Las acelgas resisten el frío

Nueve días después de la nevada. Nueve días bajo una capa de 40 centímetros de nieve. Se plantaron en otoño (última plantación del 2020; un poco tarde de más, pero es que aquí los veranos son eternos!). En cuanto salga el primer rayo de sol primaveral pegarán el estirón, y estarán hermosas hasta mayo/ junio, momento en que el calor provocará su floración (se “espigarán”), como es de justicia. Habrán cumplido de sobra. No son la verdura más rica de la huerta, pienso yo, pero reemplazan gallardamente a las lechugas cuando el frío se nos echa encima (o a las espinacas, si no las hay; éstas también resisten el frío pero, a diferencia de las acelgas, son de ciclo muy corto; ya se sembrarán, si eso, en cuanto el deshielo se complete). Después, en ese mismo bancal, se podrán sembrar unas judías.

De Cayena a Padrón

No plantamos guindillas todos los años, solo uno de cada dos o de cada tres. Más que suficiente. Proceden de un único sobre de semillas Clemente Viven (Guindillas de Cayena), que, si no recuerdo mal, me habían regalado en la liquidación de una sección de jardinería (atentos por estas fechas: mallas de sombreo, estacas, semillas, sacos de mantillo… todo lo que se considera “fuera de temporada” pasa a los saldos de otoño).
Se hace un mínimo semillero por febrero-marzo. Se riega con parsimonia. Se protege muy bien del frío nocturno. Se tiene paciencia. A finales de mayo (al menos en esta zona, de clima continental) se plantan en la huerta. Las guindillas crecen despacio, florecen tarde, cuajan tarde, maduran tarde. Mucho más tarde que los pimientos de comer a mordiscos -los italianos o los morrones, por ejemplo-, porque a estos hay que aclararlos (quitar flores, quitar fruto cuajado) y a las guindillas no. Es lo que tienen en común los de Cayena con los de Padrón, no menos rabiosos: interesa que haya muchos, no que sean pocos, grandes y gordos (razón del aclareo). Un buen día de finales de septiembre -y después, durante todo octubre- ahí los veo por fin. Tres plantas olvidadas al final del bancal de los tomates, que han dado guindillas color carmesí, de nariz respingona, de piel satinada, para casi un lustro. Voy cosiendo los pedúnculos con aguja e hilo. Hago collares para colgar en la cocina, la bodega y la caseta de herramientas. Así se secarán bien -aunque el carmesí se apagará un tanto, como le pasa al vino, y el satén se hará pergamino- y se conservarán por siempre jamás, rechumidas como momias egipcias, entre los rastrillos y los trastos de la caseta.

Consejos a la juventud en tiempos de crisis

Pisar bien la tierra alrededor de las coles recién plantadas.
Arrancar las hojas bajas de las coles.
No enterrar el cuello de las lechugas.
Poner tutores a todas las tomateras, incluso a las que nos venden como “de mata baja”.
Los tutores se ponen antes; las tomateras, después.
Arrancar las hojas bajas de las tomateras.
Despuntar regularmente las tomateras, para que los racimos que quedan maduren bien.
Los calabacines aguantan la media sombra.
Si hay flores silvestres cerca (es decir, insectos), los calabacines cuajarán mejor.
Los rabanitos crecen muy rápido y son compatibles con todo.
No regar con el chorro a tope: doblar un poco la manguera, o colocarla en el interior de una maceta (sobre el suelo), o hacer un manguito con sacos y atarlo con un alambre al extremo…

 

 

 

 

 

 

