Acerca de cccouto

1968, La Coruña. En la Comunidad de Madrid desde 2005. Sector: jardinería. Blog: www.laramadeoro.com.

Cómo partir bien un huevo

La clave: el movimiento de la muñeca y la rapidez (lo mismo que cuando se bate). Pues un huevo no es de piedra ni de madera, sino “una cosa viva con la que debemos ser compasivos. Como con la guillotina: ¡chac! Se trata de partirlo, ¡no de atormentarlo!”
Aquí se los compramos a Inés, una señora que tiene gallinas en casa. Varios perros  -incluso alguno de la protectora, en acogida-, equis gatos, varias cabras, y un cerdo muy querido “de los que no se comen”.

Verano 2019 (2)

27 de julio

Después de tres años olvidado y sin florecer, ahí asomó esta mañana: Hibiscus x moscheutos, de color rojo sangre, efímero y dramático como las amapolas, pero con una corola de quince centímetros de diámetro. Viene de la costa este de los Estados Unidos, como su prima H. coccineus, De zonas pantanosas, charcas, remansos fértiles a la orilla del ¿Missisipi? Allí donde crecen también los cipreses calvos y los tulíperos de Virginia: muy, muy lejos de este jardín. Una perogrullada (locura total transitoria) que escondí con buen criterio detrás de una mata de euforbias.

30 de julio

Las golondrinas que vienen a criar cada año (hacia mediados de abril) al porche de mis vecinos. Una primera nidada salió adelante hace ya tres meses. Cinco pollos. Esta es la segunda, de cuatro pollos, todos bien criados. Los padres echaron a picotazos a los cinco primeros, para que espabilaran. Los otros cuatro salen ya al amanecer, con sus padres, y vuelven al caer el sol. Mi vecina está pendiente. Los ve llegar (los va contando) desde el frailero de la puerta de entrada. Los cuatro pollos se meten en el nido y sus padres se acomodan frente a ellos, en el farol del porche
Mi vecina lleva años con este trajín. ¡Y con lo bien que le vendría acristalar la entrada, para ganarle unos metros al salón…!

1 de agosto

En una gran plantación de pistacheros cerca de casa, acompañando a dos vecinos que vienen a recoger yemas para reinjertar con ellas sus cornicabras (las que han fallado, que no son muchas). Plantaron doscientos patrones -cornicabra, queda dicho- y el año pasado injertaron (Pistacia vera, todo comprado en un vivero en Tembleque). Convencidos de que, pasados 3 ó 4 años, los árboles se adaptarán al terreno -franco-arenoso- y al clima -sequísimo–, mis vecinos van tres tardes a la semana a regarlos, transportando garrafas de ocho litros en su furgoneta. Treinta o cuarenta garrafas por viaje, que hay que llenar, cargar y descargar. Proyectan un pequeño estanque para que se bañen los pájaros. Hileras de lavandas. Colmenas en la parte más alta….Hoy, para poder reinjertar las marras de sus pistachos, han venido a por ramas verdes a esta otra plantación, que poco o nada tiene que ver con la suya.

