Pequeña selección de buenas noticias (2)

Después de 70 años sin criar, nace por fin un quebrantahuesos en Picos de Europa:
https://elpais.com/ciencia/2020-03-18/nace-el-primer-quebrantahuesos-en-el-parque-nacional-de-los-picos-de-europa-en-70-anos.html
Nutrias en el Manzanares: https://elpais.com/sociedad/2019/06/20/actualidad/1561007625_268315.html
Aguila imperial, remontada en Madrid: https://www.abc.es/espana/madrid/abci-aguila-imperial-alcanza-record-parejas-reproductoras-comunidad-madrid-202002010129_noticia.html
Sección buenas ideas: «Apadrina un olivo», protección rentable del patrimonio en Oliete. https://apadrinaunolivo.org/es/recuperacion-del-olivar
Las flores del Museo del Prado, en este libro curiosísimo: https://www.abc.es/cultura/arte/abci-delicias-jardin-prado-202002142013_noticia.html

*Más dos noticias del pasado verano, que tenía por ahí traspapeladas:
El mejor té del mundo se produce en Galicia
https://www.elmundo.es/vida-sana/estilo-y-gastro/2019/06/26/5d10054afdddff6baa8b4620.html
Ejército de cabras y ovejas para limpiar el monte (desbroce sostenible y profesional)
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/somosagro/forestal/2019/07/06/cabras-ovejas-alistan-agentes-forestales/00031562444622043680923.htm

Y en LRO, albaricoqueros y perales en flor. Cinco caños de patatas ‘Mona Lisa’ plantados hace unos días y regados por la lluvia de anteayer. Crecen ajos, guisantes, habas, alcachofas. Lagartijas a carreras por los muros de piedra. Un cuco empezando a ensayar en la finca de enfrente. Los iris abiertos. Las dos albercas llenas. Una abubilla en la huerta de Miguel Manduca (ha tenido suerte: son voraces consumidoras de grillotopos). El rosado de este año -todavía en la cuba- huele bien, yo diría que a caramelo de fresa… Y para terminar, el mandarino que se fue a Saint-Louis, Senegal, metido en la maleta de mi vecino Baba, parece que ha llegado sano y salvo y ya está plantado (es el mismo de este post: https://laramadeoro.com/2020/01/29/abrigos-de-gasa/  Para que pudiera entrar en la maleta lo podamos bien y le cortamos un tercio las raíces) 

Cuern@s limpi@s

«Hace una semana que vine de Hungría con mi padre y cuatro corzos en la maleta…»
Google es una caja de sorpresas. Escribo en el buscador «limpiar cuernos», y doy con un foro de cazadores en el que un tal Patton, autor de la frase transcrita, pide consejo para blanquear y pulir cuernos de corzo. Patton no se da cuenta, me parece, de que al que lee su mensaje siempre le quedará la duda de si su padre iba también en la maleta (posible comienzo para una novela de Henning. Mankell).

Un amable taxidermista madrileño contesta a Patton. Aprovecho esa respuesta para poner a punto los cuernos del corzo que se ahogó este verano en la alberca de LRO (:https://laramadeoro.com/2019/07/23/parva-naturalia-1/).

¡Mejor VIVOS! (foto: fencaça.pt)

