Entre los calabacines

entre los calabacinesEntre los calabacines, ayer por la mañana, descansaban a la sombra una perdiz y sus doce crías. Se levantó despacio y fue a acurrucarse debajo de una anchusa (una que he dejado sin cortar, porque me encantan sus flores azules) con los doce perdigones apretados contra ella, convencida de que  ya no la veía…
Cuando me encuentro una perdiz, una paloma o una tórtola, procuro espantarlas haciendo aspavientos y simulando estar muy indignada. Incluso les arrojo  (suavemente) algún palo. La idea es que, si se acostumbran al ser humano, si creen por una décima de segundo que el ser humano es inofensivo, pierden las pocas probabilidades de supervivencia que puedan tener al empezar la temporada de caza. Pero esta vez no podía ponerme a dar gritos. Los perdigones eran minúsculos. Parecían pollitos de gallina recién nacidos.  Así que hice como que no los había visto, salí despacio de la huerta, llamé a los perros y los metí en la casilla.

…Media hora más tarde vino mi vecino Perico a por alfalfa. Aquella alfalfa que habíamos sembrado como “abono verde”, junto con avena, al poco de llegar a la finca. Sigue rebrotando cada año, y por lo visto es una “delicatessen” para conejos y liebres. Perico tiene una sobrina nieta de cinco o seis años a la que ha regalado un gazapillo que se encontró  hace unos días en el camino. El gazapillo va engordando a base de lechuga y alfalfa, y se deja acariciar por la niña, que lo lleva en brazos de aquí para allá. Le conté a Perico lo de la perdiz mientras cortaba alfalfa con su hoz. “Hocino”, me corrigió, el que usaban antes las mujeres. Los hombres usaban una  hoz grande que llamaban “carbonera” (..pero  había mujeres que trabajaban más que los hombres, “y eso que a ellas sólo les daban un cuartillo de vino”, etc ). Me dejó hacerle una foto al hocino, para que quedara bien claro, para las generaciones venideras, la diferencia con una hoz: el hocino tiene dientes, no filo, y es más pequeño; la hoja, además, no está en el mismo plano que el mango (guardo la foto para otro post, el de la guadaña y demás instrumentos cortantes). Volvimos a entrar en la huerta y buscamos a la perdiz con sus crías.  Ya no estaban. Ni rastro. ¿Por dónde entraron?. ¿Por dónde salieron?. Ni idea. Pero estaban aquí mismo hace un momento, rondando la huerta, el frescor de la tierra regada, la poca sombra que pueda proporcionarles un calabacín o una anchusa.  Le enseñé a Perico las fotos. Me dijo que los perdigones no echarían a volar antes de quince o veinte días. Durante ese tiempo hay que vigilar muy de cerca  a los perros.  Llevarlos al campo por turnos -uno a uno- y ver de tenerlos siempre al lado (incluso con la correa).

perdiz y perdigón
P.D. Este perdigón de la foto (en rojo) es el bobalicón del grupo. Sus hermanos corrían como centellas entre los calabacines mientras él se quedaba  ahí parado. En Galicia, si fuera un cachorro, le dirían “o da teta de atrás”,  al que sus hermanos no dejan acercarse a los pezones con más leche; relegado a patadas hasta la última fila, crece infraalimentado y un tanto ido (…Pero el que ríe de último ríe mejor. A lo mejor sus hermanos, por listos, acaban metiéndose en un lío. El de la teta de atrás va pasito a pasito, siempre sobre seguro).

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10 pensamientos en “Entre los calabacines

  1. Pues Jara, mi perra, debió ser una cachorrita de la teta de atrás, porque para estas cosas siempre se deja sorprender por el vuelo repentino de las perdices que ahora, en efecto, con los perdigones, suelen tender aún más a acurrucarse y a ir ‘apeonadas’, como las liebres; en cambio, los conejos y sus gazapos son más de huida, saltimbanquis con quiebro entre matorrales y a eso Jara los persigue y yo la dejo, porque sé que es absolutamente incompetente para hacerles presa (la he plantado un conejo enfermo ante sus narices, lo ha olfateado y lo ha dejado), o sea, que hace lo que tú y tus lanzamientos de palos y bullas: los mantiene alerta, es su entrenadora personal; por lo demás, jara hace que Bambi a su lado sea un asesino en serie. Lástima de perrita que con ese encaste no sepa cazar, dicen de ella los cazadores de aquí, y ambos nos viene muy bien que sepan de esa ‘incapacidad’.

