Serenata do Toleiro

“Una gran parte de los respaldos de la Plataforma son de gente que no es de Sarria… no tienen ni idea del conflicto que se está desarrollando“. Palabras del alcalde, el día en que le dejaron quedar las 6844 firmas conseguidas contra el Plan de Encauzamiento.

Música de fondo, para ir leyendo el post relajados (y olvidarse del alcalde):

No había ninguna razón para tirar el Puente do Toleiro, pero lo han tirado. En el propio proyecto se decía que no era un obstáculo al paso del agua durante las crecidas del río.  Pero lo tiraron. Como nada tiene valor, como nada significa nada, se encogieron de hombros y lo tiraron. Un arqueólogo recomendó conservar los pilares de pizarra en algún parque. Ahí los ven ustedes, tendidos sobre la hierba, tan perplejos como los peregrinos que estos días cruzan el río camino de Compostela…

pilares derrubados do toleiroDice el alcalde que se van a estudiar las firmas para “comprobar cantas delas son de xente de Sarria” (El Progreso, 9/5/14). Pues bien, sarrianos son los que la madrugada del 24 de febrero se encadenaron a los árboles, sarrianos los que se lanzaron en piraguas para detener el derribo do Toleiro, sarrianos los que redactan denuncias, los que organizan batucadas, los que no descansan. Sarrianos como usted, señor alcalde, no se confunda. Pero al lado de cada uno de ellos estamos unos cuantos “de fuera”, arropándolos y ayudándoles como Dios nos da a entender. No hace falta que haga ese estudio que ha anunciado, señor alcalde, no pierda el tiempo con chocholadas: ya le digo yo ahora que sí, que hay firmas en el listado que no llevan su ADN.

Yo -por ejemplo- no soy de Sarria, tiene razón el alcalde. Soy de La Coruña y vivo en un pueblo de Madrid. Parte de mi infancia y adolescencia transcurrió en una playa de la Costa da Morte, entre Laxe y Malpica, a la que dediqué una entrada en este blog hace ya tiempo. Lo retomo ahora, señor alcalde, para intentar explicarle algunas cosas.

Hace unos años, entre diciembre y febrero de 2002/2003, pasé dos meses acarreando cubos de chapapote de las playas ensuciadas por el Prestige. Entre otras, la playa de la que acabo de hablarle. Comía mi rancho entre italianos, franceses, andaluces, yankis, madrileños, colombianos…Un grupo de canadienses montaron (pagándolo todo ellos) unos pabellones para recuperar aves petroleadas. Cuando encontrábamos un cormorán, un frailecillo, un arao o un alcatraz teñido de negro, paralizado pero todavía vivo, se lo llevábamos corriendo a ellos, para que lo lavaran y trataran de salvarlo. Lo mismo hicieron unos alemanes en la carretera de Noia… y otros muchos en otros puntos de la costa. ¿Recuerda usted todo aquello?, ¿entiende al menos por qué se lo estoy contando?. Algo me dice que no. Un portugués con el que estuve limpiando la playa de Carnota, llegado desde Faro haciendo auto-stop, me dijo que al ver las imágenes en la tele no lo dudó un segundo. Él era del Algarve, sabe usted, pero se echó a la carretera y terminó aquí. “¡Coitados, os espanhois…!”, me decía, meneando la cabeza, mientras rascaba con su espátula el chapapote de las rocas.

InfografiaPasarelaTojeiro
La memoria es una cosa  muy desigualmente repartida. Alguna gente –esa especie de zombis que se pasean por esta “infografía” del futuro Toleiro (aquí arriba), en la que, por cierto, los alisos que iban a talar han sido reemplazados ¡por olivos!- cree que el mundo empieza con ellos, y por eso no se enteran de nada. Otros, por suerte, los que todavía recuerdan, se esfuerzan como locos por conservar lo que merece ser conservado. Pero para eso, para saber el valor de las cosas, pongamos  ¿el Orinoco?, no es requisito ser miembro de la etnia yanomani. ¿O resulta que sí?  ( 1)

*****
Cuando construyeron el Toleiro nuestros abuelos aún no habían nacido. Lo harían pronto, enseguida, hacia el final de la Primera Guerra mundial (por esos años los perros de Galicia empezaron a llamarse, rutinariamente, o “Kaiser” o “Trotsky”, ¿cómo se llamarían antes?). En 1909 una “chea” inédita hizo que se juntaran las aguas del río Celeiro con las del Sarria. La familia que vivía entonces en el molino del Toleiro tuvo que trepar al tejado para que la riada no los arrastrara. Los viejos contaron durante muchos años la hazaña de “Tapita”, el gran nadador, procedente de alguna de las colonias americanas recientemente perdidas: el hombre se echó al agua en taparrabos, con una cuerda fina atada a la cintura (el otro cabo quedó atado a un árbol de la orilla, quizá uno de esos ameneiros hoy amenazados); “Tapita” se sumergió para salvar la corriente, emergió de nuevo, subió al tejado y, usando una maroma gruesa hecha con cuerdas de carro, que los vecinos le hicieron llegar atada a la cuerda fina, fue pasando uno a uno a todos los del Toleiro… Los pilares del nuevo puente, el que acaban de echar abajo, empezaron a construirse poco después de este episodio (2).

