¿Ya es tarde para poner unas coles?

En teoría, sí. En la práctica, habida cuenta del cambio climático y el año que llevamos, yo creo que NO. De hecho acabo de plantar dos docenas. Coliflores, por ejemplo, las hay de sesenta días, noventa, cien… Coles picudas y repollos se podrán comer pronto, aunque la pella no esté demasiado crecida (a cambio, se ponen más). En teoría la cosa va así. En la práctica, demasiadas variables en juego para atreverse a poner fecha a nada. En esta zona (al pie de Gredos) las coles se suelen poner a mediados de septiembre porque en esa época las noches ya son claramente/bastante/muy frescas. Las hojas están tersas. Los insectos mantenidos a raya por el frío nocturno… Pero no es el caso este año. Los que hayan puesto las coles siguiendo la antigua rutina habrán visto que el calor las hace subir a flor antes de tiempo. Coliflores y brécoles raquíticos, y toda la planta comida a conciencia por las orugas y las chinches. Lo sensato era esperar. Y aún así… Hoy, día diez de octubre, la mínima ha sido de 15 grados y la máxima de 28. Ni una nube en el horizonte. En condiciones normales, en vísperas del Pilar ya estaría empezando a helar. Y en Galicia, en el interior, lo mismo: xiadas nocturnas ocasionales, desde antes de la entrada oficial del otoño.

Se non puxestes aínda os repolos… ídelos poñendo.

Nota 16 de octubre. Han caído cuatro gotas y esta pasada noche, por fin, bajó la temperatura. Aún tiene que bajar más -¡por la tarde seguimos de manga corta!- pero este primer “alivio” otoñal es perfecto para las coles (menos perfecto para lo que pueda quedar del verano; esas plantas de albahaca, por ejemplo, que ya empiezan a arrugarse…)

Una viña roja, toda roja como el vino rojo

“Hemos visto una viña roja, toda roja como el vino rojo. En la lejanía se volvía amarilla, y más allá un cielo verde, con un sol; terrenos después de la lluvia, violetas y centelleantes de amarillo por aquí y por allá, donde se reflejaba el sol poniente…”
Vincent Van Gogh, Cartas a Theo, noviembre 1888
Pero solo un mes antes esas viñas de Arlès aún estaban verdes, y Vincent también las pintó:
“¡Si vieras las vides!. Hay racimos que pesan por lo menos un kilo. Este año las uvas son excelentes…”

Anastasio, antiguo propietario de LRO, solía repetir por estas fechas la misma cantinela: que cuando él era joven se vendimiaba en noviembre, y que a los vendimiadores hombres les daban medio litro de vino, y a las mujeres un cuartillo…
Hoy los viejos siguen vendimiando tarde, pasado el Pilar, y los vinos que “corren” -en tinajillas de barro los muy castizos, en barreños de plástico los más pragmáticos- tienen un aquel de coñac, muy apreciado por todos ellos (nada que decir). Sin embargo, en las mejores bodegas de esta zona vecina a Gredos -las de Bernaveleba, Comando G, etc- hoy se vendimia entre los últimos días de agosto (la uva blanca) y los primeros de septiembre (la tinta). Es decir, dos meses antes que cuando Anastasio era joven y que cuando Vincent vivía en Arlès. Es decir, dos meses antes de lo habitual en cualquier país del sur hasta hace nada (¿quince, veinte años?).
El cuadro de V. Van Gogh es conocido porque arrastra la fama (hoy discutida) de haber sido el único que vendió en vida. Lo pintó a principios de noviembre de 1888, mes y medio antes de pelearse con Gauguin, cortarse la oreja e ingresar por primera vez en un hospital. Hojeo un catálogo de sus cuadros. Van Gogh prefería sin duda la primavera -los árboles en flor, tan del gusto japonés: https://laramadeoro.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=4910&action=edit – y también el pleno verano: las labores de cosecha, los almiares… Pero viñedos solo se le conocen dos. La Viña verde, que está en el museo de Otterlo, y esta Viña roja, del Museo Pushkin (Moscú).
Eran éstas las viejas viñas de la Provenza, las mourvèdre (nuestra monastrell), cinsault, mouscardin…, que se salvaron de la filoxera por estar plantadas en suelos muy arenosos, en los que el insecto no puede cavar sus galerías y acceder a las raíces. No se plantaban en cuadrículas esmeradas, ni se ataban en contraespaldera (ahí se las ve, despatarradas por la arena) ni se mimaban tanto como hoy. Por otro lado, todas las figuras que vendimian en el cuadro son mujeres. En la mano debían de llevar serpettes. Con poco que se distrajeran -una broma, una pulla-, el filo de la serpeta les cortaba las yemas de los dedos, y así, con esos dedazos picoteados, tendrían por la noche que cambiar pañales y preparar la cena. Cada pocos pasos habría un capacho de esparto (?), y allí irían echando las uvas; después lo cogerían entre dos para poder subirlo al carro (en el pescante, arreando al caballo, sin duda un hombre). Los capachos quedarían rojos, gotearían mosto, se llenarían de avispas… Pero lo que más me alarma hoy, mirando y remirando el cuadro, es que las vendimiadoras arlesianas no flexionan las rodillas para cortar los racimos. Solo con verlas le duelen a uno las lumbares, y aún más al final de la tarde, momento escogido por Van Gogh, con ese sol redondísimo, blanco roto o blanco tostado, a punto de tocar tierra.

