Herrerillo

No es que no estuvieran antes, es que las hojas los escondían. Tampoco había tantos tiros de escopeta a primera hora. Las tórtolas turcas, sobre todo, se acercan más a casa, se arriesgan por los comederos de los perros y los gatos, y a veces -cómo evitarlo- alguna termina desplumada sobre la hierba. Los mirlos y pájaros más pequeños, en particular este herrerillo, y una curruca capirotada que se empeña en picotear el cristal de la galería, vienen a buscar arañas e insectos entre las ramas de esa lagersotroemia de la foto, que se va pelando empezando por arriba, y a tantear las primeras aceitunas medio maduras de los olivos. Ya no quedan higos ni moras ni uvas (son zorros, me parece, quienes limpian de rebuscos las cepas). Descontando las semillas de los cardos, alijonjeras -de floración tardía- y no sé si de muchas gramíneas, porque este verano se ha agostado todo demasiado pronto, ahora hay que conformarse con esas aceitunas todavía un poco duras, con las endrinas ya un poco pasadas, los escaramujos de los setos (también de algunos rosales domesticados: mi ‘Centenaria de Lourdes’, por ejemplo), los pistachos en miniatura de las cornicabras (Pistacia terebinthus) y las primeras bayas de hiedra por las tapias de los jardines, allí donde sus propietarios hayan tenido el buen sentido de dejarlas florecer.

Giardino dipinto

Una perdiz, un abejaruco y una collalba. La vegetación de esta pared -pintada al fresco, allá por el 20 a.c.- incluye un granado cuajado de fruta, un ciprés, un laurel, una palmera y una rosa damascena. En la parte más alta, que no sale en la reproducción, se ve también un mirlo con las alas abiertas, metiendo bulla.
En otras paredes de este Giardino dipinto de Livia Drusila (procedente de su villa de Prima Porta, al norte de Roma) los especialistas han contabilizado hasta 69 especies de pájaros. Y violetas, iris, crisantemos, amapolas blancas. Y un pino en el panel central. Otra vez las estaciones mezcladas, y otra vez esa preferencia antigua por los frutos del otoño: junto al granado, por las restantes paredes, sólo un membrillo y un madroño. Todo ello, seguramente, para representar la opulencia/fecundidad de la nueva aetas aurea, inaugurada por el divino Octavio, y quizá -pero habría que leerse despacio la bibliografía- con intenciones simbólicas.¿La granada y el pino, atributos de la diosa Perséfone, de la diosa Cibeles? O a lo mejor le estamos dando a ese pino, ese granado, más importancia de la que realmente tenían, como sucede a veces con los bodegones del XVII (¡no todos eran rebuscadas vanitas!) Por otro lado, ¿no se echan un poco en falta unos higos y unas uvas, frutas omnipresentes en tantos frescos y mosaicos? Cosas de Livia Drusila, la dueña de la casa. A lo mejor le empalagaban los higos, simplemente. ¿Y cómo andaba su dentadura? Imaginémoslo: regular. Le molestarían mucho las pepitas de uva entre las muelas…
La identificación botánica y ornitológica completa la hizo esta señora: Mabel M. Gabriel, en los años 50, poco después de que los frescos fueran llevados a su emplazamiento actual en el Museo del Palazzo Massimo alle Terme. Leo en internet, sin embargo, que las excavaciones en Prima Porta continúan, y que un fresco de mentirijillas puede verse ahora en lugar del original.

Notas
Las perdices de verdad -de carne doliente, no dipinte– empezarán a caer a tiro limpio a partir del Pilar, fecha en que se levanta la veda en todo el monte, incluidas las viñas y los sembrados. Respecto al abejaruco y la collalba, estarían en Prima Porta de paso. En octubre ya se encuentran granadas maduras en el mercado, los primeros madroños, los primeros membrillos… pero hace por lo menos un mes que se fueron los abejarucos -y antes, las golondrinas-, dejándonos la misma angustia de todos los años.

