¡Toma tomate!

Algunas de las conclusiones a las que he llegado cultivando el huerto de LRO.
Aquí en papel: http://www.bubok.es/libros/250323/TOMA-TOMATE-EL-HUERTO-BIO-SIN-COMPLICACIONES-papel

Y aquí en pdf,   ¡más barato!: http://www.bubok.es/libros/250322/TOMA-TOMATE-EL-HUERTO-BIO-SIN-COMPLICACIONES-digital

El resumen del contenido (sin andarse mucho por las ramas), viene a ser éste (reproducido en la contraportada):

¿Cuándo y cómo debo empezar a regar las patatas? ¿Puedo plantar los ajos al lado de las fresas?, ¿y de las judías? ¿Tengo que despuntar todas las variedades de tomate? ¿Pongo el mismo soporte para las judías que para los guisantes? ¿Y para las habas? ¿Por qué amarillean y se caen los calabacines? ¿Quién tolera mejor las noches frías de otoño: la rúcula o las lechugas? ¿Debo fulminar a todos los seres vivos que se pasean por mis bancales? ¿Es lo mismo un abono que una enmienda? ¿Qué es una enmienda? ¿Y el mantillo, es lo mismo que el “compost”? ¿Qué significa aporcar? ¿Cuándo trasplanto las coles? ¿Debo preguntarle a la luna…?

Es decir, que este no es un libro para aprender a relajarse  ni para”ser feliz”, ni para encontrarse uno a sí mismo ni con la Pachamama… Sólo una guía modesta sobre cómo producir hortalizas sanas en cualquier región de España. Lo que casi siempre se consigue, en mi opinión, trabajando (un poco) y  teniendo paciencia (¡mucha!)

(La mano que sostiene los tomates de la foto no es mía -la mía estaba ocupada con la cámara- sino de Mohamed, un amigo de Tánger que sabe mucho de estas cosas; pero algunos de los tomates de la foto , de hecho, son de esos híbridos raros, kumatos  o algo por el estilo, pequeños y esféricos, muy oscuros, que a él le gustan y a mí no; personalmente soy más partidaria de los tomates de toda la vida, en especial de los más feos -los morunos y Raf, cuanto más acostillados y contrahechos, más ricos- dejados a madurar dos o tres días a la sombra después de recolectados. ¡Nunca en la nevera!)

Anuncios

Tomates de mata baja

Tomates de mata bajaHoy vamos a tratar un asunto candente y de máxima actualidad: ¿hay que atar los tomates de mata baja o se les deja a su libre albedrío, revolcándose por el suelo?.

Anastasio, el anterior propietario de LRO, anarquista de corazón (dato que no se contradice con el hecho de llevar un calendario actualizado del Caudillo en el bolsillo de la camisa), opina que no es bueno atarlos. Que se les deje ir, que por algo son “de mata baja”. Que ni se les despunta ni nada, que sólo hay que tener cuidado de plantarlos bien en lo alto de un caballón. Su amigo N., un indeseable de la cabeza a los pies, dice lo contrario: que aquí tiene que ir atado todo cristo, seas de mata alta, de mata baja, o independiente (a éste se le ata más fuerte).

A mí me parece que, más que atar, hay que  despuntar un poco -no dejar más de tres o cuatro tallos, que en este caso, por tratarse de “matas bajas”, salen juntos de la tierra- y después ir colocándoles confortables almohadones a los tomates ya bien cuajados. Almohadones de paja, o bien cajas de madera, las de la fruta, que andan tiradas por la calle los días de mercado. Combino ambas cosas. Haría falta mucha paja para poder almohadillarlo todo. Por aquí hago el acolchado más espeso, por allá levanto las ramas de las tomateras y voy calzando cajas de fruta. Una tercera opción, trabajosísima, es preparar unas andarillas con palos y cuerdas. Con el tiempo he conseguido limitar las andarillas a una mera “barandilla” de bambú,  de la que cuelgan los racimos a unos veinte o treinta centímetros del suelo, y que en algunas matas  -especialmente poductivas y aparatosas- combino a su vez con los almohadones de paja y con las cajas de madera. Rápido resumen de los 3 métodos, que para nada se excluyen entre sí:

Mi vecino Alberto sólo utiliza "barandillas". A mí no me gusta ver la tierra tan desnuda,

Mi vecino Alberto sólo utiliza “barandillas”. A mí no me gusta tener la tierra tan desnuda.

  • la ventaja de la barandilla es que mantiene ventilados los pies de la tomatera; la desventaja, que requiere tiempo y material;
  •  el sistema de los almohadones tiene las ventajas de cualquier acolchado orgánico; la desventaja es que hace falta mucha, mucha cantidad de paja, y que da un poco de miedo en zonas donde se pasa de los 40º desde mediados de julio;
  • la ventaja de las cajas es su facliidad, y que cualquiera puede conseguirlas en la calle o en la puerta del frutero; pero tienen la desventaja de que hay que andar moviéndolas para poder regar al pie de las tomateras, o para quitar las hojas enfermizas de la parte baja de la mata…

            ******

¡IMPORTANTE!. Últimas noticias desde Sarria (para los que no estén al tanto: pínchese la etiqueta “mollámonos polo río”)

