Amor y rabanitos

OLYMPUS DIGITAL CAMERALos rabanitos se pueden sembrar por aquí desde finales de febrero, en turnos de 15 días o así; no hay que enterrar mucho la semilla, ni después cubrir completamente el tubérculo con tierra; lo suyo -pienso- es que les de un poco el sol en la barriga, como a las cebollas; si no sabrán poco y picarán menos. Se empiezan a recoger enseguida, desde abril; en Madrid los rabanitos de mediados de junio  están demasiado fibrosos, no se les puede meter ya el diente (es como masticar una cuerda); los de julio ni se recogen, pero dejo que los últimos se suban a flor y que la planta se seque: así tendré semillas para resembrar en septiembre.

Una de las ventajas de regar a mano es que da tiempo a pasmar un poco entre las flores y hortalizas. Una de las desventajas es que la cámara, siempre en el bolsillo del pantalón, a veces se moja y a veces se llena de tierra (lo mismo le pasa al móvil, y no creo que tenga solución).  Estos días he descubierto mientras regaba que la flor de los rabanitos atrae a diferentes tipos de chinches. Las de la foto, atareadísimas, son chinches escudo (Carpocoris fuscispinus?).

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La última de la clase

Al terminar junio

nemoptera bipennis Esta especie de mariposa -que no es tal, sino una prima, del orden Neuropterae– estaba posada esta mañana en una de las pocas margaritas no decapitadas por la desbrozadora. Es una Nemoptera bipennis.  Le hice la foto mientras regaba las moras. Con la mano derecha sujetaba la cámara y con la izquierda la manguera. La nemoptera vuela a trompicones, como si no le hubieran enseñado bien, indecisa entre esta hierba o aquella, y quizá agobiada por el calor. Pero esta foto mía, hecha  de cualquier manera, no puede transmitir ni su falta de pericia ni su ligereza. A lo mejor por su vuelo torpe -sin el nervio y la determinación de las mariposas- o por esos  largos faldones flotando, la nemoptera parece un pañuelo, o un trozo de papel,  que el viento anduviera paseando por los rastrojos.

¡Ya!

San José 2013

abejorro en un Prunus 18-3-13Ya está aquí. Llegó ayer, día 18,  a media mañana. Unas horas de sol después de un fin de semana de frío y llovizna…y ahí estaba por fin, sin alharacas ni ruedas de prensa. Ahí estaba, inconfundible, la primavera: un zumbido in crescendo en los almendros, en los ciruelos, y las primeras mariquitas “resucitando” entre la corteza de las cepas.

(Foto: un abejorro, género Bombus No sé la especie, quizá B.hortorum, pero la pelambrera varía mucho de unos a otros…)

El amor no debe tocar nunca el suelo

Primavera-otoño 2012

“El amor no debe tocar nunca el suelo,
PARA QUE NO SE LO LLEVEN LAS HORMIGAS”
Pedro Casariego Córdoba (Cuaderno amarillo, rojo, verde y azul. Ardora Expres, 1998)