El eterno otoño de los feacios

En el exterior del patio, cabe las puertas, hay un gran jardín de cuatro yugadas y alrededor del mismo se extiende un seto… Allí han crecido grandes y florecientes árboles: perales, granados, manzanos de espléndidas pomas, dulces higueras y verdes olivos. Los frutos de estos árboles no se pierden ni faltan, ni en invierno ni en verano: son perennes; y el céfiro, soplando constantemente, a un tiempo produce unos y madura otros: la pera envejece sobre la pera, la manzana sobre la manzana, la uva sobre la uva y el higo sobre el higo. Allí han plantado una viña muy fructífera, y parte de sus uvas se secan al sol en un lugar abrigado y llano, a otras las vendimian, a otras las pisan, y están delante las verdes, que dejan caer la flor, y las que empiezan a negrear… Tales eran los espléndidos presentes de los dioses en el palacio de Alcínoo, rey de los feacios(Odisea, canto V, ed. Aguilar)

De modo que cuando el naufrago Ulises llega a Esqueria (la isla en la que reina Alcínoo) allí era a la vez primavera y otoño, verano e invierno. Flor y fruto a la par. Todas las estaciones en una. Pero, como Juvenal dejó escrito muchos siglos después, esa estación única era, de hecho, un otoño perpetuo, pues todas las frutas que Homero menciona maduran a partir de ahora, cuando el verano termina. En el país de los feacios no hay cerezas, ni fresas, ni melocotones… frutas de primavera y de verano, menos exuberantes y de peor (o nula) conservación. Sin embargo, no es esta imagen homérica -de plenitud otoñal- la que predomina en las utopías literarias posteriores. En ellas se prefiere la primavera, una eterna primavera llena de luz y de flores… Pero no. Ni la luz ni las flores se comen. Para los que prefieren comer a cantar (o hacerlo, al menos, por ese orden) siempre será preferible el otoño.

Higos a secar, cubiertos por una gasa

NOTA1. Para secar los higos:
Hay quien los ensarta en un cordel y lo va colgando al sol, o en una habitación aireada, como los fallados de las casas antiguas, allí donde también se ponían a secar racimos de uvas, y se almacenaban manzanas y calabazas. Yo prefiero secar los higos en cestos o en cajas de plástico con agujeros, las mismas que usaremos para la vendimia, porque son más fáciles de trasladar. No tiene más misterio la cosa. Lo único importante, me parece, es cubrirlos con una gasa o una redecilla apretada, u otra caja vuelta del revés. para que no vengan los insectos a comerlos, o peor, a dejar ahí sus puestas. De noche sobre todo, porque a las polillas le gustan bastante (y el relente nocturno retrasa el secado). Lo suyo, en realidad, sería meterlos cada noche a cubierto… Otrosí. Los que secan higos a lo grande, y lo hacen bien de verdad, los escaldan un minuto antes de ponerlos a secar, para liquidar cualquier patógeno que puedan llevar ya dentro.
Se recogen cuando ya se han arrugado y deshidratado pero todavía están blandos.

NOTA 2: La cita de Juvenal: Sátiras, V, 151

Verano 2019 (2)

27 de julio

Después de tres años olvidado y sin florecer, ahí asomó esta mañana: Hibiscus x moscheutos, de color rojo sangre, efímero y dramático como las amapolas, pero con una corola de quince centímetros de diámetro. Viene de la costa este de los Estados Unidos, como su prima H. coccineus, De zonas pantanosas, charcas, remansos fértiles a la orilla del ¿Missisipi? Allí donde crecen también los cipreses calvos y los tulíperos de Virginia: muy, muy lejos de este jardín. Una perogrullada (locura total transitoria) que escondí con buen criterio detrás de una mata de euforbias.

