Avatar de Desconocido

Acerca de ccoutodafonte

1968, La Coruña. En la Comunidad de Madrid desde 2005. Sector: jardinería. Blog: www.laramadeoro.com.

Coles Goldberg

col chinaBrattleboro, hacia 1985. La pianista Zhu Xiao-Mei, exiliada china en los EEUU,  trata de salir adelante trabajando en lo que puede (baby-sitter, camarera, profesora de solfeo, empleada de hogar…) . Ya ha hecho algunos contactos, también en Europa. Pero no tiene dinero, ni visado, y su edad ya no es la de una principiante (anda por los 35). Xiao-Mei busca trabajo sin descanso. Aprovecha cada minuto libre para estudiar a Bach.

“…Lo que sí sabía es que acababa de hacer el descubrimiento musical de mi vida. Las Variaciones Goldberg llenaron desde entonces mi existencia. Todo está en esa música: se puede vivir sólo con ella. La primera variación me da coraje. La segunda me hace sonreir, y cantar la tercera…danzar la vigésimo cuarta, con su aire de polonesa…meditar la número quince, y la veinticinco…
Después llega la última variación, la número treinta,  ese famoso “Quodlibet” , que me parece una especie de himno a la gloria del mundo. Cuanto más la trabajo, más me conmueve. Bach, al mezclar dos canciones populares –formando con ellas la osatura de la variación- alcanza la cima de su arte: lo profano da nacimiento a lo sagrado, como el más sabio contrapunto hace nacer la simplicidad más absoluta. Un día descubro el título de una de esas dos canciones populares utilizadas en esta variación: “Coles y nabos me han hecho huir/ si mi madre hubiera preparado carne, me habría quedado más tiempo…” (“Kraut und Rüben haben mich vertrieben..”). ¿Qué vienen a hacer las coles a esta variación sublime?.  Al mismo tiempo, ¿cómo no pensar en esas coles de Zhangjiako que teníamos que ir a cosechar a los campos, y que yo encontraba día tras día en mi escudilla?. Es un signo del destino. Todavía hoy, cada vez que escucho esta última variación, veo aparecer delante de mí las áridas y mortecinas extensiones de Zhangjiako…(1)”

Zhu Xiao-Mei, La rivière et son secret, Ed.Laffont, Paris  2007, p. 266

NOTAS
(1) Xiao-Mei, pasó cinco años de su vida (de los 20 a los 25) en diferentes «campos de reeducación» de esta región, al norte de la provincia de Heibei, en la Mongolia interior. La Revolución Cultural puesta en marcha por Mao en 1968  prohibió todo contacto con la cultura occidental, incluída la música clásica, y sólo al final, en el último de esos campos de trabajo, cuando ya las consignas maoistas empezaban a aflojar,  Xiao-Mei y sus compañeros se las apañaron para hacerse con un piano y  conseguir algunas partituras.

La col de la foto es una Brassica campestris L. pekinensis, que aparece en los catálogos de semillas como «pe-tsai». Tiene un aire con las lechugas romanas, pero es una col. Una col china.

Gran Hermano en la huerta

caemEl CAEM (Comité de Agricultura Ecológica de Madrid) envía todos los años por estas fechas unas tablas en blanco que  cada agricultor (por pequeño, liliputiense que sea) debe rellenar, firmar, y reenviarles. Hay que declarar lo que tenemos pensado plantar/sembrar esta primavera.  Hay que anotar de dónde procede todo lo que se mete en las huertas: el mantillo, el estiércol, todas y cada una de las semillas, obligadas a tener «los papeles» en regla, es decir, con el correspondiente certificado de producción ecológica. Entre junio y agosto un inspector se pasa por LRO para echar un ojo, comprobar si se ha puesto algo que no haya sido declarado, añadirlo a la tabla, revisar los albaranes/facturas de compra, e incluso llevarse una muestra vegetal (o de tierra) para analizar.  Si todo está en orden, te enviará sellado tu propio certificado, de validez anual.  Hay un comité en cada comunidad autónoma, con un logo muy parecido, y supongo que todos funcionan poco más o menos de la misma forma.

