Anastasio

Ayer murió Anastasio, el anterior propietario de LRO. LLevaba años mal; varios meses muy mal; unos días desahuciado. Así que la muerte -es lo que se dice en estos casos- supongo que llegó deseada. Llegó por fin (“Ya os llega la muerte, ya os llega“, le decía él a los tordos y a las palomas cuando, al empezar el otoño, los primeros cazadores se dejaban ver)

Anastasio, entre otras muchas cosas, me enseñó a distinguir los espárragos verdaderos de los lupios/matacanes. Me habló de las cagarrias (Morchella esculenta), que no conocía, y de los ajoporros, que nunca terminaron de gustarme. Me ayudó a instalar el riego. Cargó piedras en su tractor (no osé preguntar de donde las había sacado) para que pudiéramos terminar el muro de sostenimiento frente a la casilla. Me enseñó a podar las viñas, pero aceptó que -tras consultar algunos libros- yo matizara parte de lo aprendido y, tras la oportuna discusión, siguiera podando como él… o casi. Al vendernos la finca peleó por dejar claras las lindes con el vecino de abajo, hoy ya fallecido, “que no es malo sino nefasto”, nos previno (Nefasto le quedó para siempre; Nefasta su mujer y Nefas-titis las hijas) y por que hiciéramos buenas migas con el otro vecino, Perico, quien años más tarde me enseñaría, por cierto, a injertar las cepas. Anastasio me presentó al cabrero del pueblo, Miguel “Manduca”, con cuya amistad me honro, y que me provee puntualmente de estiercol para la huerta. Me llevó al almacén de piensos de Casimiro a comprar semillas. Me presentó -antes de que hiciéramos nuestro propio vino- al paisano que compraba uvas al margen de la cooperativa, un tal Pepito. Las pagaba a tocateja y las revendía en Burgos.

Anastasio deja mujer, cuatro hijos y un número x de nietos. Murió bien, rodeado de los suyos, que cuidaron de él hasta el final, y lo quisieron, sin duda, a pesar de los muchos dolores de cabeza que él les provocó en sus años buenos, los años de libertad, cuando se veía a sí mismo “fuerte y poderoso”, como le oí decir un día.
Y es que Anastasio ,en esos años buenos, era informal, caótico, impredecible. Padre y esposo intermitente, imagino. Muy manejable por sus supuestos amigos, incapaz de imponerse cuando abusaban de él, Anastasio todo lo perdonaba y/o olvidaba, y no parecía darse cuenta de que, al final, tendría que pagar los platos rotos su señora. Tuvo problemas con la bebida. En una ocasión, para congraciarse con su mujer tras una borrachera que le dejó k.o. más tiempo de lo habitual, Anastasio le llevó unos iris que yo misma le corté y preparé en LRO. “Tiró el ramo por la ventana…”, me contaría al día siguiente, levantando los hombros. Sospecho que también derrochó el dinero de la venta de LRO. No sé si alguna vez tuvo un sueldo fijo, regular. Era propietario de un tractor enorme con el que hacía chapuzas varias, y con el que se movía por la comarca como si fuera un monovolumen. Con ese tractor inmanejable le dio sin querer un golpe al peral de LRO: un nido de rabilargos cayó al suelo, y la madre rabilarga, cabreadísima, le fue persiguiendo por la viña, picoteándole la gorra hasta que lo sacó de allí… Imitaba a todos los vecinos, se reía de ellos en sus barbas y después les invitaba a un vino. Escucha bien, me decía también a mí, “tú nunca te enfades conmigo“. Porque me ponía verde por no arar. Y el día que llevé unos sauces y unos alisos, para plantar al pie de las terrazas de LRO, Anastasio, indignado, me soltó: ¡Siempre lo que a mí me da más asco! ¡Aliso, lo- que-el -diablo -no- quiso! El me presentó -y recomendó como si fuera hijo suyo- a Mohamed, al que le había dado por llamar “Jóse”. Un intercambio habitual entre ellos, mientras compartían “botellín” después de haber estado trabajando codo con codo durante horas:
¡Moro!
-¡Borracho cabrón!

Y vuelta a empezar, con diversas variantes.

Anastasio andaba a zancadas, era difícil seguirle el paso. De joven debió de ser buen mozo. Le gustaban las mollejas, las perdices con judiones de Avila… El vino tinto por encima de cualquier modernez.
Anastasio se fijaba en las cosas y sabía escuchar. La plantación de frambuesas en LRO, por ejemplo, despertó enormemente su curiosidad. Creo que también tenía cierto sentido estético, porque siempre iba limpio, más o menos arreglado, y reñía al cabrero por ser “un puerco” y no cambiarse nunca de ropa. A veces le regalaba una zamarra, unos pantalones apenas usados: esos que lleva Manduca -me explicaba- huelen tanto a cabra que cuando se los quita de noche se van corriendo solos, camino arriba… Era buen conversador. Sentados en LRO me contó la historia de su familia, que bajó al valle desde Navalosa a finales de los años cuarenta (él vino primero, con su padre, a lomos de un borriquito). Me contó de sus hermanos mayores, “los serranos”, a los que debió de idolatrar hasta ayer mismo, que trabajaban como mulos y se quedaron solteros. Me contó su frustrado intento de ir a trabajar a Madrid: de la comida que le había preparado su madre para el viaje -un pan grande, redondo, relleno de carne y envuelto en una pañoleta-, del viaje en el autobús, llorando a moco tendido, y de cómo a los tres días estaba de vuelta. Me contó de cuando empezaron a rodar películas en el castillo del pueblo (históricas, románticas.. ¡y hasta una de James Bond!) y él iba siempre de figurante con sus amigos, porque les daban de comer y porque lo pasaban bomba…

