Gran Hermano en la huerta

caemEl CAEM (Comité de Agricultura Ecológica de Madrid) envía todos los años por estas fechas unas tablas en blanco que  cada agricultor (por pequeño, liliputiense que sea) debe rellenar, firmar, y reenviarles. Hay que declarar lo que tenemos pensado plantar/sembrar esta primavera.  Hay que anotar de dónde procede todo lo que se mete en las huertas: el mantillo, el estiércol, todas y cada una de las semillas, obligadas a tener “los papeles” en regla, es decir, con el correspondiente certificado de producción ecológica. Entre junio y agosto un inspector se pasa por LRO para echar un ojo, comprobar si se ha puesto algo que no haya sido declarado, añadirlo a la tabla, revisar los albaranes/facturas de compra, e incluso llevarse una muestra vegetal (o de tierra) para analizar.  Si todo está en orden, te enviará sellado tu propio certificado, de validez anual.  Hay un comité en cada comunidad autónoma, con un logo muy parecido, y supongo que todos funcionan poco más o menos de la misma forma.

coles diciembreAlgunos compañeros (amigos,  finalmente) no han soportado mucho tiempo la presión del CAEM. Ni el papeleo, ni las tasas (unos 120 euros/año, en mi caso), ni el que te anden siempre chinchando con las plantas-sin-papeles, las “fuera de la ley” (esa alcachofa que te regaló un vecino, esas semillas de judía que te trajiste de Orense…). Muchos de ellos piensan que la agricultura ecológica a pequeña escala debiera ser más familiar. Pero ¿entendemos todos lo mismo por  “familiar”?. Otros dicen que “la certificación no significa nada”, que un tomate sin papeles puede ser más ecológico que el que sí los tiene, y que, además, ¿quién certifica al certificador?.
Yo sólo les entiendo hasta cierto punto. Me cargan tanto como a ellos esos inspectores que se ponen pesados, pesados, pesados…. cuando, por ejemplo, les falta un albarán de un árbol frutal, sabiendo como saben que aquí no existe la posibilidad de comprar frutales con certificación ecológica, y que pedirle el DNI a ese árbol, por tanto, es como pedirle, no sé, una partida bautismal. Todos los árboles frutales son producidos en viveros de agricultura convencional. De modo que el inspector sólo quiere ese albarán/factura (de un vivero convencional, insisto) para cumplir con el paripé burocrático: tener completo el dosier de todos los agricultores registrados, sin que se les escape ni media lechuga. Pero que el inspector sea un cansino, o que en el sistema haya rendijas para que los tramposos se cuelen, no me acaba de convencer como argumento para cargar contra la certificación. Lo de la “huerta familiar”, como lo de las pizzas “caseras”, los tomates “naturales”, o aquella butifarra  que hacía el abuelo en la masía…. a mí me suena a música celestial.
Si sólo vendes a tus vecinos y a tus amigos, que conocen tu huerta y (sobre todo) te conocen y aprecian a tí,  la cosa cambia: yo tampoco andaría pagando tasas sin necesidad. Es el único argumento que entiendo bien. Pero lo que no me parece discutible es que un cliente cualquiera, ese señor que se acerca a tu puesto en el mercado o te llama por teléfono, y que no te conoce de nada,  tenga perfecto derecho a saber  qué va a comprar –qué exactamente, sin rodeos-  cuando le aseguras que tus patatas son “ecológicas”. La respuesta, en mi opinión, ha de ser muy rápida: lo que usted está comprando es un producto que cumple el Reglamento 834/2007 del Consejo de Europa, y el 889/2008 de la Comisión, según certifica (con el correspondiente sello anual) ese inspector pesadísimo que me está respirando en el cogote desde que echo la semilla  hasta que regreso del mercado.

Para rellenar las tablas del CAEM utilizo como chuleta mis propias tablas, en las que sólo anoto lo que se va cultivando año tras año (sin los otros datos que pide el CAEM), para no perder el hilo de la rotación. Aprovecho este post para adjuntar esta tabla simplificada. Algunas cosas pueden parecer extrañas; por ejemplo, que en una de las huertas a unos calabacines (2013) sigan unas berenjenas -contraviniendo la sucesión básica, que pediría cultivo de hoja o de grano, detrás de uno de fruto-. Pero es que sobre el terreno todo son variables: si pusiera esas berenjenas donde realmente les toca, no tendrían suficiente sol para florecer así que, en este caso, me conformo con hacer una sucesión por familias (excepcionalmente, solanácea seguirá a cucurbitácea…), mediando un estercolado generoso y un  barbecho de seis meses, etc. A ver cómo va. Sobre la asociación de cultivos: https://laramadeoro.com/2012/03/16/romance-del-bio-huerto/ .
Y para las tablas anteriores:  https://laramadeoro.com/2012/02/04/rotaciones/

HUERTAS 2014

 

Rotaciones

Febrero 2012

Ando estos días dándole vueltas a la planificación de las cinco pequeñas huertas de LRO. Todavía no podemos preparar nuestros propios semilleros, lo que nos hace depender mucho de los proveedores de planta ecológica. Este año no se pondrán patatas, las compraremos en Lástras de Cuéllar, ni cebollas ni ajos, que nos traerá Diego de Villadelprado (colega agricultor, con su finca también certificada). Además de lo que hay en las huertas, muchas cucurbitáceas se siembran directamente en los composteros (calabazas, calabacín, melón) y por ello no se incluyen en la tabla. Hacia julio hacemos una segunda plantación de tomates y calabacín, para que haya producción en septiembre y octubre. Las tablas del 2010 y 2011 están coloreadas. Así se visualiza rápidamente la rotación, que es más una cuestión de sentido común que de principios estrictos e inamovibles (de hecho, la vamos adaptando de año en año): el naranja corresponde a cultivos “de fruto” (tomates, pimientos…); el amarillo pálido a los de “semilla” (leguminosas), el verde a los de “hoja” (lechuga, acelga…) y el azul a los tubérculos y bulbos (patata, cebolla…). Cuando las hortalizas del 2012 estén en la tierra, también colorearé la tabla correspondiente.