Cómo se riega un cactus

cómo se riegan los cactus       Así.

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Espera

chaque jourNo hay nubes ni sombra de nubes. Cielo azul, sol subiendo en el horizonte. Hoy 6 de mayo llegaremos a los 30 grados. Es un poco pronto para sentarse a esperar – la palabra, el verbo más repetido en este blog- pero no se puede hacer nada. Bueno, quizá decidirse a construir esa tercera alberca de ladrillo y piedra en la que llevamos años pensando. Y renunciar (otra de esas palabras cotidianas) a la mitad de los tomates y pimientos previstos. En espera de la lluvia, lo único prudente es ir empezando a segar la hierba,  estrenar ¡por fin! la elegante, ligera, preciosa  guadaña asturiana de mi amigo Rubén…

A las truchas del malecón/no les gusta el hormigón

ribera junto al malecónNuestros corresponsales en la provincia de Lugo nos acaban de hacer llegar el texto que reproduzco a continuación. Los alisos del río  Sarria  empezarán a ser talados esta semana para proceder al encauzamiento del río (completamente inútil en este tramo, como se explica más abajo).  Las obras previas se iniciaron en vísperas de Nochebuena,  poco después de dar su bendición las autoridades. Pero explicar las cosas (¡despacio y bien!), y no digamos movilizar a la gente, es trabajoso y lento… mucho más lento, desde luego, que mandar unas palas excavadoras a destrozar la ribera del río. Se están recogiendo firmas para detener la tala de los árboles, la destrucción de los nidos de los martines pescadores, los mirlos acuáticos…Es un poco loco pedir firmas a estas alturas, pero ¿qué otra cosa se puede hacer?. Por favor, lean ustedes con atención el texto que sigue y firmen, si están de acuerdo, la petición:

A finales de 2013 se ha iniciado la ejecución del proyecto de encauzamiento del río Sarria a su paso por la localidad del mismo nombre en la provincia de Lugo.

El plan de encauzamiento contempla una agresiva intervención sobre la configuración (movimientos de tierras) y la vegetación (tala masiva de árboles) de las riberas, islas y presas del río en la zona afectada por esta primera fase del proyecto.

El río Sarria discurre acompañado por un bosque de ribera formado principalmente por alisos (Alnus glutinosa) que, tal y como se constata en el propio proyecto (pág. 13 del Anejo 21, “Documento ambiental”) “posee gran valor ambiental”. Esta vegetación de ribera se encuadra en el hábitat prioritario 91E0 (Bosques aluviales de Alnus glutinosa y Fraxinus excelsior).  Incluso en el tramo urbano, el río Sarria conserva una vegetación arbórea autóctona considerable y en buen estado.
Pues bien, a partir del 8 de enero se iniciará la tala de 178 árboles que forman parte de ese bosque de ribera de reconocido valor ambiental y paisajístico y, a continuación, el movimiento de tierras que tendrá por resultado la modificación del cauce y la destrucción de parte de las riberas e islas.
La “Plataforma sarriana polo río”
(https://www.facebook.com/salvemosoriosarria?ref=stream)  está recogiendo firmas para apoyar una solicitud dirigida a la Confederación Hidrográfica Miño-Sil y al Ayuntamiento de Sarria a fin de que se paralicen las obras, en particular, la inminente tala masiva de los árboles de ribera, y se consideren alternativas al actual proyecto. La petición puede ser firmada en este link:

https://www.change.org/es/peticiones/confederaci%C3%B3n-hidrogr%C3%A1fica-mi%C3%B1o-sil-concello-de-sarria-unha-pr%C3%B3rroga-que-permita-a-reconsideraci%C3%B3n-do-plan-de-adecuaci%C3%B3n-de-cauce-y-ordenaci%C3%B3n-de-m%C3%A1rgenes-de-los-r%C3%ADos-sarria-y-celeiro-1a-fase

muiñoEl objetivo declarado del proyecto de encauzamiento es reducir el riesgo de inundación en la villa de Sarria. Sin embargo, ¿justifica tal objetivo una intervención tan agresiva? Desde 1890 Sarria ha sufrido una gran riada en el año 1909 y otras tres o cuatro de menor intensidad que causaron la entrada de agua en los edificios más próximos al río. ¿El reducir la frecuencia o los efectos de esas inundaciones, ya que no es posible eliminarlas, compensa el coste en términos medioambientales y paisajísticos, y también económicos, de este proyecto? La intervención proyectada sólo tendrá efectos limitados sobre la reducción del riesgo de inundaciones. Tradicionalmente el río se sale de su cauce aguas arriba y llega al pueblo atravesando los terrenos de labor o prados y vegas inundables naturales que lo bordean. En lugar de constituir una protección, la elevación artificial de la ribera del río que resultará del movimiento de tierras contemplado en el proyecto, el levantamiento de barreras adicionales, podría, por el contrario, en caso de inundaciones excepcionales, dificultar el desalojo de las aguas, agravando así los daños. La “Plataforma sarriana polo río” argumenta que cierto número de intervenciones menos agresivas, bien localizadas, probablemente con menor coste económico, contribuirían sin duda a reducir el riesgo de inundación sin necesidad de destruir la riqueza medioambiental y paisajística de las riberas e islas del río Sarria. Y no solo la vegetación y el paisaje se verán afectados por este proyecto. La destrucción de elementos del patrimonio cultural, como el llamado “Ponte de Ferro”, construido en 1890, no ha suscitado ninguna reacción de las autoridades encargadas de su protección.”

