Cabeza de viejo

 

 

 

 

 

 

Guanajuato, Hidalgo y Puebla son las tres provincias mejicanas que vieron nacer a los viejitos (o cabezas de viejo, o barbas de viejo). Cephalocereus senilis. Cactus columnares, altivos, con un peluquín en la cumbre, blanco como la nieve menguante del volcán Iztaccihuatl (ya no del Popocatepl, 1), en cuyas proximidades prosperan, tan a gusto. A diez mil kilómetros de distancia y con un océano por el medio, también lo hacen en mi jardín, conformándose con ver a lo lejos la aún más menguante nieve del cerro Casillas, provincia de Ávila, que en el mejor de los inviernos apenas pasa de unos centímetros.  Allí alcanzan alturas de 6 a 15 metros (como un roble o un haya, 2); aquí no pasan del metro, ¿dos metros? cuando se le cultiva en invernadero, en suelo calizo como el de las colinas de Puebla, con luz y calor sin tasa (a más luz, más melenas blancas, 3).
En abril, si hay suerte, a mi cabeza de viejo le crecerán una o varias narices de Pinocchio:  narices de color rosa, primero chatas y después puntiagudas, desplegadas en su extremo como matasuegras, o como fanfarrias, que solo se abrirán del todo al caer la tarde. 

Sobre los cactus en general:  todos, o con alguna excepción vintage (¿género Opuntia?), que queda para otro día, entran en la misma categoría de los alhelíes & Co (tag flora viejuna).  Hoy se plantan en jardines de exposición y colecciones de plantas xerófitas, y a lo mejor, en versión enana, en una mini maceta  de Ikea junto a la pantalla del ordenador…  Pero antes se veían mucho en los patios y en los alféizares, metidos en latas oxidadas, apilados alegremente entre unos geranios, unas begonias y unas cintas.  En Galicia se combinaban con áloes, que florecen en rojo y naranja. Aquí en Madrid se ven más los ágaves/pitas, otras mejicanas viejunas, imponentes…

 

 

(1) En su vecino Popocateptl el glaciar ya se ha declarado extinto. Al Izta disque le quedan 5 -10 años. Algunos más, con suerte, al Pico Orizabal. Fuente: https://sitquije.com/medio-ambiente/ecologia/adios-popo-pronto-te-alcanzara-companera-izta
(2) Fuente: el primoroso libro de Isaac Ochoterena, Las cactáceas de Méjico, 1922, disponible en https://archive.org. También la foto procede de ahí.
(3) Foto arriba/derecha: todo el cactus es un poco lanoso, pero a medida que crece  el “peluquín” se hace más denso y destaca sobre la parte de abajo

Alhelí de invierno

No es en La Habana sino aquí mismo, en casa de mi vecina Mercedes. 

Matthiola incana
, planta vivaz en España pero anual o bianual en la Europa más fría, si es que aún existe tal cosa. Cientos de variedades hortícolas, de todos los colores, de similar fragancia, y a veces, en las variedades más antiguas, con nombre de señora (‘Isabella’, ‘Milena’…). Muy cultivadas en invernadero por los productores de flor cortada -en variedades monstruosas con nombres coherentemente monstruosos, tipo ‘Mamut’, ‘Excelsior’, ‘Climax’ (?)-,  los alhelíes son sobre todo plantas de jardín, ya muy distanciadas de un ancestro autóctono, mediterráneo, al que han olvidado hace mucho. Tienden a escaparse del confinamiento… A veces un alhelí de flor doble aparece en el intersticio de las baldosas sin que nadie lo haya sembrado. Como algunos Antirrhinum sospechosos, demasiado multicolores para ser botánicos. Plantas, en realidad, de jardin de grand-mère, con ese aire que se gastan, maravillosamente pasado de moda. Un jardinero minimal ni miraría para ellas (¡pero bien que las olería al pasar!) y las metería, displicente, en el mismo saco que los geranios, las malvarrosas, los gladiolos… Todo en la sección “viejunos”.  Las flores que le gustaban a mi abuelo. Las que me gustan ahora a mí, cada vez más.
En cuanto al cultivo: suelo rico, agua con tiento (ni una gota de más) y pleno sol. Algunos libros, traducción o adaptación poco atenta de originales escritos en el norte, nos dicen que florece en verano. Pero esta foto es de ayer. Mercedes me dijo  -asomada a la ventana de la cocina, en rigurosa cuarentena- que todos los años empezaba a florecer ahora. Marzo, segunda quincena de febrero. Por eso aquí le dicen “alhelí de invierno”.  Solo su primo de la costa, M. sinuata, más suave y aterciopelado, pero también más sufrido, florece a principios del verano (yo lo he visto incluso en julio, en la Costa da Morte, punteando de morado/púrpura el camino entre las dunas)

