Llueve, vermú, salsa de tomate

Cuarenta litros de lluvia tras el cristal de la ventana
Vermú Dabuti, de El Molar, en la Sierra Norte de Madrid.
Tres tipos de tomates cultivados en LRO este verano: los de Manduca, los de Cheché (plantones de Mariquiña, Sarria) y los «rosa» comprados en el Rincón Verde, en La Coruña. Todos empiezan a pasarse de maduración, que es como hacen mejor salsa. Tarros y tarros para el invierno. Con cebolla, un poco de ajo. Hay quien añade un trozo de pimiento rojo. Sal y azúcar.

El arte de atar los tomates

De las muchas formas que hay de hacerlo, esta es la que yo prefiero, incluso para tomateras etiquetadas como «de mata baja». Es menos exigente de lo que parece, pues el tinglado de marcos de hierro que se ve en la foto lo hemos hecho anteriormente con palos clavados en tierra y cañas cerrando el marco por arriba. En este sistema los palos, bambúes etc del sistema tradicional (especie de tipi) se reemplazan por cordeles. Descripción:

1. Entre los marcos, por arriba de todo, se van pasando alambres, cuatro o cinco, como líneas del tendido eléctrico. Se pueden hacer orificios con un taladro en el propio marco. O se atan los cables al marco, sin más, pero con sujeciones bien fuertes (¡que no se muevan cuando tengan que soportar el peso de varios kilos de tomates!)
2. Al pie de cada tomatera se clava una estaquilla, piquete… o cualquier cosa similar que sirva para atar un cordel, como los vientos de una tienda de campaña, que suba hasta el alambre del tendido que esté más cerca. Se pueden poner tantos cordeles como hagan falta, según lo vigorosa que sea la tomatera, es decir, según el número de tallos con racimos que podamos dejar con ciertas garantías de que acaben madurando… (dejarlos por dejarlos, para «ver qué pasa», es una tontuna que hacíamos mucho al principio; ya no).
3. Después iremos atando o enredando a él ( a ese cordel/»viento» que sube) cada tallo elegido. Digo «enredando» porque los tallos de la tomatera son flexibles. Se puede pasar el cordel por debajo de los racimos más cargados.
(Otra opción, alternativa a 2.: los cordeles pueden atarse directamente desde debajo de una hoja de la propia planta, sin piquetes ni nada ; si el cordel no es excesivamente fino, y el tallo no está sobrecargado de tomates – cosa que hay que evitar siempre, despuntando brotes sin piedad-, no hay riesgo de que al atarlos corten/estrangulen la tomatera).

El tinglado vale al año siguiente, o ese mismo otoño (pues aquí los otoños son largos y suaves), para unas judías trepadoras. O para echar por encima un sombrajo y cultivar debajo unas lechugas, unas acelgas, poco amigas del sol directo.

Respecto a los cherris, me reafirmo: hay que despuntarlos mucho pero, en mi opinión, no vale la pena el lío de los tutores, palos, ataduras…. Demasiado trabajo. Que se espatarren por donde quieran con un buen, buen colchón de paja debajo, o, en su defecto, unas cajas de madera a modo de cojín para levantar un poco los tallos más largos. Función de la paja/cajas: poder regar por debajo, sin mojar excesivamente la planta.

