Avatar de Desconocido

Acerca de ccoutodafonte

1968, La Coruña. En la Comunidad de Madrid desde 2005. Sector: jardinería. Blog: www.laramadeoro.com.

Llantén de cristal

Octubre 2012

El Padre Lampros sale a herborizar con el protagonista y el hermano Othon, otrora guerreros, hoy pacientes estudiosos de la flora de la Marina.

“Cierta mañana nos acompañó hacia un declive del jardín que los jardineros del convento habían escardado, y nos hizo detener ante un lugar en que se veía un gran paño de color rojo extendido sobre el suelo. Nos dijo que creía haber salvado del escardillo una planta digna de alegrar nuestros ojos; pero cuando hubo alzado el trapo no vimos más que un joven brote de esa especie de llantén al que Linneo dio el nombre de mayor y que se encuentra en muchísimos senderos.
Cuando, para observarla con más detención, nos inclinamos sobre ella, vimos que había brotado con una regularidad poco común y un vigor nada corriente. Su círculo formaba una verde circunferencia subdividida por hojas ovaladas, que daban una forma dentada a la misma, y cuyo centro de crecimiento se destacaba limpiamente en medio de ellas. La encarnadura de la figura producía una profunda impresión de frescor y delicadeza, y su espiritual simetría le daba el aspecto de algo indestructible. Al verla nos estremecimos y sentimos cuán profundamente unidos anidan en nosotros la delicia de vivir y la delicia de morir. Al incorporarnos, nuestras miradas tropezaron con el rostro del padre Lampros. El padre nos acababa de hacer la confidencia de un misterio.·

Cincuenta páginas después. La fértil Marina está siendo arrasada por las huestes del Gran Guardabosques. El orden clásico se desploma. Arden las viñas y los campos de trigo.  La biblioteca, los herbarios, todo. El protagonista ha arrancado de una pica la cabeza del Príncipe y la ha escondido piadosamente en un ánfora.

“…En la ladera vimos que el convento de Maria Lunaris también estaba envuelto en llamas (…) La gran vidriera que había junto al altar de la imagen sacra ya se había derrumbado, y en el vacío marco de la misma vimos al Padre Lampros. A su espalda ardía como un horno abierto, y nosotros corrimos hasta el foso del monasterio para llamarlo desde allí. Estaba de pie, revestido de sus ornamentos sacerdotales (…) Parecía escuchar y, sin embargo, no oyó nuestras llamadas. Entonces yo saqué del ánfora la cabeza del príncipe y la levanté con mi mano derecha.  Al ver la cabeza nos estremecimos, pues la humedad del vino había atraído los pétalos de las rosas, de manera que toda ella tenía un tinte de oscuro color púrpura.

Pero al levantar yo la cabeza otra imagen nos vino a conmover profundamente. Vimos cómo el rosetón, cuya redondez se mantenía intacta, se teñía de una luz verde, y el dibujo de la vidriera se nos antojó extrañamente familiar. Nos pareció que habíamos visto su modelo en el llantén que el Padre Lampros nos había mostrado en el jardín del monasterio, y aquel espectáculo nos reveló la oculta razón de su existencia.
Al mostrarle yo la cabeza del príncipe, el padre volvió a nosotros su mirada, y lentamente, medio saludándonos, medio mostrándonos algo, levantó la mano como en la Consacratio, y las llamas hicieron fulgir la gran cornalina de su diestra. Y como si con aquel gesto hubiera hecho un poderoso signo, vimos que el rosetón estallaba en una lluvia de oro….”

Ernst Jünger, En los acantilados de mármol, Destinolibro 251, 1990. p.86. y pp.177-8, Traducción de Tristán La Rosa.

NOTA: Cornalina: piedra preciosa, que el Padre Lampros llevaría engastada en un anillo

Vino Tinto en el Celeste Imperio

Otoño 2012

En este preciso momento, en algún lugar del Celeste Imperio, un chino mandarino se dispone a beber una copita de vino de LRO. Las uvas que vendimiamos se van  a la cooperativa del pueblo, donde se mezclan con las uvas de nuestros vecinos. Pasado un año saldrán de la bodega convertidas en vino, embotelladas, y etiquetadas con ideogramas  («new wine, old tradition», pero en chino). El camión las dejará en algún puerto europeo, ¿quizá en Rotterdam?. Allí  serán almacenadas en un contenedor, cargadas en un enorme trasatlántico, y enviadas a ese cliente que espera en ultramar: dos océanos más allá.

