Análisis de macetas (caso 3)

Así a simple vista, dos handicaps serios: 1, la falta de espacio entre las sillas y la máquina de coca-cola; y 2, el tamaño de la propia mole de la máquina, que haría ridícula cualquier maceta convencional (en plan unas petunias, diría mi sobrina; en plan una apática bola de boj…). Algo había que poner, sin embargo, para quitarle dureza a ese rincón. El responsable del bar solucionó la papeleta con una maceta alargada y ancha, suficientemente grande (en consideración al handicap 2), y plantando dos coles dentro. La col de delante -de las que crecen a medida que se refaldan- ha terminado por eclipsar visualmente a la máquina, al tiempo que envuelve y da intimidad al cliente sentado junto a la maceta. Las plantas no estorban a nadie. Tampoco ensucian (ahí está el platillo, para recoger el agua). Para alegrar un poco el conjunto se han sembrado unos tagetes, ya muy pasados, pero que se resembrarán pronto sin intervención de nadie, y una gitanilla roja al fondo, que está bien donde está porque delante no duraría nada.

Es posible que detrás de esta maceta haya algún animal. En plan un conejo, o unas gallinas. No digo literalmente detrás, triturando los cables de la máquina de coca cola… sino en algún lugar no muy alejado del bar -digamos en el patio- para que el dueño pueda llevarles unas hojas de col de vez en cuando. Por eso está tan alta la primera col (las hojas que faltan pueden haberse reciclado ya en huevos fritos). En cuanto a la segunda, parece una col rizada, de las que no “suben”. Pero es un acierto no haber puesto dos coles idénticas: ninguna destacaría. La maceta es más alegre y bien proporcionada así. Dos tallos refaldados dejarían demasiada pared a la vista. Además, las hojas de la col rizada parecen de papel froissé -llaman la atención por eso-, y su tono verde manzana casa bien con lo que queda de las gitanillas.

Casi jardín, con los años

Nadie lo cuida, nadie lo riega, nadie lo mira.  Cistus x crispus y bolsillos de Iris x germanica, duros como un almendruco (así, Miguel Manduca), hermanos gemelos de los que tapizan los taludes de la M30. Enfrente, entre más iris, crecen los cantuesos que traigo para trasplantar desde el fondo de la viña, con sus raíces y su pan de tierra, porque me da pena rebanarlos con el nailon de la desbrozadora. 
Casi-jardines que empezamos a plantar hace diez años por las rocas peladas que rodeaban la casilla, en los rincones donde Anastasio, el anterior propietario, hacía fuego, prendía la lumbre, cuando tenía algún trasto que quemar. Han pasado los años.  No me molesto ya en quitar las hierbas (pocas son, además: los rizomas se apretujan y no dejan sitio).  No recuerdo tampoco la última vez que me apiadé de ellos y les eché un cubo de agua. Los cuasi jardines crujen. Hay lagartijas rabilargas bajo las ramas. A veces los recorre una serpiente de escalera, ¿la misma, quizá, que se protege del sol abrasador en la arqueta del riego? Rascando las jaras al deslizarse por el casi-jardín, la serpiente se desprende limpiamente de su muda/camisa, que luego encontraré yo, si no la rompen antes los perros, el día que vuelva a pasar con la desbrozadora.

https://laramadeoro.com/2011/12/25/los-casijardines-de-lro-2/
https://laramadeoro.com/2011/12/19/los-casijardines-de-lro-1/

Extracto de ajo

 

Anejo al post del otro día, “manchas negras en rosal”

Extracto de ajo para pulverizar diluido como fungicida e insectífugo (1). En la huerta (fresas con Botrytis; mosca de la cebolla; pulgones), en los árboles frutales (melocotoneros con lepra, Taphrina deformans), y sobre todo en el jardín (rosales con un poco de todo). No contra todos los hongos es igual de eficaz, pero nada  -o solo una cabeza de ajo- se pierde por intentarlo . En cualquier caso, sí se garantiza el efecto insectífugo, siquiera durante la “contrarreloj”:  el tiempo necesario para que los tejidos vayan creciendo y haciéndose menos apetecibles para el pulgón (y Cía.)

