Estrictamente para pájaros ( bis)

Es un decir. Porque moras ha de haber para todos, incluso para los humanos. Este año de sequía pertinaz no hemos recogido moras de LRO (variedades hortícolas), pero sí muchas en un seto cercano, beneficiado por la relativa humedad de una cuneta. Quien diga que la mora silvestre, por el hecho de serlo (silvestre), es más rica que la variedad hortícola, creo que nunca ha probado una ‘Royal Crown’ en todo su esplendor. Es infinitamente más jugosa, más dulce, más sabrosa. Sin embargo, es verdad que le falta algo. Le falta el aroma a mora. Ese arrecendo…

Para la mermelada de mora silvestre, medio kilo o tres cuartos de azúcar. Para la hortícola: con 300 gramos suele bastar. Y en los dos casos, medio limón.

Por último. Entre el primer “Estrictamente para pájaros” (https://laramadeoro.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=356&action=edit) y este bis, varios años posterior, han pasado algunas cosas. Que ahora existe spotify, por ejemplo, y que mientras escribo y a la vez como, a la vez escucho, y a la vez recuerdo.

Pan gallego

Foto: canal All you knead is bread / Best spanish rustic bread!

En 2005 en las playas de nuestra zona todavía quedaba chapapote del Prestige. Yo hacía cuarto de la ESO. Con mis compañeros y profesores del instituto me había manifestado, iracunda, contra la guerra de Irak.
Creo que fue por esos años. Algunos clientes, particulares u hosteleros, habían empezado a pedir “pan gallego”, pero –insistían– pan gallego “del de verdad”. No valían las harinas estándar. No colaban tampoco los detalles decorativos para hacer “rústico” (unos cestos de castaño, unas pizarritas con los precios…).
¿En qué consistía un pan gallego, se preguntaron mis padres?
Sabíamos distinguir perfectamente un pan de Vimianzo de uno de Carral, por ejemplo. ¿Pero pan gallego? El nuestro, el de Arteixo, era como el de Carballo: tenía más miga que el de Carral, de corteza bastante dura, y una harina sin restos de salvado, menos oscura que el de Vimianzo pero sin llegar a ser blanca. Teníamos en la sala, al pie de un San Tirso de plástico comprado en los chinos (en una mano, un largo serrucho; en la otra, las Sagradas Escrituras), un anaco de las Roscas de Oseiro, bendecidas por el párroco, que se sacaban en solemne procesión el último domingo de enero y se repartían entre los vecinos al siguiente, pero que estaban elaboradas con masa morta, sin levadura, y, por muy benditas y muy gallegas que fueran, a los dos días estaban duras. Conocíamos las bolas do Porriño, y el pan de Cea, que no se parecía en nada al nuestro, y en la zona de Lugo de la que procedía el bisabuelo molinero, hasta los niños de la guardería, decía mi padre, que se ponía un poco fatuo cuando salía el tema, podrían distinguir “con los ojos cerrados” un pan de Ousá de uno de Palas, de Paradela, de Monterroso… Y así con todas las parroquias, una por una. ¿Pero pan gallego? ¿Bastaría con hacer roscas y bolas con moño –moño de verdad, no un simple pegote– como las que habían hecho en casa toda la vida? Hubo que buscar en google. Y no, concluimos, no era suficiente con darle a la masa una u otra forma para que el pan fuera “gallego genuino”. De hecho, en muchas zonas no le ponían moña a la moña… Tampoco la llevaba el “redondo gallego” del Carrefour. La clave estaba, concluimos, en la masa madre y tiempos de fermentación, en la mezcla de harinas, y en la calidad del horneado. Lo primero tenía fácil arreglo: volveríamos a las prefermentaciones largas, de toda la noche, y se haría una primera fermentación en bloque de dos horas, como mínimo, después del amasado. Masas madres había muchas en el mercado. Como la Sapore (de Puratos) que, aunque no reemplazaba a la levadura, sí le daba al pan ese “punto artesano”, ese regusto ácido que los