 

Narcisos ‘Tête-à-tête’

En una sopera de porcelana Santa Clara, o en un cestillo del montón, con un platillo de café dentro. Aguanta bien en casa. Se riega el platillo o la sopera, un centímetro de agua al día, más/menos. Pasada la floración, cuando las hojas se marchiten y haya que cortarlas, guardaré los bulbos hasta septiembre. No en la maceta, sino limpios de tierra y raicillas, en una bolsa etiquetada que dejaré en la bodega o la caseta de herramientas (¿recordaré dónde?; a veces, sin contar con ellas, me viene a la mano un sobre de semillas olvidado, una cajita de lata -de esas con la inscripción “Fumar mata”, cortesía de los cazadores, que aparecen con cierta frecuencia entre los romeros de LRO- guardando en su interior, quién sabe, un escarabajo reseco, un cárabo que murió patas arriba; un trozo de loza con el dibujo de un tulipán, encontrado en un camino; dos mitades de un huevo de mirlo, de color verde gris; unas semillas perfectamente desconocidas, quizá del hibisco aquel…).
En septiembre, por tanto, si me acuerdo y los reencuentro en el batiburrillo de la caseta de herramientas, enterraré esos bulbos al pie del muro del jardín, por donde la hiedra ‘Gloria de Marengo’ cubre ya, lenta pero segura, no sólo la reja que corona el muro, sino también el suelo, rodeando los arbustos y buscando la luz. Los narcisos se “naturalizan” mejor que ningún otro bulbo. Los de esta variedad ‘Tête-à- Tête’ son de flor pequeña, muy precoz. Cuando ni los lilos ni las rosas tienen flor (ni siquiera los iris), ese centelleo de los daffodils marca el final del invierno. En lugares más frescos son los galanthus, blancos y hasta blanquísimos (true white), que estos días, con sus cientos de variedades, ocupan las portadas de las revistas inglesas. Aquí primero va el amarillo, como en el campo (diminutas flores amarillo azufre, primas carnales de los jaramagos), y solo después, en las viñas sin arar, los azules de los nazarenos (Muscari armeniacum) y los anagallis (también en este post antiguo, uno de los primeros: https://laramadeoro.com/2011/09/26/salvajes-y-azules/)

Belles formes de fruitiers


Quelques belles formes de fruitiers, fotos de la Larousse agricole, fascículo 95, en el apartado taille (poda), y subapartado “poda de frutales”. Son manzanos en pirámide, en espiral simple, espiral doble y vaso alto.

A vueltas todavía con las podas de formación de bonsais (https://laramadeoro.com/2020/01/16/bonsais-sin-remordimientos/). La foto procede de un fascículo de la Larousse Agricole, uno de los siete que tengo en casa. Están editados entre 1921 y 1922. No tengo el fascículo de la “B” -o de la “bo”-, así que no puedo asegurarlo al cien por cien, pero supongo que a principios de los años veinte del pasado siglo apenas se sabía aún lo que era un bonsai, y sería remotísima, quizá inexistente, la posibilidad de encontrar uno en Europa. No sé qué hubieran pensado de ellos los (poco contemplativos) agrónomos franceses: à quoi bon?, dirían. ¿Qué producen? ¿Madera, fruta…? ¿Para qué valen entonces? Pero el principio de la “poda rigurosa para controlar el crecimiento” no les hubiera enseñado nada nuevo -¡ni por supuesto escandalizado!- pues lo aplicaban en fruticultura desde los tiempos de La Quintinie, director del Potager du Roi (Versalles), quien sistematizó y perfeccionó las antiguas técnicas de taille -en buena medida, como todo el arte jardinero, procedentes de Italia- para producir más fruta, más rápido, de más calidad, y de más fácil recolección.