Pasos para elaborarlo, siguiendo la numeración de las fotos:

1. Picar 100 gramos de ajo (= una cabeza grande)
2. Mezclar con dos cucharadas soperas de aceite de linaza
3. Tapar. Dejar macerando (a oscuras, donde no haga excesivo calor)
(…)
4. Doce horas después: añadir el ajo a 1 litro de agua y revolver un poco.
5. Filtrar los restos de ajo, pasando el líquido a un recipiente que tenga buen cierre (en la foto se ven dos botellines de 0,5 litros, en vez de uno, para calcular más fácilmente las dósis). Se guardan el/los recipientes en una habitación fresca, siempre a oscuras.
(…)
6. Una semana después ya se puede pulverizar, pero diluido:  1 volumen de ese extracto por 20 de agua (= 5%, en rigor sería 1 parte por 19, pero redondeamos). Es decir: cada botellín de 0,5 litros, en una regadera de 10 litros o en dos garrafas de 5. 

Pulverizar a fondo de buena mañana (nunca a pleno sol) hasta acabar la dósis.
Algunos cálculos de referencia para rosal: como mi pulverizador es de un litro, cada garrafa de extracto diluido me da para 5 aplicaciones (4 garrafas: 20 aplicaciones). Ahora ya depende de a cantidad de rosales a tratar. Yo gasto 1 litro (un pulverizador del chino) por cada 4-5 rosales (= una garrafa de 5 L para repartir entre 20), y repito la aplicación cada tres días (= con cuatro garrafas de extracto diluido= cuatro tratamientos para 20 rosales, separados por 3 días de intervalo) ¿Se puede subir la dósis? Alguna vez la he subido hasta el 10% (1 botellín de 0,5 diluido en 1 garrafa de 5) , y lo que observo es solo mayor eficacia como insectífugo, pero no como fungicida.
Una última cosa: el extracto se degrada muy rápido. En quince días habrá perdido su efecto. ¿Otra cabeza de ajo, vuelta a empezar? No. Para entonces ya hará calor (por encima de 25º), y no hay mejor fungicida.(2)

NOTAS
(1) El término “extracto” se usa más para productos fermentados o sometidos a alguna forma de cocción/destilación. En una simple maceración, como esta, siempre se “extrae” menos…
(2) Además de en los rosales lo he probado en melocotoneros de viña. Si los árboles están muy afectados por la lepra/Taphrina, ni ajo ni agua de Lourdes: solo la entrada del calor detiene al hongo.

Fuentes: Jean.Claude Collaert, La rose pas-à-pas, Édisud 2004, y Plantas para curar plantas, Bertrand, Collaert, Petiot, ed. Fertilidad de la Tierra, 2007, todo probado en LRO y resumido/adaptado en ¡Toma Tomate!  (barra lateral, a la dcha.)
La historia del ajo, la peste y otras cosas, aquí: https://classicgrandtour.com/2020/04/19/estaban-en-el-ajo/

Luz de mayo + Pierre de Ronsard

Rosal ‘Pierre de Ronsard’, con la luz de las nueve de la mañana (primera foto)  y de las siete de la tarde (hace un rato; segunda foto). Rosal sofisticado, como todos los modernos que afectan cansancio, nobleza, desgana (cosas que suelen ir juntas). 
La debilidad de los pedúnculos es reveladora. Las rosas, apabullantes (41 pétalos o más; rosa muy llena, sc. la clasificación estándar), cabecearán al primer contratiempo/chaparrón, y quizá fuera eso -esa languidez impostada- lo que buscaba su creador (rosalista francés de los años 80). Por lo demás, arbusto grande y desgarbado, cultivado como trepador por su tendencia a dejarse vencer.  Resistencia media a la marsonia, que será tanto mayor (la resistencia) cuanto mejor el “empalizamiento”. En la segunda foto, también una rama de ‘Ballerina’,  rosal opuesto en todo a Ronsard: solo una línea de pétalos; racimos prolíficos, de flor pequeña, que delatan a su ancestro R. multiflora; ligereza; resistencia probada a la marsonia, la roya, el oídio.
Ninguno de los dos tiene verdadera fragancia, razón por la cual hubo que añadir al ramo unas flores de madreselva, cortadas ayer en un seto del camino que lleva a LRO. Ni ellas ni la aspérula y el antirrino que se adivinan por detrás durarán demasiado, pero eso, en realidad, forma parte de su atractivo (Le temps s´en va, le temps s’en va, ma Dame!) 