Una familia de pioneros chinos acaba de abrir un restaurante en el pueblo: El Diamante Rojo.  El otro día al volver de vendimiar -cansancio y pocas ganas de encender la cocina-  nos dejamos caer por allí. Dos cosas me llamaron la atención en la carta:  la oferta de  «vino de la casa», y el plato llamado «hormigas subiendo por el árbol», que me recordó un post reciente del blog. De entrada, lo del vino-chino-casero nos hizo sonreir (como si lo que nosotros fabricamos por estos lares fuera un Lafite Rotschild…)
Más tarde, investigando por la web, me dí cuenta de que el que  ríe de último ríe mejor, y éste último casi siempre resulta ser… un chino. Algunos datos: China es hoy el séptimo pais del mundo en superficie de viñedo y el quinto mayor consumidor.  Las previsiones indican un aumento del consumo superior al cincuenta por cien de aquí al 2015.  Leo en internet que los chinos  prefieren el vino tinto, muy rojo y brillante, porque asocian su color a la  buena suerte. Leo también, consternada, que le echan hielo y lo mezclan con gaseosa (sí,  por lo visto hacen calimochos incluso con un «grand cru»).   Las botellas se regalan  para el Festival de la Primavera, víspera del Año Nuevo, y otras comidas de ocasión, además de estar reemplazando rápidamente al baijiu (licor, de arroz o de sorgo) en los banquetes oficiales.  Pero lo más asombroso es que, contrariando su fama de  prolijos-chapuzas, los chinos están empezando a producir ¡vinos buenos! (1).  Las bodegas nacionales contratan a enólogos  franceses y cuentan con el apoyo de las autoridades. Por su parte, las grandes bodegas europeas, californianas, etc, que han ido a instalarse al Celeste Imperio no lo han tenido fácil (ni las distribuidoras: cualquiera se mete ahí), pero las que resisten, incluso en pleno Desierto del Gobi, empiezan a hacer caja…

Vuelvo al pueblo. Un pueblo depauperado por la crisis, machacado como tantos por décadas de urbanización absurda  y abandono/maltrato del campo. Deprimido, cabizbajo. Sus vinos fueron importantes en el S.XVII – muy apreciados en la Corte, como contaba el Capitán Alatriste-, en especial los blancos elaborados con albillo. Nada más que albillo…uva que se ha ido haciendo rara, por ser menos productiva y espectacular que otras. Los vinos de hoy son corrientes, vinos «de mesa», con más mercado entre la generación de nuestros padres y abuelos (nosotros -confesémoslo- consumimos mucha más cerveza). Bueno, la cosa es que hace apenas dos años la cooperativa estaba a  punto de quebrar. La anterior junta directiva parecía buscar deliberadamente la ruina del negocio, apostando solapadamente por echar el cierre y especular con los terrenos (en pleno centro del pueblo). La forma de tirar piedras contra su propio tejado consistía en dejar de llevar la uva a la cooperativa. Durante dos años, siguiendo las indicaciones del anterior propietario de LRO, le vendimos las uvas a un misterioso «Pepito» que aparcaba su trailer en el polígono e iba pasando las cajas por una vieja pesa romana…Terminada la operación, nos pagaba. En mano. Allí mismo. Billete sobre billete. Y cuando el trailer estaba lleno de uvas se marchaba, dizque a Burgos, para hacer con ellas el coupage en bodegas de tres al cuarto…El anterior propietario nos decía que esto era lo mejor, aunque el precio fuera más bajo, porque en la cooperativa sólo pagaban una vez hecho y vendido el vino. Y como por entonces los pagos se retrasaban hasta dos y tres años, Pepito y otros como él hacían su agosto con los impacientes. Bueno. Caimos de la burra enseguida, al año siguiente, un domingo que llegamos tarde a la cita con Pepito.  Con el tractor hasta arriba de cajas y la espalda rota después de muchas horas vendimiando, ¿qué hacer?. El trailer iba ya camino de Burgos. Entonces  aparece  otro vecino y gentilmente nos ofrece meter las uvas en la cooperativa a su nombre, asegurando que nos pagará  «cuando se cobren». Menos da una piedra, ¿no?. Además, para poder dejar quedar las cajas en la cooperativa hace falta estar registrado. Total, que para usted estos mil kilos de uva…Y hasta hoy, claro. El vecino en cuestión resultó ser miembro de esa torticera junta directiva, que vendía su vendimia al primer postor aún teniendo la obligación -no sólo moral: también contractual- de llevarla a la cooperativa. Gracias a esas uvas nuestras, que jamás cobramos, ese año él lavó la cara ante la junta: ¿quién dice que yo no traigo aquí mis uvas…?.

Las uvas que se beberá un chino

La siguiente primavera escribimos una carta a la cooperativa solicitando fueran aceptadas  ese año y los venideros nuestras humildes uvas garnacha, tempranillo, y macabeo. De mil amores las recibieron y de mil amores las estamos descargando allí, en las tolvas de la cooperativa, desde entonces. Hemos ido aumentando la producción (¿o es que -más bien- Pepito nos tomaba el pelo?). Hace un año la anterior junta directiva fue destituida y públicamente vilipendiada….En unos meses empezaron a sanerase las cuentas. Todavía falta mucho. Muchísimo. Hay deudas con el banco que ni se sabe cuando podrán saldarse. Pero la nueva presidenta y nueva junta parecen moverse bien en este business. Como caídos del Cielo los chinos llamaron a la puerta.  Setenta mil botellas, según tengo entendido, viajaron a Pekín el pasado invierno…Y esta es la historia. Malas lenguas dicen «que los chinos han comprado la bodega» ( a ver: como si en vez de comprarnos las uvas nos hubieran comprado la finca), y peores lenguas aseguran que «unos chinos han comprado la bodega para vendérsela después a otros» (¿otros chinos?)…
En fin.
El hecho es que las cosas empiezan a enderezarse.
Y que la vendimia del 2012 ha sido fantástica.

