Semilleros de la cuarentena

1. Calabazas

Hace tres semanas. Sembradas en fibra de coco, a dos centímetros de profundidad (la uña del dedo y hasta la falange, más/menos). Riego por pulverización. Bien tapadas. La humedad y el calor ablandarán el tegumento de la semilla, y el embrión, al desperezarse, lo partirá. Se airean todos los días, pero sin pasarse (que no se enfríe ni seque el sustrato). Cuando el tallo ha crecido un palmo, o casi, y se han formado ya dos o tres hojas verdaderas (las dos primeras eran aún los cotiledones, hojas embrionarias) hay que ir pensando en plantar fuera, o bien en repicar las plántulas en un sustrato más rico en nutrientes (la fibra solo tiene eso: fibra). Pero si las noches son aún frescas, que lo son, o podrían serlo, los semilleros se pueden dejar algunos días más tapados. Las hojas  están transpirando y fotosintetizando. La “tapadera”, entonces, ha de ser transparente y tener chimenea (última foto: garrafa), para que no se condense la humedad y se nos pudra todo. Riego diario, muy suave.

La hoja verdadera es muy diferente de los cotiledones

N.B. Calabazas y calabacines se pueden sembrar en el exterior desde ahora, pasado el riesgo de heladas serias. Cuando la plántula asome de la tierra -que es cuando el frío podría acabar con ella, no antes- el relativo riesgo nocturno de esta época del año ya habrá pasado del todo. El interés de sembrar dentro, en casa y con tapadera, era -además de entretenerse durante la cuarentena- el de adelantar dos semanas la germinación. ¿Vale la pena? En zonas donde el verano entra pronto, como aquí, y sin apenas transición del frío (muy moderado) al calor (intenso), no estoy muy segura… porque las semillas que se pondrán fuera -mañana mismo- crecerán tan rápido y tan fuertes que enseguida igualarán, y aún adelantarán, a las criadas al calor de la cocina, los plásticos y las garrafas recortadas..

2. Madroños de Gema

(https://laramadeoro.com/2020/02/11/futuros-madronos/)
Hay unos doce fuera de peligro. Con “hojas verdaderas” y buen aspecto. Crecen despacio, pero crecen. Seguirán donde están hasta el otoño (por lo menos) y después aún tendrán que pasar a una maceta.


3.
Tomates de Miguel Manduca
O planta ya, o empiezan a pudrírsele las plántulas, que en este momento más parecen lechugas que tomateras. Han llegado justo justo al final de la cuarentena. Como aún no tiene 70 años Miguel podrá subir a la huerta entre las 8 y las 10h, pero a su colega Severo -que pasa mucho de esa edad- solo le dejarán de 10 a 12 (lleva encerrado las siete semanas, afilando y volviendo a afilar los mismos cuchillos y tijeras en el patio de su casa). Podrán saludarse cuando se crucen; uno de subida, el otro de bajada… Wasah o su hermano, no sé bien, le ha pasado ya la mulilla a la huerta, estercolada a fondo con la basura del rebaño (basura que Miguel lleva a la huerta en Navidad, para que hoy, justamente, esté lista para recibir las plántulas de tomatera)

Severo en la viña (parte 4)

Para que la poda vaya sobre ruedas -sin mordiscos en los sarmientos, sin tirones en los brazos…-  todas las herramientas han de estar afiladas y engrasadas. Severo limpia y cuida con mimo sus tijeras. Todos los filos van protegidos por un trapo y una caperuza de cuero. También la azolilla.

(El problema de Severo es que está muy sordo. A veces le pregunto algo pero él no me oye, aunque dice “dime” a cada rato, preventivamente, y hemos de andar a gritos por la viña. Tú hazle caso, me dice Miguel Manduca.  Hazle siempre caso a Severo, que sabe más que el buey Limón.)