 

Manchas negras en el rosal

Foto: hojas del rosal ‘Chartreuse de Parme’. Manchas provocadas por el hongo Marssonina rosae (= Diplocarpon rosae)

La única cosa mala que tiene la lluvia en las estaciones intermedias. Humedad y calor, en la horquilla de los 18-25º. Hongos. Las rosas son, además, el primer indicativo de lo que les va a pasar a los frutales de hueso y a las viñas. Por eso las grandes bodegas plantan rosas y melocotoneros a la entrada de sus viñedos (1). Una especie de semáforo fúngico: rosales y pexegueiros atacados, ergo viña entera en peligro; ergo, rápida programación del tratamiento (azufre y/o cobre, aceptados en agricultura bio).

Los rosales enfermos,  ¿se pueden tratar? Poder se puede… en cualquier almacén de material de jardinería/amazon  venden versiones reducidas y manejables de la bomba de hidrógeno para rosales, con efectos secundarios contundentes en el entorno, fauna del suelo y el propio rosal a medio plazo. Grave dilema cuando el ataque es fuerte y se prolonga varias semanas. No solo se caen las hojas: el hongo penetra en los tejidos, las propias ramas del rosal amarillean y toda la planta se debilita mucho. Un ataque o dos, más o menos previsibles, deberían poder tolerarse, como un catarro. Pero no todos los rosales tienen la misma resistencia genética, y tampoco todos los catarros/todas las primaveras son iguales. 
Google: o fungicida sistémico total (la referida bomba H), o cobre. Tales son los remedios convencionales. Pero ante un rosal con marsonia, Jean- Paul Collaert (La rose pas à pas, Edisud, 2004) propone una solución novedosa: pasar de él. Laissez-faire. Aguantarse.

Si uno ha plantado bien el rosal (2), en el lugar adecuado, sin apelotonamientos, con la exposición apropiada para la zona climática en que estemos, en una tierra arcillosa, fresca pero no encharcada  etc. Si uno cuida su nutrición; lo alegra en marzo/abril con purin de ortiga (añadiendo consuelda los que dispongan de ella, que no es mi caso); lo poda con buen criterio; lo mantiene libre de hierbas adventicias. Si uno hace todo esto -concluye Collaert-  el rosal tiene que resistir el ataque puntual de Marssonina, al igual que resiste el del oídio y la roya, el de los pulgones o el de ese escarabajillo que mordisquea las hojas en verano. ¿Pero qué pasa si NO resiste?, ¿qué pasa entonces, Jean-Paul?
Podemos, nos dice, intentar durante un tiempo el tratamiento con ajo (ver nota 3)
  “Picar 100 gramos de ajo y ponerlos a macerar durante 12 horas en dos cucharas soperas de aceite de linaza; se filtra, añadiendo un litro de agua de lluvia; se espera una semana. Pulverizar diluido en razón de 1 volumen del extracto por 20 de agua.” (op.cit., p.37)
Bonus track: el ajo también actúa como repelente de insectos.
Inconveniente: el pestazo del extracto no es compatible con la fragancia de un rosal exquisito (mi ‘Cartuja de Parma’, foto a la derecha).  Pulverizar esas rosas con ajo da dolor de corazón; como  echarse unas gotas de Chanel nº 5  y después atracarse de patatas con alioli… Pero hay que hacerlo, y cuanto antes mejor.

Siguiente paso. Si después de un año o dos a base de purín de ortiga y pulverizaciones de ajo -única forma de testar su resistencia natural, insiste J.P. Collaert-  el rosal sigue rindiéndose a la marsonia y cada año que pasa, aunque brota, tiene un aspecto más y más miserable… entonces  “coja usted el azadón y arránquelo” ( p.33), pues la opción de los tratamientos químicos sin fín “se asimila al dopaje o al encarnizamiento terapeútico, y tales prácticas no se corresponden con un amor sincero a las plantas” 

Rosal ‘Centenaria de Lourdes’ esta mañana (la pasada noche aún cayeron 14 litros/m2). Exposición norte, con algo de luz por el este en los meses de verano. El rosal  más resistente aquí, junto a ‘Rush’ y ‘Ballerina’.