Un día de 19… el padre de mi abuela descubrió, en el lapso de apenas un minuto, dos cosas: que había dejado embarazada a su novia, y que unos asuntos urgentes reclamaban su presencia inmediata en La Habana. Cogió el barco y se despidió para siempre. Quién sabe si en ese mismo trasatlántico, pero en primera clase, no viajaría también Beniamino Gigli, rumbo a Nueva York… trasatlantico hacia 19...Esa generación de abuelos es la que hizo después la guerra civil. Mi abuelo, como tantos otros,  escapó de milagro al fusilamiento. Había sido miembro de la CNT, fontanero, y el único, por lo visto, que sabía leer y escribir de su cuadrilla. Lo mandaron al Frente del Ebro a arreglar camiones. El otro abuelo – labriego reciclado en comerciante de “productos coloniales”- tenía un soplo en el corazón y se libró del reclutamiento. Era, o decía ser, franquista… Una historia bien vulgar, como la de cualquier familia (“¡…coitados, os espanhois!”). En Sarria, en el 36, unas señoras de familia bien se refugiaron en la cuadra de los cerdos de Luis “Guetas”,  republicano de buen natural, que todo cuanto hizo con sus refugiadas fue tomarles un poco el pelo, asuntándolas con relatos truculentos de lo que fingía estar viendo por la ventana (“¡Ya se llevan a Doña Pura, arrastrándola de los pelos …!”).. Pasó la República, acabó la guerra, vinieron los años oscuros…y los pilares do Toleiro siguieron firmes en el lecho del río.

Por entonces seguro que había muchos más árboles. Un bosque más espeso, más rico y estratificado. Las mujeres irían a lavar la ropa al río, como iba mi bisabuela al suyo, en una aldea de Ortigueira, a lavar los pañales de la niña que acababa de nacerle. Y lo mismo haría la abuela de usted, amable peregrino, en Algeciras, Lima, Aberdeen..o las afueras de Osaka. lavanderas ponte ribeiraEl paisaje era verde manzana, o verde pistacho, color de los carballos al brotar, y no verde plateado, como el de los eucalitpos, o verde oscuro y apagado, como el del pino de Monterrei… El granito y la pizarra se usaban tanto en los puentes como en las casas. En los hórreos donde se almacenaba el maiz. En los valados, en los camposantos, en las plazas. Con algunas diferencias de color y sabor, también se haría así, amable peregrino, en su sierra de Guadarrama, o en el Aveyron, en un pueblo de los Cárpatos, de Burgos..o de las afueras de Connecicut.

… Creo que estas viejas historias desordenadas, como esos viejos paisajes, es lo que los perroflautas de la Plataforma vemos confusamente encarnados en la pizarra del Toleiro, el granito da Ponte Ribeira, los troncos de los alisos del río. La imagen que forman árboles y puentes es un lazo directo con el pasado, el de los sarrianos en primer lugar y el de todos los gallegos en segundo, pero también con el suyo de usted, amable peregrino, y con el de cualquier persona de buena voluntad  que se empeñe en recordar y proteger las cosas valiosas. Los zombis de la infografía, producto de la mente de algún enxeñeiro da Confederación Hidrográfica, son los únicos que sobran aquí (¿…pueden imaginar  ellos las manos moradas de las lavanderas del río, las manos callosas de los hombres que levantaron el puente, su orgullo justificado al terminar la obra, el primer día que lo cruzaron…?. )

***
Mis conocimientos de física son rudimentarios (por decir algo), pero sé que hay una cosa llamada “entropía” según la cual el universo tiende a la dispersión y el desorden. Un amigo, profesor de física en un instituto de secundaria, me lo explicó hace años con un ejemplo: “entropía” es lo que se produce cuando abres un frasco de perfume y su contenido se pierde para siempre por el espacio. ¿Quién conseguiría volver a meter el perfume en su frasco?. El cosmos aspira a convertirse en caos, me explicaba pacientemente este amigo, porque el desorden es más estable. Requiere menos energía. Pero -añadía- frente al desorden del universo está la vida. La vida sin comillas, compleja y esforzada como una hoja de aliso, o, más aún, como cada una de las células que la componen. Así que el que la destroza, el que corta un árbol por pura desidia, dándole con la pala excavadora para maniobrar mejor, o porque “¡son só amieiros!”, el que tira “porque sí” el puente que levantaron nuestros bisabuelos, con pizarra traída en carros de bueyes, escogiendo una a una las piedras, colocándolas primorosamente en su sitio…el que destruye eso, el que abre el frasco de perfume y se encoge de hombros después, tiene que tener claro a lo que se expone: los que todavía tenemos memoria, en Sarria o fuera de ella, no descansaremos hasta que un juez le haga pagar BIEN CARA su estupidez.

perroflautas no río

NOTAS

(1) Esa forma de pensar se viene llamando de un tiempo a esta parte “derecho a decidir”, versión política del más castizo “yo me lo guiso/yo me lo como”. Si usted , señor alcalde, piensa que sólo los nativos tienen algo que decir sobre los árboles y puentes del Camino de Santiago (Patrimonio de la Humanidad), a su paso por Sarria, no debe acoquinarse. Sea coherente: anúncielo públicamente y llévelo hasta sus últimas consecuencias. A ver qué opinan del asunto sus compañeros de partido. Entre esto, y que ya empieza usted a hablar del “conflicto”… les va a encantar.
(2) ) Relatos recogidos en Cuentos de pueblo, cuentos de Sarria, A.Díaz, 2002

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Parole, parole, parole!

“Existe buena voluntad para llegar a un acuerdo…existe predisposición para acoger todos los cambios posibles…” (Samuel Juárez, Delegado del Gobierno en Galicia, sobre el proyecto de encauzamiento del río Sarria, en “El progreso”, 13/03/2014).

Para el que no esté muy al tanto del intríngulis: en el vídeo que sigue Alberto Lupo  es un miembro de la Confederción Hidrográfica, y Mina representa a la Plataforma Sarriana polo Río:

 