NOTAS

(1) «Future of Wine report», publicado por BBR, una tieda londinense de vinos (Berry Bros & Rudd): «hacia 2059 China liderará el mercado de vinos de alta gama…». (www.absolut-china.com)
Las dos primeras fotos proceden de la wikipedia.

Lo más frágil

Verano 2012

Sólo con rozarlas se rompen. No sé de qué estarán hechas. ¿De papel cebolla, de obléas de misa?.
En LRO las mudas de serpiente se encuentran a partir de julio. Cerca de la salida del tubo de drenaje, por donde ví  más de una vez escurrirse a su propietaria. En la misma salida del tubo hay también cinco o seis mudas pequeñas, de una cuarta de largo.  Ésta de la foto mide más de metro y medio. Ojalá pudiera desenmarañarla de las hierbas, estirarla y medirla. Pero no puedo ni tocarla. La dejo donde está y se la enseño sólo a los amigos muy amigos (no a los otros; el hombre que nos vendió la finca, y el conductor de la pala excavadora que vino a cavar el estanque, y hasta el pastor -al que, por otra parte, aprecio- las matan a garrotazos ).

 

 

 

 

El amor no debe tocar nunca el suelo

Primavera-otoño 2012

«El amor no debe tocar nunca el suelo,
PARA QUE NO SE LO LLEVEN LAS HORMIGAS»
Pedro Casariego Córdoba (Cuaderno amarillo, rojo, verde y azul. Ardora Expres, 1998)

Ojo con ellas pues. Son golosas, irreflexivas, arramblan con todo lo que encuentran aunque no sepan muy bien para qué ha de servirles. En la huerta tienen una preferencia marcada por las acelgas que empiezan a subirse a flor. Tierra arenosa, calor intenso, acelgas que maduran deprisa. Ergo: pulgones. Ergo: hormigas. Y entre los frutales, a principios de la primavera -y muy en especial si no cae una gota-, por los melocotoneros. Es sabido que las hormigas pastorean a los pulgones. Los protegen de sus depredadores (mariquitas, crisopas…) y los conducen a los brotes más tiernos.  A cambio los pulgones les entregan su melaza: ese jugo azucarado que producen tras chupar y sorber la savia de las hojas frescas. Pero la película empieza más atrás. Con un exceso de abono, seguramente. O con una poda exagerada. Ambas cosas producen brotes numerosos pero débiles, excesivamente blandos,  tentadores. Sé lo que digo porque son mis propios errores los que me han enseñado.  Así como no volveré a plantar acelgas en una zona tan protegida, tampoco volveré a darles podas de formación tan agresivas a mis raquíticos frutales.  Las hormigas que recorren alocadamente el tronco del melocotonero, o el corazón de las acelgas, son sólo el eslabón más conspícuo de toda esta cadena de causas y efectos. El sol excesivo. La tierra pobre (cada año lo estará menos). Mi inexperiencia.  Una vez que se ha asimilado de verdad esta historia, entonces y sólo entonces puede uno plantearse combatir a los pulgones en alguna de sus fases de desarrollo. Sobre la melaza que produce el pulgón se desarrolla el hongo de la Fumagina -«negrilla»-; cuando las hojas están cubiertas de esta sustancia pringosa (y ahora oscura) la actividad fotosintética se reduce peligrosamente, tanto más cuanto los árboles/plantas son todavía muy frágiles…Así que no se les puede dejar a su aire. Un buen chaparrón limpia las hojas en un abrir y cerrar de ojos. ¿Hay agua en la alberca, con suficiente presión, para chorrear el melocotonero, las acelgas, al atardecer?. Plántense lavandas, salvias, y ajo, que las hormigas tratarán de dar un rodeo…y puede que hasta se aturullen  y se  les pierda el rebaño. Hay quien dice que albahaca, pero yo digo que no: que aquí, no. La albahaca quiere mucha agua, más de la que tenemos. ¿Y si ni por esas?. El último recurso es un aceite. Es decir, un insecticida, un pulgonicida (las hormigas deben irse antes, pues hacen mucho bien en otros frentes- bastará con un reguerito de azúcar). Un aceite de potasa (ya anda por ahí comercializado, como insecticida «bio»…), o un aceite de «neem».  Pero lo suyo sería que la tierra, de puro fértil, produjera plantas tan robustas que al pulgón se le quedaran los morros clavados en sus hojas y desistiera… Y una finca tan «biodiversa» que autorregulara sus poblaciones de parasitos/depredadores sin que nadie tuviera que intervenir (el principio más eficaz en una huerta de éstas  siempre será el de la «merienda de negros»). En conclusión. Las hormigas se llevarán todo lo que caiga al suelo. Trocean, trituran, limpian y esconden, incluso adultos y  larvas de muchos bichos malos (como esos saltamontes superabundantes que liquidan las judías en cuanto brotan: el vídeo de este post está filmado «in situ»). Hay que vigilarlas de cerca, por si acaso se llevan lo que no deben. Pero el balance, siendo justos, las hace más buenas que malas pues, aun siendo omnívoras, preferirán unas chuletillas de saltamontes a un poco de melaza de pulgón…  Y si favorecen el aumento del número de pulgones,  la culpa de que  ellos aparezcan ahí, ahí precisamente,  no es de las hormigas sino mía.