coles diciembreAlgunos compañeros (amigos,  finalmente) no han soportado mucho tiempo la presión del CAEM. Ni el papeleo, ni las tasas (unos 120 euros/año, en mi caso), ni el que te anden siempre chinchando con las plantas-sin-papeles, las «fuera de la ley» (esa alcachofa que te regaló un vecino, esas semillas de judía que te trajiste de Orense…). Muchos de ellos piensan que la agricultura ecológica a pequeña escala debiera ser más familiar. Pero ¿entendemos todos lo mismo por  «familiar»?. Otros dicen que «la certificación no significa nada», que un tomate sin papeles puede ser más ecológico que el que sí los tiene, y que, además, ¿quién certifica al certificador?.
Yo sólo les entiendo hasta cierto punto. Me cargan tanto como a ellos esos inspectores que se ponen pesados, pesados, pesados…. cuando, por ejemplo, les falta un albarán de un árbol frutal, sabiendo como saben que aquí no existe la posibilidad de comprar frutales con certificación ecológica, y que pedirle el DNI a ese árbol, por tanto, es como pedirle, no sé, una partida bautismal. Todos los árboles frutales son producidos en viveros de agricultura convencional. De modo que el inspector sólo quiere ese albarán/factura (de un vivero convencional, insisto) para cumplir con el paripé burocrático: tener completo el dosier de todos los agricultores registrados, sin que se les escape ni media lechuga. Pero que el inspector sea un cansino, o que en el sistema haya rendijas para que los tramposos se cuelen, no me acaba de convencer como argumento para cargar contra la certificación. Lo de la «huerta familiar», como lo de las pizzas «caseras», los tomates «naturales», o aquella butifarra  que hacía el abuelo en la masía…. a mí me suena a música celestial.
Si sólo vendes a tus vecinos y a tus amigos, que conocen tu huerta y (sobre todo) te conocen y aprecian a tí,  la cosa cambia: yo tampoco andaría pagando tasas sin necesidad. Es el único argumento que entiendo bien. Pero lo que no me parece discutible es que un cliente cualquiera, ese señor que se acerca a tu puesto en el mercado o te llama por teléfono, y que no te conoce de nada,  tenga perfecto derecho a saber  qué va a comprar –qué exactamente, sin rodeos-  cuando le aseguras que tus patatas son «ecológicas». La respuesta, en mi opinión, ha de ser muy rápida: lo que usted está comprando es un producto que cumple el Reglamento 834/2007 del Consejo de Europa, y el 889/2008 de la Comisión, según certifica (con el correspondiente sello anual) ese inspector pesadísimo que me está respirando en el cogote desde que echo la semilla  hasta que regreso del mercado.

Para rellenar las tablas del CAEM utilizo como chuleta mis propias tablas, en las que sólo anoto lo que se va cultivando año tras año (sin los otros datos que pide el CAEM), para no perder el hilo de la rotación. Aprovecho este post para adjuntar esta tabla simplificada. Algunas cosas pueden parecer extrañas; por ejemplo, que en una de las huertas a unos calabacines (2013) sigan unas berenjenas -contraviniendo la sucesión básica, que pediría cultivo de hoja o de grano, detrás de uno de fruto-. Pero es que sobre el terreno todo son variables: si pusiera esas berenjenas donde realmente les toca, no tendrían suficiente sol para florecer así que, en este caso, me conformo con hacer una sucesión por familias (excepcionalmente, solanácea seguirá a cucurbitácea…), mediando un estercolado generoso y un  barbecho de seis meses, etc. A ver cómo va. Sobre la asociación de cultivos: https://laramadeoro.com/2012/03/16/romance-del-bio-huerto/ .
Y para las tablas anteriores:  https://laramadeoro.com/2012/02/04/rotaciones/

HUERTAS 2014

 

Querida lombriz

No sé muy bien cómo te llamas, si eres una Eisenia o una Lumbricus o una Eudrilus…  (veo en los foros de internet que hay debates muy encendidos entre los partidarios de unas y otras; yo diría que eres una Lumbricus, pero cualquiera se atreve). Estás en los composteros y en la tierra de debajo de las macetas y tablones. En la hojarasca, en los montones de grama que dejo entre las piedras, en el acolchado de paja de la huerta. Estás bajo la cubierta de estiércol de oveja con la que cubro en invierno parte de los restos de acelgas, puerros, lechugas, pero también en los montones descuidados de plantas que no se reciclan (no expresamente), como las tomateras o las coles, tan propensas a pillarlo todo. Querida lombriz,  tú haces que la tierra parezca couscous. Oxigenas las raíces, lo limpias todo.  A veces, después de una lluvia, te encuentro en la calzada jugándote la vida, como esas gallinas insensatas que andan a su aire por las cunetas y cruzan por donde les parece. Si todavía no te ha pisado alguien, ni te ha comido un pájaro, ni te ha atropellado una bici…te recojo y te devuelvo al pie de un árbol, a seguir haciendo tu trabajo. Date cuenta, queridísima lombriz, de que sin tí no habría huertas. Eres por lo menos  tan importante como el agua y como el sol.   Te llames como te llames, me consta que eres una lombriz competente. Ni se te ocurra marcharte. ¿Dónde  ibas a estar mejor?. Aquí no te ha de faltar nunca de nada. Tendrás comida sana y variada (dieta mediterránea), humedad, calor, buen trato…