Climatéricos tomates

Recogidos ayer, sus células siguen respirando, oxidándose y produciendo gases. Así el etileno, que los tomates que han iniciado la maduración (ese rubor en la piel aún verde) sintetizan en cantidad y desprenden discretamente por el aire de la cocina. Los otros tomates, más verdes, perciben el etileno de sus vecinos, y el efecto es que su propia maduración se acelera. También lo haría (acelerarse) en presencia de otra climatérica-fruta/verdura, tal las manzanas, las peras o los plátanos. No las uvas, sin embargo; no los limones, no las fresas… ni siquiera los pimientos, que comparten la huerta de verano con los tomates. Todos se fatigan y producen etileno -¡todos hemos de morir!-  pero estos últimos, los no-climatéricos, no lo producen en suficiente cantidad, una vez arrancados, como para terminar de madurar manteniendo el tipo.
* Los tomates de la foto estarán rojos, rojos como tomates, en dos o tres días. En cuanto a esas grietas que se ven en la piel de alguno,  nada que ver con el estado de maduración, y sí mucho que ver, me parece, con la irregularidad del riego. La tierra está ya muy seca cuando la riego ( tanto como me lo permiten las reservas de agua de LRO: un día sí y un día no). Pero la tierra es arenosa, el agua se filtra enseguida… La mata de tomates, ya contraída de sed cuando yo llego, aunque se refresca, no se sacia.  El agua sube bruscamente (ávidamente) por sus tejidos, y no es de extrañar entonces que los tomates se agrieten.

Para ralentizar la crisis climatérica (=sofocos + emisión de etileno): frío. Pero prolongarles la juventud (ficticia)  será siempre a costa de perder sabor. ¿Vale la pena? No, los tomates de la nevera nunca saben a nada. 

 

Semilleros de la cuarentena

1. Calabazas

Hace tres semanas. Sembradas en fibra de coco, a dos centímetros de profundidad (la uña del dedo y hasta la falange, más/menos). Riego por pulverización. Bien tapadas. La humedad y el calor ablandarán el tegumento de la semilla, y el embrión, al desperezarse, lo partirá. Se airean todos los días, pero sin pasarse (que no se enfríe ni seque el sustrato). Cuando el tallo ha crecido un palmo, o casi, y se han formado ya dos o tres hojas verdaderas (las dos primeras eran aún los cotiledones, hojas embrionarias) hay que ir pensando en plantar fuera, o bien en repicar las plántulas en un sustrato más rico en nutrientes (la fibra solo tiene eso: fibra). Pero si las noches son aún frescas, que lo son, o podrían serlo, los semilleros se pueden dejar algunos días más tapados. Las hojas  están transpirando y fotosintetizando. La «tapadera», entonces, ha de ser transparente y tener chimenea (última foto: garrafa), para que no se condense la humedad y se nos pudra todo. Riego diario, muy suave.

La hoja verdadera es muy diferente de los cotiledones

N.B. Calabazas y calabacines se pueden sembrar en el exterior desde ahora, pasado el riesgo de heladas serias. Cuando la plántula asome de la tierra -que es cuando el frío podría acabar con ella, no antes- el relativo riesgo nocturno de esta época del año ya habrá pasado del todo. El interés de sembrar dentro, en casa y con tapadera, era -además de entretenerse durante la cuarentena- el de adelantar dos semanas la germinación. ¿Vale la pena? En zonas donde el verano entra pronto, como aquí, y sin apenas transición del frío (muy moderado) al calor (intenso), no estoy muy segura… porque las semillas que se pondrán fuera -mañana mismo- crecerán tan rápido y tan fuertes que enseguida igualarán, y aún adelantarán, a las criadas al calor de la cocina, los plásticos y las garrafas recortadas..

2. Madroños de Gema

(https://laramadeoro.com/2020/02/11/futuros-madronos/)
Hay unos doce fuera de peligro. Con «hojas verdaderas» y buen aspecto. Crecen despacio, pero crecen. Seguirán donde están hasta el otoño (por lo menos) y después aún tendrán que pasar a una maceta.


3.
Tomates de Miguel Manduca
O planta ya, o empiezan a pudrírsele las plántulas, que en este momento más parecen lechugas que tomateras. Han llegado justo justo al final de la cuarentena. Como aún no tiene 70 años Miguel podrá subir a la huerta entre las 8 y las 10h, pero a su colega Severo -que pasa mucho de esa edad- solo le dejarán de 10 a 12 (lleva encerrado las siete semanas, afilando y volviendo a afilar los mismos cuchillos y tijeras en el patio de su casa). Podrán saludarse cuando se crucen; uno de subida, el otro de bajada… Wasah o su hermano, no sé bien, le ha pasado ya la mulilla a la huerta, estercolada a fondo con la basura del rebaño (basura que Miguel lleva a la huerta en Navidad, para que hoy, justamente, esté lista para recibir las plántulas de tomatera)

¡Toma tomate!