Noticias desde Sarria

  • Se han presentado escritos de denuncia a diferentes organismos. Uno de ellos, por infracciones graves de la normativa de protección del Camino Francés (Ley de protección de los Caminos de Santiago en Galicia).  Con estas denuncias “in mente”, con la campaña mediática ganada por la Plataforma, y con los árboles del río protegidos físicamente noche y día… los ingenieros y los políticos han empezado a tantear a los defensores del río, en un tono ligeramente diferente al de hace un mes.
  • Primero, la Confederación Hidrográfica Miño-Sil. Hubo reunión el martes entre los dos ingenieros responsables de la obra y varios miembros de la Plataforma. La propuesta de éstos pasa por cambiar el 85% del proyecto (proteger todos los árboles y los tres puentes antiguos). Los ingenieros fueron muy amables. Veremos cómo son después de eficaces. Hablarán con su presidente, y ya si eso nos llaman…
  • Segundo, los políticos:
    -El alcalde sigue dale que dale…aunque parece que empieza a perder fuelle.
    -Pero el Conselleiro de Medio Ambiente ha tenido que comparecer en el Parlamento Galego para explicar lo que está pasando en Sarria. De su intervención podemos quedarnos con esto: que el hombre estará muy atento a que no se dañe “el medio ambiente”, pero también a que “no se mienta ni manipule”.  Bueno, la Plataforma le ha contestado con una “carta aberta” ya publicada en el facebook. Está en gallego, pero creo que se entiende estupendamente (https://www.facebook.com/salvemosoriosarria)
    -El Delegado de Gobierno en Galicia ha asomado la cabeza. La obra depende en última instancia del Ministerio de Medio Ambiente, en el que se se integran las confederaciones hidrográficas.  Las declaraciones de este señor son insustanciales (parole, parole..). Dice que se pueden hacer “ajustes”, que hay buen rollo por su parte, pero que un retraso en la ejecución de las obras podría poner en peligro “la recepción de los fondos europeos”…
  • Y alguna noticia más, buena:
    Adega, una importante asociación ecologista de ámbito autonómico, ha propuesto la catalogación del bosque de ribera del malecón como “formación arbórea senlleira” (destacada).  Por desgracia,  sólo lo muy excepcional, lo catalogado y etiquetado, parece estar mínimamente protegido en nuestro pais, y los árboles urbanos, incluidos en el casco urbano son los que menos protección tienen. No se entiende por qué, pero esto es lo que hay a día de hoy.  Sea como sea, la iniciativa de Adega puede ayudar a salvar estos más de 170 árboles, porque, si se acepta su tramitación, habría que paralizar cautelarmente cualquier obra en el río durante seis meses. http://adega.info/web/novas.php?id=143&idioma=gl&sec=209
  • Siguen convocándose caceroladas cada poco tiempo, repartidas por diferentes barrios para que nos les toque siempre a los mismos el barullo. Sigue actualizándose el facebook, mandándose notas a la prensa. Mientras sólo haya “parole”, por muy dulces y susurrantes que empiecen a ser, los miembros de la Plataforma seguirán ojo avizor (…Caramele, non ne voglio piú!…)
  • Avanza la primavera y todo se está poniendo precioso.

Para firmar la petición de detener las obras:
http://www.change.org/es/peticiones/confederaci%C3%B3n-hidrogr%C3%A1fica-mi%C3%B1o-sil-concello-de-sarria-una-pr%C3%B3rroga-que-permita-la-reconsideraci%C3%B3n-del-plan-de-adecuaci%C3%B3n-de-cauce-y-ordenaci%C3%B3n-de-m%C3%A1rgenes-de-los-r%C3%ADos-sarria-y-celeiro-1a-fase

Coles Goldberg

col chinaBrattleboro, hacia 1985. La pianista Zhu Xiao-Mei, exiliada china en los EEUU,  trata de salir adelante trabajando en lo que puede (baby-sitter, camarera, profesora de solfeo, empleada de hogar…) . Ya ha hecho algunos contactos, también en Europa. Pero no tiene dinero, ni visado, y su edad ya no es la de una principiante (anda por los 35). Xiao-Mei busca trabajo sin descanso. Aprovecha cada minuto libre para estudiar a Bach.

“…Lo que sí sabía es que acababa de hacer el descubrimiento musical de mi vida. Las Variaciones Goldberg llenaron desde entonces mi existencia. Todo está en esa música: se puede vivir sólo con ella. La primera variación me da coraje. La segunda me hace sonreir, y cantar la tercera…danzar la vigésimo cuarta, con su aire de polonesa…meditar la número quince, y la veinticinco…
Después llega la última variación, la número treinta,  ese famoso “Quodlibet” , que me parece una especie de himno a la gloria del mundo. Cuanto más la trabajo, más me conmueve. Bach, al mezclar dos canciones populares –formando con ellas la osatura de la variación- alcanza la cima de su arte: lo profano da nacimiento a lo sagrado, como el más sabio contrapunto hace nacer la simplicidad más absoluta. Un día descubro el título de una de esas dos canciones populares utilizadas en esta variación: “Coles y nabos me han hecho huir/ si mi madre hubiera preparado carne, me habría quedado más tiempo…” (“Kraut und Rüben haben mich vertrieben..”). ¿Qué vienen a hacer las coles a esta variación sublime?.  Al mismo tiempo, ¿cómo no pensar en esas coles de Zhangjiako que teníamos que ir a cosechar a los campos, y que yo encontraba día tras día en mi escudilla?. Es un signo del destino. Todavía hoy, cada vez que escucho esta última variación, veo aparecer delante de mí las áridas y mortecinas extensiones de Zhangjiako…(1)”

Zhu Xiao-Mei, La rivière et son secret, Ed.Laffont, Paris  2007, p. 266

NOTAS
(1) Xiao-Mei, pasó cinco años de su vida (de los 20 a los 25) en diferentes “campos de reeducación” de esta región, al norte de la provincia de Heibei, en la Mongolia interior. La Revolución Cultural puesta en marcha por Mao en 1968  prohibió todo contacto con la cultura occidental, incluída la música clásica, y sólo al final, en el último de esos campos de trabajo, cuando ya las consignas maoistas empezaban a aflojar,  Xiao-Mei y sus compañeros se las apañaron para hacerse con un piano y  conseguir algunas partituras.

La col de la foto es una Brassica campestris L. pekinensis, que aparece en los catálogos de semillas como “pe-tsai”. Tiene un aire con las lechugas romanas, pero es una col. Una col china.