A los suscriptores de esta Larousse les llegaba un fascículo por semana, que debían pasar a recoger por la librería donde hubieran formalizado el pago. En total son unas mil páginas, llenas de detalles técnicos, de dibujos, esquemas y fotografías, a los que se añade, al comienzo, un “bulletin hebdomadaire des campagnes” (consejos tipo: la alimentación de las vacas lecheras; época de siembra de los guisantes, etc). En España no teníamos nada que se le pareciera, ni de lejos.
Los fascículos encuadernados (dos tomos) se encuentran en anticuarios on-line a una precio aproximado de doscientos cincuenta euros. Pero la enciclopedia está escaneada, aquí: http://biblio.rsp.free.fr/LA/ (en el Reseau de Semences Paysanes). Aprovecho para buscar “bonsai”. Y en efecto, no hay nada entre “bonnet “(deuxième estomac des ruminants) y “book” (mot anglais signifiant livre).

Los bonsais ni siquiera eran muy conocidos cuando yo era niña; de hecho, que yo recuerde, los descubrimos como novedad en los viveros y floristerías a finales de los ochenta, quizá en los noventa.Tiempo en que aparecieron en el mercado los kiwis, por ejemplo. Las pizzas precocinadas, los yogures líquidos. Los hornos micro-ondas. Los ordenadores blancos,que pesaban un quintal, Un teléfono móvil a pilas, de marca Motorola… Y en medio de todas esas cosas, el olmo-bonsai de mi tío Fernando, que no tardó en palmar (el bonsai, no mi tío) porque todos pensábamos que, siendo tan pequeño, de aspecto tan frágil, y habiendo costado tanto (¿diez mil pesetas?) tenía forzosamente que ser mimado como una “planta de interior”.

Nota. Aprovecho para iniciar un tag / “categoría” con la reproducción de algunas páginas escaneadas de la Larousse agricole.

Bonsais sin remordimientos

Chaenomeles, membrillero japonés, en Bonsai Colmenar. También en flor los camelios, y a punto de caramelo los Prunus mume. Pero el invierno tiene más cosas: los pinos y enebros; las estructuras desnudas de los árboles caducos; las yemas hinchadas, las hojas moradas de frío.

No tengo bonsais. Requieren tiempo, un espacio seguro (a salvo de los perros, por ejemplo), y también un ritmo determinado, una cierta circunspección, de la que carezco.

-Hay que podarlos mucho, ¡pero no los torturamos! – me asegura raudo y veloz, sin que yo haya dicho todavía ni pío (pero adelantándose, por si acaso lo estaba pensando), el propietario de estos árboles de Colmenar. Se lo dirán constantemente: que criar bonsais es torturar arbolitos, y hasta le habrán mandado algún tuit afeándole la conducta…Y sin embargo, las personas que rechazan los bonsais por razones morales, ¿por qué no sienten lástima de los omnipresentes, insostenibles y tristes setos de coníferas, formados con árboles -¡cientos de árboles!- plantados a una distancia de cincuenta centímetros y mantenidos en un estricto marco geométrico de dos/tres metros de alto por uno/dos de ancho, en el mejor de los casos, que los condena a vivir poquísimo y con frecuencia enfermos? ¿Y -se me ocurre- de dónde pensarán que sale la fruta que compran en el súper? ¿Habrán visto, al pasar con el coche por la A2, por ejemplo, las plantaciones intensivas de melocotones, nectarinas, manzanas, etc. que ocupan hectáreas y hectáreas por las provincias de Zaragoza y Lérida? Hace años aprendí a hacerlo: a podar frutales en seto, y también a formar palmetas y cordones sobre una estructura de alambres, con distancias de plantación mínimas, para constreñir adrede el crecimiento de las raíces, y practicando técnicas tan poco piadosas como el “anillado”. Y, puestos a hacer la confesión completa, ¿qué hago en realidad con las cepas cada mes de febrero? Corto con el serrote brazos viejos improductivos, rebajo sarmientos de dos metros a apenas un pulgar con un par de yemas.