Pan de tierra

cepellon compactoNo viene como tal en el diccionario de la RAE, ni en el María Moliner, pero “pan de tierra” es palabro cierto,  usado en lugar de cepellón para referirse al pegote de tierra y raíces que sale de la maceta cuando vamos a plantar un árbol, o un geranio, o una lechuga…  «Cepellón»  es pariente de “cepa”, y también de “cebolla” (¿cebollón?), imagen que  recuerda al simple “rootball” de los ingleses, la primera traducción que uno encuentra al buscar la palabra en google. Puede que “pan de tierra”, en su sentido literal,  sólo se refiera  al parecido del cepellón con  esas bolas de harina, levadura y agua amasada que el panadero mete en el horno, como nosotros el árbol en el agujero de plantación.  Pero  las raíces húmedas que sostienen la tierra (las raicillas más finas, en realidad), se parecen en más cosas al pan: tienen miga, como él,  son buenas y nutricias.

abrir un poco el cepellónA veces  el árbol ha estado demasiado tiempo en la maceta. Las raíces han devorado el sustrato y empiezan a dar vueltas y vueltas, como perdidas, formando una especie de moño cada vez más compacto. Hay que sacarlas de ahí enseguida. Abrir el cepellón con los dedos, si se puede, o con un tenedor, o unas tijeras limpias, si la tierra está dura y las raíces enrabietadas. Estas de la foto son de un manzano, plantado hace un mes.

En LRO ya no gastamos un duro en abonos  ni  andamos achuchando a los árboles como hacíamos al principio.  Nos hemos acostumbrado a su  parsimonia, qué remedio,  y asumimos  como cosa normal un cierto número de fracasos.  A cambio, conocemos mejor el suelo que pisamos;  nos aventuramos menos (…atrás quedó el tiempo de los locurones, como el de esos vecinos «permacultores» de Pelayos, que han plantado feijoas, guayabas, frambuesas…entre olivos y chaparros)  y escogemos más calmadamente el lugar donde se va a plantar cada árbol. En este rincón donde hemos plantado el manzano, por ejemplo, un muro de piedra mantendrá sus raíces   a la sombra a mediodía.  La tierra es algo más pesada que en otras zonas de la finca. Encharcadiza, pero sólo a ratos. Pienso que un manzano, o incluso un ciruelo, debieran estar pasablemente contentos ahí.  Le hemos  mezclado un poco de mantillo casero con la tierra de arriba,  y hemos regado bien  antes y después de la plantación. Lo seguiremos regando en verano un par de años,  vigilaremos a los pulgones, a los conejos que vienen a roer la corteza…  pero si eso no bastara para que el árbol arraigue y despegue ( y demuestre que puede vivir por su cuenta, haya  o no alguien cerca para mimarlo), entonces le dejaremos ir, sin retenerlo un minuto más.

Higos negros de Liotard

Liotard, figues noirs et poiresJean-Étienne Liotard pintó este cuadro a los 80 años.  Vivía entonces en una  gran casa de campo próxima a Ginebra, su ciudad natal, a donde había vuelto después de toda una vida rulando por las cortes de media Europa, desde Constantinopla hasta Londres, pasando por Versalles, La Haya, Viena.
Liotard ha retratado a reyes, emperadores, aristócratas y buenos burgueses.  Ha conseguido reunir un cierto capital. Vive tranquilo, retirado en la aldea de Confignons, y, al decir de algunos, reintegrado a la religión calvinista de sus padres (refugiados hugonotes, como tantísimos otros, a los que Ginebra debe su buena fama  hortícola y viticultora). Liotard tiene un hermoso jardín. La vista, más allá de los muros, es un paisaje de viñedos y frutales. No sabemos realmente lo que Liotard pensaba entonces, si echaba de menos o no las recepciones en el Hofburg,  las soirées en las Tullerías, o los reflejos de la luna sobre las aguas del Bósforo… Sí sabemos, en cambio, porque él se preocupó de hacérnoslo saber, que un día de agosto o septiembre, ya muy anciano, contempló un puñado de higos sobre la mesa y sintió la necesidad loca de pintarlos, es decir, de hacer que perdurasen en el tiempo. Higos de montaña, llamados «higos Nordland», de piel morada o violeta, casi negros, muy plantados junto al  lago Lemán y más al sur (sureste), en el Valais, tierra de albaricoques, ciruelas, manzanas y peras… Los higos Nordland aguantan hasta -15 grados bajo cero, incluso un poco más si la tierra drena perfectamente y la higuera está plantada en empalizada, contra un muro orientado al sur.  Quizá fueran también Nordland, o de alguna variedad parecida, las higueras que hizo plantar en su palacio de Potsdam Federico II el Grande, protegidas por aparatosos bastidores de madera y cristal.
Los higos de Liotard, sin embargo, tenían que ser para él algo más que una fruta sabrosa. Los pintó con la misma aplicación, la misma consideración, con la que años antes había pintado al Delfín o a la Emperatriz de Austria. Quizá más. Como los claveles y lilas que pintaba Manet al final de sus días, o los bodegones esquemáticos del casi nonagenario Renoir ( el pincel atado con vendas a su mano derecha, petrificada por la artritis), pintar flores y fruta a las puertas de la muerte  tiene mucho de acción de gracias, o mejor, de silenciosa declaración de fe:  fe en la vida tal cual la vemos y deseamos todos, creyentes o no, sin necesidad de sobreponerle mensajes cifrados.  Junto a los higos Liotard pintó también dos peras y un trozo de pan, una servilleta bien doblada y el mango de un cubierto, todas estas cosas con una perspectiva extraña, forzada, quizá con la intención de ver más y mejor (todos los puntos de vista a la vez) y de ayudarnos a nosotros – amigos lejanos-  a  mantener viva su admiración.