El riego por goteo es para perezosos (o para huertas muy grandes).
Cavar favorece el enraizamiento y la penetración del agua donde esta es escasa.
Cavar favorece la aireación donde el agua sobra.
Cavar en exceso, allí donde el agua es escasa, favorece la evaporación.
Hay que elegir entre cavar o acolchar.
Acolchar impide que el agua se evapore (se riega colocando la manguera debajo)
El acolchado orgánico mantiene mullida la tierra, rica para las lombrices.
El acolchado orgánico, al descomponerse, aporta nutrientes al suelo.
Cavar perjudica al grillotopo.
Pero acolchar lo favorece.
El acolchado protege la tierra del golpeteo de la lluvia y el granizo.
Pero el acolchado es perjudicial al final del invierno, porque impide que el sol caliente la tierra.
Solución de compromiso: se puede cavar al principio, en primavera, y colocar el acolchado después, incluso renovándolo al “limpiar” la huerta en otoño.
Mucho cuidado con el verbo “limpiar”.
Las gallinas de Perico se comen los restos de la huerta: ¡y también al grillotopo!
Mirlos, rabilargos, alcaudones… a todos les gusta comer grillotopos.
Grillotopos y cebollas son incompatibles.
Grillotopos y patatas son incompatibles.
Hacer lo que se pueda (y más) por cazar grillotopos.
Lo mismo con los buprestes, que devoran las hojas de los albaricoqueros.
Las orugas de Chupaleches no son nocivas a menos que se acumulen muchas en el mismo árbol (en cuyo caso las recogeremos delicadamente, para redistribuirlas)
Las mariposas Macaón son, además de preciosas, inofensivas en la huerta: sus orugas solo comen hojas de ruda e hinojo; se les pueden dejar algunas plantas, enteramente para ellas.

Habas y guisantes se siembran enseguida.
Donde el verano es intenso, habas y guisantes se recogen también enseguida: mayo a más tardar.
Y en su sitio se plantan tomateras.
Las varas de la poda de los almendros sirven de tutores para los guisantes pero no para los tomates (tampoco para las judías)
Los mejores pimientos son los de septiembre.
Los mejores puerros, los de abril.
Si se aprietan mucho las cebollas en la línea, saldrán más pequeñas. Si se las espacia, más grandes.
En tierras pesadas: manzanos y ciruelos.
En tierras ligeras: perales y almendros.
Nada justifica no tener un compostero.
Nada justifica no aprender a obtener semillas propias. Nada justifica no intentarlo.
El hortelano que trabaja solo puede quitarse la mascarilla en la huerta.
Nada justifica no volvérsela a poner en cuanto sale.

Barbie Jardinera

 

NOTAS:
Completar con una guía de buenas asociaciones: https://laramadeoro.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=1528&action=edit
La foto de la macaón es del jardín de Gema.

Marmelos

En la libreta de hule donde lo anotaba todo y siempre (ahora: solo aquí y solo a veces) encuentro por fin esta entrada: “10 de febrero de 2010. Plantamos un olivo Manzanilla, un nectarino Fantasía -que pasa por autofértil-, un almendro Ferragnés para reemplazar al que se secó en verano, y dos membrilleros Wranja. Nunca llegamos a comprobar la auto-fertilidad del nectarino porque no pasó de esa primavera (entonces no supe por qué; hoy, visto lo visto con sucesivas plantaciones de nectarinos y albaricoques, estoy segura de que fueron larvas de bupreste). Los demás árboles siguen vivos. Los marmeleiros Wranja, que recuerdo haber comprado poco convencida, porque tenía el capricho de unos Gamboa (algo habría leído por ahí), alternan años de mucho y años de poco, pero apenas requieren cuidados -una mínima poda- y da gusto verlos  ahora, a las puertas de octubre, cuando el calor aún aprieta a mediodía pero de noche hay que echar ya dos mantas. Las uvas: garnachas y moscateles, estas últimas ya casi pasificadas, es decir, perfectas.

Otoñada

Momento de esparcir los hollejos del rosado por la viña. Cuando descubemos y prensemos el tinto, en unos quince días, traeremos el resto. Hollejos, semillas, escobajos. Cosas que la viña produjo con ayuda del sol y ahora toca devolverle, para que se descompongan ahí mismo.