Así que no, no me parece que haya nada moralmente reprobable en criar un bonsai, sometiéndolo a podas y pinzamientos continuos. Lo cual tampoco quiere decir que todos los bonsais, o mejor, todas las técnicas de conducción de bonsais, me gusten. El principio de envejecimiento forzoso, por ejemplo, me da qué pensar. Cuando es exagerado, como en esos árboles a los que arrancan tiras del cambium (foto a la izquierda) para dejar al descubierto la madera muerta, me rechina un poco, e instintivamente me gusta menos, como el “rejuvenecimiento forzoso” en las personas mayores. Es ese artificio extremo, que, según me explica el director del centro, domina más en la escuela china que en la japonesa, lo que encuentro poco atractivo. Puede que esa preferencia estética de los occidentales, que tendemos a valorar a priori lo más “natural” (pura apariencia también: como en la historia de los jardines, ¡a veces para hacer casual hay que arrasar el campo de verdad!) se explique por diferencias culturales. Seguro que sí. Pero lo que no acabo de entender, por más vueltas que le doy, es qué puede tener que ver la moral con los diferentes sistemas de poda.

NOTAS
Las fotos están sacadas en el jardín de Bonsai Colmenar (www. bonsaicolmenar.com). Entre los árboles, bajo las mesas, los jardineros dejan deliberadamente los pétalos caídos; tampoco se obsesionan con abrillantar las macetas o arrancar las hierbas que puedan salir entre dos adoquines… Todo eso va incluido en el jardín. Las estanterías de madera que sostienen las bandejas son todas diferentes. No solo por el tamaño o la altura, sino porque a unas les ha dado más el sol y a otras las ha deformado un poco el agua de riego, la lluvia o el hielo. Las propias bandejas parecen también diferentes. Los arboles lo son. Lo (ligeramente) roto, lo desigual, lo alterado por el paso del tiempo. Las cavidades y grietas de las piedras, las superficies rugosas, un poco de sustrato caído (y el mirlo que se acerca a inspeccionar)… Todas esas cosas se valoran aquí, pero ninguna se deja al azar.

Foto que hizo Laura en octubre, cuando al manzano aún no le habían caído las hojas.

Hielo

Donde en verano hubo tomates y albahaca

A las coles les sienta bien el frío, incluso en las mesas de cultivo (foto). Esta mañana el sensor de temperatura de la placa solar marcaba -6. Cristales del coche helados. Costra de hielo en la acera y en el tejado de la caseta de herramientas.
Plantas del jardín que aguantan estoicamente las heladas: las rosas y la glicinia, por descontado; pero también las mahonias, las nandinas que están arrimadas al ciruelo y a la valla del jardín; el Teucrium fruticans, los iris, los lilos, ¡los ágaves!, todas las aromáticas arbustivas, las salvias de California que también tengan algo de protección (el límite de tolerancia debe de estar justo ahí, en el entorno de los -5 grados).

En LRO, a tres kilómetros del pueblo, todo aguanta la helada. Los fieros olivos. Los fieros almendros. Las jaras y las retamas que han resistido la durísima sequía del 2019 (el agua, no el frío, es nuestra pesadilla). Aguantan en el huerto, además de las coles, los puerros y los ajos plantados hace mes y medio. Con menos dignidad, pero resistiendo, los apios y las alcachofas. Si miro hacia el valle, entre el cerro del Tío Gitano y los pinares dispersos, imagino a los zorros preparándose para parir, en madrigueras bien protegidas del hielo. Más allá de Robledo, ya en la Sierra de Guadarrama, a los lobos, a las hembras preñadas que darán a luz en febrero. Por aquí también lo harán los podencos (no será el primer año que suceda, ni el último), esos podencos flacos que los cazadores abandonan cuando hacen su selección al comenzar la temporada, por viejos o por desobedientes, por no cazar bastante, por cegatos, por cojos, por alborotadores…
Al comienzo del camino, pero peligrosamente cerca de la carretera, vi hace dos días a una perdiz. Una sola. Subía y bajaba el talud como una loca, sin decidirse a quedarse arriba o abajo. Normalmente van en parejas, y desde abril o mayo, si todo ha ido bien, con una hilera de perdigones detrás. Pero esta iba sola, desorientada. Después de sobrevivir al tiroteo interminable de los pasados “días de fiesta”, la perdiz aún no sabía, supongo, qué dirección tomar. ¿Hacia las viñas o hacia el monte? Bajé del coche y la espanté, para que, en cualquier caso, se alejara lo más posible del camino.