NOTAS

Sobre la (presunta) relación entre el despojamiento de estos bodegones tardíos y los austeros valores calvinistas:  Cl.Sttoulling,  «Natures mortes», p.110, apud Jean-Étienne Liotard dans les collections des Musées d´art et d´histoire de Genève. Somogy Ed., Paris 2002. A saber si esa relación estaba en la cabeza del pintor (además de en la del crítico del s.XXI). Lo único que nosotros vemos es esto: media docena de higos y peras en sazón, que un hombre ya muy mayor acaba de ordenar amorosamente sobre la mesa.

Para el que tenga interés en el cultivo del higo allende los Alpes, adjunto el enlace a un forum muy chusco que acabo de encontrar, y que se abre con el comentario de un «fig fan from Germany» (sic),  sorprendido al enterarse de que hay higos en Prusia:  
http://forums.gardenweb.com/forums/load/fig/msg1015515611539.html?13

En los terrenos del «château» de Confignon (la que fuera casa de Liotard) se siguen cultivando viñas y frutales.  Una enorme higuera crece a pocos metros de la parada del tranvía.

Trasiego

Continuación de «Vino casero en cinco pasos (más o menos)»:  6 (trasiego)

Paso anterior: https://laramadeoro.com/2013/12/02/duermevela/

trasiego1Resumen: en idénticas condiciones de temperatura durante noviembre y diciembre, el vino de la cuba de acero hizo la maloláctica y el vino de la cuba de plástico  (*recordemos que aquí se nos fue la mano con el metabisulfito) NO la hizo. 

El pasado siete de enero trasegamos el vino. Utilizamos una pequeña bomba y dos tubos de plástico: por uno sale el vino de la cuba de acero y por el otro entra en un barreño provisional, en el que se queda mientras limpiamos la cuba en el jardín, retirando por segunda vez el fango del fondo (levaduras muertas o «lías»; las primeras que «cayeron» se retiraron en octubre, pero como la fermentación seguía… las levaduras también). Hemos aprendido algunas cosas. Por ejemplo, que al devolver el vino a su sitio es bueno poner el dedo pulgar en la salida del tubo, como si fuera una manguera, para que salga con más presión y se forme espuma, es decir, para que el vino se airee bien y pierda malos olores. Con esto del trasiego hemos oído, sin embargo, opiniones contrapuestas. Hay quien es muy partidario y hay quien no.  La solución de compromiso ha sido hacerlo, trasegar…pero sin marear demasiado el vino, tan sólo una o dos veces a lo largo del invierno (las cubas están herméticamente cerradas el resto del tiempo).  Repetimos la operación con el «vino malo», el de la cuba de plástico, y aprovechamos todo este trajín para echar un poco del vino bueno en la otra cuba. ¿Cabría la posibilidad de que en ese vino bueno fueran bacterias de la maloláctica, y ayudaran a la arrancada en la cuba de plástico, la que no «malo-fermentó» todavía...?. Si la fermentación maloláctica de la cuba de acero ha terminado del todo (como así parece indicar la última cromatografía), no es probable que queden bacterias. Pero… ¿y si quedara alguna rezagada?. No se pierde nada por intentarlo.
Respecto a las temperaturas, ya se ha retirado la calefacción, pues no se le va  a estar pagando a Iberdrola porque sí. Además, el vino de la cuba de acero ahora necesita enfriarse.  Un buen amigo de la D.O. Monterrei nos recomienda, como alternativa a la calefacción general, ponerle a la cuba  de plástico un pequeño calentador de acuario. Lo haremos (ya está localizado el calentador) pero quizá un poco más adelante, cuando pase lo más crudo del invierno, para que no tenga que hacer todo el trabajo ese cacharro, pues la temperatura exterior de la fresquera donde están las cubas no va a subir por ahora de 6-8 grados (en el mejor de los casos). trasiego2Cuando fuera estemos a 15, enchufamos el calentador de acuario y subimos la temperatura del vino malo a 20-22, a ver si así se decide…  En una bodega del pueblo donde hacen un vino muy rico (no me refiero a la cooperativa, claro está; ya he contado en otro post que el vino peleón de la cooperativa se manda facturado a la China)  también se esperan al inicio de la primavera para darle una segunda oportunidad al vino cuando no ha hecho la maloláctica  rápidamente, esto es, a continuación de la fermentación alcohólica.
Otra cuestión que se plantea después del trasiego es saber cuál es el «estado de salud» del vino  casi cuatro meses después de encubarlo. Lo que hay que medir para saberlo es esto: la acidez total (gramos de ácido tartárico por litro), la acidez volátil (ácido acético, el que estropea el vino, avinagrándolo) y la mayor/menor presencia de «sulfuroso» (el propio de la uva al fermentar, más el que se ha desprendido del metabisulfito que incorporamos, parte del cual escapa al trasegar…lo que no sería mala cosa -entiendo-  si hubiera SO2 en exceso). Para tener todos estos datos hemos llevado una muestra del vino al IMIDRA (Instituto Madrileño de Investigación Rural y no sé qué más). Los resultados acaban de llegar, esta misma mañana….