Detalles + bibliografía:

Villa of Livia at Prima Porta

Y catálogo florístico, aquí: https://www.researchgate.net/publication/248546044_Botanic_analysis_of_Livia’s_villa_painted_flora_Prima_Porta_Roma

Verano 2019 (2)

27 de julio

Después de tres años olvidado y sin florecer, ahí asomó esta mañana: Hibiscus x moscheutos, de color rojo sangre, efímero y dramático como las amapolas, pero con una corola de quince centímetros de diámetro. Viene de la costa este de los Estados Unidos, como su prima H. coccineus, De zonas pantanosas, charcas, remansos fértiles a la orilla del ¿Missisipi? Allí donde crecen también los cipreses calvos y los tulíperos de Virginia: muy, muy lejos de este jardín. Una perogrullada (locura total transitoria) que escondí con buen criterio detrás de una mata de euforbias.

30 de julio

Las golondrinas que vienen a criar cada año (hacia mediados de abril) al porche de mis vecinos. Una primera nidada salió adelante hace ya tres meses. Cinco pollos. Esta es la segunda, de cuatro pollos, todos bien criados. Los padres echaron a picotazos a los cinco primeros, para que espabilaran. Los otros cuatro salen ya al amanecer, con sus padres, y vuelven al caer el sol. Mi vecina está pendiente. Los ve llegar (los va contando) desde el frailero de la puerta de entrada. Los cuatro pollos se meten en el nido y sus padres se acomodan frente a ellos, en el farol del porche
Mi vecina lleva años con este trajín. ¡Y con lo bien que le vendría acristalar la entrada, para ganarle unos metros al salón…!

1 de agosto

En una gran plantación de pistacheros cerca de casa, acompañando a dos vecinos que vienen a recoger yemas para reinjertar con ellas sus cornicabras (las que han fallado, que no son muchas). Plantaron doscientos patrones -cornicabra, queda dicho- y el año pasado injertaron (Pistacia vera, todo comprado en un vivero en Tembleque). Convencidos de que, pasados 3 ó 4 años, los árboles se adaptarán al terreno -franco-arenoso- y al clima -sequísimo–, mis vecinos van tres tardes a la semana a regarlos, transportando garrafas de ocho litros en su furgoneta. Treinta o cuarenta garrafas por viaje, que hay que llenar, cargar y descargar. Proyectan un pequeño estanque para que se bañen los pájaros. Hileras de lavandas. Colmenas en la parte más alta….Hoy, para poder reinjertar las marras de sus pistachos, han venido a por ramas verdes a esta otra plantación, que poco o nada tiene que ver con la suya.

El propietario es muy amable. Nos lleva en su todoterreno y nos va contando. Tiene otros negocios en la zona, pero esta plantación es la niña de sus ojos. Arrancó las viejas cepas de tempranillo para ponerlo en marcha (con la uva se pierde dinero, ya estaba harto; pero para que su padre no se disgustara excesivamente, renunció a arrancar también los olivos… de momento). Variedades ‘Peter’ (los machos) y ‘Kerman’ (las hembras) Marco de 5 x 6, que hace un total de 327 pistacheros por hectárea. Los goteros funcionando a todo trapo. En regadío, con una producción de 2000 a 3000 kilos por hectárea. Pongamos 2000, para tirar por lo bajo. A 8 euros el kilo: 16.000 euros por cosecha. Tenemos 3 ha., así que 48 mil euros. Pongamos 45.000, para tirar por lo bajo…. En España, sin embargo, comemos pistachos iraníes. Los que se producen por aquí los compran los italianos “para hacer helados”. Nos explica la formación de los arbolitos, que están impecables, preciosos. Nos habla de los nuevos productores manchegos (cada vez más) y de gente valiosa, como el tío de Pistachos Nazario, que pela, seca y envasa él mismo, sin mediar italiano alguno.
Y que cuándo se ara, pregunto.
– Cuando me cabreo con los obreros. Los mando a tomar por culo (sic) y me vengo para aquí a desestresarme en el tractor.
Una razón técnica como cualquier otra. Y que cómo se riega, vuelvo a preguntar. Con una balsa de 10 millones de litros que llena la lluvia. ¿La lluvia? ¿Aquí? Bueno, y un arroyo del que se bombea el agua hacia la balsa cuando no llueve. O sea… ¿desde mayo, desde abril?¿Siempre? Momento en que conviene dejar de hacer preguntas (por ejemplo: qué pasa si ese vecino de allí, y ese otro de allá, hacen a su vez sus captaciones en el arroyo, un poco antes y un poco más arriba de tu balsa). Pero no. Al fin y al cabo, pronto serán 45 mil al año, para tirar por lo bajo. Más el salario de los jornaleros, el camino bien cuidado, etc. “A cambio”, nos asegura (y a me parece que es un buen hombre, sin doblez), los helicópteros pudieron venir a cargar agua el otro día, para ayudar con un incendio… Otro incendio…Otro más. Porque el bosque está agostado y arde fácil. Porque los árboles (los inservibles, que no producen 45.ooo al año) tiran la toalla y se dejan ir. Porque los pastos de las parcelas “perdidas” se churruscan y crujen, y los corzos, sedientos, se caen en las albercas. Porque los arroyos -vaya por Dios- llevan tres meses secos.