En la cancilla del jardín cuelgan dos cencerros de latón, que tintinean y hacen ladrar a los perros cuando se acerca alguien. Es Miguel Manduca, el cabrero jubilado, que viene a traerme una bolsa de pimientos. Me trae a mayores una calabaza de dos kilos “que te manda el moro” (Samir, deduzco, el hermano de Wasah; han metido su rebaño en las instalaciones que Miguel ya no usa). Entra a inspeccionar la bodega. Una habitación de 10 metros cuadrados escasos, robada a lo que tenía que haber sido un garaje. Las cubas están tapadas con bolsas grandes de basura, de las de 100 litros, y atadas con pulpos para que no se oxide el vino. A Miguel, que siempre está contento, le gusta todo. El olor a mosto. El suelo fregado. El termómetro de plástico. La foto de mi tatarabuela de Ortigueira, con el cubo “para el cerdo” en la mano izquierda… (Manos artríticas, idénticas a las suyas,  pero fotografiadas a una distancia -insignificante- de casi cien años y ochocientos kilómetros). ¿Ya está cociéndose?, pregunta. A todo trapo, Miguel. Y suelto un pulpo para que pueda ver el sombrero (la torta de hollejos que el gas hace subir a la superficie). Hay que mecerlo, ya lo sé. Le enseño el apaño: un palo de azada, comprado en el chino, con un disco de encina atornillado en la base.  También esto le gusta (su amigo Severo, más exigente, tendría algo que decir: que si es muy pequeño, que si es muy grande…). El Joaquín -me dice Miguel- ha recogido ya el albillo pero aún no ha empezado con la garnacha.  Mal hecho, mal hecho. Y suelta unas risitas zorrunas, y asiente con la cabeza, dándose la razón a sí mismo, porque – aun estando como está, con la espalda doblada, dos prótesis de rodilla etc- Miguel sigue siendo, además de listo y observador (como todos los cabreros), un poco/bastante cotilla. Ha llovido fuerte durante tres días, continúa (en el pluviómetro de la cocina: 57 litros), y ahora, por confiado, recogerá solo uvas aguadas, ¡el Joaquín! O a lo mejor no -replico, solidarizándome con el otro-. Ya escurrirán. Volverá el calor. Yo misma he dejado dos “líneos” de uvas sin recoger. Poca cosa, pero de mucha sustancia. Tendrán más grado. Haré con ellas una barriquita “premium”, para paladares finos como el de Severo… (vuelta a reírse el cabrero)

Miguel Manduca ahora va siempre con la mascarilla. Ya no se pone cantuesos en la nariz (además, tampoco los hay; la floración es en abril). Me dice que Severo está aburridísimo. Sus hijos no le dejan salir apenas. Le regañan si llega tarde, si se entretiene callejeando.  No tiene ya cuchillos ni hoces que afilar. Nada que hacer. Le digo a Miguel que pare a recogerlo “en lo que sube al tinao”, y se pasen un momento por aquí. Tengo cosas que preguntarle. Dudas sobre la fermentación del rosado, que se hace casi como el blanco, pero con algunas diferencias (por ejemplo: ¿no me estaré pasando limpiándolo tanto?, ¿no habrá que dejarle una parte de los lodos, para que sepa a algo? Este es el tipo de cosas que sabe Severo)

Gracias a esos 57 litros  de lluvia habrá níscalos enseguida. Miguel vendrá con una bolsa hasta la cancilla. Después de cincuenta y cinco años paseando su rebaño por la comarca, tiene mentalmente localizados todos y cada unos de los pinos piñoneros y carrascos de la Sierra Oeste, e incluso en los años malos, los años sequísimos, él se las arregla para encontrar níscalos y traerme a mí unos pocos. Llamará a la cancilla e insultará cariñosamente a los dos perros que fueron suyos (al jubilarse, vender el rebaño y trasladarse al pueblo, sus dos perros, ya viejos, se vinieron para aquí; Chispa es más tranquila; pero su hermano Curro -al que Miguel llama Curro “Bezoya” (¿?), como el agua mineral- era nervioso y mordía a las ovejas y las cabras; Miguel le amenazaba con el garrote, a voz en cuello, pero no llegaba  a darle porque no le sostenían las rodillas, ni la hernia, ni la espalda…)
-¡Curro, Cuuurro Bezoia!  ¡Vas a llevar una hostia…!
Y el perro viejo caracolea a su alrededor, haciéndole fiestas.

Mientras escribo esto vuelve a lloviznar. Con puntualidad británica, Miguel Manduca entrará en la bodega dentro de dos semanas con su bolsa de níscalos. En ese momento estaremos embotellando de prisa y corriendo el tinto del año pasado, para trasegar a las barricas recién vaciadas el vino nuevo, el que está fermentando ahora, sin que pase mucho tiempo entre una operación y otra (a ser posible, no más de 24h; si la madera se seca puede picarse).Y luego en primavera Miguel volverá otra vez, pero con una bolsa de espárragos. Primero se oirán los cencerros de la cancilla, después la voz cantarina del cabrero:
– ¡Curro Bezoia, mariconazo!
Para entonces los hollejos se habrán descompuesto por completo. Estaremos filtrando y embotellando el rosado, y, si no hay contratiempos, si nos espabilamos, puede que terminando de podar las cepas. 