 

Comienzo del fin

Vanessa cardui apurando las flores de una abelia, el mejor de los arbustos todo-terreno que se plantaron hace años entre las rocas, pegados a la casilla, a su calor, y ahora crecen solos, sin riego ni protección alguna. Queda en flor esa abelia y el rosal ‘Old Blush’, mi preferido entre los chinos, cuyas flores no dan de comer más que a las cetonias (y en primavera, con el sol en lo alto). Dos cólias -amarillo azufre, lunar negro y lunar plateado- aletean con la vanesa en torno a la abelia. Casi no se alejan de ella. Vuelan bajo, como sofocadas, se posan enseguida y pliegan las alas.

Hemos repuesto ya, para compensar las bajas de este año atroz, tres almendros (dos ‘Guara’ y un ‘Ferragnés’, de floración tardía), una higuera `Cuello de Dama’ y un hermoso nogal sin pedigrí. Quedan por plantar al menos otros cuatro almendros y tres olivos. Quedan también muchas almendras sin recoger. Hay más que el año pasado, pero pocas buenas. Las guardamos en saquitos de yute, que fueron de patatas, y vamos descascarillándolas poco a poco con un artilugio muy útil que compré en Griñón (modelo “cocodrilo”; lo tienen en cualquier ferretería; la ventaja respecto al martillo es que la cáscara no sale volando).
Crecen bien, pero despacio, las coles, alcachofas y puerros. La alberca de arriba rebosa. El pilón frente a la casilla vuelve a tener agua, y ya rebosa también, aunque más discretamente que la alberca, sobre un cauce tupido de tierra y grama que habrá que limpiar más pronto que tarde.

Hace dos días, de vuelta de poner los ajos, se me cruzó un meloncillo en el camino. Eran las tres de la tarde. Cruzó disparado, sin mirar, y se puso a salvo de un brinco entre las zarzas del otro lado. Nunca había visto uno tan de cerca (de lejos puede parecer un gato paticorto, o un hurón de buen año…) Tienen el pelaje oscuro, color chocolate, y la cabeza pequeña y puntiaguda.
No sé si veo o adivino a los alcaudones. Una pareja de plumas negras y blancas, con una gota de rojo teja.¿No deberían haberse ido? ¿Con qué otros pájaros me los confundo entonces?
Los cazadores, como cada año, han arrancado postes y carteles: propiedad privada, prohibido cazar. Ni caso. Cojo el mazo, unos carteles nuevos (fotocopias plastificadas), y volvemos a empezar. Cartuchos rojos o verdes, en los que me cabe el pulgar, aparecen entre las cepas peladas.
Al guardar la azada en la casilla me encontré una larga culebra de escalera deslizándose lentamente, muy lentamente, entre dos bloques de piedra de la pared. ¡Qué bien hicimos en dejarlos así, sin mortero! Una salamanquesa pequeña y adormilada, de cuatro o cinco centímetros, se cayó de espaldas desde el quicio de la puerta. Pero la culebra ya estaba yéndose. No la vio. Puse a la salamanquesa del derecho y la empujé con un dedo para que se metiera entre los capachos y cajas que usamos para la vendimia (el resto del año se ordenan justo ahí, detrás de la puerta).

El fin de semana pasado vino por LRO la familia de Anastasio, el anterior propietario, fallecido por Todos los Santos. Plantaron un almendro y enterraron las cenizas de Anastasio en el alcorque. El almendro crecerá en la parte alta de la finca, donde él solía poner su huerta. El valle del Tórtolas, que vierte en el Alberche, se extiende a sus pies: un ancho paisaje de encinas, olivos, viñedos, jaras. Muy a lo lejos, chalés desperdigados (urbanizaciones fantasma, en suelo rústico), plásticos de un invernadero, antenas del centro espacial de Robledo No fue nada triste. Anastasio tenía un montón de nietos, que bajaron riendo y alborotando por el camino. Cuando se despidieron subí a echar un vistazo. Añadí un tutor, del lado del viento dominante (noroeste) y protegí el tronco con un manguito de malla de plástico, muy fea, pero también muy necesaria para que los corzos no estropeen la corteza cuando vienen a frotarse los cuernos.

