Peligro: ¡curvas! (y 2)

Fotos: 1730. El jardín de Rousham (cerca de Oxford), obra de William Kent, fue uno de los primeros “landscaping garden”.  En Rousham todo está equilibrado, lo útil con lo hermoso, el “orden” con el “desorden”… Hay paseos serpentinos pero también setos geométricos. Hay esculturas antiguas, pero también gallinas y vacas. Los jardines ingleses de finales de siglo (ca.1780) no se le parecerán ni en pintura.

rousham,puente de Venusrousham, el río vacas RoushamKONICA MINOLTA DIGITAL CAMERA

Resumen del post anterior: las curvas inglesas tenían mucho…de italianas; las construcciones de la Inglaterra “liberal” estaban muy cerca …de la Francia absolutista, y ambas muy cerca de la Italia del XVI, es decir, muy cerca del clasicismo, con todos sus ángulos rectos al aire.

Otras ideas recibidas:

2. El jardín inglés es “natural” donde el francés “artificial”. Las raíces de esta idea son literarias. Están en Addison y, sobre todo, en las epístolas y poemas de Alexander Pope, uno de los que aplaudieron la revolución de 1688 . Pope quería que el cambio político fuera acompañado de un cambio general, en todo, en las costumbres y hasta la forma de vestir, cambio comparable –como ellos mismos se cuidaron de subrayar- con la reformas llevadas a cabo por Octavio Augusto entre el 31 y el 27 a.c, tras las guerras civiles que habían desangrado Roma. Estos poetas de finales del XVII inglés fueron llamados “augusteos”, y hasta se atrevieron con poemas al estilo de las Geórgicas virgilianas, o de la II Oda de Horacio, que traducían y “variaban” sin descanso,  animando al pueblo – esto es, a la gentry– a reencontrarse con la felicidad de la naturaleza, los placeres del campo, etc. Llegados a este punto, cabe preguntarse si hay algo más artificial que todo esto (y  el adjetivo no es despectivo, sólo viene a recordarnos que estos jardines son “creaciones”).Y si en vez de “naturales” el  único adjetivo que se ajusta a ellos no será  “literarios”, o mejor,  “idealizantes”, que también se le suele aplicar, pero que, nuevamente, los uniría en intención, si no en resultados, a las obras maestras del jardín “a la francesa” (¿y quizá a cualquier jardín…?).

Brown_Stowe_garden Todo el jardín se llenó de templetes, pórticos, estatuas…Lo más alejado de “lo natural” que uno pueda imaginar. El dueño de Stourhead  diseñó un recorrido -estilo parque temático- en el que cada estación/parada se correspondía con una de las pruebas del pío Eneas en su lago periplo desde Troya. Se imitaron, se calcaron, las escenas pintadas por Poussin o el Lorenés. De entre las hojas de los robles empezaron a salir Templos de Venus, Templos de la Antigua Virtud (foto a la izquierda, en Stowe), etc. Lancelot Brown -el que viene detrás de Kent, cronológicamente- reduciría el número de construcciones clásicas en el jardín, pero manteniendo la pretenciosidad pictórica del conjunto, tal como sus aristócratas clientes reclamaban…

…Y por eso los viejos parterres y setos fueron arrancados, y destrozados para siempre  los viejos jardines del siglo anterior (algunos de ellos, por lo que se lee en los manuales,  hermosísimos). Pero también  se metió mano a bosques enteros, aldeas y ríos. Ya lo hemos visto: donde el paisaje no era suficientemente “bucólico” se le enseñó a serlo. Las ciénagas, adiós. La maleza, el desbarajuste del monte: adiós. Y esta es la crítica central que se le hizo al jardín inglés en sus postrimerías; críticas nacidas de su propio seno, de otros jardineros ingleses que, defendiendo lo que ellos consideraban “verdaderamente natural”, se pasaron de frenada y fueron a dar…a otro jardín también supuestamente “natural”, pero tanto o más artificial (más, sin dudarlo) que el de sus idealistas predecesores. Este otro jardín inglés ya no es el “sublime” o “serpentino” de W. Kent o  Lancelot Brown, sino el “pintoresco”, el que ponía las ciénagas, las cascadas, y las montañas pedregosas hasta en la sopa, para hacer –decían- “more natural”. kew_pagoda_originalAnotamos, rápidamente (porque se necesitaría otro post), que en los cincuenta años que van de Rousham, por ejemplo, a los primeros jardines pintorescos había empezado a cambiar el gusto, y más radicalmente que nunca; empezaba el romanticismo, a los viajeros les gustaban más las crestas nevadas de los Alpes (hasta entonces, “effrayantes”) que los templetes en el valle, y encontraban preciosa una pagoda china, o un telderete turco, en medio de una réplica del arco de Preneste, una avalancha de pedruscos, una lápida de mármol traída de un cementerio, medio rota y llena de musgo…etc

(Foto: dibujo de W.Chambers para la pagoda de Kew)

Algunas de esas villas (no todas) se convirtieron en “ferme ornée”. La idea era poner en práctica el llamamiento de Pope, de Virgilio, y también de los “fisiócratas”, que preconizaban desde Francia una idea muy simple: que la riqueza de los pueblos estaba en la agricultura. Los ingleses, aún en plena expansión naval (su verdadera fuente de riqueza), no renunciaron a mejorar sus sistemas de explotación del campo. Estos jardines coinciden, entonces, con la culminación de los “enclosures”, el cambio en el aprovechamiento de las tierras rurales, y el inicio de la agricultura moderna. Y en tales jardines, idílicos a la par que productivos, donde –además- las ovejas mantenían bien corto el césped, el propietario podía retozar y jugar a ser campesino.Marie Antoinette, Nat.Gall.Washington En estos jardines ingleses so natural, está el precedente directo del Hameau de la Reine en Versalles, esa aldeíta donde Maria Antonieta y sus amigas se disfrazaban de rústicas, bebían leche recién ordeñada (en porcelana de Sèvres especialmente diseñada para la ocasión), recogían flores del campo, acariciaban a los corderos… Y cuando un aguafiestas llegaba de París exclamando “¡Majestad, el pueblo no tiene pan!”, ella respondía al vuelo “¡…Pues que le den brioches…!” (Foto, la reina de Francia vestida y peinada a la inglesa, con corsé pero sin guardainfantes, y con más algodón que sedas. E.Vigée Le Brun, Nat.Gallery de Washington)

3. El jardín serpentino del Siglo XVIII en Inglaterra es el prototipo de “lo inglés” (englishness).

Así formulado, a mí me cuesta trabajo creer esto. Ni en la primera fase (la de W.Kent y Rousham, para no perdernos: paisaje curvilíneo sin exagerar + templetes), ni en la segunda (la propiamente “english”, la de Lancelot Brown: más paisaje curvilíneo y menos templetes), ni menos aún en la tercera (la de W.Chambers: el “totum revolutum” de finales de siglo). Tanto en la jardinería como en la arquitectura, los ingleses de cualquier época siempre miraron a Italia y a Francia, adaptándose a la evolución del gusto en esos paises.   En realidad, tanto lo que se ve en los jardines como en la arquitectura, es una amalgama  original de cosas pilladas aquí y allá. Un poco de Paladio, otro poco del Bernini, un aquel de Mansart, unas gotas de Guarini, unas torrecillas y unas vidrieras góticas… Y lo mismo en el jardín. Una mezcla de Oxfordshire y la Toscana,…con un templete que imite el Panteón de Agripa y un kiosko chino para variar. Esto de “pillar”, entonces, ¿no será uno de los ingredientes básicos de la englishness?.