clientes decían apreciar tanto, y que nosotros no conseguíamos usando solo nuestra masa casera (un trozo de la masa de la víspera: no había más misterio). Respecto a las harinas, ya era otra cosa… En todas las grandes harineras del país las vendían así, “harinas para pan gallego”, mezclando trigo con algo de centeno y de salvado fino. Eran harinas que se hidrataban con facilidad, se estiraban y estiraban… y hacían panes mullidos, con la textura de una chapata, que es una cosa moderna, solo un poco más firme que un cruasán. Nada que ver, en todo caso, con los “panes de antes” (observaba mi abuela, abriendo un nuevo frente), como el que hacían en Neda (“y en todas las casas”), que no tenían “tanto aire” y duraban más, un estilo bizcocho, ¡no cruasán!, más consistentes que los de ahora, porque las harinas no hinchaban tanto, porque los trigos “de por aquí”, de Meicende, de Oseiro… debían de ser distintos. Todo era un trigal entonces, trigales e agras, decía la abuela, que las había visto desaparecer a toda pastilla en los años cincuenta. Trigales donde las ferrallas del Polígono, y los últimos molinos de viento más al norte, ya en la ciudad. Pero estos recuerdos de la abuela sembraron en nosotros nuevas dudas, pues algunos de los panes tradicionales a los que acabo de referirme –esos de la zona entre Lugo y Orense– eran aún de miga densa, como los que describía ella, pero no como los que encontrábamos bajo la rubrica “pan gallego” en internet y en las webs de las tiendas de delicatessen de toda España. Indagamos un poco más. Los trigos de producción autóctona, además de caros y difíciles de encontrar, hacían harinas de poca fuerza (no hinchaban), así que, aún en el caso de poder introducir un porcentaje de esas fariñas da terra en la masa, para elaborar el “pan gallego” arquetípico (esponjoso y vendible, en resumen) el porcentaje mayor tenía que ser de harinas fuertes producidas “fuera”.
Sensibles a aquella demanda creciente, y, de un modo más general, como nos pasaba a todos, a la suave presión identitaria y ecológica –que parecían confundirse: vivamos como galegos, comamos como galegos, y no le dábamos más vueltas– mis padres tomaron entonces la decisión de instalar gas natural, menos contaminante que el carbón de las centrales térmicas; comprar un Horno Rotativo con Solera Refractaria (hornos Revent, Zurich), que hacía panes artesanos “como los de antes”; y, por último, aumentar tanto como se pudiera el porcentaje de trigo “Callobre”, autóctono certificado, pero que, siendo realistas, era todavía muy escaso (acababan de empezar a sembrarlo de nuevo, por Xinzo y por ahí, con ayudas de la Xunta) y de baja fuerza panadera. Mientras tanto, mientras esas espigas crecían y se multiplicaban, y mientras se buscaba por las cuatro provincias una improbable variedad de trigo con el pedigrí impoluto –como el referido Callobre– pero con el que se pudieran obtener harinas fuertes (¿y dónde la encontrarían, si el “pan de por aquí”, el que aún recordaba vagamente mi abuela, no las necesitaba, dijera lo que dijera google?), habría que seguir comprándole los sacos a nuestro distribuidor de siempre, un tal Arsenio, que los subía todas las semanas desde Villalobón.
Nos dieron un crédito a quince años en la oficina de ING de Arteixo. Aunque el coste de instalación del gas era prohibitivo, como el kw/h –hecha la equivalencia con el m3 de gas– era tres veces más barato que el de la eléctrica, los números salían, al menos a diez o doce años vista, y siempre y cuando se mantuviera el ritmo de ventas de aquellos años. Todo empezó a cuadrar. Y así, gracias al dinero holandés, la tecnología suiza, el gas natural argelino, la masa madre belga, y las harinas fuertes de Palencia, en verano de 2007 conseguimos hornear, por fin, nuestro primer pan gallego.