3 de agosto

¡Año de ciruelas! Botes y más botes de mermelada. Y esta tarta de la Larousse de los Postres (receta aún mejor, que sigue a la de la tarta y además rima: “ciruelas mirabel en sauternes y miel”, que a lo mejor haría si tuviera ese sauternes, aunque si lo tuviera -para qué negarlo- dudo mucho que se lo fuera a echar a unas ciruelas…): en el fondo del molde, untado previamente de mantequilla, se extiende la masa quebrada; sobre ella se van colocando medias-ciruelas, con la parte cóncava hacia arriba; se espolvorea todo de azúcar, y al horno media hora.

tarta ciruelas

Se puede tomar con un oporto o un jerez o un banyul...

Devota perdiz

OLYMPUS DIGITAL CAMERADecididamente, las perdices no son nada listas. Esta de la foto, madre devota donde las haya, se ha puesto a incubar justo debajo de una rama de moras ‘Royal Crown’, por donde paso todos los días -¡con los perros!- para abrir las llaves de riego de la alberca. ¿No tienen olfato?. ¿No tienen cabeza?. Todavía no sé qué rayo de luz o de buena fortuna la salvó de la hoz. Siempre andamos igual.  Encontramos el nido ayer por la mañana mientras desbrozábamos y limpiábamos esa terraza, la de las moras, y también la de esa charca que se forma con el agua que rezuma del viejo mortero de la alberca. Mohamed, que viene a ayudarme de vez en cuando, me insiste en que hay que impermeabilizar por dentro la alberca, idea recurrente todos los meses de agosto, cuando cuesta Dios y ayuda regar las huertas. Pero si lo hiciéramos nos quedaríamos sin charca. Así que no tiene sentido darle vueltas.

Mohamed menea la cabeza cada vez que surge el tema. En casa le llamábamos “Cacho Pan”, porque al principio, hace ya unos años, cuando aún no existía  la amistad que existe ahora, siempre se mostraba púdico y algo cuentista a la hora de cobrar. Mientras doblaba sin prisa los billetes que yo le tendía, Mohamed repetía rutinariamente la cantinela de siempre: que podíamos pagarle con lo que tuviéramos, cualquier cosa, que a él con un “cacho pan” le bastaba… Ahora nos reímos bastante juntos. No tiene ningún problema en tomarse “un botellín” conmigo a media mañana, y en hablarme largo y tendido de sus hijos,  sus amores, en particular del de tres años, que coge de la mata los tomates cherri , los chupa un poco y después los tira, “como un pajarito”, me dice su padre, imitando los gestos del niño.

OLYMPUS DIGITAL CAMERALe hice a la perdiz un doble semicírculo de zarzas y hierba fresca -idea peregrina, decían sin decirlo los ojos de Mohamed- para que no se sienta tan a la intemperie ahora que hemos desbrozado el herbazal que la rodeaba. Aunque sé que cuando están incubando  ni sufren ni padecen, y no hay nada bajo las estrellas que las haga moverse del nido -ni el zumbido de la desbrozadora, desde luego-, al atardecer subí a asegurarme  de que la perdiz seguía allí. Y hoy por la mañana bien temprano, otra vez.