(Foto de hoy, una semana después de la charla con Miguel Manduca. Uvas para la barrica praemium + Curro)

NOTA
Flores de cantueso en la nariz: era el sistema que usaba Miguel para protegerse cuando no había mascarillas .
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Climatéricos tomates

Recogidos ayer, sus células siguen respirando, oxidándose y produciendo gases. Así el etileno, que los tomates que han iniciado la maduración (ese rubor en la piel aún verde) sintetizan en cantidad y desprenden discretamente por el aire de la cocina. Los otros tomates, más verdes, perciben el etileno de sus vecinos, y el efecto es que su propia maduración se acelera. También lo haría (acelerarse) en presencia de otra climatérica-fruta/verdura, tal las manzanas, las peras o los plátanos. No las uvas, sin embargo; no los limones, no las fresas… ni siquiera los pimientos, que comparten la huerta de verano con los tomates. Todos se fatigan y producen etileno -¡todos hemos de morir!-  pero estos últimos, los no-climatéricos, no lo producen en suficiente cantidad, una vez arrancados, como para terminar de madurar manteniendo el tipo.
* Los tomates de la foto estarán rojos, rojos como tomates, en dos o tres días. En cuanto a esas grietas que se ven en la piel de alguno,  nada que ver con el estado de maduración, y sí mucho que ver, me parece, con la irregularidad del riego. La tierra está ya muy seca cuando la riego ( tanto como me lo permiten las reservas de agua de LRO: un día sí y un día no). Pero la tierra es arenosa, el agua se filtra enseguida… La mata de tomates, ya contraída de sed cuando yo llego, aunque se refresca, no se sacia.  El agua sube bruscamente (ávidamente) por sus tejidos, y no es de extrañar entonces que los tomates se agrieten.

Para ralentizar la crisis climatérica (=sofocos + emisión de etileno): frío. Pero prolongarles la juventud (ficticia)  será siempre a costa de perder sabor. ¿Vale la pena? No, los tomates de la nevera nunca saben a nada. 

 

Injerto de escudete

Mi vecino Baba tiene buena mano para los injertos, tanto para los de escudete (= de yema), que se pueden hacer ahora, al ir terminando el verano, como para los de púa, que solo pueden/deben hacerse al final del invierno/comienzo de la primavera. Injertamos tres pistacheros y dos ciruelos. Si la yema prende, brotará en marzo de 2021.

El injerto paso a paso, según las fotos de arriba:

1- Cubo con esquejes de pistacheros (en esos esquejes van las yemas que nos interesan), conservados al fresco y ligeramente húmedos. Se cortaron del árbol solo 2 ó 3 días antes (cuantos menos, mejor).
2- Corte en el patrón: con una navajita bien afilada se hace una T (dos cortes; trás en horizontal, trás en vertical) en la piel/corteza del patrón (aquí, un brinzalillo de 2 años). Cuidado con el corte: apenas un dibujo, para llegar al cambium sin dañarlo y poder despegar las dos solapas, es decir, los dos sobacos de la T (paso 4)
3- Corte de la yema que queremos injertar, dejándola en el centro de una especie de mandorla, el famoso “escudete”. La yema crece como todas las yemas del año: en la axila de la hoja, que hemos cortado para que no transpire (y la yema se deshidrate)  pero dejando el pecíolo o parte de él (se ve bien en el paso 5 ampliado: esa especie de rabito). Atención: se corta la mandorla/escudete llegando al cambium (lo verde) pero si queda algo de madera adherida hay que desprenderla con la punta de la navaja.Se trata de que verde y verde se toquen: el verde del patrón (la T) y el verde del escudete por dentro. Toda la importancia que se de a esto es poca. Además, es en detalles así donde se ve la buena mano del injertador.
4- Se inserta el escudete en el bolsillo que forma la T del patrón.
5- Se ata por encima y por debajo el escudete. Nudo firme: no puede entrar aire ahí dentro. Verde y verde bien pegados. Hay quien usa cintas de tejidos vegetales, (biodegradables). Opinión de Baba, que comparto: la goma es mejor, porque se puede tensar sin que pierda firmeza el atadillo
6- La próxima primavera, si todo está en orden y nosotros aquí para contarlo, la yema brotará. Se le deja crecer un poco… Y cuando el brote esté fuerte, entonces se retira toda la copa del patrón. En otras palabras: se corta sin miramientos todo lo que está por encima de nuestra yema brotada.