Anastasio aseguraba tener dotes de zahorí (me dijo quién le había enseñado, pero no consigo recordarlo). Para demostrarlo cogía un alambre suficientemente largo, lo retorcía formando una especie de ye, y empuñando después esta Y por los brazos, colocándosela a la altura de la cintura, iba cabizbajo entre las jaras y cantuesos – ¡shhh!, ¡shhh!, porque no se le podía hablar mientras duraba el trance- hasta que, de pronto, el extremo del alambre empezaba a moverse.
¡Ya estamos en pecado mortal!– exclamaba- ¡AQUI HAY AGUA!
¿La habría, realmente? El no lo dudaba.
Cuando empezó a perder vista, muy pasados ya los sesenta y cinco, se negó en redondo a ponerse gafas (el tantarantán que le dio al peral fue por esa época). ¡El, Anastasio, que había sido fuerte y poderoso, cómo iba a ponerse “lentes”! ¡Ni que fuera un señorito de Madrid! No las necesitaba para nada. Ni siquiera para calcular cantidades a ojo de buen cubero, algo que hacía, por lo visto, con exquisita precisión: en ese capacho van cuarenta y dos kilos y medio de uvas; ahí van (señalando el cajón del tractor, lleno de sacos) mil ciento cincuenta y cinco kilos de aceitunas… Y así, sin despeinarse, pero tirando hacia arriba siempre, porque su generosidad era legendaria. Ya vendida LRO, llegó a un acuerdo con un vecino para trasladar su huerta a la parcela de éste, muy cercana al pueblo. Con el correr de las semanas, cuando todo empezaba a estar maduro, Anastasio regalaba tomates y pimientos a espuertas, como siempre había hecho; sin mirar a quién, sin preguntar casi, como un césar de Roma echando monedas a la plebe.¿Era después correspondido, de alguna forma? No estoy segura.
Sé que Anastasio se ganó la vida durante unos años como palista; andando el tiempo, pasó a alquilar sus servicios con el tractor. Pero nunca cotizó ni se preocupó, me parece, de que sus empleadores cotizaran por él. Era vergonzoso con el dinero y muy sentido con todas las cosas. Le preocupaba lo que la gente pensara de él, así que la mitad de los trabajos los haría gratis, y por la otra mitad cobraría lo mínimo (o en especie). A cambio de ser tan espléndido -este era el “pero”- que no le fuera nadie a achuchar con que, es un suponer, ¡quedamos a las diez y son las cuatro!, que nadie pretendiera decirle cuándo y cómo…

Anastasio era también -y aquí borro el “seguramente”- la mejor persona que he conocido en este pueblo. Lo he visto llorar cuando, sentado a mi lado en una piedra de LRO, recibió por teléfono una llamada de su sobrino comunicándole que su hermana Valentina, Valentina la Buena, acababa de morir. También lo vi llorar cuando le enseñé, intrigada, los restos de una camisa de cuadros (unos harapos) que había encontrado casualmente cavando al pie de una cepa: en esa camisa -me explicó entre lágrimas- su mujer y una de sus hijas habían envuelto el cadáver de Chispa, su perra, que siempre le acompañaba subida al tractor. Detrás de aquellos jirones de tela, en efecto, aparecieron unos huesecillos mondos… Era pequeña, de color blanco, me contó. Él no había tenido corazón para enterrarla él mismo, y después no quiso sustituirla por un cachorro. No volvió a tener perros. Y tampoco era cazador, aunque lo había sido en su juventud. Dejó de cazar en los años noventa, cuando se dio cuenta de que había “pocos animales“, de que las perdices se acababan, ¡pero si tenía que traerlas el guarda del coto, unos meses antes de abrirse la veda!, y de que ver una tórtola común por el monte era casi un milagro (“Antes el cielo se llenaba de ellas: venían los vascos a cazarlas…”; ¿quiénes eran “los vascos”; no llegó a aclarármelo).Y lo vi llorar de rabia en otra ocasión, recordando un episodio de hacía más de sesenta años, cuando un guardia civil presuntuoso acusó insidiosamente a su padre, el hombre más honrado del mundo, de haber robado unas patatas, y decía tener como “prueba” la huella de una alpargata… El niño Anastasio estaba junto a su padre aquel día. Cuando el padre lo negó, el guardia civil le largó un sopapo. Y me contó cómo él, siendo ya hombre, fue hasta el cuartelillo de El Escorial, a donde habían destinado al infame, y que, tras buscarlo por todas partes para “ajustar cuentas“, lo encontró al fin en una taberna. Quería que supiera que durante todos esos años el sopapo dado a su padre le seguía doliendo a él en la cara. Y entró, todo chulo, confirmó con el tabernero que el sujeto era aquel, y lo que vio fue esto: un hombre precozmente envejecido, sin uniforme ya, encorvado sobre una taza de vino. Se acercó, le dijo algo muy peliculero -“¡Vengo a matarte!”, pero yo creo que se lo inventó, que de hecho no abrió la boca- , y por los gestos del otro comprendió que aquel hombre se había quedado ciego. Y entonces Anastasio se dio la vuelta, y fuese y no hubo nada. Volvió al pueblo sin matar a nadie. No dio más detalles, pero pongo la mano en el fuego, conociéndolo, de que antes de salir de la taberna le pagó al tabernero la consumición del guardia ciego. El sopapo había dejado de dolerle. Y total…
Este brazo me dejaría cortar -me dijo un día, con aquella vehemencia loca con que lo decía y hacía todo, poniendo la mano derecha en el punto donde habría que colocar el serrucho- por poder ver a mi padre otra vez. Aunque solo fuera cinco minutos...

Hace 13 años. 6 de noviembre de 2006, al volver de la notaría (Anastasio mandó a una hija; él no quiso ir). Hacía calor. El grandullón que está a mi derecha es el tío de la inmobiliaria. Anastasio le colgó del brazo una bolsa de lechugas, tomates, pepinos…

NOTAS: Todo esto, más o menos, está contado ya en algunos posts antiguos, desperdigado por otros.
https://laramadeoro.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=1411&action=edit https://laramadeoro.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=5151&action=edit


Trasmocho (4): leña para hoy, nada para mañana.