Posibles (y seguro que matizables) conclusiones, a añadir a las del post anterior:

-Que el Lorenés está siempre en el epicentro de los jardines que se diseñaron entre 1650 y 1750, tanto del jardín francés, que mira al horizonte, buscando la luz y la perspectiva, como en el inglés, que se queda con el primer plano, con los ingredientes “tangibles” (este puente paladiano, este rebaño de ovejas…). Tanto en le Notre como en Kent, pues.

-Y que lo que movía a los jardineros ingleses, a los aristócratas que los financiaban, más aún, lo que quizá sigue moviéndolos a día de hoy, lo “específicamente inglés”, en definitiva, si es que tal cosa existe… ¿no será la añoranza de Roma, de un paisaje ordenado, hermoso y productivo a partes iguales, absolutamente idealizado, la añoranza, en definitiva, del sur?.

Bibliografía

Indispensable: V.L. Tapié, Baroque et classicisme, Collection Pluriel, 1980 La mejor fuente de información que he encontrado sobre los jardines del XVIII es http://www.gardenvisit.com. De ahí procede la cita de W.Hogarth, la reproducción de los corsés, y también el dibujo de la pagoda de Kew. Horace Walpole, On modern gardening, Pallas Athene Publ.London, 2004. La historia de la jardinería de Penelope  Hobhouse (The Story of Gardening, Darling Kindersly Publ., 2004)  aporta noticias estupendas sobre la época y muchos detalles sobre cada jardín, pero también deja caer, sin cuestionárselos realmente, algunos de los viejos tópicos.

rousham, entrada

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Peligro: ¡curvas! (1)

Breve historia del jardín. Continuación del post: https://laramadeoro.com/2013/05/28/matematicas-verdes-2/

“Resulta elegante en las mujeres –softer sex– lucir carnes un poco rollizas…”  afirmaba W. Hogarth en su Analysis of Beauty (1753),  Por “rolliza”, plump, no había que entender   “regordeta” sino  “llena de curvas”. Y como ejemplos de línea serpentina – encarnación, por entonces, del ideal de belleza- el autor proporcionaba este diagrama con diferentes modelos de patas de silla estilo “chippendale”,  y un detallado catálogo de corsés…

Los senderos sinuosos, los lagos de silueta irregular, las explanadas de césped, las colinas y los bosquetes (esparcidos por el perímetro de la finca,  nunca muy densos)  resumen en los libros de jardinería el prototipo de jardín inglés, jardín “paisajístico”, o “landscaping garden”, que nació y se institucionalizó en la isla a mediados del siglo XVIII.

stourheadPero si en aquel post dedicado a Le Notre  y al XVII llegábamos a la conclusión (más o menos…) de que ni sus jardines “a la francesa” eran tan rígidos ni su voluntad de poner orden tan incomprensible para nosotros , ¿qué pasa con los jardines ingleses del XVIII, son de verdad tan naturales y “casual”? . ¿Son de verdad todo-curvas?. Y esas curvas ¿qué significan, si es que deben significar algo?. ¿Le viene lo “casual” al jardín , precisamente, del hecho de preferir las curvas?, ¿o sólo las preferían porque el propietario detestaba a los franceses, esos reaccionarios, tan amigos de la “recta”… si es que de verdad los detestaba, y de verdad ellos eran tan amigos de la recta, y de verdad la recta era odiosa, etc, etc?. ¿Y qué pintan los “whigs,” (los liberales) con sus peluconas y sus casacas, en una historia de la jardinería?.

Lo que sigue es una selección de algunas de las muchas (y liosas) ideas recibidas sobre el jardín inglés:.

1. El éxito de la curva en los jardines de Gran Bretaña se debió a :

1.1….que ésta se corresponde con el paisaje circundante, de por sí ondulado. Sin embargo, los libros y las reproducciones también nos dicen:
Que cuando la tal curva no aparecía por ningún sitio en ese paisaje circundante, se la hacía aparecer por las bravas, tanto sobre el terreno –procediendo a movimientos de tierra a gran escala- como en la silueta de un río: “the gentle steam WAS TAUGHT to serpentise…” (H. Walpole). Como a las mujeres, también al paisaje se le ponía corsé.
tuscan-landscapeLos gentlemen que hacían el Grand Tour volvían a casa fascinados con el paisaje de la Toscana, el Valle del Po y la campiña que por aquellos tiempos rodeaba Roma. Son paisajes suaves, de colinas y recuestos, cruzados por rebaños, salpicados de ruinas…(Foto: paisaje toscano, en http://www.suebishop.com). ¿No será este paisaje, más que el “circundante”, el que trataban de reproducir?

1.2. …al deseo de darle en las narices a los franceses. Es decir, de hacer algo que fuera radicalmente opuesto a lo que se entendía como “típicamente francés”: el racionalismo y la geometría, en lo estético; y el absolutismo monárquico de derecho divino , en lo político.
Rápido repaso histórico. En 1688 desembarca en Londres Guillermo III, respaldado por los “whigs”, firmes partidarios del gobierno civil. El último rey Estuardo se marcha e Inglaterra pone en pie una especie de “monarquía parlamentaria”, que es lo más avanzado que existe por entonces en materia de libertades políticas.
Lo siguiente es ver si esas diferencias políticas se reflejaban en las prefencias estéticas de unos y otros ( la curva es liberal, la recta autoritaria…). Cronológicamente estamos en pleno Barroco. Bueno, pero es sabido que el barroco francés no puede compararse a otros: su raíz es clasicista, y los arquitectos del Grand Siècle nunca renunciaron a ella. Rápidamente vendrá quien apunte: ¡claro!, ¡ahí está otra vez la recta!. ¡También en los edificios!. Compárese una iglesia parisina del XVII con cualquier iglesia contemporánea del sur de Alemania , de Austria, de Roma o de Turín… Si en éstas últmas reina la opulencia y fantasía que habitualmente identificamos con el “barroco”, en París los arquitectos, aun permitiéndose alguna libertad, siguen firmes, más cerca de la Italia del Quinquecento que de la del Sescento. J.H.Mansart les InvalidesY este rasgo del arte barroco-clasicista del XVII francés sólo podrá compararse … al de Inglaterra. Donde va a suceder casi casi lo mismo. Christopher Wren, muy apreciado por la Reina Ana,  por su sucesor Jorge I, y por los “whigs” que  le apoyaban (y aprobaban o no las cuentas),  construye la Catedral de San Pablo  (foto de abajo) con ideas similares a las de Mansart en Les Invalides, (aquí a la derecha) y las columnas de su fachada son las de la gran columnata del Louvre, y etc, etc.
Es decir, que la recta, a lo que parece, sólo se consideraba políticamente reaccionaria cuando se aplicaba al jardín.
No en los edificios.
En los edificios, el paraíso de la curva no está en Gran Bretaña, sino en cualquier Principado u obispado del Tirol, Bohemia, etc. Y sí: es una curva Ancien Régime.
paul_cathedralSi Wren y sus seguidores se sintieron más próximos del clasicismo de los franceses, por hondas que fueran las diferencias políticas (¡que tampoco hay que exagerar!) y dejando a un lado ciertas cuestiones presupuestarias (2),  ello parece deberse al éxito en Inglaterra de Palladio, el arquitecto veneciano, autor de la mil veces copiada y reinterpretada Villa Capra, y cuyo tratado, Los Cuatro Libros de Arquitectura, se había traducido por entonces al inglés.  Antes de Wren &Co. hubo un paladiano irreductible: Iñigo Jones.  Y después de Wren, que, por otra parte, nunca renegó de su antecesor, los paladianistas  más estrictos volvieron a las fuentes , es decir, a la arquitectura de la Roma clásica que el del véneto ensalzaba, y a los diseños originales de éste, diseños que –por otra parte- ellos mismos iban a ver en persona cuando cruzaban los Alpes rumbo a Italia. Las  relativas “libertades” barrocas de Wren, no digamos de Vanbrugh (el de Blenheim Palace) les empiezan a parecer too much. Y así es como estos defensores del jardín serpentino, se convirtieron , hacia 1730-50, en los precursores del neoclasicismo…. lo que, leído deprisa y corriendo, podría parecer un contrasentido.