El kaso de los guisantes okupados

Fotos 1 y 2

Larvas comiéndose los guisantes y dejando por ahí lo que les sobra. En ninguna vaina okupada encuentro un posible orificio/ventanuco de entrada, y donde sí  lo encuentro (orificio/ventanuco) no hay ya okupación, lo que prueba, como se verá más abajo, que no es de entrada sino de salida. Así pues, ¿como pudo entrar en la vaina una larva de tan buen ver? Leo en la web que por un orificio/ventanuquillo muy pequeño, pequeñísimo, taladrado en la vaina cuando esta aún estaba tierna y la larva, recién eclosionada, tampoco tenía aún las hechuras que tiene ahora. El tejido de la vaina habría ido achicando el orificio de entrada a medida que ella misma crecía.

La larva de las fotos es de color verdoso, con verrugas punteadas en la espalda y cabeza oscura. Las más pequeñas, de tres o cuatro milímetros. Las más grandes, del tamaño de la uña de mi dedo pulgar (foto 1). Comen uno, dos, tres guisantes.  A veces hay más de una por vaina. Tapizan con su excrementos las paredes. Y cuando terminan de crecer, pasadas varias semanas, abren un agujero y se van, para pupar en el suelo. Ahora bien, estos últimos pasos -desde que la larva termina de crecer, se va, se entierra, pupa, la crisálida despierta, sale el adulto y volvemos a empezar- sé que son así porque lo he leído, pero de hecho aún no me he visto nunca frente a frente con el insecto adulto (el que puso los huevos, de los que salió la larva etc). Busco por los libros y las webs de “plagas”: tal vez, pero solo tal vez (enseguida explico mis dudas), se trate de una larva/oruga de un lepidóptero,  Cydia (o Laspeyresia) nigricana, la polilla del guisante.

Como las okupadas no tienen orificio, busco en el cesto alguna vaina que sí lo tenga y que documente lo dicho (= estará vacía; el orificio es de salida). Voilá:

 

 

 

 

Fotos 3 y 4

La primera observación es evidente: ¿cómo iba a salir una larva tan gorda por un agujero de apenas dos mm? Lo del orificio de entrada lo habíamos solucionado, ¿pero este…?  Al abrir la vaina  me encuentro, además, un escenario distinto al de las fotos 1 y 2. La vaina deskupada está bastante más limpia que las primeras. O en otras palabras: no hay vainas desokupadas y con orificio que además estén llenas de excrementos. Así que hay un problema (y puede que se deba, no lo niego, a siete temporadas de The good wife comprimidas en dos meses de cuarentena): si no está ya la ex-okupa, y si todo está tan limpio, ¿cómo puedo dar por seguro que la que se fue por la ventana (fotos 3-4) es pariente de esas otras  que aún puedo pillar con las manos en la masa, dejándolo todo perdido (fotos 1-2)? No lo sé. No tengo pruebas. 

El insecto adulto responsable de la desfeita en fotos 1 y 2  sí pudo ser la polilla del guisante, principal sospechosa, por la que me incliné de buenas a primeras al empezar a escribir esto. Pero las fotos 3 y 4 me dan que pensar. Leo entonces que hay otro  delincuente habitual en los bancales de leguminosas:  un gorgojo (coleóptero, Bruchus pisorum), cuyas larvas pupan dentro de los guisantes.

Investigo.