El propietario es muy amable. Nos lleva en su todoterreno y nos va contando. Tiene otros negocios en la zona, pero esta plantación es la niña de sus ojos. Arrancó las viejas cepas de tempranillo para ponerlo en marcha (con la uva se pierde dinero, ya estaba harto; pero para que su padre no se disgustara excesivamente, renunció a arrancar también los olivos… de momento). Variedades ‘Peter’ (los machos) y ‘Kerman’ (las hembras) Marco de 5 x 6, que hace un total de 327 pistacheros por hectárea. Los goteros funcionando a todo trapo. En regadío, con una producción de 2000 a 3000 kilos por hectárea. Pongamos 2000, para tirar por lo bajo. A 8 euros el kilo: 16.000 euros por cosecha. Tenemos 3 ha., así que 48 mil euros. Pongamos 45.000, para tirar por lo bajo…. En España, sin embargo, comemos pistachos iraníes. Los que se producen por aquí los compran los italianos “para hacer helados”. Nos explica la formación de los arbolitos, que están impecables, preciosos. Nos habla de los nuevos productores manchegos (cada vez más) y de gente valiosa, como el tío de Pistachos Nazario, que pela, seca y envasa él mismo, sin mediar italiano alguno.
Y que cuándo se ara, pregunto.
– Cuando me cabreo con los obreros. Los mando a tomar por culo y me vengo aquí a desestresarme en el tractor.
Una razón técnica como cualquier otra. Y que cómo se riega, vuelvo a preguntar. Con una balsa de 10 millones de litros que llena la lluvia. ¿La lluvia? ¿Aquí? Bueno, y un arroyo del que se bombea el agua hacia la balsa cuando no llueve. O sea… ¿desde mayo, desde abril?¿Siempre? Momento en que conviene dejar de hacer preguntas (por ejemplo: qué pasa si ese vecino de allí, y ese otro de allá, hacen a su vez sus captaciones en el arroyo, un poco antes y un poco más arriba de tu balsa). Pero no. Al fin y al cabo, pronto serán 45 mil al año, para tirar por lo bajo. Más el salario de los jornaleros, el camino bien cuidado, etc. “A cambio”, nos asegura (y a me parece que es un buen hombre, sin doblez), los helicópteros pudieron venir a cargar agua el otro día, para ayudar con un incendio… Otro incendio…Otro más. Porque el bosque está agostado y arde fácil. Porque los árboles (los inservibles, que no producen 45.ooo al año) tiran la toalla y se dejan ir. Porque los pastos de las parcelas “perdidas” se churruscan y crujen, y los corzos, sedientos, se caen en las albercas. Porque los arroyos -vaya por Dios- llevan tres meses secos.

3 de agosto

¡Año de ciruelas! Botes y más botes de mermelada. Y esta tarta de la Larousse de los Postres (receta aún mejor, que sigue a la de la tarta y además rima: “ciruelas mirabel en sauternes y miel”, que a lo mejor haría si tuviera ese sauternes, aunque si lo tuviera -para qué negarlo- dudo mucho que se lo fuera a echar a unas ciruelas…): en el fondo del molde, untado previamente de mantequilla, se extiende la masa quebrada; sobre ella se van colocando medias-ciruelas, con la parte cóncava hacia arriba; se espolvorea todo de azúcar, y al horno media hora.

tarta ciruelas

Se puede tomar con un oporto o un jerez o un banyul...

Verano 2019 (1)

30 de junio

Mientras a pocos kilómetros de casa (del otro lado de ese cerro que tengo ahí delante, en Cadalso) ardían cientos de hectáreas de encina, pino carrasco, enebro, olivo… estas dos lagartijas se entrelazaban pacíficamente sin que el humo las molestara, sin que las noticias de la tele, sin que el calor abrasador…

5 de julio

Una fuga de agua es un pequeño oasis, de importancia INFINITA para los seres vivos que dependen de ella. En este caso se trata de una fuga deliberada, dejada al pie de la alberca para que la charca siempre tenga algo de agua. Ahí van a beber los jabalíes y demás animales que rondan LRO. ¿Por qué, entonces, se asomó a la alberca este corzo, teniendo el agua de la charca tan cerca? Le falló el pie, tardó en ahogarse… No volverá a pasar. En espera de poder vaciar la alberca y hacer unos escalones de obra, hemos amontonado una “torrentera” de bloques de hormigón en una esquina. En cuanto al cuerpo, lo arrastramos hasta lo alto de la finca para que zorros y cornejas primero, y con seguridad los buitres después, dieran buena cuenta de su carne.
Los cuernos son cortos y fuertes. “Madera del aire”, se decía antes. Se dirigen hacia el cielo y se renuevan cada primavera. Hacen del animal -cualquier cérvido- un “señor de la luz”: una divinidad mediadora y benéfica.