NOTAS
(1) Sobre rosales y melocotoneros usados como indicadores de presencia de hongos: https://laramadeoro.com/2013/01/01/2992/  
(2) Plantación: https://laramadeoro.com/2013/02/10/bonigas-y-rosas/ El ejemplo de aquel post eran estas mismas ‘Cartujas’ que han resultado tan sensibles a la marsonia. La receta del purín de ortiga, aquí: https://laramadeoro.com/2012/05/22/purin-de-ortigatomates/
(3) Además del ajo, yo soy partidaria de reforzar la higiene: retirar tantas hojas infectadas como podamos, para frenar un poco la propagación de las esporas.  Jean-Paul Collaert piensa que hacer eso por sistema priva al rosal de parte de su alimento (esas mismas hojas, al descomponerse). No soy tan jacobina como él. Limpio hasta donde puedo mis rosales; si sobrevivimos a este ataque, ya les compensaré con unas paletadas de mantillo.
El aceite de linaza se obtiene de las semillas de lino.  Lo venden en ferreterías, sección madera. El envase de un litro vale en torno a 5-6 euros.

Otra vez las rosas

Rosal  ‘Old Blush China’ (o ‘Parson´s Pink China’ -por el nombre del viverista inglés que inició su comercialización-, ‘Bishop Pompallier’s Rose’, ‘Chang Wei’, ‘Common Monthly’, ‘Daily Blush’, ‘Fen Hong Yue Yue Hong’, etcétera) introducido en Europa hacia 1750, cuando todo lo que venía de China era bueno sin excepción: rosas y porcelanas, peonías, sedas, azaleas, amapolas azules o los Poemas del río Wang.
La foto es de la pasada primavera en LRO. Otros rosales han fallado: jamás el ‘Old Blush China’. Pero este año aún habrá que esperar un mes, mes y medio…  Como siempre, los trepadores se adelantan: el también chino ‘rosal de Banks’, que hace reventar, en amarillo limón, la esquina del jardín. O el fragantísimo ‘Zéphirine Drouhin’, más rezagado, del que ya he podido cortar algún capullo.
Esta lluvia de abril les está sentando bien a los rosales. La floración del ‘Old Blush’, aunque se haga de rogar un poco, será espectacular y sostenida.

 

Nota– Sobre las rosas chinas en LRO (esta  ‘Old Blush’ + la ‘Mutabilis’),: https://laramadeoro.com/2011/11/24/honorables-rosas-chinas/osas chinas): 

Cymbidium en flor

 
 
    
 
Son de las fáciles. Orquídeas que no exigen apenas nada: que no se las encharque, que no se las aparte del sol. En verano, a la calle. Y en otoño también, para que el decalage de temperaturas noche/día favorezca la formación de brotes florales ( que son como los vegetativos pero más redondeados; aparecen cuando empieza a hacer calor dentro; si hay calefacción central florecerá enseguida, en invierno, poco después de que lo metamos de nuevo en casa; pero si, como es el caso, la habitación donde están las orquídeas se caldea lo justo -máximas de 19º-, entonces el Cymbidium  espera a que el sol dé en los cristales y los caliente, bien pasado el solsticio; es decir, febrero-marzo).

Los nuevos pseudobulbos van apareciendo hacia la periferia, como los rizomas de iris en el jardín, mientras los del centro se consumen y vacían. De ahí la necesidad de cambiar la maceta cada pocos años. O bien de romper/cortar los pseudobulbos viejos, replantando los nuevos de modo que tengan espacio (de no hacerlo, se darían de morros con el borde de la maceta). El conjunto -si no se limpia con frecuencia ese exceso de pseudobulbos y hojas- es aparatoso, exuberante. Por eso los Cymbidium estuvieron de moda en los años ochenta -aparatosos/exuberantes de por sí- y después le dejaron el sitio a los más contenidos  Phalaenopsis.
Esta maceta de la foto (cubitera reciclada, de cervezas Budweiser…) no es el ideal para una orquídea, pero mi Cymbidium tampoco se queja demasiado: ahí va desde hace siete años. Riego con unas gotas de abono para orquídeas una vez al mes (o cuando me acuerdo). Pulverizo agua sin cloro todos o casi todos los días (relleno el pulverizador con la de la jarra de agua que dejo siempre llena entre las macetas). Vigilo la aparición de cochinillas. Ventilo. Y luego me harto de hacerle fotos, jugueteando con los filtros del programa de Windows  (filtro Icarus, por ejemplo, la foto de la derecha).
 