En quince días, a partir de ya, empezará a crecer el sol.

Por San Martín el ajero

Después de una semana de lluvia (lluvia despaciosa, de la buena), el cielo estaba azul y la tierra fresca. También estaba blanda, la tierra; fácil de trabajar. Preparé para los ajos una cama ancha, de modo que me cupieran dos líneas (más una tercera por el medio, haciendo un quincunx) y de un codo de alto, para que las raíces estén siempre bien drenadas.
Desde mediados de noviembre (San Martín) y a lo largo de todo el invierno, cualquier día es bueno para plantar ajos, con la sola limitación del hielo o del suelo encharcado. En cuanto a la luna, ya es otro cantar. Los que se lo creen a pies juntillas me reprocharían haber plantado ayer. Conviene al ajo la luna menguante, no el cuarto creciente en que estamos. ¿Por qué no esperar un poco, qué trabajo cuesta? Pues sí cuesta. Los ajos “de siembra” no pueden aguantar eternamente en su redecilla, porque corren el riesgo de empezar a brotar; y eso es peor, en mi opinión, que lo que diga la luna.

Uno planta cuando le cuadra. Hay que hacerlo en una tierra limpia de hierbas, raicillas, piedras. Una tierra en tempero, como la de ayer. En un caballón alto y bien drenado. En un rincón aireado, que quede expuesto al sol cuando el sol llegue. Con un material vegetal sano; ni viejo y reblandecido, ni con la yema verdeando, apuntando ya al cielo. A la profundidad adecuada: no tan abajo que se pudran, o se enfríen y tarden demasiado en brotar, ni tan arriba que el viento o un chaparrón, o el pico de un pájaro hambriento, los puedan descalzar a la primera de cambio. Por San Martín el ajero, dicen, siembra ajos con el dedo: escarbando con la mano en la tierra muy suelta, o empujando simplemente el diente de ajo, bien hacia dentro. Si además de todas esas cosas uno puede organizarse y esperar a que la luna se ponga a tiro, ¿por qué no? Dicen que plantando en creciente el ajo “sube” antes de tiempo, es decir, antes de echar buenas raíces. Es posible. Mi vecino Miguel Manduca, el cabrero, lo cree así. Pero también es posible que no. Lo único seguro es que si los dientes de ajo están malos, la tierra encharcada, la parcela poco soleada… no habrá nada que recoger en el mes de junio. En esto también está de acuerdo Manduca.

(Otros requisitos que se imponen a la luna; tener tiempo y tener la espalda bien. No dejarse olvidada la faja en el armario; cavar firme, sacudir los terrones con energía)

¡Toma tomate!

Algunas de las conclusiones a las que he llegado cultivando el huerto de LRO.
Aquí en papel: http://www.bubok.es/libros/250323/TOMA-TOMATE-EL-HUERTO-BIO-SIN-COMPLICACIONES-papel

Y aquí en pdf,   ¡más barato!: http://www.bubok.es/libros/250322/TOMA-TOMATE-EL-HUERTO-BIO-SIN-COMPLICACIONES-digital

El resumen del contenido (sin andarse mucho por las ramas), viene a ser éste (reproducido en la contraportada):

¿Cuándo y cómo debo empezar a regar las patatas? ¿Puedo plantar los ajos al lado de las fresas?, ¿y de las judías? ¿Tengo que despuntar todas las variedades de tomate? ¿Pongo el mismo soporte para las judías que para los guisantes? ¿Y para las habas? ¿Por qué amarillean y se caen los calabacines? ¿Quién tolera mejor las noches frías de otoño: la rúcula o las lechugas? ¿Debo fulminar a todos los seres vivos que se pasean por mis bancales? ¿Es lo mismo un abono que una enmienda? ¿Qué es una enmienda? ¿Y el mantillo, es lo mismo que el “compost”? ¿Qué significa aporcar? ¿Cuándo trasplanto las coles? ¿Debo preguntarle a la luna…?