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encina desmochada

Con trasmochos y chirpiales para leña (nota 1, abajo), en especies de hoja caduca y fuerte brotación, cultivadas en zonas medianamente frescas, era como se solucionaba antes la papeleta. Haciendo este tipo de podas a nadie puede extrañar que esos árboles no llegaran a viejos. Pero hasta los años ¿50/60? del siglo pasado, en un contexto medioambiental muy distinto, aún había  una razón comprensible para hacerlo, una lógica estricta en los turnos de poda, que su responsable era el primer interesado en controlar, y todo un business que incluía a leñadores, almacenistas, carboneros…: un aprovechamiento racional, en definitiva, en el que habría sitio para la impericia y el descuido -como en todas partes-, pero también un interés objetivo por hacer las cosas con cierto cuidado. A día de hoy, sin embargo, quedando tan pocas dehesas y carballeiras en buen estado, habiendo tanto, tanto, tanto monte que limpiar, y viviendo como vivimos en una galaxia diferente (la ganadería extensiva se reduce o desaparece, las antiguas explotaciones se abandonan…¡y esto sin hablar del cambio climático!) es difícil entender por qué se se les sigue dando esas tundas a los pocos robles y  encinas de cierta envergadura que aún se ven por ahí. Seguimos aceptando que se tercien y/o desmochen sus copas, que se hagan podas abusivas tirando de la motosierra, y todo ello como si nada hubiera pasado: como si siguiéramos en 1900.

En muchos pueblos -como éste mío de la Sierra oeste madrileña- el ayuntamiento extiende concesiones de leña a los particulares que lo solicitan. Les adjudican una determinada parcela y un determinado volumen de leña a extraer ( pino y jara, sobre todo ). Pero pocos lo hacen. Salvo ilustres excepciones, que las hay, la mayoría de mis vecinos tienen depósitos de gasoil (fumata nigra), y la chimenea (fumata blanca) es sólo un complemento más o menos exótico. Hay incluso quien busca troncos de encina perfectamente cortados, estandarizados e impecables como los tomates del súper (“cortada a 35 cm”, dice una publicidad casera pegada sobre el semáforo).tronquitos bonitos y limpios Por lo general, se prefiere pagar varios cientos de euros por un camión de encina free-lance que pasarse un fin de semana al año cortando ramas y haciendo viajes con la furgoneta, o que pagarle un jornal de 60 euros diarios (gasolina aparte) al que vaya a hacerlo en tu lugar, consiguiendo, de rebote, que el riesgo de incendio en el término municipal disminuya. (¿Por qué se prefiere pagar la leña a ciegas? O por falta de información, supongo, o porque. no siempre es fácil, ay, encontrar a esa persona joven/medio joven que “vaya en tu lugar” a sudar al monte )
Las únicas desventajas que se me ocurren son: una, que esta leña “max-mix” del monte comunal es de menor calidad; hace falta más volumen para calentar lo mismo; y dos, que, con respecto a otros sistemas de calefacción, uno no puede darle a la palanca y olvidarse (hay que levantarse, bajar a llenar un cesto, cargar…). PERO no hay que rendirse a la fatalidad: ahora hacen unas chimeneas cerradas fantásticas, con un rendimiento que rasca el 90% (es decir, que el poder calórico de la madera se aprovecha mejor, con lo que se necesita menos leña: menos desriñonarse) y un precio cada día más asequible.

Se puede tener un plan B (un segundo sistema de calefacción) para cuando no haya tiempo o no haya fuerzas. Pero el objetivo, en mi opinión, sería invertir el orden de prioridades: intentar calentar el 80% ó + de las veces con la chimenea, que ésta se convierta en el sistema central, no en el sistema de apoyo, y dejar en la reserva el radiador (por ejemplo).

Gran Quema 2010…Todo ha cambiado tanto. Antes se regalaba la madera a cambio de que le “limpiaran” a uno la finca (2). Ahora el propietario de esa finca ha de pagar, o hacerlo él mismo, y los montones de ramas y maleza seca se convierten en un problema si no han ardido con su correspondiente permiso de quema – y sin calentar a nadie: ya no son propiamente “leña”- antes de que se meta el verano. El problema del propietario con su parcela es el del Ayuntamiento con el monte común. Y es un problema grande, de los que quitan el sueño.

El futuro, nos dicen, está en las briquetas de viruta prensada y los pellets, procedentes  de “la limpieza de los montes” (resíduos varios). Ojalá. De momento, sin embargo, los pellets son bastante más caros que ese max-mix del monte común (coste mano de obra + transporte)  o que los viejos troncos de roble/ encina. No parece haber más opciones.

Respecto a esos troncos, para terminar por donde empezamos, la cosa sería menos dudosa si procedieran de explotaciones bien gestionadas, con podas selectivas, con un mínimo de amor por los árboles…Y con el sello FSC, por ejemplo, tan fácil de encontrar en otros países (3). Pero esta información, detallada y certificada, sin tonterías, en España casi ningún consumidor la pide, ningún vendedor la ofrece, y basta con echar un vistazo alrededor para comprender que cada vez hay más chaparro y maleza que árboles, más especies de crecimiento rápido que roble/encina, más árboles mutilados que copas estructuradas, y que, en fin, arrancar la motosierra y tirar para el monte (cualquiera, sin entender ni pío de cómo ha de curar un árbol sus heridas)… es lo más fácil de este mundo.

NOTAS

(1) Sobre trasmocho: https://laramadeoro.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=3122&action=edit . Chirpiales, tras un recepe a nivel de suelo, era lo que producía el “cultivo en monte bajo regular”  (R. Serrada, 2008, “Apuntes de selvicultura”). taillis de chataignerEste tipo de cultivo se ha ido abandonando… y, como con los viejos trasmochos dejados a su suerte, sin rehacer la estructura del árbol, lo que queda atrás ya no es nada de lo que quisiéramos ver, ni bosque productivo ni bosque natural. Pura maraña, en parte seca (en especial por las yemas terminales), y en parte desgarrada: si no se siguen cortando los rebrotes, engordan más de lo que puede soportar la inserción -siempre mala en chirpiales y trasmochos, porque el brote procede de yemas adventicias.