Los miembros de la Plataforma, los que se la jugaron para salvar los árboles, y siguen jugándosela para salvar los puentes, han recibido estos últimos días 35 multas por sus actuaciones los días 24 y 25 de marzo.
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/07/03/galicia/1404413592_678843.html
Desde la guardia civil hasta el subdelegado del gobierno han reconocido que ni en el desalojo ni en la manifestación hubo altercados de ninguna clase. ¡Pero si por no haber no hubo ni pintadas!. A ellos les da igual, es más, les da igual TODO. Como muestra de su infinita prepotencia han hecho cursar las 35 multas, que suman la bonita cifra de 20.550 euros. Aunque se van a recurrir, ya está abierta una cuenta para recaudar fondos. Si todos contribuimos con lo que podamos al final ganaremos la partida. El camino corto y  fácil es quemarles la barraca a esta gentuza. El camino largo, pero más seguro y honorable, es  resistir. Resistir a la japonesa.
El dinero de la cuenta que no sea necesario usar (y ojalá sea mucho), se donará a varias ONGs. Por favor,  AYÚDENNOS A PLANTARLE CARA A LA CONFEDERACION HIDROGRAFICA, EL ALCALDE, LOS CONSELLEIROS, Y LA MINISTRA DE MEDIO AMBIENTE:

http://www.plataformariosarria.org/colabora/donar/

Injertos

injerto de coronaEl pasado sábado vinieron Javi y  su hijo Miguel a enseñarnos a injertar las viñas. No los barbados que se plantaron el año pasado, que están todavía muy pequeños y no hay ni por dónde hacerles el corte. Lo que hemos injertado son las viejas cepas asilvestradas. Hemos hecho injertos de corona, siguiendo el modelo que explica T.H. Hartmann en su manual (Propagación de plantas, México 1972) y Bernardo Estévez –viticultor ecológico- en su precioso (y sustancioso) blog http://www.aterraagradececho.com.
Los pasos son:

1. Hace un par de semanas se escogieron y guardaron los sarmientos de garnacha que nos van a valer para hacer las púas. Las yemas han de estar sin actividad (“yema durmiente”) en el momento del injerto.
2. Ya en el campo, lo primero es cortar la maraña de sarmientos improductivos. Cavar un buen alcorque alrededor. Limpiar el cuello de la cepa.
3. Se preparan tres o cuatro púas del grosor de un dedo índice (más o menos). Con dos yemas. Se deja un entrenudo largo en la yema de abajo, para poder tallar con la navaja una lengüeta/cuña larga. Cuidado aquí: hay que hacer los cortes de la lengüeta a uno y otro lado de la yema, no en el mismo plano que ésta. El principio es éste: que el cambium de la púa (el anillo fino de color verde claro, en la periferia, casi debajo de la corteza) entre en contacto con el cambium del portainjertos, que vamos a dejar a al aire ahora mismo.
4. Con el serrote o la motosierra, según convenga, se descabeza la cepa. Sin dolor (pase lo que pase, tal como estaban sólo valían para enredar).hendedura para el injerto
5. Con la medialuna y el mazo se hace una hendidura. Se mantiene abierta con la hachuela, un cortafrío, o un destornillador fuerte.
6. Se inserta la púa, haciendo coincidir las dos zonas cambiales.
7. Se ata bien, fuerte, mejor con rafia si es de calidad. Si se deshilacha a la primera de cambio, mejor con cinta, que tiene el único problema de que HAY QUE ACORDARSE DE RETIRARLA más adelante. En algunas cepas hemos atado antes incluso del corte, para que sea la propia púa al entrar la que vaya abriendo el final de la hendidura.
8. Cubrimos el corte con un poco de corteza de la propia cepa. Lo tapamos todo con tierra (que en LRO es muy arenosa), para que ni se hiele ni se deshidrate. Después de leer diferentes fuentes y de hacer algunas consultas, Javi ha llegado a la conclusión de que –en cepas- tapar el injerto con cera, parafina o lo que fuere, es innecesario y hasta contraproducente.
9. Tomarse unas cervezas (colocadas en el pilón nada más llegar) , un poco de queso, unas rodajitas de lomo ibérico.

Javier, Miguel, y Pedro, que vino a ayudar

…y el boletín informativo desde Sarria (véanse posts anteriores).
Buenísima noticia, ya anunciada en uno de los comentarios al post anterior: EL JUEZ HA DESESTIMADO EL RECURSO DE LA CONFEDERACION HIDROGRAFICA CONTRA LA PARALIZACION CAUTELAR DE LA TALA. En su escrito el juez le ha dado la razón en TODO a la Plataforma. De los árboles ya caídos y demás asuntos pendientes (puentes) acabarán dando cuenta también  en algún momento.
Se ha organizado un envío masivo de cartas al Presidente de la Confederación Hidrográfica. Hay que imprimir el texto que se adjunta abajo y mandarlo firmado, por correo certificado, antes del 16 (incluido) a esta dirección: Confederación Hidrográfica Miño-Sil,calle Curros Enríquez 4-2º, 32003, Ourense. Lo suyo es llevar dos copias, que en correos sellen ambas, y guardarse una. Los que estén en Galicia o en León pueden presentar directamente sus copias en alguna de las sedes locales de la Confederación. Ahí va el link con la carta:
-en castellano: http://www.plataformariosarria.org/alegaciones-es.txt
-en galego:  http://www.plataformariosarria.org/alegacions.txt