Violetas y pensamientos

Ya se ven en flor por algunos rincones, pero este año todavía es un poco pronto, en Madrid, para que lleguen a formar alfombras. Hablo de las violetas silvestres, de colores suaves,  que pueden crecer incluso en el reborde un poco levantado de un adoquín. La flor es bastante efímera; en el centro de la meseta la primavera pasa volando, en un abrir y cerrar de ojos, y la flor de la violeta no soporta la calorina. La flor, que no que la planta, pues la violeta es una vivaz poderosa; siempre que puedan instalarse en rincones algo sombríos, sus raíces aguantarán carros y carretas, sobreviviendo sin problemas al verano y al invierno. Pero hay muchas variedades de violeta. Junto a las diminutas Viola cornuta, hirta, riviniana, etc,  hay violetas  algo más orgullosas (hasta donde pueda llegar a serlo una violeta, claro), de colores más intensos, incluso amarillas, y de olor dulcísimo (V.odorata). Las que se vendían en ramitos por la calle, imagino, al comenzar el mes de abril.  Todas ellas terminaron asilvestradas por los jardines y las cunetas, lejos de sus lugares de origen (melojares, robledales…donde florecían un nanosegundo antes de que empezara la brotación, aprovechando la luz, todavía soportable, que se filtraba en el bosque). Se hibridaron entre sí, se soltaron la melena, echaron a correr… Ahora hay clientes que me piden que las arranque, como si fueran malas hierbas, para que no acaben invadiendo sus macizos de anodinos y deprimidos rosales.
???????????????????????????????En una semana -o quizá ya, ahora mismo- el Ayuntamiento mandará sus cuadrillas de jardineros a tapizar alguno de los taludes de la M30 con “pensamientos” bicolores. Los pensamientos, Viola x wittrockiana,  son hermanos mellizos de las violetas.  Y sus híbridos (en general), mucho más grandes, como inflados por una mala digestión, sin aroma.  La foto de este escudo de Madrid es de hace dos años. Una docena de jardineros, más los vehículos, más una o dos toneladas de sustrato, más los palés con los cientos de macetitas de plástico, más los aspersores de riego. Teóricamente los pensamientos son vivaces, pero no, de eso nada. Pasado el primer año, la flor degenera. Hay que levantarlo todo y volver a empezar. Imagino que antes de la plantación habrán pulverizado herbicida, para que esos tristes pensamientos  no tengan que vérselas con las flores de verdad. Como las violetas minúsculas y risueñas, sin ir más lejos, que seguro, seguro, si se abriera la veda, empezarían a asomar por las zonas más sombrías del escudo, entre las orejas del oso, entre las raíces del madroño…

NOTAS
Viola odorata es lo que, en “La Violetera”,  Sarita le arroja en la cara, con toda la razón, a su ricacho y desconsiderado pretendiente (*la escena se ve en el vídeo de youtube original, pero he tenido que cambiarlo por este otro, tan soso, por no sé qué historia del copyright).

En el índice de Los Bosques Ibéricos (ed.Planeta, 2005) encuentro citadas hasta trece variedades autóctonas de Viola.

¿La mala hierba?

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Cynodon dactylon, gramaGeorge Brassens. Traducción: Júbilo Matinal.

Cuando el día de gloria llegó
y todo el mundo la diñó
solo yo tuve el deshonor
de no morir con pundonor.
Yo soy muy mala hierba,

sí, señor, sí, señor.
la grama hay que quitarla a manoDe mí nadie hace pasto
ni me junta a su gavilla.
La muerte llevó a otros,
sí, señor, sí, señor,
y a mí me perdonó,
qué quiere usted que le haga yo….
La, la, la…

Que siga vivo, yo no sé
a quién le ofende, ni por qué…

(TRADUCCION COMPLETA, http://www.jubilomatinal.com )

Es el enemigo público número uno: la grama, conocida en los libros como Cynodon dactylon, o “Bermuda grass. Una gramínea rizomatosa que prospera en cualquier suelo con tal de que tenga algo de humedad. Ahora bien, la mala hierba del campo no se parece ni en pintura a la de la canción de Brassens. La grama, ella en particular, no es ese personaje ácrata que va a su aire, que se junta con malas gentes, que se aleja del común de los mortales (“Como borregos los hombres van/ siempre en rebaño con su clan. / Yo voy por libre y dudo que,/me haga jamás ningún carné….”). Muy al contrario. Esta mala hierba es la que va siempre en manada: la que, si se le deja, siempre termina haciendo manada. Osea, invadiéndolo todo. Se arrima a los buenos, no a los malos.  No es precisamente una rareza, la excepción a la regla, sino la hierba más común y anodina, la masa que se extiende y le quita el pan y la sal a las hierbas que sí son “diferentes”. La  grama se aprovecha de las mejores condiciones del suelo, de las mejores exposiciones, de esa gota de agua perdida. Y en cuanto agarra, ¡ay del que tenga que vérselas con ella!. Es un error fatal tratar de erradicarla por las bravas. ¡Jamás!. Con ella sólo vale el azadón (foto nº2).  Cavar y agacharse a recogerla, poniendo buen cuidado en llevarse la madeja entera. Si en la tierra queda un minúsculo trocito del rizoma, la muy loca volverá a colonizar la huerta (y por eso está prohibido el motocultor: la fresa que lleva incorporada trocea el rizoma, multiplicando el problema por MIL). Sólo en eso se parece la grama a la mauvaise herbe, de Brassens: cuando llega el día de la siega – le jour de gloire – ella es la única que se libra. ¿Y cómo no va a librarse, con semejantes rizomas?. Con la grama no hay segadora ni desbrozadora que valga. No se trata de segarla, sino de arrancarla de cuajo.