  1. Las fotos de larvas  que encuentro por la web no me aclaran nada. Ninguna es exactamente como las fotos 1 y 2.  Parecidos razonables, sí, pero nada concluyente. Leo que las larvas del gorgojo son mucho más pequeñas que las de la polilla, pero claro, las de la polilla pasan por diferentes estadios larvarios, y en los primeros ¿no podrían confundirse con las del gorgojo?. 
  2. El otro factor: los hábitos de limpieza de las larvas. Este tema en concreto no parece despertar el interés de ningún entomólogo (ni de nadie, en general). Sin embargo, tendríamos que poder confirmar que las larvas del gorgojo no dejan la vaina tan sumamente llena de m. como las de la polilla. Solo entonces daríamos el kaso por cerrado. Y esta sería entonces la hipótesis:

    las larvas que entraron y todavía están ahí  no son necesariamente de la misma familia que las que ya salieron. Las del gorgojo habrían llegado antes, puede que en el propio sobre de semillas; hicieron en un visto y no visto lo que tocaba (engordar+ pupar, sin manchar demasiado) y salieron rápidamente (fotos 3 y 4) cuando las otras -las de la polilla- aún seguían empachándose (fotos 1 y 2). Lo que no hay o no encuentro (pero cabe añadir: de momento) es vainas desokupadas con orificio tamaño XL  y que estén llenas de m.

Las larvas del gorgojo son diminutas y podrían estar ya dentro del grano cuando las sembré. Por eso, señorías, podrían haber empezado el ciclo antes que las polillas, porque habrían llegado primero al escenario del crimen: en cuanto empezó a hacer calor, allá por la segunda prorroga del estado de alarma, el adulto de gorgojo ya estaba allí (=arrancó el primero, comió, pupó ahí mismo y se despidió a la francesa). Pero las larvas de la polilla tienen un ciclo más largo. Incluso pudiera ser que NO salieran nunca de su despensa: que se quedaran ahí dentro hasta que la vaina se secara y se abriera sola (clac, clac, como las legumbres de las retamas en el monte, si el horticultor las indulta para futuras siembras), o, en caso de decidirse a marchar, lo hicieran a bocados… y no precisamente por un ventanuquillo.

                                               Debullando chícharos

 

Nota: que la polilla y el gorgojo sean los sospechosos habituales no excluye un tercero, un cuarto… Valga esta nota como reconocimiento de mi ignorancia.

… y post scriptum de confirmación (?), dos semanas después: aquí la vaina-estercolero  con agujero suficientemente amplio para que salga la larva rechoncha (si bien flexible) de la polilla del guisante:

 

 

¿Habas o judías?

 

Foto 1: Vicia faba, HABA. Semilla redondeada y chata. Legumbre de vaina espesa (no se come), tirando a cilíndrica.  Foto 2. Phaseolus vulgaris, JUDíA.  Semilla arriñonada. Legumbre de piel fina (se come en verde), tirando a plana.

El haba, esa gran desconocida
Su vaina/legumbre cilíndrica se parece tanto a la de la judía estándar, más esbelta, como una cebolla pequeña se puede parecer a un ajo grande. O pongamos: como una cebolleta a un puerro. ¿Un pepino a un calabacín? Pero, a diferencia de esas otras parejas, al habaVicia faba L.- sí se la confunde constantemente con su pariente judíaPhaseolus vulgaris L. A día de hoy es muy raro, seguramente excepcional, encontrar legumbres de haba en el mercado, así que no podemos compararlas con las de las judías, y, a menos que uno conozca las plantas (muy distintas: para empezar, la judía es trepadora, el haba  no), la confusión entre semillas sí es posible (la de la judía, bastante más fina y arriñonada… pero ¡hay tantas variedades ya!)
Las palabras con las que nos referimos casi indistintamente a una u otra en español -haba/habichuela, faba, alubia, judía (1)-  tampoco contribuyen a deshacer el lío. Mi madre llama habas a las semillas de las judías/Phaseolus, y judías a su vaina, que también se come cuando está tierna, antes de granar. Mi madre, en la ciudad, no recuerda ya la diferencia con el haba-haba (la semilla del haba/Vicia faba, lo único que se come de ella). Y así tenemos que las fabas de Lourenzá, por ejemplo, son semillas de judía, no habas-habas, y lo mismo las fabes asturianas, o las pochas de Sangüesa… En cuanto al témino “alubia”, que en sus orígenes se refería a una tercera especie, de la que se hablará más abajo, en la actualidad se usa para todo. Para la semilla de la judía, para la semilla del haba-haba, e incluso para la judía de la judía (¡perdón!, para la vaina de la judía: para la judía entera). En una ocasión pregunté en una tienda de delicatessen  si tenían habas frescas. No las tenían. Pero me ofrecieron, sin dudarlo, un bote de “habitas envasadas”… que de hecho eran semillas de judía y (lógicamente) del pasado verano.