NOTAS:
Esta entrada estaba en la «bandeja de salida», a medio redactar, desde que Emma declaró su simpatía por las hormigas, «en especial las negras como el carbón, de culo gordo…». Sus  comentarios, así como las respuestas que siguieron, pueden leerse aquí: https://laramadeoro.com/2012/07/23/lro-hotel-resort-spa/#comments

Copio el siguiente párrafo del manual «Jardinez avec les insectes», citado mil veces en este blog: «La invención de la lucha biológica se remonta a los campesinos chinos, quienes, hace más de 2000 años, colocaban perchas de bambu entre los árboles de sus naranjales, para que una especie de hormigas carnívoras  pudieran pasar fácilmente de una rama a otra, limpiándolas de orugas y otros insectos vegetarianos…»

Hot Borders

Late summer, 2006-2012

Chrystopher Lloyd (1921-2006) -jardinero, cocinero, articulista, y músico a ratos-, puso de moda los hot borders de su jardín de Great Dixter (Sussex) a principios de los  años noventa. En el momento en que las tendencias minimal, zen, chill-out/relajation, etc llegaban también al mundo de la jardinería, imponiendo la sobriedad, la contención, los colores suaves y, a ser posible, una cabeza de Buda junto a la fuente….este septuagenario  lleno de  common sense y alegría de vivir decidió convertir sus parterres en un chisporroteo de escarlatas, naranjas chillones, amarillos luminosos y violetas.  No sólo eso. Ayudado por Fergus Garrett, su jardinero jefe, tomó la decisión de arrancar la vieja rosaleda y plantar en su lugar ¡un jardín exótico, un jardín inesperado y fastuoso, trufado de plataneras, fatsias, helechos, cañas índicas…!.

Un hot border es un late border. Y también un mixed border. Esto es: un macizo en tonos atrevidos, que alcanza su zénit hacia el final del verano (ahora), aguantando en plena forma hasta prácticamente noviembre, y en el que arbustos y herbáceas se mezclan. Todas las herbáceas (vegetales sin «leño», para entendernos): anuales, bianuales, y vivaces. Y gramíneas en profusión, que con sus espigas ya más que maduras captan la luz del atardecer y encienden todavía más, si cabe, los macizos «calientes» de este momento del año. Plantas imprescindibles por su floración tardía y ardiente: Helenium, Rudbeckias, Tithonias, Kniphophias, Aster, Crocosmias (aquí florecen ya en julio, pero en Inglaterra un poco más tarde), y las variedades más provocadoras de Dahlia como Bishop of Landaff, de follaje color chocolate y pétalos rojos. Más las omnipresentes y robustas Verbenas bonaerensis. Ch. Lloyd no era seguramente el único en defender este tipo de explosiones coloristas (junto a él, o tras él, esa legión de paisajistas que fomentan el uso combinado de gramíneas y vivaces, como Piet Outdolf y tantos otros, en número creciente). Pero sí fue, al menos hasta donde yo sé, uno de los primeros y más decididos.  Y más influyentes. Autor de una columna semanal en The Guardian, se convirtió en el gurú de este tipo de jardines, cuya característica esencial no era tanto el deseo de provocar como una incontenible pasión jardinera, experimentadora, divertida, jovial, enemiga declarada de las convenciones y la modorra. Después de visitar Great Dixter (en septiembre de 2006), encontré su mismo espíritu en los hot borders del jardín botánico de Oxford y, a partir de ahí,  en mil y un rincones de otros jardines públicos y particulares, no sólo de Inglaterra.

(Arriba: hot border en Oxford a finales de octubre, bajo la lluvia). La floración no es lo único que nos pareció espectacular en sus macizos. Christo Lloyd dejó escrito que la apreciación del follaje -de su forma y su textura- era algo que iba creciendo en nosotros con los años. Es decir, que cuando uno es joven lo primero, casi lo único, que «ve» es el color.  Sólo cuando madura empieza a fijarse en las estructuras, las siluetas, las tramas… Supongo que algo parecido sucede con la música. Raro es que a un veinteañero le guste la música antigua. Un recital de laúd, por ejemplo. O el Arte de la Fuga. (Y quizá por eso a mí, con cuarenta y tantos, lo que me empieza  a resultar fatigoso es escuchar hasta el final una sinfonía romántica…).

Si me tuviera que quedar con una planta de Great Dixter escogería el Verbascum, esa que aquí llamamos «gordolobo». El amarillo de sus flores en forma de candelabro puntúa todo el «long border» desde julio hasta octubre. Color y arquitectura a un tiempo. Los Verbascum de Great Dixter me hicieron recordar un talud que había fotografiado hacía poco. Un talud invadido por los gordolobos y los cardos. Las plantas crecían,  olvidadas de todos, detrás de una estación de servicio de Benavente. Al colocarlas aquí juntas -el sofisticado «long border» de Great Dixter y el humilde campo castellano- vuelvo a comprobar hasta qué punto la belleza crece de espaldas a nosotros, indiferente y libre. A veces basta una asociación  fugaz, como ésta, para hacer de una escombrera un chef-d´oeuvre.