(2) La expresión “limpiar”  da miedo en boca de algunos: se trata de reducir el material combustible del monte,  ¡no de dejar a la intemperie a los animales, el suelo expuesto a la erosión y comprometida la regeneración…!.

leña FSC

(3) Caja de 15 kilos FSC, en cualquier súper de Alemania o  Suiza: unos 5-6 euros si es mezcla (haya, fresno, arce) y 7-8 si sólo haya. Comprando por palés sale más barato.

Estrictamente para pájaros ( bis)

Es un decir. Porque moras ha de haber para todos, incluso para los humanos. Este año de sequía pertinaz no hemos recogido moras de LRO (variedades hortícolas), pero sí muchas en un seto cercano, beneficiado por la relativa humedad de una cuneta. Quien diga que la mora silvestre, por el hecho de serlo (silvestre), es más rica que la variedad hortícola, creo que nunca ha probado una ‘Royal Crown’ en todo su esplendor. Es infinitamente más jugosa, más dulce, más sabrosa. Sin embargo, es verdad que le falta algo. Le falta el aroma a mora. Ese arrecendo…

Para la mermelada de mora silvestre, medio kilo o tres cuartos de azúcar. Para la hortícola: con 300 gramos suele bastar. Y en los dos casos, medio limón.

Por último. Entre el primer “Estrictamente para pájaros” (https://laramadeoro.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=356&action=edit) y este bis, varios años posterior, han pasado algunas cosas. Que ahora existe spotify, por ejemplo, y que mientras escribo y a la vez como, a la vez escucho, y a la vez recuerdo.

Encina

Diciembre 2013

En el año 2007 aún no había nada ahí, en esa esquina de la entrada. El arado de Anastasio había levantado la tierra una y otra vez, pero sin sembrar ni plantar nada en lugar de los chaparros y jaras y cantuesos que debían de crecer antes de ese lado del camino. Por eso tampoco hubo que hacer mucho después. Estarse quietos, solo eso. Con el tiempo -cosa de tres, cuatro años- asomaron unos brotes desordenados. Seleccionamos tres brotes, y al año siguiente dos, y al siguiente uno. Empezó a crecer esta encina, tan lentamente (podemos confirmarlo) como dicen los libros que crecen las encinas. Todos los inviernos hay que refaldarla un poco: ayudarle a subir la copa cortando las ramas de abajo. Hoy la encina de la entrada pasa de tres metros. Su sombra se proyecta en el camino por la tarde. Refresca la tierra que rodea el tronco, donde también vuelven a crecer los cantuesos, los helicrisum, las cañahejas, incluso esparragueras en la zona más baja, y jaras pringosas en la más alta. Al atardecer aparcamos la furgoneta junto a la encina, sin sacarla del camino (sin aplastar -quiero decir- esas matas olorosas, llenas de insectos que vuelan y zumban) y los perros, cada día más vagos, se echan perezosamente a dormir bajo su sombra.

Ayer
)

(La historia completa de esta esquina de LRO:
https://laramadeoro.com/2014/01/04/al-principio-fue-la-avena/

Demolition builds the future

Dedicado  a la Confederación Hidrográfica Miño-Sil

demolition buids the future copia¿Es de verdad el pais más avanzado el que más kilómetros de autopista y aeropuertos construye…aunque jamás se amortice la inversión, y aunque crezcan ortigas y corran  alegremente las ratas por las pistas de aterrizaje (desde hace tiempo abandonadas)?. El país que va a la cabeza en abandono escolar fue también, en tiempos de vacas gordas, el campeón de las infraestructuras faraónicas e inútiles, muchas de ellas en espacios naturales protegidos. Recordando el desmadre de aquellos años, sus responsables no se cortan: declaran que volverían a hacerlo. Y de hecho, siempre que tienen la oportunidad, a pequeña, mediana o gran escala (lo que dé de sí el presupuesto), ¡vuelven a las andadas! Ni los promotores ni los “técnicos”, gente de buena digestión, con la conciencia tranquila, parecen tener problemas de sueño.

¿…Y nosotros?. Los que no somos técnicos ni entendidos, los que no sabemos nada pero lo pagamos todo, sí dormimos mal a veces. Soñamos que vamos al río y no hay árboles ni puentes, ni pájaros, ni peces… y la pena nos despierta en medio de la noche. Incapaces de entender los “cálculos estadísticos por ordenador” y profundas razones “técnicas” (¿?) de la Confederación Hidrográfica, sentimos la obligación de usar nuestro simple sentido común y, aunque resulte agotador, de hacernos oir. El país de verdad avanzado ¿no será el que consigue más con menos?. No el que elige siempre la solución más compleja, dispendiosa y épatante, sino “el que optimiza los recursos”, como se diría ahora, pero haciendo de esa frase algo más que un eslogan políticamente correcto en el prefacio de un “proyecto” o un “estudio de impacto”.

La Confederación Hidrográfica razona exactamente a la inversa. Al margen de las necesidades y prioridades en la “zona de actuación”, lo primero que hago yo, técnico de la Confederación, es informarme de cuántos euros dispongo. Después diseño en abstracto una nueva Pasarela do Toleiro, por ejemplo (perfectamente innecesaria, como casi todo lo que yo hago, pero que responde al correspondiente arquetipo platónico, la Madre de Todas las Pasarelas), y después, para construir esa magna obra que justificará mi sueldo de funcionario y el de mis colegas, y permitirá a los políticos venderla como “gran inversión para el pueblo”, procedo a hacer tabula rasa (demolition builds the future) de lo que ya existe. De lo que existe en el mundo sublunar, que tan poco frecuentan, por lo visto, los técnicos de la Confederación. Por último, por si me pinchan mucho los platagaiteiros, redacto de prisa y corriendo ese estudio de impacto ambiental, cultural, etc al que me obliga la ley -detalle éste último del que me acabo de enterar- y para la que me bastan (¡y sobran!) cinco minutitos en la Wikipedia.