Análisis de macetas (caso 2)

Carretera de Santa Cruz a Sada. Septiembre.

A excepción de dos mini borduras en el centro, en las que han plantado rosales de pie y algunos impatiens, todo el jardín se vuelca en macetas. Festival de rosas -con algún alarde naranja o rojo- en macetas de plástico casi siempre blancas. Fachada rosa. Balaustrada rosa. Geranios rosas, surfinias rosas, una mandevilla rosa (M. sanderi ‘Rosea’) trepando por la rosa mocheta y la piña blanca de yeso (foto de abajo). En plena sintonía con un patio/jardín de macetas, tampoco pintaba nada aquí un césped. La malla antihierbas no se llena de bichos. Puede barrerse e incluso fregarse…

Concello de Oleiros, provincia de La Coruña. Diríase, sin embargo, un pequeño-Pequeño Trianon en el que ni un solo detalle ha sido descuidado. Bien por esta vecina/o, tan claramente anti-sistema. Le importa un rábano lo que diga Mon jardin, ma maison sobre la combinación de colores o la rigurosa “sostenibilidad” de los patios caseros 3.0. Ha hecho solo lo que le pedía el cuerpo a ella/él. Fresas con nata. Rosa pastel y columpios blancos. Como si la mismísima Marie Antoinette -con/sin la cabeza sobre los hombros- fuera a pasarse esta tarde a merendar.

Análisis de macetas (caso 1)

Casas de pescadores. Costa da Morte, agosto.

En posición de firmes, bien alineadas y cara al sol (sombras contra los azulejos), en lo alto de una calle empinada. Misma planta -un geranio equis, el más alejado de la puerta, del que se habrán ido sacando esquejes cada primavera- pero en macetas bastante diversas (no tanto que no peguen ni con cola, pero sí lo suficiente para darle ritmo al grupo). Sagazmente colocada la más pequeñita (y rosa) entre dos grupos equidistantes de tres (3+1+3). Suave escalonamiento desde la primera maceta, junto a la puerta, hasta ese vértice que parece formar la pequeñita-rosa. Otrosí: las dos únicas que son iguales, la 5ª y la 7ª, no están juntas, sino que acogen deliberadamente en medio a una distinta, esmaltada en blanco y azul (otro triángulo). Difiere ésta en el color pero no en la altura, que es exactamente la misma que la de sus guardaespaldas; y era importante que lo fuera, porque estas tres macetas -el segundo grupo de 3- son algo más altas que las 3 del primer grupo; vistas de frente, salvan la cuesta la propia calle, nivelan visualmente la pendiente. También por eso se colocaron en la parte baja de la cuesta los geranios más rumbosos: su propia altura suaviza el desnivel.
No hay polvo ni telas de araña ni colillas. Su dueño las debe de limpiar cuando limpia la acera y las baldosas de la fachada, de parecido tono rosa (solo ligeramente más apagado) que la maceta mini del centro. Las cepilla y las baldea también a ellas, seguro, y jamás se olvida de regarlas con agua limpia.

Peligro: ¡curvas! (y 2)

Fotos: 1730. El jardín de Rousham (cerca de Oxford), obra de William Kent, fue uno de los primeros “landscaping garden”.  En Rousham todo está equilibrado, lo útil con lo hermoso, el “orden” con el “desorden”… Hay paseos serpentinos pero también setos geométricos. Hay esculturas antiguas, pero también gallinas y vacas. Los jardines ingleses de finales de siglo (ca.1780) no se le parecerán ni en pintura.

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Resumen del post anterior: las curvas inglesas tenían mucho…de italianas; las construcciones de la Inglaterra “liberal” estaban muy cerca …de la Francia absolutista, y ambas muy cerca de la Italia del XVI, es decir, muy cerca del clasicismo, con todos sus ángulos rectos al aire.