Cultivo
La judía/Phaseolus  es americana. Se cultiva muchísimo y en todas las provincias (según la estación), pero en especial en las de clima templado-cálido y húmedo, lo que las hace perfectas para la costa norte y noroccidental, donde casi se pueden cultivar todo el año. Es la facilona del par. El haba/Vicia faba es originaria del Viejo Mundo, como el guisante (otro precolombino), y no tolera en absoluto el calor extremo, lo que la hace cultivo preferente de invierno allí donde el agua escasea y el verano es tórrido.

Resumen, producto de muchos cultivos fallidos/exitosos en LRO, provincia de Madrid: la judía necesita calor y agua y no tolera el frío; el haba necesita menos calor, mucha más agua, y sí tolera el frío (frío relativo y puntual de hasta -2 ó  -3º: el de Oslo, no creo). Para el haba el factor limitante es la falta de agua. Para la judía, el frío. (2)

Teniendo en cuenta que en el clima mediterráneo llueve en invierno (¡cuando llueve!), y que en el norte de España hay zonas costeras donde hace mucho frío, algunas conclusiones prácticas:
Como a la judía/Phaseolus no le va el frío, se siembra cuando de noche no bajamos de 10-12º y el suelo está caliente.  Cuando acaba Semana Santa (mediados de abril). Como el haba/Vicia faba necesita mucha agua, en la costa la sembramos cuando queramos siempre que el frío no sea excesivo (tipo Oslo); pero en el centro y el sur solo podremos hacerlo en los meses más lluviosos (= los del invierno); por eso precisamente -para encarar las bajas temperaturas- tiene el haba la vaina forrada por dentro con una especie de guata que a la veraniega judía le sobraría, como llevar suéter en agosto. El haba también resiste mejor los suelos pesados con tendencia a empaparse y, por tanto, a enfriarse.
Si tenemos agua abundante, un sistema de riego organizado, unas mallas de sombreo… es decir, si nos sobra el agua y hemos discurrido la manera de rebajar algunos grados la calorina estival, ¿podríamos sembrar habas/Vicia faba ahora en mayo, para cosecharlas en verano? Supongo que sí… pero no creo que valiera la pena.

Habas vs. judías
Vuelvo a mi madre en La Coruña. A mis abuelos labriegos de Cambre y Cecebre, a mis tatarabuelos. Cuanto más atrás, más plausible me parece que aún cultivaran habas por judías, y que, como los granos/semillas se parecían tanto, a todo le llamaran faba. La verdadera razón de la sustitución de una planta por otra, del haba/Vicia por la judía/Phaseolus, no se pudo deber a la intolerancia del haba a la sequía porque nunca, que yo sepa, la costa del Atlántico ha pasado por “seca”… No, la verdadera razón, quizá la única, debió de tener que ver con la productividad: las judías producen muchísimo más que las habas y en muchísimo menos tiempo. Cualquiera que las siembre lo sabe. En LRO sembramos las habas a finales de octubre y empezamos a comer ahora: han pasado cinco meses. Pero si sembráramos unas judías precoces ahora mismo, ¡estaríamos empezando a cosechar en mes y medio!  Antes, hace diez años, todavía lo hacíamos. ¿Por qué no seguimos haciéndolo?  Pues porque no podemos, simplemente. No tenemos pozo (ni queremos tenerlo), sino solo un manantial, en la parte alta de la finca, que va llenando por gravedad dos albercas. Ya no llueve como antes; los manantiales no se cargan. Y no teniendo garantizado un mínimo volumen de agua de riego para el verano, hay que aprovechar al máximo el ciclo de invierno/primavera. El agua que hemos almacenado estos meses pasados será, en primer lugar, para los frutales jóvenes. En segundo lugar, para  los tomates y los pimientos, que no pueden reemplazarse por nada. Ahora bien, las judías/Phaseolus sí pueden reemplazarse por algo: por habas/Vicia faba. A ellas, cultivadas de noviembre a mayo, ya las ha regado la lluvia. Y si producen menos que sus primas americanas, qué se le va a hacer. 