estanque frente al hosp KircbergPaseando por las afueras de una ciudad de Centroeuropa, hace algunos años ya, nos fijamos en que, aun estando en “zona urbana”, los caminos estaban compactados con arcilla (no asfaltados) y las orillas protegidas con troncos (no con bloques), colocados con esmero uno tras otro; había un talud de cierta pendiente estabilizado con ramas de sauce; el agua que se recogía desde la autopista próxima y otras superficies impermeables de los alrededores iba confluyendo por una red de drenaje hasta llegar, en el punto más bajo de aquella zona, a un enorme estanque artificial cuyas orillas estaban plantadas de carrizos y al que cada primavera iban a criar los patos…Una vez al año, al final de invierno, una pequeña pala excavadora arrancaba parte de los carrizos –que de otro modo acabarían cegando el estanque-y se los llevaba a la planta de reciclaje. Los residuos orgánicos recogidos de los contenedores, todos los restos de podas, los carrizos del estanque, se dejaban a fermentar. El calor que desprendía todo aquello era tal que podía mover unas turbinas, y éstas, finalmente, calentar la piscina municipal…

…Nosotros seguimos ensimismados, como siempre, como hace diez años y como hace cincuenta. Con la diferencia de que ahora nuestros ingenieros/ técnicos varios disponen de nuevas herramientas tecnológicas y pueden hacer todas sus barrabasadas desde la oficina, barrabasadas “on-line”, calentitos y con música de fondo, conectándose vía satélite con sus colegas, manejando programas de diseño punteros… Al terminar su jornada laboral, fichan tranquilamente al salir y borran de su mente esos papeles que han dejado firmados sobre la mesa, ese plan de encauzamento para el río Sarria que prevé talar, no sé, ¿unos 200 amieiros?, lo que sea esa masa verde oscura que se ve por Google Earth.

Property of TVS, Inc.
¿
Con qué soñarán por la noche el Presidente de la Confederación y sus muchachos…?. Soñarán que los sueltan en paracaídas sobre Dubai, y que allí son felices por siempre jamás, en una orgía infinita de hormigón y metacrilato, sin libertad de prensa, ni de reunión, ni platagaiteiros dando por saco de la mañana a la noche.

Antes muerta que sencilla

Dedicado a la Confederación Hidrográfica Miño-Sil

pequeñosaltamontesPequeño Saltamontes de Caminos, Canales y Puertos: impermeabiliza, canaliza. No hagas nunca con las manos lo que puedas hacer con una máquina. No creas lo que te dicen tus ojos, sino lo que te dice tu iPod. Y entre dos opciones posibles, escoge siempre la más difícil. La más confusa. La más cara. La que se vea mejor desde lejos. La más mineral. La más objetivamente fea. La más irreversible. La más irrelevante. La más dura o la menos blanda. La más vanguardista. La que más escombro genere. La más gris. La más fría. Aquella, en definitiva, que más obstáculos ofrezca al anidamiento de cualquier especie animal, incluida la humana.

Tomemos dos puntos en la orilla de un río. El punto A y el punto B. Un ingeniero estándar (con alguna ilustre excepción, que tendrá que haberla)  imaginará hasta quince opciones –o quince millones de opciones, a cada cual más enrevesada- para que el agua llegue desde A hasta B. Por arriba, por abajo, en zig-zag, en cascada, en los cangilones de una noria, por un tubo de hormigón, por una serie de tubos de hormigón, por un acueducto, a través de un sistema de esclusas, de presas, de inyectores, de depósitos sucesivos, de piscinas fluviales, de terrazas, hacia delante o hacia atrás, embotellada, en camiones cisterna… Ahora bien, si le dices que esas opciones tienen que respetar un único requisito ( no dañar los árboles ni los puentes de piedra, por ejemplo), entonces el sistema operativo se le bloquea, empieza a pitar, y al final explota. ¿Por qué?. Porque es un ingeniero a la antigua usanza. Porque está programado para liarla. Un ingeniero autóctono-estándar necesita construir sobre el vacío (el papel en blanco, las orillas arrasadas) y no puede ni concebir intelectualmente la posibilidad de  limitarse a cuidar de lo que ya hay… y estarse quieto.

Consultorio (3)

TODOS LOS PERSONAJES Y SITUACIONES SON INVENTADOS. CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES MERA COINCIDENCIA.

Imperio Austrohúngaro, primavera 2099

sisi

Estimada Barbie Jardinera:

Soy Si-sí de Lucushofen, Regidora electa de Oribistach, pequeño pueblo de la Alta Austria que atraviesa el Camino de Santiago (un ramal alternativo, procedente de los Cárpatos), y del que se está hablando mucho estos días a raiz de cierto conflicto -que ahora te cuento- con una parte de sus vecinos.

Si de algo soy yo culpable, Barbie, es de querer un pueblo más moderno y elegante. ¿Qué imagen queremos dar al mundo desde este rincón del Imperio, me preguntaba a mí misma sin descanso durante la campaña electoral?. Al poco de ser elegida por 19ª legislatura consecutiva, una de mis primeras medidas fue convocar a los concejales de mi think tank para debatir este asunto. Y en esas estábamos, una aburrida tarde de invierno de 2096, repantingados y medio adormilados en el *Rathaus, en zapatillas algunos, mondando castañas asadas otros, discurriendo sesudamente con qué look entraría este pueblo en el siglo XXII… cuando un timbrazo en la puerta de abajo nos hizo dar un salto y desperezarnos. Era mi amigo No-nó, Presidente de la Confederación Hidrográfica del Danubio.

Lo que viene ahora, Barbie, ya lo sabrás por la prensa. Abreviando, que a No-nó le sobraban unos cuartos, mejor dicho, no le llegaban los cuartos que tenía para llevar a cabo cierta obra en el curso alto del Danubio –que impidiera las inundaciones en el curso bajo- y, por no devolvérselos (los cuartos) al que se los había prestado- alguien muy, muy distraido, por lo que dedujimos-, venía a ofrecérnoslos a nosotros para que embelleciéramos con ellos Oribistach, en particular la  Promenade junto al río (*an der schönen blauen Donau). Nos recordó que esa oferta ya se la había hecho a nuestros antecesores en el Rathaus, que también habían aplaudido la idea, pero que ahora el dinero estaba ya en la bolsa, contante y sonante, y nos tocaba a nosotros iniciar el proyecto. Que qué decíamos. ¿Y qué ibamos a decir?.

