Junio

 Primeros días de junio, 2013

vilanos junioExtraña primavera. Como las temperaturas nocturnas no han subido de 8-10º durante semanas, y el cielo ha seguido cubierto un día sí y otro también (aunque sin lluvia), los tomates están flacos, las berenjenas pálidas, los calabacines lentísimos, las fresas menos dulces de lo que acostumbran…Del lado bueno: los albaricoqueros plantados hace dos años, y los melocotoneros tardíos plantados este invierno, están brotando bien.  Las viñas se han llenado de flores, y también las moras, que en los sitios más soleados empiezan a cuajar. A los puerros, remolachas y lechugas parece serles indiferente este ir y venir del sol entre las nubes. Las patatas siguen creciendo, mejor que peor; algunas hojas ya amarillean y hay que regarlas cada poco. El grillotopo asomó la nariz unos días y se comió unos ajos. Pero todavía no se ha puesto pesado.   Entre ayer y hoy –los dos primeros días de calor- he visto aparecer los primeros hormigueros. lagarto ocelado junio-13Un lagarto ocelado tomando el sol en medio y medio del camino. Conejos de fiesta al atardecer (atardecer en junio: diez de la noche). Hay alondras  revisando a fondo las cunetas, y aviones (de culo blanco)   haciendo el loco muy cerca del suelo. Las amapolas y arvejas van dejado el sitio a los carraspiques, silenes, cañahejas, cardos. En la orilla de la finca, donde hace un mes florecían los majuelos, lo hacen ahora (y con ganas) los rosales silvestres y las madreselvas.  De las retamas cuelgan legumbres peludas. De los bajos del pantalón, y de las orejas de mis perros, rascamoños grandes como garbanzos.  En la charca se emparejan las libélulas y los caballitos del diablo, pero las ranas ya no se desgañitan como hace un mes. El cuco insiste menos, casi nada… Las matas de angélica – que debería estar empezando a arrancar, al menos algunas- ciegan el cauce del arroyo y se llenan de flores blancas.  Perico, el vecino, ha terminado de arar y requete-arar su viña.
Empieza a hacer calor.

alondra 11-6-13(Fotos: vilanos de Tragopogon, lagarto ocelado, y alondra escondida detrás de un cantueso)

Mona Lisa, buena para freir

Finales de marzo, primera quincena de abril.

Mona LisaHemos terminado de plantar  los ochenta kilos de patatas previstos para este año. Variedades Mona Lisa y Shanon, de las pocas que pueden encontrarse en el mercado con la certificación ecológica (en LRO se las compramos todos los años a Ecomanjar, en Lástras de Cuéllar, un pueblo muy pequeño, perdido Segovia adentro…).
Mona Lisa es de piel amarilla; Shanon de piel roja. Mona Lisa es buena para freir. Shanon, buena para cocer. Mona Lisa es la más rica. Shanon se conserva un poco mejor…Las dos son tempranas o semitempranas, lo que significa que estarán en la tierra no mucho más de 100 días. Las recogeremos a mediados o finales de julio, y ya no se volverán a plantar más. En otros lugares sí lo hacen, porque tienen suficiente agua para regarlas también en verano. Estos afortunados del norte plantan variedades de ciclo más largo, que en general se conservan mejor (estas primeras tienen «más agua»), o bien repìten plantación en agosto, para recogerlas en noviembre y guardarlas todo el invierno.
Aquí se planta a la antigua. Es decir, con la azada. La tierra queda abonada antes de Navidades con sabroso estiércol de oveja y cabra. Las patatas «de siembra» descansan mientras tanto en la fresquera, a oscuras. El pistoletazo de salida lo da la última cepa podada: en cuanto se termina con las viñas, sin transición, empiezan a verse hogueras (los sarmientos quemados) y los tractorcitos y motocultores cruzándose por el camino con las cajas de patatas en el remolque. Este año hubo que esperar a que escurriera un poco la tierra -después de las lluvias de marzo- , así que nos metimos en faena una o dos semanas más tarde de lo normal. Sabiendo como sabemos lo rápido que se instala aquí el calor, y estando la tierra con tan buen tempero (húmeda pero ya no empapada), hay que faire vite, ¡a todo gas!: desbrozar bien la parcela, pasar la mulilla, y marcar los surcos con estacas y cuerdas. Después hay que cavar, acostar las patatas -con los ojillos hacia arriba, buscando la luz- y taparlas con unos centímetros de tierra fina. Si se entierran muy abajo, pueden pudrirse. Si se entierran muy arriba, verdean.patatas 2013
¿Habría alguna alternativa al azadón, para no tener que volver a casa con la espalda molida y para no hacer tanto daño a la microfauna del sueno con el paso de la mulilla?. Haberla, haila, pero sale a siete euros la pieza.  En invierno se podría cubrir todo de una buena capa de paja por encima del estiércol. La paja  ( entre 5-7 euros, si no ha llovido, cada paca) , además de impedir la germinación de las hierbas, protegería la tierra del golpeteo de la lluvia  y también del frío extremo. Las lombrices y demás profesionales del sector (sector: Descomponer y Mullir) mantendrían la tierra esponjosa debajo del acolchado. En primavera bastaría con agacharse, apartar un poco la paja, acostar la patatina… y listo.