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ADDENDA, día 20 de enero:
Adjunto fotos sobre el estado actual del río y el estado futuro de llevarse a cabo el proyecto. Las superficies pintadas de verde claro en la foto 2 , y que reemplazan a las frondosas copas de los árboles actuales, se corresponden mayoritariamente con zonas de cesped. Harían falta muy buenos argumentos (¡y aquí no los vemos por ningún lado!) para acabar con un bosque de ribera maduro, con tantas décadas de vida a sus espaldas.  Más información, en la web de la “Plataforma sarriana polo río”:
2Perimetro_actuación   4Estado futuro

Los ratones bien, gracias

Febrero 2009-hoy

ratoncillo en la casillaLa parte baja de la finca es una explanada llana de más o menos media hectárea. Está en el punto más alejado del manantial y la alberca.  Enseguida, nada más llegar a LRO, decidimos que esa explanada quedaría sin cultivar.  Pero para recuperar el suelo,  destrozado por años de arado y erosión (Véase “Arar o no arar”, el primer post publicado en este blog), ya ese primer invierno, deprisa y corriendo, se sembraron varios kilos de semillas silvestres (una mezcla de meliloto, mostaza blanca, amapola, algo de festuca, etc).  Al año siguiente plantamos una docena de encinas, algunos pinos,  ocho pistacheros, y dos olivitos ‘Cornicabra’.
Bueno, la historia que quería contar hoy es la del estanque artificial que excavamos  a continuación en esta explanada, que por entonces empezamos a llamar “pradera”.  Un señor del pueblo vino con su tractor y fue abriendo el agujero del estanque. (Con la tierra que sacaba nivelamos ese mismo día el terreno frente a la casilla). Hecho el agujero, suavizamos a mano el interior, preparamos dos diferentes niveles –como dos estanterías-  y limpiamos bien todo de piedras, raíces, etc.  Y entonces compramos la lona de caucho. Caucho, dijimos, que aunque sea caro, dura muchísimo más que las lonas de polietileno que venden por ahí (y que se agrietan con el sol). En ningún centro de jardinería lo vendían, así que nos pusimos a buscar directamente al fabricante. Escribimos a la central de Firestone en Bruselas. Nos envió la dirección de un distribuidor en Madrid, el cual, en aquel momento al menos, prácticamente sólo servía a grandes agricultores (caucho para balsas agrícolas, en levante y en el sur).  Nos fuimos al polígono de Coslada donde este hombre almacenaba sus lonas.  Con mil trabajos nos preparó un enorme paquete de lona de caucho plegada, que pasaba un quintal, y lo metimos entre todos en la furgoneta. Ell capricho de la lona nos salió en 300 euros.
Y entonces empezó a llover.
Guardamos el paquete  encima de un palé, al fondo de la bodega, cubierto con una segunda lona de plástico. Pasó un mes. Yo me lié con algo del trabajo, no recuerdo lo qué. No encontrábamos el momento para ir a terminar el estanque. Pasó otro mes…
…Y por fin, una preciosa y helada mañana de finales de febrero,  nos pusimos a ello. Primero extendimos por el fondo del estanque un fieltro geotextil, para proteger el carísimo caucho de hierbas, bichos, y demás. Después  fuimos a por la lona. La sacamos al sol y empezamos a abrirla…. Y del fondo del primer pliegue salieron arrastrándose, completamente ciegos, transparentes como el celofán, una media docena de ratoncillos recién nacidos.
A la carrera, con el corazón acelerado, volvimos a plegar el caucho procurando no aplastar a aquellas mingurrias, casi extraterrestres, de puro frágiles e inmateriales, y lo recolocamos todo donde estaba, al fondo de la bodega.