NOTAS.
Ch.Lloyd no sólo escribió muchos libros de jardinería: uno de sus best sellers es Gardener cook, una versión british de lo que nosotros llamaríamos «del huerto a la cocina».
La primera y la tercera fotos están bajadas de internet, de la web de Jonathan Buckley, fotógrafo genial de Great Dixter y sus habitantes, incluyendo a las dos teckel de su difunto propietario, Canna y Dahlia. La casa y sus jardines están hoy en manos de una Fundación. Fergus Garrett sigue al frente. Véase: http://www.greatdixter.co.uk

Unha trenza de cebolas

Verán 2012

A nai de Manolo, Pilar, trenzando cebolas no alpendre. A meirande parte das cebolas cultivadas en Galicia son amarelas e doces, achantadas, coa túnica moi moi finiña. A  nai de Manolo conta que antes empregabanse xuncos para liar as cebolas na trenza, pero  si as follas son longas dabondo non fai falta nada. Esta que ela está trenzando na foto -mandáronma hai tres días-  a colgarían despois no cabazo ou na lareira, ou no teito do alpendre, para que se conserve ben todo o inverno e non apodreza coa humedade (as que se ven no chan están ainda a secar)

Una trenza de ajos

Junio- Agosto 2012. Para Mariquiña de Sarria, que es quien me ha enseñado

Ajos en la cocina de Marica

Los ajos se plantan en lo más crudo del crudo invierno. Se recogen a principios del verano, antes de que suban  a flor (antes de que agromen). Se dejan secar al sol, con las hojas.  Se limpian bien de tierra; se les cortan las raicillas con una tijera, se les quita alguna piel. Se escogen para la trenza ajos de similar calibre. Y se empieza la trenza, con tres ajos bonitos y un CORDEL (clave del éxito). Uno de los tres «mechones» llevará el cordel, para darle firmeza a la trenza. No han de ir muy pegados los ajos. Sí  bien apretados los nudos.

¿Y las cebollas?. Lo mismo pero más tarde. Se plantan al principio de la primavera, se recogen en pleno verano. Para la trenza sólo valen las pequeñas y medianas. Han de estar bien secas y endurecidas al sol. Si no es así, la conservación será mala. En LRO hemos plantado unas cebollas enormes, de la variedad ‘Leone’ , que son difíciles (imposibles) de trenzar.  Pero son sabrosas, un punto picantitas, e incluso empezadas se conservan durante semanas en la nevera. Un cuarto de las que plantamos -no llevo la cuenta exacta- se las comieron los grillotopos, que deben de estar este año orondos y de muy buen ver.

El séptimo samurai (y 2)

Verano 2012

«The farmers won. We lost…». El remake americano de Los siete samurais, dirigido por John Sturges,  introduce variaciones curiosas en el guión. Todas ellas se justifican si se parte de esta premisa: que el público occidental no podría entender

(1) ni  el abismo social entre samurais y campesinos (Japón, S.XVI),
(2) ni la furibunda arremetida de Kikuchiyo contra sus paisanos (por mucho que en el propio ataque se incluyera la explicación: ¿pero cómo queréis que seamos los campesinos si vosotros, los  soldados/samurais/pistoleros, no paráis de dar por saco…?).

Para solucionar lo primero (1), J. Sturges añade a la división social  -mucho más permeable en la sociedad americana- la diferencia racial: los pistoleros son yanquis, los campesinos mejicanos.  Esta división, pensaría Sturges (y alguna razón tendría, todavía en 1960), es más profunda que la otra; así el público,  que captará claramente la desigualdad, valorará mejor el altruismo de los Magnificent Seven, quienes, a pesar de no tener nada en común con esos campesinos, están dispuestos a defenderlos por apenas veinte dólares… Voilà el tema de la película. Los campesinos y el campo  quedarán en segundo plano (incluso en el trailer). ¿Un manifiesto imperialista, y/o racista, que viene a decir que los mejicanos no saben cuidar de sí mismos?.  Yo no creo que ésas fueran las intenciones conscientes del director.  Se cuida muy mucho de dejar claro que los pistoleros no tienen prejuicios, ni raciales ni de clase; de ahí la escena inicial, con Yul Brynner y Steve Mc Quenn llevando al cementerio a un difunto mejicano, que los “blancos” del pueblo no quieren que sea enterrado allí. Y todo a lo largo de la película se subrayan –de forma, en mi opinión, empalagosa- los vínculos afectivos de los pistoleros con la aldea campesina, y la añoranza que sienten de tener un hogar, y hasta el Abuelo, al concluir todo, les ofrece quedarse a vivir con ellos, es decir, mezclarse.  Estos son, al menos, los principios ideológicos, explícitos e intachables.  Pero claro, otra cosa es que la historia concluya de forma coherente con esos principios. Y es el final lo que cuenta.