NOTAS

Una buena colección de recetas: http://www.patatasalacarta.com

En las otras huertas -de menor tamaño que la de las patatas, y con bancales  o «camas» bien separados- sí seguimos ese sistema, usando como acolchado un poco de paja y TODAS las hierbas desbrozadas a lo largo y ancho de la finca, más siegas de césped y todo cuando «resíduo verde» pillamos por ahí (Véase post https://laramadeoro.com/2012/05/08/lasagna-vs-deep-bed/)

La Gran Quema

Primera semana de abril, después de la lluvia

2013-04-06 12.07.48Este pasado viernes los guardas forestales nos extendieron un permiso de quema válido durante seis días, a utilizar desde ayer. Quemamos los sarmientos procedentes de la poda de las viñas, troncos y ramas de los frutales enfermos, y toda cuanta ramallada  fuimos recogiendo por ahí.
Un momento antes de encender la hoguera hay que llamar por teléfono a una centralita de la Comunidad de Madrid, para confirmar nuestras coordenadas geográficas y avisarles de que ya, ya estamos con la cerilla en la mano.  Todavía un poco antes limpiamos el perímetro de la futura hoguera con el rastrillo y la azada; sacamos las mangueras, que llevaban recogidas todo el invierno, y corremos a la alberca a «abrir el agua». La manguera se queda ahí detrás, encharcando los endrinos, durante toda la operación de quema. Entonces sí se puede empezar. Lo primero, un buen manojo de alijonjeras secas, que arden con sólo mirarlas fijamente…Encendida esa primera llama, los sarmientos prendieron enseguida.  El día anterior ya no había llovido, el suelo estaba seco y,  por añadidura, toda la mañana estuvo soplando un viento suave del oeste (como siempre en esta finca, que cae sobre el Tórtolas, afluente del Alberche, afluente del Tajo: nuestro viento dominante llega desde Lisboa). Después comienza el trajín de la carretilla. Hay que recoger los haces dispersos de sarmientos que  al podar fuimos dejando a los lados de la viña. Se llevan a la hoguera poco a poco, para que las llamas no se desmadren, para que al que está junto a ella, bieldo en mano, no le termine saliendo el corazón por la boca (algún año nos ha pasado).
En los entreactos de la carretilla/hoguera/carretilla…escuchamos el primer canto del cuco, que cada año se enseñorea del mes de abril, como las ranas (al atardecer,) y las últimas parejas de perdices en celo.
2013-04-06 18.15.46Comimos allí mismo, vigilando el fuego. Por la tarde, cuando ya sólo quedaban rescoldos, llegó nuestro vecino Perico, con su tractor y unas cañas largas, para ayudarnos a plantar cuarenta barbados de vid. Estos barbados serán injertados de albillo la próxima primavera…(Pero todo esto es ya otra historia, que queda para otro día.)

Dime cómo podas (y te diré qué bebes)

Mediados de marzo

Los franceses han inventado (o mejor dicho, sistematizado y «racionalizado») mil maneras de podar las viñas. Lo esencial de esos sistemas de poda se ha ido exportando y matizando localmente  por todo el centro y sur de Europa (y allende los mares). Todo el mundo hace vinos, cada vez se bebe mejor; pero cuando uno se da una vuelta  del otro lado de los Pirineos enseguida tiene la impresión de que ellos, los gabachos, siguen siendo los amos.
Lo primero: no hay una correlación imperativa entre la variedad de la cepa y el sistema de poda. ¡No!. También cuentan otros factores. Por ejemplo: la fertilidad del suelo y/o la posibilidad de regarlo. En un buen suelo, en principio, siempre es más fácil hacer podas largas (dejando más yemas, más «ojos»). Otro factor: la posibilidad de mecanización (el tractor pasa mejor entre viñas en espaldera que entre viñas  en vaso). O el dinero: en las  espalderas, formas apoyadas, hay que pagar postes y alambres; en los vasos, no. Pero, en líneas generales, parece ser cierto eso de que unas variedades se adaptan mejor que otras a según que sistema de poda.

