Acerca de cccouto

1968, La Coruña. En la Comunidad de Madrid desde 2005. Sector: jardinería. Blog: www.laramadeoro.com.

Dos orquídeas de prados secos

Hacia 1900. Collection Espace photographique Arthur Batut, en Labruguière (Departamento del Tarn, Francia).


El fotógrafo Arthur Batut es conocido por dos motivos: su manual La photograhie aérienne par cerfvolant, 1890 (1), y sus colecciones de «arquetipos» humanos, logrados a partir de la superposición de placas fotográficas de varios individuos/paisanos (por ejemplo: 10 retratos de mujeres arlesianas = La Arlesiana). Batut fue el primero en atar su cámara fotográfica a una cometa. Cometa en francés: cerf-volant, como ese escarabajo de largos cuernos, ciervo volante, que trajina en los montones de hojas secas. Las fotos aéreas de Batut no fueron, sin embargo, las primeras; antes de él, antes de su ciervo-volante-con-cámara, Nadar utilizó con idéntica intención un globo aerostático anclado al suelo: la foto saldría más cara pero era más precisa. Menos poética, seguramente también. En cuanto a los retratos-tipo, Batut no se limitaba a jugar con sus placas fotográficas -como hoy haríamos con Photoshop o con los filtros de Instagram- : era ambicioso, soñador, aspiraba a captar «lo invisible» (2), y con esas palabras lo explicaba él mismo.
Los archivos de Arthur Batut, se guardan en el museo del pueblo en que vivió y murió, Labruguière, a no muchos kilómetros de Castres, su pueblo natal. No he estado en el museo y nada sé de su biografía, salvo las cuatro tontunas de la wikipedia, pero husmeando un poco por la web deduzco que pasó su vida, o la mayor parte de ella, en el Languedoc. Tenía una finca agrícola y se interesaba por su explotación. Deduzco asimismo (y no es difícil) que el mismo ojo que salía a revolotear por el aire o a perseguir fantasmas también sabía, cuando quería, pegarse bien a la tierra, es decir, fijarse en los detalles (que es lo contrario de aspirar al «tipo»). En 2019 se organizó una exposición en Labruguière con fondos inéditos de Arthur Batut, entre ellos un grupo de bodegones con flores, como este de arriba.
Cuerpo a tierra, pues, con las gafas de ver bien de cerca. Hay que coger las flores en el campo. Elegirlas, primero. Anacampsis pyramidalis medio abierta y Orchis purpurea, ya abierta de todo (1). ¿Por qué esas orquídeas, por qué no un aciano, una amapola…? Quizá porque ya crecían juntas en el mismo prado: semiseco, calizo y muy soleado. Suelos de la Montaña Negra, quizá… Después habría que colocar las flores en ese cacharro de cristal (elegir el cacharro; elegir de qué lado se quedan las hojas de la Anacampsis ). Memorizar los efectos de la luz -artificial- contra ese fondo nebuloso. Y mientras se van tomando las decisiones (¿cuántas horas?), las dos orquídeas aguantan el tipo. El fotógrafo ha tenido el buen tino de meter los bulbos en el cacharro, y de cubrirlos delicadamente con musgo.

(1) Pdf: http://www.numerisationterrain.fr/pdf/PhotographieAerienneCerfVolant.pdf
(2) Dejó por escrito su método: La photographie appliquée à la production du type d’une famille, d’une tribu ou d’une race. Paris: Gauthier-Villars et fils.
(3) Cf. sus equivalentes a todo color: preservons-la-nature.fr, página muy completa, que incluye planos departamentales. Tarn y Aude (en el antiguo Languedoc interior), son conocidos por la cantidad de orquídeas silvestres que albergan sus prados de primavera: https://www.aude.fr/je-decouvre-la-flore-de-laude

Anacampsis pyramidalis + Orchis purpurea

Vodka ruso, ¿sí o no?

(Sección: El huerto en la coctelera. Cap. 1: Bloody Mary. Segunda parte: Vodka ruso, ¿sí o no?)