Para terminar, es bueno recordar aquí que había otro lugar, además de los grabados, de los tratados, y de la propia Italia, donde un arquitecto inglés, o su aristócrata protector, podía encontrar a Palladio y sus modelos clásicos en estado pristino, combinado con un paisaje ondulado, sereno, reflexivo… como el que ellos trataban de imitar. Ese otro lugar era la obra de Nicolas Poussin y, sobre todo, de Claudio de Lorena: el mismo cuyos cuadros coleccionaba el “rígido” Monsieur Le Notre. (Fotos: “Paisaje con Jacob y las hijas de Laban” + grabado de los jardines de Stourhead). ¿Por qué coleccionaban a Poussin y a Claudio el Lorenés estos ingleses amigos de la curva?. ¿Cómo es que no invertían un poco más en (por ejemplo) Rubens…?.
claudio-de-lorena-paisaje-con-jacob-laban-y-sus-hijas-1654A VIEW OF THE GARDEN AT STOURHEAD, WILTSHIRE, THE TEMPLE OF APOLLO, THE PALLADIAN BRIDGE AND THE PANTHEON (1775) by Coplestone Warre Bampflyde (1719-91) Watercolour at Stourhead, Wiltshire
Posible conclusión: el contumaz palladianismo de los ingleses les llevó a adorar en los edificios lo que detestaban en el jardín; esto es, la geometría, las líneas puras, las puras rectas. En las zonas contíguas a la vivienda nunca se renunció a cierta “formalidad”; se cambiaron los diseños de los parterres, muy simplificados, y el cesped segado a ras sustituyó a las combinaciones florales, pero la preocupación compositiva fue tan intensa e intervencionista (o sea, artificial) como en cualquier otro jardín sin pretensiones de “parecer natural”.  Además, el desorden del paisaje era sólo aparente. Un orden idílico, “virgiliano”, reinaba bien adentro. Y todo eso les acercaba a sus vecinos franceses, absolutistas y católicos. Y no pasaba nada.

1.3. El éxito de la curva no se debió ni a su correspondencia con el paisaje inglés (1.1) ni al deseo consciente de contrariar el gusto francés (1.2), sino a su belleza innata, superior a la de la recta. Esta es la conocida tería de Hogarth, con cuya cita se abre el post..

(Continuará)


NOTAS

(1) Sobre las barrabasadas hechas para  hacer más “natural -looking” el paisaje, léase la dolorosa descripción de un contemporáneo, O.Goldsmith (recogida en The Story of Gardening, P.Hobhouse, p.218). En ella se nos cuenta cómo el Conde de Harcourt expulsa a los paisanos de Nuneham, para poder construir su nueva villa y ajardinarla según la moda del “landscaping garden”…
(2) “No hay nada en Guillermo de Orange de ese republicanismo burgués que, por simplificación o simplismo, se quiere asociar a la revolución liberal . Más aún, es curioso que lo que se atribuye a las intenciones de Luis XIV sobre Versalles -(…) sea perfectamente válido para Guillermo y su siempre preferida Hampton Court… El plan que le propone Wren es una fachada barroca, al estilo romano del Bernini…pero los gastos son enormes…y es por razones económicas, una vez más, y no por preferencias estéticas, por lo que vuelve a imponerse el clasicismo… No obstante, Hampton Court es un eco de Versalles, reducido a las proporciones de una residencia casi campestre…” (V.L. Tapié, Baroque et classicisme, pp.384-5)

Tiramisú, Caramel, Brownies…

Basilea 002Podía ser  la carta de postres de un restaurante, pero no. Es una selección de un catálogo de heucheras, todas ellas híbridas,  con un pariente yanqui muy cercano (Heuchera villosa), aunque su padre putativo sea un francés (el viverista T.Delabroye).
Las heucheras necesitan suelo fértil y fresco.  Si se intenta su cultivo en la mitad norte de España, mejor mirando al sur-este. Si se intenta en la mitad sur -lo que no sé si es muy recomendable…- mejor a la sombra, sombra total, aunque la planta no florezca. En realidad, con estas variedades de la carta de postres la flor no importa tanto. Antiguamente ( antes de los años 80), las variedades de heucheras que podían encontrarse eran plantas  diferentes a éstas; la más habitual era una heuchera mejicana (H.sanguinea), adaptada al suelo mediocre, al pleno sol, y cultivada en Europa y USA en ese estilo de jardines “kitsch” que eran, por entonces, las viejas rocallas. Leo en un manual de plantas vivaces que estas primeras heucheras  se usaban por sus espigas de flores, tan diminutas, etéreas casi, que en Francia se  las llamó “désespoir du peintre”.
Las heucheras modernas son otro rollo.  Más fornidas que sus primas de Chihuahua, estos híbridos “siglo XXI”, descendientes de variedades del este de los EEUU, se cultivan como tapizantes por su crecimiento compacto y sus hojas recortadas, de silueta parecida a la de los arces (a escala XS), con mucho colorín, de tacto ligeramente atercipelado, siempre sanas y rubicundas.
La foto está sacada en una rotonda urbana (Basilea) el pasado mes de enero.  Las Caramel  están mezcladas con las Brownie, las Citronelle, las Tiramisú… y el marco, muy irregular, lo forman unos brezos dorados (otros que interesan por su follaje; hasta es bueno quitarle la flor en cuanto asoma, para que la mata no decaiga).
Cruzamos la rotonda de buena mañana. La escarcha había cubierto el macizo de una lámina de cristal, y el follaje de las heucheras -con todos los colores entremezclados, como en el escaparate de una tienda de chuches-  parecía espolvoreado de azúcar glas.

NOTA:
Hay mucha información sobre estas y otras plantas de ancestros americanos en el link http://www.ngb.org (Natinal Garden Bureau, USA)

brezos y heucheras

Jardín limpio, cliente contento

 chaumont 07Voy de visita al festival de jardines de Chaumont-sur-Loire cada tres años. He ido ya en el 2007 y en  el 2010. Este año tocaba, pero entre la vendimia y el vino se me ha echado el tiempo encima y ya no podré ir. No faltaré, sin embargo, a la cita de primavera.
La primera vez fuimos en la furgoneta desde Madrid, sin prisas, haciendo varias paradas por el camino; al llegar a Chaumont, que es uno de los pueblos que se esparcen por la orilla del Loira (muy cerca de Amboise) nos quedamos a dormir en el camping. La segunda vez cogí un tren muy temprano en la estación de Austerlitz, en Paris; la parada es en Onfray, a dos kilómetros del castillo donde se celebra el festival. Fui caminando hasta Chaumont, pasé el día allí, y al atardecer regresé a París. En las dos ocasiones me quedé con la impresión de que el tiempo y el dinero invertidos  (150 euros en el segundo caso, por un “forfait” de avión +2 noches) eran muy poca cosa para lo que se podía obtener a cambio: ver en unas seis horas el mejor festival de jardines de Francia y volver a casa con la cabeza en estado de ebullición.