(Continuará)

Manual de heridas (2)

herida pinoNo todos los árboles sangran igual. Las maderas de una conífera y de una frondosa son distintas, como distinto es el sistema de tuberías que en cada una de ellas llevan y traen la savia. A primera vista se parecen, sobre todo cuando el árbol es joven,  pero no, las maderas no son iguales. Tampoco las heridas lo son.

 Paso el dedo por todas las heridas del pino  recién podado: unas lágrimas espesas empiezan a salir ya, perlando la periferia del corte. Si fuera primavera, y si el suelo estuviera saturado de agua, no saldrían cuatro lágrimas sino un llanto desconsolado.
La herida de esta conífera no se cerrará con ese callo perfecto y limpio (esa rosquilla de savia y cosas buenas) que cierra enseguida las heridas de las especies frondosas… pero eso no significa que la madera vaya a pudrirse. No hay cuidado. El árbol produce  resinas, aceites, ceras, gomas variadas y tóxicas (para los insectos y hongos xilófagos)  que untarán, pringarán y taponarán cualquier ventanuco que quede abierto. Será como pasar una bayeta con detergente por todas las habitaciones. Por eso la madera de conífera resiste mejor las pudriciones, aunque la herida tarde en cerrarse. Por eso -dicen los libros- eran de cedro los barcos fenicios,  o  de sabina  los galeones  que Felipe II mandó tontamente a la Pérfida Albión…y que ahí siguen, en el fondo del océano, cuatro siglos después de naufragadas.

Hace tiempo me enseñaron  (1) en qué consistía la poda rutinaria de las coníferas: rectificar la guía cuando se echa a perder por accidente; aclarar las ramas cuando la copa se cierra mucho, y, por último, el refaldado. Refaldar un abeto o un cedro  es una indignidad. Un enorme abeto refaldado es como un anciano  al que  obligaran a andar en pantalón corto.  Yo sólo lo haría  en caso de fuerza mayor, ¡y protestando mucho!. Es decir, sólo si me dicen que la alternativa es apear el árbol.  Refaldar un pino piñonero o un pino carrasco, en cambio,  sí puede estar justificado. En la naturaleza – en un pinar-, las ramas bajas del pino se van secando solas a medida que unos y otros árboles medran, luchando por la luz, que cada vez llega con más dificultad a la parte baja. Pero cuando el árbol está aislado (y en una zona tan seca, donde no hay agua ni nutrientes para todo: para crecer en altura y en volumen a la vez), las ramas  bajas engordan desde muy pronto y el árbol se queda rechoncho. En LRO hemos plantado algunos pinos piñoneros. Las ramas crecen piso a piso, sobre todo estas primeras; después, cuando el árbol madure, se perderá esa simetría radial que todavía tienen, y habrá menos diferencia entre las ramas cerradas de la parte alta y las más abiertas/horizontales de abajo, que por ahora tienen que seguir sometidas al tirón de la yema terminal (la que manda aquí). Estos pinitos de la foto se plantaron hace cuatro años. No se han regado prácticamente nunca, y por eso crecen tan lentamente. El pasado mes de octubre me pareció que ya era tiempo de retirar el primer piso. El “rez-de-chausée”. Los pinos crecerán más,  todo lo derechos que les permita el viento, y las heridas -que son pequeñas, de no más de cuatro o cinco centímetros de diámetro-  se irán cerrando muy poco a poco, cubiertas de resina endurecida.

pino piñonero de 6 años   sin el primer piso

NOTAS.