Ojo con ellas pues. Son golosas, irreflexivas, arramblan con todo lo que encuentran aunque no sepan muy bien para qué ha de servirles. En la huerta tienen una preferencia marcada por las acelgas que empiezan a subirse a flor. Tierra arenosa, calor intenso, acelgas que maduran deprisa. Ergo: pulgones. Ergo: hormigas. Y entre los frutales, a principios de la primavera -y muy en especial si no cae una gota-, por los melocotoneros. Es sabido que las hormigas pastorean a los pulgones. Los protegen de sus depredadores (mariquitas, crisopas…) y los conducen a los brotes más tiernos.  A cambio los pulgones les entregan su melaza: ese jugo azucarado que producen tras chupar y sorber la savia de las hojas frescas. Pero la película empieza más atrás. Con un exceso de abono, seguramente. O con una poda exagerada. Ambas cosas producen brotes numerosos pero débiles, excesivamente blandos,  tentadores. Sé lo que digo porque son mis propios errores los que me han enseñado.  Así como no volveré a plantar acelgas en una zona tan protegida, tampoco volveré a darles podas de formación tan agresivas a mis raquíticos frutales.  Las hormigas que recorren alocadamente el tronco del melocotonero, o el corazón de las acelgas, son sólo el eslabón más conspícuo de toda esta cadena de causas y efectos. El sol excesivo. La tierra pobre (cada año lo estará menos). Mi inexperiencia.  Una vez que se ha asimilado de verdad esta historia, entonces y sólo entonces puede uno plantearse combatir a los pulgones en alguna de sus fases de desarrollo. Sobre la melaza que produce el pulgón se desarrolla el hongo de la Fumagina -“negrilla”-; cuando las hojas están cubiertas de esta sustancia pringosa (y ahora oscura) la actividad fotosintética se reduce peligrosamente, tanto más cuanto los árboles/plantas son todavía muy frágiles…Así que no se les puede dejar a su aire. Un buen chaparrón limpia las hojas en un abrir y cerrar de ojos. ¿Hay agua en la alberca, con suficiente presión, para chorrear el melocotonero, las acelgas, al atardecer?. Plántense lavandas, salvias, y ajo, que las hormigas tratarán de dar un rodeo…y puede que hasta se aturullen  y se  les pierda el rebaño. Hay quien dice que albahaca, pero yo digo que no: que aquí, no. La albahaca quiere mucha agua, más de la que tenemos. ¿Y si ni por esas?. El último recurso es un aceite. Es decir, un insecticida, un pulgonicida (las hormigas deben irse antes, pues hacen mucho bien en otros frentes- bastará con un reguerito de azúcar). Un aceite de potasa (ya anda por ahí comercializado, como insecticida “bio”…), o un aceite de “neem”.  Pero lo suyo sería que la tierra, de puro fértil, produjera plantas tan robustas que al pulgón se le quedaran los morros clavados en sus hojas y desistiera… Y una finca tan “biodiversa” que autorregulara sus poblaciones de parasitos/depredadores sin que nadie tuviera que intervenir (el principio más eficaz en una huerta de éstas  siempre será el de la “merienda de negros”). En conclusión. Las hormigas se llevarán todo lo que caiga al suelo. Trocean, trituran, limpian y esconden, incluso adultos y  larvas de muchos bichos malos (como esos saltamontes superabundantes que liquidan las judías en cuanto brotan: el vídeo de este post está filmado “in situ”). Hay que vigilarlas de cerca, por si acaso se llevan lo que no deben. Pero el balance, siendo justos, las hace más buenas que malas pues, aun siendo omnívoras, preferirán unas chuletillas de saltamontes a un poco de melaza de pulgón…  Y si favorecen el aumento del número de pulgones,  la culpa de que  ellos aparezcan ahí, ahí precisamente,  no es de las hormigas sino mía.

NOTAS:
Esta entrada estaba en la “bandeja de salida”, a medio redactar, desde que Emma declaró su simpatía por las hormigas, “en especial las negras como el carbón, de culo gordo…”. Sus  comentarios, así como las respuestas que siguieron, pueden leerse aquí: https://laramadeoro.com/2012/07/23/lro-hotel-resort-spa/#comments

Copio el siguiente párrafo del manual “Jardinez avec les insectes”, citado mil veces en este blog: “La invención de la lucha biológica se remonta a los campesinos chinos, quienes, hace más de 2000 años, colocaban perchas de bambu entre los árboles de sus naranjales, para que una especie de hormigas carnívoras  pudieran pasar fácilmente de una rama a otra, limpiándolas de orugas y otros insectos vegetarianos…”

Rutina

Todo el verano, cada verano

Nada más llegar: comprobar los estragos del grillotopo/alacrán cebollero en la huerta (una cebolla, una remolacha y un apio de media, por noche)
Comprobar que en las trampas para el grillotopo no han caído cárabos ni estafilinidos, que no hacen daño  en la huerta (todo lo contrario) pero siempre se caen de patas en los botes y cajas que dejo enterrados. Hay que liberarlos enseguida (bajo el acolchado de paja), para que no se deshidraten.
Comprobar que no han caído lagartijas a la alberca (en lo que va de verano he salvado a tres y he retirado el cadáver de una cuarta: no son nada listas)
Abrir la primera tanda de goteros. Limpiar primero el filtro.
Subir a la alberca vieja: escuchar unos segundos la caída del agua en su interior. Comprobar el nivel. Si hay suficiente agua, regar moras y frambuesas, a mano. Primero, recoger algunas tarrinas de moras (de buena mañana la piel está tersa, después se empieza a tostar)
Bajar a la segunda huerta y comprobar que el viento no ha tirado los sombrajos. Si los ha tirado, volver a atarlos.
Abrir la segunda tanda de goteros.
Revisar los tutores de los tomates. Y las ataduras. Despuntar. Recoger los tomates maduros, pimientos, calabacines y pepinos. Colocar las cajas a la sombra.
Mirar bien el interior de las coles. Empiezan a dejarse ver las chinches y no se puede tener piedad con ellas (como la tuve en primavera con el grillotopo…). Chinche que asoma, chinche que se despide.