C.C.Couto, Perfiles de cebra, pp. 133-136

Una viña roja, toda roja como el vino rojo

“Hemos visto una viña roja, toda roja como el vino rojo. En la lejanía se volvía amarilla, y más allá un cielo verde, con un sol; terrenos después de la lluvia, violetas y centelleantes de amarillo por aquí y por allá, donde se reflejaba el sol poniente…”
Vincent Van Gogh, Cartas a Theo, noviembre 1888
Pero solo un mes antes esas viñas de Arlès aún estaban verdes, y Vincent también las pintó:
“¡Si vieras las vides!. Hay racimos que pesan por lo menos un kilo. Este año las uvas son excelentes…”

Anastasio, antiguo propietario de LRO, solía repetir por estas fechas la misma cantinela: que cuando él era joven se vendimiaba en noviembre, y que a los vendimiadores hombres les daban medio litro de vino, y a las mujeres un cuartillo…
Hoy los viejos siguen vendimiando tarde, pasado el Pilar, y los vinos que “corren” -en tinajillas de barro los muy castizos, en barreños de plástico los más pragmáticos- tienen un aquel de coñac, muy apreciado por todos ellos (nada que decir). Sin embargo, en las mejores bodegas de esta zona vecina a Gredos -las de Bernaveleba, Comando G, etc- hoy se vendimia entre los últimos días de agosto (la uva blanca) y los primeros de septiembre (la tinta). Es decir, dos meses antes que cuando Anastasio era joven y que cuando Vincent vivía en Arlès. Es decir, dos meses antes de lo habitual en cualquier país del sur hasta hace nada (¿quince, veinte años?).
El cuadro de V. Van Gogh es conocido porque arrastra la fama (hoy discutida) de haber sido el único que vendió en vida. Lo pintó a principios de noviembre de 1888, mes y medio antes de pelearse con Gauguin, cortarse la oreja e ingresar por primera vez en un hospital. Hojeo un catálogo de sus cuadros. Van Gogh prefería sin duda la primavera -los árboles en flor, tan del gusto japonés: https://laramadeoro.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=4910&action=edit – y también el pleno verano: las labores de cosecha, los almiares… Pero viñedos solo se le conocen dos. La Viña verde, que está en el museo de Otterlo, y esta Viña roja, del Museo Pushkin (Moscú).
Eran éstas las viejas viñas de la Provenza, las mourvèdre (nuestra monastrell), cinsault, mouscardin…, que se salvaron de la filoxera por estar plantadas en suelos muy arenosos, en los que el insecto no puede cavar sus galerías y acceder a las raíces. No se plantaban en cuadrículas esmeradas, ni se ataban en contraespaldera (ahí se las ve, despatarradas por la arena) ni se mimaban tanto como hoy. Por otro lado, todas las figuras que vendimian en el cuadro son mujeres. En la mano debían de llevar serpettes. Con poco que se distrajeran -una broma, una pulla-, el filo de la serpeta les cortaba las yemas de los dedos, y así, con esos dedazos picoteados, tendrían por la noche que cambiar pañales y preparar la cena. Cada pocos pasos habría un capacho de esparto (?), y allí irían echando las uvas; después lo cogerían entre dos para poder subirlo al carro (en el pescante, arreando al caballo, sin duda un hombre). Los capachos quedarían rojos, gotearían mosto, se llenarían de avispas… Pero lo que más me alarma hoy, mirando y remirando el cuadro, es que las vendimiadoras arlesianas no flexionan las rodillas para cortar los racimos. Solo con verlas le duelen a uno las lumbares, y aún más al final de la tarde, momento escogido por Van Gogh, con ese sol redondísimo, blanco roto o blanco tostado, a punto de tocar tierra.

