Acerca de cccouto

1968, La Coruña. En la Comunidad de Madrid desde 2005. Sector: jardinería. Blog: www.laramadeoro.com.

Extracto de ajo

 

Anejo al post del otro día, “manchas negras en rosal”

Extracto de ajo para pulverizar diluido como fungicida e insectífugo (1). En la huerta (fresas con Botrytis; mosca de la cebolla; pulgones), en los árboles frutales (melocotoneros con lepra, Taphrina deformans), y sobre todo en el jardín (rosales con un poco de todo). No contra todos los hongos es igual de eficaz, pero nada  -o solo una cabeza de ajo- se pierde por intentarlo . En cualquier caso, sí se garantiza el efecto insectífugo, siquiera durante la “contrarreloj”:  el tiempo necesario para que los tejidos vayan creciendo y haciéndose menos apetecibles para el pulgón (y Cía.)

Pasos para elaborarlo, siguiendo la numeración de las fotos:

1. Picar 100 gramos de ajo (= una cabeza grande)
2. Mezclar con dos cucharadas soperas de aceite de linaza
3. Tapar. Dejar macerando (a oscuras, donde no haga excesivo calor)
(…)
4. Doce horas después: añadir el ajo a 1 litro de agua y revolver un poco.
5. Filtrar los restos de ajo, pasando el líquido a un recipiente que tenga buen cierre (en la foto se ven dos botellines de 0,5 litros, en vez de uno, para calcular más fácilmente las dósis). Se guardan el/los recipientes en una habitación fresca, siempre a oscuras.
(…)
6. Una semana después ya se puede pulverizar, pero diluido:  1 volumen de ese extracto por 20 de agua (= 5%, en rigor sería 1 parte por 19, pero redondeamos). Es decir: cada botellín de 0,5 litros, en una regadera de 10 litros o en dos garrafas de 5. 

Pulverizar a fondo de buena mañana (nunca a pleno sol) hasta acabar la dósis.
Algunos cálculos de referencia para rosal: como mi pulverizador es de un litro, cada garrafa de extracto diluido me da para 5 aplicaciones (4 garrafas: 20 aplicaciones). Ahora ya depende de a cantidad de rosales a tratar. Yo gasto 1 litro (un pulverizador del chino) por cada 4-5 rosales (= una garrafa de 5 L para repartir entre 20), y repito la aplicación cada tres días (= con cuatro garrafas de extracto diluido= cuatro tratamientos para 20 rosales, separados por 3 días de intervalo) ¿Se puede subir la dósis? Alguna vez la he subido hasta el 10% (1 botellín de 0,5 diluido en 1 garrafa de 5) , y lo que observo es solo mayor eficacia como insectífugo, pero no como fungicida.
Una última cosa: el extracto se degrada muy rápido. En quince días habrá perdido su efecto. ¿Otra cabeza de ajo, vuelta a empezar? No. Para entonces ya hará calor (por encima de 25º), y no hay mejor fungicida.(2)

NOTAS
(1) El término “extracto” se usa más para productos fermentados o sometidos a alguna forma de cocción/destilación. En una simple maceración, como esta, siempre se “extrae” menos…
(2) Además de en los rosales lo he probado en melocotoneros de viña. Si los árboles están muy afectados por la lepra/Taphrina, ni ajo ni agua de Lourdes: solo la entrada del calor detiene al hongo.

Fuentes: Jean.Claude Collaert, La rose pas-à-pas, Édisud 2004, y Plantas para curar plantas, Bertrand, Collaert, Petiot, ed. Fertilidad de la Tierra, 2007, todo probado en LRO y resumido/adaptado en ¡Toma Tomate!  (barra lateral, a la dcha.)
La historia del ajo, la peste y otras cosas, aquí: https://classicgrandtour.com/2020/04/19/estaban-en-el-ajo/