guyot simple, coppet nov121. Una viña podada en Guyot simple (sistema del Dr.Jules Guyot), en una ladera soleada junto al lago Leman, que el río Ródano atraviesa antes de pasar a Francia, camino de Lyon.  A la cepa se le deja una vara (sarmiento largo y productivo, que pronto el viticultor vendrá a doblar y atar al alambre), y un pulgar -o vara corta- a dos yemas, reemplazo para el año próximo (2014: se cortará la vara de la foto, y de las dos yemas de ese pulgarcito saldrán la vara+pulgar del nuevo año…).  Las podas Guyot se usan sobre todo con variedades de poco rendimiento, como suelen ser, en general, muchas blancas. Ésta muy probablemente es una viña de chasselas, variedad que en la Confederación Helvética se cultiva con primor. No, no intente usted encontrarla a la venta en ninguna bodega. Los suizos se beben -¡como esponjas!-  más del 90% del vino que producen, que ahora es mucho y bueno.
cordon- royat2. Una viña formada en Cordon Royat ( «cordon horizontal»), pero todavía no podada. Poda corta en pulgares sobre un brazo de madera vieja. Es el sistema de poda usado en variedades de uva muy productivas, cultivadas en sistemas intensivos y mecanizados. Campos de viñedos en Cordon Royat es lo que uno ve desde el coche cuando atraviesa Borgoña o Champagne. Pero también es ya la poda característica de nuestros tempranillos en los viñedos ultramodernos de La Rioja y Ribera del Duero… Como la foto es del este de Francia, hay que inclinarse por uvas chardonnay, si es blanca, quizá una pinot noir, si es tinta.
burdeos 20073. Una viña en verano, esta vez en Burdeos. No se pueden ver los sarmientos bajo el follaje; lo que hay es lo mismo que en la foto 1, pero  ya doblado sobre el alambre y duplicado. Es decir, con una vara+ pulgar hacia la derecha y otra vara+otro pulgar hacia la izquierda: sistema Guyot  doble. Ahora las cepas son de Cabernet Sauvignon, o quizá de Merlot, ambas tintas, y menos fértiles que las que habíamos visto cruzando Borgoña. Al ser menos fértiles las yemas de abajo no van a dar fruta: por eso hay que dejar una vara larga productiva cada año (en este caso -Guyot doble- dos),  en vez de los pulgares del Cordon Royat.
4. Cepas en gobelet. Nuestros vasos de toda la vida, los vasos más o menos abiertos y con más o menos brazos, que se extienden  a lo largo y ancho de España. En Francia es el sistema tradicional del Languedoc. Vuelta a mirar por la ventanilla del coche: gobelets es lo que veremos también al cruzar la Provenza …como hasta hace nada al cruzar Logroño. Las viñas así podadas son las garnacha, las syrah, las cariñena…Viñas que soportan condiciones malas  o regulares. Sequías, heladas. Los racimos están mejor protegidos contra la insolación, y de noche los sarmientos -bastante despeluchados, si uno piensa en los formalísimos Guyot y Royat- retienen cualquier gota de rocío mucho mejor que  si estuvieran en espaldera. Los vinos suelen ser -hasta donde yo los he probado al menos- casi tan fuertes como las cepas que los producen…
La foto es de anteayer, la terminar de podar (¡in extremis, como siempre!) el último vaso de garnacha de LRO.
fin de la poda 2013

N.B. Todo esto es un resumen de amateur . Fuentes: los viajes por el pais vecino, por éste nuestro y por algún otro, seguidas de conversaciones y búsquedas de información en libros básicos de viticultura. Cualquier precisión, corrección, matiz, será recibida con gratitud.
Sobre la poda de las viñas en LRO (cuándo, cómo..): https://laramadeoro.com/2012/04/16/cuando-lloran-las-vinas/

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cordon royat… Unas semanas después de publicado el post, voilà otra foto de cordon Royat, con las cepas –pinot noir, en Borgoña- ya perfectamente podadas. Aquí sí se ven bien los pulgares.