El 8 de abril, casi un mes y medio después de la invasión de Ucrania, la UE prohibió la importación de vodka ruso. Se puede comprar y vender el que ya anda por aquí, pero no traer más. Que lo encontremos o no a la venta depende, como antes del 8 de abril, de lo que las grandes distribuidoras, tiendas, licorerías, etc. hayan decidido, cada una por su cuenta. He buscado información por la web. Datos y conclusiones (con todas las limitaciones que cabe imaginar: ¡habría que hacer un estudio bastante más exhaustivo!) terminaron ocupando demasiado espacio para poder subirlos aquí como un post. Lo adjunto pues como pdf -especie de estudio de campo casero-, y ahí se queda…
Ni Carrefour ni Eroski, ni Delhaize, ni Monoprix, han retirado el vodka ruso de sus catálogos. Carrefour y Delhaize, sin embargo, habían anunciado a principios de marzo que lo harían.
Del pdf reproduzco solo la conclusión para LRO (abajo). Y esta foto de las botellas de Russian Standard Vodka que me mandan de un Carrefour de Bruselas (28 abril).

…. Entonces, Vodka ruso, ¿sí o no? Nuestra respuesta en LRO es NO. El Bloody Mary nos sale estupendo y a buen precio con el sueco Absolute o el francés Eristoff. Y si está hecho con tomates de la huerta (tomates sin pedigrí claro; tipo rosa/Raf/moruno), mejor que mejor. Queda pendiente, por último, la prueba con ese vodka de patata que hacen en Polonia, de precio disparatado pero de nombre charmant: Chopin- potato-vodka

Bloody Mary: tomates y agüita

Nueva sección: El huerto en la coctelera.
Cap. 1: Bloody Mary
Primera parte. Tomates y agüita

Así como hay patatas para freír y patatas para cocer, según su mayor/menor contenido en almidón, del mismo modo hay tomates para salsa, para ensalada y para cóctel, o sea, para zumo, punto de partida del Bloody Mary, según su mayor/menor carnosidad. Pero estas clasificaciones -como todas- están hechas para salir del paso, no para ser tomadas al pie de la letra (por ejemplo: una patata nueva de cualquier variedad se fríe mejor que una vieja-revieja de la variedad recomendada «para freir»…) . Con los tomates, lo mismo.


Los tomates pera y los Roma cumplen en principio los requisitos del ·»tomate para zumo»: carnosos, de piel fina y dulces (o no muy ácidos). Son los que se usan habitualmente para el gazpacho y las salsas. Pero en LRO hace años que no los cultivamos. Todas las veces que lo intentamos resultaron ser bastante sensibles a la enfermedad del «culo negro» (motivada por carencias de Ca, por riegos insuficientes…). Salvo plantas sin padre ni madre -como las que nos regala Manduca, el cabrero jubilado, procedentes de su misterioso semillero- ahora nos limitamos a variedades de tomates rosa y Raf, que son menos dulces que los pera pero valen para todo y, si se despunta bien la planta (selección de flores y brotes) parecen resistir mejor los períodos de estrés. En abril no tenemos todavía tomates. Hay que comprarlos por ahí: tomates Roma, pues, procedentes de un invernadero y con el sello bio. Tomates de primavera. ¿Sabrán a algo, sin haber visto apenas el sol? Quizá no importe tanto la variedad concreta de tomate -ni para un cóctel ni para nada- como el hecho de que haya sido bien cultivado y esté en sazón, en su punto de madurez. Un tomate bueno y sabroso, de la variedad que sea y cuanto más feo mejor (señal de que viene del campo). Los de la foto, todos tan iguales y tan coquetos, sabrán poco o nada… Pero esto es lo que hay. Alternativa: no hacer Bloody Marys hasta el mes de julio. Y si se hacen con Raf o similares, los mejores serán en septiembre/octubre (al menos en nuestra zona).

10 tomates Roma hacen un kilo: una jarra generosa de Bloody Mary, para tres personas. Más el limón y el apio, todo sumado, ya tenemos las 5 piezas diarias de fruta recomendadas por la OMS.

A pesar de lo dicho en el párrafo anterior, un Bloody Mary no es un gazpacho con vodka. Es un zumo de tomate, cuanto más dulce mejor (así no habrá que añadirle azúcar) mezclado con el zumo de 2 limones, un chorrito de salsa Worcester -ese brebaje británico, inclasificable- unas gotas de Tabasco -ese brebaje mejicano- y, para terminar, un generoso chorro de vodka (aprox. la mitad que de zumo), más sal y pimienta a gusto, como si fuera un bistec. La copa/vaso alto se completa con unos hielos y se adorna con una rama de apio (que también se come).
Con el vodka, como con los tomates: que sea medianamente bueno, no aguarrás, aunque para preparar un combinado -en mi opinión- tampoco necesitamos un premium, de esos de 30-40 euros la botella «barata» de 70 cl. Al fin y al cabo, el vodka es solo aguïta (traducción literal del ruso, según leo en la wiki): un agüita de manantial + alcoholito puro, incoloro e inodoro, procedente de destilar cualquier grano, y hasta patatas valen para el caso (vodka gallego, por ejemplo, en la estela de los vodkas polacos (1)).

