ABC del calabacín

Enero 2012
En LRO hemos cultivado calabacines verdes y calabacines genoveses (de piel más clara, con dibujos color crema, de textura mucho más suave). Como ya les tenemos bien cogido el punto puedo afirmar categóricamente que el cultivo del calabacín es el más fácil y el más descansado del mundo. Si alguien quiere discutírmelo, ¡aquí le espero!.

Para tener buenos y ricos calabacines hace falta muy poca cosa. Un compostero lleno de materia orgánica no del todo descompuesta. Media sombra mejor que solana. Agua. Y un sobre de semillas, que en esta finca, como en todas las que cumplen con el Reglamento de producción ecológica de la UE, han de ser de origen 100% ecológico (sin tratamientos de ninguna clase). Si las semillas son nuestras hay que andar con cuidado: las cucurbitáceas se hibridan muy fácilmente entre ellas así que, si en la finca hay más de una variedad de calabacín y calabaza, las posibilidades de que las hijas se parezcan a la madre son más bien escasas. La única forma de conseguir un calabacín con “pedigree” es hacer la polinización a mano (con un pincel, o simplemente pasando el dedo: primero por los estambres de la flor macho, y después por el estigma de la flor hembra). La flor hembra es muy diferente de la flor macho: bajo los pétalos deja ver el ovario hinchado, como un calabacín en miniatura. Cuando la polinización natural falla –cosa que sucede a menudo si no hay suficientes flores silvestres cerca, flores que atraigan a los insectos requeridos, o, al contrario, cuando hay en el vecindario alguno de esos arbustos que vuelven locas a las abejas, hasta el punto de que no salen de él…– ese ovario no fecundado no puede seguir engordando; amarillea y cae, sin más. La siembra se hace en abril: se escarba con la mano una especie de bolsillo en el centro del compostero, se rellena de compost maduro (un puñado), se entierran superficialmente dos semillas, se riega bien… ¡y a correr!. Si las dos semillas germinan, una de las plántulas deberá desfilar, por el bien de ambas. La producción es continua durante un par de meses, después decae. Por eso es necesario hacer una segunda siembra en julio, al menos por estos pagos.

Saltamontes contribuyendo a la polinización del calabacín (¿…o comiéndose tranquilamente la flor?).

Los calabacines, como la calabaza, se conservan bien al fresco –el calabacín un par de semanas, la calabaza meses– pero se congelan mal. Al descongelarlos son todo agua. Mejor hacerse primero la crema de calabacín (más patata, zanahoria, cebolla, quesitos, nata y pimienta negra), o de calabaza (con patata, cebolla, nata o yogur, un bulbo de hinojo, jengibre al que le guste y ¡mucho comino por encima!). En el congelador las dos cremas aguantarán meses. Es verdad que al decongelarlas estarán aguadas, pero en cuanto hiervan volverán a su textura normal y tendrán el mismo sabor de siempre. (Como esta que me acabo de comer hace diez minutos, con la etiqueta del día cuatro de agosto).

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