Es decir, que este no es un libro para aprender a relajarse  ni para”ser feliz”, ni para encontrarse uno a sí mismo ni con la Pachamama… Sólo una guía modesta sobre cómo producir hortalizas sanas en cualquier región de España. Lo que casi siempre se consigue, en mi opinión, trabajando (un poco) y  teniendo paciencia (¡mucha!)

(La mano que sostiene los tomates de la foto no es mía -la mía estaba ocupada con la cámara- sino de Mohamed, un amigo de Tánger que sabe mucho de estas cosas; pero algunos de los tomates de la foto , de hecho, son de esos híbridos raros, kumatos  o algo por el estilo, pequeños y esféricos, muy oscuros, que a él le gustan y a mí no; personalmente soy más partidaria de los tomates de toda la vida, en especial de los más feos -los morunos y Raf, cuanto más acostillados y contrahechos, más ricos- dejados a madurar dos o tres días a la sombra después de recolectados. ¡Nunca en la nevera!)

Tomates de mata baja

Tomates de mata bajaHoy vamos a tratar un asunto candente y de máxima actualidad: ¿hay que atar los tomates de mata baja o se les deja a su libre albedrío, revolcándose por el suelo?.

Anastasio, el anterior propietario de LRO, anarquista de corazón (dato que no se contradice con el hecho de llevar un calendario actualizado del Caudillo en el bolsillo de la camisa), opina que no es bueno atarlos. Que se les deje ir, que por algo son “de mata baja”. Que ni se les despunta ni nada, que sólo hay que tener cuidado de plantarlos bien en lo alto de un caballón. Su amigo N., un indeseable de la cabeza a los pies, dice lo contrario: que aquí tiene que ir atado todo cristo, seas de mata alta, de mata baja, o independiente (a éste se le ata más fuerte).

A mí me parece que, más que atar, hay que  despuntar un poco -no dejar más de tres o cuatro tallos, que en este caso, por tratarse de “matas bajas”, salen juntos de la tierra- y después ir colocándoles confortables almohadones a los tomates ya bien cuajados. Almohadones de paja, o bien cajas de madera, las de la fruta, que andan tiradas por la calle los días de mercado. Combino ambas cosas. Haría falta mucha paja para poder almohadillarlo todo. Por aquí hago el acolchado más espeso, por allá levanto las ramas de las tomateras y voy calzando cajas de fruta. Una tercera opción, trabajosísima, es preparar unas andarillas con palos y cuerdas. Con el tiempo he conseguido limitar las andarillas a una mera “barandilla” de bambú,  de la que cuelgan los racimos a unos veinte o treinta centímetros del suelo, y que en algunas matas  -especialmente poductivas y aparatosas- combino a su vez con los almohadones de paja y con las cajas de madera. Rápido resumen de los 3 métodos, que para nada se excluyen entre sí:

Mi vecino Alberto sólo utiliza "barandillas". A mí no me gusta ver la tierra tan desnuda,

Mi vecino Alberto sólo utiliza “barandillas”. A mí no me gusta tener la tierra tan desnuda.

  • la ventaja de la barandilla es que mantiene ventilados los pies de la tomatera; la desventaja, que requiere tiempo y material;
  •  el sistema de los almohadones tiene las ventajas de cualquier acolchado orgánico; la desventaja es que hace falta mucha, mucha cantidad de paja, y que da un poco de miedo en zonas donde se pasa de los 40º desde mediados de julio;
  • la ventaja de las cajas es su facliidad, y que cualquiera puede conseguirlas en la calle o en la puerta del frutero; pero tienen la desventaja de que hay que andar moviéndolas para poder regar al pie de las tomateras, o para quitar las hojas enfermizas de la parte baja de la mata…

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¡IMPORTANTE!. Últimas noticias desde Sarria (para los que no estén al tanto: pínchese la etiqueta “mollámonos polo río”)