    Esta entrada, Barbie quiero que lo sepas: es una delicia

  2. Hace mucho que no comento nada en este blog, pero quiero abundar en la última frase de Lansky: todo el blog es una delicia, oxígeno puro para el alma y el cuerpo. Entro religiosamente en cada nueva entrada, disfruto como un enano con todas ellas y casi nunca tengo nada que decir: desgraciadamente es un mundo el tuyo del que nada sé y que me queda demasiado lejos. Y siento por él una especie de rara nostalgia, rara porque difícilmente se puede sentir nostalgia de lo que no se ha tenido nunca. Es la nostalgia de lo que me hubiera gustado tener. Gracias por acercármelo un poquito y mantenerla viva. Un beso.

  3. Gracias a los dos, con comentaristas tan amables ¡da gusto volver a casa y abrir el blog!.
    De verdad, muchas gracias.
    Lansky, no sabes la suerte que tienes con Jara. Es una perra tan tranquila (lo supe desde que ví la primera foto, después lo confirmé al conocerla), tan sensata, amorosa y obediente, que jamás te buscará problemas. Mis perros, en particular Xela, son bastante salvajes.Obedecen, qué remedio, pero les cuesta. Xela es cazadora compulsiva. Ante un conejo, se le ponen los ojos en blanco y se demencia, como un urogallo en celo… Ya me ha traído más de un gato muerto, la condenada. Y sé que jamás podré tener gallinas (ni soñarlo). Ahora está perdiendo vista, sabes, y noto que cada vez se me arrima más.
    Vanbrugh, tengo que confesar, una vez más, que en este blog tiendo a idealizar las cosas buenas y a callarme las malas (que así se me hacen más soportables). Pero creo entender tu nostalgia: yo también la siento, por algo que intuyo perdido sin remedio, pero que a veces se deja ver fugazmente, como ayer, al levantar esa hoja de calabacín… (P.D. Aprovecho para decirte ¡que yo también leo religiosamente tus posts!. Los imprimo y los voy rumiando poco a poco, pero no siempre, y menos en verano, tengo el tiempo y la paz mental necesarias para poner en orden mis ideas y condensarlas en un comentario breve …con el último, pensando en el vegetarianismo, todavía estoy dándole al molinillo. Pero me alegra muchísimo -y por eso te lo agradezco doblemente- que te hayas asomado por aquí, así tengo la ocasión de hacértelo saber y de mandarte un abrazo.)

  4. Ah, qué bien, las perdices y sus perdigoncillos…

    Como tantas otras aves, la perdiz finge estar enferma o mal y da pequeños vuelos torpes para que le siga el ser humano o cualquier enemigo en potencia, y cuando ya lo tiene bien alejado de la camada vuelve a los pollitos en un impecable vuelo. Qué tías.

    Creo que, como dice Vanbrugh, somos muchos los que leemos tu blog por el cariño que demuestras a la Naturaleza y por el gusto con que describes la menor cosita.

    http://armasyarmadurasenespaa.blogspot.com.es/2011/12/la-ronca-y-la-ronfea.html

    Y vuelo a lo de los nombres tan diferentes que se dan a los mismos aperos de labranza en los distinto lugares. En Andalucía el ‘hocino’ es una especie de hoz muy corta con la hoja muy gruesa y se usa para desbaretar y limpiar olivos. Si no lo he hecho mal, en este link que incluyo lo verás en la cuarta lámina. Y si lo he hecho mal, entonces aprovecho para plantarte un beso en tol carrillo.

    Grillo

  5. ¡Hola Grillo!. Gracias también a tí.
    Yo creo que esa herramienta en concreto por aquí se llama “podón”, pero he de consulltarlo con las autoridades en la materia. Lo que me hizo más gracia de la charla de Perico es que todos iban a segar un algo alegres, pues a los hombres se les daba medio litro de vino y a las mujeres un cuartillo. Con que el vino fuera la mitad de fuerte que el que hace Perico ( entre vino y cognac), no me quiero imaginar la que se montaba.¡Y todos “armados” con hocinos y carboneras!.
    Las perdices son preciosas, con ese contorno de ojos rojo carmín, y esas poses tan dignas, pero me parece que poco espabiladas.
    Bsss

  6. Me sucede algo curioso: soy incapaz de matar una mosca y aunque como carne ni siquiera puedo entrar en una carniceria por la grima que me da lo que hay alli dentro, y sin embargo cada vez que veo animales salvajes (patos, perdices, jabalies) me entran unas ganas de comerlos espetados sobre una fogata que yo calificaria de atavicas.

  7. Hace muchos años, muchisimos, que no veo una perdiz en el campo, desde que marché de mi pueblo de la provincia de Toledo, en el año 1957, y por mas que salgo a la campiña Ginebrina no encuentro ninguna,que envidia sana te tengo

  8. si si claro que hay algunas parejas que se encuentran en la zona llamada la “champagne Ginebrina” pero yo no llego a encontrar ninguna

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