Al principio fue la avena

0- fresa-9dic2006Se entra en LRO por un camino en pendiente que pasa por encima del antiguo cauce de aguas pluviales. Este repecho de la entrada vió por última vez un arado a finales de noviembre de 2006, unos días después de comprar la finca. A principios de diciembre, ya con el invierno pisándonos los talones, Anastasio nos ayudó a sembrar  una mezcla de avena (que compramos en el almacén de `piensos del pueblo) y de alfalfa (que tuvimos que encargar, y que en parte fue responsable del retraso  en la siembra).   Como Anastasio araba en la dirección de la pendiente, y fue inútil tratar de convencerle de que lo hiciera al revés, a continuación tuvimos que pasar una “mulilla” en la dirección contraria (foto), con la idea  de reducir la escorrentía.  No fue grave la cosa. A pesar de haber sembrado tan tarde y ya con el frío encima, la semilla germinó, y en abril daba gusto ver aquella pelambrera de color verde cubriendo la pendiente hasta el camino. En otros lugares de la finca, más expuestos, se sembraron cebada y yeros. Y en la pradera de abajo (otra historia, para otro post), un saco de semillas silvestres.  De todas esas siembras del primer año la mejor fue ésta, ésta que cuento ahora, la avena y la alfalfa de la entrada. Ya a principios del verano segamos con la hoz una parte de aquel herbazal y lo usamos como acolchado para moras y frambuesas (entonces en su mejor momento; hoy ya han pasado a mejor vida, véase el post “Adiós a las frambuesas”).  Una banda de tórtolas vino a dar cuenta de la semilla caída. Se esperaban quietecitas en el alcornoque del vecino (ese árbol precioso de la primera foto, del otro lado del camino) y en cuanto la furgoneta desaparecía al caer la tarde… ¡zás!, ellas salían de la copa y se llegaban a la avena.  A mediados de agosto la avena  se secó, pero la alfalfa sí sobrevivió a la calorina, con sus raíces como tenazas agarradas a la tierra. Las ovejas de Miguel, el pastor, vinieron a rematar esa alfalfa  siempre verde y los pocos granos que las tórtolas habían dejado entre la paja.
Y pasó el otoño, y pasó el invierno. Y plantamos una docena de almendros, de los que, seis años después, sobreviven la mitad, ni se sabe muy bien cómo.  La alfalfa, leguminosa vivaz, sigue brotando cada año. Ya he contado en otro lugar que un vecino viene a segarla, por poca que sea, para dársela a sus conejos.  En la primavera del 2008, aunque no se había repetido siembra alguna, incluso la avena volvió a salir, para sorpresa de todo el mundo, gracias al puñado de semillas que habían escapado a los pájaros, ovejas, hormigas, ratones…marzo 09,todavía avenaUna mañana de marzo, mientras yo almorzaba bajo el sombrajo de la casilla, se acercó una vaca negra -de las que suben en invierno a esa finca del alcornoque- y ahí se estuvo varias horas, regalándose con aquella verdura fresca, hasta que se hartó y se volvió a casa.
En el año 2010 pusimos finalmente la primera de las “huertas de la entrada”. Para entonces el pastor estaba ya muy mal de la espalda (y las rodillas). En vez de venir hasta allí las ovejas, iba yo al “tinao” a recoger estiércol. También hemos hablado de esto en otros posts. Bueno. Gracias al “abono verde” de la avena y la alfalfa, a la recuperación de la cubierta vegetal y al fin de la erosión, todo ello acompañado de sacos de estiércol y bastante paciencia (mezclada con vagancia)… la tierra se recuperó. En el 2012 se puso una “segunda huerta de la entrada”, para ir alternando los cultivos y tratar de engañar a algunos parásitos. Los pocos metros cuadrados que pueden robar las raíces de los siete almendros supervivientes se compensan más que de sobra con lo agradecido de su sombra. Que se lo pregunten, si no, a los calabacines. Son dos huertas muy apañadas. En la segunda quincena de agosto la sombra del alcornoque se extiende a última hora de la tarde por la primera huerta. ¡Y cómo se lo agradecen las coles!. Pensando en esa sombra, contando con ella, plantamos precisamente ahí lo que más frescor necesita  en esa época del año.tomates y pim  julio
Y para terminar: véase la primera foto, a la derecha. Sólo ese tramo de la entrada -unos diez metros más o menos-  están cerrados con algo de malla, para impedir que los perros se echen a las bicis cuando bajan como locas por el camino. Para camuflar la malla y aislar un poco la huerta, plantamos tres encinas y muchas jaras y cantuesos traidos de otros lugares de la finca. Pero  lo mejor de la entrada es esta otra encina, la que reproduzco a continuación, y que ha nacido sin que nadie se lo pidiera justo en el punto rojo marcado en la foto de arriba (siete años separan una foto de otra, pues). No era más que un batiburrillo de retoños que todo el mundo pisoteaba al entrar; que ni se veían. Al jubilar el arado, la cosa cambió: los retoños crecieron, crecieron todo lo que puede pedírsele a un retoño de encina en un secarral como éste, y así siguieron, muy lentamente, hasta que, en un momento dado, me animé a coger la tijera y  a poner orden. Sólo he dejado un “fuste”. Limpio todo lo que crece por debajo y alrededor, para que éste crezca sin competencia. Hoy me saca a mí dos buenas cuartas, lo que seguramente no sería nada del otro mundo si no estuviéramos hablando de una encina -y de una encina que no se riega JAMÁS-; está llena de  brotes glaucos, que crecen derechos y decididos, y en los que que más pronto que tarde, si todo va como hasta ahora,  acabará viniendo a anidar algún pájaro.