Y, bueno, tampoco todo son ventajas con las judías. Hasta que empezaron a aparecer las variedades enanas había que contar con un buen tinglado de estacas/cañas y cuerdas con las que entutorar los tallos.  Si no circula bien el aire, la huerta se convertirá en un criadero de hongos (antracnosis, botritis…), tanto más probable cuanto más arcilloso sea el suelo.
En la foto de arriba se ve como crece la planta del haba. Aunque no sea trepadora, agradece un apoyo que la proteja del viento. Lo que se ve en la foto (ampliar) es un mallazo, de los que se usan para el hormigón armado, partido con una cizalla en varios trozos y clavado en la tierra.

 Habas, judías… y alubias. Una tercera en discordia
“Alubias” llamaban los árabes  -o dólico,  en griego (3)- a una especie de haba trepadora de vaina larga, bien adaptada a la sequía, que se conocía desde siempre en Africa occidental, pero con parientes próximos en Asia. Una tercera en discordia, pues, género Vigna unguiculata (L.) Walp: al igual que la judía americana, una leguminosa trepadora; al igual que el haba, cultivada en Europa desde antiguo. Si los romanos distinguían phaseolus de faba… su phaseolus solo podía ser esta, la alubia o dólico de Africa. Tienen como característica una mancha oscura, como un ojo, en el lateral del grano. Al -lubías fueron primero; después “judías caretas”, por la mancha en cuestión.  ¿Y habas caretas, caritas o carillas, fabas, habichuelas caretas? ¡Por qué no!  Y en América, con la que intercambiamos desde muy pronto todo este batiburrillo de legumbres y fantasía lingüística: fríjoles largos, chícharos de la boquita negra, porotos caretos o “caupís” (ni quechua ni aimará, aunque lo parezca, sino alegre adaptación del inglés cow pea, por su uso en los estados del sur como forrajera),etcétera.

Hoy, según rastreo por la web, las alubias/dólicos/Vigna son solo una reliquia gastronómica en Europa: en Extremadura y el Algarve,  Vandée y Poitou-Charentes (mongette, le dicen allí), Puglia, Toscana y el Véneto  (fagioli dell´occhio)…Y fin.  Por descontado, su cultivo retrocede aún más rápido que el del haba.  Añado para terminar el post: 1., mi propósito formal de encontrar semillas de Vigna para probar su cultivo en LRO; si está mejor adaptada que la judía al calor y la sequía, aunque produzca menos, ¿qué se puede perder?; y 2., esta receta de carillas de Talavera de la Reina, con el deseo de que puedan volver a abrir pronto, cuanto antes, los restaurantes de la zona: https://www.directoalpaladar.com/recetas-de-legumbres-y-verduras/carillas-oreja-rescatamos-receta-escondida-toledano-pueblo-velada-legumbre-extraordinaria (*la foto procede de ahí)

Notas

(1) Judía, de etimología incierta. La RAE y M.Moliner la relacionan con “judío”, sin más aclaración. Alubia procede del persa (RAE), y haba es la forma latína, junto a phaseolus, tomado del griego. El listado de nombres vulgares es maravilloso e inabarcable: faséolo, fréjol, fríjol, frisuelo, bajoca, pocha, poroto, chaucha etc.
(2) Otro factor limitante, aunque hasta cierto punto controlable (con enmiendas), sería el pH: el haba disque acepta el suelo calizo, la judía no. En LRO nunca ha sido un problema.
(3)  “El largo”, en griego, hacía referencia a la longitud de su legumbre. Tal fue su nombre científico, Dolichus unguiculatus, antes de pasar al género Vigna.

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Las reproducciones del haba y la judía  (al comienzo, por ese orden) están la wikipedia. La primera es de O. Wulhelm Thomé,  Flora von Deutschland, Österreich und der Schweiz, 1885. La segunda pertenece a la Flora des Serres et des Jardins, prestigiosa revista del siglo XIX -por entregas, como era costumbre- dirigida por L. Van Houtte. (leyenda: Phaseolus compressus, sin. de vulgaris).  De la lámina de la alubia/dólico, también en la wiki, no encuentro datos.