Las patatas están sanísimas y en flor.  De los injertos, sólo un tercio parece haberse afianzado; los otros se secaron al poco de brotar, ahogados, suponemos, por el empuje de los brotes que empezaron a salir por debajo del corte. He levantado una de las dos camas de fresas y en su lugar he plantado puerros. Ya estamos comiendo rabanitos y lechugas. En un montón de paja y tierra, donde están sembrados los calabacines, una serpiente de 125 cms (los medí) nos ha dejado quedar su preciosa muda de encaje.

Tropicales y azules

Jardín Botánico de Basilea. Diciembre.

Irena puella y Vanda caerulea

Una opulenta orquídea azul pastel (Vanda caerulea o alguno de sus híbridos) y un pájaro casi turquesa (Irena puella), pendenciero y seguro de sí mismo, que nos recordó mucho a nuestros rabilargos. Antes era difícil encontrar Vandas en las tiendas de jardinería. En el viejo manual de orquídeas que tengo encima de la mesa (“Superbes orchidées”, ed.Chanticleer) ni siquiera las incluyen. Pero recientemente las he visto en un gran centro de venta para mayoristas, en Madrid. Lo que significa que han dejado de ser una rareza cara. Las venden con las raíces prácticamente al aire, apenas protegidas con un poco de musgo, y enganchadas a un minúsculo cesto de madera que cuelga del techo con un hilo de nylon. ¡Nada que ver con las acomodaticias Phalaenopsis!. Las Vandas, aquí, sólo podrían cultivarse en una galería muy iluminada (pero con posibilidad de atenuar la luz en verano), y con un humidificador encendido casi permanentemente. O bien en el baño, si uno tiene la suerte de tenerlo orientado al sur. Complicado. Complicadísimo, en realidad, a menos que se puedan reproducir las condiciones de luz, calor y humedad de – pongamos-  las selvas de Mindanao. (Luz intensa de mañana, lluvia fina a mediodía, bruma y nubes al atardecer, humedad constante del océano y de la propia selva, bombeando y transpirando sin descanso, todos los días del año, todas las horas del día….)

Alternativa: renunciar; disfrutar de las Vandas en las fotografías de los libros y en los invernaderos de los jardines botánicos; mirar ahora mismo por la ventana y agradecer la silenciosa floración del durillo, tan  consoladora en pleno invierno.

Entre los calabacines

entre los calabacinesEntre los calabacines, ayer por la mañana, descansaban a la sombra una perdiz y sus doce crías. Se levantó despacio y fue a acurrucarse debajo de una anchusa (una que he dejado sin cortar, porque me encantan sus flores azules) con los doce perdigones apretados contra ella, convencida de que  ya no la veía…
Cuando me encuentro una perdiz, una paloma o una tórtola, procuro espantarlas haciendo aspavientos y simulando estar muy indignada. Incluso les arrojo  (suavemente) algún palo. La idea es que, si se acostumbran al ser humano, si creen por una décima de segundo que el ser humano es inofensivo, pierden las pocas probabilidades de supervivencia que puedan tener al empezar la temporada de caza. Pero esta vez no podía ponerme a dar gritos. Los perdigones eran minúsculos. Parecían pollitos de gallina recién nacidos.  Así que hice como que no los había visto, salí despacio de la huerta, llamé a los perros y los metí en la casilla.

…Media hora más tarde vino mi vecino Perico a por alfalfa. Aquella alfalfa que habíamos sembrado como “abono verde”, junto con avena, al poco de llegar a la finca. Sigue rebrotando cada año, y por lo visto es una “delicatessen” para conejos y liebres. Perico tiene una sobrina nieta de cinco o seis años a la que ha regalado un gazapillo que se encontró  hace unos días en el camino. El gazapillo va engordando a base de lechuga y alfalfa, y se deja acariciar por la niña, que lo lleva en brazos de aquí para allá. Le conté a Perico lo de la perdiz mientras cortaba alfalfa con su hoz. “Hocino”, me corrigió, el que usaban antes las mujeres. Los hombres usaban una  hoz grande que llamaban “carbonera” (..pero  había mujeres que trabajaban más que los hombres, “y eso que a ellas sólo les daban un cuartillo de vino”, etc ). Me dejó hacerle una foto al hocino, para que quedara bien claro, para las generaciones venideras, la diferencia con una hoz: el hocino tiene dientes, no filo, y es más pequeño; la hoja, además, no está en el mismo plano que el mango (guardo la foto para otro post, el de la guadaña y demás instrumentos cortantes). Volvimos a entrar en la huerta y buscamos a la perdiz con sus crías.  Ya no estaban. Ni rastro. ¿Por dónde entraron?. ¿Por dónde salieron?. Ni idea. Pero estaban aquí mismo hace un momento, rondando la huerta, el frescor de la tierra regada, la poca sombra que pueda proporcionarles un calabacín o una anchusa.  Le enseñé a Perico las fotos. Me dijo que los perdigones no echarían a volar antes de quince o veinte días. Durante ese tiempo hay que vigilar muy de cerca  a los perros.  Llevarlos al campo por turnos -uno a uno- y ver de tenerlos siempre al lado (incluso con la correa).

