Peras 1920

Variedades más cultivadas en Francia hacia 1920

Una de las planches en couleurs de la Larousse agricole. Sobre las peras “Buenas Cristianas” (segunda hilera, segunda pera por la izquierda), este post antiguo: https://laramadeoro.com/2012/03/26/peras-buenas-cristianas/

Comentarios 2020
La ‘Buen Cristiano’ actual madura a finales de agosto. Pera de verano/otoño, pues, de “media temporada”, que sigue a nuestra ‘Blanquilla’ de LRO, la ‘Ercolini’ y la limonera, y a estas dos peras tempranas que también están en la foto: la ‘Duquesa de Angoulema’ y la ‘Louisse Bonne’ (última hilera; aún se encuentran los plantones de peral on-line, pero no la fruta). ‘Buen Cristiano’, de orígenes disque medievales (1), dio lugar al peral Williams de los ingleses; al Barlet de los yanquis. Es la pera-pera por excelencia. La más cultivada. La más aromática y jugosa. La más probable en la mesa de Downtown Abbey.

Las “peras de invierno” (en negrita) son las que se recogen tarde, desde finales de septiembre, y terminan de madurar al frío, conservándose aceptablemente hasta enero o febrero (y marzo; y hasta el infinito y más allá si uno se empeña en tenerlas medio congeladas). Hojeando listados de variedades, encuentro que las más antiguas, anteriores a los modernos sistemas de refrigeración, son casi siempre de finales de verano/ otoño. De la plancha de la Larousse, solo la tardía `Decana del congreso’ (última hilera, abajo, Doyenné du comice), a pesar de su cutis delicado, podría pasar de Reyes. Otras peras de invierno antiguas, muy conocidas y comercializadas, pero que no salen en esta plancha: la Anjou y la Beurrée Bosc.
La pera invernal más famosa, tampoco incluida en la Larousse agricole, es la ‘Conferencia’, conseguida en un vivero inglés a finales del XIX. Son las peras que comerá usted hoy si baja al mercado a por fruta (2), y no solo porque a esa variedad le guste el frío de enero o de las cámaras frigoríficas industriales, que sí le gusta, sino también por su “resistencia a los golpes” (meses de traqueteo y manipulación). Pero cuando la Larousse publicó esta plancha (1921) la Conference aún no se había extendido por el continente. No sé si la ‘Conferencia’ sale reproducida en alguna otra plancha… Quizá no. A lo mejor el conde de Grantham las comía en Yorkshire. Pero lo más probable es que Claude Monet, en Giverny, comiera en enero peras ‘Anjou’, o solo compota de peras, espolvoreada de canela.

Perales Conferencia en Ponferrada. El consejo regulador de esta variedad, la más cultivada en el Bierzo, organiza una ruta el 7 de mayo para ver los perales en flor (www.peraconferenciadelbierzo.org)

Notas
(1) Ms. La Quintinie la consideraba la mejor pera del mundo. Prodigándoles los necesarios cuidados, Monsieur podía hacer llegar sus peras Bon chrétien hasta Cuaresma y servírselas a Luis XIV en su punto de madurez.
(2) En el Carrefour virtual las `Conferencia’ bio ya están agotadas hoy, 25 de enero. Entre las no-bio, ¡hay incluso blanquillas y limoneras, las peras de julio-agosto! Pero la ficha que acompaña la foto no especifica su origen, probablemente Aragón/Cataluña. En cuanto al precio: 1,59 el kilo, tiradas (= fruta que pasa meses en cámaras frigoríficas), mientras que las ‘Conferencia’ bio agotadas estaban a más de cinco euros (y no eran caras). Sobre la producción de peras en España, variedades, problemas, etc, aquí: https://www.interempresas.net/Horticola/Articulos/208480-El-cultivo-del-peral-en-Espana-situacion-actual-e-innovacion-varietal.html

Belles formes de fruitiers


Quelques belles formes de fruitiers, fotos de la Larousse agricole, fascículo 95, en el apartado taille (poda), y subapartado “poda de frutales”. Son manzanos en pirámide, en espiral simple, espiral doble y vaso alto.

A vueltas todavía con las podas de formación de bonsais (https://laramadeoro.com/2020/01/16/bonsais-sin-remordimientos/). La foto procede de un fascículo de la Larousse Agricole, uno de los siete que tengo en casa. Están editados entre 1921 y 1922. No tengo el fascículo de la “B” -o de la “bo”-, así que no puedo asegurarlo al cien por cien, pero supongo que a principios de los años veinte del pasado siglo apenas se sabía aún lo que era un bonsai, y sería remotísima, quizá inexistente, la posibilidad de encontrar uno en Europa. No sé qué hubieran pensado de ellos los (poco contemplativos) agrónomos franceses: à quoi bon?, dirían. ¿Qué producen? ¿Madera, fruta…? ¿Para qué valen entonces? Pero el principio de la “poda rigurosa para controlar el crecimiento” no les hubiera enseñado nada nuevo -¡ni por supuesto escandalizado!- pues lo aplicaban en fruticultura desde los tiempos de La Quintinie, director del Potager du Roi (Versalles), quien sistematizó y perfeccionó las antiguas técnicas de taille -en buena medida, como todo el arte jardinero, procedentes de Italia- para producir más fruta, más rápido, de más calidad, y de más fácil recolección.

A los suscriptores de esta Larousse les llegaba un fascículo por semana, que debían pasar a recoger por la librería donde hubieran formalizado el pago. En total son unas mil páginas, llenas de detalles técnicos, de dibujos, esquemas y fotografías, a los que se añade, al comienzo, un “bulletin hebdomadaire des campagnes” (consejos tipo: la alimentación de las vacas lecheras; época de siembra de los guisantes, etc). En España no teníamos nada que se le pareciera, ni de lejos.
Los fascículos encuadernados (dos tomos) se encuentran en anticuarios on-line a una precio aproximado de doscientos cincuenta euros. Pero la enciclopedia está escaneada, aquí: http://biblio.rsp.free.fr/LA/ (en el Reseau de Semences Paysanes). Aprovecho para buscar “bonsai”. Y en efecto, no hay nada entre “bonnet “(deuxième estomac des ruminants) y “book” (mot anglais signifiant livre).

Los bonsais ni siquiera eran muy conocidos cuando yo era niña; de hecho, que yo recuerde, los descubrimos como novedad en los viveros y floristerías a finales de los ochenta, quizá en los noventa.Tiempo en que aparecieron en el mercado los kiwis, por ejemplo. Las pizzas precocinadas, los yogures líquidos. Los hornos micro-ondas. Los ordenadores blancos,que pesaban un quintal, Un teléfono móvil a pilas, de marca Motorola… Y en medio de todas esas cosas, el olmo-bonsai de mi tío Fernando, que no tardó en palmar (el bonsai, no mi tío) porque todos pensábamos que, siendo tan pequeño, de aspecto tan frágil, y habiendo costado tanto (¿diez mil pesetas?) tenía forzosamente que ser mimado como una “planta de interior”.

Nota. Aprovecho para iniciar un tag / “categoría” con la reproducción de algunas páginas escaneadas de la Larousse agricole.