(1) F.Gil-Albert, La poda de los árboles ornamentales, Ed.Mundi-Presa, bueno como introducción. Con  información mucho más actualizada:  Medioambiente y espacios verdes, V.V.A.A.. Ed.Uned 2013. Para consultas de casos prácticos: www.arbolsano.com.

¡Crece!

melocotonero Van Gogh«Señoras y señores, fieles amigos, ahora esta servidora hará el número de  ‘La plantación de un melocotón’. Pero antes de ello vamos a abrir el número con una cita del presidente Mao: ‘Nuestra literatura y las artes sirven a los trabajadores, campesinos, y soldados‘. Entonces cogió el hueso de un melocotón del suelo, lo plantó en un terreno fértil y escupió un buche de agua encima. «¡Crece!«, le ordenó. Quién iba a decir que un brote de melocotonero de un rojo brillante iba a salir de la tierra. Cada vez era más y más alto, hasta que se volvió un árbol hecho y derecho. Entonces la multitud observó cómo brotaban las flores en las ramas y los melocotones empezaban a crecer. En cuestión de segundos estaban maduros, y eran de un color blanco hueso. Si los mirabas con atención parecía que unas diminutas bocas rojas salían del tallo. La chica cogió unos cuantos melocotones y se los dió a los espectadores, ninguno de los cuales se atrevía a probarlos. Con la excepción de un niño, Yu, que le cogió uno de las manos y lo devoró. Cuando le preguntó que qué tal sabía él contestó que delicioso. La chica volvió a invitar por segunda vez a los espectadores a que los probaran, pero de nuevo, simplemente, permanecieron ahí de pie con los ojos fuera de sus órbitas, tan impresionados que ninguno se atrevía a probarlos. La joven suspiró y con un movimiento de mano hizo que el árbol y los melocotones desaparecieran, dejando tan sólo el espacio de tierra vacío…»
(Mo Yan, La República del Vino, Ed.Kailas, 2012, p.238)

NOTAS
Vincent Van Gogh pintó este melocotonero a mediados de marzo de 1888. El cuadro está en Amsterdam, pero el árbol que le sirvió de modelo estaba en Arlès, en uno de los vergeles que entonces rodeaban la ciudad. «Bien ves -le escribía a su hermano Théo-  que los melocotoneros rosas han sido pintados con cierta pasión...».
Entre diciembre y febrero se plantan los frutales en el hemisferio norte, siempre que la tierra no esté helada ni sople fuerte el viento.  En LRO se han plantado esta semana («¡creced!») un cerezo, un albaricoquero, un caqui, un granado, dos ciruelos y un melocotonero.

A las truchas del malecón/no les gusta el hormigón

ribera junto al malecónNuestros corresponsales en la provincia de Lugo nos acaban de hacer llegar el texto que reproduzco a continuación. Los alisos del río  Sarria  empezarán a ser talados esta semana para proceder al encauzamiento del río (completamente inútil en este tramo, como se explica más abajo).  Las obras previas se iniciaron en vísperas de Nochebuena,  poco después de dar su bendición las autoridades. Pero explicar las cosas (¡despacio y bien!), y no digamos movilizar a la gente, es trabajoso y lento… mucho más lento, desde luego, que mandar unas palas excavadoras a destrozar la ribera del río. Se están recogiendo firmas para detener la tala de los árboles, la destrucción de los nidos de los martines pescadores, los mirlos acuáticos…Es un poco loco pedir firmas a estas alturas, pero ¿qué otra cosa se puede hacer?. Por favor, lean ustedes con atención el texto que sigue y firmen, si están de acuerdo, la petición:

«A finales de 2013 se ha iniciado la ejecución del proyecto de encauzamiento del río Sarria a su paso por la localidad del mismo nombre en la provincia de Lugo.

El plan de encauzamiento contempla una agresiva intervención sobre la configuración (movimientos de tierras) y la vegetación (tala masiva de árboles) de las riberas, islas y presas del río en la zona afectada por esta primera fase del proyecto.