(2) El alegato anti-campesinos del séptimo samurai tampoco sería bien entendido en el mundo occidental de los años sesenta.  Sin embargo, el séptimo «magnífico», el tal Chico – pistolero mejicano, que se comporta como yanqui, réplica del personaje japonés, interpretado por un actor alemán, que baila como un cherokee…- repite poco más o menos las mismas palabras de Kikuchiyo. ¿Las mismas?. No…Ni en el mismo contexto ni el mismo tono. Una versión muy abreviada, que pronuncia deprisa, casi sin venir a cuento,  y parece que lo hiciera por puro mimetismo con el original japonés, como la escena en que se le ve pescando con las manos (¡qué hábil es para esas cosas, verdad, pues “lo lleva en la sangre”!, y, sin embargo, qué torpe cuando Yul Brynner le hace el “test” de velocidad con la pistola…). En el personaje de Chico se reúnen parte de las características de Kikuchiyo – es hijo de labriegos y  tiene su mismo desparpajo- y  parte de las del joven samurai  Katsushiro- es casi un adolescente, y como tal protagonizará la inevitable historia de amor con una de las mozas del pueblo. Pero la «cara Kikuchiyo» de Chico no es problemática, no tiene las contradicciones del original, que no sabe ni quién es y vive  con una pierna en cada uno  de esos dos mundos, cuyos defectos (¡de ambos!) conoce tan bien.

El verdadero alegato de la película corresponde a otro pistolero, el interpretado por Charles Bronson: Bernard O´Reilly . Ya en la segunda parte de la película nos enteramos de que no es Bernard, sino Bernardo, de que es un híbrido de mejicano e irlandés. Pero, atención, su alegato no es contra los campesinos, sino en su defensa, y no lo mueve esa mezcla de amor-odio con la que todos nos relacionamos con nuestros orígenes (no sólo Kikuchiyo), sino una visión más elevada y políticamente correcta de las cosas…

Antes de reproducir las palabras de O´Reilly  hay que explicar cuál es la situación cuando las pronuncia. Los campesinos están divididos. En su primer encuentro armado con los bandidos han tenido algunas bajas; unos desean pactar con su jefe, Calvera, y otros prefieren seguir luchando. En la película japonesa también había dudas entre los campesinos, naturalmente, pero sólo se expresaban  en forma de comentarios  por lo bajinis, mezquinos y vergonzantes, sin pasar de ahí… Esta es otra de las diferencias. Porque en la versión americana los campesinos tienen que cometer un error:  pecar de algo, y de algo muy gordo, para que los pistoleros puedan ser ensalzados como corresponde. Y al director no le parece correcto -ni suficiente como motor de la trama-  sugerir  simplemente que los campesinos son cobardes,  como sí se hacía en la película japonesa, sin tapujos, y  no sólo por boca de Kikuchiyo, sino en el propio desarrollo de la aventura, pues  el  campesino valiente es la excepción y no la norma ( un valiente que, por otra parte, estaba desquiciado desde el rapto de su mujer).  No. En la película americana no se afirma de ningún modo que los campesinos sean cobardes. El «pecado»  que motivará la definitiva intervención de los Siete será una traición, responsabilidad personal y exclusiva de los dos o tres que la llevan a cabo .  Los campesinos partidarios de parar la lucha dejan entrar a Calvera en la aldea. Calvera desarma por sorpresa a los Siete y los pone de patitas en el monte, sin atreverse a liquidarlos (por miedo al Gran Hermano del Norte, que bajaría a pedirle cuentas).  Calvera no puede ni concebir que los Siete pistoleros regresen a la aldea. Pero vaya si lo hacen. Y Calvera, al morir, repite, atónito: ¿pero por qué lo han hecho…?, ¿por qué?. Porque son buenos y altruistas, Calvera,  y además  no se dejan chulear por nadie. Puros yanquis.

Volvemos a Bernardo. Tres niños mejicanos que cuidan de él le dicen que están avergonzados de la cobardía de sus padres. Y entonces Bernardo los agarra y les da una buena azotaina. Y acto seguido les larga (nos larga) este discurso, inexistente en la versión japonesa (como el propio híbrido B. O´R.): “ ¿Pensáis que soy valiente porque llevo un revólver?. ¡Pues vuestros padres son mucho más valientes, porque tienen la responsabilidad de todos vosotros, de vuestros hermanos, de vuestras madres, y esa responsabilidad es como una roca que pesa toneladas (…)!. Cuidar una granja, trabajar como un mulo cada día, sin ninguna garantía de ver premiado su esfuerzo. ¡A mí me ha faltado valentía para un trabajo semejante!»

El desenlace. A los campesinos se les va a perdonar su traición. Ya Bernardo nos ha dicho que debemos hacerlo. Y por eso los que han dejado entrar a Calvera, en el ardor del combate (eso sí, ¡sólo cuando ven que la cosa va bien…!) agarran sillas y machetes y se van también ellos a zurrar a los bandidos.  Lejos del realismo (tan, tan humano) de Kurosawa, aquí todos son valientes.  Todos somos buenos. Pero…a pesar de las proclamas de que, además,  todos somos iguales, y de que el pistolero “podría” hacerse campesino, y el campesino pistolero…Nada de eso.  Al final del combate sólo siguen vivos tres de los siete magníficos, Yul y Mc Queen, como es de rigor, y  Chico, el séptimo pistolero…

En la versión original Kurosawa ha hecho sobrevivir a Kanbei, a Schichiroji … y al  joven aristócrata  Katsushiro. Pero no a Kikuchiyo, el séptimo samurai.