Al mes de volver quedé con un amigo jardinero en Madrid para tomar una cerveza. Venía todo sudoroso, después de horas trabajando con la sopladora, barriendo y recogiendo en bolsas de plástico las hojas caídas al pie de las plataneras… Saqué la cámara digital y empecé a enseñarle mis fotos. Déjate de mariconadas, me dijo. Mis fotos de Chaumont –como la que reproduzco aquí arriba– no le interesaban ni mucho ni poco. Pasamos a hablar de otras cosas.
Y es que aquí no tenemos nada que pueda compararse a un festival como el de Chaumont. Tenemos festivales gastronómicos, musicales, y otro tipo de cosas estupendas. Pero de jardines, nada. Cuando uno salta desde la plataforma en la que trabajan los grandes paisajistas –los de “Casa y Jardín”, para entendernos– va a darse de bruces directamente contra el suelo: el terreno de los jardineros de mantenimiento, que son albañiles o agricultores reciclados en el mejor de los casos, y en el peor (que es lo habitual), jóvenes españoles sin cualificación, que sienten el mismo interés por podar un rosal que por conducir una carretilla elevadora; estos jardineros que pululan por las comunidades de vecinos y urbanizaciones de las afueras se reparten el business con los emigrantes sudamericanos, marroquíes y rumanos, quienes, como ellos mismos, trabajan por cuatro perras (qué remedio) y han aprendido  a marchas forzadas en las grandes compañías de mantenimiento, las que se llevan las contratas de los ayuntamientos (desbrozar cunetas, limpiar aparcamientos, etc). Pueden ser buenos trabajadores, pueden  tener pericia en el manejo de las máquinas, pero ni saben una palabra de botánica o agronomía, ni consideran que sea necesario saberla para cuidar un jardín. Naturalmente, los propietarios del jardín no son exigentes. En España no lo son, ni siquiera cuando creen serlo… Y lo que están dispuestos a pagar a estos jardineros  improvisados es lo mínimo (ocho euros/hora, cinco si es en negro).  Chaumont. Soluciones para suelos muy secos.Una familia de nivel económico medio dedicará el  95% de su presupuesto a la casa y al coche, pero ¿al jardín?. Con que esté limpio basta. Seto de “arizónicas”, + extensión de césped + puñado de rosales sin padre ni madre en la entrada. Este tipo de propietario estándar –el de los miles de chalés/segundas residencias surgidos como hongos al calor de la burbuja inmobiliaria, o el coprietario distraído de una comunidad de vecinos– tampoco considera la posibilidad de que haya otra forma de hacer las cosas. Y si sale a otros países de vacaciones, no ve lo que no llama su atención, aunque lo tenga delante de los ojos (foto 2: Chaumont, soluciones para suelos muy secos; más abajo, foto 3: chumberas, rosas y gramíneas). O puede que sí lo vean  y puede que sí se admiren, pero eso no significa que vayan a hacer comparaciones constructivas y a extraer de ellas la menor conclusión práctica. ¿Por qué somos así?. No lo sé.
pompas de jabón en un cuasi-desiertoEl ciudadano español medio tampoco le pide mucho a su ayuntamiento en cuestión de espacios verdes públicos. Pide, de hecho, lo mismo que para su pequeño jardín (el que lo tiene). Y ni él, ni su jardinero, ni el representante de la administración necesitan festivales de jardinería ni nada por el estilo. En todo caso, si se hace una “feria del jardín” a lo grande, como acostumbramos a hacerlo todo por aquí, lo que encontraremos en ella es lo último en maquinaria, nuevos cachivaches, pérgolas y casitas de jardín, barbacoas, horripilantes cabezas de Buda, tumbonas de maderas imputrescibles (procedentes de selvas tropicales en peligro de extinción), etc, etc.  Supongo que la falta de empatía con la naturaleza (¡la de verdad, no la de adorno!) es un defecto cultural que arrastramos desde la noche de los tiempos pero ¿por qué nos hemos curado en tantas otras cosas y en esta seguimos así?.
Cuando salgo al extranjero a ver jardines siempre vuelvo cabizbaja. En España no hay nada comparable –no digo ya a los grandes festivales, ¡pienso simplemente en las rotondas ajardinadas de Francia, por ejemplo!– no hay nada comparable porque casi nadie lo echa en falta (y los que sí lo hacen todavía son minoría: basta con abrir los ojos).  Como cuando paseamos por el campo. Si uno se da un paseo a pie por cualquier zona rural del sur de Inglaterra, o de Aquitania, o de la Toscana… puede estar bien seguro de que no se va encontrar ni neumáticos, ni bolsas de plástico, ni restos de palés, ni trozos de uralita… Por supuesto, las posibilidades de que se encuentre un perro abandonado, esquelético y muerto de miedo, son también muy bajas, e irán disminuyendo a medida que nos dirijamos al norte.

crocus hederifolius


En este jardín (Oxford), las hojas se descomponen al pie de los árboles, y en el mantillo que se acaba formando  brotan unos crocus diminutos.

En cuanto a mi colega jardinero, no me afectó gran cosa su desinterés.  Es un buen hombre que preferiría otro tipo de trabajo, mejor pagado y menos ingrato. Me quedé, eso sí, con ganas de decirle que estaba haciendo el canelo. Que las hojas de las plataneras debía soplarlas hacia el centro del césped, esparcirlas lo más posible y, acto seguido, pasar la segadora por encima. La bolsa de la segadora irá recogiendo una mezcla impagable de briznas de hierba y hojarasca triturada. Lo que él –y una mayoría de sus clientes y colegas, para qué negarlo– consideran “suciedad” es lo que mantiene fértil y protegido el suelo (por no hablar de la cantidad de pequeños invertebrados que encontrarán refugio en esa capa mullida y caliente de materia orgánica). De modo que, en vez de tanto sudar y tanto ir y venir al contenedor,  a lo mejor debería limitarse a ir vaciando esas bolsas al pie de  árboles y arbustos, devolviéndoles lo que es suyo, los nutrientes que ellos mismos han fabricado y de los que depende en buena medida su futuro. Así se mantienen esos jardines ingleses que tanto admiramos (foto 4). Y la única diferencia respecto al mantillo de los bosques  (foto 5, abajo) es la velocidad: allí todo es lento, aquí, por razones estéticas (y a veces funcionales: no resbalar por un camino lleno de hojas), se acelera el proceso de descomposición, pues las hojas secas vuelven a la tierra ya trituradas, amontonadas, y mezcladas con hierba.

hojas que formarán el mantillo

Notas.
Los troncos de la primera foto, pintados de azul y puestos cabeza abajo, como hombres caminando, procedían de los bosques azotados por las tormentas que arrasaron Francia en 2005. Algunos años después leí esta noticia en una revista de jardinería: los hombres azules de Chaumont habían arraigado en el fondo el estanque y se estaban cubriendo de hojas. Es decir, volvían a ser árboles.