Dos meses después, ya era primavera.
Volvimos a coger la lona. Volvimos a abrirla, esta vez con muchísimo más cuidado. Los ratones habían terminado de crecer y se habían ido, como calculábamos. Detrás habían dejado musgo, tierra, excrementos. Y, qué sé yo, ¿dos, tres docenas de agujeros?. La lona  parecía un colador.
Vuelta a llamar al tío de Coslada. No nos coge nadie. Vamos hasta allí, y un cartel en el portalón del garaje nos indica que se han trasladado a Humanes. Venga para Humanes.  No le contamos la razón de los agujeros, pero le exponemos  por encima, sin entrar en mucho detalle, el problema que tenemos…. Nos vende, por la módica cantidad de 90 euros, un tubo de caucho líquido con su aplicador (estilo silicona). El truco está en tapar las “fugas” de una tirada, es decir, usando todo el producto. Porque una vez abierto se seca, se endurece, y ya no hay manera de extenderlo (como los tubos de dentífrico, pero en caucho negro, pegajoso, endemoniado). Antes, con unas tijeras de pescado, hay que ir cortando retalillos por las esquinas sanas de la lona.  Retalillos para pegar en los agujeros uno a uno, que previamente hay que marcar con tiza…
En fin, de esto hace cuatro años. El estanque está bonito. Quisiera tener más tiempo para adecentar las orillas, y para empezar a poner coto a los rizomas de espadañas (Typha minima, que la otra, la grande, es incontrolable). Pero bueno, la idea original, que era crear un punto de agua, un bebedero, en el punto más alejado de la alberca, está conseguido. En otros post han ido saliendo algunos de los habitantes de este estanque. Ranas, sapos, culebrillas de agua, libélulas, notonectas… Estoy segura de que de noche bajan a beber los zorros, los jabalíes, los conejos. Todo el mundo.  ¿Y los ratones?. Los ratones bien, gracias. Creo que no se acercan mucho por esta zona. Los oigo corretear por la bodega cada vez que entro.  Anidan entre las macetas, bajo la mesa. Pero con cualquier cosa se arreglan: una caja vieja, unos sacos doblados, unas hilas que quedaron por ahí olvidadas. Y si dejo una katiuska tirada, en dos días, qué digo, en unas horas, me la llenan de almendras y musgo.
Iris bastardos+sol poniente junio

Ríos (1)

Julio 2012

¿He contado ya que en LRO coleccionamos ríos?. Los tenemos guardados en una tinaja de arcilla, detrás de la casilla. En lo más duro del verano, cuando el calor nos tiene a todos acogotados, abrimos unos segundos el pitorro de la tinaja y dejamos salir un río, el que sea, para que nos refresque un poco los ojos . Hoy ha salido disparada La Romanche, que nace en los Alpes franceses -un torrente alocado, como todos por allí- y baja dando brincos hasta Grenoble, donde ya parece otra, amansada por la llanura y (sobre todo) por las presas de EDF (Électricité de France). La he soltado un rato ahí delante (ahí arriba), y  me ha hecho recordar que todavía hay sitios donde llueve, donde nieva, donde las rocas se cubren de musgo y los manantiales no se secan.

¡Agua, San Marcos!

Puente de mayo

¡Agua, San Marcos, Rey de los Charcos! para mi olivito que está crecidito, para mi aceituna ¡que ya tengo UNA!

Por fin ha llovido un poco.  El campo está aliviado y huele a flores. Ayer quemamos los sarmientos (los restos de la poda de las viñas). Hoy plantaré las primeras cebollas. Por todas partes están en flor los jaramagos, con un mes de retraso pero ahí están. Amarillo azufre, que es el color de la flor de la mayoría de las crucíferas (ahora llamadas Brasicáceas, familia de las coles, que sí tienen algo de azufre, y por eso huelen así las coliflores cuando se cuecen). Más al norte está ya en flor la colza. Y todavía más al norte, Ródano arriba, la mostaza.

Hace tres años plantamos entre las viñas 26 olivos de la variedad arbequina. Los 26 siguen vivos, prueba definitiva de su buen carácter, porque apenas tengo tiempo para cuidarlos. Unos puñados de humus de lombriz cuando me acuerdo y dos riegos anuales (¡como mucho!) cuando el calor aprieta. Ya han empezado a producir, y eso que miden poco más de un metro. Las arbequinas son unas aceitunas canijas, redondas y negras, como canicas. De momento son tan pocas que las mezclamos en el mismo saco de las restantes aceitunas de la finca (manzanillas en su mayor parte). Hace quince días fuimos a recoger las garrafas de aceite. ¡Qué bueno es, qué espeso y qué oloroso!. Más cosas. Ya no se oye el reclamo de las perdices. Las golondrinas aparecieron hace un par de semanas. Hemos visto a los primeros alcaudones. Una oropéndola.  Y el que no descansa ni un sólo día es el cuco. A ver si un día lo grabo y lo cuelgo aquí. Canta por la mañana y al atardecer, siempre en el mismo tono,  lineal, exigente,  cansino como un disco rallado.