30 de julio

Las golondrinas que vienen a criar cada año (hacia mediados de abril) al porche de mis vecinos. Una primera nidada salió adelante hace ya tres meses. Cinco pollos. Esta es la segunda, de cuatro pollos, todos bien criados. Los padres echaron a picotazos a los cinco primeros, para que espabilaran. Los otros cuatro salen ya al amanecer, con sus padres, y vuelven al caer el sol. Mi vecina está pendiente. Los ve llegar (los va contando) desde el frailero de la puerta de entrada. Los cuatro pollos se meten en el nido y sus padres se acomodan frente a ellos, en el farol del porche
Mi vecina lleva años con este trajín. ¡Y con lo bien que le vendría acristalar la entrada, para ganarle unos metros al salón…!

1 de agosto

En una gran plantación de pistacheros cerca de casa, acompañando a dos vecinos que vienen a recoger yemas para reinjertar con ellas sus cornicabras (las que han fallado, que no son muchas). Plantaron doscientos patrones -cornicabra, queda dicho- y el año pasado injertaron (Pistacia vera, todo comprado en un vivero en Tembleque). Convencidos de que, pasados 3 ó 4 años, los árboles se adaptarán al terreno -franco-arenoso- y al clima -sequísimo–, mis vecinos van tres tardes a la semana a regarlos, transportando garrafas de ocho litros en su furgoneta. Treinta o cuarenta garrafas por viaje, que hay que llenar, cargar y descargar. Proyectan un pequeño estanque para que se bañen los pájaros. Hileras de lavandas. Colmenas en la parte más alta….Hoy, para poder reinjertar las marras de sus pistachos, han venido a por ramas verdes a esta otra plantación, que poco o nada tiene que ver con la suya.

El propietario es muy amable. Nos lleva en su todoterreno y nos va contando. Tiene otros negocios en la zona, pero esta plantación es la niña de sus ojos. Arrancó las viejas cepas de tempranillo para ponerlo en marcha (con la uva se pierde dinero, ya estaba harto; pero para que su padre no se disgustara excesivamente, renunció a arrancar también los olivos… de momento). Variedades ‘Peter’ (los machos) y ‘Kerman’ (las hembras) Marco de 5 x 6, que hace un total de 327 pistacheros por hectárea. Los goteros funcionando a todo trapo. En regadío, con una producción de 2000 a 3000 kilos por hectárea. Pongamos 2000, para tirar por lo bajo. A 8 euros el kilo: 16.000 euros por cosecha. Tenemos 3 ha., así que 48 mil euros. Pongamos 45.000, para tirar por lo bajo…. En España, sin embargo, comemos pistachos iraníes. Los que se producen por aquí los compran los italianos “para hacer helados”. Nos explica la formación de los arbolitos, que están impecables, preciosos. Nos habla de los nuevos productores manchegos (cada vez más) y de gente valiosa, como el tío de Pistachos Nazario, que pela, seca y envasa él mismo, sin mediar italiano alguno.
Y que cuándo se ara, pregunto.
– Cuando me cabreo con los obreros. Los mando a tomar por culo (sic) y me vengo para aquí a desestresarme en el tractor.
Una razón técnica como cualquier otra. Y que cómo se riega, vuelvo a preguntar. Con una balsa de 10 millones de litros que llena la lluvia. ¿La lluvia? ¿Aquí? Bueno, y un arroyo del que se bombea el agua hacia la balsa cuando no llueve. O sea… ¿desde mayo, desde abril?¿Siempre? Momento en que conviene dejar de hacer preguntas (por ejemplo: qué pasa si ese vecino de allí, y ese otro de allá, hacen a su vez sus captaciones en el arroyo, un poco antes y un poco más arriba de tu balsa). Pero no. Al fin y al cabo, pronto serán 45 mil al año, para tirar por lo bajo. Más el salario de los jornaleros, el camino bien cuidado, etc. “A cambio”, nos asegura (y a me parece que es un buen hombre, sin doblez), los helicópteros pudieron venir a cargar agua el otro día, para ayudar con un incendio… Otro incendio…Otro más. Porque el bosque está agostado y arde fácil. Porque los árboles (los inservibles, que no producen 45.ooo al año) tiran la toalla y se dejan ir. Porque los pastos de las parcelas “perdidas” se churruscan y crujen, y los corzos, sedientos, se caen en las albercas. Porque los arroyos -vaya por Dios- llevan tres meses secos.