Los miembros de la Plataforma, los que se la jugaron para salvar los árboles, y siguen jugándosela para salvar los puentes, han recibido estos últimos días 35 multas por sus actuaciones los días 24 y 25 de marzo.
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/07/03/galicia/1404413592_678843.html
Desde la guardia civil hasta el subdelegado del gobierno han reconocido que ni en el desalojo ni en la manifestación hubo altercados de ninguna clase. ¡Pero si por no haber no hubo ni pintadas!. A ellos les da igual, es más, les da igual TODO. Como muestra de su infinita prepotencia han hecho cursar las 35 multas, que suman la bonita cifra de 20.550 euros. Aunque se van a recurrir, ya está abierta una cuenta para recaudar fondos. Si todos contribuimos con lo que podamos al final ganaremos la partida. El camino corto y  fácil es quemarles la barraca a esta gentuza. El camino largo, pero más seguro y honorable, es  resistir. Resistir a la japonesa.
El dinero de la cuenta que no sea necesario usar (y ojalá sea mucho), se donará a varias ONGs. Por favor,  AYÚDENNOS A PLANTARLE CARA A LA CONFEDERACION HIDROGRAFICA, EL ALCALDE, LOS CONSELLEIROS, Y LA MINISTRA DE MEDIO AMBIENTE:

http://www.plataformariosarria.org/colabora/donar/

Injertos

injerto de coronaEl pasado sábado vinieron Javi y  su hijo Miguel a enseñarnos a injertar las viñas. No los barbados que se plantaron el año pasado, que están todavía muy pequeños y no hay ni por dónde hacerles el corte. Lo que hemos injertado son las viejas cepas asilvestradas. Hemos hecho injertos de corona, siguiendo el modelo que explica T.H. Hartmann en su manual (Propagación de plantas, México 1972) y Bernardo Estévez –viticultor ecológico- en su precioso (y sustancioso) blog http://www.aterraagradececho.com.
Los pasos son:

1. Hace un par de semanas se escogieron y guardaron los sarmientos de garnacha que nos van a valer para hacer las púas. Las yemas han de estar sin actividad (“yema durmiente”) en el momento del injerto.
2. Ya en el campo, lo primero es cortar la maraña de sarmientos improductivos. Cavar un buen alcorque alrededor. Limpiar el cuello de la cepa.
3. Se preparan tres o cuatro púas del grosor de un dedo índice (más o menos). Con dos yemas. Se deja un entrenudo largo en la yema de abajo, para poder tallar con la navaja una lengüeta/cuña larga. Cuidado aquí: hay que hacer los cortes de la lengüeta a uno y otro lado de la yema, no en el mismo plano que ésta. El principio es éste: que el cambium de la púa (el anillo fino de color verde claro, en la periferia, casi debajo de la corteza) entre en contacto con el cambium del portainjertos, que vamos a dejar a al aire ahora mismo.
4. Con el serrote o la motosierra, según convenga, se descabeza la cepa. Sin dolor (pase lo que pase, tal como estaban sólo valían para enredar).hendedura para el injerto
5. Con la medialuna y el mazo se hace una hendidura. Se mantiene abierta con la hachuela, un cortafrío, o un destornillador fuerte.
6. Se inserta la púa, haciendo coincidir las dos zonas cambiales.
7. Se ata bien, fuerte, mejor con rafia si es de calidad. Si se deshilacha a la primera de cambio, mejor con cinta, que tiene el único problema de que HAY QUE ACORDARSE DE RETIRARLA más adelante. En algunas cepas hemos atado antes incluso del corte, para que sea la propia púa al entrar la que vaya abriendo el final de la hendidura.
8. Cubrimos el corte con un poco de corteza de la propia cepa. Lo tapamos todo con tierra (que en LRO es muy arenosa), para que ni se hiele ni se deshidrate. Después de leer diferentes fuentes y de hacer algunas consultas, Javi ha llegado a la conclusión de que –en cepas- tapar el injerto con cera, parafina o lo que fuere, es innecesario y hasta contraproducente.
9. Tomarse unas cervezas (colocadas en el pilón nada más llegar) , un poco de queso, unas rodajitas de lomo ibérico.