…Y sin embargo, raras veces el malo es siempre malo. O tan malo. La misma grama que arranco a mechones de la huerta, está sembrada por mi propia mano en el jardín. La grama consume mucha menos agua que un césped convencional. En los jardines de la costa, en particular en el sur y en levante, el Cynodon  (y otras hierbas similares)  reemplaza al césped incluso en los archi-cuidados y gastosísimos campos de golf. En las zonas de clima continental la cosa no está tan clara, porque ni la humedad atmosférica es tan elevada ni las temperaturas en invierno tan suaves, y la grama, por dura que sea, necesita un mínimo de agua y un mínimo de calor ¿Qué hacemos entonces en los jardines de Madrid, si no queremos superficies de grava/similar, ni tampoco cubrir todo el espacio -salvo senderos- de plantas tapizantes?. En mi opinión, lo mejor es dejar una pradera asilvestrada, cuidarla en primavera y en otoño, y asumir tranquilamente que en verano se agoste. Rebelarse contra esto es inútil, tan inútil como enfadarse por las canas, o porque anteayer nevó…. Entre esas hierbas del “prado” no está mal que vaya mezclada la grama,  la “mala hierba” finalmente reinsertada, que tupe mucho y bien, y durante los meses buenos se dejará pisar. Como en esta pradera asilvestrada no hay aspersores, la grama no se va a entusiasmar tanto como en la huerta, donde hay que regar casi a diario. Y si no se entusiasma, dejará vivir al resto de las plantas, que -además- sí están mejor adaptadas  que ella al frío madrileño. (Conclusión: en primavera y en otoño la pradera estará preciosa; en verano estará amarilla, ¡que no muerta!, al menos en las zonas más soleadas; y en invierno, cuando las temperaturas bajen mucho, no estará tan marrón como lo estaría si fuera un tapiz monoespecífico de grama, estilo campo de golf en Alicante…)

La Gran Pradera

Primera quincena de junio

Primera quincena de junio de1893.  Antonin Dvorak, con su mujer y sus hijos, acaba de llegar al pequeño pueblo de Spillville, una colonia de pioneros checos en el estado de Iowa. Dvorak lleva un año impartiendo clases de música en el conservatorio de Nueva York. Ahora está de vacaciones. Además, en la ciudad hace calor. Para llegar hasta Iowa ha tenido que atravesar los Apalaches, el Missisipi, y dirigirse al oeste cruzando la Gran Pradera.  Han parado unos días en Chicago. Parte del trayecto lo han hecho en tren y otra parte, apenas el tramo final, en diligencia. En Spillville sus compatriotas le han recibido por todo lo grande. Ya ha dado algunos recitales de órgano en la iglesia.  Pero ha asistido también -y esto es lo más importante- a los recitales de otros: ha vuelto a escuchar negro spirituals, que ya conocía, y ha escuchado por vez primera  las canciones de la tribu kickapoo. Antonin Dvorak, músico académico, de formación centroeuropea, compone entonces  su Cuarteto Americano. Tres días bastaron para terminar la partitura. Algo había encontrado en esos paisajes abiertos, cada día menos salvajes, algo que estaba ya en la música de los esclavos y los indios. Los musicólogos no terminan de aclararnos en qué consiste exactamente ese algo: ¿la escala pentatónica, un atisbo de ciertas melodías populares..?.  Lo único cierto es que, al escucharlo (en particular este segundo movimiento), el oído salta de las colinas de Bohemia a las llanuras del continente americano. Y cuando el oído escucha, el ojo ve: ve ese paisaje -que ya no existe-  tal como lo vió Dvorak hace 120 años.

Ya no había bufalos. Los últimos indios que se resistían a ser encerrados en una reserva habían sido cobardemente masacrados en Wounded Knee (1890). E incluso la Gran Pradera, la tierra más fértil que uno pudiera imaginar – “tierra negra”, después de miles de años almacenando carbono y nutrientes bajo su superficie- , tampoco era ya lo que había sido.  Los agricultores blancos llevaban varias décadas roturando la tierra, y en algunos lugares – al este, en los primeros asentamientos europeos- empezaban a manifestarse síntomas de pérdida de fertilidad… Pero  ahí estaba aún, en su fastuoso despliegue de junio, cuando la familia Dvorak la cruzó.

Hay una pradera “de hierbas altas”, que crecía desde Minnesota hasta Arkansas, al este de las Montañas Rocosas, y una pradera de “hierbas cortas” que crecía desde Montana hasta Texas, al oeste de la cadena montañosa. La Gran Pradera es, sobre todo, la primera, beneficiada por la humedad que sube del Golfo de Méjico,  y lindando (antaño) con los espectaculares bosques que crecían en la región de los Grandes Lagos y todo a lo largo de la costa atlántica (los bosques del “Indian Summer”, véase entrada  29-10-11). Iowa está en el corazón de la Tall Grass Prairie, y  A. Dvorak, quizá con los primeros acordes de su cuarteto ya en la cabeza, pudo verla, escucharla, olerla, en el mejor momento del año.

Para que se forme y se conserve una pradera como ésta hacen falta tres cosas : 1. un clima templado, 2.  el ramoneo de los grandes mamíferos (antes búfalos, después vacas),  que estimulan así la brotación  de las gramíneas cespitosas, abonando de paso el terreno, y 3. el uso cuidadoso del FUEGO. No hay pradera sin fuego.  Los indios habían observado que cuando un rayo encendía el fuego en la pradera, pocas semanas después de que se apagara empezaba a crecer una alfombra de brotes verdes…a la que acudían raudos los búfalos. Los indios aprendieron a manejar el fuego a conveniencia, y lo mismo los cowboys: el fuego de primavera -absolutamente controlado, claro, como las rutas de los rebaños-  limpia los restos vegetales permitiendo que se caliente la tierra, saca de delante cualquier posible “woody invader” (zumaques, principalmente), y, sobre todo, hace que broten con vigor las gramíneas estivales que interesaban  al cazador/ganadero (Andropogon gerardii, llamado “big bluestem”, y Sorghastrum nutans,  “indian grass”).