Algunas de las conclusiones a las que he llegado cultivando el huerto de LRO.
Aquí en papel: http://www.bubok.es/libros/250323/TOMA-TOMATE-EL-HUERTO-BIO-SIN-COMPLICACIONES-papel

Y aquí en pdf,   ¡más barato!: http://www.bubok.es/libros/250322/TOMA-TOMATE-EL-HUERTO-BIO-SIN-COMPLICACIONES-digital

El resumen del contenido (sin andarse mucho por las ramas), viene a ser éste (reproducido en la contraportada):

¿Cuándo y cómo debo empezar a regar las patatas? ¿Puedo plantar los ajos al lado de las fresas?, ¿y de las judías? ¿Tengo que despuntar todas las variedades de tomate? ¿Pongo el mismo soporte para las judías que para los guisantes? ¿Y para las habas? ¿Por qué amarillean y se caen los calabacines? ¿Quién tolera mejor las noches frías de otoño: la rúcula o las lechugas? ¿Debo fulminar a todos los seres vivos que se pasean por mis bancales? ¿Es lo mismo un abono que una enmienda? ¿Qué es una enmienda? ¿Y el mantillo, es lo mismo que el “compost”? ¿Qué significa aporcar? ¿Cuándo trasplanto las coles? ¿Debo preguntarle a la luna…?

Es decir, que este no es un libro para aprender a relajarse  ni para»ser feliz», ni para encontrarse uno a sí mismo ni con la Pachamama… Sólo una guía modesta sobre cómo producir hortalizas sanas en cualquier región de España. Lo que casi siempre se consigue, en mi opinión, trabajando (un poco) y  teniendo paciencia (¡mucha!)

(La mano que sostiene los tomates de la foto no es mía -la mía estaba ocupada con la cámara- sino de Mohamed, un amigo de Tánger que sabe mucho de estas cosas; pero algunos de los tomates de la foto , de hecho, son de esos híbridos raros, kumatos  o algo por el estilo, pequeños y esféricos, muy oscuros, que a él le gustan y a mí no; personalmente soy más partidaria de los tomates de toda la vida, en especial de los más feos -los morunos y Raf, cuanto más acostillados y contrahechos, más ricos- dejados a madurar dos o tres días a la sombra después de recolectados. ¡Nunca en la nevera!)

Tomates de mata baja

Tomates de mata bajaHoy vamos a tratar un asunto candente y de máxima actualidad: ¿hay que atar los tomates de mata baja o se les deja a su libre albedrío, revolcándose por el suelo?.

Anastasio, el anterior propietario de LRO, anarquista de corazón (dato que no se contradice con el hecho de llevar un calendario actualizado del Caudillo en el bolsillo de la camisa), opina que no es bueno atarlos. Que se les deje ir, que por algo son «de mata baja». Que ni se les despunta ni nada, que sólo hay que tener cuidado de plantarlos bien en lo alto de un caballón. Su amigo N., un indeseable de la cabeza a los pies, dice lo contrario: que aquí tiene que ir atado todo cristo, seas de mata alta, de mata baja, o independiente (a éste se le ata más fuerte).