Javier, Miguel, y Pedro, que vino a ayudar

…y el boletín informativo desde Sarria (véanse posts anteriores).
Buenísima noticia, ya anunciada en uno de los comentarios al post anterior: EL JUEZ HA DESESTIMADO EL RECURSO DE LA CONFEDERACION HIDROGRAFICA CONTRA LA PARALIZACION CAUTELAR DE LA TALA. En su escrito el juez le ha dado la razón en TODO a la Plataforma. De los árboles ya caídos y demás asuntos pendientes (puentes) acabarán dando cuenta también  en algún momento.
Se ha organizado un envío masivo de cartas al Presidente de la Confederación Hidrográfica. Hay que imprimir el texto que se adjunta abajo y mandarlo firmado, por correo certificado, antes del 16 (incluido) a esta dirección: Confederación Hidrográfica Miño-Sil,calle Curros Enríquez 4-2º, 32003, Ourense. Lo suyo es llevar dos copias, que en correos sellen ambas, y guardarse una. Los que estén en Galicia o en León pueden presentar directamente sus copias en alguna de las sedes locales de la Confederación. Ahí va el link con la carta:
-en castellano: http://www.plataformariosarria.org/alegaciones-es.txt
-en galego:  http://www.plataformariosarria.org/alegacions.txt