Nuestro think tank, con el apoyo de No-nó, diseñó entonces un ambicioso programa de intervenciones, con el objetivo de promover cambios de gran calado en sectores estratégicos del pueblo. Un completo Plan Renove que se llevaría a la práctica por fases. Para ejecutar el proyecto se contrató a la Empresa de Ya-yá. Estas son algunas de las medidas que preveía el plan:

Promoción del sushi de trucha del río Danubio. Instalación de la wii en las tabernas de la Promenade, como alternativa al dominó y la brisca. Tala de los alisos y chopos del río (Danubio) y sustitución por olivos centenarios, incluso milenarios (véase infografía de No-nó, aquí abajo). olivos centenarios, incluso milenariosDemolición de los puentes de pizarra y/o granito, y sustitución por pasarelas galacticas austrohúngaras. Prohibición de sacar a pasear canes de palleiro, o bien sustitución (a cargo del plan Renove) por Bracos Húngaros, ….y muchas más cosas, Barbie, todas en esta línea vanguardista. Financiaríamos un trenecito de colores que subiera y bajara por la Promenade an der schönen blauen Donau, y también reduciríamos a la mitad los bancos públicos, con el objetivo de que mis electores de la Tercera Edad se vieran obligados a caminar más, o incluso a apuntarse a los talleres de pilates (también en el programa). La otra mitad de los bancos se retiraría, siendo reemplazados ipso facto por unas modernas planchas de metacrilato, sin respaldo ni nada.

Ya en los preliminares del plan Renove hubo señales de que las cosas podrían torcerse. Algunos paisanos (pocos) se negaron a quitarse la boina de lana y sustituirla por una gorra de béisbol puesta del revés . Uno de los empleados de Ya-yá  lo intentó personalmente –acercándoseles por detrás- , pero ellos se resistieron como gatos panza arriba.

modelo antiguoplan renove

El verdadero problema surgió cuando unos que se creen intelectuales, organizados en una especie de Contubernio por el Danubio, empezaron a decir por ahí que todo esto era despilfarrar el dinero. ¡Despilfarrar el dinero!. ¿Te parece que es despilfarrar el dinero, Barbie, encargar a Budapest cuarenta camadas de bracos húngaros?. ¿Es despilfarrar el dinero encargar a París el diseño de una pasarela galáctica (foto aquí abajo)?. ¿Fomentar el uso de la wii entre los electores mayores de 65, los que más tiempo pierden de tasca en tasca?. ¿Comprar un trenecito?. ¿Hacer picadillo unos alisos zarapastrosos e invertir en olivos centenarios, incluso milenarios?.plataforma plan renove

Los del Contubernio empezaron con la matraca de que había que dejar los alisos en su sitio. Un grupo de activistas, particularmente radicales y violentos, bajaron al río (Danubio) y se encadenaron a los árboles. Y aunque Ya-ya no es precisamente de los que se andan con chiquitas, hubo que parar.
Los de la Confederación Hidrográfica se encogieron de hombros. Una telefonista me informó de que No-nó estaba en un crucero por los fiordos noruegos, fuera de cobertura. Llámé entonces directamente a la Cancillería Imperial en Viena, para pedir instrucciones, pero el teléfono comunicaba sin parar. Hordas radicales del Contubernio se citaron bajo los balcones del Rathaus tocando la gaita y la pandereta, para pedir la paralización del plan Renove. Y así es como, por primera y única vez en mi vida, contraviniendo mi inclinación natural a decir sí-sí…me ví obligada a salir a la ventana…y decir
solemnemente
¡NO!
A lo que ellos respondieron, sin dejar de cantar y bailar, que se iban al juzgado.

Por si todo esto fuera poco, algunos contratiempos han hecho las cosas todavía más difíciles. No pares-no pares, uno de los obreros de la empresa de Ya-ya, se cargó con la pala excavadora un nogal de la Promenade an der schönen blauen Donau. Un segundo obrero, Venga-venga, dejó caer al río una lona llena de cemento. Un tercero, Dale-dale, le dió sin querer a una tubería de saneamiento, que se rompió, y lo que había dentro se estuvo vertiendo al río durante días. Un cuarto, Chss-chsss , intentó taponar el vertido con lo primero que pilló, pero el tapón cedió y todo volvió al río (Danubio)….

Desde aquel día, Barbie, desde aquel NO contra-natura, mi vida es un infierno. Han pasado cuatro meses, me están dando hasta en el carné de identidad, y no está nada claro que se pueda seguir con el plan Renove. La propaganda del Contubernio es eficaz. Todos se calan la boina al verme pasar, en un acto de clara provocación. El cursillo de sushi-sashimi de trucha ha sido cancelado; la delegación de Fukujama venida hasta aquí para impartirlo, aburrida de esperar que se apuntara alguien, se ha ido a Compostela a besarle los pies al Apostol. Los bracos se me están enredando con los palleiros, a ver qué sale de ahí. Los viejos , como ya no tienen bancos, van cada mañana a sentarse a unas piedras junto al río (Danubio), y desde allí se dedican a hacer escarnio de los obreros…Obreros que, cansados de andar hueveando entre las máquinas paradas, se han ido a jugar a la wii a la taberna.

¿Qué debo hacer con los árboles y puentes , Barbie?.
¿Me habré equivocado?