encinita.jpg

Aguachirle

Continuación de “Vino casero en cinco pasos”:  3 (prensado) y 4 (desfangado)
(Paso anterior: https://laramadeoro.com/2013/10/20/vino-flor-la-flor-del-vino/ ‎)

prensaEsta foto preciosa la hizo mi vecino Óscar durante el prensado del sombrero (torta de hollejos y semillas que se forma encima del mosto cuando fermenta). Nos dicen que el vino prensado, si la uva no estaba completamente sana, puede arrastrar con él sustancias poco deseables, gérmenes de enfermedades futuras…Si ese mismo hollejo se vuelve a prensar, el vino que  salga de ahí estará más sano (lo “malo” ya ha salido en la primera prensada)…pero quizá no sepa a nada. En conclusión, por lo que voy aprendiendo sobre la marcha, el vino de prensa (primera o segunda o ambas) es un vino de calidad mediana. Un aguachirle. Se mezcla al escurrido (al vino flor) porque son muchos litros de vino que no hay que perder, y porque al mezclarse (me aseguran…) el bueno tiene la oportunidad de corregir al malo.

***************************

Resumen de lo que hicimos por si lee esta entrada algún compañero vinatero interesado en los detalles.
…Teníamos, finalmente, tres cubas, en las que se realizó la fermentación alcohólica durante 12 días.
1ª- Una de acero, con vino rico correctamente sulfitado.
2ª- Una segunda de plástico con vino malo sobre-sulfitado , según contamos en el primer post (no es que fuera malo-malo, malo sin remedio; es que el sulfito en exceso  retrasa la primera fermentación y compromete la segunda).
3ª….Y una tercera cuba, también de plástico, con uva que vendimiamos y despalillamos a toda pastilla cuando decidimos que la segunda no podría mezclarse con la primera; necesitábamos esta cuba 3 como “surplus” para rellenar la 1 cuando le quitáramos el sombrero (que ocupaba, sin exagerar, un tercio del volumen de la cuba).aprovechando hasta la última gota

Como el vino de este año no se va a envejecer (más adelante, ya hablaremos…) decidimos hacer esta operación -retirada y prensado de los sombreros – un poco antes de que terminara del todo la fermentación, para que  el vino no saliera excesivamente cargado de taninos. Cuando el densímetro empezó a bajar de 1000g/L, señalando “el comienzo del fin”, procedimos.

Una vez retirados los sombreros (y apartados en capachos), el vino bueno de las cubas 1 y 3 se mezcló en la de acero, cubriéndose así todo el volumen disponible. Sólo vino escurrido, pues  (véanse los vídeos del anterior post). Y el  vino malo de la cuba 2 se volvió a su sitio, a su cubita de plástico, usando como relleno el vino prensado de los hollejos buenos (esto es: sombreros de las cubas 1 y 3; los de la 2, malos con avaricia, se fueron a abonar un rosal trepador). Quedaron en la bodega, pues, las dos cubas que se ven en la foto.
vino descansandoUna semana después de retirados los hollejos, cuando dimos por terminada la fermentación, trasegamos nuevamente para “desfangar” el vino, es decir, para quitarle del fondo las levaduras muertas en acto de servicio (acabado el azúcar, se quedan sin combustible y el motor se para). Usamos un tubito de plástico de uso alimentario, varios barreños de diferente altura, y el principio de los vasos comunicantes.
STOP.

¿Y qué pasa ahora?, ¿hay alguna posibilidad  de que nuesto vino realice, aunque sea a trompicones, la segunda fermentación ( la dichosa fermentación  maloláctica)…?

(Suspense)

Vino flor, la flor del vino.

Continuación de “Vino casero en cinco pasos”: 2 (descube)
Paso anterior: https://laramadeoro.com/2013/09/27/vino-casero-en…os-mas-o-menos/



A punto de terminar la fermentación alcohólica, retiramos con espumaderas y cazos el “sombrero” (hollejos y semillas que suben a la superficie de la cuba). A continuación trasegamos el vino abriendo el grifo ( primer vídeo: poníamos las manos para que el chorro no saliese disparado). El vino se pasó a unos barreños temporales, mientras fregoteábamos las dos cubas en el jardín. Después lo devolvimos a su sitio, pero aprovechamos el momento para filtrarlo un poco con un simple colador de cocina (segundo vídeo). Al llenar de nuevo las cubas, salpicando desde cierta altura, se forma una espuma rosa, muy rica y fragante.  Hemos leído que a este primer vino trasegado se le llama vino “escurrido” o “vino flor”. ¿Y qué hicimos con el sombrero…?.

(Continuará: paso 3)

Vino casero en cinco pasos (más o menos)

CIMG5505 Paso 1. 21 de septiembre, víspera del equinoccio de otoño.

