Alfilerillos y abrojos: estrategias combinadas para explorar y explotar Marte

Stefano Mancuso (El futuro es vegetal, Galaxia Gutenberg 2019, pp. 98-101  ) escoge  la semilla del alfilerillo (Erodium cicutarium) como modelo para diseñar un plantoide que explore los primeros horizontes del suelo de Marte. 

La larga arista de la semilla (que se parece mucho a un espermatozoide) empieza a enrollarse en función de la humedad del aire. Las cerdas presentes le ayudan a desplazarse y, en cuanto encuentra una hendidura en el suelo,por pequeña que sea, la semilla se coloca cabeza abajo. LLegados a este punto, con la punta del arpón introducida en la hendidura, los ciclos debidos a la variación de la humedad entre el día y la noche le confieren la fuerza de propulsión necesaria para penetrar en el suelo. Cada espira de la arista propulsa a la semilla más al fondo y, además, la forma de la punta hace que el movimiento de penetración sea constante (…) Para estudiar su aplicación en sondas que pudieran enterrarse a sí mismas susceptibles de ser utilizadas en misiones de explotación interplanetaria (1), se valoró la capacidad de la semilla para introducirse en distintos suelos con capacidades mecánicas similares a las de la Luna, Marte o los asteroides (…)

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Propongo yo aquí, para combinar con el tornillo-alfilerillo de Mancuso, el fruto espiralado y pinchudo (el abrojo) de la alfalfa de secano, Medicago polymorpha. Una leguminosa silvestre, anual, de flor amarilla, muy común, que veo comer con gusto a las cabras y ovejas de mi vecino Wasah. 

 

 

 

 

 

 

En Marte, como en cualquier otro planeta que tuviéramos que explorar (o explotar, vid. infra, notas 1 y 2), el alfilerillo podría perforar la tierra, sí, pero el abrojo rodaría por su superficie, como un cardo corredor (Eryngium, o similar), y la colonizaría rápidamente. Lo haría incluso con más habilidad que el cardo, pues, gracias a su estructura de acordeón circular con garfios (tipo velcro, vid. nota 3),  el abrojo iría enganchándose a todo con ahínco de pionero, y ni una tormenta racheada lograría arrancarlo de su soporte. Al cardo corredor, por el contrario, lo imagino volando sin rumbo por el sistema solar… pero también al alfilerillo si no lograra prenderse bien, nada más tocar suelo, a la primera rugosidad marciana que se topara. Este es, de hecho, el problema que parece tener el  plantoide-alfilerillo. ¿No podríamos solucionarlo combinando las dos estructuras, alfilerillo/abrojo, ambas espirales, pero una en vertical (tornillo) y otra en horizontal (velcro, con el añadido de rodante)? Yo lo veo claro. Rodando y enterrándose, rodando y enterrándose, alfilerilllos y abrojos acabarían convirtiendo el paisaje de Marte en una preciosa pradera forrajera, (explotable) de color predominantemente amarillo, entreverado de malva claro. 

(Fuentes:  iz., floravascular.com, Medicago: flor y fruto/abrojo; dcha., naturalista.mx, Erodium. El nombre “alfilerillo” se aplica tanto a la flor como al fruto, como a las semillas que van comprimidas dentro, y que cuando están maduras, a punto de caramelo, salen propulsadas ante el menor roce)

NOTAS

(1) En el texto, sic: explotación interplanetaria (p.99). Puede que sea una errata (por “exploración”, deslizándose una -t- del inglés exploration), o no, porque el original es italiano. Explorations y exploitations  (+/- explosions) a menudo se suceden.
(2) Por otra parte, el Erodium cicutarium, el alfilerillo de S. Mancuso, también les gusta a las cabras, como la alfalfa de secano. También es forrajera.  (Y llegados aquí, ¿estamos ya pensando en lo mismo, en mandar un rebaño a Marte?)
(3) https://www.velcro.es/about-us/history/  El suizo inventor del velcro  se inspiró en los abrojos de bardana que traía en el pelo su perro. Mancuso menciona  esta invención en la p.107.

Fotos de Bonifacia: zoocoria.  Boni , mi perra, lleva en el hocico los abrojos de LRO (y seguro que no pocos alfilerilllos, espiguillas, etc), alguno de los cuales quedará en el coche, cuyas alfombrillas sacudiré en un área de servicio de la A6 (cuando nos dejen subir, pronto),  y caerán entonces al suelo, y el viento las barrerá en parte hacia esa cuneta de León, donde germinarán, aunque otra parte llegará al pelo de otro perro, que ha bajado también con su dueño a estirar las patas, porque aún les queda mucho hasta Valencia, donde germinarán también… 

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