No temas

Marzo 2012

No  temas, me dijo Alberto el año pasado. Todo irá bien, si no es de una manera será de otra. Alberto es un tío tranquilo. Cultiva su huerto –un huerto hermoso– no muy lejos de LRO, y también lo riega con agua de manantial. Pero sigue sin llover. Sigue sin llover, ya va para cuatro meses largos, y no sé ni cómo tenemos ánimos para escribir nada en el blog. Esta semana se plantarán los puerros, las acelgas, las primeras lechugas. Hay que seguir, como si no pasara nada, como dice Alberto, y esperar.

(En el muro: “as coisas boas da vida nâo som pra covardes!”)

No llueve

Ad marginem, P. Klee,
Museo de Basilea.

Tres meses y medio sin llover. No llueve. No llovió ayer ni lloverá hoy.

Los almendros están floreciendo pero ninguno dará fruta. Los arboles que se plantaron en LRO este invierno (seis) no van a enraizar. Los pájaros, como ése del cuadro, no saben ni dónde meterse. ¿Qué toca hacer ahora, pensarán?. Siempre el mismo solazo plantado en medio del cielo. Los que hayan sembrado cereales de invierno se quedarán sin nada. No cae ni una gota. Las frambuesas, ya bastante enfermas, no pasarán de este año.

Aquí empieza todo

Diciembre 2011

Todo empieza aquí. Pendiente arriba, en el agua subterránea que se acumula en esta gruta, al pie de nuestra enorme higuera. Sin el agua nada tendría sentido. No habría Rama de Oro, ni plantaciones, ni árboles, ni planes, ni blog. Nada.

Bajando hacia la finca, las terrazas del tío Victoriano van reteniendo el agua que se filtra y desciende por gravedad desde lo alto. En tiempos regaban por surcos (a manta). De las tres albercas primitivas –según nos contó el anterior propietario– sólo queda una. Él y sus hermanos echaron abajo las otras dos, por innecesarias, dizque, y porque comían espacio en la huerta. Es verdad que desde la invención de las tuberías de polietileno todo ha cambiado (habrá que escribir una entrada sobre el riego, que da para mucho). Pero las albercas no sólo valen para regar. Son depósitos de agua por si hay un incendio. Piscinas de piedra llenas de ranas, libélulas, zapateros, notonectas… En el 2010 construimos una segunda alberca; en un par de años, con suerte, levantaremos una tercera. Al pie de la alberca vieja el agua rezuma entre los bloques de piedra y forma una charca que llega hasta las líneas de moras (plantación del 2007). Dejamos que la charca se llene de hierbas y lodo, para gran alegría de los jabalíes (habrá que escribir también una entrada sobre ellos) y gran desesperación del antiguo propietario, que cada vez que va por allí me dice que “cualquier día te comen las serpientes”.

Un segundo manantial –¿quizá conectado con el primero?– brota no lejos de la casilla. Hace muchos años lo enterraron, “envuelto en plástico y relleno de piedras”, y colocaron una tubería que llevara el agua –también aquí por gravedad– hasta una bañera vieja donde acostumbraban a lavarse las manos, cacharros, etc. Este segundo “manadero” tiene menos fuerza que el de arriba. Da para una bañera, no para una alberca. A principios del 2008, al construir el muro frente a la casilla, arrancamos la bañera y levantamos con ladrillos y “piedra de musgo” un pequeño pilón de menos de un metro cúbico. El agua de toda la finca es potable y riquísima.

En resumen: dos manantiales (uno caudaloso, otro no ; uno abierto, otro enterrado), dos albercas (una vieja y otra nueva, una más grande y otra menos), y un pilón junto a la casilla. Añadamos un estanque artificial, de uso exclusivo para los animales (incluida mi perra Xela), y un bebedero que enterramos en una zona sequísima, al pie de unos melojos; el bebedero se hizo aprovechando la “cáscara” semiesférica de una farola. La forramos de lona de caucho –sobras del estanque–, la enterramos, y camuflamos las orillas con palos y piedras. Se rellena con la manguera, cada vez que se riegan los árboles de esa zona. Lo frecuentan las perdices, está comprobado. Y alguna que otra rana “en tránsito”.

El agua excedente de los dos manantiales se une a la que baja en invierno desde el camino y se va hacia el cauce de pluviales, que procuramos tener más o menos limpio. Así que el agua de LRO finalmente se va al arroyo Tórtolas, de ahí al Alberche, de ahí al Tajo, y de ahí a Lisboa.

Registramos el manantial en la Confederación del Tajo en diciembre de 2007. Cuando nos llegó la autorización, instalamos un contador –que dio muchísimo la lata– y dimos por cerrado el asunto.

(…Pero no, no del todo. Aparte de esa tercera alberca a la que no renuncio, quisiera que el segundo manantial, el enterrado bajo piedra, volviera a aflorar algún día. Ya hablaremos de eso…).