De momento los cuernos de nuestro pobre corzo psicopompo se secan al sol en el sombrajo de la casilla. Después se vendrán a casa.

16 de julio

En una bodega familiar de Collioure. Damajuanas de 30 litros con el corcho perforado (pero protegido por un trozo de plástico y una lata dada la vuelta) guardan al sol los vinos dulces de la apelación de origen Banyul. Entre 2 y 3 años de lenta oxidación a la intemperie, tras 5 ó 6 en una barrica (en la bodega). La malla metálica protege las bombonnes de las posibles granizadas. Pero quizá estos vinos hayan pasado un poco de moda; ahora los que parecen estar en alza son los rosés
La garnacha del Rosellón crece entre esquistos (en la foto: dos bloques sujetando los cables). Para que las raíces puedan penetrar profundamente en la tierra los vignerons de la zona usan a veces pequeños “cartuchos de dinamita agrícola”.

21 de julio

Los tomates del pijo-huerto, creciendo y madurando.

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O Nabo Gigante

(Los narradores van sin prisa. Para el que no pueda aguantar el ritmo de una clase de infantil – atención: SPOILER!- : avance hasta el minuto 8, con la aparición del ratinho esfameado, que es quien conseguirá solucionar el problema)

Hay muchas versiones por la web. Entre ellas, la menos lírica y +abiertamente política del fabuloso Pohadky (Praga, 1958), que no parte de A.Tólstoy, sino de una versión más esquemática (sin tantos animales, sin el fiestón final…) y que cambia al anciano protagonista del cuento (el tierno Don Xosé/Zé del vídeo de arriba)  por un avaro capitalista sin entrañas.

http://www.uloz.to/live/xp6qJacE/pohadky-zasadil-dedek-repu-jiri-trnka-animovane-avi

Mi casa es tu casa o al revés

(Y la huerta también)
Nueva sección de Barbie Jardinera, dedicada a meter la nariz por las huertas de amigos y vecinos.
Empezamos hoy por un lugar de Ourense, de cuyo nombre no quiero acordarme, en el que Maite y Antón cultivan “de todo menos pimientos”

Comentarios de la corresponsal:
-Muchas berenjenas me parecen
-Maravillosas las remolachas, ¡bravo! Todo ese rincón, combinando plantas de crecimiento más lento (o de producción más larga: el calabacín, las acelgas) con las rápidas-rapidísimas (espinacas).
-Hay que despuntar con urgencia esos tomates
-El semillero de lechugas no lo veo… Qué tal si, en vez de arrancar las que están plantadas, les cortáis el cuello con un cuchillo afilado; posiblemente saldrán repollitos (muy tiernos) por la orilla del corte.
-En LRO también sembramos rúcula un año: al loro con las flores, porque se resembrarán solas hasta el infinito/y más allá. Rica ensalada con lascas de parmesano.
-¿Qué tenéis contra los pimientos?

Era un jardín para ciegos

(Breve historia del rosal)


Palermo, 1860. El Príncipe de Salina pasea por su jardín:

.. Los claveles imponían su olor picante al protocolario de las rosas y al oleoso de las magnolias, que se hacían grávidas en los ángulos, y como a escondidas advertíase también el perfume de la menta mezclado con el aroma infantil de la mimosa y el de confitería de los arrayanes. Y desde el otro lado del muro los naranjos y los limoneros desbordaban el olor a alcoba de los primeros azahares. Era un jardín para ciegos: La vista era ofendida constantemente; pero el olfato podía extraer de todo él un placer fuerte, aunque no delicado. Las rosas Paul Neyron, cuyos planteles él mismo había adquirido en París, habían degenerado. Excitadas primero y extenuadas luego por los jugos vigorosos e indolentes de la tierra siciliana, quemadas por los julios apocalípticos, se habían convertido en una especie de coles de color carne, obscenas, pero que destilaban un aroma denso, casi soez, que ningún cultivador francés se hubiese atrevido a esperar. El príncipe se llevó una a la nariz y le pareció oler el muslo de una bailarina de la ópera… 