Vuelvo a llamar a la Cancillería Imperial, a ver si me cogen ahora. La secretaria de No-nó me dice que sigue en los fiordos, que anda buscando un mechero que se le cayó al agua.
Entretanto, queridísima Barbie, espero atribulada tus consejos

Firmado:
Si-sí de Lucushofen

                                    ************************

Estimada Si-sí de Lucushofen:

Entiendo tu situación, que es delicada, pero no debes desalentarte. Sé de muy buena tinta que los rapaces del Contubernio no tienen nada contra ti. Sólo quieren salvar esos árboles y esos puentes, y lo quieren tan desesperadamente que –me temo- no van parar de tocar la gaita, la flauta, la pandereta y la zambomba, hasta que lo consigan. Tener dudas dice mucho de ti, querida Si-sí. Te aconsejo calurosamente que des ese paso que estás deseando dar. Tus electores te entenderán, y los otros sabrán reconocer tu gesto.an der schönen blauen Donau
Piensa que esos alisos están protegiendo las orillas del río (Danubio), y que talarlos sería una locura. He visto los planos de las nuevas plantaciones y, puesto que me escribes pidiendo consejo, el mío es que renunciéis ya mismo al plan Renove. Ni el césped ni los mixed-borders, ni un puñado de arbolillos flacos traídos del vivero, ni mucho menos los olivos de la infografía (debe de ser un error, o un corta-pega atolondrado de otro proyecto de No-nó, ¿quizá para la Circunscripción de Jaénhofen…?), podrán reemplazar jamás a los alisos de vuestra hermosa Promenade an der schönen blauen Donau.
En cuanto a los puentes de pizarra, siempre los he encontrado muy “vintage”. Infórmate de esto, Sisí, porque empieza a ponerse de moda. No vaya a ser que tiréis el puente…¡y después tengáis que reconstruirlo!.
Mi consejo es que recuperes tu verdadero ser, Si-sí querida: dile ¡sí! a esos alisos, e móllate polo río.
Ya verás qué bien te sientes después.

Tuya afectísima
Barbie Jardinera

*Glosario austrohúngaro: Rathaus: ayuntamiento. Promenade an der schönen blauen Donau: paseo por la orilla del bonito Danubio azul

Serenata do Toleiro

“Una gran parte de los respaldos de la Plataforma son de gente que no es de Sarria… no tienen ni idea del conflicto que se está desarrollando“. Palabras del alcalde, el día en que le dejaron quedar las 6844 firmas conseguidas contra el Plan de Encauzamiento.

Música de fondo, para ir leyendo el post relajados (y olvidarse del alcalde):

No había ninguna razón para tirar el Puente do Toleiro, pero lo han tirado. En el propio proyecto se decía que no era un obstáculo al paso del agua durante las crecidas del río.  Pero lo tiraron. Como nada tiene valor, como nada significa nada, se encogieron de hombros y lo tiraron. Un arqueólogo recomendó conservar los pilares de pizarra en algún parque. Ahí los ven ustedes, tendidos sobre la hierba, tan perplejos como los peregrinos que estos días cruzan el río camino de Compostela…

pilares derrubados do toleiroDice el alcalde que se van a estudiar las firmas para “comprobar cantas delas son de xente de Sarria” (El Progreso, 9/5/14). Pues bien, sarrianos son los que la madrugada del 24 de febrero se encadenaron a los árboles, sarrianos los que se lanzaron en piraguas para detener el derribo do Toleiro, sarrianos los que redactan denuncias, los que organizan batucadas, los que no descansan. Sarrianos como usted, señor alcalde, no se confunda. Pero al lado de cada uno de ellos estamos unos cuantos “de fuera”, arropándolos y ayudándoles como Dios nos da a entender. No hace falta que haga ese estudio que ha anunciado, señor alcalde, no pierda el tiempo con chocholadas: ya le digo yo ahora que sí, que hay firmas en el listado que no llevan su ADN.

Yo -por ejemplo- no soy de Sarria, tiene razón el alcalde. Soy de La Coruña y vivo en un pueblo de Madrid. Parte de mi infancia y adolescencia transcurrió en una playa de la Costa da Morte, entre Laxe y Malpica, a la que dediqué una entrada en este blog hace ya tiempo. Lo retomo ahora, señor alcalde, para intentar explicarle algunas cosas.

Hace unos años, entre diciembre y febrero de 2002/2003, pasé dos meses acarreando cubos de chapapote de las playas ensuciadas por el Prestige. Entre otras, la playa de la que acabo de hablarle. Comía mi rancho entre italianos, franceses, andaluces, yankis, madrileños, colombianos…Un grupo de canadienses montaron (pagándolo todo ellos) unos pabellones para recuperar aves petroleadas. Cuando encontrábamos un cormorán, un frailecillo, un arao o un alcatraz teñido de negro, paralizado pero todavía vivo, se lo llevábamos corriendo a ellos, para que lo lavaran y trataran de salvarlo. Lo mismo hicieron unos alemanes en la carretera de Noia… y otros muchos en otros puntos de la costa. ¿Recuerda usted todo aquello?, ¿entiende al menos por qué se lo estoy contando?. Algo me dice que no. Un portugués con el que estuve limpiando la playa de Carnota, llegado desde Faro haciendo auto-stop, me dijo que al ver las imágenes en la tele no lo dudó un segundo. Él era del Algarve, sabe usted, pero se echó a la carretera y terminó aquí. “¡Coitados, os espanhois…!”, me decía, meneando la cabeza, mientras rascaba con su espátula el chapapote de las rocas.

InfografiaPasarelaTojeiro
La memoria es una cosa  muy desigualmente repartida. Alguna gente –esa especie de zombis que se pasean por esta “infografía” del futuro Toleiro (aquí arriba), en la que, por cierto, los alisos que iban a talar han sido reemplazados ¡por olivos!- cree que el mundo empieza con ellos, y por eso no se enteran de nada. Otros, por suerte, los que todavía recuerdan, se esfuerzan como locos por conservar lo que merece ser conservado. Pero para eso, para saber el valor de las cosas, pongamos  ¿el Orinoco?, no es requisito ser miembro de la etnia yanomani. ¿O resulta que sí?  ( 1)

*****
Cuando construyeron el Toleiro nuestros abuelos aún no habían nacido. Lo harían pronto, enseguida, hacia el final de la Primera Guerra mundial (por esos años los perros de Galicia empezaron a llamarse, rutinariamente, o “Kaiser” o “Trotsky”, ¿cómo se llamarían antes?). En 1909 una “chea” inédita hizo que se juntaran las aguas del río Celeiro con las del Sarria. La familia que vivía entonces en el molino del Toleiro tuvo que trepar al tejado para que la riada no los arrastrara. Los viejos contaron durante muchos años la hazaña de “Tapita”, el gran nadador, procedente de alguna de las colonias americanas recientemente perdidas: el hombre se echó al agua en taparrabos, con una cuerda fina atada a la cintura (el otro cabo quedó atado a un árbol de la orilla, quizá uno de esos ameneiros hoy amenazados); “Tapita” se sumergió para salvar la corriente, emergió de nuevo, subió al tejado y, usando una maroma gruesa hecha con cuerdas de carro, que los vecinos le hicieron llegar atada a la cuerda fina, fue pasando uno a uno a todos los del Toleiro… Los pilares del nuevo puente, el que acaban de echar abajo, empezaron a construirse poco después de este episodio (2).