Dizque el nombre del Bloody Mary viene de la deformación de Vladi-mir Smirnov (2), propietario de la destilería homónima. Pero el vodka Smirnoff, aunque de raíces rusas, se fabrica desde hace mucho en el Reino Unido y en los USA y pertenece a la compañía Diageo (el listado de inversores está en la web; más allá de eso, la oscuridad cósmica…). Otros vodkas no-rusos y no prohibitivos: el sueco Absolute Vodka; los franceses Eristoff (receta de origen georgiano; pertenece a Bacardi) o Poliakov (pertenece a La Martiniquaise); Finlandia Vodka, un poco más caro (15 €). El del Mercadona Knebep (también de La Marquinaise), es muy barato y se destila en Galicia. El también gallego Nordés Atlantic, o el madrileño Espíritu Enigma, por muy partidaria que una sea de los «productos de proximidad», se nos salen del presupuesto (por encima de los 25 euros ambos).

De los vodkas rusos/no rusos (boicot/no boicot) hablaremos por extenso en la segunda parte del capítulo.
Terminamos este con una referencia al apio, presente en las recetas tradicionales del Bloody Mary. En LRO solo puede cultivarse en otoño, en tierra rica y siempre fresca. Va asociado a las coles, que también están creciendo en ese momento (y algo les ayuda, o lo intenta, a mantener alejadas a las mariposas blancas). ¿Qué aporta ese cañoto de apio al cóctel, además de un segundo argumento a favor de aplazar nuestro Bloody Mary doméstico -hecho con tomates rosas o Raf- hasta finales del verano o comienzos del otoño? Cierto aroma, para quien le guste (y si después de la salsa Worcester y el Tabasco aún podemos apreciarlo). Una crudité comestible, alternativa a la cuchara de bar….
Y si los tomates ya eran de producción ecológica, y el apio también, el resultado será un bio-Bloody Mary.

Segunda parte. Vodka ruso, ¿sí o no?

(próximamente)

(1) https://www.elcorreogallego.es/hemeroteca/destileria-vedresa-crea-primer-vodka-elaborado-base-patata-cultivada-galicia-HLCG782151
(2) elcoctelero.com

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Una cepa y una encina

LRO linda por abajo con la viña de Perico. La viña de su hermana, en realidad. O de su sobrino, un sujeto apodado «el Churrito», que tiene a sus perros de caza hacinados y los abandona en el monte cuando son viejos (noticia que me llega por su mismo tío Perico, como la cosa más natural del mundo).
Este hombre ya mayor, Perico, soltero a su pesar, se jubiló de su trabajo en el ayuntamiento hace tres o cuatro años. Sus tareas, imagino, serían las de los clásicos factótums de pueblo, que lo mismo te desatascan un registro de agua que levantan un tabique, «podan» las plataneras del parque, hacen recados, cambian bombillas… Perico ha vivido siempre con alguna de sus dos hermanas, ambas viudas. Le gusta muchísimo pegar la hebra, aunque es de los que hablan y hablan y jamás escuchan. Por eso no percibe mi escándalo cuando me cuenta lo del perro viejo que ya no cazaba y se quedó en el monte, etc. O sí lo percibe (¿?) pero le importa un carallo, porque en cualquier caso no lo entiende, y finalmente lo deja pasar… Otra de mis rarezas, pensará, como la de no arar la viña. Perico nunca levanta la voz ni se enfada. Es cansino, monótono como una chicharra. Cotilla incurable. Gran concepto de sí mismo. Tranquilo. Trabajador. Honrado y ahorrador, seguro. Hombre cabal. Siempre quiso casarse y así en la cara te lo dice. ¿Cómo es posible que ninguna moza le hiciera caso? Su modelo de mujer era, y supongo que es y siempre será, Esperanza Aguirre, por la que proclamaba abiertamente su admiración. Le tenía envidia a Anastasio, q.e.p.d., porque, siendo como era «un borracho y un desastre, que echó a perder lo de sus padres y después lo de sus hermanos», había encontrado a la Mari, una fuera de serie, «una santa», que lo había querido y cuidado hasta el final. ¡Inexplicable! Y nunca se cortó conmigo: sin llegar a insultar a Anastasio, como hacía Pepe el Nefasto, el otro vecino de LRO ( q.e.p.d. también él, si es que puede), Perico sí lo ponía educadamente a parir. Perico-Cuasi-Perfecto. Ni sentido del humor ni gota de compasión. Las dos cosas que le sobraban a Anastasio, ese «borracho perdido», «mantenido por la Mari» y largo etcétera.
A los pocos meses de jubilarse Perico me comentó que «andaba terminando por fin su casa» ¿Cómo su casa? Sí, su casa propia, a la que pensaba mudarse ahora… Con 65 años, ¡Perico se independizaba! Solo le faltaba terminar un baño. Qué bien, le dije.