Coliflores de las Galaxias

Noviembre-Febrero
coliflor de las galaxiasEl año pasado conté lo penoso (heroico) que nos había resultado el cultivo de mediadocena de tristes coles. Este invierno, como para compensar la trabajera – y el cuidado que pusimos en no repetir errores, es cierto- la cosecha ha sido fantástica. El primer premio se lo han llevado las coliflores.  Coliflores galácticas,  de la variedad Skywalker, de dos y más kilos alguna de ellas. Blanquísimas. Tiernas. Sanas.
Resumo lo que hemos aprendido en el siguiente «decálogo del cultivo de las coliflores en zonas secas y clima continental-mediterráneo»:
1. Hay que cultivarlas sólo a partir de septiembre; que el suelo sea una bomba de materia orgánica bien descompuesta, y tirando a arcilloso, lo que equivale a decir: un suelo de categoría A+++ y que retenga bien el agua; si la planta crece fuerte, no habra bicho que ose morderla (o, si lo hace, se le van las ganas pronto).
2. Ninguna col aguanta la falta de agua, por más que los manuales insistan en que las variedades de huerta proceden de la col marítima, que sus hojas tienen mecanismos para almacenar agua, etc. Nein. Las coles quieren agua (no llega con que «resistan», con que estén «vivas»: han de estar felices y florecer)
.3. Acolchado constante; mejor con paja que con siegas (las dos cosas más utilizadas en LRO), porque la paja tarda más en deshacerse (y como vamos hacia el invierno, y lo normal es que en invierno llueva y hiele, la paja protegerá el suelo);  
4. Hay que revisarlas cada dos o tres días por si entre las hojas hubiera alguna puesta de la blanquita de la col, chinche, pulgón, o cualquier otra bestezuela de las malas (PERO PERO: si el cultivo se inicia a finales de septiembre, es más que probable .que la bajada de temperatura nocturna vaya poniendo a toda esta gente en su sitio sin que haya que pasar a mayores). Opción (cara): un «velo anti-insectos».
5. Han de estar protegidas del viento, pues son plantas grandonas, que se desestabilizan con facilidad (en ese caso, habría que aporcarlas, cosa que, por otra parte, siempre les sienta bien, como a los tomates).
6. Les gusta el sol pero sin exagerar; aquí prefieren mirar al este y tener sombra por la tarde; el problema de mirar al este es que la helada te puede dejar hecho polvo, pero todas las coles –salvo la lombarda- lo aguantan bien; por lo que he aprendido aquí (hablo, pues, de mínimas que como mucho bajan a -5°), las coles que mejor aguantan el frío y el hielo son las coles de  Bruselas.
7. El cultivo que más se les parece es el de los puerros: también van lentos y también son exigentes. Por tanto: no cultivar en la misma línea.
8. El que menos se le parece, en velocidad y sobriedad (aunque a nadie le amarga un dulce): las lechugas. Lo de «entre col y col, lechuga» va bien, siempre que  cortemos las lechugas con una navaja en vez de arrancarlas(lo que removería la tierra).
9. Las hojas que amarillean y se estropean por abajo hay que ir quitándolas; dejan unas cicatrices bonitas en el tallo, que es casi un tronquito, un «troncho».
10. Y para que la lista sea de verdad un decálogo, añado la mejor receta, la de mi madre: en una fuente honda que pueda ir al horno se extiende una capa de salsa de tomate casera; por encima, las coliflores ya cocidas y troceadas (al cocerlas se les echa un chorro de leche, truco tradicional para que huela menos a azufre); por encima, una bechamel muy fina (de maizena); por encima, emmental o gruyere rayado . Y ya está. Al horno a gratinar.

La nana de la patata

Todo el invierno

Ceibe y las patatas 400pix

Las patatas han de pasar el invierno durmiendo. Sólo si el sueño ha sido profundo tendrán un buen despertar. Las patatas que van a plantarse –en la foto, junto al cordel, el día de la plantación- no se deben desperezar antes de tiempo. Si abren los ojos, si empiezan a brotar, entonces hay que correr a des-ojarlas. ¡Tantas veces como haga falta a lo largo del invierno!.  Y sí, a mano.
 En LRO se guardan las “patatas de siembra” en una fresquera. La última tanda de patatas, las que se cosechan en otoño. El pasado mes de octubre se las compramos, como siempre, a Ecomanjar, porque en LRO, escaseando el agua desde agosto, sólo se pueden cultivar en primavera. Y sin perder un minuto: variedades precoces de “90 días”. Es decir, que sólo comemos patatas de LRO en verano y otoño. Después hacemos un buen pedido. Parte para consumir durante el invierno, parte para plantar a finales de febrero y recoger en junio.
La temperatura en la fresquera no ha de subir de 8-10 grados (máximo absoluto, de acuerdo con todos los que saben de esto). No ha de entrar en el dormitorio de las patatas ni en el más leve rayo de luz.  Pero ya antes, durante la cosecha, hay que respetar ciertas reglas.  Cogerlas en su momento. Dejarlas un día endurecerse al sol. Limpiarlas bien. Almacenarlas, que no amontonarlas, a ser posible en cajitas de madera bien limpias (las de la fruta), colocadas unas encima de otras.  Que el aire entre y salga por todas partes. En mi opinión, el balance es bueno si uno no se obsesiona. Siempre hay una o dos  docenas de patatas que se reblandecen y estropean; al principio me llevaban los demonios cuando las veía –todas arrugadas y feúcas- , pero con el tiempo he ido aprendiendo a considerarlo normal, como las hojas mordisqueadas de las coles, los tomates agrietados, o las acelgas subidas a flor que hay que tirar en el compostero.