Otras ideas recibidas:

2. El jardín inglés es “natural” donde el francés “artificial”. Las raíces de esta idea son literarias. Están en Addison y, sobre todo, en las epístolas y poemas de Alexander Pope, uno de los que aplaudieron la revolución de 1688 . Pope quería que el cambio político fuera acompañado de un cambio general, en todo, en las costumbres y hasta la forma de vestir, cambio comparable –como ellos mismos se cuidaron de subrayar- con la reformas llevadas a cabo por Octavio Augusto entre el 31 y el 27 a.c, tras las guerras civiles que habían desangrado Roma. Estos poetas de finales del XVII inglés fueron llamados “augusteos”, y hasta se atrevieron con poemas al estilo de las Geórgicas virgilianas, o de la II Oda de Horacio, que traducían y “variaban” sin descanso,  animando al pueblo – esto es, a la gentry– a reencontrarse con la felicidad de la naturaleza, los placeres del campo, etc. Llegados a este punto, cabe preguntarse si hay algo más artificial que todo esto (y  el adjetivo no es despectivo, sólo viene a recordarnos que estos jardines son “creaciones”).Y si en vez de “naturales” el  único adjetivo que se ajusta a ellos no será  “literarios”, o mejor,  “idealizantes”, que también se le suele aplicar, pero que, nuevamente, los uniría en intención, si no en resultados, a las obras maestras del jardín “a la francesa” (¿y quizá a cualquier jardín…?).

Brown_Stowe_garden Todo el jardín se llenó de templetes, pórticos, estatuas…Lo más alejado de “lo natural” que uno pueda imaginar. El dueño de Stourhead  diseñó un recorrido -estilo parque temático- en el que cada estación/parada se correspondía con una de las pruebas del pío Eneas en su lago periplo desde Troya. Se imitaron, se calcaron, las escenas pintadas por Poussin o el Lorenés. De entre las hojas de los robles empezaron a salir Templos de Venus, Templos de la Antigua Virtud (foto a la izquierda, en Stowe), etc. Lancelot Brown -el que viene detrás de Kent, cronológicamente- reduciría el número de construcciones clásicas en el jardín, pero manteniendo la pretenciosidad pictórica del conjunto, tal como sus aristócratas clientes reclamaban…

…Y por eso los viejos parterres y setos fueron arrancados, y destrozados para siempre  los viejos jardines del siglo anterior (algunos de ellos, por lo que se lee en los manuales,  hermosísimos). Pero también  se metió mano a bosques enteros, aldeas y ríos. Ya lo hemos visto: donde el paisaje no era suficientemente “bucólico” se le enseñó a serlo. Las ciénagas, adiós. La maleza, el desbarajuste del monte: adiós. Y esta es la crítica central que se le hizo al jardín inglés en sus postrimerías; críticas nacidas de su propio seno, de otros jardineros ingleses que, defendiendo lo que ellos consideraban “verdaderamente natural”, se pasaron de frenada y fueron a dar…a otro jardín también supuestamente “natural”, pero tanto o más artificial (más, sin dudarlo) que el de sus idealistas predecesores. Este otro jardín inglés ya no es el “sublime” o “serpentino” de W. Kent o  Lancelot Brown, sino el “pintoresco”, el que ponía las ciénagas, las cascadas, y las montañas pedregosas hasta en la sopa, para hacer –decían- “more natural”. kew_pagoda_originalAnotamos, rápidamente (porque se necesitaría otro post), que en los cincuenta años que van de Rousham, por ejemplo, a los primeros jardines pintorescos había empezado a cambiar el gusto, y más radicalmente que nunca; empezaba el romanticismo, a los viajeros les gustaban más las crestas nevadas de los Alpes (hasta entonces, “effrayantes”) que los templetes en el valle, y encontraban preciosa una pagoda china, o un telderete turco, en medio de una réplica del arco de Preneste, una avalancha de pedruscos, una lápida de mármol traída de un cementerio, medio rota y llena de musgo…etc

(Foto: dibujo de W.Chambers para la pagoda de Kew)