Al principio fue la avena

0- fresa-9dic2006Se entra en LRO por un camino en pendiente que pasa por encima del antiguo cauce de aguas pluviales. Este repecho de la entrada vió por última vez un arado a finales de noviembre de 2006, unos días después de comprar la finca. A principios de diciembre, ya con el invierno pisándonos los talones, Anastasio nos ayudó a sembrar  una mezcla de avena (que compramos en el almacén de `piensos del pueblo) y de alfalfa (que tuvimos que encargar, y que en parte fue responsable del retraso  en la siembra).   Como Anastasio araba en la dirección de la pendiente, y fue inútil tratar de convencerle de que lo hiciera al revés, a continuación tuvimos que pasar una “mulilla” en la dirección contraria (foto), con la idea  de reducir la escorrentía.  No fue grave la cosa. A pesar de haber sembrado tan tarde y ya con el frío encima, la semilla germinó, y en abril daba gusto ver aquella pelambrera de color verde cubriendo la pendiente hasta el camino. En otros lugares de la finca, más expuestos, se sembraron cebada y yeros. Y en la pradera de abajo (otra historia, para otro post), un saco de semillas silvestres.  De todas esas siembras del primer año la mejor fue ésta, ésta que cuento ahora, la avena y la alfalfa de la entrada. Ya a principios del verano segamos con la hoz una parte de aquel herbazal y lo usamos como acolchado para moras y frambuesas (entonces en su mejor momento; hoy ya han pasado a mejor vida, véase el post “Adiós a las frambuesas”).  Una banda de tórtolas vino a dar cuenta de la semilla caída. Se esperaban quietecitas en el alcornoque del vecino (ese árbol precioso de la primera foto, del otro lado del camino) y en cuanto la furgoneta desaparecía al caer la tarde… ¡zás!, ellas salían de la copa y se llegaban a la avena.  A mediados de agosto la avena  se secó, pero la alfalfa sí sobrevivió a la calorina, con sus raíces como tenazas agarradas a la tierra. Las ovejas de Miguel, el pastor, vinieron a rematar esa alfalfa  siempre verde y los pocos granos que las tórtolas habían dejado entre la paja.
Y pasó el otoño, y pasó el invierno. Y plantamos una docena de almendros, de los que, seis años después, sobreviven la mitad, ni se sabe muy bien cómo.  La alfalfa, leguminosa vivaz, sigue brotando cada año. Ya he contado en otro lugar que un vecino viene a segarla, por poca que sea, para dársela a sus conejos.  En la primavera del 2008, aunque no se había repetido siembra alguna, incluso la avena volvió a salir, para sorpresa de todo el mundo, gracias al puñado de semillas que habían escapado a los pájaros, ovejas, hormigas, ratones…marzo 09,todavía avenaUna mañana de marzo, mientras yo almorzaba bajo el sombrajo de la casilla, se acercó una vaca negra -de las que suben en invierno a esa finca del alcornoque- y ahí se estuvo varias horas, regalándose con aquella verdura fresca, hasta que se hartó y se volvió a casa.
En el año 2010 pusimos finalmente la primera de las “huertas de la entrada”. Para entonces el pastor estaba ya muy mal de la espalda (y las rodillas). En vez de venir hasta allí las ovejas, iba yo al “tinao” a recoger estiércol. También hemos hablado de esto en otros posts. Bueno. Gracias al “abono verde” de la avena y la alfalfa, a la recuperación de la cubierta vegetal y al fin de la erosión, todo ello acompañado de sacos de estiércol y bastante paciencia (mezclada con vagancia)… la tierra se recuperó. En el 2012 se puso una “segunda huerta de la entrada”, para ir alternando los cultivos y tratar de engañar a algunos parásitos. Los pocos metros cuadrados que pueden robar las raíces de los siete almendros supervivientes se compensan más que de sobra con lo agradecido de su sombra. Que se lo pregunten, si no, a los calabacines. Son dos huertas muy apañadas. En la segunda quincena de agosto la sombra del alcornoque se extiende a última hora de la tarde por la primera huerta. ¡Y cómo se lo agradecen las coles!. Pensando en esa sombra, contando con ella, plantamos precisamente ahí lo que más frescor necesita  en esa época del año.tomates y pim  julio
Y para terminar: véase la primera foto, a la derecha. Sólo ese tramo de la entrada -unos diez metros más o menos-  están cerrados con algo de malla, para impedir que los perros se echen a las bicis cuando bajan como locas por el camino. Para camuflar la malla y aislar un poco la huerta, plantamos tres encinas y muchas jaras y cantuesos traidos de otros lugares de la finca. Pero  lo mejor de la entrada es esta otra encina, la que reproduzco a continuación, y que ha nacido sin que nadie se lo pidiera justo en el punto rojo marcado en la foto de arriba (siete años separan una foto de otra, pues). No era más que un batiburrillo de retoños que todo el mundo pisoteaba al entrar; que ni se veían. Al jubilar el arado, la cosa cambió: los retoños crecieron, crecieron todo lo que puede pedírsele a un retoño de encina en un secarral como éste, y así siguieron, muy lentamente, hasta que, en un momento dado, me animé a coger la tijera y  a poner orden. Sólo he dejado un “fuste”. Limpio todo lo que crece por debajo y alrededor, para que éste crezca sin competencia. Hoy me saca a mí dos buenas cuartas, lo que seguramente no sería nada del otro mundo si no estuviéramos hablando de una encina -y de una encina que no se riega JAMÁS-; está llena de  brotes glaucos, que crecen derechos y decididos, y en los que que más pronto que tarde, si todo va como hasta ahora,  acabará viniendo a anidar algún pájaro.

encinita.jpg

Aguachirle

Continuación de “Vino casero en cinco pasos”:  3 (prensado) y 4 (desfangado)
(Paso anterior: https://laramadeoro.com/2013/10/20/vino-flor-la-flor-del-vino/ ‎)

prensaEsta foto preciosa la hizo mi vecino Óscar durante el prensado del sombrero (torta de hollejos y semillas que se forma encima del mosto cuando fermenta). Nos dicen que el vino prensado, si la uva no estaba completamente sana, puede arrastrar con él sustancias poco deseables, gérmenes de enfermedades futuras…Si ese mismo hollejo se vuelve a prensar, el vino que  salga de ahí estará más sano (lo “malo” ya ha salido en la primera prensada)…pero quizá no sepa a nada. En conclusión, por lo que voy aprendiendo sobre la marcha, el vino de prensa (primera o segunda o ambas) es un vino de calidad mediana. Un aguachirle. Se mezcla al escurrido (al vino flor) porque son muchos litros de vino que no hay que perder, y porque al mezclarse (me aseguran…) el bueno tiene la oportunidad de corregir al malo.