Luz de mayo + Pierre de Ronsard

Rosal ‘Pierre de Ronsard’, con la luz de las nueve de la mañana (primera foto)  y de las siete de la tarde (hace un rato; segunda foto). Rosal sofisticado, como todos los modernos que afectan cansancio, nobleza, desgana (cosas que suelen ir juntas). 
La debilidad de los pedúnculos es reveladora. Las rosas, apabullantes (41 pétalos o más; rosa muy llena, sc. la clasificación estándar), cabecearán al primer contratiempo/chaparrón, y quizá fuera eso -esa languidez impostada- lo que buscaba su creador (rosalista francés de los años 80). Por lo demás, arbusto grande y desgarbado, cultivado como trepador por su tendencia a dejarse vencer.  Resistencia media a la marsonia, que será tanto mayor (la resistencia) cuanto mejor el “empalizamiento”. En la segunda foto, también una rama de ‘Ballerina’,  rosal opuesto en todo a Ronsard: solo una línea de pétalos; racimos prolíficos, de flor pequeña, que delatan a su ancestro R. multiflora; ligereza; resistencia probada a la marsonia, la roya, el oídio.
Ninguno de los dos tiene verdadera fragancia, razón por la cual hubo que añadir al ramo unas flores de madreselva, cortadas ayer en un seto del camino que lleva a LRO. Ni ellas ni la aspérula y el antirrino que se adivinan por detrás durarán demasiado, pero eso, en realidad, forma parte de su atractivo (Le temps s´en va, le temps s’en va, ma Dame!) 

 

Manchas negras en el rosal

Foto: hojas del rosal ‘Chartreuse de Parme’. Manchas provocadas por el hongo Marssonina rosae (= Diplocarpon rosae)

La única cosa mala que tiene la lluvia en las estaciones intermedias. Humedad y calor, en la horquilla de los 18-25º. Hongos. Las rosas son, además, el primer indicativo de lo que les va a pasar a los frutales de hueso y a las viñas. Por eso las grandes bodegas plantan rosas y melocotoneros a la entrada de sus viñedos (1). Una especie de semáforo fúngico: rosales y pexegueiros atacados, ergo viña entera en peligro; ergo, rápida programación del tratamiento (azufre y/o cobre, aceptados en agricultura bio).

Los rosales enfermos,  ¿se pueden tratar? Poder se puede… en cualquier almacén de material de jardinería/amazon  venden versiones reducidas y manejables de la bomba de hidrógeno para rosales, con efectos secundarios contundentes en el entorno, fauna del suelo y el propio rosal a medio plazo. Grave dilema cuando el ataque es fuerte y se prolonga varias semanas. No solo se caen las hojas: el hongo penetra en los tejidos, las propias ramas del rosal amarillean y toda la planta se debilita mucho. Un ataque o dos, más o menos previsibles, deberían poder tolerarse, como un catarro. Pero no todos los rosales tienen la misma resistencia genética, y tampoco todos los catarros/todas las primaveras son iguales. 
Google: o fungicida sistémico total (la referida bomba H), o cobre. Tales son los remedios convencionales. Pero ante un rosal con marsonia, Jean- Paul Collaert (La rose pas à pas, Edisud, 2004) propone una solución novedosa: pasar de él. Laissez-faire. Aguantarse.

Si uno ha plantado bien el rosal (2), en el lugar adecuado, sin apelotonamientos, con la exposición apropiada para la zona climática en que estemos, en una tierra arcillosa, fresca pero no encharcada  etc. Si uno cuida su nutrición; lo alegra en marzo/abril con purin de ortiga (añadiendo consuelda los que dispongan de ella, que no es mi caso); lo poda con buen criterio; lo mantiene libre de hierbas adventicias. Si uno hace todo esto -concluye Collaert-  el rosal tiene que resistir el ataque puntual de Marssonina, al igual que resiste el del oídio y la roya, el de los pulgones o el de ese escarabajillo que mordisquea las hojas en verano. ¿Pero qué pasa si NO resiste?, ¿qué pasa entonces, Jean-Paul?
Podemos, nos dice, intentar durante un tiempo el tratamiento con ajo (ver nota 3)
  “Picar 100 gramos de ajo y ponerlos a macerar durante 12 horas en dos cucharas soperas de aceite de linaza; se filtra, añadiendo un litro de agua de lluvia; se espera una semana. Pulverizar diluido en razón de 1 volumen del extracto por 20 de agua.” (op.cit., p.37)
Bonus track: el ajo también actúa como repelente de insectos.
Inconveniente: el pestazo del extracto no es compatible con la fragancia de un rosal exquisito (mi ‘Cartuja de Parma’, foto a la derecha).  Pulverizar esas rosas con ajo da dolor de corazón; como  echarse unas gotas de Chanel nº 5  y después atracarse de patatas con alioli… Pero hay que hacerlo, y cuanto antes mejor.