Algunas de esas villas (no todas) se convirtieron en “ferme ornée”. La idea era poner en práctica el llamamiento de Pope, de Virgilio, y también de los “fisiócratas”, que preconizaban desde Francia una idea muy simple: que la riqueza de los pueblos estaba en la agricultura. Los ingleses, aún en plena expansión naval (su verdadera fuente de riqueza), no renunciaron a mejorar sus sistemas de explotación del campo. Estos jardines coinciden, entonces, con la culminación de los “enclosures”, el cambio en el aprovechamiento de las tierras rurales, y el inicio de la agricultura moderna. Y en tales jardines, idílicos a la par que productivos, donde –además- las ovejas mantenían bien corto el césped, el propietario podía retozar y jugar a ser campesino.Marie Antoinette, Nat.Gall.Washington En estos jardines ingleses so natural, está el precedente directo del Hameau de la Reine en Versalles, esa aldeíta donde Maria Antonieta y sus amigas se disfrazaban de rústicas, bebían leche recién ordeñada (en porcelana de Sèvres especialmente diseñada para la ocasión), recogían flores del campo, acariciaban a los corderos… Y cuando un aguafiestas llegaba de París exclamando “¡Majestad, el pueblo no tiene pan!”, ella respondía al vuelo “¡…Pues que le den brioches…!” (Foto, la reina de Francia vestida y peinada a la inglesa, con corsé pero sin guardainfantes, y con más algodón que sedas. E.Vigée Le Brun, Nat.Gallery de Washington)

3. El jardín serpentino del Siglo XVIII en Inglaterra es el prototipo de “lo inglés” (englishness).

Así formulado, a mí me cuesta trabajo creer esto. Ni en la primera fase (la de W.Kent y Rousham, para no perdernos: paisaje curvilíneo sin exagerar + templetes), ni en la segunda (la propiamente “english”, la de Lancelot Brown: más paisaje curvilíneo y menos templetes), ni menos aún en la tercera (la de W.Chambers: el “totum revolutum” de finales de siglo). Tanto en la jardinería como en la arquitectura, los ingleses de cualquier época siempre miraron a Italia y a Francia, adaptándose a la evolución del gusto en esos paises.   En realidad, tanto lo que se ve en los jardines como en la arquitectura, es una amalgama  original de cosas pilladas aquí y allá. Un poco de Paladio, otro poco del Bernini, un aquel de Mansart, unas gotas de Guarini, unas torrecillas y unas vidrieras góticas… Y lo mismo en el jardín. Una mezcla de Oxfordshire y la Toscana,…con un templete que imite el Panteón de Agripa y un kiosko chino para variar. Esto de “pillar”, entonces, ¿no será uno de los ingredientes básicos de la englishness?.

Posibles (y seguro que matizables) conclusiones, a añadir a las del post anterior:

-Que el Lorenés está siempre en el epicentro de los jardines que se diseñaron entre 1650 y 1750, tanto del jardín francés, que mira al horizonte, buscando la luz y la perspectiva, como en el inglés, que se queda con el primer plano, con los ingredientes “tangibles” (este puente paladiano, este rebaño de ovejas…). Tanto en le Notre como en Kent, pues.

-Y que lo que movía a los jardineros ingleses, a los aristócratas que los financiaban, más aún, lo que quizá sigue moviéndolos a día de hoy, lo “específicamente inglés”, en definitiva, si es que tal cosa existe… ¿no será la añoranza de Roma, de un paisaje ordenado, hermoso y productivo a partes iguales, absolutamente idealizado, la añoranza, en definitiva, del sur?.

Bibliografía

Indispensable: V.L. Tapié, Baroque et classicisme, Collection Pluriel, 1980 La mejor fuente de información que he encontrado sobre los jardines del XVIII es http://www.gardenvisit.com. De ahí procede la cita de W.Hogarth, la reproducción de los corsés, y también el dibujo de la pagoda de Kew. Horace Walpole, On modern gardening, Pallas Athene Publ.London, 2004. La historia de la jardinería de Penelope  Hobhouse (The Story of Gardening, Darling Kindersly Publ., 2004)  aporta noticias estupendas sobre la época y muchos detalles sobre cada jardín, pero también deja caer, sin cuestionárselos realmente, algunos de los viejos tópicos.

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