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Resumen de lo que hicimos por si lee esta entrada algún compañero vinatero interesado en los detalles.
…Teníamos, finalmente, tres cubas, en las que se realizó la fermentación alcohólica durante 12 días.
1ª- Una de acero, con vino rico correctamente sulfitado.
2ª- Una segunda de plástico con vino malo sobre-sulfitado , según contamos en el primer post (no es que fuera malo-malo, malo sin remedio; es que el sulfito en exceso  retrasa la primera fermentación y compromete la segunda).
3ª….Y una tercera cuba, también de plástico, con uva que vendimiamos y despalillamos a toda pastilla cuando decidimos que la segunda no podría mezclarse con la primera; necesitábamos esta cuba 3 como “surplus” para rellenar la 1 cuando le quitáramos el sombrero (que ocupaba, sin exagerar, un tercio del volumen de la cuba).aprovechando hasta la última gota

Como el vino de este año no se va a envejecer (más adelante, ya hablaremos…) decidimos hacer esta operación -retirada y prensado de los sombreros – un poco antes de que terminara del todo la fermentación, para que  el vino no saliera excesivamente cargado de taninos. Cuando el densímetro empezó a bajar de 1000g/L, señalando “el comienzo del fin”, procedimos.

Una vez retirados los sombreros (y apartados en capachos), el vino bueno de las cubas 1 y 3 se mezcló en la de acero, cubriéndose así todo el volumen disponible. Sólo vino escurrido, pues  (véanse los vídeos del anterior post). Y el  vino malo de la cuba 2 se volvió a su sitio, a su cubita de plástico, usando como relleno el vino prensado de los hollejos buenos (esto es: sombreros de las cubas 1 y 3; los de la 2, malos con avaricia, se fueron a abonar un rosal trepador). Quedaron en la bodega, pues, las dos cubas que se ven en la foto.
vino descansandoUna semana después de retirados los hollejos, cuando dimos por terminada la fermentación, trasegamos nuevamente para “desfangar” el vino, es decir, para quitarle del fondo las levaduras muertas en acto de servicio (acabado el azúcar, se quedan sin combustible y el motor se para). Usamos un tubito de plástico de uso alimentario, varios barreños de diferente altura, y el principio de los vasos comunicantes.
STOP.

¿Y qué pasa ahora?, ¿hay alguna posibilidad  de que nuesto vino realice, aunque sea a trompicones, la segunda fermentación ( la dichosa fermentación  maloláctica)…?

(Suspense)

Vino flor, la flor del vino.

Continuación de “Vino casero en cinco pasos”: 2 (descube)
Paso anterior: https://laramadeoro.com/2013/09/27/vino-casero-en…os-mas-o-menos/



A punto de terminar la fermentación alcohólica, retiramos con espumaderas y cazos el “sombrero” (hollejos y semillas que suben a la superficie de la cuba). A continuación trasegamos el vino abriendo el grifo ( primer vídeo: poníamos las manos para que el chorro no saliese disparado). El vino se pasó a unos barreños temporales, mientras fregoteábamos las dos cubas en el jardín. Después lo devolvimos a su sitio, pero aprovechamos el momento para filtrarlo un poco con un simple colador de cocina (segundo vídeo). Al llenar de nuevo las cubas, salpicando desde cierta altura, se forma una espuma rosa, muy rica y fragante.  Hemos leído que a este primer vino trasegado se le llama vino “escurrido” o “vino flor”. ¿Y qué hicimos con el sombrero…?.

(Continuará: paso 3)