Siguiente paso. Si después de un año o dos a base de purín de ortiga y pulverizaciones de ajo -única forma de testar su resistencia natural, insiste J.P. Collaert-  el rosal sigue rindiéndose a la marsonia y cada año que pasa, aunque brota, tiene un aspecto más y más miserable… entonces  “coja usted el azadón y arránquelo” ( p.33), pues la opción de los tratamientos químicos sin fín “se asimila al dopaje o al encarnizamiento terapeútico, y tales prácticas no se corresponden con un amor sincero a las plantas” 

Rosal ‘Centenaria de Lourdes’ esta mañana (la pasada noche aún cayeron 14 litros/m2). Exposición norte, con algo de luz por el este en los meses de verano. El rosal  más resistente aquí, junto a ‘Rush’ y ‘Ballerina’.

NOTAS
(1) Sobre rosales y melocotoneros usados como indicadores de presencia de hongos: https://laramadeoro.com/2013/01/01/2992/  
(2) Plantación: https://laramadeoro.com/2013/02/10/bonigas-y-rosas/ El ejemplo de aquel post eran estas mismas ‘Cartujas’ que han resultado tan sensibles a la marsonia. La receta del purín de ortiga, aquí: https://laramadeoro.com/2012/05/22/purin-de-ortigatomates/
(3) Además del ajo, yo soy partidaria de reforzar la higiene: retirar tantas hojas infectadas como podamos, para frenar un poco la propagación de las esporas.  Jean-Paul Collaert piensa que hacer eso por sistema priva al rosal de parte de su alimento (esas mismas hojas, al descomponerse). No soy tan jacobina como él. Limpio hasta donde puedo mis rosales; si sobrevivimos a este ataque, ya les compensaré con unas paletadas de mantillo.
El aceite de linaza se obtiene de las semillas de lino.  Lo venden en ferreterías, sección madera. El envase de un litro vale en torno a 5-6 euros.

¿Habas o judías?

 

Foto 1: Vicia faba, HABA. Semilla redondeada y chata. Legumbre de vaina espesa (no se come), tirando a cilíndrica.  Foto 2. Phaseolus vulgaris, JUDíA.  Semilla arriñonada. Legumbre de piel fina (se come en verde), tirando a plana.

El haba, esa gran desconocida
Su vaina/legumbre cilíndrica se parece tanto a la de la judía estándar, más esbelta, como una cebolla pequeña se puede parecer a un ajo grande. O pongamos: como una cebolleta a un puerro. ¿Un pepino a un calabacín? Pero, a diferencia de esas otras parejas, al habaVicia faba L.- sí se la confunde constantemente con su pariente judíaPhaseolus vulgaris L. A día de hoy es muy raro, seguramente excepcional, encontrar legumbres de haba en el mercado, así que no podemos compararlas con las de las judías, y, a menos que uno conozca las plantas (muy distintas: para empezar, la judía es trepadora, el haba  no), la confusión entre semillas sí es posible (la de la judía, bastante más fina y arriñonada… pero ¡hay tantas variedades ya!)
Las palabras con las que nos referimos casi indistintamente a una u otra en español -haba/habichuela, faba, alubia, judía (1)-  tampoco contribuyen a deshacer el lío. Mi madre llama habas a las semillas de las judías/Phaseolus, y judías a su vaina, que también se come cuando está tierna, antes de granar. Mi madre, en la ciudad, no recuerda ya la diferencia con el haba-haba (la semilla del haba/Vicia faba, lo único que se come de ella). Y así tenemos que las fabas de Lourenzá, por ejemplo, son semillas de judía, no habas-habas, y lo mismo las fabes asturianas, o las pochas de Sangüesa… En cuanto al témino “alubia”, que en sus orígenes se refería a una tercera especie, de la que se hablará más abajo, en la actualidad se usa para todo. Para la semilla de la judía, para la semilla del haba-haba, e incluso para la judía de la judía (¡perdón!, para la vaina de la judía: para la judía entera). En una ocasión pregunté en una tienda de delicatessen  si tenían habas frescas. No las tenían. Pero me ofrecieron, sin dudarlo, un bote de “habitas envasadas”… que de hecho eran semillas de judía y (lógicamente) del pasado verano.

Cultivo
La judía/Phaseolus  es americana. Se cultiva muchísimo y en todas las provincias (según la estación), pero en especial en las de clima templado-cálido y húmedo, lo que las hace perfectas para la costa norte y noroccidental, donde casi se pueden cultivar todo el año. Es la facilona del par. El haba/Vicia faba es originaria del Viejo Mundo, como el guisante (otro precolombino), y no tolera en absoluto el calor extremo, lo que la hace cultivo preferente de invierno allí donde el agua escasea y el verano es tórrido.