…Los dos mayores se despiden y se marchan, tan chulos como llegaron. Sólo Chico, 100% mejicano y 100% campesino, en el último momento da media vuelta. Tiene un affaire con una chica de la aldea, como el jovencito samurai de Kurosawa. (Pero mientras en la película japonesa Katsushiro sí se ha acostado con la chica –la víspera de la batalla, lo que es importantísimo, y no por un simple deseo de satisfacer al samurai, para que se  «desahogue «antes del combate…no, es un asunto mucho más serio y primitivo, que tiene que ver con el miedo a la muerte, y con el deseo de conjurarla cuando ya sentimos su aliento en la cara-, en la versión americana, decía, no pasan de hacer manitas.  Señal de que la relación es «formal»). Hay más. En la versión japonesa la chica,  una vez superado el peligro, pasa rápidamente junto a su amante y se mete en el agua feliz y contenta, cantando, para participar del ritual de la plantación del arroz. En la peli americana hay un cruce de miradas lánguidas… En la japonesa todo es más natural. El cándido Katsushiro se detiene, perplejo, y Kurosawa nos sugiere que está pensando seguir tras la joven. ¿Como Chico?. ¡Todo lo contrario!. Aquí se va a imponer la libertad por encima de las convenciones sociales, porque Katsushiro no es sólo un genuino samurai:  es que, además, es un aristócrata. Y si el aristócrata-samurai terminará como un campesino (la escena final así lo indica, véase vídeo más abajo, con Kanbei y Schichiroji solos), el campesino Kikuchiyo terminará como un samurai. ¿Entendieron algo de todo esto John Sturges/el productor/guionistas de Hollywood?. En la versión americana el campesino Chico/Kikuchiyo regresa a la aldea.  Hace lo que se espera de él. Se quita resueltamente el cinturón con la pistola y se arremanga: ha vuelto con los suyos.

Los yanquis se vuelven a sus business. Los campesinos mejicanos a los suyos. Y el bicho raro Bernardo O´Reilly, como no podía ser de otro modo,  descansa bajo su lápida.

En la moderna y entretenidísima versión americana han triunfado el buenismo, la condescendencia , y el orden social. La grandeza de la versión original, en mi opinión, es precisamente la muerte de Kikuchiyo. Hacerlo sobrevivir y regresar a la aldea sería muy bonito…Y una simpleza.  Kurosawa, al dejarlo morir  luchando, está haciendo realidad lo que J. Sturges proclama pero no cumple. Que un campesino, como cualquier otro hombre,  sí puede elegir su destino.  Cabeza de labriego y corazón de samurai, Kikuchiyo muere como él ha deseado. Es en su muerte  donde  por fin se revela como lo que de verdad es: un valiente samurai, el más valiente de los siete.

NOTA
En la película americana el campo está casi totalmente ausente.  Apenas un almiar por aquí, un bieldo por allá.  Sólo es un decorado. En la escena final la chica parece disponerse a desgranar una mazorca, pero con tan poca disposición que nos hace dudar.  Por el contrario, en la versión original  TODO gira en torno al calendario agrícola. Adjunto el link con la maravillosa escena de la plantación de arroz:
http://www.youtube.com/watch?v=v2fRCkNy8Os

El séptimo samurai (1)

Verano 2012

«¡Los campesinos son gente cobarde! ¡Siempre están preocupados por algo, cuando no es la lluvia es la sequía!. Se acuestan con miedo y se levantan con miedo. Los pobres tienen miedo hasta de su sombra. ¡Se hacen los santos pero no lo son!. Tacaños, astutos, quejicas, malvados, estúpidos y asesinos…¿Y quién ha hecho que sean unas bestias?. ¡Vosotros, los samurais!. Quemáis sus aldeas, destruís sus casas, les robáis la comida, les obligáis a trabajar, seducís a sus mujeres  ¡y les matáis si se resisten!  ¿Qué queréis que hagan..?»

Así, con estas palabras, es como descubrimos que Kikuchiyo, el séptimo samurai,  era hijo de labriegos. Hasta entonces sólo veíamos en él lo mismo que veían sus seis compañeros: un joven de carácter alocado e indócil, impropio de un auténtico samurai. Un poco después lo vemos con la hoz en la mano, ayudando a segar la cebada. Dice que detesta a los campesinos pero es el que mejor se lleva con ellos. Nunca se calla. Es infantil, impulsivo. Para probar que es un auténtico samurai enseña un «diploma» que ha comprado por ahí, perteneciente a un tal «Kikuchiyo». Ni siquiera sabe cuál es su verdadero nombre…

