Economía circular en el jardín. 1: las bolsas de Ikea

  1. Hojas caídas, que se irán: o bien directamente al compostero; o bien a la zona de grama, para pasarles la segadora por encima, triturarlas, y después vaciarlo todo en el compostero; o bien al fondo del jardín, al pie de un ciruelo (que “Filomena” respetó más o menos), donde se acumulan palés, herramientas, regaderas…
  2. En invierno, al salir a dar una vuelta con los perros, me echo al hombro la bolsa para recoger leña – ramitas secas de almendro, de higuera, con las que encender la chimenea por la noche.
  3. Cepellón de un árbol que quiero trasplantar. La bolsa puede atarse (dobles asas, unas cortas y unas largas). Y el árbol aguanta ahí varios días.
    (4) Cuando la bolsa ya está machacada, de tanto ir y venir, se tira al contenedor amarillo. Pero a alguna todavía le hemos dado un cuarto uso: por debajo del tejadillo de la caseta de los gatos, para asentarlo e impermeabilizarlo.

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