Cabeza Negra

aeonium siluetaTuve durante tres años en la terraza un aeonio “cabeza negra”, Aeonium arboreum, de apellido “Schwarzkopf”, como el de aquella soprano alemana de los años 50.  Erguido en su maceta  azul turquesa, brillante y exótico en medio de las plantas del montón que por entonces me daba por almacenar, el aeonio era, junto con el calamondín, el señorito de la casa.  A los dos los envolvía en sábanas de algodón cuando empezaba a hacer frío de noche; a los dos les reservaba el rincón que daba al este durante el verano, y el que daba al sur durante el invierno. A los dos los abonaba con humus de lombriz una vez al mes en primavera, mezclándolo bien a la tierra de superficie con un tenedor de postre, y les refrescaba las hojas con agua mineral (sin cal ni cloro) en los atardeceres de verano. Un viaje a la Orotava me permitió conocer a sus inmediatos parientes y ancestros, los  aeonios de Cabeza Verde, que por las islas llaman “bejeques”. Dos días antes de volver a la península una tormenta tropical -el “andresito”, por producirse en torno al día de San Andrés- arrancó muchos bejeques de los muros y tejados. DSCN3249Este de la foto me lo traje conmigo a Madrid.  Fui al control de seguridad del aeropuerto con él en la mano (las raíces envueltas en una bolsa), lo coloqué como si tal cosa en la cinta transportadora, lo recogí del otro lado…y nadie me hizo preguntas.
Pero nuestro plebeyo bejeque verde se puso a florecer como un loco al poco de llegar al barrio, lo que le llevó a perder fuelle y a agotarse en el intento.  Quizá le comía la moral su primo Schwarzkopf, mirándole con sarcasmo  desde el rincón vip de la terraza. Sea como fuere, el verde creció mucho (llegó a ser tres veces más grande que el otro), produjo una enorme y horrible espiga de flores, agachó la cabeza, perdió toda su apostura, y se fue de este mundo lentamente, arrugándose poco a poco. En cuanto al señorial y capichoso aeonio, también él nos dejó, una noche de abril de 2010. Un descuido, o mejor dicho, un exceso de confianza por mi parte,  me llevó a creer que el aeonio ya podría sobrevivir sin su bufanda pasado el equinoccio. Craso error: se heló en menos que canta un gallo. (El calamondín sí pudo pasar el trago. Sobrevivió y sigue conmigo.). Por supuesto, a mi aristocrático aeonio  jamás se le pasó por su Negra Cabeza la grosería de florecer. Se fue de golpe y porrazo, como un capitán de húsares a caballo,  atravesado en plena noche por una lanza enemiga.

NOTAS
La foto que encabeza el post `procede de una web de plantas crasas, levemente retocada con “photoshop”: capcactus.blogzoom.fr
La soprano citada en el primer párrafo es Elisabeth Schwarkopf, la “Diva Nazi”, famosa  por sus interpretaciones de Mozart y Richard Strauss.  Hierática y soberbia como el aeonio var.atropurpurea.

Orquídeas callejeras

orquídea callejera 4-4-09Una mañana muy, muy  temprano, hace de esto varios años, al bajar a trabajar, me encontré en medio de la calzada una orquídea recién atropellada. Le quedaban dos hojas,  el tallo estaba roto y las raíces al aire. Por algún lado andaría la maceta, quizá envuelta todavía en celofán.  El escenario parecía sugerir un fallido intento de reconciliación, esa misma noche/madrugada, que  seguramente había concluido con la maceta volando por la ventana (“¡…mira lo que hago yo con tu orquídea!”). La planta estaba a punto de deshidratarse,  sucia y  hecha unos zorros, pero no tan triturada como para darla por muerta.
Las Phalaenopsis son unas orquideas  facilonas. Cuando volví a casa a mediodía envolví las raíces en un amasijo de papel de periódico empapado,  cubierto a su vez por un trapo también húmedo, como un muñón o un vendaje de emergencia.  Lo até con un cordel, sin apretar, y lo dejé así unos días. A la sombra. Cuando las dos hojitas empezaron a estar otra vez tersas desenvolví el paquetito y trasplanté la orquídea a una maceta con sustrato. El sustrato específico para orquídeas y restantes plantas epifitas (que crecen sobre árboles: no necesitan tierra, sino una mezcla de corteza y musgo, muy ligera). Para mi propio asombro, la planta fue capaz de producir dos tallos llenos de capullos ese mismo año.  Era un orquídea blanca. En pleno verano la coloqué, con otra orquídea que andaba por casa, entre las plantas de la terraza, con luz indirecta y un grado de humedad relativamente alto (la compañía de otras plantas, transpirando a todo trapo,  y todas ellas muy juntas, facilita las cosas; también la colocación de cacharros con agua, siempre en puntos inaccesibles para las salmanquesas, que pueden caerse dentro y ahogarse). Torquídeas,canna,etcodo iba bien. Pasó el verano. Pero el día nueve de septiembre  cayó sobre Madrid una de esas granizadas impredecibles y salvajes  que se llevan por delante la cosecha de uvas del año (como así fue). En la terraza las bolas de granizo llegaron a tener el diámetro de una ciruela. Y a la pobre orquídea, que ya estaba tan recuperada, el granizo le perforó las hojas de lado a lado, como si alguien nos hubiera cañoneado con saña desde la terraza de enfrente. Bueno, ya he escrito que las Phalaenopsis son facilonas.  En la foto que encabeza este post se ven las hojas rotas de la orquídea. Es de la primavera siguiente a la granizada…y ahí estaba otra vez, floreciendo sin despeinarse. Como no soy partidaria de conservar mucho tiempo las plantas, y como bastantes pruebas le había mandado ya Dios a esta pobre orquídea, decidí regalársela a  una amiga de buen corazón y buena mano que recoge y cuida todo lo que encuentra (perros, gatos, pájaros…). Se la coloqué delante de la ventana de la cocina, que da a un patio estrecho, y justo detrás del fregadero (luz tamizada + vapor de agua). La orquídea florece como loca todos los años, en parte porque la cuidan lo justo y necesario (es uno de esos seres vivos que prefieren que se les deje un poco en paz), y en parte porque ahí, en la ventana, tiene asegurado el contraste de temperaturas entre día y noche que la mayoría de las orquídeas necesitan para formar flores. cymbidium a la intemperieUno de los fracasos clásicos de la gente que tiene orquídeas  (y calefacción central) es precisamente ése: las hojas están verdes, me dicen, pero “no echan flor”. Terapia de choque, sin dudarlo.  Hay que poner a la orquídea de patitas en la calle todas las noches durante veinte días o un mes, y meterla dentro por la mañana. En Madrid esta operación puede hacerse en otoño, antes de que las temperaturas nocturnas bajen de los quince-doce grados (lo que las mataría, pues las Phalaenopsis, al fin y al cabo, vienen de Tailandia y alrededores: no saben del frío).  Ese contraste de más de quince grados la espabilará, y enseguida, más pronto que tarde, empezará a formar los tallos florales de la próxima estación.