Mi pregunta es la siguiente -continúa Patton-: tengo los cráneos cocidos, y quería saber si es muy complicado pulirlos… Otra ambigüedad del español, porque «tengo los cráneos cocidos» (o «tengo los huesos molidos», por ejemplo) podría referirse, de hecho, a los suyos propios, como quien dice «los sesos». Pero no es el caso. Sabemos que Patton habla de lo que lleva en la maleta. De lo que se trajo de Hungría. Así que cuatro cráneos de corzo (cinco cráneos en total, si se cuenta el de su padre) pasados por agua hirviendo y después lavados con alcohol «y dos gotas de amoníaco». Así 48 horas. Después se dejan unos días al sol, mientras se va preparando la madera donde los queremos clavar; en nuestro caso, en un taco corriente de pino, pues la idea es usar los cuernos como colgador en la entrada de la cocina. A diferencia de Patton, no nos interesa pulir el cráneo; no lo tenemos entero, además, sólo un trocito de la frente, y está perfecto tal como está. Pero de querer hacerlo (¿de dónde les viene a los cazadores, a ellos precisamente, ese prurito de blancura + pulimento?): lija de 150, rotor eléctrico con disco de fieltro (a baja velocidad), y pasta de pulir, o bien «blanco de España«, producto que yo desconocía, y que -según informa el experto taxidermista del foro- se usa mucho para los alicatados del baño.
Google es, en efecto, la cueva de Alibabá. En el citado foro (corzo.info), antes de cerrar el apartado «pulido de cráneos», se nos recomiendan dos direcciones: la boutique del taxidermista -hasta aquí todo normal, aunque se adivina algo viscoso, de mucho miedo, estilo museo de Ríofrío- y un lugar de nombre novelesco, el Instituto Jungla… del que no queda ni rastro por el callejero de internet (la consulta de corzo.info es de hace trece años) pero sí una referencia en el blog de un taxidermista profesional (taxidermidades.com), que conserva para la posteridad, más bien desinteresada en estas cosas, y no sin motivo, el recuerdo del «curso de taxidermia por correspondencia» (¡Aprenda a disecar!, rezaba el anuncio) que el susodicho Instituto, sito en la calle Goya, empezó a editar en 1947 adaptando al español las Lessons in Taxidermy de un señor de Omaha, Nebraska, 1905… etcétera. (A un lado google -donde el conocimiento, infinito y caótico, se amontona al alcance de un clic impredecible, que empieza donde le dices pero termina donde a él le parece- y al otro, los fascículos primorosamente editados, cosidos a mano, dibujados a mano, que el Instituto Jungla, o la Larousse agricole, o quien fuera, iba soltando gota a gota… y ninguna gota se perdía)

 

NOTAS. Gracias a corzo.info, por los datos, y sobre todo a taxidermidades.com. Añado este aviso: el olor de los cuernos al cocerse es insoportable.
En el Palacio Real de Riofrío (Segovia, cerca de La Granja) hay un «museo de la caza» que pone los pelos de punta.
Y una precisión lingüística, que me lleva a corregir el título del post: técnicamente, los cérvidos tienen «cuernas«, que se mudan cada año, y no cuernos, que son perennes (los de las vacas). La RAE, por su parte, acepta «cuerno» para todos los casos.

Sellos de flores

» El Sr. Andrade me escribe siempre a mano. Usa su maravillosa pluma Waterman y un papel azul celeste, muy suave, que después introduce en un sobre apaisado del mismo color. Sé que en Navidades también felicita por carta a Juanito Ros (su padre murió el año pasado; por suerte para él, antes de que Venecia termine de hundirse), a Marisa, a Duveisa, a Hao (…). Lo imagino con las cartas en el bolsillo del abrigo, caminando despacio hasta la oficina de correos. Si el tiempo acompaña, el Sr. Andrade para a tomar un cafe y unas golosinas. Si está nevando, las pocas veces que esto aún sucede, sube de todos modos hasta Correos y va pisando con energía la nieve, como cuando era un niño, para oír el crujido bajo sus botas. En la última carta que he recibido -con un sello de la Confederación Helvética que representa una Hemerocallis fulva; he empezado a coleccionar estos sellos de flores para Miranda, mi hija, así que le he pedido que me envíe más- me cuenta que va dos veces al mes al mercadillo de Nyon. Que ha comprado dos platillos japoneses preciosos, de porcelana Imari (o quizá una copia, realizada en Delft o en Ansbach), por un franco suizo cada uno. Que en el lago hay muchas serretas y porrones (negros, moñudos y bastardos, especifica). Que una mañana muy temprano vio un zorro en el parque: se sostenía en las patas de atrás y apoyaba las de delante en una papelera, donde hurgaba a fondo en busca de restos de meriendas, patatas fritas con ketchup… Me cuenta que le duelen un poco las rodillas. Que le cuesta apartar la mirada de la nieve pero lo hace. Que sabe que es un hombre afortunado..