Hemos comprado una despalilladora-estrujadora-con bomba, a medias con unos amigos de Segovia,  que trabajan aquí mismo pero suben a hacer el vino a su pueblo, Cantalejo, casi un mes más tarde que en LRO.  La idea era hacer 300 litros de vino casero, para lo que necesitábamos unos 600 kilos de uva. La nuestra, la garnacha tinta. El resto de la cosecha se iría a la cooperativa, y de ahí, suponemos, a la China conchinchina….(https://laramadeoro.com/2012/09/29/vino-tinto-en-…eleste-imperio/ ‎) Además de la máquina y la correspondiente manguera, compramos una cuba de acero inoxidable con su super-tapa- sistema “siempre lleno” (la tapa lleva por dentro una cámara de caucho, como la de las bicis, para que el cierre sea hermético), otras dos cubas de plástico más pequeñas para los trasiegos, un termómetro, un densímetro, y unos sobrecitos de metabisulfito de potasio.

CIMG5441

Cepas en vaso: hay que vendimiar con faja, o doblar un poco las rodillas.

Seis adultos y dos niños procedimos a vendimiar el sábado 21. Tres días antes le habíamos llevado una muestra de las uvas a un amigo enólogo (entusiasta y paciente, nos atendió a pesar de estar él mismo en plena melé). Las metió en la licuadora, midió el azúcar del mosto, y  nos dijo que el futuro vino andaría sobre los 13º. Que vendimiáramos ya. (Curiosamente, en la cooperativa no vendimian la garnacha hasta finales de mes. Ahora andan con el tempranillo. ¿Por eso salen después esas bombas de relojería, que más parece coñac que buen vino tinto?). Encargamos una paella grande.  Pusimos unas cervezas a refrescar en el pilón. Se repartieron tijeras, cubos, capachos. pesar la uvaPara pesar la uva utilizamos una báscula y un taburete puesto del revés.  Procuramos recoger sólo la crema del viñedo, los mejores racimos, descartando “rebuscos”  (los “nietos”: racimillos tardíos del extremo de los sarmientos) y uvas enfermas o a medio madurar.
A las cinco de la tarde, ya comidos y bebidos, dimos por terminada la primera parte del día.  Los cuatro adultos que continuaríamos con la “vinificación” cargamos la furgoneta y nos volvimos al pueblo.  El resto de los vendimiadores se fueron a descansar, cada mochuelo a su olivo. Lo que tocaba ahora era: descargar ordenadamente la uva, colocándola cerca de la puerta de la fresquera (convertida desde el sábado en “bodega”); atornillar la manguera a la bomba de la despalilladora; extender una lona bajo la máquina, para que vayan cayendo en ella los raspones.entrada en la bodega
Uno se encargó de encender la máquina y controlar posibles atascos/problemas. Otro de  sostener la manguera en la boca de la cuba. Otros dos, de ir vaciando las cajas en la despalilladora y echándolas, ya vacías, al jardín, para que no mancharan ni estorbarán en la bodega. En veinte minutos habíamos terminado. La cuba estaba llena de una pasta  violeta, formada por el mosto, los hollejos y las semillas. Los raspones –el “escobajo”, le dicen algunos- formaban una montañita al pie de la máquina. Los retiramos en capachos y los echamos al pie de un olivo (hoy que escribo esto, tres días después, me los he llevado ya de vuelta a LRO, para que se pudran sin prisas en la misma tierra que los produjo). probando el mostoHicimos un alto. Extrajimos por el grifo de la cuba dos buenos litros de mosto, que nos bebimos ahí mismo, encantados de la vida.  A continuación calculamos el volumen de pasta real; la cuba es de 300 litros ; la pasta, 291 ( hay que dejar un poco de espacio para poder mecerla…luego lo cuento). Decidimos echar el metabisulfito en una  dosis mínima: 8 mg por hectolitro (podían ser 4 mg ahora y otros 4mg después de prensar, dentro de unos días, pero los que saben de esto por aquí nos dicen que mejor ahora y todo de golpe; con todo: la dosis considerada estándar es de 10mg;  la habitual por la comarca –a pesar de lo que se recomienda en la consejería de agricultura- 20 mg; y la dosis máxima, según el propio fabricante, 30mg; si uno se pasa con el metabisulfito, el vino perderá color y la segunda fermentación NO se producirá). Retomo el hilo: dijimos que 8 mg por hectolitro. Teníamos casi 3 hectolitros en la cuba, pero redondeamos a la baja y echamos 20 mg, medidos en una báscula de precisión. Los polvos se disuelven en una probeta con un poco de mosto. Se bate bien. Y uno lo va vertiendo lentamente en la cuba mientras otro mece la pasta con el artilugio previsto para la ocasión ( está hecho con un mango de herramienta y una tapa de olla, comprada en el chino del pueblo). Como nos sobró bastante uva, la guardamos para repetir la operación el lunes por la tarde (1) .
Medimos el pH (3.3), la temperatura (23º) y la densidad de la pasta (1090gr/L). Lo anotamos todo en el cuaderno de bitácora , que hay que cuidar como oro en paño de ahora en adelante. Tapamos el “vino” con un plástico y unos pulpos, para que no entre n moscas ni polvo. Barrimos y fregoteamos la bodega. Dejamos bien limpia la máquina, que  este año todavía tiene que dar buena cuenta de las uvas de Cantalejo.
meciendo el vinoY nada más. Ya sólo queda esperar a que fermente, bazuqueando y tomando la temperatura una o dos veces al día. Explico lo del bazuqueo: en los hollejos están los pigmentos, aromas, etc que darán vida al vino. Al mecerlo todo junto, el mosto se colorea y enriquece. Por eso no había que rellenar la cuba hasta el borde, para evitar salpicar alrededor.
Me dicen los amigos de Segovia, que ya saben mucho de todo este jaleo, que cuando arranque la fermentación lo oiré antes de verlo…Bajo unas veinte veces al día a la bodega y pego la oreja a la cuba a ver qué pasa. En cuanto empiece, aviso a todo el mundo por sms.