Resumen, producto de muchos cultivos fallidos/exitosos en LRO, provincia de Madrid: la judía necesita calor y agua y no tolera el frío; el haba necesita menos calor, mucha más agua, y sí tolera el frío (frío relativo y puntual de hasta -2 ó  -3º: el de Oslo, no creo). Para el haba el factor limitante es la falta de agua. Para la judía, el frío. (2)

Teniendo en cuenta que en el clima mediterráneo llueve en invierno (¡cuando llueve!), y que en el norte de España hay zonas costeras donde hace mucho frío, algunas conclusiones prácticas:
Como a la judía/Phaseolus no le va el frío, se siembra cuando de noche no bajamos de 10-12º y el suelo está caliente.  Cuando acaba Semana Santa (mediados de abril). Como el haba/Vicia faba necesita mucha agua, en la costa la sembramos cuando queramos siempre que el frío no sea excesivo (tipo Oslo); pero en el centro y el sur solo podremos hacerlo en los meses más lluviosos (= los del invierno); por eso precisamente -para encarar las bajas temperaturas- tiene el haba la vaina forrada por dentro con una especie de guata que a la veraniega judía le sobraría, como llevar suéter en agosto. El haba también resiste mejor los suelos pesados con tendencia a empaparse y, por tanto, a enfriarse.
Si tenemos agua abundante, un sistema de riego organizado, unas mallas de sombreo… es decir, si nos sobra el agua y hemos discurrido la manera de rebajar algunos grados la calorina estival, ¿podríamos sembrar habas/Vicia faba ahora en mayo, para cosecharlas en verano? Supongo que sí… pero no creo que valiera la pena.

Habas vs. judías
Vuelvo a mi madre en La Coruña. A mis abuelos labriegos de Cambre y Cecebre, a mis tatarabuelos. Cuanto más atrás, más plausible me parece que aún cultivaran habas por judías, y que, como los granos/semillas se parecían tanto, a todo le llamaran faba. La verdadera razón de la sustitución de una planta por otra, del haba/Vicia por la judía/Phaseolus, no se pudo deber a la intolerancia del haba a la sequía porque nunca, que yo sepa, la costa del Atlántico ha pasado por “seca”… No, la verdadera razón, quizá la única, debió de tener que ver con la productividad: las judías producen muchísimo más que las habas y en muchísimo menos tiempo. Cualquiera que las siembre lo sabe. En LRO sembramos las habas a finales de octubre y empezamos a comer ahora: han pasado cinco meses. Pero si sembráramos unas judías precoces ahora mismo, ¡estaríamos empezando a cosechar en mes y medio!  Antes, hace diez años, todavía lo hacíamos. ¿Por qué no seguimos haciéndolo?  Pues porque no podemos, simplemente. No tenemos pozo (ni queremos tenerlo), sino solo un manantial, en la parte alta de la finca, que va llenando por gravedad dos albercas. Ya no llueve como antes; los manantiales no se cargan. Y no teniendo garantizado un mínimo volumen de agua de riego para el verano, hay que aprovechar al máximo el ciclo de invierno/primavera. El agua que hemos almacenado estos meses pasados será, en primer lugar, para los frutales jóvenes. En segundo lugar, para  los tomates y los pimientos, que no pueden reemplazarse por nada. Ahora bien, las judías/Phaseolus sí pueden reemplazarse por algo: por habas/Vicia faba. A ellas, cultivadas de noviembre a mayo, ya las ha regado la lluvia. Y si producen menos que sus primas americanas, qué se le va a hacer. 

Y, bueno, tampoco todo son ventajas con las judías. Hasta que empezaron a aparecer las variedades enanas había que contar con un buen tinglado de estacas/cañas y cuerdas con las que entutorar los tallos.  Si no circula bien el aire, la huerta se convertirá en un criadero de hongos (antracnosis, botritis…), tanto más probable cuanto más arcilloso sea el suelo.
En la foto de arriba se ve como crece la planta del haba. Aunque no sea trepadora, agradece un apoyo que la proteja del viento. Lo que se ve en la foto (ampliar) es un mallazo, de los que se usan para el hormigón armado, partido con una cizalla en varios trozos y clavado en la tierra.