A mí me parece que, más que atar, hay que  despuntar un poco -no dejar más de tres o cuatro tallos, que en este caso, por tratarse de «matas bajas», salen juntos de la tierra- y después ir colocándoles confortables almohadones a los tomates ya bien cuajados. Almohadones de paja, o bien cajas de madera, las de la fruta, que andan tiradas por la calle los días de mercado. Combino ambas cosas. Haría falta mucha paja para poder almohadillarlo todo. Por aquí hago el acolchado más espeso, por allá levanto las ramas de las tomateras y voy calzando cajas de fruta. Una tercera opción, trabajosísima, es preparar unas andarillas con palos y cuerdas. Con el tiempo he conseguido limitar las andarillas a una mera «barandilla» de bambú,  de la que cuelgan los racimos a unos veinte o treinta centímetros del suelo, y que en algunas matas  -especialmente poductivas y aparatosas- combino a su vez con los almohadones de paja y con las cajas de madera. Rápido resumen de los 3 métodos, que para nada se excluyen entre sí:

Mi vecino Alberto sólo utiliza "barandillas". A mí no me gusta ver la tierra tan desnuda,

Mi vecino Alberto sólo utiliza «barandillas». A mí no me gusta tener la tierra tan desnuda.

  • la ventaja de la barandilla es que mantiene ventilados los pies de la tomatera; la desventaja, que requiere tiempo y material;
  •  el sistema de los almohadones tiene las ventajas de cualquier acolchado orgánico; la desventaja es que hace falta mucha, mucha cantidad de paja, y que da un poco de miedo en zonas donde se pasa de los 40º desde mediados de julio;
  • la ventaja de las cajas es su facliidad, y que cualquiera puede conseguirlas en la calle o en la puerta del frutero; pero tienen la desventaja de que hay que andar moviéndolas para poder regar al pie de las tomateras, o para quitar las hojas enfermizas de la parte baja de la mata…

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¡IMPORTANTE!. Últimas noticias desde Sarria (para los que no estén al tanto: pínchese la etiqueta «mollámonos polo río»)

Los miembros de la Plataforma, los que se la jugaron para salvar los árboles, y siguen jugándosela para salvar los puentes, han recibido estos últimos días 35 multas por sus actuaciones los días 24 y 25 de marzo.
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/07/03/galicia/1404413592_678843.html
Desde la guardia civil hasta el subdelegado del gobierno han reconocido que ni en el desalojo ni en la manifestación hubo altercados de ninguna clase. ¡Pero si por no haber no hubo ni pintadas!. A ellos les da igual, es más, les da igual TODO. Como muestra de su infinita prepotencia han hecho cursar las 35 multas, que suman la bonita cifra de 20.550 euros. Aunque se van a recurrir, ya está abierta una cuenta para recaudar fondos. Si todos contribuimos con lo que podamos al final ganaremos la partida. El camino corto y  fácil es quemarles la barraca a esta gentuza. El camino largo, pero más seguro y honorable, es  resistir. Resistir a la japonesa.
El dinero de la cuenta que no sea necesario usar (y ojalá sea mucho), se donará a varias ONGs. Por favor,  AYÚDENNOS A PLANTARLE CARA A LA CONFEDERACION HIDROGRAFICA, EL ALCALDE, LOS CONSELLEIROS, Y LA MINISTRA DE MEDIO AMBIENTE:

http://www.plataformariosarria.org/colabora/donar/

Camino al solsticio

Mediados de noviembre

El año suele comenzar a finales de febrero, lentamente, entre amarillos y blancos; y termina hacia mediados de noviembre, todavía más lentamente, entre naranjas y rojos. El amarillo  de los jaramagos y el blanco de los almendros. El naranja de los zumaques, el rojo de los terebintos. De aquí en adelante los colores se apagan y todo se ralentiza.