Doblarle las hojas a las cebollas que ya estén bonitas, para que maduren bien y después se conserven mejor.
Vaciar unas regaderas en la media docena de melones que nos dejaron los jabalíes (el resto, zapateados).

Ya han pasado tres o cuatro horas horas. Si el calor no aprieta, quitar hierbas en las huertas, a mano o con una azadilla. Habría que desbrozar tanto, tanto…que no desbrozo nada. Si el calor aprieta, parar. Rellenar, al salir, el cubo de agua  y la bandeja con pienso que le dejo en la puerta a un perro que ví cruzar hace dos días por el camino (ni se paró  ni se dió la vuelta para mirarme)

Al atardecer hay que volver y terminar de regar. Y mañana otra vez.
Y pasado.
Y al otro.
Y al siguiente.

LRO Hotel Resort + Spa

Lonely Bees & Wasps Hotel

Habitaciones individuales, en tallos esponjosos de cañaheja, frambuesa, o rosal silvestre. Para avispas solitarias también hay bambú y  cañas comunes (Phragmites, procedentes de la finca de la Dionisia, vecina de LRO). Buenas vistas sobre la alberca nueva. Situación soleada pero no tórrida ( unos ramallos de sauce , sobre el ladrillo que forma el hotel, protegen las estancias del sol zenital).  Pequeño talud de tierra del otro lado de la roca. Restaurante para adultos a menos de cinco metros: umbelíferas silvestres, zarzamora, aromáticas y Sedum de los “cuasi-jardines”…

Habitación flotante para ranas

En planchas de poliespán alveoladas, con una teja, piedras, tierra, y varias ramas secas. Acceso individual desde el agua, por medio de una rama curva imputrescible (enebro).  Rampa de salida del estanque (otro tronco de enebro, más grande). Restaurante ahí mismo: mosquitos, efímeras, pequeños crustáceos…

El SPA de LRO incluye baños de barro y un circuito termal por piscinas de agua fresca, templada, o caliente.

Sólo he incluído dos de los “hoteles” que hemos fabricado expresamente para el bicherío, en zonas donde nos interesa particularmente tenerlo cerca (en el resto de la finca sería absurdo). Pero la mayoría de los refugios (hablo sólo de los “humanizados”, claro)  los han ido okupando ellos, como el montón de tejas viejas –recogidas en un contenedor de San Bernardo el año pasado- , hoy albergue para lagartijas. O como una de las arquetas de riego, en la que he visto acurrucarse, muy asustada, una culebra de agua. Todo lo que hacemos o dejamos de hacer tiene consecuencias. Un cesto lleno con retales de malla de sombreo se convierte en un nido donde hibernan y crían los ratones. En la salida del tubo de drenaje se ha instalado un sapo. Y en uno de los montones de sarmientos que no quemamos…y en las vigas podridas que retiramos de la bodega, hoy descomponiéndose en paz a la sombra….y en ese montón de piedras rastrilladas que he ido acumulando en una esquina de la huerta…

NOTAS

La médula esponjosa de Thapsia villosa -cañaheja- es perfecta para los nidos de avispas y abejas solitarias

Todo el mundo sabe que sin abejas y abejorros ninguna huerta ni plantación frutal producirá medianamente. Y todo el mundo ha visto alguna vez a las flemáticas ranas almorzando mosquitos en la orilla de una charca…. Pero ¿por qué “avispas solitarias”?. Esto lo he ido aprendiendo al llegar aquí. Aunque las avispas adultas son vegetarianas, como larvas son carnívoras. Por eso sus progenitores “cazan”: algunas hacen la puesta directamente sobre el insecto que parasitan (una larva de coleptero, una oruga…), pero muchas construyen primero un nido, lo llenan con sus presas aún vivas -paralizadas- y acto seguido hacen la puesta. Luego todo son diferencias. Algunas avispan se van y ahí queda eso (bien tapiado). Otras siguen llevando a sus crías alimento fresco…En fin. Que estas avispas solitarias son un auxiliar de primera cuando uno tiene un huerto con tendencia  a llenarse de pulgones, de saltamontes, o -lo peor- de grillotopos…Le tengo echado el ojo a dos géneros de avispa en concreto: Larra -que parasita grillotopos- y Pemphredon, que va limpiando de pulgones por donde pasa…

La fuente principal, además de los manuales que cito siempre -el de V.Albouy y el Chinery-, la web de Terre Vivante, con instrucciones  para hoteles super-sofisticados y fashionhttp://www.terrevivante.org/237-construire-un-hotel-a-inscetes.htm

Anthidium libando la flor de un Sedum spectabile

 

Love is in the air!