3 de agosto

¡Año de ciruelas! Botes y más botes de mermelada. Y esta tarta de la Larousse de los Postres (receta aún mejor, que sigue a la de la tarta y además rima: “ciruelas mirabel en sauternes y miel”, que a lo mejor haría si tuviera ese sauternes, aunque si lo tuviera -para qué negarlo- dudo mucho que se lo fuera a echar a unas ciruelas…): en el fondo del molde, untado previamente de mantequilla, se extiende la masa quebrada; sobre ella se van colocando medias-ciruelas, con la parte cóncava hacia arriba; se espolvorea todo de azúcar, y al horno media hora.

tarta ciruelas

Se puede tomar con un oporto o un jerez o un banyul...

O Nabo Gigante

(Los narradores van sin prisa. Para el que no pueda aguantar el ritmo de una clase de infantil – atención: SPOILER!- : avance hasta el minuto 8, con la aparición del ratinho esfameado, que es quien conseguirá solucionar el problema)

Hay muchas versiones por la web. Entre ellas, la menos lírica y +abiertamente política del fabuloso Pohadky (Praga, 1958), que no parte de A.Tólstoy, sino de una versión más esquemática (sin tantos animales, sin el fiestón final…) y que cambia al anciano protagonista del cuento (el tierno Don Xosé/Zé del vídeo de arriba)  por un avaro capitalista sin entrañas.

http://www.uloz.to/live/xp6qJacE/pohadky-zasadil-dedek-repu-jiri-trnka-animovane-avi

Mi casa es tu casa o al revés

(Y la huerta también)
Nueva sección de Barbie Jardinera, dedicada a meter la nariz por las huertas de amigos y vecinos.
Empezamos hoy por un lugar de Ourense, de cuyo nombre no quiero acordarme, en el que Maite y Antón cultivan “de todo menos pimientos”

Comentarios de la corresponsal:
-Muchas berenjenas me parecen
-Maravillosas las remolachas, ¡bravo! Todo ese rincón, combinando plantas de crecimiento más lento (o de producción más larga: el calabacín, las acelgas) con las rápidas-rapidísimas (espinacas).
-Hay que despuntar con urgencia esos tomates
-El semillero de lechugas no lo veo… Qué tal si, en vez de arrancar las que están plantadas, les cortáis el cuello con un cuchillo afilado; posiblemente saldrán repollitos (muy tiernos) por la orilla del corte.
-En LRO también sembramos rúcula un año: al loro con las flores, porque se resembrarán solas hasta el infinito/y más allá. Rica ensalada con lascas de parmesano.
-¿Qué tenéis contra los pimientos?

Riego a manta

El pozo de Miguel de momento tiene agua. Riega “como siempre se ha hecho”, dejando que la corriente colme los surcos mientras él vigila el circuito para que el agua se reparta bien (y “bien” quiere decir: a cada hortaliza según sus necesidades, pero sin quitarles el ojo de encima) y para que no rebose y se pierda por ningún punto. La ventaja del riego a manta es su facilidad, limpieza, abundancia…La desventaja, que no lo era en otros tiempos, es que una parte del agua se filtra sin provecho, otra se evapora, y que la tierra, una vez seca, se cuartea y endurece. Sigo siendo partidaria del acolchado. O de los cultivos intermedios con flores, aunque las plantas de la huerta rindan menos. A Miguel poner menos de cincuenta o sesenta tomateras le parece una tontuna. Tiene los surcos como una patena. Si una correhuela osara asomar la nariz, ¡zas!, azadón que te crió. Produce tomates y pimientos para regalar a todo el mundo, y lo que sobra se lo echa a las cabras de Wasa, el nuevo cabrero, marroquí, que ha tomado el relevo en sus viejas instalaciones del “tinao”.