El eterno otoño de los feacios

En el exterior del patio, cabe las puertas, hay un gran jardín de cuatro yugadas y alrededor del mismo se extiende un seto… Allí han crecido grandes y florecientes árboles: perales, granados, manzanos de espléndidas pomas, dulces higueras y verdes olivos. Los frutos de estos árboles no se pierden ni faltan, ni en invierno ni en verano: son perennes; y el céfiro, soplando constantemente, a un tiempo produce unos y madura otros: la pera envejece sobre la pera, la manzana sobre la manzana, la uva sobre la uva y el higo sobre el higo. Allí han plantado una viña muy fructífera, y parte de sus uvas se secan al sol en un lugar abrigado y llano, a otras las vendimian, a otras las pisan, y están delante las verdes, que dejan caer la flor, y las que empiezan a negrear… Tales eran los espléndidos presentes de los dioses en el palacio de Alcínoo, rey de los feacios(Odisea, canto V, ed. Aguilar)

De modo que cuando el naufrago Ulises llega a Esqueria (la isla en la que reina Alcínoo) allí era a la vez primavera y otoño, verano e invierno. Flor y fruto a la par. Todas las estaciones en una. Pero, como Juvenal dejó escrito muchos siglos después, esa estación única era, de hecho, un otoño perpetuo, pues todas las frutas que Homero menciona maduran a partir de ahora, cuando el verano termina. En el país de los feacios no hay cerezas, ni fresas, ni melocotones… frutas de primavera y de verano, menos exuberantes y de peor (o nula) conservación. Sin embargo, no es esta imagen homérica -de plenitud otoñal- la que predomina en las utopías literarias posteriores. En ellas se prefiere la primavera, una eterna primavera llena de luz y de flores… Pero no. Ni la luz ni las flores se comen. Para los que prefieren comer a cantar (o hacerlo, al menos, por ese orden) siempre será preferible el otoño.

Higos a secar, cubiertos por una gasa

NOTA1. Para secar los higos:
Hay quien los ensarta en un cordel y lo va colgando al sol, o en una habitación aireada, como los fallados de las casas antiguas, allí donde también se ponían a secar racimos de uvas, y se almacenaban manzanas y calabazas. Yo prefiero secar los higos en cestos o en cajas de plástico con agujeros, las mismas que usaremos para la vendimia, porque son más fáciles de trasladar. No tiene más misterio la cosa. Lo único importante, me parece, es cubrirlos con una gasa o una redecilla apretada, u otra caja vuelta del revés. para que no vengan los insectos a comerlos, o peor, a dejar ahí sus puestas. De noche sobre todo, porque a las polillas le gustan bastante (y el relente nocturno retrasa el secado). Lo suyo, en realidad, sería meterlos cada noche a cubierto… Otrosí. Los que secan higos a lo grande, y lo hacen bien de verdad, los escaldan un minuto antes de ponerlos a secar, para liquidar cualquier patógeno que puedan llevar ya dentro.
Se recogen cuando ya se han arrugado y deshidratado pero todavía están blandos.

NOTA 2: La cita de Juvenal: Sátiras, V, 151

Cómo partir bien un huevo

La clave: el movimiento de la muñeca y la rapidez (lo mismo que cuando se bate). Pues un huevo no es de piedra ni de madera, sino “una cosa viva con la que debemos ser compasivos. Como con la guillotina: ¡chac! Se trata de partirlo, ¡no de atormentarlo!”
Aquí se los compramos a Inés, una señora que tiene gallinas en casa. Varios perros  -incluso alguno de la protectora, en acogida-, equis gatos, varias cabras, y un cerdo muy querido “de los que no se comen”.

Verano 2019 (2)

27 de julio

Después de tres años olvidado y sin florecer, ahí asomó esta mañana: Hibiscus x moscheutos, de color rojo sangre, efímero y dramático como las amapolas, pero con una corola de quince centímetros de diámetro. Viene de la costa este de los Estados Unidos, como su prima H. coccineus, De zonas pantanosas, charcas, remansos fértiles a la orilla del ¿Missisipi? Allí donde crecen también los cipreses calvos y los tulíperos de Virginia: muy, muy lejos de este jardín. Una perogrullada (locura total transitoria) que escondí con buen criterio detrás de una mata de euforbias.