Matemáticas verdes

(Continuación del post “Andrés, hijo de Juan, hijo de Pedro”)

…¿Cómo se come todo esto? ¿Puede la misma persona diseñar jardines formales y adorar al Lorenés?. Parece que sí.
I. En las historias escolares la ecuación es sencilla: “Francia, jardín formal, jardín arquitectónico, Le Brun, orden, sometimiento de la naturaleza, racionalismo, S.XVII”  versus   “Inglaterra, jardín natural, jardín pictórico,  Claudio de Lorena, desorden, naturaleza libre,  empirismo, S.XVIII”. Y hay quien añade a la serie las inevitables connotaciones morales: la línea recta es conservadora y absolutista; la línea curva es progresista y liberal. Pero si uno afina la vista, el oído, y hasta el olfato (y deja en el cajón ciertos prejuicios), enseguida se dará cuenta de que nada es tan simple.
Primero, ¡atención!, ni la geometría tiene por qué ser “mala” ni los jardines formales “reaccionarios”… Pero esto lo dejamos para un poco más adelante. Segundo, ¿eran de verdad tan  rígidos los jardines de Le Nôtre que en ellos no había cabida para el azar, tan absolutamente inhumanos en su escala y concepto, tan “tristes y estériles (A.Baraton) que excluían la sorpresa, el juego, la douceur de vivre…?.
La historia de un jardín es una historia de seres vivos -hombres, animales y plantas mezclados- todos ellos diversos, y complejos, y cambiantes por definición.  Los árboles de Le Nôtre crecieron tanto que hacia 1725 ya no había manera de meterlos en vereda. Y el hombre que los plantó sabía que acabaría pasando eso. Sabía que las vistas se convertirían en “entre-vistas”, y que en muchos lugares las líneas rectas quedarían ocultas. En cuanto a los parterres bordados (broderies, casi siempre de boj, o de una sola variedad de flor), el cronista de la Corte, Saint-Simon, nos informa de que a Le Nôtre le aburrían… Toda la vida, desde niño, había estado dale que dale, primero ejecutándolos, después diseñándolos él mismo. No le gustaban , dice Saint-Simon porque no se podía pasear por ellos. Y los jardines son para “ser paseados”, no sólo contemplados (como  seguramente piensan los que ven en Versalles un puro ejercicio intelectual); de hecho, todo el diseño  fue concebido en función de la promenade, que el propio Rey Sol describiría en un célebre opúsculo. Al caminar, los diferentes elementos iban apareciendo poco a poco: un nuevo punto focal, una escultura especialmente hermosa (o especialmente cargada de significado, que quizá sólo captara la nueva amante del Rey…), o una orquestita que salía de detrás de un seto cuidadosamente recortado.  En ese diseño el parterre era necesario para rellenar los inmensos espacios entre escaleras, terrazas, bosquetes. A Le Nôtre le cansaban, pero entendía su función. ¿Con qué reemplazarlos sin alterar por completo el conjunto, sin interrumpir las vistas dominantes ni llamar la atención más de lo imprescindible?.   Chateau_Versailles_and_the_Grand_Canal_(Photo,_13-06-2010).jpegOtras cosas. En el supuestamente inmutable jardín del orden y el rigor matemático, veintitres hectáreas de cielo imprevisible se reflejaban en la superficie del Gran Canal: “..el canal refleja las nubes, la luz, todo lo que pasa, a la velocidad que le plazca al viento… le pur éphémére..” (E. Orsenna, op.cit. p.78). Y aún más efímera y- más reñida con la línea recta- era el agua en movimiento . Para un visitante de hoy es difícil imaginar lo que era Versalles en el XVII, porque habría que poner a funcionar (y se hace sólo a medias, los fines de semana de verano) todas las fuentes e “ingenios” hidráulicos que se repartían por el jardín, acompañando con su música el paseo del visitante…

II. Volvemos ahora al primer asunto. La geometría. Yo creo que todos llevamos dentro un similar deseo de luz y de orden, que se expresa de diferente manera y/o en diferentes grados según el temperamento de cada cual, pero que suele reactivarse, precisamente, cuando las cosas no van del todo bien.
El mundo que produjo a Le Nôtre es el que acababa de despertar de las guerras de religión y – apenas empezaba a aclararse el agua del Sena, que había corrido roja durante años- de las guerras de la Fronda.  Andrés creció entre tiros, estocadas, hogueras, cadáveres embarrados por esas callejas -sucias, sucísimas- de lo que hoy es el centro de París.  Fuera de las ciudades, el norte de Europa era todavía un mundo de bosques y ciénagas, ya en rápida disminución,  pero todavía cerrado: ¡y peligroso.!  El jardín era exactamente la antítesis de todo eso. Como los versos alejandrinos o la música de Lully. Era una forma de plantarle cara a la barbarie, no sólo la de los hombres enfrentados entre sí, sino también de la propia naturaleza,  amenazante e informe

Líneas rectas en LRO

Líneas rectas en LRO

III.  No es de extrañar, pues, que el mundo que produjo a Le Nôtre fuera también el que produjo a Descartes y a Spinoza. Líneas rectas, matemáticas:  para sugerir, por ejemplo, que en las cosas del mundo sublunar la razón va primero y la fe después…Esas líneas rectas del XVII, símbolo del amor a la ciencia, llevaban directamente a las Luces del XVIII. Y el romanticismo, tan liberal en ciertos aspectos, no dejaba de tener una cara oscura, una inclinación nostálgica y peligrosa hacia el pasado (lo veremos en otro post: por ejemplo, la afición de H.Walpole a las falsas ruinas ¡góticas!).
Tengo en alta estima a Monsieur Le Nôtre. Entiendo perfectamente su (humanísima) voluntad de poner orden en un mundo caótico.  Y creo que esto no es incompatible con la necesidad de recordar, ahora, que la utopía del “progreso ilimitado”  tocó fondo hace tiempo, dejando bien a la vista las limitaciones que encerraba. Nuestros dramas de hoy. Nosotros, los que  sufrimos por encontrar un sitio en el parking tumultuoso de Versalles, al que llegamos por una carretera asfaltada, con alumbrado público,  con uno o dos móviles a bordo, protegidos y bien desayunados… no sabremos nunca lo que es un bosque de verdad. Nos hemos quedado sin ellos; incluso sin su recuerdo. Y hasta los setos y la maleza que uno ve por el camino parecen guiñapos, retazos marginales de lo que debieron de ser en otros tiempos. La naturaleza hoy, aquí, es cualquier cosa menos amenaza. Todo es claridad cegadora. Mineral y humo. Todo es descampado, es decir, solar de próxima construcción…Los animales escapan. Van desapareciendo, simplemente, porque ya no tienen donde meterse. ¿Cómo podríamos encontrar consuelo en un jardín tan estricto, hecho de terrazas, fuentes, esculturas, senderos de grava, ánforas, escaleras, que no son ya lo que andamos buscando, lo que necesitamos?.  Le Nôtre era un hombre de su tiempo como nosotros lo somos del nuestro.  Sus jardines son una respuesta perfecta -un prodigio de buen gusto y serenidad- para el tiempo que le tocó vivir.  Y todavía hoy, en momentos particularmente convulsos, sentarse junto a un “charmillo” de Versalles puede calmarle a uno los nervios…  Pero por todas estas cosas, en realidad, también se puede juzgar con escepticismo la obra  de determinados paisajistas contemporáneos, que  han olvidado la hora que marca el reloj y que – al margen de consideraciones estéticas- continúan ajardinando enormes espacios sin prestar atención a a lo más urgente: la creación de ecosistemas viables, tan “biodiversos”  y autosuficientes como sea técnicamente posible (hasta una mediana abandonada nos dice más cosas, a día de hoy, que , por ejemplo, esas anchas avenidas asfaltadas del Parque Juan Carlos I, en Madrid…).
rangee_arbres_w650_h441Nuestra naturaleza animal echa de menos la libertad desordenada del bosque. En nosotros, que hemos nacido tan tarde, hay una desproporción de luz y sombra (de intelecto e instinto, o como cada cual quiera decirlo) inversa a la que se daba en el todavía agreste siglo de Le Nôtre. Por eso, en mi opinión, a algunos les  chirría ese despliegue de geometría y disciplina.  Porque, si no hacemos el esfuerzo de ponernos en la piel de un hombre del XVII, siempre veremos esas cosas como un yugo, no como una liberación. No como la geometría balsámica que sin duda era entonces, pues hacía olvidar  a un puñado de hombres del XVII el horror y el caos circundante, horror y caos que ellos (un grupo de privilegiados, sí)  veían materializados en el lodazal que había sido Versalles antes de ser jardín… o en esos bosques impenetrables, oscuros, llenos de peligros muy, muy reales, que tenían que atravesar cada dos por tres, y que nosotros -¡aunque a ellos les costaría trabajo creerlo!-  jamás de los jamases conoceremos ya.