Las gramíneas tienen sus puntos de crecimiento (meristemos) protegidos bajo tierra, es decir,  a salvo del fuego y  adaptados a la sequía. Una de las cosas más increíbles de la  Tall Grass Prairie es precisamente esto: las praderas pueden considerarse bosques dados la vuelta -“upside-down forests”-, pues aproximadamente dos tercios de su masa se encuentra bajo el suelo. Durante miles de años habían sido eficientes depósitos de carbono. El comienzo de la roturación a gran escala supuso también la primera gran liberación de CO2 a la atmósfera. Lo que significa, en otras palabras, que la conservación de las praderas es esencial en la lucha contra el cambio climático, pues son sumideros de CO2 eficaces y poco exigentes (a diferencia de un bosque, que da mucho pero también pide).

Antes de la llegada de los blancos la pradera ocupaba un tercio del continente norteamericano. Hoy apenas subsiste el 4%. Entre una cosa y otra, el cataclismo. Para explotar al máximo la fertilidad de la pradera  hicieron falta muchos brazos, muchos bueyes, mucha determinación. Esos “dos tercios” enterrados de la biomasa total de la pradera suponían una enorme dificultad para el labriego que quería hincar ahí, ahí precisamente, la reja de su arado…Pero lo consiguieron. De conservar o ampliar lo poco que queda en pie se encargan ahora, con no menos empeño y no menos dificultades, algunos de sus descendientes. Por su parte, los descendientes de ciertas tribus indias (seminolas, navajos, pequot..) poseen a día de hoy los mayores casinos del pais (en las reservas no se pagan impuestos federales) y con parte de sus ganancias han empezado a comprar tierras. Un poquito aquí, otro poquito allá.

La mujer del colono, 1884, H.Dunn, South Dakota Art Museum

Nosotros somos hijos del Mayo del 68. Nos es mucho más fácil identificarnos con los indios cheyenes que con esta señora sudorosa y exhausta del cuadro. Sin embargo, ése es el mundo del que venimos. Nuestro viejo mundo europeo, que vio morir en la miseria a miles de campesinos todo a lo largo del siglo XIX (el de la revolución industrial y la explosión demográfica que le siguió, el de las fallidas revoluciones liberales…). Los que llegaban en barco a los EEUU y después arriesgaban su vida en la Pradera eran “los más pobres entre los pobres”, como escribió A.Dvorak en una carta refiriéndose a los pobladores de Spillville. ¿Deseaba esta señora de la izquierda que los indios fueran exterminados?. No. Se parece demasiado a mi bisabuela de Ortigueira, volviendo a casa al caer la tarde… ¿Deseaba que los indios la dejaran en paz?. Sí.  Lo que yo no sé -habría que preguntarles a los historiadores- es si había alguna forma realista de conseguirlo, de hacer compatible la cultura nómada del búfalo con el cultivo de cereales (y más aún, con la cría  de vacas para carne, que es una forma de nomadismo, y  que también acabó chocando -como tantos western nos cuentan- con los intereses de los sedentarios agricultores).

Guerreros cheyenes. E.S. Curtis, 1905

Caballo Loco y mi bisabuela de Ortigueira. Tenemos la suerte de haber nacido en un mundo que no nos obliga a elegir, así que podemos intentar comprenderlos  a los dos. De la Gran Pradera de Iowa se conserva apenas un 0.1%. Leo en  la web que ese minúsculo recordatorio de lo que un día fue la  Tall Grass Prairie, antes de la llegada de los blancos, crece principalmente en sus cementerios. Es decir, entre las lápidas de los pioneros.

NOTAS

(1) Hace años compré por amazon este libro: The Last Stand of the Tall Grass Prairie, de A. Larrabee y J. Altman, Friedman/Fairbax Publishers 2001. Venía con el cuño de una biblioteca municipal, Cuyahoga County Public Library, biblioteca que existe y tiene su web (acabo de comprobarlo), lo que me hace suponer que algún gracioso se metió el libro en la cartera y después lo vendió por ahí. Internet y la globalización han hecho que acabe en mis manos, en un pueblo tórrido de la meseta castellana.  De este libro didáctico y lleno de  imágenes preciosas he sacado toda la información -y citas-  sobre la Gran Pradera. Las dos primeras fotos también proceden de ahí.

(2) Hay planes en marcha para recuperar parte de la Gran Pradera, incluyendo la reintroducción de búfalos en semi-libertad. El  grueso de lo que se conserva está en la comarca llamada Flint Hills, en Kansas y una parte de Oklahoma. Hay cuatro áreas protegidas. La más importante  es la que gestiona la Universidad de Kansas: Konza Prairie, de cuya web he obtenido la foto de la pradera incendiada (konza.ksu.edu).  Algo parecido, aunque a escala más modesta, existe también en Iowa y otros estados.

(3) Los datos sobre la estancia de Dvorak en Spillville proceden en su mayoría de la Dvorak American Heritage Association (dvorak.nyc.org).  Un año después de este paseo por la pradera, la familia Dvorak regresó definitivamente a Europa.

 

7 modos de preparar las berenjenas

Mayo 2012

Esta es una canción popular sefardí, en español  ladino, que hizo famosa María Salgado hace unos años. Se la escuché hace tiempo a ella en la radio, pero aquí la interpreta un dúo llamado Pratie Heads, de Carolina del Norte (…cosas raras que uno encuentra por la noche en internet).  Recordando lo que se cultivaba, se comía y se cantaba por estos pagos hace más de cinco siglos entramos  -¡por la puerta grande!- en la nueva temporada de la huerta. Hoy se plantan las primeras berenjenas, variedad ‘Milka’.  ¿Por qué hoy y no, por ejemplo, la semana que viene? Porque acaba de entrar un anticiclón, hace calor ma non troppo, y la tierra todavía está fresca gracias a las lluvias del puente de mayo.

La berenjena (Solanum melongena) es una de las pocas solanáceas hortícolas -tomates, pimientos, patatas- que no nos hemos traído de América. Su flor es, con  la del calabacín, la más bonita de la huerta. Los judíos sefardíes la apreciaban enormemente, (y los moros que nos la trajeron, y los cristianos, y cualquiera que tenga un mínimo de amor a la buena mesa).  Yo las cocino siguiendo la receta de mi madre (octavo modo de preparar las berenjenas): se parten por la mitad en sentido longitudinal; se quita la carne con una cucharita, se trocea y se dora en la sartén con tomate y cebolla (y aceite de LRO), todo bien salpimentado, hasta que está blando; se vuelven a rellenar, se cubren de queso y  la mete en el forno, de cabeza a la cocina!.