30 de julio

Las golondrinas que vienen a criar cada año (hacia mediados de abril) al porche de mis vecinos. Una primera nidada salió adelante hace ya tres meses. Cinco pollos. Esta es la segunda, de cuatro pollos, todos bien criados. Los padres echaron a picotazos a los cinco primeros, para que espabilaran. Los otros cuatro salen ya al amanecer, con sus padres, y vuelven al caer el sol. Mi vecina está pendiente. Los ve llegar (los va contando) desde el frailero de la puerta de entrada. Los cuatro pollos se meten en el nido y sus padres se acomodan frente a ellos, en el farol del porche
Mi vecina lleva años con este trajín. ¡Y con lo bien que le vendría acristalar la entrada, para ganarle unos metros al salón…!

1 de agosto

En una gran plantación de pistacheros cerca de casa, acompañando a dos vecinos que vienen a recoger yemas para reinjertar con ellas sus cornicabras (las que han fallado, que no son muchas). Plantaron doscientos patrones -cornicabra, queda dicho- y el año pasado injertaron (Pistacia vera, todo comprado en un vivero en Tembleque). Convencidos de que, pasados 3 ó 4 años, los árboles se adaptarán al terreno -franco-arenoso- y al clima -sequísimo–, mis vecinos van tres tardes a la semana a regarlos, transportando garrafas de ocho litros en su furgoneta. Treinta o cuarenta garrafas por viaje, que hay que llenar, cargar y descargar. Proyectan un pequeño estanque para que se bañen los pájaros. Hileras de lavandas. Colmenas en la parte más alta….Hoy, para poder reinjertar las marras de sus pistachos, han venido a por ramas verdes a esta otra plantación, que poco o nada tiene que ver con la suya.

El propietario es muy amable. Nos lleva en su todoterreno y nos va contando. Tiene otros negocios en la zona, pero esta plantación es la niña de sus ojos. Arrancó las viejas cepas de tempranillo para ponerlo en marcha (con la uva se pierde dinero, ya estaba harto; pero para que su padre no se disgustara excesivamente, renunció a arrancar también los olivos… de momento). Variedades ‘Peter’ (los machos) y ‘Kerman’ (las hembras) Marco de 5 x 6, que hace un total de 327 pistacheros por hectárea. Los goteros funcionando a todo trapo. En regadío, con una producción de 2000 a 3000 kilos por hectárea. Pongamos 2000, para tirar por lo bajo. A 8 euros el kilo: 16.000 euros por cosecha. Tenemos 3 ha., así que 48 mil euros. Pongamos 45.000, para tirar por lo bajo…. En España, sin embargo, comemos pistachos iraníes. Los que se producen por aquí los compran los italianos “para hacer helados”. Nos explica la formación de los arbolitos, que están impecables, preciosos. Nos habla de los nuevos productores manchegos (cada vez más) y de gente valiosa, como el tío de Pistachos Nazario, que pela, seca y envasa él mismo, sin mediar italiano alguno.
Y que cuándo se ara, pregunto.
– Cuando me cabreo con los obreros. Los mando a tomar por culo y me vengo aquí a desestresarme en el tractor.
Una razón técnica como cualquier otra. Y que cómo se riega, vuelvo a preguntar. Con una balsa de 10 millones de litros que llena la lluvia. ¿La lluvia? ¿Aquí? Bueno, y un arroyo del que se bombea el agua hacia la balsa cuando no llueve. O sea… ¿desde mayo, desde abril?¿Siempre? Momento en que conviene dejar de hacer preguntas (por ejemplo: qué pasa si ese vecino de allí, y ese otro de allá, hacen a su vez sus captaciones en el arroyo, un poco antes y un poco más arriba de tu balsa). Pero no. Al fin y al cabo, pronto serán 45 mil al año, para tirar por lo bajo. Más el salario de los jornaleros, el camino bien cuidado, etc. “A cambio”, nos asegura (y a me parece que es un buen hombre, sin doblez), los helicópteros pudieron venir a cargar agua el otro día, para ayudar con un incendio… Otro incendio…Otro más. Porque el bosque está agostado y arde fácil. Porque los árboles (los inservibles, que no producen 45.ooo al año) tiran la toalla y se dejan ir. Porque los pastos de las parcelas “perdidas” se churruscan y crujen, y los corzos, sedientos, se caen en las albercas. Porque los arroyos -vaya por Dios- llevan tres meses secos.

