeando la corteza con esas uñas afiladas?. Y además, ¿no acabará atacándonos a mi marido y a mí cuando coja confianzas…?. Te escribo desesperada.  ¿Qué hemos de hacer?.
Firmado: Amapola del Camino

Respuesta.

Estimada Amapola del Camino:
Primero de nada, tranquilízate.  Todas las arañas son carnívoras, en efecto, así que vuestro castaño de indias no sufrirá por su presencia. En todo caso, lo mantendrá limpio de otros bichos, seguramente más molestos para vosotros (avispas, mosquitos). Por otra parte, he consultado en mi base de datos y te puedo asegurar que no hay ningún caso registrado de seres humanos devorados por arañas en Europa occidental. Nada que temer por ese lado.
En segundo lugar, los tratamientos biológicos, como el neem que te recomendó tu amiga, o las infusiones de ajo, el agua jabonosa, etc (hay una larga lista) sólo son realmente  eficaces  en las fases larvarias del insecto/arácnido, o bien como repelentes, pero no como curativos.  No como insecti-cidas/aracni-cidas. Osea, que podías haber eliminado el huevo o la araña-bebé, si la hubieras pillado a tiempo, o, mejor aún, haber evitado su llegada, pero difícilmente puedes hacerle nada con esos tratamientos a la araña adulta. Y mucho menos cuando ya está tan hermosa y bien criada,  con un peso, según mis cálculos, de entre treinta y cinco y cuarenta kilos. Hemos llegado tarde. Las opciones ahora se reducen a dos, y ya te adelanto, querida Amapola, que personalmente me inclino por la primera, pues los arácnidos -salvo casos de infestaciones agudas, como las arañas rojas en las judías, por ejemplo- han de ser siempre bienvenidos en el jardín:
Opción A. O bien adoptas al arañón como animal de compañía (tú misma dices que ya no corres a esconderte cuando aparece, señal de que le estás cogiendo cariño, quizá sin tú saberlo),  o bien, opción B, te planteas seriamente eliminarlo. En este caso, te repito, no valen aceites ni infusiones ni salmodias…  Habrá que recurrir a las armas de fuego: un fusil de caza mayor.  Como imagino que ni tú ni tu marido sabéis mucho de estas cosas (pues os dedicáis a actividades más pacíficas, como recoger espárragos trigueros o contemplar la floración del castaño…)  aquí te adjunto estos dos links, en los que encontraréis mucha información cinegética y buenos contactos:

http://www.nraespanol.org (Asociación Nacional del Rifle)
http://www.casareal.es

Un saludo afectuoso.
Firmado:  Barbie Jardinera.

P.D. No olvides, por último, que incluso el neem, por muy natural y biodegradable que sea, es también un producto no-selectivo. Si abusas de él, o si lo echas a tontas y a locas, sin apuntar bien a la diana, acabarás eliminando o ahuyentando a un montón de insectos fabulosos…
P.D2. Intenta mantener la copa del castaño un poco más aireada. Hay empresas especializadas en ese tipo de podas. Son bastante caras, sí, pero hacen bien su trabajo y sólo hace falta  llamarlas de Pascuas en Ramos. Y así te llevarás menos sustos.