Siete modos de guisados
se guisá la merenjena
la primera de la guisá
es la vava de Elena
ya la hace bocaditos
y la mete´n una cena
esta comida la llaman
comida de merenjena

A mi tio, Cerasi
que le agrada beber vino:
con el vino, vino, vino
mucho y bien a él vino

La segunda que la guisa
es la mujer del Shamas
la cavaca por arientro
y la hinchi d´aromat
esta comida la llaman
la comida la dolmá

La tracerá que la guisa
es mi prima Ester de Chiote:
la cavaca por arientro
y la hinchi dárroz moti
esta comida la llaman
la comida la alomondrote.

La alburnia es saborida
en color y en golor
ven haremos una cena
mos gozaremos los dos
antes que venga el gosano
y le quite la sabor

En las mesas de la fiestas
siempre brilla el jandrajo
ya l´hacemos pastelicos,
ellos brillan en los platos
asperando a ser servidos
con los güevos jaminados.

La salata maljasina
es pastosa y saborida,
mi vecina la prepara
con mucho aceite de oliva,
estos platos acompañan
a los rostros de gallinas.

La setena que la guise
es mejor y más janina
la prepara Filisti,
la hijà de la vècina
ya la mete en el forno
de cabeza à la cocina
con aceite y con pimienta
ya la llama: una meyína.

¿A dónde han ido todas las flores?

¡A ninguna parte!. Sólo se han puesto a cubierto mientras esperan a que vuelva el sol. Pero están ahí mismo, en forma de yema, de tubérculo, de semilla sepultada bajo el hielo y los restos de hojas secas. Son las flores de la próxima primavera. Este petirrojo no lo sabe, ni tiene tiempo para aprenderlo. Mejor será darle algo de comer mientras la tierra acaba de girar alrededor del sol y recomienza su “tour” anual. Migas de pan, frutos secos, trozos de manzana. No hay que darles a los pajarucos cosas saladas, tampoco restos de comida cocinada, con excepción de verduras cocidas (patatas, sobre todo). Por ahí venden bolas de manteca con pipas y cacahuetes bien picados, especiales para páridos (carboneros y herrerillos, capaces de colgarse cabeza abajo, como acróbatas, bien agarrados a la bola). Estos comederos son fáciles de preparar en la cocina. No hay que tener reparos con la manteca: muchos, o la mayoría, de los pájaros que se acercarán a comer son carnívoros. Envuélvase la bola en una redecilla (en esta época del año seguro que hay alguna a mano, de esas en las que vienen las naranjas), y cuélguese donde se pueda, en un punto alto y no demasiado pegado a la casa. Y para los que no son páridos, como este petirrojo y toda la patulea de verderones, verdecillos, pinzones, etc., platillos anchos con el mismo menú, bien sujetos en la horcadura de un árbol (árbol sin hojas, copa despejada; NO una encina), en la “mesa” que forman los brazos desnudos de una cepa… donde sea, pero siempre en un lugar en el que se sientan seguros, es decir, lejos de nosotros y con buena visibilidad (para salir zumbando si se acerca una rapaz, un gato…). Mejor todavía es poner comederos a diferentes alturas. Los libros de “wildlife gardening” aconsejan ponerles también un poco de agua en recipientes poco profundos, y renovarla todos los días a mediodía (porque se congelará)…

El petirrojo de la foto sobrevive como puede entre el humo de las calefacciones de gasoil y los tejados nevados de la ciudad de Ginebra. En LRO se dejó ver uno este verano por las huertas. Deben de ser muy posesivos y territoriales, nada gregarios, porque siempre se les ve a su aire, sin compañía, o bien a la gresca con algún gorrión que haya osado asomarse. Son bastante frescos, incluso más que los mirlos.

¿Cómo sobrevivirán en invierno los pájaros más pequeños y frágiles de LRO, los que no se hayan marchado a África?. Supongo que se apañan  mejor que sus primos suizos. De todos modos, antes de venirme al norte les dejé las cabezuelas secas de los girasoles –a reventar de pipas– colgadas del bordillo de la parra. Otros años hemos dejado un comedero sujeto con piedras en un lugar bastante apartado, cerca de la alberca. Pero mucho más importante que los comederos –tan artificiales, al fin y al cabo– es haber dejado los arbustos sin podar, la pradera llena de hierbas secas. Estas zonas no son sólo depósitos de semillas para los pájaros que prefieran el menú vegetariano. Es que por ahí se refugian los insectos y larvas en invierno. También hemos dejado montones de manzanas y verduras estropeadas en zonas más o menos libres de helada. En esos composteros al sol (más o menos…), además de los restos vegetales, siempre se pueden rebuscar escarabajos y lombrices. Por otro lado, el pilón nunca se hiela en invierno, porque el chorro que sale ahora es desproporcionadamente potente para una lámina de agua tan pequeña… Las hojas de los iris están siempre empapadas y el chorro salpica incluso las piedras de alrededor.

Las flores siguen aquí, sólo que de otra manera. Se dejarán ver de nuevo muy a finales de febrero, cuando empiecen a espabilarse los almendros. Para entonces podremos desentendernos de los pájaros, que andarán ya buscándose unos a otros entre los arbustos, y será el momento de comenzar a podar las viñas.

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La letra de la canción que sigue –Where have all the flowers gone?– no trata, en realidad, ni de pájaros ni de flores. Es un alegato pacifista muy conocido, compuesto por Pete Seeger hace más de cincuenta años. Escojo esta versión, quizá un poco cansina –en comparación con la de Joan Baez, M.Dietricht, etc.–, porque, a pesar de eso, me sigue pareciendo la mejor y la más entrañable. Los que cantan en el vídeo son ya casi cuatro ancianos, Peter, Paul and Mary, que hicieron famosa la canción en los años 60, junto al propio Seeger. Aunque la letra no tenga nada que ver ¡con los comederos para pájaros!, sé que a esta gente no le hubiera parecido mal verla incluida aquí.