Última semana de junio 2012

En el aire de LRO, haciendo acrobacias, copulan los vencejos e inician su ritual las libélulas y caballitos del diablo. El macho -libélula pasea con su novia cogida por el cuello. No de la mano, sino por el cuello. Ella no dice que no. Se están unos minutos así, tonteando, hasta que por fin encuentran una hoja, una caña, una piedra que les gusta. Entonces la hembra-libélula arquea el lomo y, transformando el tándem en una rueda, recoge unas gotas de esperma en los “órganos sexuales accesorios” de su novio. (los órganos sexuales “de verdad”, donde fabrica el esperma, los tiene al final del cuerpo). La hembra dejará los huevos sobre la superficie de la charca o donde mejor le pille (en el lodo de la orilla, por ejemplo). De los huevos saldrán unas larvas extrañas, carnívoras, que no abandonarán el agua hasta dentro de tres, cuatro, cinco años. Un buen día sus branquias empezarán a transformarse y las larvas/ninfas tendrán que salir a la superficie a respirar. Se agarrarán con todas sus fuerzas a una hoja de iris, quizá a un junco. En muy poco tiempo la cutícula que cubría su cuerpo se rasgará de arriba a abajo, por la espalda. La libélula al principio no tendrá color (al final, tampoco). Después será azul, o roja, o color ocre. Y empezará a patrullear la charca. Con sus fuertes mandíbulas machacará  miles de moscas y mosquitos, mariposas,  escarabajos, crisopas (como ninfa  acuática eliminaba larvas de otros insectos,  pero también renacuajos y alevines). Un día cualquiera se cruzará en su camino otra libélula. Se reconocerán. Y entonces el macho-libélula la cogerá por el cuello, y ella no dirá que no…

Fotos: 1. Ninfa que sacamos del fondo de la alberca el día que la limpiamos (si no lo hacemos se atascan los goteros cada cinco minutos). Mezclada entre las algas, al final sólo se llevó un susto. De haberse quedado donde estaba no hubiera podido agarrarsse a nada para desprenderse de su cutícula y convertirse en adulto. Al limpiar la alberca pasamos todo ese bicherío a la charca que se forma allí mismo, con el agua que rezuma del viejo mortero… 2. Foto de Gema en el estanque de su casa: metamorfosis a toda pastilla (nada que ver con las mariposas) 3. Las cutículas se quedan ahí prendidas, como broches de papel, hasta que el sol y el viento las desmenuzan. 4. Rueda de apareamiento de dos Aeshna, otra superfoto de Gema. 5. Libélula roja del género Sympetrum, el que más abunda en LRO (¿quizá el adulto de la foto 1..?).

NOTAS. Guía de los insectos, de M. Chinery (Ed. Omega),2006, como siempre. Y Wildlife gardening for everyone, VVAA Royal Horticultural Society, 2007. Más las pacientes observaciones de Gema, que pasa horas agachada (y maravillada) al pie de su estanque.

A la avispa-mamut le gusta la flor del puerro

Mediados de junio 2012

He dejado que algunos puerros se suban a flor sólo por el placer de verlos así.   Ayer por la mañana me acerqué a regarlos – unas salpicaduras rápidas, que no hay agua para más- y me encontré una especie de avispa gigante, de patas peludas y antifaz amarillo, libando el néctar de la flor del puerro.  Una Megascolia maculata flavifrons, avispón (en este caso, avispona, por el tamaño y el color de la cabeza), que los ingleses llaman “mammoth-wasp”,  y que sólo pueden verse en días cálidos- de las zonas cálidas- de los países cálidos... Como con la aristoloquia y la mariposa arlequín, el majuelo y la blanquita…si hay avispa-mamut debería haber escarabajo-rinoceronte, cuyas larvas son necesarias a la avispa en el momento de la puesta. Leo en internet que los plaguicidas+herbicidas han provocado una reducción salvaje de las poblaciones de estos escarabajos, con la inevitable y rápida reducción del número de avispas-mamut. Pero aquí, en LRO, tengo la impresión de que  el uso intensivo de acolchados orgánicos (ramas trituradas, siegas de cesped, y  heno humedecido, que un conocido nos regaló porque  no le valía ya como forraje para sus caballos) ha creado las condiciones idóneas  para que proliferen  los escarabajos, grillos, etc.  No todos ellos son útiles en la huerta -más lo serían en los composteros-, pero la mayoría  sí son al menos inofensivos.  Así que nos llevaremos bien.  Cada vez que el grillotopo se coma una cebolla o una lechuga (¡esta noche han sido tres!), trataré de sobrellevarlo recordando  a esta preciosa avispa-mamut, con sus pintas de heroína enmascarada.