(Continuará: pasos 2,3,4,y 5  +/-. Para leerlos, pinchen ustedes en la etiqueta “la uva y el vino”)

Post data

Esta tarde ha arrancado POR FIN la fermentación, cuatro días después del encubado. Se oye muy bien  el gru-gru-gru… muy suave, el borbotear de las levaduras haciendo su trabajo.  (Al volver del campo me encontré una especie de globo encima de la cuba: el plástico sujeto con los pulpos, inflado con el gas que desprendía el vino. Hubo que sacar con espumaderas y coladores una buena cantidad de hollejo, que estaba ya a punto de rebosar. Otra razón, pues, para no llenar hasta arriba la cuba)

vendimiadores 2013

La garnacha de LRO. Lo siguiente: el tempranillo de Cantalejo.

NOTA
(1) …Y así lo hicimos, pero con algún que otro percance. Despalillamos-estrujamos y pusimos la uva a fermentar. Nuestra intención era usar este excedente como relleno en el descube, cuando desalojemos los hollejos de la cuba principal (paso dos). El percance consistió en lo siguiente: no usamos una báscula de precisión (de las de laboratorio) sino la de la cocina, que falsea los datos por debajo de 20 gramos.  Echamos más metabisulfito del que queríamos, y no nos dimos cuenta hasta que vimos que el mosto parecía cola-cao.  Llamamos enseguida a nuestro enólogo de proximidad, que nos tranquilizó, asegurándonos que el mosto fermentaría lo mismo, sólo que más lentamente. Decidimos no tirarlo -por aquello de experimentar- pero no lo mezclaremos de ninguna manera con el otro… (“Sus pasasteis”, me dijo Miguel, el pastor, cuando le conté el caso)

Acolchado: sí y no, y a veces.

Todo el verano

acolchado sandías(Lo primero: hay que desterrar del disco duro el anglicismo “mulching”.  ¿Por qué usar   ese gerundio cacofónico en vez de nuestro castizo  “acolchado”, que es palabro cierto, y bien bonito?.)
En LRO se usa como acolchado todo cuanto nos viene a la mano.  La tierra no debe estar desnuda. Hay que protegerla de la insolación del mediodía, y del impacto del chorro de agua, y tratar de ponerle difícil las cosas a las malas hierbas (con una capa espesa de acolchado la luz no llega a las semillas que, de ese modo, tienen más complicada la germinación). Durante un par de años cometí el error de traer paja de fuera: comprada en una ocasión (lo que ya es una locura absoluta), y reciclada de unas pacas de heno para caballos en otra (estoy casi segura al 98% de que los primeros grillotopos vinieron con esa remesa de heno). Ahora, después de mucho romperme los cuernos, por fin he aprendido. Procuro desbrozar antes de que granen las hierbas que voy a usar de acolchado. Las dejo secar “in situ”, Y después, ya en pleno verano, las rastrillo y me las llevo a la huerta.
acolchado con brozaCuando algún cliente, o algún vecino, o el jardinero del ayuntamiento, me  guarda las siegas de césped, lo mezclo con mi broza y obtengo el acolchado de calidad PRIMA. Las siegas aportan el nitrógeno y  mi broza vieja el carbono. Las siegas tapan los vacíos entre la paja reseca, haciendo más eficaz la cobertura. Pero la paja reseca impide que el césped se apelmace en exceso. Las siegas se descomponen rápido, incorporando sus componentes al suelo. La paja, más estable, me permite no tener que estar acolchando cada quince días… Un acolchado, en fin, no es más que un “compostaje” (¡otro palabro dudoso!) en superficie, más lento que el del “compostero” (donde las temperaturas son más altas) y que protege el suelo y las hortalizas mientras el proceso de descomposición arranca..
En algunos cultivos, además, esos cojines de paja cumplen alguna otra función añadida. Sobre ellos se recuestan mis preciosas sandías “Crimson”,   como en una chaisse longue diseñada a medida, y ahí  van engordando lánguidamente –sin magullarse ni ensuciarse- hasta que llega el día de hincarles el diente. En capas de hasta cuarenta centímetros de paja coloco los tomates morunos, que de lo contrario se revolcarían, o se romperían, por muchas cuerdas y tutores que pongamos por todas partes (no son tomates de enrame); la alternativa es usar cajas de madera, las que dejan los fruteros en la puerta de la tienda, pero el inconveniente de las cajas, en mi opinión, es que dificultan el riego (el manejo de la manguera), además de lo evidente: que no aportan nada ni a la química ni a la física del suelo, como sí hacen los acolchados orgánicos a medio y largo plazo.
¿Todo son ventajas, pues,  en el acolchado de la huerta ?. Algunos dicen que sí.  Yo creo que sí…casi siempre. Algunas cosas que he aprendido:

  1. Si hay grillotopos, el acolchado se convierte para ellos en un hotel de cinco estrellas. Mis vecinos no sabían lo que era un bicho de estos hasta que me vieron a mí llorando por las esquinas. Ya he sugerido que los primeros pudieron llegar de otra zona, que sí estaba infestada, camuflados entre el heno. PERO después de dos años de lucha sin cuartel empiezo a conjeturar otra razón para mis grillotopos (no incompatible con la primera): mis vecinos aran y aran hasta que se les acaba el gasóleo…En LRO, sin embargo, apenas se mueve la tierra. Y la enseñanza, por desgracia, es ésta: sólo a base de cavar y de pasar la mulilla he conseguido que el grillotopo no acabe conmigo.  Y sólo cuando hay indidios fiables (v.gr.: varios días sin bajas en la línea de cebollas) de que el grillotopo se ha ido por piernas –excavando galerías de hasta un metro de profundidad-  puede uno plantearse empezar a acolchar la huerta (y dejando libres las calles para seguir dándole a la azada, por si el grillotopo asomara de nuevo)
  2.  Si hay riego por goteo, y el  agua viene con alguna impureza, (aquí las “impurezas” pueden ser del tamaño de una rana…)  remolachasla paja que tapa las tuberías es un engorro a la hora de controlar posibles fugas, atascos, o defectos en los goteros. Es una pequeña molestia. Se gana más que se pierde, desde luego. Pero dejar las tuberías en la superficie está descartado, pues son de polietileno negro y el agua se cocería en su interior (las de color arcilla, más caras, se calientan algo menos)
  3. Cuando uno acolcha, y lo hace sin tasa,  no debe olvidar que una cebolla  no  es tan buena bebedora como un tomate o una berenjena. Es bueno que la cebolla asome en la superficie de la tierra, y se coloree con el sol, y se endurezca un poco… (En Galicia ni siquiera se las riega: nada de nada). Como da la casualidad de que las cebollas son el menú principal del grillotopo, mi consejo de hortelana resabiada es éste: no acolchar las cebollas.

NOTAS
Sólo hablo del acolchado en nuestras huertas de verano, aquí en la Hispania profunda. En zonas muy húmedas o  frías habría que matizar mucho (el acolchado puede impedir que se caliente la tierra, puede provocar pudriciones, en fin).  También es otro cantar el acolchado de árboles y arbustos, según y cómo, y dónde, y con qué… Un resumen completo y actualizado de todas estas cosas puede leerse en el libro Medioambiente y espacios verdes, UNED 2013, pp.213-233

NO sin mi desbrozadora

Todo el verano

no sin mi desbrozadora

No se puede vivir sin desbrozar en una finca donde no se ara. Tampoco hay ya  rebaños  ni caballerizas que mantengan a raya las hierbas (hasta hace dos años venía el pastor, Miguel, con sus ovejas y cabras, pero la artrosis ya no le deja aventurarse tan lejos del tinao).  Si viene una primavera lluviosa, como ésta, la pradera nos llega al cuello – literalmente, e incluso más arriba-, lo que está muy bien de marzo a mediados de junio,  cuando todo está aún verde y los insectos enloquecen de felicidad entre la avena loca, las alfalfas, las anchusas….  Pero la cosa cambia mucho  en cuanto empieza a hacer calor de verdad, al rondar los treinta grados. El campo se convierte entonces en un peligroso y crujiente almacén de paja seca, y ya no se puede esperar más: hay que sacar las máquinas, ponerlas a punto, preparar la mezcla de gasolina y aceite. De junio a septiembre se hacen, como mínimo, tres depósitos semanales (en realidad, uno diario durante la segunda quincena de junio).  Tenemos dos desbrozadoras manuales, de las que se cuelgan de la cadera agarradas a un arnés, y con un cabezal de corte “de pelo”, esto es, de hilo de nylon grueso.  La primera es una Stihl 230, que de joven trabajaba con mucha furia pero que desde hace un año empieza a dar problemas (el carburador, dizque; pero cambiarlo no baja de 200 euros). Su hermana pequeña es una Stihl 55,  con menos potencia pero mucho más segura al arrancar. Una es mi brazo derecho, la otra mi brazo izquierdo.  Todos los días están zumba que zumba por la finca. Han de desbrozar los caminos, las zonas contíguas a la casilla y las huertas, y las calles entre las viñas. La pradera de abajo  se deja a su aire (linda con la viña de Perico, tan perfectamente arada que no puedo imaginar mejor cortafuegos que ése).
hierbas enredadas en el cabezalLa hierba alta y de caño duro se corta moviendo la máquina de arriba abajo. Aquí no interesa ir formando haces largos, que se tiendan ordenadamente a un lado, como al guadañar. Primero, porque el diámetro de corte no pasa, en el mejor de los casos, de 40 cm, y habría que darle un fuerte impulso a la máquina para que, además de cortar, desplazara toda esa broza. Y ni esta máquina ni mis brazos están pensados para eso. Segunda razón: mucha de esa hierba no se recoge (sólo una parte; luego lo explico), así que interesa dejarla bien triturada, para que se descomponga antes y rebaje unas décimas (¿?) el riesgo de incendio.
La desbrozadora corta mal -¡ fatal!-  los tallos de las margaritas, de las alijonjeras, y de las malvas. Se enredan salvajemente  al cabezal  y hay que parar el motor para deshacer la maraña. Un incordio. Por eso es recomendable cortar esos cañotos con la hoz antes de empezar con la máquina. Y digo la hoz en vez de la guadaña porque guadaña -por la que llevo suspirando AÑOS- aún no tengo. (Está de camino: mi amigo Rubén me la va a traer de Asturias este verano, una guadaña negra, elegantísima, con su “kit” de afilado incluido…).
¿Qué se hace con la broza?. Con la mejor, esto es, la más fina y más limpia (sin grama ni demasiadas semillas), se acolchan la huerta y el pie de los árboles frutales. La más basta se divide en dos: una parte se queda “in situ”, procurando pasarle una segunda y hasta una tercera vez la desbrozadora, y otra parte se rastrilla y se acumula en los composteros, que están en zonas donde se llega bien con la manguera. Siempre que se puede se mezcla con hierba fresca -verde, nitrogenada- que me traigo de otros jardines o incluso de las segadoras de césped del Ayuntamiento (cuando las pillo). En esos composteros, más o menos regados, sembraré cucurbitáceas el próximo año, o sacaré la  tierra de la parte baja -la hierba ya descompuesta – con una pala de mango largo, como si fuera  un horno de pan…