Está lloviendo bastante desde hace tres semanas. Da gusto escuchar el repiqueteo del agua en el pilón y quedarse en la casilla mirando a las musarañas (a las salamanquesas, más bien, que todavía no se han retirado a sus cubiles de invierno). Da gusto no hacer nada. O mejor aún, repasar las cosas que fueron bien, olvidarse alegremente de las que fueron mal, y empezar a echar cuentas frente al fuego de la chimenea, un año más: tantos tomates pondremos el próximo abril, tantos pimientos, tantas cebollas…La huerta está levantada. Los tutores reutilizables limpios y recogidos. Las cuerdas, sombrajos, mangueras, cubos y capachos, todo está ya a cubierto. Las calabazas, ordenadas en la fresquera. Y los cestos con los últimos pimientos, berenjenas y calabacines, que se conservarán, con suerte, un par de semanas. En casa, en el suelo de la galería, he colocado tres cajas  de tomates verdes; terminarán de madurar ahí mismo, mejor o peor…  En LRO todavía no nos hemos planteado poner algún tunel de plástico y prolongar la producción en pleno invierno. Lo que no significa que las huertas se queden vacías. Una línea de alcachofas. Varias líneas de coliflor y brécol. Los ajos que plantaremos este fin de semana. En cuatro puntos diferentes he cavado la «trampa para grillotopos» (recomendación de Lansky), rellena de estiércol y mantillo. Ayer, mientras las preparaba, un sapo agazapado entre la paja de las judías (ya heladas) me advirtió del error que sería pasar la mulilla. No. La tierra se queda como está. Pero los días se acortan a toda velocidad: hay que acolchar con paja -o con lo que haya; me temo que sólo hojarasca y ramas rotas-  las alcachofas, la docena de escarolas que aún no hemos arrancado, las últimas acelgas, y aporcar bien el pie de las coles para que el viento no las venza. No son éstos los únicos trabajos. He cargado la furgoneta de estiércol en el tinao del pastor (a cambio: castañas de mi tierra y pienso para sus perros). Voy extendiéndolo donde en febrero se plantarán las patatas precoces. Aunque me da mucha pereza, tengo que hacer también otras  cosas: limpiar con la azada el cauce del arroyo («arroyo de pluviales», le dicen);  limpiar y reinstalar el contador del manantial (que en su día, en medio del escarnio general de los vecinos, legalizamos ante la Confederación del Tajo); reponer en las lindes las últimas estacas que nos han robado; colocar las tejas en la bodega;  preparar el licor de endrinas (esto no me da pereza), para que podamos empezar a beberlo en abril; desatascar el tubo que lleva el agua desde el manantial de la higuera hasta la alberca ( higos podridos y hojas secas lo atascan todos los años); cocer y cocer y seguir cociendo salsa de tomate.; cocer y seguir cociendo pisto/ratatouille; descongelar las moras y hacer ya la mermelada; y el membrillo.  Y el trabajo más importante:  ir picando con motosierra y serrote los árboles que se han secado. Dos encinas. Un enorme melojo, en el que todavía este año anidó una pareja de tórtolas (antes las había a miles, me dicen; ahora apenas un par de parejas, cosa que a los cazadores no parece importarles ni mucho ni poco). No voy a abrirme las carnes llorando por esos árboles. Lo que sí haré, ya esta semana, es plantar tres quejigos, o tres pinos carrascos, o tres enebros de la miera, en sustitución de cada uno de los caídos. (Lo que suma: nueve árboles).

Un zorzal en la higuera, que ya esta casi pelada

…El próximo día trece este blog cumplirá un año y dos meses. Ya va tocando descansar.  Engrasarse bien, dejarse crecer el pelo, leer.  Nada del otro mundo: sólo aletargase un poco hasta después del solsticio, como hacen los sapos, las culebras bastardas…Y regresar con la luz, apenas empiecen a hincharse las yemas de los almendros.