Perfiles de cebra, pp. 429-30

Camelias blancas, ahora mismo en flor.
FELIZ 2020

Tierra seca en Jalalabad

Mural pintado en honor del Dr- Nakamura, «Hijo de Afganistán». Kabul, 12 de diciembre 2019

Hace diez días, el 4 de diciembre, en Jalalabad, los talibanes, u otros como ellos pero que prefieren que se les llame de otra manera (?), acribillaron el coche del doctor y jardinero Tetsuo Nakamura, junto a cinco personas más que viajaban con él. Hoy, que por fin termina la COP25, la prensa encuentra un hueco para la noticia. El Presidente de Afganistán (Pdte. Ghani) ha asegurado durante el funeral que los responsables de estas muertes «irán con seguridad al infierno».
Esto hacía Tetsuo Nakamura: https://www3.nhk.or.jp/nhkworld/en/ondemand/video/2058552/

Y su biografía actualizada: https://en.wikipedia.org/wiki/Tetsu_Nakamura

Comienzo del fin

Vanessa cardui apurando las flores de una abelia, el mejor de los arbustos todo-terreno que se plantaron hace años entre las rocas, pegados a la casilla, a su calor, y ahora crecen solos, sin riego ni protección alguna. Queda en flor esa abelia y el rosal ‘Old Blush’, mi preferido entre los chinos, cuyas flores no dan de comer más que a las cetonias (y en primavera, con el sol en lo alto). Dos cólias -amarillo azufre, lunar negro y lunar plateado- aletean con la vanesa en torno a la abelia. Casi no se alejan de ella. Vuelan bajo, como sofocadas, se posan enseguida y pliegan las alas.

Hemos repuesto ya, para compensar las bajas de este año atroz, tres almendros (dos ‘Guara’ y un ‘Ferragnés’, de floración tardía), una higuera `Cuello de Dama’ y un hermoso nogal sin pedigrí. Quedan por plantar al menos otros cuatro almendros y tres olivos. Quedan también muchas almendras sin recoger. Hay más que el año pasado, pero pocas buenas. Las guardamos en saquitos de yute, que fueron de patatas, y vamos descascarillándolas poco a poco con un artilugio muy útil que compré en Griñón (modelo «cocodrilo»; lo tienen en cualquier ferretería; la ventaja respecto al martillo es que la cáscara no sale volando).
Crecen bien, pero despacio, las coles, alcachofas y puerros. La alberca de arriba rebosa. El pilón frente a la casilla vuelve a tener agua, y ya rebosa también, aunque más discretamente que la alberca, sobre un cauce tupido de tierra y grama que habrá que limpiar más pronto que tarde.

Hace dos días, de vuelta de poner los ajos, se me cruzó un meloncillo en el camino. Eran las tres de la tarde. Cruzó disparado, sin mirar, y se puso a salvo de un brinco entre las zarzas del otro lado. Nunca había visto uno tan de cerca (de lejos puede parecer un gato paticorto, o un hurón de buen año…) Tienen el pelaje oscuro, color chocolate, y la cabeza pequeña y puntiaguda.
No sé si veo o adivino a los alcaudones. Una pareja de plumas negras y blancas, con una gota de rojo teja.¿No deberían haberse ido? ¿Con qué otros pájaros me los confundo entonces?
Los cazadores, como cada año, han arrancado postes y carteles: propiedad privada, prohibido cazar. Ni caso. Cojo el mazo, unos carteles nuevos (fotocopias plastificadas), y volvemos a empezar. Cartuchos rojos o verdes, en los que me cabe el pulgar, aparecen entre las cepas peladas.
Al guardar la azada en la casilla me encontré una larga culebra de escalera deslizándose lentamente, muy lentamente, entre dos bloques de piedra de la pared. ¡Qué bien hicimos en dejarlos así, sin mortero! Una salamanquesa pequeña y adormilada, de cuatro o cinco centímetros, se cayó de espaldas desde el quicio de la puerta. Pero la culebra ya estaba yéndose. No la vio. Puse a la salamanquesa del derecho y la empujé con un dedo para que se metiera entre los capachos y cajas que usamos para la vendimia (el resto del año se ordenan justo ahí, detrás de la puerta).