des-ojando patatasHasta hace bien poco todo el mundo utilizaba “inhibidores de germinación” (hoy clasificados R40: peligro). Todavía me lo dijo un vecino el otro día, que por qué no les echaba “los polvos” a las patatas de sembrar. Así se están dormiditas hasta que se las lleva al campo.  Pero ¿y cómo es que sus padres, allá por los años veinte o treinta, cuando no había polvos mágicos, sabían conservar sin problema las patatas durante meses y meses?. Ah, es que las metían en la bodega, me dice, donde la tinajilla del vino, bien extendidas en el suelo y siempre a oscuras…

NOTA
R40 es una de las «frases de riesgo» oficiales que aparecen en los prospectos y envases de los productos fitosanitarios. Significa «posibles efectos cancerígenos», y en este caso se refiere al chlorprophame, la materia activa en cuestión. Está «prohibido su uso a particulares» (lo que en nuestro pais significa…»que puede comprarlo cualquiera», pues nadie te pide jamás ni el carnet de aplicador de estos productos, ni el alta como agricultor profesional).

Pêches de vigne

Entre la caída de las hojas y el desborre

les racines bougent Monsieur Morel, que andará por los ochenta, desentierra cuidadosamente  en su vivero los ocho pêchers de vigne (melocotoneros de viña) destinados a la tabla de las frambuesas. En el curso medio del Ródano, donde la cepa más cultivada es la grenache (como aquí), y el clima no es muy diferente al nuestro, continental con ramalazos mediterráneos, los viticultores acostumbraban a sembrar un hueso de estos melocotoneros al comenzar cada línea de vides. La función de estos árboles es la misma que la de los rosales que hemos visto plantados, por ejemplo, entre las cotizadas cepas de Burdeos: que si hay un ataque fuerte de oídio los melocotoneros (o las rosas) sean los primeros en avisar. Pero es que, además de eso, los melocotoneros dan una fruta exquisita. Unos melocotones (pêches) pequeñajos, de carne rojiza, de maduración tardía. En LRO había tres melocotoneros plantados cuando llegamos, y uno de ellos al menos era «de viña». Pero ya estaban muy enfermos; llenos de hongos bajo las heridas de poda, las raíces podridas, agotados. Queda sólo uno. No hemos encontrado por la zona  quien nos venda unos melocotoneros de viña con «pedigree», así que nos los hemos traído del norte aprovechando un viaje al pais vecino. Ya están plantados, en la malhadada terraza de las frambuesas… que se baten en retirada.

les poules attendentencore un peutaille

Las gallinas de M. Morel no se separaron un instante de nosotros mientras desenterrábamos los melocotoneros. Rompíamos la fina capa de hielo  y  removíamos los árboles procurando no estropear mucho las raíces. Al sacar el árbol las gallinas se asomaban al agujero y rebuscaban entre los pegotes de tierra, atentísimas. Elles trouvent toujours quelque chose!, decía monsieur. Antes de subirlos a la furgoneta me enseñó a podarlos, y me pidió que los tratara bien: 45 litros de agua nada más llegar, y después otro tanto cada quince días si no llovía. Que no los estercolara. Que les asegurara un buen drenaje.

Prometí enviarle fotos en cuanto cuajaran las primeras frutas, quizá en un par de años.

NOTAS

¿Es posible que la tradición de plantar melocotoneros con viñas exista también desde siempre en España, al menos en algunas zonas? No lo sé. Por aquí hay pocos, y el anterior propietario de LRO no sabía de este posible uso del árbol como indicador de oídio.