Sospechosos habituales: el alacrán cebollero (grillotopo)

Últimos días de primavera

A éste lo pillé esta mañana. Llevaba varios días preguntándome por qué se marchitaban las lechugas de la huerta de abajo. Las hojas aparecen lacias; se tira de ellas y resulta que la lechuga no tiene cuello, ni raíces. Y una galería como de dos centímetros de diámetro recorre la línea de lechugas, y la cruza hasta la de los puerros, donde los más tiernos (los grandes no) muestran exactamente los mismos síntomas. Grillo topo, también llamado alacrán cebollero (Grillotalpa grillotalpa) Enemigo de todos los céspedes del planeta tierra. ¿Y en las huertas?. En las huertas es más bueno que malo (¡o debería!) porque el grueso de su dieta son larvas/insectos del suelo, considerablemente más dañinos. Con todo y eso, y a la vista de que éste de la foto (y sus amigos) suelen servirse de mis lechugas como guarnición, consulto el libro de referencia en estos casos, Jardinez avec les insectes (V. Albouy, Ed. de Terran , 2009) que, aún siendo bastante comprensivo con toda esta fauna de costumbres dudosas, no por ello deja de incluir un buen listado de posibles métodos represivos.  El más útil este caso: recipientes enterrados hasta el borde, para que los grillotopos se caigan de patas en él cuando salen de noche a la fresca. La segunda alternativa que propone Ms. Albouy me parece bastante chusca; consiste en colocar en torno a cada hortaliza un collarín protector formado por  un “gros pot de fromage en plastique”, es decir, uno de esos envases de requesón o de nata fresca… (Por pequeña que fuera la huerta, tendríamos que pasarnos el invierno comiendo queso para poder tenerla protegida en primavera contra el alacrán cebollero).  En cuanto a los depredadores, son muchos y variados. Pájaros, topos, y una avispa que los parasita. Pero la realidad sobre el terreno es que hay que pillarlos. Abriéndoles las galerías, colocando recipientes, buscándolos con paciencia entre el acolchado de paja. Lo que yo hago a continuación es esto: primero, la “ficha policial” (ésta), y después los llevo a la parte de abajo de la finca, a la maleza. Allí los dejo quedar, con la esperanza de que los rabilargos y los alcaudones lo encuentren y se entiendan con él.

Arriba el que menos pese

Octubre 2011

Al escribir hace unos días la historia de mis pobres coles recordé la serie fotográfica que les había hecho a los saltamontes azules (Oedipoda caerulescens). Se reconocen fácilmente por las franjas negras y blancas. Pero todavía es más fácil identificarlos cuando se va mirando al suelo por los caminos desbrozados, pensando en otra cosa… Entonces, de repente, empiezan a cruzarse por delante una especie de parpadeos azules, que se dirían ícaros, o nazarenos, esas pequeñas mariposas azulinas que los franceses llaman “petits bleus”. Pero no son mariposas. Son los saltamontes azules que se comen las judías y las coles. Son ellos, los que cuando brincan despliegan una membrana azul en las patas traseras. Y son muchos. Pero basta con proteger con manguitos las hortalizas recién puestas para que ellos desistan y se marchen saltando en otra dirección, siempre con ese abrir y cerrar inesperado de la bandera azul, ¡clic-clac!, tanto más efectivo cuanto que el saltamontes era hasta ese momento invisible (de bien mimetizado que estaba con la tierra). Lo que consigue con esos chispazos azules es aturullar unos segundos a cualquier posible depredador que ande cerca (una mantis, una lagartija, un alcaudón, un monstruo vociferante de dos patas que se acerca con cámara de fotos…).