perdiz y perdigón
P.D. Este perdigón de la foto (en rojo) es el bobalicón del grupo. Sus hermanos corrían como centellas entre los calabacines mientras él se quedaba  ahí parado. En Galicia, si fuera un cachorro, le dirían “o da teta de atrás”,  al que sus hermanos no dejan acercarse a los pezones con más leche; relegado a patadas hasta la última fila, crece infraalimentado y un tanto ido (…Pero el que ríe de último ríe mejor. A lo mejor sus hermanos, por listos, acaban metiéndose en un lío. El de la teta de atrás va pasito a pasito, siempre sobre seguro).

Junio

 Primeros días de junio, 2013

vilanos junioExtraña primavera. Como las temperaturas nocturnas no han subido de 8-10º durante semanas, y el cielo ha seguido cubierto un día sí y otro también (aunque sin lluvia), los tomates están flacos, las berenjenas pálidas, los calabacines lentísimos, las fresas menos dulces de lo que acostumbran…Del lado bueno: los albaricoqueros plantados hace dos años, y los melocotoneros tardíos plantados este invierno, están brotando bien.  Las viñas se han llenado de flores, y también las moras, que en los sitios más soleados empiezan a cuajar. A los puerros, remolachas y lechugas parece serles indiferente este ir y venir del sol entre las nubes. Las patatas siguen creciendo, mejor que peor; algunas hojas ya amarillean y hay que regarlas cada poco. El grillotopo asomó la nariz unos días y se comió unos ajos. Pero todavía no se ha puesto pesado.   Entre ayer y hoy –los dos primeros días de calor- he visto aparecer los primeros hormigueros. lagarto ocelado junio-13Un lagarto ocelado tomando el sol en medio y medio del camino. Conejos de fiesta al atardecer (atardecer en junio: diez de la noche). Hay alondras  revisando a fondo las cunetas, y aviones (de culo blanco)   haciendo el loco muy cerca del suelo. Las amapolas y arvejas van dejado el sitio a los carraspiques, silenes, cañahejas, cardos. En la orilla de la finca, donde hace un mes florecían los majuelos, lo hacen ahora (y con ganas) los rosales silvestres y las madreselvas.  De las retamas cuelgan legumbres peludas. De los bajos del pantalón, y de las orejas de mis perros, rascamoños grandes como garbanzos.  En la charca se emparejan las libélulas y los caballitos del diablo, pero las ranas ya no se desgañitan como hace un mes. El cuco insiste menos, casi nada… Las matas de angélica – que debería estar empezando a arrancar, al menos algunas- ciegan el cauce del arroyo y se llenan de flores blancas.  Perico, el vecino, ha terminado de arar y requete-arar su viña.
Empieza a hacer calor.

alondra 11-6-13(Fotos: vilanos de Tragopogon, lagarto ocelado, y alondra escondida detrás de un cantueso)

¡Abejarucos!

 ¡Abejarucos por fin!.