Tomate, tomato, tomata

30 de julio 2012

Este año hemos plantado tomates Carson, una variedad de tomates pintones, dentro del grupo de tomates «beef». Compramos el plantón a Mariano Escolar, en Fuenlabrada, que a su vez compra las semillas a la multinacional Enza Zaden. Enza Zaden hace años absorbió a Vitalis, una empresa de semillas «orgánicas», adjetivo que los franceses y  españoles reemplazamos por «ecológicas» (todo es lo mismo, y a veces esconde mucha tontería: por este mundillo hay que moverse con cuidado y no perder el sentido común). No tengo claro en qué consiste la elaboración de semillas bio (tercera denominación posible). Cero pesticidas, eso seguro. Pero las semillas de un tomate Carson, creación de laboratorio, por mucho que sean producidas d´ores et déjà sin tratamientos químicos , nunca podrán ser  100% naturales (ecologicas, orgánicas, bio…), como, pongamos por caso, las que guardaba mi abuela de un año para otro en sobrecitos hechos con papel de periódico. Para hacerse un banco de semillas propio, seguido del correspondiente semillero, bastaría con tener un mínimo de espacio y un mínimo de cabeza (cabeza planificadora y constante). Por hacer la prueba, además de los Carson, hemos sembrado tomates Negros de Crimea, procedentes de un sobre certificado bio (ecológico, etc) de la casa Clemente Viven. Trasplanté las pequeñas tomateras Negras cuando las Carson ya empezaban a cuajar, con la idea de que se solapasen las producciones, y poder tener tomates hasta principios de noviembre.  A ver cómo va la cosa.  Ahora los Carson están hermosos y los Negros llenándose de flores…

Un día de estos iré a un mercadillo de variedades antiguas, y entonces sí me plantearé en serio empezar a guardar yo semillas de un año para otro. De momento, tratándose de variedades manipuladas genéticamente, me parece una bobada. (No lo hago por fundamentalismo, ciertamente, pues ya digo que no tengo problema en plantarlas…. Pero es que para eso, para seguir reproduciendo esas variedades, prefiero seguir comprando las semillas al profesional que vive de eso y que controla todo el proceso bastante mejor que yo.)

Y por si todavía queda alguien sin ver este vídeo tomatero de Veterinarios sin Fronteras, ahí va el link:

Purin de ortiga+tomates

Mayo 2012

¿Cómo se planta una tomatera?. En una lasaña o un huerto normal, bien acolchado con paja: el cepelloncito de la tomatera se coloca al fondo, doblando el tallo, para que quede más superficie de éste enterrada; la tomatera arraiga con facilidad, por eso es bueno enterrar bien el tallo, hasta las dos primeras hojas, porque todo lo que quede bajo tierra se llenará de raíces. La planta quedará mejor anclada y la absorción de agua y nutrientes será mayor. Está comprobado: no hay el menor riesgo de asfixia. Pero no hay que apelmazar mucho la tierra en torno al cuello. Un primer riego de purin de ortiga disuelto en agua hará  que la tierra se pegue bien a las raíces, sin necesidad de nada más.

¿Y cuándo se plantan?. Aquí, con clima continental, por San Isidro,  una vez pasados los “Santos del Hielo” (Saints de Glace, dicen en Francia, y también dicen que pasan entre el 11 y el 13 de mayo, llevándose con ellos las últimas heladas nocturnas). Por lo que hemos observado estos años, no se adelanta nada -¡al contrario!- plantando antes los tomates.

Este año me traje las ortigas de Galicia hace más de un mes…Por aquí no caía una gota, y no podía saber si iba a tener o no ortigas frescas para mayo, para el momento de pasar a la huerta las plantas de tomate. La verdad es que han salido algunas por la orilla del camino, pero pocas y precozmente subidas a flor ( no valen para hacer purin). Los autores de Purin d´ortie & Co. (1) se hartan de decir que debemos utilizar la palabra “extracto fermentado” en vez de purin, pero cuesta trabajo acostumbrarse al palabro.  Cuestiones de nomenclatura aparte, ¿por qué es imprescindible el purin/extracto de ortiga en el huerto ecológico?. Porque es una bomba de nitrógeno, algo así como el “aire” en el motor de explosión.  La arrancada de los tomates que se riegan con purin es espectacular. Crecen derechitos, optimistas y robustos. Se le atribuyen además ciertas propiedades insectífugas, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta el pestazo que sale del cubo…Yo he podido comprobar personalmente las virtudes del purin de ortiga como abono “starter” en las plantas más golosas de la huerta; tomates, pimientos, berenjenas, calabacín. Y en los rosales un poco alicaídos. El purin de ortiga – y ya no digamos si además tenemos consuelda, rica en potasio- es el bálsamo que todo lo cura, y cuando no puede curarlo, al menos lo mejora y fortalece.