Por «pedigree» entiendo un árbol de producción local. Desde la siembra y el injerto. Las empresas que venden on-line, como la inmensa mayoría de los viveros -que, por desgracia,  se van reconvirtiendo uno tras otro en esa especie de casa-de-tócame-Roque llamada «Garden-Center», o «garden» a secas-, los viveros, decía, se traen los arbolitos de Francia o del norte de Italia. Y para eso, si puedo, ya me los traigo yo. Los escojo personalmente, me doy el gusto de charlar un ratito con M. Morel, saludo a sus poules, y nos despedimos con un apretón de manos.

Camino al solsticio

Mediados de noviembre

El año suele comenzar a finales de febrero, lentamente, entre amarillos y blancos; y termina hacia mediados de noviembre, todavía más lentamente, entre naranjas y rojos. El amarillo  de los jaramagos y el blanco de los almendros. El naranja de los zumaques, el rojo de los terebintos. De aquí en adelante los colores se apagan y todo se ralentiza.

Está lloviendo bastante desde hace tres semanas. Da gusto escuchar el repiqueteo del agua en el pilón y quedarse en la casilla mirando a las musarañas (a las salamanquesas, más bien, que todavía no se han retirado a sus cubiles de invierno). Da gusto no hacer nada. O mejor aún, repasar las cosas que fueron bien, olvidarse alegremente de las que fueron mal, y empezar a echar cuentas frente al fuego de la chimenea, un año más: tantos tomates pondremos el próximo abril, tantos pimientos, tantas cebollas…La huerta está levantada. Los tutores reutilizables limpios y recogidos. Las cuerdas, sombrajos, mangueras, cubos y capachos, todo está ya a cubierto. Las calabazas, ordenadas en la fresquera. Y los cestos con los últimos pimientos, berenjenas y calabacines, que se conservarán, con suerte, un par de semanas. En casa, en el suelo de la galería, he colocado tres cajas  de tomates verdes; terminarán de madurar ahí mismo, mejor o peor…  En LRO todavía no nos hemos planteado poner algún tunel de plástico y prolongar la producción en pleno invierno. Lo que no significa que las huertas se queden vacías. Una línea de alcachofas. Varias líneas de coliflor y brécol. Los ajos que plantaremos este fin de semana. En cuatro puntos diferentes he cavado la «trampa para grillotopos» (recomendación de Lansky), rellena de estiércol y mantillo. Ayer, mientras las preparaba, un sapo agazapado entre la paja de las judías (ya heladas) me advirtió del error que sería pasar la mulilla. No. La tierra se queda como está. Pero los días se acortan a toda velocidad: hay que acolchar con paja -o con lo que haya; me temo que sólo hojarasca y ramas rotas-  las alcachofas, la docena de escarolas que aún no hemos arrancado, las últimas acelgas, y aporcar bien el pie de las coles para que el viento no las venza. No son éstos los únicos trabajos. He cargado la furgoneta de estiércol en el tinao del pastor (a cambio: castañas de mi tierra y pienso para sus perros). Voy extendiéndolo donde en febrero se plantarán las patatas precoces. Aunque me da mucha pereza, tengo que hacer también otras  cosas: limpiar con la azada el cauce del arroyo («arroyo de pluviales», le dicen);  limpiar y reinstalar el contador del manantial (que en su día, en medio del escarnio general de los vecinos, legalizamos ante la Confederación del Tajo); reponer en las lindes las últimas estacas que nos han robado; colocar las tejas en la bodega;  preparar el licor de endrinas (esto no me da pereza), para que podamos empezar a beberlo en abril; desatascar el tubo que lleva el agua desde el manantial de la higuera hasta la alberca ( higos podridos y hojas secas lo atascan todos los años); cocer y cocer y seguir cociendo salsa de tomate.; cocer y seguir cociendo pisto/ratatouille; descongelar las moras y hacer ya la mermelada; y el membrillo.  Y el trabajo más importante:  ir picando con motosierra y serrote los árboles que se han secado. Dos encinas. Un enorme melojo, en el que todavía este año anidó una pareja de tórtolas (antes las había a miles, me dicen; ahora apenas un par de parejas, cosa que a los cazadores no parece importarles ni mucho ni poco). No voy a abrirme las carnes llorando por esos árboles. Lo que sí haré, ya esta semana, es plantar tres quejigos, o tres pinos carrascos, o tres enebros de la miera, en sustitución de cada uno de los caídos. (Lo que suma: nueve árboles).