Un día de 19… el padre de mi abuela descubrió, en el lapso de apenas un minuto, dos cosas: que había dejado embarazada a su novia, y que unos asuntos urgentes reclamaban su presencia inmediata en La Habana. Cogió el barco y se despidió para siempre. Quién sabe si en ese mismo trasatlántico, pero en primera clase, no viajaría también Beniamino Gigli, rumbo a Nueva York… trasatlantico hacia 19...Esa generación de abuelos es la que hizo después la guerra civil. Mi abuelo, como tantos otros,  escapó de milagro al fusilamiento. Había sido miembro de la CNT, fontanero, y el único, por lo visto, que sabía leer y escribir de su cuadrilla. Lo mandaron al Frente del Ebro a arreglar camiones. El otro abuelo – labriego reciclado en comerciante de “productos coloniales”- tenía un soplo en el corazón y se libró del reclutamiento. Era, o decía ser, franquista… Una historia bien vulgar, como la de cualquier familia (“¡…coitados, os espanhois!”). En Sarria, en el 36, unas señoras de familia bien se refugiaron en la cuadra de los cerdos de Luis “Guetas”,  republicano de buen natural, que todo cuanto hizo con sus refugiadas fue tomarles un poco el pelo, asuntándolas con relatos truculentos de lo que fingía estar viendo por la ventana (“¡Ya se llevan a Doña Pura, arrastrándola de los pelos …!”).. Pasó la República, acabó la guerra, vinieron los años oscuros…y los pilares do Toleiro siguieron firmes en el lecho del río.

Por entonces seguro que había muchos más árboles. Un bosque más espeso, más rico y estratificado. Las mujeres irían a lavar la ropa al río, como iba mi bisabuela al suyo, en una aldea de Ortigueira, a lavar los pañales de la niña que acababa de nacerle. Y lo mismo haría la abuela de usted, amable peregrino, en Algeciras, Lima, Aberdeen..o las afueras de Osaka. lavanderas ponte ribeiraEl paisaje era verde manzana, o verde pistacho, color de los carballos al brotar, y no verde plateado, como el de los eucalitpos, o verde oscuro y apagado, como el del pino de Monterrei… El granito y la pizarra se usaban tanto en los puentes como en las casas. En los hórreos donde se almacenaba el maiz. En los valados, en los camposantos, en las plazas. Con algunas diferencias de color y sabor, también se haría así, amable peregrino, en su sierra de Guadarrama, o en el Aveyron, en un pueblo de los Cárpatos, de Burgos..o de las afueras de Connecicut.

… Creo que estas viejas historias desordenadas, como esos viejos paisajes, es lo que los perroflautas de la Plataforma vemos confusamente encarnados en la pizarra del Toleiro, el granito da Ponte Ribeira, los troncos de los alisos del río. La imagen que forman árboles y puentes es un lazo directo con el pasado, el de los sarrianos en primer lugar y el de todos los gallegos en segundo, pero también con el suyo de usted, amable peregrino, y con el de cualquier persona de buena voluntad  que se empeñe en recordar y proteger las cosas valiosas. Los zombis de la infografía, producto de la mente de algún enxeñeiro da Confederación Hidrográfica, son los únicos que sobran aquí (¿…pueden imaginar  ellos las manos moradas de las lavanderas del río, las manos callosas de los hombres que levantaron el puente, su orgullo justificado al terminar la obra, el primer día que lo cruzaron…?. )

***
Mis conocimientos de física son rudimentarios (por decir algo), pero sé que hay una cosa llamada “entropía” según la cual el universo tiende a la dispersión y el desorden. Un amigo, profesor de física en un instituto de secundaria, me lo explicó hace años con un ejemplo: “entropía” es lo que se produce cuando abres un frasco de perfume y su contenido se pierde para siempre por el espacio. ¿Quién conseguiría volver a meter el perfume en su frasco?. El cosmos aspira a convertirse en caos, me explicaba pacientemente este amigo, porque el desorden es más estable. Requiere menos energía. Pero -añadía- frente al desorden del universo está la vida. La vida sin comillas, compleja y esforzada como una hoja de aliso, o, más aún, como cada una de las células que la componen. Así que el que la destroza, el que corta un árbol por pura desidia, dándole con la pala excavadora para maniobrar mejor, o porque “¡son só amieiros!”, el que tira “porque sí” el puente que levantaron nuestros bisabuelos, con pizarra traída en carros de bueyes, escogiendo una a una las piedras, colocándolas primorosamente en su sitio…el que destruye eso, el que abre el frasco de perfume y se encoge de hombros después, tiene que tener claro a lo que se expone: los que todavía tenemos memoria, en Sarria o fuera de ella, no descansaremos hasta que un juez le haga pagar BIEN CARA su estupidez.

perroflautas no río

NOTAS

(1) Esa forma de pensar se viene llamando de un tiempo a esta parte “derecho a decidir”, versión política del más castizo “yo me lo guiso/yo me lo como”. Si usted , señor alcalde, piensa que sólo los nativos tienen algo que decir sobre los árboles y puentes del Camino de Santiago (Patrimonio de la Humanidad), a su paso por Sarria, no debe acoquinarse. Sea coherente: anúncielo públicamente y llévelo hasta sus últimas consecuencias. A ver qué opinan del asunto sus compañeros de partido. Entre esto, y que ya empieza usted a hablar del “conflicto”… les va a encantar.
(2) ) Relatos recogidos en Cuentos de pueblo, cuentos de Sarria, A.Díaz, 2002