El fin de semana pasado vino por LRO la familia de Anastasio, el anterior propietario, fallecido por Todos los Santos. Plantaron un almendro y enterraron las cenizas de Anastasio en el alcorque. El almendro crecerá en la parte alta de la finca, donde él solía poner su huerta. El valle del Tórtolas, que vierte en el Alberche, se extiende a sus pies: un ancho paisaje de encinas, olivos, viñedos, jaras. Muy a lo lejos, chalés desperdigados (urbanizaciones fantasma, en suelo rústico), plásticos de un invernadero, antenas del centro espacial de Robledo No fue nada triste. Anastasio tenía un montón de nietos, que bajaron riendo y alborotando por el camino. Cuando se despidieron subí a echar un vistazo. Añadí un tutor, del lado del viento dominante (noroeste) y protegí el tronco con un manguito de malla de plástico, muy fea, pero también muy necesaria para que los corzos no estropeen la corteza cuando vienen a frotarse los cuernos.

En quince días, a partir de ya, empezará a crecer el sol.

Cebras a lunares

Potrillo de cebra. Masai Mara, Kenia, septiembre 2019

https://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/fotografiada-kenia-cebra-lunares-vez-rayas_14719

«Manuel se levantó al día siguiente a las ocho de la mañana, feliz y descansado. Había soñado con los équidos de Cabrerets. No serían «cebras propiamente dichas», de acuerdo, porque las cebras (propiamente dichas) no tienen lunares sino rayas, se decía mientras se afeitaba. Pero ¿y en la prehistoria?, ¿qué sabemos nosotros si entonces las cebras no iban a lunares o a cuadros? La idea le pareció divertida: tendría que hacer algo con eso, en algún momento. Y también tenía que pensar más detenidamente en los animales…»

Perfiles de cebra, p.183.

Cueva de Pech-Merle, Cabrerets

Pan gallego

Foto: canal All you knead is bread / Best spanish rustic bread!