                        (Continuará en el post:  “Peligro: curvas”).

NOTAS

Bibliografía básica, además del estupendo libro de Orsenna: Todos los jardines del mundo, de G.Van Zuylen, Gallimard, 1994. Y Grandes jardines de Europa, E. Kluckert, K¨önemann,2000.
La foto del los castaños de indias de Versalles (salvados de la terrible tormenta de diciembre de 1999)  es de Isabelle Rodrigues (“France in photos”).

Andrés, hijo de Juan, hijo de Pedro

Sea-Port-at-Sunset-1639-xx-Claude-LorrainClaude Gellée, llamado “el Lorenés”: Puerto de mar al ponerse el sol.1639

I. Este es uno de los cuadros que el jardinero de Luis XIV,  André Le Nôtre, contemplaba por las noches cuando se sentaba a cenar en compañía de Francisca, su mujer. Quizá también le echara un ojo por las mañanas al salir a trabajar,  antes de calarse el sombrero y cerrar el portalón que daba a la calle. No era el único cuadro de Claudio de Lorena que poseía: una Fiesta campesina – de buena mañana, bajo el enorme roble de rigor- colgaba junto a los veleros y el sol poniente.  Y en su colección había además tres Poussin, varios Domenichino, dibujos de Rafael, de Rembradt, de Rubens… Todo un patrimonio, fruto del trabajo ininterrumpido durante más de setenta años al servicio de los reyes y “grandes” de Francia. El único vicio de Andrés, o mejor, la única libertad que tal vez podía permitirse en su vida privada, era precisamente ése: comprar cuadros y objetos hermosos, para contemplarlos siquiera unos minutos antes de volver al chantier (Saint-Germain, Chantilly, Sceaux… y siempre y en todo momento, Versalles).  Pero M. Le Nôtre también había invertido en títulos de renta y bienes inmobiliarios. A su muerte, con 87 años, el jardinero de Luis XIV dejaba tras de sí una pequeña fortuna que ningún hijo heredaría: Andrés, hijo de Juan, hijo de Pedro, todos ellos jardineros, podía hacer vivir árboles y flores (incluso esos olmos y robles tres veces centenarios de los que el Rey Sol se encaprichaba, y que había que arrancar, y transportar en carretas hasta Versalles, y sacar adelante como fuera) pero no podía hacer vivir a sus propios niños; ni a su primogénito, Jean-François, ni  a los otros dos que le siguieron.
Andrés plantaba robles, tilos, carpes. Contemplaba los crepúsculos del Lorenés.  Enterraba a sus hijos. Y a lo mejor se consolaba pensando en ese sobrino-nieto tan querido, Claudio, al que había ido enseñando todos los secretos del oficio. Claudio, el nieto de su hermana Isabel, se curtiría como jardinero en las Tullerías, bien entendu, y después ya se vería... Y también  estaban ahí sus dos sobrinas, hijas de su otra hermana y de Simon Bouchard,  el responsable de la Orangerie: cuando su padre muriera, esas niñas seguirían ocupándose de meter a cubierto, cada mes de noviembre,  los naranjos e higueras itinerantes del Rey Cristianísimo.

220px-Andre-Le-Nostre1Un día de 1700, cogidos del brazo, cada uno con su bastón en la mano libre, esquivando charcos aquí,  pisando despacio los adoquines allá para no trastabillar (pasaba él de los 80, ella de los 70) Madame y Monsieur Le Nôtre  cruzaron juntos las calles de París para ir al notario.  La señora Francisca, con su sólido sentido común y no poco retintín,  insistió en añadir este párrafo al testamento: ” …Y hace constar que es la referida dama, su esposa, quien se ha preocupado por conservar los bienes que poseen, gracias a su buen gobierno y economía, habiendo sido siempre el referido testador muy proclive a gastar dinero para su gabinete de arte, sin pensar en ahorrar, etc” (1). En el testamento, sin embargo, no estaban ya los dos cuadros del Lorenés que Le Nôtre había comprado. El jardinero sin hijos se los había regalado al rey Luis, como los tres Poussin de su colección, hacía ya siete años . Y por ese motivo -por el hecho de haber pasado enseguida a las colecciones reales- hoy podemos verlos nosotros en el Louvre  (segundo piso, ala Richelieu, sala 15; en el catálogo virtual del museo se dan todos los datos: http://www.cartelen.louvre.fr ).

II.  Bueno. Le Nôtre había estudiado matemáticas y arquitectura en La Gran Galería del Louvre. Tenía mano para el dibujo. Y no digamos ojo. Él era el maestro jardinero que analizaba la topografía, diseñaba, preparaba los planos, organizaba los suministros, y dirigía cuadrillas de miles de hombres, a los que, según conviniera, ordenaba podar, regar, allanar, recrecer, retirar, abonar, trasladar, reponer… Todos los grandes jardines de Francia pasaron por sus manos entre 1650 y 1700, desde las Tullerías, donde se formó – con su padre y  con su abuelo-, hasta el último rincón del último bosquete de Versalles. Con más de treinta  jardines en su haber, André le Nôtre entraría en la historia de la jardinería como idólatra de la línea recta, la simetría, y el parterre “a la francesa”. 750px-Versailles_Plan_Jean_DelagriveCabía esperar, pues, que las generaciones de la segunda mitad del XX no se sintieran demasiado a sus anchas en este tipo de jardines, percibidos como algo rígido y monumental,  lejanísimo, ajeno a nuestros referentes estéticos de hoy.   Pero el error, en mi opinión, está en juzgar Versalles -o cualquiera de sus hijos e hijastros- como si nosotros y nuestras circunstancias del XXI fuéramos a instalarnos en él mañana. ¿Qué sentido tiene acercarse con prisas, con poca y/o mala información (a codazos entre otros miles y miles de turistas, todos en bermudas, todos despistados) para acabar soltando un apático  “me gusta” o “no me gusta”?.  Si todavía vale la pena hacer cola junto a la verja de entrada (y  yo creo que sí)  es para preguntarse cómo pensaban, amaban, soñaban, se distraían, morían…. los hombres y mujeres  que crearon semejante jardín, y para preguntarse finalmente si, a pesar de las diferencias, ¿hay algo que podamos compartir todavía ese señor de la peluca y nosotros, a tantos siglos de distancia?. Admitida la dificultad inicial (que se supera, me parece; es como leer la Ilíada sin estar acostumbrado al lenguaje de la épica clásica: pasados los primeros cantos, el resto va rodando), lo que no se entiende bien es que alguien se permita, con una altivez y una falta de sentido histórico asombrosos, poner verde al susodicho Andrés:  ”  … toda su obra está empapada de tristeza. Esos árboles domeñados parecen sumisos, sin vida, estériles, y son la viva imagen de ese hombre que, aún habiendo hecho fortuna, vivió como un criado y murió sin hijos (…) Cuando contemplo esas largas avenidas sin vida, ese rostro austero de labrador disfrazado de noble, mi corazón se queda helado y la incomprensión domina (…)”.  El que lo firma no es ningún mindundi; es A. Baraton, actual director de los jardines de Versalles (2). Más adelante todavía le dedica unas líneas  a su falta de vocación jardinera (“il est plus un architecte”), a su falta de originalidad, y a su nula evolución: “...tuvo el inmenso mérito, gracias a Luis XIV, de hacer posibles las ideas de Boyceau y de Mollet. Pero él no era un creador… Tenía amigos, medios, un rey que le adoraba… y en todo eso yo no veo al genio por ninguna parte, etc“. (2).  Baraton piensa, en definitiva, lo mismo que un alto porcentaje de esas hordas de turistas. Es el viejo prejuicio contra el orden clásico, nacido en el ocaso del siglo, apenas terminado de plantar el último bosquete del Trianon…