 Habas, judías… y alubias. Una tercera en discordia
“Alubias” llamaban los árabes  -o dólico,  en griego (3)- a una especie de haba trepadora de vaina larga, bien adaptada a la sequía, que se conocía desde siempre en Africa occidental, pero con parientes próximos en Asia. Una tercera en discordia, pues, género Vigna unguiculata (L.) Walp: al igual que la judía americana, una leguminosa trepadora; al igual que el haba, cultivada en Europa desde antiguo. Si los romanos distinguían phaseolus de faba… su phaseolus solo podía ser esta, la alubia o dólico de Africa. Tienen como característica una mancha oscura, como un ojo, en el lateral del grano. Al -lubías fueron primero; después “judías caretas”, por la mancha en cuestión.  ¿Y habas caretas, caritas o carillas, fabas, habichuelas caretas? ¡Por qué no!  Y en América, con la que intercambiamos desde muy pronto todo este batiburrillo de legumbres y fantasía lingüística: fríjoles largos, chícharos de la boquita negra, porotos caretos o “caupís” (ni quechua ni aimará, aunque lo parezca, sino alegre adaptación del inglés cow pea, por su uso en los estados del sur como forrajera),etcétera.

Hoy, según rastreo por la web, las alubias/dólicos/Vigna son solo una reliquia gastronómica en Europa: en Extremadura y el Algarve,  Vandée y Poitou-Charentes (mongette, le dicen allí), Puglia, Toscana y el Véneto  (fagioli dell´occhio)…Y fin.  Por descontado, su cultivo retrocede aún más rápido que el del haba.  Añado para terminar el post: 1., mi propósito formal de encontrar semillas de Vigna para probar su cultivo en LRO; si está mejor adaptada que la judía al calor y la sequía, aunque produzca menos, ¿qué se puede perder?; y 2., esta receta de carillas de Talavera de la Reina, con el deseo de que puedan volver a abrir pronto, cuanto antes, los restaurantes de la zona: https://www.directoalpaladar.com/recetas-de-legumbres-y-verduras/carillas-oreja-rescatamos-receta-escondida-toledano-pueblo-velada-legumbre-extraordinaria (*la foto procede de ahí)

Notas

(1) Judía, de etimología incierta. La RAE y M.Moliner la relacionan con “judío”, sin más aclaración. Alubia procede del persa (RAE), y haba es la forma latína, junto a phaseolus, tomado del griego. El listado de nombres vulgares es maravilloso e inabarcable: faséolo, fréjol, fríjol, frisuelo, bajoca, pocha, poroto, chaucha etc.
(2) Otro factor limitante, aunque hasta cierto punto controlable (con enmiendas), sería el pH: el haba disque acepta el suelo calizo, la judía no. En LRO nunca ha sido un problema.
(3)  “El largo”, en griego, hacía referencia a la longitud de su legumbre. Tal fue su nombre científico, Dolichus unguiculatus, antes de pasar al género Vigna.

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Las reproducciones del haba y la judía  (al comienzo, por ese orden) están la wikipedia. La primera es de O. Wulhelm Thomé,  Flora von Deutschland, Österreich und der Schweiz, 1885. La segunda pertenece a la Flora des Serres et des Jardins, prestigiosa revista del siglo XIX -por entregas, como era costumbre- dirigida por L. Van Houtte. (leyenda: Phaseolus compressus, sin. de vulgaris).  De la lámina de la alubia/dólico, también en la wiki, no encuentro datos.

Amapolas blancas de Toledo

Afganistán va a la cabeza, seguido de México. Pero en la liga de los narcóticos legales, después de  Australia ya vamos nosotros: España es el segundo productor mundial-legal de opio, mejunje de morfina y otros alcaloides que se extrae del látex de la amapola Papaver somniferum. La amapola blanca. La adormidera. Cualquiera las habrá visto por las cunetas o las lindes de los sembrados entre abril y mayo, en especial si la primavera ha venido lluviosa. Es planta autóctona. Está presente en el catálogo de floraiberica.es con un montón de subespecies.  Lo que no quita que a veces, en ciertos lugares, ciertas variedades… hayan podido llegar de tapadillo, escapadas quizá, con la complicidad del viento y los pájaros, de plantaciones privadas -perfectamente legales; voy a insistir en esto, por si acaso le he dado demasiadas veces a la entrada Papaver en google-  pertenecientes a laboratorios farmacéuticos o vinculadas de algún modo a ellos. Su prima hermana Papaver rhoeas, mucho más abundante pero menos rica en alcaloides, es la amapola roja (rojo escarlata, sin matices) que domina el paisaje en las primaveras que ya consideramos “normales”, es decir, secas, muy secas, sequísimas, o solo levemente remojadas. Esta primavera de 2020, sin embargo, sí  ha llovido en la meseta: 152 litros/m2, para ser exactos, recogidos en el pluviómetro del balcón de mi cocina durante las siete semanas de confinamiento. Las blancas no son omnipresentes, como las rojas. Pero la lluvia las ha despabilado: si uno sale a dar una vuelta, las encontrará enseguida