Mona Lisa, buena para freir

Finales de marzo, primera quincena de abril.

Mona LisaHemos terminado de plantar  los ochenta kilos de patatas previstos para este año. Variedades Mona Lisa y Shanon, de las pocas que pueden encontrarse en el mercado con la certificación ecológica (en LRO se las compramos todos los años a Ecomanjar, en Lástras de Cuéllar, un pueblo muy pequeño, perdido Segovia adentro…).
Mona Lisa es de piel amarilla; Shanon de piel roja. Mona Lisa es buena para freir. Shanon, buena para cocer. Mona Lisa es la más rica. Shanon se conserva un poco mejor…Las dos son tempranas o semitempranas, lo que significa que estarán en la tierra no mucho más de 100 días. Las recogeremos a mediados o finales de julio, y ya no se volverán a plantar más. En otros lugares sí lo hacen, porque tienen suficiente agua para regarlas también en verano. Estos afortunados del norte plantan variedades de ciclo más largo, que en general se conservan mejor (estas primeras tienen “más agua”), o bien repìten plantación en agosto, para recogerlas en noviembre y guardarlas todo el invierno.
Aquí se planta a la antigua. Es decir, con la azada. La tierra queda abonada antes de Navidades con sabroso estiércol de oveja y cabra. Las patatas “de siembra” descansan mientras tanto en la fresquera, a oscuras. El pistoletazo de salida lo da la última cepa podada: en cuanto se termina con las viñas, sin transición, empiezan a verse hogueras (los sarmientos quemados) y los tractorcitos y motocultores cruzándose por el camino con las cajas de patatas en el remolque. Este año hubo que esperar a que escurriera un poco la tierra -después de las lluvias de marzo- , así que nos metimos en faena una o dos semanas más tarde de lo normal. Sabiendo como sabemos lo rápido que se instala aquí el calor, y estando la tierra con tan buen tempero (húmeda pero ya no empapada), hay que faire vite, ¡a todo gas!: desbrozar bien la parcela, pasar la mulilla, y marcar los surcos con estacas y cuerdas. Después hay que cavar, acostar las patatas -con los ojillos hacia arriba, buscando la luz- y taparlas con unos centímetros de tierra fina. Si se entierran muy abajo, pueden pudrirse. Si se entierran muy arriba, verdean.patatas 2013
¿Habría alguna alternativa al azadón, para no tener que volver a casa con la espalda molida y para no hacer tanto daño a la microfauna del sueno con el paso de la mulilla?. Haberla, haila, pero sale a siete euros la pieza.  En invierno se podría cubrir todo de una buena capa de paja por encima del estiércol. La paja  ( entre 5-7 euros, si no ha llovido, cada paca) , además de impedir la germinación de las hierbas, protegería la tierra del golpeteo de la lluvia  y también del frío extremo. Las lombrices y demás profesionales del sector (sector: Descomponer y Mullir) mantendrían la tierra esponjosa debajo del acolchado. En primavera bastaría con agacharse, apartar un poco la paja, acostar la patatina… y listo.

NOTAS

Una buena colección de recetas: http://www.patatasalacarta.com

En las otras huertas -de menor tamaño que la de las patatas, y con bancales  o “camas” bien separados- sí seguimos ese sistema, usando como acolchado un poco de paja y TODAS las hierbas desbrozadas a lo largo y ancho de la finca, más siegas de césped y todo cuando “resíduo verde” pillamos por ahí (Véase post https://laramadeoro.com/2012/05/08/lasagna-vs-deep-bed/)