El río Sarria discurre acompañado por un bosque de ribera formado principalmente por alisos (Alnus glutinosa) que, tal y como se constata en el propio proyecto (pág. 13 del Anejo 21, “Documento ambiental”) “posee gran valor ambiental”. Esta vegetación de ribera se encuadra en el hábitat prioritario 91E0 (Bosques aluviales de Alnus glutinosa y Fraxinus excelsior).  Incluso en el tramo urbano, el río Sarria conserva una vegetación arbórea autóctona considerable y en buen estado.
Pues bien, a partir del 8 de enero se iniciará la tala de 178 árboles que forman parte de ese bosque de ribera de reconocido valor ambiental y paisajístico y, a continuación, el movimiento de tierras que tendrá por resultado la modificación del cauce y la destrucción de parte de las riberas e islas.
La “Plataforma sarriana polo río”
(https://www.facebook.com/salvemosoriosarria?ref=stream)  está recogiendo firmas para apoyar una solicitud dirigida a la Confederación Hidrográfica Miño-Sil y al Ayuntamiento de Sarria a fin de que se paralicen las obras, en particular, la inminente tala masiva de los árboles de ribera, y se consideren alternativas al actual proyecto. La petición puede ser firmada en este link:

https://www.change.org/es/peticiones/confederaci%C3%B3n-hidrogr%C3%A1fica-mi%C3%B1o-sil-concello-de-sarria-unha-pr%C3%B3rroga-que-permita-a-reconsideraci%C3%B3n-do-plan-de-adecuaci%C3%B3n-de-cauce-y-ordenaci%C3%B3n-de-m%C3%A1rgenes-de-los-r%C3%ADos-sarria-y-celeiro-1a-fase

muiñoEl objetivo declarado del proyecto de encauzamiento es reducir el riesgo de inundación en la villa de Sarria. Sin embargo, ¿justifica tal objetivo una intervención tan agresiva? Desde 1890 Sarria ha sufrido una gran riada en el año 1909 y otras tres o cuatro de menor intensidad que causaron la entrada de agua en los edificios más próximos al río. ¿El reducir la frecuencia o los efectos de esas inundaciones, ya que no es posible eliminarlas, compensa el coste en términos medioambientales y paisajísticos, y también económicos, de este proyecto? La intervención proyectada sólo tendrá efectos limitados sobre la reducción del riesgo de inundaciones. Tradicionalmente el río se sale de su cauce aguas arriba y llega al pueblo atravesando los terrenos de labor o prados y vegas inundables naturales que lo bordean. En lugar de constituir una protección, la elevación artificial de la ribera del río que resultará del movimiento de tierras contemplado en el proyecto, el levantamiento de barreras adicionales, podría, por el contrario, en caso de inundaciones excepcionales, dificultar el desalojo de las aguas, agravando así los daños. La “Plataforma sarriana polo río” argumenta que cierto número de intervenciones menos agresivas, bien localizadas, probablemente con menor coste económico, contribuirían sin duda a reducir el riesgo de inundación sin necesidad de destruir la riqueza medioambiental y paisajística de las riberas e islas del río Sarria. Y no solo la vegetación y el paisaje se verán afectados por este proyecto. La destrucción de elementos del patrimonio cultural, como el llamado “Ponte de Ferro”, construido en 1890, no ha suscitado ninguna reacción de las autoridades encargadas de su protección.»

995023_642435729127921_1447078089_n

ADDENDA, día 20 de enero:
Adjunto fotos sobre el estado actual del río y el estado futuro de llevarse a cabo el proyecto. Las superficies pintadas de verde claro en la foto 2 , y que reemplazan a las frondosas copas de los árboles actuales, se corresponden mayoritariamente con zonas de cesped. Harían falta muy buenos argumentos (¡y aquí no los vemos por ningún lado!) para acabar con un bosque de ribera maduro, con tantas décadas de vida a sus espaldas.  Más información, en la web de la «Plataforma sarriana polo río»:
2Perimetro_actuación   4Estado futuro