«En 2005 en las playas de nuestra zona todavía quedaba chapapote del Prestige. Yo hacía cuarto de la ESO. Con mis compañeros y profesores del instituto me había manifestado, iracunda, contra la guerra de Irak.
Creo que fue por esos años. Algunos clientes, particulares u hosteleros, habían empezado a pedir “pan gallego”, pero –insistían– pan gallego “del de verdad”. No valían las harinas estándar. No colaban tampoco los detalles decorativos para hacer “rústico” (unos cestos de castaño, unas pizarritas con los precios…).
¿En qué consistía un pan gallego, se preguntaron mis padres?
Sabíamos distinguir perfectamente un pan de Vimianzo de uno de Carral, por ejemplo. ¿Pero pan gallego? El nuestro, el de Arteixo, era como el de Carballo: tenía más miga que el de Carral, de corteza bastante dura, y una harina sin restos de salvado, menos oscura que el de Vimianzo pero sin llegar a ser blanca. Teníamos en la sala, al pie de un San Tirso de plástico comprado en los chinos (en una mano, un largo serrucho; en la otra, las Sagradas Escrituras), un anaco de las Roscas de Oseiro, bendecidas por el párroco, que se sacaban en solemne procesión el último domingo de enero y se repartían entre los vecinos al siguiente, pero que estaban elaboradas con masa morta, sin levadura, y, por muy benditas y muy gallegas que fueran, a los dos días estaban duras. Conocíamos las bolas do Porriño, y el pan de Cea, que no se parecía en nada al nuestro, y en la zona de Lugo de la que procedía el bisabuelo molinero, hasta los niños de la guardería, decía mi padre, que se ponía un poco fatuo cuando salía el tema, podrían distinguir “con los ojos cerrados” un pan de Ousá de uno de Palas, de Paradela, de Monterroso… Y así con todas las parroquias, una por una. ¿Pero pan gallego? ¿Bastaría con hacer roscas y bolas con moño –moño de verdad, no un simple pegote– como las que habían hecho en casa toda la vida? Hubo que buscar en google. Y no, concluimos, no era suficiente con darle a la masa una u otra forma para que el pan fuera “gallego genuino”. De hecho, en muchas zonas no le ponían moña a la moña… Tampoco la llevaba el “redondo gallego” del Carrefour. La clave estaba, concluimos, en la masa madre y tiempos de fermentación, en la mezcla de harinas, y en la calidad del horneado. Lo primero tenía fácil arreglo: volveríamos a las prefermentaciones largas, de toda la noche, y se haría una primera fermentación en bloque de dos horas, como mínimo, después del amasado. Masas madres había muchas en el mercado. Como la Sapore (de Puratos) que, aunque no reemplazaba a la levadura, sí le daba al pan ese “punto artesano”, ese regusto ácido que los clientes decían apreciar tanto, y que nosotros no conseguíamos usando solo nuestra masa casera (un trozo de la masa de la víspera: no había más misterio). Respecto a las harinas, ya era otra cosa… En todas las grandes harineras del país las vendían así, “harinas para pan gallego”, mezclando trigo con algo de centeno y de salvado fino. Eran harinas que se hidrataban con facilidad, se estiraban y estiraban… y hacían panes mullidos, con la textura de una chapata, que es una cosa moderna, solo un poco más firme que un cruasán. Nada que ver, en todo caso, con los “panes de antes” (observaba mi abuela, abriendo un nuevo frente), como el que hacían en Neda (“y en todas las casas”), que no tenían “tanto aire” y duraban más, un estilo bizcocho, ¡no cruasán!, más consistentes que los de ahora, porque las harinas no hinchaban tanto, porque los trigos “de por aquí”, de Meicende, de Oseiro… debían de ser distintos. Todo era un trigal entonces, trigales e agras, decía la abuela, que las había visto desaparecer a toda pastilla en los años cincuenta. Trigales donde las ferrallas del Polígono, y los últimos molinos de viento más al norte, ya en la ciudad. Pero estos recuerdos de la abuela sembraron en nosotros nuevas dudas, pues algunos de los panes tradicionales a los que acabo de referirme –esos de la zona entre Lugo y Orense– eran aún de miga densa, como los que describía ella, pero no como los que encontrábamos bajo la rubrica “pan gallego” en internet y en las webs de las tiendas de delicatessen de toda España. Indagamos un poco más. Los trigos de producción autóctona, además de caros y difíciles de encontrar, hacían harinas de poca fuerza (no hinchaban), así que, aún en el caso de poder introducir un porcentaje de esas fariñas da terra en la masa, para elaborar el “pan gallego” arquetípico (esponjoso y vendible, en resumen) el porcentaje mayor tenía que ser de harinas fuertes producidas “fuera”.
Sensibles a aquella demanda creciente, y, de un modo más general, como nos pasaba a todos, a la suave presión identitaria y ecológica –que parecían confundirse: vivamos como galegos, comamos como galegos, y no le dábamos más vueltas– mis padres tomaron entonces la decisión de instalar gas natural, menos contaminante que el carbón de las centrales térmicas; comprar un Horno Rotativo con Solera Refractaria (hornos Revent, Zurich), que hacía panes artesanos “como los de antes”; y, por último, aumentar tanto como se pudiera el porcentaje de trigo “Callobre”, autóctono certificado, pero que, siendo realistas, era todavía muy escaso (acababan de empezar a sembrarlo de nuevo, por Xinzo y por ahí, con ayudas de la Xunta) y de baja fuerza panadera. Mientras tanto, mientras esas espigas crecían y se multiplicaban, y mientras se buscaba por las cuatro provincias una improbable variedad de trigo con el pedigrí impoluto –como el referido Callobre– pero con el que se pudieran obtener harinas fuertes (¿y dónde la encontrarían, si el “pan de por aquí”, el que aún recordaba vagamente mi abuela, no las necesitaba, dijera lo que dijera google?), habría que seguir comprándole los sacos a nuestro distribuidor de siempre, un tal Arsenio, que los subía todas las semanas desde Villalobón.
Nos dieron un crédito a quince años en la oficina de ING de Arteixo. Aunque el coste de instalación del gas era prohibitivo, como el kw/h –hecha la equivalencia con el m3 de gas– era tres veces más barato que el de la eléctrica, los números salían, al menos a diez o doce años vista, y siempre y cuando se mantuviera el ritmo de ventas de aquellos años. Todo empezó a cuadrar. Y así, gracias al dinero holandés, la tecnología suiza, el gas natural argelino, la masa madre belga, y las harinas fuertes de Palencia, en verano de 2007 conseguimos hornear, por fin, nuestro primer pan gallego.«

