Querida lombriz

No sé muy bien cómo te llamas, si eres una Eisenia o una Lumbricus o una Eudrilus…  (veo en los foros de internet que hay debates muy encendidos entre los partidarios de unas y otras; yo diría que eres una Lumbricus, pero cualquiera se atreve). Estás en los composteros y en la tierra de debajo de las macetas y tablones. En la hojarasca, en los montones de grama que dejo entre las piedras, en el acolchado de paja de la huerta. Estás bajo la cubierta de estiércol de oveja con la que cubro en invierno parte de los restos de acelgas, puerros, lechugas, pero también en los montones descuidados de plantas que no se reciclan (no expresamente), como las tomateras o las coles, tan propensas a pillarlo todo. Querida lombriz,  tú haces que la tierra parezca couscous. Oxigenas las raíces, lo limpias todo.  A veces, después de una lluvia, te encuentro en la calzada jugándote la vida, como esas gallinas insensatas que andan a su aire por las cunetas y cruzan por donde les parece. Si todavía no te ha pisado alguien, ni te ha comido un pájaro, ni te ha atropellado una bici…te recojo y te devuelvo al pie de un árbol, a seguir haciendo tu trabajo. Date cuenta, queridísima lombriz, de que sin tí no habría huertas. Eres por lo menos  tan importante como el agua y como el sol.   Te llames como te llames, me consta que eres una lombriz competente. Ni se te ocurra marcharte. ¿Dónde  ibas a estar mejor?. Aquí no te ha de faltar nunca de nada. Tendrás comida sana y variada (dieta mediterránea), humedad, calor, buen trato…

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