Al principio fue la avena

0- fresa-9dic2006Se entra en LRO por un camino en pendiente que pasa por encima del antiguo cauce de aguas pluviales. Este repecho de la entrada vió por última vez un arado a finales de noviembre de 2006, unos días después de comprar la finca. A principios de diciembre, ya con el invierno pisándonos los talones, Anastasio nos ayudó a sembrar  una mezcla de avena (que compramos en el almacén de `piensos del pueblo) y de alfalfa (que tuvimos que encargar, y que en parte fue responsable del retraso  en la siembra).   Como Anastasio araba en la dirección de la pendiente, y fue inútil tratar de convencerle de que lo hiciera al revés, a continuación tuvimos que pasar una «mulilla» en la dirección contraria (foto), con la idea  de reducir la escorrentía.  No fue grave la cosa. A pesar de haber sembrado tan tarde y ya con el frío encima, la semilla germinó, y en abril daba gusto ver aquella pelambrera de color verde cubriendo la pendiente hasta el camino. En otros lugares de la finca, más expuestos, se sembraron cebada y yeros. Y en la pradera de abajo (otra historia, para otro post), un saco de semillas silvestres.  De todas esas siembras del primer año la mejor fue ésta, ésta que cuento ahora, la avena y la alfalfa de la entrada. Ya a principios del verano segamos con la hoz una parte de aquel herbazal y lo usamos como acolchado para moras y frambuesas (entonces en su mejor momento; hoy ya han pasado a mejor vida, véase el post «Adiós a las frambuesas»).  Una banda de tórtolas vino a dar cuenta de la semilla caída. Se esperaban quietecitas en el alcornoque del vecino (ese árbol precioso de la primera foto, del otro lado del camino) y en cuanto la furgoneta desaparecía al caer la tarde… ¡zás!, ellas salían de la copa y se llegaban a la avena.  A mediados de agosto la avena  se secó, pero la alfalfa sí sobrevivió a la calorina, con sus raíces como tenazas agarradas a la tierra. Las ovejas de Miguel, el pastor, vinieron a rematar esa alfalfa  siempre verde y los pocos granos que las tórtolas habían dejado entre la paja.
Y pasó el otoño, y pasó el invierno. Y plantamos una docena de almendros, de los que, seis años después, sobreviven la mitad, ni se sabe muy bien cómo.  La alfalfa, leguminosa vivaz, sigue brotando cada año. Ya he contado en otro lugar que un vecino viene a segarla, por poca que sea, para dársela a sus conejos.  En la primavera del 2008, aunque no se había repetido siembra alguna, incluso la avena volvió a salir, para sorpresa de todo el mundo, gracias al puñado de semillas que habían escapado a los pájaros, ovejas, hormigas, ratones…marzo 09,todavía avenaUna mañana de marzo, mientras yo almorzaba bajo el sombrajo de la casilla, se acercó una vaca negra -de las que suben en invierno a esa finca del alcornoque- y ahí se estuvo varias horas, regalándose con aquella verdura fresca, hasta que se hartó y se volvió a casa.
En el año 2010 pusimos finalmente la primera de las «huertas de la entrada». Para entonces el pastor estaba ya muy mal de la espalda (y las rodillas). En vez de venir hasta allí las ovejas, iba yo al «tinao» a recoger estiércol. También hemos hablado de esto en otros posts. Bueno. Gracias al «abono verde» de la avena y la alfalfa, a la recuperación de la cubierta vegetal y al fin de la erosión, todo ello acompañado de sacos de estiércol y bastante paciencia (mezclada con vagancia)… la tierra se recuperó. En el 2012 se puso una «segunda huerta de la entrada», para ir alternando los cultivos y tratar de engañar a algunos parásitos. Los pocos metros cuadrados que pueden robar las raíces de los siete almendros supervivientes se compensan más que de sobra con lo agradecido de su sombra. Que se lo pregunten, si no, a los calabacines. Son dos huertas muy apañadas. En la segunda quincena de agosto la sombra del alcornoque se extiende a última hora de la tarde por la primera huerta. ¡Y cómo se lo agradecen las coles!. Pensando en esa sombra, contando con ella, plantamos precisamente ahí lo que más frescor necesita  en esa época del año.tomates y pim  julio
Y para terminar: véase la primera foto, a la derecha. Sólo ese tramo de la entrada -unos diez metros más o menos-  están cerrados con algo de malla, para impedir que los perros se echen a las bicis cuando bajan como locas por el camino. Para camuflar la malla y aislar un poco la huerta, plantamos tres encinas y muchas jaras y cantuesos traidos de otros lugares de la finca. Pero  lo mejor de la entrada es esta otra encina, la que reproduzco a continuación, y que ha nacido sin que nadie se lo pidiera justo en el punto rojo marcado en la foto de arriba (siete años separan una foto de otra, pues). No era más que un batiburrillo de retoños que todo el mundo pisoteaba al entrar; que ni se veían. Al jubilar el arado, la cosa cambió: los retoños crecieron, crecieron todo lo que puede pedírsele a un retoño de encina en un secarral como éste, y así siguieron, muy lentamente, hasta que, en un momento dado, me animé a coger la tijera y  a poner orden. Sólo he dejado un «fuste». Limpio todo lo que crece por debajo y alrededor, para que éste crezca sin competencia. Hoy me saca a mí dos buenas cuartas, lo que seguramente no sería nada del otro mundo si no estuviéramos hablando de una encina -y de una encina que no se riega JAMÁS-; está llena de  brotes glaucos, que crecen derechos y decididos, y en los que que más pronto que tarde, si todo va como hasta ahora,  acabará viniendo a anidar algún pájaro.

encinita.jpg