C.C.Couto, Perfiles de cebra, pp. 133-136

Cómo partir bien un huevo

La clave: el movimiento de la muñeca y la rapidez (lo mismo que cuando se bate). Pues un huevo no es de piedra ni de madera, sino «una cosa viva con la que debemos ser compasivos. Como con la guillotina: ¡chac! Se trata de partirlo, ¡no de atormentarlo
Aquí se los compramos a Inés, una señora que tiene gallinas en casa. Varios perros  -incluso alguno de la protectora, en acogida-, equis gatos, varias cabras, y un cerdo muy querido «de los que no se comen».

Perfiles de cebra

Abril de 2019.
De vuelta en el planeta tierra. A punto para empezar con la huerta y decidida a no preocuparme más que por la falta de lluvia, o mejor dicho, por cómo sobreponerse/adaptarse a lo inevitable (precoz e interminable verano), sin renunciar por completo a los tomates ni, lo que es más difícil, perder las ganas y el buen humor.
La novela acaba de salir a la venta en internet.
Debería estar contenta… pero sigue sin llover. Sigue sin llover. Por el camino de LRO no dejo de ver encinas y enebros enfermos. ¡Sigue sin llover!  Los pantanos de la Confederación del Tajo están al 40% (o menos, según el tramo; el que nos toca aquí:
http://www.chtajo.es/LaCuenca/Paginas/CaudalEcoMini.aspx?Codes=ES030MSPF0602021)
Y si los árboles se mueren, dice Julia, con más razón que un santo, ¿de qué vale todo lo demás?.

https://www.peregrinoteca.com/perfiles-de-cebra-cristina-candal-couto.html
En versión digital:
https://www.casadellibro.com/ebook-perfiles-de-cebra-ebook/9788417564537/9483503
O kindle, en amazon.

Complemento musical:

Pequeña selección de buenas noticias (1)

El hombre que detuvo el desierto:
https://www.20minutos.es/noticia/3450062/0/nobel-alternativo-sawadogo-burkina-faso/

Semillas de algodón germinando en la cara oculta de la luna:
https://elpais.com/elpais/2019/01/15/ciencia/1547542171_994570.html

Reforestando China: https://elpais.com/sociedad/2018/09/28/actualidad/1538136968_740260.html

Plogging: correr y recoger basura (sin tropezar y partirse los dientes):
https://www.lavanguardia.com/natural/20180309/441353224077/plogging-deporte-ejercicio-basura-ecologia-littering.html

Cultivos en el cielo de Hong-Kong:  http://www.elmundo.es/vida-sana/bienestar/2018/05/03/5ae325c422601dd5798b45c3.html

Fuera eucaliptos: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2018/03/13/xunta-bonificara-retirada-eucaliptos-500-euros-hectarea/0003_201803G13P7991.htm

Un lobo marino sano y salvo: https://www.lavozdegalicia.es/noticia/carballo/muxia/2018/03/23/lobo-marino-rescatado-muxa-mes-pone-rumbo-aguas-irlanda/0003_201803C23C6995.htm#

La isla de El Hierro, 100% renovable: https://elpais.com/internacional/2018/03/26/actualidad/1522044301_177241.html

Bat-friendly tequila: https://elpais.com/elpais/2018/04/02/ciencia/1522661342_516899.html