El otro día se paró a charlar en el camino, como siempre. Que no se ha mudado a aquella casa lo sé por otros vecinos. No hay que preguntar qué pasó. Las últimas veces que lo hice, que pregunté, siempre había algún detalle que le obligaba a aplazar la cosa… Ahora venía de reponer unas cepas «en lo de su hermana». No le gusta ver huecos en las líneas (aquí les dicen «líneos», como dicen «lagartijo», «motosierro» etc). Cuando una cepa muere, corriendo la reemplaza para que la simetría sea completa y no se pierda ni un metro cuadrado. Perico -es justo decirlo- tuvo mucho que ver en la renovación de la cooperativa del vino y de la almazara del pueblo (hace unos 20 años). Vale mucho para todo eso. Y es tenaz. Cansino, vuelvo a decir. Está en las juntas directivas y seguro que las decisiones que toma las toma bien. Eso sí, sin mear nunca fuera del tiesto. Sin arriesgar una perra… Y como en la cooperativa pagan la uva sin seleccionarla, al peso, a Perico, como a los demás, le interesa producir mucho (quiero decir: no repone cepas solo por el prurito estético, para que las discontinuidades en el líneo no le dañen la vista, como se la dañaba a Anastasio, por cierto, ver una sola hierba en «lo arado»). Me pasma ver pasar a Perico con su remolque cargado de uvas, año tras año, vendimia tras vendimia, cuando ya se acerca a los 70 y no hay un solo sobrino que le venga ayudar (todo lo más, el miserable Churrito).

Reinicio.
Cada año, al terminar la poda, retiramos el pie seco de alguna vieja cepa. Hasta hace nada todavía las reemplazábamos. De hecho en LRO hay 25 nuevas, que el propio Perico me ayudó a injertar en 2015 (eran 35 bravías; 10 injertos no fueron adelante). ¿Seguir reponiendo? ¿Y para qué? Con más de cincuenta años (serán 54 este verano), ¿cuántas vendimias nos quedan? ¿Diez?¿Doce? Ojalá. Pero para esas 10 vendimias hay uva de sobra. El año pasado solo hicimos una tinajilla de 300 litros. Nos dimos el lujo de seleccionar uno a uno los racimos, ¡casi las uvas!, y de ir echándolos lentamente en la despalilladora.
El nuevo plan es este: 1. hacer menos vino pero mejor, y 2. cuidar con esmero todos los retoños de encina que vayan saliendo por la viña. Como no se ara, dejar incluso matas de cantueso y santolina por las calles (no todas; hay que poder vendimiar). Mantener los dos desbroces anuales. Cavar los pies si hay tiempo y ganas. Seguir sin echar azufre ni cobre (autorizados en viticultura orgánica; pero hace ya cinco años que detuvimos los tratamientos). Sólo sol y agua de lluvia. Devolver los hollejos a la viña después de prensados. Ir empezando la transición hacia… otra cosa. Cuidar más los árboles, que es lo que quedará detrás cuando las viñas «se pierdan», es decir, cuando nadie venga ya a podarlas. Reservar el agua para los árboles. Protegerlos de los corzos, que despellejan las cortezas tiernas -y no pocas veces llegan al cambium- cuando usan troncos y ramas para desprenderse del terciopelo, esa especie de tela que cubre, como papel de regalo, sus cuernas recién estrenadas. Seleccionar, refaldar y dar forma incluso a los retoños de melojo. A los brinzales de pino piñonero. A cada almendra enterrada que quiera germinar. ¿Plantar más olivos?
Ya iremos viendo.