Flash-back. Un grupo de campesinos se ha acercado a la ciudad en busca samurais que acepten defender la aldea contra los bandidos que periódicamente les roban la cosecha. Ya se han llevado la del arroz. Ahora la cebada está creciendo… y ya falta poco para que madure. Cuando esté segada y trillada los bandidos volverán. Los campesinos buscan samuráis pobres, pues no tienen nada con que pagarles.  La oferta es que les defiendan a cambio de su manutención. Tres comidas diarias, nada más.  Los samurais comerán arroz; los campesinos, mientras tanto, sólo comerán  mijo. Al primer samurai, Kanbei, lo descubren en plena acción, cuando arriesga su vida por salvar la de un niño que ha sido secuestrado… Los campesinos, testigos de su forma de proceder, le ofrecen el trabajo. Y como corren malos tiempos para los samuráis de fortuna -guerreros que vagan por el pais buscando un señor al que servir- a Kanbei  no le cuesta demasiado reunir un pequeño grupo. En principio son seis. Un séptimo, Kikuchiyo, no ha pasado la prueba  (se emborracha, no sabe tener cerrada la boca …), así que se limita a seguirles, esperando que en algún momento acepten su compañía. Cuando llegan al pueblo nadie sale a recibirles. Pero Kikuchiyo, que demuestra conocer bien la mentalidad de los campesinos, toca a rebato con el «gong» de la plaza pública… «Ya tenemos al séptimo», dice Kanbei.  Y entonces empieza la segunda parte de la película. La relación entre campesinos y samuráis, que va pasando de la desconfianza más profunda a una  cierta solidaridad (los samurais comparten su comida, los campesinos se ríen…). La preparación de las defensas del pueblo. El entrenamiento de los campesinos. El descubrimiento de las mujeres, que han sido apartadas y escondidas antes de la llegada de los samurais. La cosecha y la trilla. La historia de amor entre el más joven de los samurais y una de las chicas.  El ataque de los bandidos. La batalla bajo la lluvia. La muerte de cuatro samurais y varios campesinos. La liberación de la aldea. Y por fin el recomienzo: las mujeres plantan el arroz mientras los hombres cantan y bailan junto a ellas, todos metidos en el agua, siguiendo el ritmo de los tambores y flautas…

¿Quiénes son los siete samurais?. Aparte de Kanbei y de Kikuchiyo:
el segundo samurai,  el leal y afable Schichiroji, viejo amigo de Kanbei;
el samurai  más joven, Katsushiro, número tres, muy guapo, elegante, y de buena familia (como se deja adivinar por su ropa, por la limosna que entrega a escondidas a los campesinos…);
el cuarto, el samurai de nervios de acero, enjuto y parco de palabras, de técnica pefecta con su espada;
el quinto,  fortachón y risueño, al que encuentran cortando leña;
y el sexto, guerrero muy apañado,  pero más desdibujado en el guión  que sus compañeros (*al menos en la versión que yo tengo en casa, no sé si completa)

Kanbei y Scichiroji han sobrevivido al combate, lo que era previsible desde el comienzo. «Los campesinos han ganado. Nosotros hemos perdido», son las palabras que pronuncia Kanbei antes de abandonar definitivamente la aldea, mientras pasan junto a las tumbas de sus cuatro compañeros muertos y escuchan la música que llega desde la plantación.  El tercer samurai que se salva es….  (Continúa mañana; me voy a regar).

¡Ponga un higo en su vida!

Segunda mitad del verano

Sueño que maduran los higos. Como cada año al doblarse el verano, cuando el sol empieza a bajar sobre el horizonte y la luz cae más oblícua, y las fotos salen con colores más intensos, y las noches se alargan de manera perceptible (ahora sí): como cada año hacia el veinte de agosto, al menos por aquí, empiezan a madurar las uvas y los higos. Hay quien anda vendimiando ya las uvas blancas, tempraneras, que siempre maduran rápido, tanto más rápido cuanto antes hayan sido podadas, por crecer en zonas soleadas y libres de helada, lo que no es el caso de LRO (mirando al norte, en terrazas de tierra arcillosa, se podan en marzo y todo va más lento). Los higos sí  están ya gordos y tentadores, aunque aún no rezuman ni se cuartean… Les queda una semana, quizá diez días.

Instrucciones para disfrutar de los higos sobre la marcha: se cogen dos buenos puñados (guardándolos en la camiseta, como en un refajo) y a la gruta a comerlos (hay una foto de esta gruta en la entrada «Aquí empieza todo»)

Todos vigilando a las cabras. La higuera a finales de agosto está a reventar de higos
( bajo las ramas, a la izquierda, la gruta donde nace el agua)

Receta sofisticada de «Higos con Baileys», tal como la prepara mi madre: se parten los higos y se colocan en una fuente con la pulpa para arriba; se cubren de Baileys y se dejan a macerar unas horas en la nevera; se sacan, se les da la vuelta, y se cubren de nata («Si es de Berna mejor»; Berna es una famosa pastelería de La Coruña); se espolvorea  todo de  fideos de chocolate y vuelta a la nevera. Sírvase bien frío, con una copichuela de …Baileys helado. Calorías: unos cinco millones (aproximadamente). Variaciones de mi hermana: quita la pulpa con una cuchara como si fueran kiwis; no los deja a macerar; en vez de fideos, galletas de chocolate (las Granola Digestive, por ejemplo) machacadas en la batidora pero que queden crujientes. Calorías: las mismas o más.

NOTA: .  Sobre el higo-fruta prohibida, véase entrada:https://laramadeoro.com/2012/01/10/el-taparrabos-de-adan/