Hot Borders

Late summer, 2006-2012

Chrystopher Lloyd (1921-2006) -jardinero, cocinero, articulista, y músico a ratos-, puso de moda los hot borders de su jardín de Great Dixter (Sussex) a principios de los  años noventa. En el momento en que las tendencias minimal, zen, chill-out/relajation, etc llegaban también al mundo de la jardinería, imponiendo la sobriedad, la contención, los colores suaves y, a ser posible, una cabeza de Buda junto a la fuente….este septuagenario  lleno de  common sense y alegría de vivir decidió convertir sus parterres en un chisporroteo de escarlatas, naranjas chillones, amarillos luminosos y violetas.  No sólo eso. Ayudado por Fergus Garrett, su jardinero jefe, tomó la decisión de arrancar la vieja rosaleda y plantar en su lugar ¡un jardín exótico, un jardín inesperado y fastuoso, trufado de plataneras, fatsias, helechos, cañas índicas…!.

Un hot border es un late border. Y también un mixed border. Esto es: un macizo en tonos atrevidos, que alcanza su zénit hacia el final del verano (ahora), aguantando en plena forma hasta prácticamente noviembre, y en el que arbustos y herbáceas se mezclan. Todas las herbáceas (vegetales sin “leño”, para entendernos): anuales, bianuales, y vivaces. Y gramíneas en profusión, que con sus espigas ya más que maduras captan la luz del atardecer y encienden todavía más, si cabe, los macizos “calientes” de este momento del año. Plantas imprescindibles por su floración tardía y ardiente: Helenium, Rudbeckias, Tithonias, Kniphophias, Aster, Crocosmias (aquí florecen ya en julio, pero en Inglaterra un poco más tarde), y las variedades más provocadoras de Dahlia como Bishop of Landaff, de follaje color chocolate y pétalos rojos. Más las omnipresentes y robustas Verbenas bonaerensis. Ch. Lloyd no era seguramente el único en defender este tipo de explosiones coloristas (junto a él, o tras él, esa legión de paisajistas que fomentan el uso combinado de gramíneas y vivaces, como Piet Outdolf y tantos otros, en número creciente). Pero sí fue, al menos hasta donde yo sé, uno de los primeros y más decididos.  Y más influyentes. Autor de una columna semanal en The Guardian, se convirtió en el gurú de este tipo de jardines, cuya característica esencial no era tanto el deseo de provocar como una incontenible pasión jardinera, experimentadora, divertida, jovial, enemiga declarada de las convenciones y la modorra. Después de visitar Great Dixter (en septiembre de 2006), encontré su mismo espíritu en los hot borders del jardín botánico de Oxford y, a partir de ahí,  en mil y un rincones de otros jardines públicos y particulares, no sólo de Inglaterra.

(Arriba: hot border en Oxford a finales de octubre, bajo la lluvia). La floración no es lo único que nos pareció espectacular en sus macizos. Christo Lloyd dejó escrito que la apreciación del follaje -de su forma y su textura- era algo que iba creciendo en nosotros con los años. Es decir, que cuando uno es joven lo primero, casi lo único, que “ve” es el color.  Sólo cuando madura empieza a fijarse en las estructuras, las siluetas, las tramas… Supongo que algo parecido sucede con la música. Raro es que a un veinteañero le guste la música antigua. Un recital de laúd, por ejemplo. O el Arte de la Fuga. (Y quizá por eso a mí, con cuarenta y tantos, lo que me empieza  a resultar fatigoso es escuchar hasta el final una sinfonía romántica…).

Si me tuviera que quedar con una planta de Great Dixter escogería el Verbascum, esa que aquí llamamos “gordolobo”. El amarillo de sus flores en forma de candelabro puntúa todo el “long border” desde julio hasta octubre. Color y arquitectura a un tiempo. Los Verbascum de Great Dixter me hicieron recordar un talud que había fotografiado hacía poco. Un talud invadido por los gordolobos y los cardos. Las plantas crecían,  olvidadas de todos, detrás de una estación de servicio de Benavente. Al colocarlas aquí juntas -el sofisticado “long border” de Great Dixter y el humilde campo castellano- vuelvo a comprobar hasta qué punto la belleza crece de espaldas a nosotros, indiferente y libre. A veces basta una asociación  fugaz, como ésta, para hacer de una escombrera un chef-d´oeuvre.

NOTAS.
Ch.Lloyd no sólo escribió muchos libros de jardinería: uno de sus best sellers es Gardener cook, una versión british de lo que nosotros llamaríamos “del huerto a la cocina”.
La primera y la tercera fotos están bajadas de internet, de la web de Jonathan Buckley, fotógrafo genial de Great Dixter y sus habitantes, incluyendo a las dos teckel de su difunto propietario, Canna y Dahlia. La casa y sus jardines están hoy en manos de una Fundación. Fergus Garrett sigue al frente. Véase: http://www.greatdixter.co.uk