(Giuseppe Tomasi di Lampedusa, El Gatopardo, capítulo 1)

Los jardines del Palacio Salina eran opulentos y voluptuosos como sus salones (como su dueño), y los rosales `Paul Neyron’ morían de éxito, si así puede decirse, pidiendo a gritos las tijeras de un podador resolutivo -capaz de controlar ese equilibrio entre el “excitadas” y el “extenuadas”, que al Príncipe se le escapaba. La foto de ahí arriba es de una ‘P. Neyron’; en realidad el rosa es más intenso, pero si la planta está demasiado expuesta al oeste/suroeste, ¡y en Sicilia!, no es de extrañar que palidezca y adquiera “color carne”.

***
En el principio fue un rosal silvestre (“botánico”), probablemente un damascena. Después un rosal de la China, con seguridad un ‘Old Blush’, Padre de Todos los Chinos, que, a diferencia de los rosales occidentales, florecía durante meses (floración “perpetua” o “remontante”) y no solo en primavera. Hibridados el silvestre y el chino en el océano Índico, en la isla de Bourbon/ Borbón, del archipiélago de las Mascarenhas, por entonces posesión  ultramarina de Luis XVI, dieron lugar al primer rosal borbón. Alto y garboso, resistente, de flores casi demasiado grandes, causó sensación entre los franceses expatriados (y morriñentos: arrancaban la flora autóctona, plantaban rosaledas) que mandaron su semilla  a un viverista de París. Hibridaciones muy parecidas se consiguieron en Italia (dedicados a la Duquesa de Portland, pasaron a la historia con su nombre) y en un vivero de Carolina del Sur, de la familia Noisette.
Así que
Borbones, Portland y Noisette. Con ellos arranca la historia del rosal moderno. Hibridados a su vez entre sí, nacieron los híbridos perpetuos.
‘Paul Neyron’ es uno de ellos. Mi ‘Zephirine Drouin’ (foto aquí abajo), pertenece al mismo tipo pero en versión trepadora (lo que los aficionados a las rosas llaman
sport). Son rosales sólidos, es verdad. Un poco convencionales…sí. Arbusto desmañado. Hojas oscuras. Flores desparramadas. Fragancia penetrante, potenciada por el calor en los jardines de sur,. Todo el encanto casero, pueblerino, de los rosales antiguos. Fieles como ninguno: duros de pelar. Son los que crecerían en los jardines de las novelas de Balzac: años cuarenta, años cincuenta. Estábamos a las puertas de la creación del rosal moderno (1867, ‘La France’), gracias a la introducción de los rosales de té (India, sur de China). ‘Paul Neyron’, que tuvo -dicen los libros- un éxito enorme, fue ya de los últimos de su estirpe.