III. Es sabido que los jardines de Le Nôtre  serían furiosamente criticados por la generación siguiente, la de los “paisajistas ingleses”. Sí. Pero estos mismos paisajistas dieciochescos iban a elevar a los altares a …¡Claudio de Lorena!, cuyos paisajes “sublimes” consideraron desde el  principio como el modelo  a seguir; es decir, a reproducir sobre el terreno, pues “crear un jardín es un pintar un cuadro ” (A.Pope, gurú del jardín inglés). Paradójicamente,  el hombre que se había empapado cada día de su vida con esos paisajes pre-románticos, esa luz oblícua, ese permanente interrogante que flota en la línea de los horizontes del Lorenés, era el padre de la geometría hecha jardín, Andrés el Nuestro, enemigo número uno de Pope, Lord Shaftesbury, Horace Walpole y demás tratadistas del nuevo estilo de jardín .
¿Cómo se come todo esto?.

                                (Continuará en el post “Matemáticas verdes”)

NOTAS

(1) La anécdota del testamento la cuenta E. Orsenna en Portrait d´un homme heureux, Editions Fayard, 2000, p.147, utilizando como fuente la monografía de E.de Ganay, A. Le Nôtre, Paris, 1962.
(2) A.Baraton, Le Jardinier de Versailles, Editions Grasset, 2006, pp. 162-167. “El” Jardinero de Versalles, naturalmente, es él, M.Baraton, que empezó cobrando tickets en un cajero de la entrada y supo buscarse la vida. Un hombre que destesta que le tuteen o se refieran a él como “Alain, el jardinero” (lo considera un desdoro) y que, según él mismo cuenta, ha desempolvado el apelativo familiar “de la Vergne”, para añadir y dar lustre a su sencillo Baraton (p.140)…

Catalina huele a rosas

catherine-deneuve-20051201-87402Dos “rosas antiguas”,  la damascena y la centifolia, proveen desde la noche de los tiempos las esencias que llamamos “attar” de rosa (por destilación) y aceite  “absoluto” (por extracción), presentes en los mejores perfumes del mundo.

La rosa damascena llegó de Siria a Europa en las alforjas, dizque, de algún cruzado. Hoy se cultiva principalmente en Bulgaria, en el “valle de las rosas”  (Kazanlak) y en Turquía, en la región de Edirne (antigua Adrianopolis). Leo en internet que sólo el primer pais citado proporciona el 70% del aceite de rosas del mercado mundial.  La rosa centifolia es la rosa de Grasse, ciudad provenzal, “capital mundial del perfume”, pero también se cultiva en Italia y en Marruecos… Al decir de los que saben de estas cosas, la centifolia deja un regusto a miel del que carece la damascena, más pura, más “rosa”. (En cuanto a la rosa cortada – la de los ramos, la del ojal-  viaja por un camino diferente, que contaremos en otro post; un camino que lleva de las laderas volcánicas de Ecuador hasta Kenya, y de uno y otro puntos a la gran centrifugadora mundial de la flor cortada: la casa de subastas de Alsmeer, al norte de Amsterdam)

Jean-Paul Gherlain, perfumero – ya octogenario- del portal nº68, rue des Champs Elysées, (frecuentado por esas turistas japonesas que van por la calle dando tumbos, cargadas como mulas con sus bolsas de Gucci, Ferragamo, etc, etc), publicó en 2002 Les Routes de mes parfums :

“…Detrás de cada uno de nuestros perfumes se esconde una musa…  Creé ‘Nahema’ pensando en Catherine Deneuve. Esta actriz soberbia, de inmenso talento, me había fascinado en uno de sus películas, “Benjamin o Diario de un adolescente”. Catherine aparecía dentro de una jaula dorada con el suelo cubierto de rosas, vestida de seda blanca y los cabellos extendidos, como una aureola… el efecto era perturbador…Mi imaginación daba vueltas en torno a este recuerdo, y acabó convirtiéndose en el hilo conductor que, en 1979,  me llevaría a ‘Nahema’. Construí entonces ese perfume como un fragmento musical; quería recrear el ritmo lancinante del Bolero de Ravel: la nota olfativa principal se transformaba poco a poco en una presencia obsesiva. Siempre he sido un apasionado de las rosas, y mi jardín posee unas ochenta variedades…’Nahema’ es  una *rosa absoluta, construida sobre un acorde floral que acentúa el arranque, muy intenso, y se apoya sobre un fondo de madera y fruta, matizado por un toque de sándalo. Mi deseo era crear una composición que expresara de forma instantánea la sensualidad de una mujer particularmente refinada, experta en ese juego que consiste en ofrecerse sin dar la impresión de haberse ofrecido por completo… No es por casualidad que todas las creaciones Gherlain acogen la fragancia de la rosa en su composición, pues su poder de seducción ha atravesado los siglos…De la rosa centifolia, que es la rosa de mayo provenzal, a la rosa damascena, menos dulzona, existen alrededor de siete mil variedades. La recolección se hace únicamente en el mes de mayo, hacia las ocho de la mañana, cuando la flor empieza a abrirse y el aroma está en su apogeo…

(Apud  Le goût de la rose, ed.Mercure de France, 2008, pp.61-63. *Con *rosa absoluta quizá se refiere al aceite “absoluto”, esto es, al que se extrae de los pétalos utilizando disolventes)

2012-05-10 23.56.37En LRO crece una Rosa x damascena. Procede del esqueje que me trajo un amigo, Radhouanne (jardinero y entendido en olivos) de su casa en Túnez.  El esqueje arraigó en una maceta pequeña de arcilla -como las que limpia Catherine en la foto de arriba- rellena de tierra, mantillo y arena. Al año siguiente la planté en una esquina de la casilla, donde florece con profusión durante todo el mes de mayo (*en la foto se ve a un escarabajo, medio anestesiado por el olor, hundiéndose más y más en la corola…)

NOTAS
Además del libro citado, estas dos webs: rosasdebulgaria.com, (compra de cosmética búlgara on-line…más económica, en todo caso, que la de l nº68 Champs Elysées) y westcoastaromatherapy.com, donde se explican con detalle los procesos de extracción del aceite. La expresión “rosas antiguas” queda para otro día  (es una larga  historia.)