La próxima semana, si la previsión meteorológica se confirma y ya no hay riesgo de que las temperaturas nocturnas bajen de 5-6º, pondré la maceta/cubitera en el jardín, bajo la parra, en la parte delantera de una jardinera sin fondo ocupada por una masa de  euforbias y  fatsias ( Euphorbia characias+ Fatsia japonica, plantas de “sombra seca”, duras como piedras). Ahí  -en la parte de delante, enseñoreándose de la jardinera- el Cymbidium tendrá el sol en la cara hasta el mediodía, pero un sol progresivamente filtrado por las hojas de la propia parra, que irán creciendo (ya están haciéndolo) al ritmo de las horas de luz. Recibirá su ración de manguerazos igual que el resto de las plantas: un día sí y un día no,  y de preferencia al atardecer.
 
 

Cabeza de viejo

 

 

 

 

 

 

Guanajuato, Hidalgo y Puebla son las tres provincias mejicanas que vieron nacer a los viejitos (o cabezas de viejo, o barbas de viejo). Cephalocereus senilis. Cactus columnares, altivos, con un peluquín en la cumbre, blanco como la nieve menguante del volcán Iztaccihuatl (ya no del Popocatepl, 1), en cuyas proximidades prosperan, tan a gusto. A diez mil kilómetros de distancia y con un océano por el medio, también lo hacen en mi jardín, conformándose con ver a lo lejos la aún más menguante nieve del cerro Casillas, provincia de Ávila, que en el mejor de los inviernos apenas pasa de unos centímetros.  Allí alcanzan alturas de 6 a 15 metros (como un roble o un haya, 2); aquí no pasan del metro, ¿dos metros? cuando se le cultiva en invernadero, en suelo calizo como el de las colinas de Puebla, con luz y calor sin tasa (a más luz, más melenas blancas, 3).
En abril, si hay suerte, a mi cabeza de viejo le crecerán una o varias narices de Pinocchio:  narices de color rosa, primero chatas y después puntiagudas, desplegadas en su extremo como matasuegras, o como fanfarrias, que solo se abrirán del todo al caer la tarde. 

Sobre los cactus en general:  todos, o con alguna excepción vintage (¿género Opuntia?), que queda para otro día, entran en la misma categoría de los alhelíes & Co (tag flora viejuna).  Hoy se plantan en jardines de exposición y colecciones de plantas xerófitas, y a lo mejor, en versión enana, en una mini maceta  de Ikea junto a la pantalla del ordenador…  Pero antes se veían mucho en los patios y en los alféizares, metidos en latas oxidadas, apilados alegremente entre unos geranios, unas begonias y unas cintas.  En Galicia se combinaban con áloes, que florecen en rojo y naranja. Aquí en Madrid se ven más los ágaves/pitas, otras mejicanas viejunas, imponentes…

 

 

(1) En su vecino Popocateptl el glaciar ya se ha declarado extinto. Al Izta disque le quedan 5 -10 años. Algunos más, con suerte, al Pico Orizabal. Fuente: https://sitquije.com/medio-ambiente/ecologia/adios-popo-pronto-te-alcanzara-companera-izta
(2) Fuente: el primoroso libro de Isaac Ochoterena, Las cactáceas de Méjico, 1922, disponible en https://archive.org. También la foto procede de ahí.
(3) Foto arriba/derecha: todo el cactus es un poco lanoso, pero a medida que crece  el “peluquín” se hace más denso y destaca sobre la parte de abajo

Alhelí de invierno

No es en La Habana sino aquí mismo, en casa de mi vecina Mercedes. 