Un zorzal en la higuera, que ya esta casi pelada

…El próximo día trece este blog cumplirá un año y dos meses. Ya va tocando descansar.  Engrasarse bien, dejarse crecer el pelo, leer.  Nada del otro mundo: sólo aletargase un poco hasta después del solsticio, como hacen los sapos, las culebras bastardas…Y regresar con la luz, apenas empiecen a hincharse las yemas de los almendros.

Noche de calabazas

Entre el otoño y el invierno

En un huerto que se auto-recicle no pueden faltar nunca las calabazas, que crecen sin mayores cuidados en cualquier montón de «compost», en cualquier rincón un poco fresco de la finca.
Son incluso más facilonas que los calabacines (https://laramadeoro.com/2012/01/05/abc-del-calabacin/ ), por menos sensibles al oídio y menos prolíficas (al calabacín hay que retirarle sistemáticamente la fruta, y a veces impedir que cuajen todas las flores, para que la planta no muera de éxito, al estilo de los tomates y pimientos superproductivos).

Las rodajas de calabaza se conservan bien en la nevera, envueltas en plástico de cocina. Ricas al horno. Ricas a la parrilla. Riquísimas en crema, con patata, bulbo de hinojo, cebolla, zanahoria y queso.
Parece que el dichoso Halloween, con la que andan dando la tabarra de un tiempo a esta parte, era en sus orígenes (lejanos orígenes celtas) la misma fiesta de difuntos  que se celebra en Galicia  por las mismas fechas que el «magosto», con el que a veces  se cruza.  Digo Galicia porque es lo que tengo más a mano. Pero también en Irlanda y otros lugares, de donde la llevaron a los USA los cientos de miles de emigrantes que allí desembarcaron. Esos niños que andan ahora por la calle  -incluso en este pequeño pueblo de la meseta castellana- disfrazados de muertos vivientes o sabe Dios qué, paseando una Jack o´lantern de plástico made in china, y timbrando por las casas hasta ponerte de los nervios, reproducen tontamente lo que ven en la tele, o en el Parque Warner, y prefieren las chuches de colorines, y la pura bullanga sin sentido, a los riquísimos buñuelos rellenos de crema, o aquellos tenebrosos «huesitos de difunto», que cada año me cuesta más trabajo encontrar….  Por otra parte -la mejor parte- las calabazas son un añadido americano al «samaín» celta, porque lo único  parecido que en Europa había antes del siglo XVI eran esas «calabazas de peregrino» (género Lagenaria,  diferente a la de la calabaza propiamente dicha, Cucurbita), con más forma de porrón que de ruperta. Y menos sabrosas. Leo en un manual  dedicado al «potiron» que lo que sí podían vaciarse eran los nabos y remolachas, para encender en su interior pequeñas luminarias y mantener así alejados a los muertos, quienes – por lo visto- salían de jarana precisamente esa noche, esta noche, la noche del treinta y uno de octubre. También se encendían hogueras. Y en algunas de ellas, donde las había, se asaban castañas…
Este año hemos sembrado en LRO cuatro variedades de calabaza: cacahuete, turbante, guernica, y dulce de horno.  Ya están recogidas. Y también ha empezado a encenderse el fuego en la casilla (no para espantar a los muertos: sólo para calentar las manos de los vivos al ir y venir de la huerta…) La calabaza más grande y hermosa es ésta de la foto, recogida anteyer mismo en uno de los composteros.

Las primeras calabazas cultivadas  -Cucurbita maxima, pepo y moschata- proceden de Centro y Sudamérica, pero he leído que el maíz era mucho más valorado, y que a la calabaza ni siquiera le reservaban un pequeño puesto en las fiestas de  difuntos. ¿Quizá porque allí los muertos se aparecen de día, haciendo innecesarias las farolas-calabazas?. Los muertos mejicanos son las mariposas monarca, que en noviembre regresan a sus cuarteles de invierno en Michoacán, tras una migración alucinante desde Norteamérica y Canadá. Dicen que el cielo se cubre de aleteos naranjas y negros, que el ruido de sus alas recuerda al de la llovizna, y que la gente sale a recibir a esas mariposas -las almas de sus antepasados- tocando tambores y trompetas…

NOTAS
Le potiron, A.Bresson, en «Chroniques du potager», Actes Sud, 1998.
Le Monarche et autres sujets, Michel Braudeau, ed. Gallimard 2001.