Aparte de esos ejemplares aislados por cunetas y lindes, o de las plantaciones legales escondidas tierra adentro, en un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, también aparecen con relativa frecuencia, en medio de un prado o de un terreno perdido (por baldío), reductos monoespecíficos de amapolas blancas, con ocasionales variantes rosáceas o de un tono malva claro, como diluido; a veces estos “reductos” son llamativamente grandes, y entonces no será raro ver aparcado cerca un coche de la Benemérita, y dos puntos verdes caminando por el horizonte.


En la villa de la divina Livia Drusila, al norte de Roma, había amapolas blancas (https://laramadeoro.com/2019/10/10/giardino-dipinto/). Algún médico de confianza andaría detrás, en comandita con el jardinero, pues la adormidera, presente en los tratados de medicina más antiguos, era el único analgésico conocido verdaderamente eficaz. Uno de los cócteles habituales -encuentro la receta en la web- era el láudano:  opio de adormidera mezclado con vino blanco y unas hebras de azafrán, Crocus sativus, otro conocido producto manchego/afgano, bastante más inofensivo que la (hermosísima) amapola blanca.

Notas

Semilleros de la cuarentena

1. Calabazas

Hace tres semanas. Sembradas en fibra de coco, a dos centímetros de profundidad (la uña del dedo y hasta la falange, más/menos). Riego por pulverización. Bien tapadas. La humedad y el calor ablandarán el tegumento de la semilla, y el embrión, al desperezarse, lo partirá. Se airean todos los días, pero sin pasarse (que no se enfríe ni seque el sustrato). Cuando el tallo ha crecido un palmo, o casi, y se han formado ya dos o tres hojas verdaderas (las dos primeras eran aún los cotiledones, hojas embrionarias) hay que ir pensando en plantar fuera, o bien en repicar las plántulas en un sustrato más rico en nutrientes (la fibra solo tiene eso: fibra). Pero si las noches son aún frescas, que lo son, o podrían serlo, los semilleros se pueden dejar algunos días más tapados. Las hojas  están transpirando y fotosintetizando. La “tapadera”, entonces, ha de ser transparente y tener chimenea (última foto: garrafa), para que no se condense la humedad y se nos pudra todo. Riego diario, muy suave.

La hoja verdadera es muy diferente de los cotiledones

N.B. Calabazas y calabacines se pueden sembrar en el exterior desde ahora, pasado el riesgo de heladas serias. Cuando la plántula asome de la tierra -que es cuando el frío podría acabar con ella, no antes- el relativo riesgo nocturno de esta época del año ya habrá pasado del todo. El interés de sembrar dentro, en casa y con tapadera, era -además de entretenerse durante la cuarentena- el de adelantar dos semanas la germinación. ¿Vale la pena? En zonas donde el verano entra pronto, como aquí, y sin apenas transición del frío (muy moderado) al calor (intenso), no estoy muy segura… porque las semillas que se pondrán fuera -mañana mismo- crecerán tan rápido y tan fuertes que enseguida igualarán, y aún adelantarán, a las criadas al calor de la cocina, los plásticos y las garrafas recortadas..

2. Madroños de Gema

(https://laramadeoro.com/2020/02/11/futuros-madronos/)
Hay unos doce fuera de peligro. Con “hojas verdaderas” y buen aspecto. Crecen despacio, pero crecen. Seguirán donde están hasta el otoño (por lo menos) y después aún tendrán que pasar a una maceta.