¡No es fácil ser verde!

Diciembre 2011

En LRO hay ranas comunes, sapos, y alguna que otra salamandra. Quizá haya más anfibios, no lo sé. Para descubrirlos tendría que tener tiempo. Elegir un día de primavera y quedarme petrificada con la cámara de fotos junto a la charca –como esa garza que llega cada mañana  de invierno desde el pantano de San Juan, capaz de esperar durante horas, medio helada, hasta que ve asomar algo entre las hierbas y el lodo…–

La rana Gustavo cantaba esta canción en el programa de los Teleñecos: “It´s not easy bein´green –decía– porque es un color que no destaca, que se confunde con lo que hay alrededor. La gente pasa a tu lado sin verte. El verde no llama la atención, no es como el chisporroteo de las burbujas en el agua, o como las estrellas en el cielo… ¡cuánto mejor no sería ser de color rojo, amarillo, o dorado…!”. Sin embargo, hacia la mitad de la canción la rana empezaba a cambiar de opinión: al fin y al cabo, reflexionaba, ser verde no está mal… el verde es el color de la primavera, es un color “grande como el océano, importante como una montaña, alto como un árbol”. Así que, vamos a ver  “I´m green and that will be fine!, es un color precioso y es exactamente lo que yo quiero ser!”.

Desde los tiempos de la rana Gustavo –1970– se hicieron varias docenas de versiones. Frank Sinatra, Diana Ross, etc, etc. La que yo tengo en casa, la primera que conocí, y que me entusiasma, es la de Van Morrison. Leo además en google que la canción ha sido utilizada como bandera en diferentes batallas; por ejemplo, para reivindicar el orgullo de ser diferente (verde, negro, gay…), o para acompañar la lucha contra el cambio climático. Hay una página web de “diseño ecológico” que utiliza el título de la canción como dominio, y hasta en una sección de la BBC dedicada a temas medioambientales se echa mano del mismo estribillo.

De vuelta a LRO, yo quisiera poner otra vez la canción en boca de una rana, ésta de la foto, una rana común (Rana perezi) que toma el sol pacíficamente en el borde de la alberca. ¿Saben ustedes que, de acuerdo con el Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España, elaborado en 2002 por el Ministerio de Medio Ambiente y último registro oficial, el 62.5% de nuestros anfibios está en peligro?. Un 32% “en peligro de extinción”, así como suena. Y el resto en situación crítica o  vulnerable. Y han pasado ya diez años (¡y qué diez años!) desde que se hizo el cálculo. Los datos para el resto del planeta son iguales o peores, y sólo los grandes mamíferos están todavía más amenazados que los anfibios.

La razón número uno: destrucción del hábitat por presión urbanística, sobreexplotación agraria y contaminación. No hace falta tener estudios para saberlo; los seres humanos somos muchos y no dejamos sitio a los demás. Hablemos sólo de lo que tenemos aquí. Urbanizaciones con segundas residencias donde Jesucristo perdió el mechero, cientos de polígonos industriales, centros comerciales, de oficinas  y “de ocio”,  muchos de los cuales, a día de hoy, no son más que cementerios en medio de la nada, infraestructuras absurdas y megalómanas donde sólo debería haber árboles… Y los animales pagan la factura, en especial los más frágiles y dependientes: anfibios, reptiles, pájaros. Se mueren en silencio y ya está. Se mueren, simplemente. Para que nosotros podamos comprar más y mejor, o llegar a nuestra segunda residencia diez minutos antes (¡no vayamos a coger empezado CSI!), ellos se quedan sin sus lugares de cría, o se ven condenados a morir atropellados cada primavera, cuando sus genes les ordenan iniciar la migración hacia una nueva charca…El cambio climático es la siguiente causa de mortandad, directamente conectada a la primera. La piel de los anfibios es extremadamente delicada; las sequías continuadas y el aumento de la radiación ultravioleta los debilita –al parecer, llega incluso a romper las cadenas de ADN, causa de terribles malformaciones en las larvas–, y los hace más vulnerables a una enfermedad (un hongo) que lleva años diezmando las poblaciones de anfibios en todo el planeta, especialmente en los trópicos, donde se hallaban hasta hace poco los anfibios más diversos y espectaculares que uno pudiera imaginar… como esta ranita dorada de Panamá, por ejemplo, que se ha ido extinguiendo silenciosamente, sin chistar, al igual que tantísimos otros animales de las selvas húmedas de Centroamérica.

La foto procede de: http://www.bbc.co.uk

En España las ranas comunes van saliendo adelante porque se adaptan a todo. Un simple charco estacional. Una balsa para regadío. Un corredor de puntos de agua como el que hemos ido construyendo en LRO. La salamandra, sin embargo, en algunas zonas de la Península donde era abundante ha entrado ya en la clasificación “EN” (peligro inminente de extinción, “si no lo está ya”, añadía en 2002 el autor del correspondiente artículo en El Libro Rojo, p.57). Yo las fotografié (malamente) hace tres años, en el manantial de la higuera. No he vuelto a verlas desde entonces, pero es cierto que tampoco me he puesto seriamente a buscarlas (y quizá sea mejor para ellas así, que no ande pisoteando mucho por esa zona). A los sapos les dedicaré una entrada más adelante. También ellos parecen ir trampeando y buscándose la vida, al menos en LRO.

Por lo demás, los datos son tan tristes y contundentes que cuesta trabajo no desesperarse. No, no es nada fácil ser verde en estos tiempos. Cada vez que me traiga un anfibio a este blog añadiré un enlace a una versión diferente de la canción que compuso Joe Raposo para la rana Gustavo, el “reportero más dicharachero” de Barrio Sésamo. La versión de hoy es la original, y se la vamos a dedicar a la ranita dorada de Panamá.