Tulipán adentro

Los tulipanes están hechos para el interior. NO para ablandarse bajo la niebla de buena mañana y cocerse después a mediodía, al (más que traicionero) sol de abril. Los tulipanes no cuadran, creo yo, con nada de lo que hay ahí fuera: tienen esa silueta tan poco casual y esos colores casi siempre tan chillones, tan pop, de los que no es posible apartar la mirada… Si un chaparrón les hace bajar la cabeza no por ello nos conmueven más, como sí haría un grupo de narcisos -flexibles y sufridos- goteando lluvia sin una queja. No, nunca me han gustado los tulipanes fuera de un jarrón. Prefiero cortarlos en el jardín cuando están a punto de abrirse y llevármelos a casa. Bien mimados aquí dentro, al abrigo de una ventana que mire al este o al sur, detrás de un visillo de algodón, rodeados de blanco (¡no de verde!), las flores de tulipán se convierten en el punto de fuga de la habitación. Es lo primero que vemos al entrar. Lo último que comprobamos al salir.
(Y en el campo, mientras tanto, la planta que ha quedado en el macizo -con todas sus hojas intactas-, seguirá fotosintetizando: acumulando reservas en el bulbo para la próxima primavera.)

La casca de los almendrucos

Severo y Miguel Manduca el otoño anterior a la pandemia. El sistema del bloque de hormigón permite quitar después la corteza con más facilidad. Hay un paisano que compra los sacos en el polígono, a diferente precio según sean almendras dulces o amargas, que estas últimas también valen, pero no para comer (cosmética, aceites, no sé si piensos…). Este 2021 el precio del kilo de almendra dulce ha bajado: 70 céntimos, en vez del euro más o menos convenido desde hace unos años. Cosas que no se entienden, sin embargo: el precio de la bolsita de almendra ha subido en el súper.

Níscalos por fin

La crisis de 2009 paralizó las obras de la enésima promoción inmobiliaria del pueblo. Dos enormes pinos se salvaron de los buldóceres y, con ellos, los micelios de níscalos que fructifican puntualmente a sus pies cada año. Los perros corren por ahí. Yo voy moviendo un poco las acículas con un palo fino. Y aquí están por fin, burbujeando a unos dos o tres metros del tronco. A las máquinas les dio tiempo a empezar los movimientos de tierra. Cantuesos y jaras han recolonizado las orillas de las zonas ya excavadas, y en el fondo, que se encharca todos los inviernos, hay ranas haciendo su puesta en abril, y después todo son renacuajos, y después niños, que vienen de Madrid a pasar el fin de semana y chillan de alegría cuando ven el bullir en el agua, y tratan de pescarlos y llevárselos a casa, a esos renacuajos a medio hacer, en recipientes improvisados que después sus madres les ordenan devolver a la charca…
Ahora es octubre. Así que níscalos, que vienen a ser, en el equinoccio de otoño, como el croar de las ranas o los gritos de los niños madrileños en el de primavera. Los corto con cuidado y los guardo en la chaqueta dada la vuelta, procurando que no se me rompan mucho. Nada es como antes, ya lo sé (¿cuándo era Antes…?), pero hoy comeremos níscalos, con ajo y perejil y una copa de garnacha.

Esplendor en la hiedra

En septiembre y octubre huele a miel en el jardín. ¡No hay que podar las hiedras! No, al menos, hasta marzo. Ahora florecen y cuajan. Y también ahora, cuando tan pocas flores se ven ya por el campo, las abejas terminan de reunir sus reservas para el invierno. Después maduran las bayas; racimos densos, de color negro mate, que alimentan a las tórtolas turcas que empiezan a verse por aquí, rondando los comederos de los perros y los gatos (jugándose la vida, de hecho: más les valía meterse entre la hiedra y no salir). En el vídeo también se ven avispas. Se las distingue bien por la librea amarilla/negra, muy marcada, y porque no tienen ni pelambrera (las abejas sí; unas más y otras menos) ni corbículas de polen en las patas traseras.

Esta es una abeja de la miel, una abeja «común», Apis mellifera, que murió en acto de servicio al pie de la hiedra que cubre el tejadillo de la entrada de la bodega. Hay otras que se le parecen. Las del género Colletes , las del género Andrena... se distinguen principalmente (i.e., ante la duda, hay que mirar ahí) por la venación de las alas y por el tamaño y forma de la lengua. Apis, Colletes, Andrena y alguna más tienen en común las tres celdillas submarginales (sm, en la foto de abajo). Mi abeja es Apis mellifera porque la celdilla marginal (m) llega casi al extremo del ala. Además, porque tiene la lengua larga y fina de las abejas del género. Además, por esas patas planas características que le cuelgan en vuelo, literalmente «cargadas hasta las trancas»… (Link: M.Chinery, guía de insectos + http://www.abejassilvestres.es/resources.html – o directamente: //www.abejassilvestres.es/media/Chuleta_id_abejas.pdf)