3.
Tomates de Miguel Manduca
O planta ya, o empiezan a pudrírsele las plántulas, que en este momento más parecen lechugas que tomateras. Han llegado justo justo al final de la cuarentena. Como aún no tiene 70 años Miguel podrá subir a la huerta entre las 8 y las 10h, pero a su colega Severo -que pasa mucho de esa edad- solo le dejarán de 10 a 12 (lleva encerrado las siete semanas, afilando y volviendo a afilar los mismos cuchillos y tijeras en el patio de su casa). Podrán saludarse cuando se crucen; uno de subida, el otro de bajada… Wasah o su hermano, no sé bien, le ha pasado ya la mulilla a la huerta, estercolada a fondo con la basura del rebaño (basura que Miguel lleva a la huerta en Navidad, para que hoy, justamente, esté lista para recibir las plántulas de tomatera)

La vida en suspenso


“…Fue el investigador A.P.A. Vorenkampf el que, estudiando a fondo el tema, descubrió que fue en los Países Bajos, hacia el ecuador del XVII, cuando se divulgó el término stilleven, luego trasvasado a las lenguas germánicas y al inglés, en este caso como still life. En cualquiera de los casos, el significado original de este término era siempre el de “vida inmóvil” o, si se quiere, “inmovilizada”. El francés vie coye o vie coite significaba lo mismo y, por tanto, hay que tomarlo como otra adaptación del término original holandés.
La forma actual más extendida para nombrar el género, la de naturalezas muertas, además de ser comparativamente mucho menos exacta, se divulgó más tarde, hacia la mitad del siglo XVIII….”

El Bodegón, F. Calvo Serraller et al. Galaxia Gutemberg 2000, p.19.
En un apartado posterior del mismo libro, dedicado a la pintura francesa de naturalezas muertas (punto de arranque: la que el músico Sainte-Colombe encargó a su amigo Baugin, de acuerdo con el relato de P. Quignard, en Todas las mañana del mundo) C. Serraller reivindica de nuevo el término original, el bueno, el más exacto, de vie coite, que propone traducir por “la vida en suspenso” (ibid, pp. 225 y ss.)

Foto: día 43 de nuestra vie coite, primavera de 2020. Tarta de almendras de LRO, mezcla de marconas y variedades tardías (‘Guara’ y ‘Ferragnés’, de árboles plantados hace doce años). Para la tarta: cuarto de kilo de almendra molida por el mismo peso de azúcar y seis huevos, separando yemas y claras, y estas a punto de nieve (más unas gotas de limón).  Para empujar: una copa de Pedro Ximénez; dulce viejo de la D.O. Montilla-Moriles, bodega Gracia Hnos. S.A., Córdoba.

 

 

Non me esquezas!

Ayer por la mañana, regresando de abrirle los semilleros al pastor (https://laramadeoro.com/2020/03/26/sigilosamente/

Ventajas de caminar cabizbajos: a veces uno encuentra una flor con la que no contaba, y, gracias precisamente a que va arrastrando los pies, aún le da tiempo a reconocerla al vuelo y a  levantar y desviar el zapato – ¿myosotis?-  un nanosegundo antes de pisarla. Ne-m´oubliez-pas, Nomeolvides, Forget-me-not!  Myosotis arvensis, la flor más pequeña de esta pradera estacional que debemos tanto a la lluvia de abril como al confinamiento (menos gente, menos motos, menos quads…). Crece en suelos arenosos y frescos, a media sombra. No es longeva como sus hermanas vivaces (myosotis de las orillas de los ríos, por ejemplo-nota 1) sino anual, relativamente frágil, y a tal punto depende del grado de humedad que no es de extrañar que sea la primera vez que la vea aquí, en este terreno -una viña de albillo- seco tirando a árido, que el arado rompe y voltea dos veces al año. Un tono azul cielo característico, poco común, le da al myosotis  cierta distinción en el grupo de las boragináceas (que parecen tender al azul puro/bleu-azur, o ya al violeta) además de ponerla a salvo de los pisotones.
Los myosotis se ven (o veían) mucho en los jardines de alcurnia. Variedades hortícolas de M.sylvatica, de floración muy precoz, de mata más compacta y de corolas en azul más luminoso o incluso -absurdamente- en rosa o en blanco. Los jardineros de allende los Pirineos arreglan (o arreglaban, ya no sé) sus plate-bandes reproduciendo el esquema estándar de bianuales  (Myosotis, Cheiranthus, Viola…) con bulbos de primavera. Pero ninguna de esas variedades, creo yo, resiste la comparación con un nonmeesquezas de pueblo.
En el centro de la corola azul mantiene abierto un ojo amarillo, su complementario, reclamo seguro para abejas y otros polinizadores .