***
La historia  de
El Gatopardo comienza en 1860, y el rosal -que el protagonista fue en persona a comprar a París- debía de llevar años plantado. Sin embargo, ‘Paul Neyron’ salió al mercado en 1869. No parece un anacronismo muy grave por parte del novelista. Al contrario.¡A los jardines de Palermo les va mil veces mejor ese “atraso” (relativo) de diez o quince o veinte años! No les hubiera cuadrado un rosal espigado, ultramoderno, de capullos tourbillonnés y sin apenas aroma, como tampoco un rosal sin pedigrí, un gallica o un centifolia -botánicos europeos-, como los de cualquier jardincillo burgués. En ese jardín señorial pero decadente tenía que haber un rosal perpetuo. Un híjo de los borbones guillotinados. Procedente de una isla que ahora -tras la Revolución liberal de 1848- había pasado a llamarse definitivamente de la Réunion. Las rosas de los Guermantes, las rosas de Proust, no podían ser las mismas que las de los Salina, porque las de Paris-1900  habían nacido para la vista, no para el olfato. Rosas intelectuales. No unas primitivas de los tiempos de Maricastaña. Esmoquin y no levita. Orquídeas, que no violetas.
Lampedusa escribió su novela en los años 50 del siglo XX, cuando la producción industrial de rosas ya era un hecho. Los rosales modernos tenían flores perfectas y sin olor. Los capullos de ‘La France’ y demás
híbridos de té –pedúnculos rígidos, pétalos apretados- podían enviarse en avión a cualquier punto del globo. Los arbustos eran una birria, pero ¡qué importaba! También en el jardín los rosales habían perdido el primer puesto en favor de especies exóticas, de los perfiles arquitectónicos… (justo a la inversa de lo que habían hecho sus tatarabuelos expatriados, allá en el Índico o donde fuera). Pero como todo vuelve en esta vida, no faltó quien reclamara los derechos perdidos de la flor antigua/ las antiguas virtudes. Un reverendo anglicano había creado ya, hacia 1930, el primero de sus rosales vintage… (Pero esta es otra historia, que dudo que el protagonista de El Gatopardo hubiera sabido apreciar).
Conclusión: Lampedusa, escribiendo  hacia 1950, sabía muy bien lo que hacía al escoger un híbrido perpetuo para el jardín de un patricio siciliano del tiempo anterior a la unificación. Y no un patricio cualquiera, además, sino uno aceptablemente cultivado, Fabrizio, Príncipe de Salina,amigo de todos los placeres (incluyendo los del olfato) y  consciente, como nadie en su entorno, del inminente final de su mundo

***
¿Cuántas horas dedicó Lampedusa a hojear viejos catálogos de rosas?  O a lo mejor vio a su ‘Paul Neyron’ en alguna colección, en algún jardín conocido, pues su fama se mantuvo entre los híbridos perpetuos (y los rosales son longevos). En el Jardín Botánico de Madrid, por ejemplo, crecía uno hasta hace poco. ¿Habría rosales `Paul Neyron’ en el palacio de la familia Lampedusa, que una bomba americana hizo volar por los aires en el 43? Puede que el dato esté en alguna biografía del autor. No lo sé. Como punto de partida, para empezar a buscar la respuesta, este artículo de César Antonio Molina, con los enlaces correspondientes en Palermo y alrededores
:https://elviajero.elpais.com/elviajero/2015/10/29/actualidad/1446137384_372108.html

***
Para terminar. Como los rosales antiguos se han puesto de moda (la tendencia anunciada en los años 30 no ha dejado de crecer, con los altibajos esperables), usted mismo puede comprarse un ‘Paul Neyron’ por internet y tenerlo en casa mañana por la mañana. Mañana, en el solsticio de primavera de 2019.  Ciento cincuenta años después de las reflexiones de Fabrizio, y prueba definitiva de que algunas cosas sí han cambiado (para que nada cambie, realmente).

 

Riego a manta

El pozo de Miguel de momento tiene agua. Riega “como siempre se ha hecho”, dejando que la corriente colme los surcos mientras él vigila el circuito para que el agua se reparta bien (y “bien” quiere decir: a cada hortaliza según sus necesidades, pero sin quitarles el ojo de encima) y para que no rebose y se pierda por ningún punto. La ventaja del riego a manta es su facilidad, limpieza, abundancia…La desventaja, que no lo era en otros tiempos, es que una parte del agua se filtra sin provecho, otra se evapora, y que la tierra, una vez seca, se cuartea y endurece. Sigo siendo partidaria del acolchado. O de los cultivos intermedios con flores, aunque las plantas de la huerta rindan menos. A Miguel poner menos de cincuenta o sesenta tomateras le parece una tontuna. Tiene los surcos como una patena. Si una correhuela osara asomar la nariz, ¡zas!, azadón que te crió. Produce tomates y pimientos para regalar a todo el mundo, y lo que sobra se lo echa a las cabras de Wasa, el nuevo cabrero, marroquí, que ha tomado el relevo en sus viejas instalaciones del “tinao”.