Matthiola incana
, planta vivaz en España pero anual o bianual en la Europa más fría, si es que aún existe tal cosa. Cientos de variedades hortícolas, de todos los colores, de similar fragancia, y a veces, en las variedades más antiguas, con nombre de señora (‘Isabella’, ‘Milena’…). Muy cultivadas en invernadero por los productores de flor cortada -en variedades monstruosas con nombres coherentemente monstruosos, tipo ‘Mamut’, ‘Excelsior’, ‘Climax’ (?)-,  los alhelíes son sobre todo plantas de jardín, ya muy distanciadas de un ancestro autóctono, mediterráneo, al que han olvidado hace mucho. Tienden a escaparse del confinamiento… A veces un alhelí de flor doble aparece en el intersticio de las baldosas sin que nadie lo haya sembrado. Como algunos Antirrhinum sospechosos, demasiado multicolores para ser botánicos. Plantas, en realidad, de jardin de grand-mère, con ese aire que se gastan, maravillosamente pasado de moda. Un jardinero minimal ni miraría para ellas (¡pero bien que las olería al pasar!) y las metería, displicente, en el mismo saco que los geranios, las malvarrosas, los gladiolos… Todo en la sección “viejunos”.  Las flores que le gustaban a mi abuelo. Las que me gustan ahora a mí, cada vez más.
En cuanto al cultivo: suelo rico, agua con tiento (ni una gota de más) y pleno sol. Algunos libros, traducción o adaptación poco atenta de originales escritos en el norte, nos dicen que florece en verano. Pero esta foto es de ayer. Mercedes me dijo  -asomada a la ventana de la cocina, en rigurosa cuarentena- que todos los años empezaba a florecer ahora. Marzo, segunda quincena de febrero. Por eso aquí le dicen “alhelí de invierno”.  Solo su primo de la costa, M. sinuata, más suave y aterciopelado, pero también más sufrido, florece a principios del verano (yo lo he visto incluso en julio, en la Costa da Morte, punteando de morado/púrpura el camino entre las dunas)

 

Narcisos ‘Tête-à-tête’

En una sopera de porcelana Santa Clara, o en un cestillo del montón, con un platillo de café dentro. Aguanta bien en casa. Se riega el platillo o la sopera, un centímetro de agua al día, más/menos. Pasada la floración, cuando las hojas se marchiten y haya que cortarlas, guardaré los bulbos hasta septiembre. No en la maceta, sino limpios de tierra y raicillas, en una bolsa etiquetada que dejaré en la bodega o la caseta de herramientas (¿recordaré dónde?; a veces, sin contar con ellas, me viene a la mano un sobre de semillas olvidado, una cajita de lata -de esas con la inscripción “Fumar mata”, cortesía de los cazadores, que aparecen con cierta frecuencia entre los romeros de LRO- guardando en su interior, quién sabe, un escarabajo reseco, un cárabo que murió patas arriba; un trozo de loza con el dibujo de un tulipán, encontrado en un camino; dos mitades de un huevo de mirlo, de color verde gris; unas semillas perfectamente desconocidas, quizá del hibisco aquel…).
En septiembre, por tanto, si me acuerdo y los reencuentro en el batiburrillo de la caseta de herramientas, enterraré esos bulbos al pie del muro del jardín, por donde la hiedra ‘Gloria de Marengo’ cubre ya, lenta pero segura, no sólo la reja que corona el muro, sino también el suelo, rodeando los arbustos y buscando la luz. Los narcisos se “naturalizan” mejor que ningún otro bulbo. Los de esta variedad ‘Tête-à- Tête’ son de flor pequeña, muy precoz. Cuando ni los lilos ni las rosas tienen flor (ni siquiera los iris), ese centelleo de los daffodils marca el final del invierno. En lugares más frescos son los galanthus, blancos y hasta blanquísimos (true white), que estos días, con sus cientos de variedades, ocupan las portadas de las revistas inglesas. Aquí primero va el amarillo, como en el campo (diminutas flores amarillo azufre, primas carnales de los jaramagos), y solo después, en las viñas sin arar, los azules de los nazarenos (Muscari armeniacum) y los anagallis (también en este post antiguo, uno de los primeros: https://laramadeoro.com/2011/09/26/salvajes-y-azules/)