(1) Myosotis  stolonifera, palustris… Quizá lo lleva en la mano esta “Mujer de la familia Hofer”:https://www.nationalgallery.org.uk/paintings/swabian-portrait-of-a-woman-of-the-hofer-family

 

 

Fritilarias y asfódelos

Fritillaria lusitanica. Pariente castiza, humildísima, de la Fritillaria imperialis, especie de azucena rococó importada de Turquía  en el XVI (levantina, pues), que no se parece a esta ni en el blanco de los ojos. La lusitanica, además, es una relativa “rareza” que nos pone en el mundo, prueba y recordatorio de que, aún estando lejos del mar, LRO cae en la cuenca del Tajo/Texo, y esta, en términos florísticos, en esa que llaman Región Mediterránea W (Ibero-magrebí) . A su alrededor crecen espárragos, tomillos,retamas, jarillas. El suelo es roca, granito que a veces se ablanda y en sus fisuras prende algo. Unas pipas, por ejemplo: vendrán pinos piñoneros. Muy cerca de las fritilarias, pero más descaradamente al sol, se extienden en matas altas los asfódelos (A. racemosus, gamón, gamâo), esas azucenas silvestres, de varas blancas y rígidas, con las que Homero alfombró la entrada del Hades, quizá porque para llegar hasta ella Ulises hubo de tocar “los confines del Océano”, es decir, la Lusitania, el finisterre, Region Mediterránea W- Ibero-magrebí…? (hipótesis  muy  golosa  para  terminar un  post  pero  sin pies ni cabeza filológicos:  la  vegetación  no era  la   misma  tantos  siglos  atrás,  y  ni  siquiera  es  seguro -véase nota 1-  que  en  la  Odisea Homero  quisiera hablar  de  una asfodelón leímona, en vez de una  spodelón  leímona, “pradera  de  cenizas”)

Notas

1. Steve Reece, “Homer’ s Asphodel Meadow”, GRBS nº 47 (2007). Las cenizas le parecen más coherentes en el lúgubre, tenebroso contexto de la Odisea 11 y 24. Explica la posible confusión fonética cenizas/asfódelos a la par de la evolución teológica (visión del inframundo) que va de Homero a los líricos, pasando por Hesíodo. Versión pdf en la wiki, y aquí: https://grbs.library.duke.edu/article/view/811.

Sobre asfódelos y flora de poniente:  “el género alcanza su máxima diversidad en el W del Mediterráneo, particularmente en la Península Ibérica y NW de Africa… donde se reconocen hasta 16 especies, 13 de las cuales en la Península” (floraiberica.es). Pero esto vale para hoy, claro, no para varios siglos a.c.

2. La foto de los asfódelos, completamente abiertos, es de algún pasado mes de junio, (no de ahora).

A siete siglos de distancia

La génesis de este libro fue el deseo de averiguar qué efecto tuvo en la sociedad el desastre más mortífero que recuerda la historia, la Muerte negra de 1348-1350, la cual, según se estima, mató un tercio de la gente que vivía entre la India e Islandia. Teniendo en cuenta la situación en nuestro tiempo, resulta patente la razón de mi curiosidad. La respuesta fue esquiva porque el siglo XIV sufrió, en palabras de un contemporáneo, tantos “extraños y grandes peligros y adversidades”, que su desórdenes no pueden atribuirse a una sola causa (…) Todos esos desórdenes, salvo la peste, brotaron de un estado de cosas preexistente a la Muerte Negra y se prolongaron después de haberse extendido la pandemia.
Si mi pregunta inicial quedó, en parte, sin contestación, el período en sí mismo (…) encerraba un interés seductor y, a mi juicio, consolador para el actual, de similar confusión. Porque, si las dos últimas décadas (…) han sido un tiempo de malestar poco común, tranquiliza saber que la especie humana ha sobrevivido a azares peores.
(…) El siglo XIV fue una mala época para la humanidad. Hasta hace poco los historiógrafos propendían a detestarlo y eludirlo, porque no lograban que encajase dentro de la pauta del progreso de los seres humanos. Mas, tras las espantosas experiencias del siglo XX, sentimos mayor simpatía por una edad desconcertada… Reconocemos con una dolorosa sensación los síntomas de un período de angustia en el que no existe percepción de un futuro cierto.”

Extracto del preámbulo de Un espejo lejano, Barbara W. Tuchman, 1978  (ed. española Plaza & Janés 1990) * Gracias a E. Rius/ notasparalectorescuriosos.com, por su recomendación. Al protagonista, Enguerrand de Coucy, también lo cita P. L.Fermor -otra lectura de estos días- hacia el final de Entre los bosques y el agua, pero en un contexto infinitamente más amable (el Danubio a la altura de las Puertas de Hierro, 1934, cuando el río aún fluía libre hacia el Mar Negro).

En la foto: lilas recogidas esta mañana.