Según otra interpretación -que leo en el libro citado de A.Bresson-  las calabazas -o nabos- encendidos no eran para ahuyentar difuntos, sino para recordarles el camino a casa, y que sólo las hogueras, por el contrario, tenían como objetivo mantener a raya el cortejo de brujas y criaturas diabólicas que, aprovechando la ocasión, podrían colarse entre los vivos.
Nuestra tradición urbana es más sencilla y mucho menos ruidosa, al menos en mi familia: ir por la mañana al camposanto a limpiar la lápida de los abuelos y bisabuelos, y de vuelta a casa comprar en la pastelería dos bandejas de buñuelos y «huesitos. En LRO hemos añadido el ritual de la crema de calabaza.

Adios a las frambuesas

2007-2012

En la primavera de 2007, sólo unos pocos meses después de llegar a LRO, y apenas terminadas las obras de drenaje, compramos en Viveros Monjarama  varios manojos de frambueseros y los dejamos plantados en la terraza más grande de la finca. Cuatro variedades: Blissy, Tulaneen, Glenn Lyon, y Heritage.  Clavamos estacas, tendimos alambres, y colocamos líneas de goteros a lo largo de las calles. Ese invierno había llovido tanto -pero tanto tanto- que nos parecía un cultivo idóneo para una terraza así, que además está orientada al norte -lo que protegería a las frambuesas en plena canícula. Tuvimos cuidado de enterrar las raíces entre arena y mantillo, temiendo que el problema viniera más por un posible encharcamiento que por defecto de agua… Esparcimos humus de lombriz año tras año.  Las acolchamos con paja de avena (sembrada como abono verde donde ahora están las huertas). Cuando la cosa empezó a torcerse hicimos un tratamiento antibotritis con Amicos-B.  No digo que nos hayamos desvivido: es cierto que en el 2008, cuando más vigilantes tendríamos que haber estado, nos confiamos excesivamente en el riego por goteo (algunos goteros estaban obturados: cuando nos dimos cuenta ya era tarde). Y tampoco hemos tenido las calles tan limpias como deberíamos… Sea como sea, cinco años después de la plantación el fracaso es tan absoluto que hay que dejarse de tonterías (a ver si este año viene mejor, a ver si remontan…) y tirar la toalla de una buena vez.  Los dos primeros años recogimos bastantes frambuesas. El tercero incluso pudimos vender bien algunas docenas de tarrinas, producto de superlujo -tratándose de frambuesa ecológica certificada.  Pero es que los episodios de sequía, o de heladas a destiempo, se han hecho tan frecuentes y, sobre todo, tan imprevisibles, que no es sensato apostar por un cultivo así donde no se le puede garantizar agua + relativo frescor de forma natural y constante.  Los contrastes en esta tierra son radicales. No hay estaciones intermedias. No hay transiciones. Y hay que mirar por cada gota de agua como si fuera la última: ¿a quién se la echo, a estas frambuesas desganadas -míralas, como me piden que les acerque la manguera un rato – o a estas moras feúcas que, mejor o peor, nunca me fallan?. No he sido capaz de no regar las frambuesas este verano. Una locura completa, pues no han producido nada y no ha habido agua casi ni para las huertas (minúsculas lechugas que se suben a flor en cuanto me doy la vuelta, minúsculas berenjenas,  cherris como abalorios,  arañuela en los tomates…). Por mucho que cueste, hay que renunciar, y aquí dejo por escrito mi firme propósito de hacerlo. ( A ver si es verdad y las arranco pronto, antes de que las yemas de las Blissy -qué ricas son- vuelvan a hincharse y  empiecen a mirarme, un año más, con ese aire contrito que tienen en abril…).


Fotos de arriba: Antes de podar. Después de podar. En junio de 2008, creciendo.
Fotos de abajo: Tratamiento 2010. Limpieza a principios de marzo. Última limpieza, este mes de junio, después del invierno más seco que se recuerda.

NOTAS

Las plantaciones de frambuesa, según los libros, no suelen pasar de siete u ocho años. Aquí no han pasado del  cuarto; el quinto y el sexto sólo han sido una pérdida de tiempo y recursos.
Quien tenga dudas sobre la poda de las frambuesas que me escriba corriendo: si algo he aprendido a lo largo de estos años es a adaptar la teoría (pensada para otras latitudes, me temo; las variedades de frambuesa cultivada, como las de fresones, proceden de  las zonas más templadas y fértiles de América del Norte) al contexto de esta tierra  -arcillosa- y este clima -durísimo,
Amicos-B es un fungicida de la marca Seipasa, a base de extracto de alga y otras muchas cosas, tratamiento completamente inútil -como todos- si las condiciones de cultivo no son buenas.