El año pasado no vinieron. Fue una primavera desastrosa. No había llovido ni nevado durante meses.   Tampoco las jaras florecieron como lo están haciendo este año, ni los melojos brotaron con ganas, ni se pudo catar un solo espárrago silvestre.  Nada. No vinieron los abejarucos y lo atribuimos a que todo estaba seco: la pradera con pocas flores, la hierba baja y poco gustosa. Una de las primeras entradas de este blog, sin embargo, había sido para  esos pájaros, convertidos en santo y seña de cada primavera:

https://laramadeoro.com/2011/12/27/hope-is-a-thing-with-feathers-2/

.. Pero no aparecieron. Ni uno. Como en este blog nos esforzamos  (de forma un tanto descabellada a veces) por subrayar lo que SÍ va bien, no tuve ánimos para decir la verdad. Decir, sencillamente, que los abejarucos no habían vuelto.
Pues bien, dos años después de su última visita, ¡aquí están!. Se me cruzo una pareja hoy a mediodía, cuando subía con el coche por el camino de LRO. Los ví con toda nitidez, como si se hubieran posado en mi mano. No solté el volante para hacerles fotos porque entonces no estaría ahora contándolo. Pero hay que creerme. Eran los abejarucos.

Una garza

De diciembre a febrero, más o menos

???????????????????????????????

La charca que excavamos al pie de la alberca permanece helada durante semanas, a veces durante meses. La orilla está en silencio; las hierbas, cubiertas de una capa de cristal, crujen al pisarlas,  y los únicos animales que dan señales de vida son los mirlos (incansables), el petirrojo que vive entre las frambuesas, y los milanos volando en círculos, cielo arriba.  Por esta época también se ven con frecuencia bandos de pinzones. Están siempre atareadísimos. Se posan en las terrazas de viñedo, en especial las ya podadas – que son las que antes y más a conciencia calienta el sol-  y levantan el vuelo en un abrir y cerrar de ojos, todos a una.
 El día que hice esta foto acaba de dejar la furgoneta aparcada en lo alto del camino  y bajaba  a pie hacia la finca. Comprobaciones rutinarias: que el manantial no esté atascado, que no nos hayan robado más postes de la linde…. Entonces distinguí la silueta de la garza junto a la charca, encogida de frío, tan aterida que entraban ganas de correr a abrazarla. Inmóvil y paciente, con hielo hasta las cejas,  la garza esperaba a que se moviera algo entre las hierbas. Una culebrilla de agua, supongo, o un ratón, o quizá uno de los sapos, no completamente adormecidos, que sientan sus cuarteles de invierno en los composteros de esa terraza (la de las moras).
En cuanto me sintió llegar –en cuanto me barruntó, diría el pastor- la garza abrió las alas, que parecían pesarle muchísimo, y se marchó lentamente valle abajo, en dirección al pantano de San Juan.

Mundo Miope

Ultimos días de julio de 2012

Cuando un miope se quita las gafas el mundo se le aparece aproximadamente así: muy nítido el primer plano, borroso el plano medio, confuso el fondo. Por eso, en un primer momento, el miope estándar presta más atención a la espiga que al cañaveral.  Lo otro, por lo general, también llega;  pero más lentamente y con un cierto esfuerzo. El miope es inductivo porque no le queda otra.   Más inclinado a la gramática que a la filosofía, a la química que a la matemática, a la botánica que a la astronomía. Un porcentaje muy elevado de miopes se entretiene indagando cómo están hechas las cosas. Empuña una herramienta y su cabeza pregunta ¿con qué madera habrán tallado el mango?.  Sólo después –medio segundo más tarde, según como sea por temperamento, formación, etc- se preguntará calmosamente ¿para qué sirve?.  Un miope estándar ve bien de cerca, así que no se suele equivocar leyendo los rostros. Cuando le presentan a alguien le basta con mirarle un momento a los ojos para saber si  es de fiar (es más, normalmente le basta con mirar  a los ojos de su perro).  Para terminar. Si uno, además de miope, tiende a la melancolía, no debe dedicarse a las cosas del campo, porque no será capaz de hacer como que no ve a los pulgones o a las chinches (vaya si los ve), ni tendrá la suficiente presencia de ánimo para levantar la cabeza, escrutar el horizonte (frase imposible en sus labios)  y decirse: ya lloverá, ya volverán a rebosar los manantiales. El problema del miope estándar es que jamás podrá enfocar bien a la garza. Sólo ve  lo que tiene delante. Y eso lo ve muy, muy , muy bien.

NOTA. Tres noches seguidas de tormenta. Truenos, relámpagos, viento. Pero de momento poca agua (superficial, con las altas temperaturas se evapora enseguida).