3 de agosto

¡Año de ciruelas! Botes y más botes de mermelada. Y esta tarta de la Larousse de los Postres (receta aún mejor, que sigue a la de la tarta y además rima: “ciruelas mirabel en sauternes y miel”, que a lo mejor haría si tuviera ese sauternes, aunque si lo tuviera -para qué negarlo- dudo mucho que se lo fuera a echar a unas ciruelas…): en el fondo del molde, untado previamente de mantequilla, se extiende la masa quebrada; sobre ella se van colocando medias-ciruelas, con la parte cóncava hacia arriba; se espolvorea todo de azúcar, y al horno media hora.

tarta ciruelas

Se puede tomar con un oporto o un jerez o un banyul...

Verano 2019 (1)

30 de junio

Mientras a pocos kilómetros de casa (del otro lado de ese cerro que tengo ahí delante, en Cadalso) ardían cientos de hectáreas de encina, pino carrasco, enebro, olivo… estas dos lagartijas se entrelazaban pacíficamente sin que el humo las molestara, sin que las noticias de la tele, sin que el calor abrasador…

5 de julio

Una fuga de agua es un pequeño oasis, de importancia INFINITA para los seres vivos que dependen de ella. En este caso se trata de una fuga deliberada, dejada al pie de la alberca para que la charca siempre tenga algo de agua. Ahí van a beber los jabalíes y demás animales que rondan LRO. ¿Por qué, entonces, se asomó a la alberca este corzo, teniendo el agua de la charca tan cerca? Le falló el pie, tardó en ahogarse… No volverá a pasar. En espera de poder vaciar la alberca y hacer unos escalones de obra, hemos amontonado una “torrentera” de bloques de hormigón en una esquina. En cuanto al cuerpo, lo arrastramos hasta lo alto de la finca para que zorros y cornejas primero, y con seguridad los buitres después, dieran buena cuenta de su carne.
Los cuernos son cortos y fuertes. “Madera del aire”, se decía antes. Se dirigen hacia el cielo y se renuevan cada primavera. Hacen del animal -cualquier cérvido- un “señor de la luz”: una divinidad mediadora y benéfica.

De momento los cuernos de nuestro pobre corzo psicopompo se secan al sol en el sombrajo de la casilla. Después se vendrán a casa.

16 de julio

En una bodega familiar de Collioure. Damajuanas de 30 litros con el corcho perforado (pero protegido por un trozo de plástico y una lata dada la vuelta) guardan al sol los vinos dulces de la apelación de origen Banyul. Entre 2 y 3 años de lenta oxidación a la intemperie, tras 5 ó 6 en una barrica (en la bodega). La malla metálica protege las bombonnes de las posibles granizadas. Pero quizá estos vinos hayan pasado un poco de moda; ahora los que parecen estar en alza son los rosés
La garnacha del Rosellón crece entre esquistos (en la foto: dos bloques sujetando los cables). Para que las raíces puedan penetrar profundamente en la tierra los vignerons de la zona usan a veces pequeños “cartuchos de dinamita agrícola”.

21 de julio

Los tomates del pijo-huerto, creciendo y madurando.

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O Nabo Gigante

(Los narradores van sin prisa. Para el que no pueda aguantar el ritmo de una clase de infantil – atención: SPOILER!- : avance hasta el minuto 8, con la aparición del ratinho esfameado, que es quien conseguirá solucionar el problema)

Hay muchas versiones por la web. Entre ellas, la menos lírica y +abiertamente política del fabuloso Pohadky (Praga, 1958), que no parte de A.Tólstoy, sino de una versión más esquemática (sin tantos animales, sin el fiestón final…) y que cambia al anciano protagonista del cuento (el tierno Don Xosé/Zé del vídeo de arriba)  por un avaro capitalista sin entrañas.

http://www.uloz.to/live/xp6qJacE/pohadky-zasadil-dedek-repu-jiri-trnka-animovane-avi