Miguel vendió las cabras en 2016. Hubo que hacerles fotos a todas, juntas y por separado, para que él pudiera elegir y después subirlas a milanuncios.com. Un conocido de aquí al lado terminó comprándolas, para gran alegría de Miguel, que así podría ir a visitarlas siempre que quisiera.
El día del traslado era un viernes. Yo fui primero, antes de que empezara el zafarrancho, para recoger a los dos perros del tinao: Boni y Curro. Luego el comprador preparó a las cabras.
– Y Miguel, a tí que te lleven en coche si quieres decirles adiós -le gritó.
Pero Miguel no quería dejarlas ir sin más, así, a la francesa: con su artritis a cuestas, sin casi poder levantar la mirada del suelo, de tan encorvado que caminaba entonces, hubo de acompañarlas hasta su nueva casa (a cinco kilómetros de aquí; para que el rebaño pudiera pasar al otro lado del monte, él mismo -apoyado en dos bastones- cortó durante unos minutos la carretera de Toledo). Una vez las dejó instaladas, y hechas las recomendaciones precisas al nuevo propietario, Miguel se volvió al pueblo para empezar a preparar la bolsa de viaje.
Ese mismo lunes ingresó en el hospital de Móstoles. Primero se operó una rodilla, después la otra, después la hernia…
Y ahí está ahora, jubilado y sin bastones, produciendo tomates para parar un tren.

Pijo-huerto

 

Pijo huerto en marcha, en sustitución del huerto-huerto de LRO, que este año no va a poder ser porque no ha llovido (y el manantial se acaba: el agua que entre será para los árboles). No sabemos -nadie sabe- si va a volver a llover ordenadamente, previsiblemente, mansamente, algún día. Pero preguntárselo es una pérdida de tiempo. Andarse con jeremiadas, también.

El concepto “pijo-huerto” se lo debemos a Manolo de Porto do Son, que cultiva de todo con mucha paciencia en la terraza de su casa, usando macetas y recipientes diversos.
Para nuestro pijo-huerto-alternativo-rodante usaremos dos cajones que encontré en un contenedor, de esos que se meten debajo de las camas modelo Ikea. Los he colocado sobre sendos palés con ruedas, para poder llevarlos a la sombra si abrasa mucho el sol.  Por dentro: agujeros con una broca de 16 mm y una lona vieja impermeable, también agujereada. A su lado, dos macetones de plástico, también sobre palés (para que circule rápido el agua excedente de riego, sin que se formen charcos bajo la maceta). Delante he colocado un medio-palé (desmontado), que protegerá el plástico negro del sobrecalentamiento.
Cultivaremos solo tomates rosas, de una variedad misteriosa, extraordinaria, procedente del semillero de Mariquiña (Sarria).

¡Toma tomate!

Algunas de las conclusiones a las que he llegado cultivando el huerto de LRO.
Aquí en papel: http://www.bubok.es/libros/250323/TOMA-TOMATE-EL-HUERTO-BIO-SIN-COMPLICACIONES-papel

Y aquí en pdf,   ¡más barato!: http://www.bubok.es/libros/250322/TOMA-TOMATE-EL-HUERTO-BIO-SIN-COMPLICACIONES-digital

El resumen del contenido (sin andarse mucho por las ramas), viene a ser éste (reproducido en la contraportada):

¿Cuándo y cómo debo empezar a regar las patatas? ¿Puedo plantar los ajos al lado de las fresas?, ¿y de las judías? ¿Tengo que despuntar todas las variedades de tomate? ¿Pongo el mismo soporte para las judías que para los guisantes? ¿Y para las habas? ¿Por qué amarillean y se caen los calabacines? ¿Quién tolera mejor las noches frías de otoño: la rúcula o las lechugas? ¿Debo fulminar a todos los seres vivos que se pasean por mis bancales? ¿Es lo mismo un abono que una enmienda? ¿Qué es una enmienda? ¿Y el mantillo, es lo mismo que el “compost”? ¿Qué significa aporcar? ¿Cuándo trasplanto las coles? ¿Debo preguntarle a la luna…?

Es decir, que este no es un libro para aprender a relajarse  ni para”ser feliz”, ni para encontrarse uno a sí mismo ni con la Pachamama… Sólo una guía modesta sobre cómo producir hortalizas sanas en cualquier región de España. Lo que casi siempre se consigue, en mi opinión, trabajando (un poco) y  teniendo paciencia (¡mucha!)

(La mano que sostiene los tomates de la foto no es mía -la mía estaba ocupada con la cámara- sino de Mohamed, un amigo de Tánger que sabe mucho de estas cosas; pero algunos de los tomates de la foto , de hecho, son de esos híbridos raros, kumatos  o algo por el estilo, pequeños y esféricos, muy oscuros, que a él le gustan y a mí no; personalmente soy más partidaria de los tomates de toda la vida, en especial de los más feos -los morunos y Raf, cuanto más acostillados y contrahechos, más ricos- dejados a madurar dos o tres días a la sombra después de recolectados. ¡Nunca en la nevera!)