Miguel vendió las cabras en 2016. Hubo que hacerles fotos a todas, juntas y por separado, para que él pudiera elegir y después subirlas a milanuncios.com. Un conocido de aquí al lado terminó comprándolas, para gran alegría de Miguel, que así podría ir a visitarlas siempre que quisiera.
El día del traslado era un viernes. Yo fui primero, antes de que empezara el zafarrancho, para recoger a los dos perros del tinao: Boni y Curro. Luego el comprador preparó a las cabras.
– Y Miguel, a tí que te lleven en coche si quieres decirles adiós -le gritó.
Pero Miguel no quería dejarlas ir sin más, así, a la francesa: con su artritis a cuestas, sin casi poder levantar la mirada del suelo, de tan encorvado que caminaba entonces, hubo de acompañarlas hasta su nueva casa (a cinco kilómetros de aquí; para que el rebaño pudiera pasar al otro lado del monte, él mismo -apoyado en dos bastones- cortó durante unos minutos la carretera de Toledo). Una vez las dejó instaladas, y hechas las recomendaciones precisas al nuevo propietario, Miguel se volvió al pueblo para empezar a preparar la bolsa de viaje.
Ese mismo lunes ingresó en el hospital de Móstoles. Primero se operó una rodilla, después la otra, después la hernia…
Y ahí está ahora, jubilado y sin bastones, produciendo tomates para parar un tren.

Encina

Diciembre 2013

En el año 2007 aún no había nada ahí, en esa esquina de la entrada. El arado de Anastasio había levantado la tierra una y otra vez, pero sin sembrar ni plantar nada en lugar de los chaparros y jaras y cantuesos que debían de crecer antes de ese lado del camino. Por eso tampoco hubo que hacer mucho después. Estarse quietos, solo eso. Con el tiempo -cosa de tres, cuatro años- asomaron unos brotes desordenados. Seleccionamos tres brotes, y al año siguiente dos, y al siguiente uno. Empezó a crecer esta encina, tan lentamente (podemos confirmarlo) como dicen los libros que crecen las encinas. Todos los inviernos hay que refaldarla un poco: ayudarle a subir la copa cortando las ramas de abajo. Hoy la encina de la entrada pasa de tres metros. Su sombra se proyecta en el camino por la tarde. Refresca la tierra que rodea el tronco, donde también vuelven a crecer los cantuesos, los helicrisum, las cañahejas, incluso esparragueras en la zona más baja, y jaras pringosas en la más alta. Al atardecer aparcamos la furgoneta junto a la encina, sin sacarla del camino (sin aplastar -quiero decir- esas matas olorosas, llenas de insectos que vuelan y zumban) y los perros, cada día más vagos, se echan perezosamente a dormir bajo su sombra.

Ayer
)

(La historia completa de esta esquina de LRO:
https://laramadeoro.com/2014/01/04/al-principio-fue-la-avena/

Cactus en flor

Cuando florecen, que pueden tardar años, florecen como las rosas: ahora, a pleno sol. Este de la foto está en una maceta del jardín, colocado de modo que los perros no puedan entrar en el macizo y patear las rosas (precisamente).

Eso tienen en común además de los pinchos: la necesidad de luz. Difieren en que el cactus exige tierra suelta, ligera, mientras que la rosa siempre estará más contenta en una tierra arcillosa. Difieren también en que a la rosa la quiere todo el mundo -tantos poetas, pintores, cantores buenos y regulares- mientras que el cactus, coitado, no suele inspirar mucho a nadie. O a casi nadie… (en el vídeo que sigue: Opuntias/ chumberas en Baja California, con flores que, según la especie, pueden ir del amarillo pálido hasta el rojo)