La receta clásica: 10 litros de agua por kilo de hojas frescas (si están picadas mejor). Se deja unos días a la sombra, tapado, pero se destapa cada día para revolverlo un poco con un palo. La cosa está lista cuando salen burbujas (=fermentación). Entonces se filtra –con un saco, unas toallas viejas…- y se guarda en garrafas, si puede ser opacas. Se coloca en un lugar fresco y oscuro. Dura varias semanas. Se usa rebajándolo con agua, al 10% (es decir, una parte de purín y nueve de agua) si se va a regar al pie de la planta;  al 5% si se va a pulverizar sobre las hojas (abono foliar), y sin diluir contra pulgones y ácaros.

(1)  B.Bertrand &J.P.Collaert, éd.de Terran, traducido aquí como Plantas para curar plantas, La Fertilidad de la Tierra Ediciones, 2007

Cosas que he aprendido sobre los tomates en estos dos últimos años (3ª parte)

8. Que aprender a despuntar es una de las claves del éxito. Despuntar desde que la planta es pequeña. Despuntar radicalmente si el tomate es tipo enredadera, hasta el punto de no dejar más que un brote que vaya estirándose (bien atado a los tutores). Se le dejan formar 4 ó 5 racimos… y a correr. A partir de ahí se despunta también el brote terminal. No interesa que crezca ni que florezca más. ¡Interesa que maduren bien los seleccionados!. Que corra el aire, y que la planta no se venza por sobrepeso. Aprender a despuntar, de hecho, es aprender a renunciar. A los tomates-enredadera les basta un tutor individual. A mí me gustan más los palos normales, (poda de frutales, encinas…), porque los bambús y las cañas son resbaladizos. O unas barras de hierro corrugado.

9. Que hay que despuntar menos si es un tipo “mata baja”. Con todo y eso, y por mucho que me diga el del vivero que a estos se les deja a su aire… De eso nada. También a estos hay que despuntarlos. Pero es verdad que no tan radicalmente como a los enredadera porque, aunque así lo hiciéramos, la planta seguiría produciendo sin parar retoños. Lo que he aprendido es que a estos les viene bien una trama de tutores: cuatro postes a la misma altura y unas tablillas fuertes clavadas encima.  Según la longitud, y usando el sentido común, se pueden colocar varias tomateras debajo de cada estructura. La cosa consiste en ir atando cordeles desde la axila de las hojas de cada rama a esa especie de secadero o tendedero para ropa. A lo largo de estos dos años he sudado mucho para mantener erguidas las tomateras. Este sistema que describo es lo que tengo pensado para la huerta del 2012. A ver si a la tercera va la vencida.

10. Que con los cherris lo más sensato es relajarse y disfrutar. Haga lo que haga, los cherris acaban revolcándose por el suelo. Así que lo dicho. Despuntes terminales para que no me coman las calles entre líneas, y unas cuerdas aquí o allá, por las orillas, para poder regar sin mojar completamente las hojas (que de todos modos se mojan).

En la foto se ve el sistema del primer año: una caña horizontal sostenida por dos cruces de cañas, como en un secadero. Pero no fue suficiente, porque todos los cordeles iban al mismo punto y, al crecer la planta, se acababan apelotonando mucho las hojas en el centro. Mejor hubiera sido tener dos cañas horizontales, para que las ramas de la tomatera pudieran seguir abiertas, bien separadas, y que el aire y la luz circularan mejor.