S.O.S: llegan las motosierras al malecón

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Hoy a las seis de la mañana varios miembros de la Plataforma Sarriana polo Río han empezado a encadenarse a los alisos que el controvertido Plan de Encauzamiento pretende eliminar. Tras semanas de movilización y recogida de firmas, y a pesar de la multitudinaria manifestación de ayer, ni el alcalde ni la Confederación Hidrográfica se han inmutado. Hay información sobre el acto de ayer en la La Voz de Galicia, El Progreso de Lugo, y en la sección Galicia de El Pais
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/02/23/galicia/1393188313_252542.html

Hoy es día 24 y el 28 se les acaba el plazo legal para cortar los árboles; después empieza “oficialmente” el período de cría de aves… ¡como si los mirlos, currucas, lavandeiras, supieran leer las ordenanzas y las normativas de la Xunta!; si no paramos esta tala irracional e  injustificada,  el día 1 de marzo -aparte de los nidos  ya destruidos-  ni los pájaros, ni las ranas, ni ningún bicho viviente, tendrán ya donde meterse. Y habrá un bosque de ribera menos en el planeta. Menos alisos limpiando el aire, nitrogenando el suelo, haciéndonos la vida más hermosa a los ciudadanos.

En la página de la Plataforma (https://www.facebook.com/salvemosoriosarria?ref=stream) se reproduce el manifiesto que se leyó ayer al término de la manifestación. Si alguno de los que se dejan caer hoy por aquí todavía no ha firmado, por favor, firmen hoy, ya mismo, en este link:
http://www.change.org/es/peticiones/confederaci%C3%B3n-hidrogr%C3%A1fica-mi%C3%B1o-sil-concello-de-sarria-unha-pr%C3%B3rroga-que-permita-a-reconsideraci%C3%B3n-do-plan-de-adecuaci%C3%B3n-de-cauce-y-ordenaci%C3%B3n-de-m%C3%A1rgenes-de-los-r%C3%ADos-sarria-y-celeiro-1a-fase

Nos acaba de entrar un sms urgente  de los “encadenados”, que llevan ya unas horas en el río,  con el culo y la espalda helados.  El maderero (el contratista) acaba de llegar con sus operarios, y ya han sacado las motosierras.

Todo el que quiera acercarse por allí a incordiar será bien recibido.

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DOCE HORAS DESPUES DE SUBIR ESTE POST, LA COSA ESTÁ ASÍ:  POR LA MAÑANA  LOS MADEREROS CONSIGUIERON TALAR UNO DE LOS GRANDES ALISOS, PERO LA PRESENCIA DE LA GENTE ENCADENADA LES IMPIDIÓ SEGUIR. A PRIMERA HORA DE LA TARDE VOLVIERON.  A PESAR DEL PELIGRO PARA LA GENTE QUE ANDABA POR ALLÍ, TALARON  SEIS ALISOS MÁS, MIENTRAS UNAS CIEN PERSONAS LES PEDIAN A GRITOS DESDE EL MALECÓN QUE APAGARAN LAS MOTOSIERRAS. NO LO HICIERON.  AHORA ESTÁ LA GUARDIA CIVIL CONTROLANDO LOS ACCESOS  Y ES DE ESPERAR QUE MAÑANA RESULTE MUCHO MÁS DIFICIL LLEGAR AL RÍO. LA NOTICIA HA SALIDO YA EN EL TELEDIARIO DE LA SEXTA Y EN CASI TODOS LOS PERIODICOS (http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/02/24/galicia/1393266299_721881.html)

¡POR FAVOR, FIRMEN LA PETICIÓN Y SIGAN DIFUNDIENDO!.

A las truchas del malecón/no les gusta el hormigón

ribera junto al malecónNuestros corresponsales en la provincia de Lugo nos acaban de hacer llegar el texto que reproduzco a continuación. Los alisos del río  Sarria  empezarán a ser talados esta semana para proceder al encauzamiento del río (completamente inútil en este tramo, como se explica más abajo).  Las obras previas se iniciaron en vísperas de Nochebuena,  poco después de dar su bendición las autoridades. Pero explicar las cosas (¡despacio y bien!), y no digamos movilizar a la gente, es trabajoso y lento… mucho más lento, desde luego, que mandar unas palas excavadoras a destrozar la ribera del río. Se están recogiendo firmas para detener la tala de los árboles, la destrucción de los nidos de los martines pescadores, los mirlos acuáticos…Es un poco loco pedir firmas a estas alturas, pero ¿qué otra cosa se puede hacer?. Por favor, lean ustedes con atención el texto que sigue y firmen, si están de acuerdo, la petición:

A finales de 2013 se ha iniciado la ejecución del proyecto de encauzamiento del río Sarria a su paso por la localidad del mismo nombre en la provincia de Lugo.

El plan de encauzamiento contempla una agresiva intervención sobre la configuración (movimientos de tierras) y la vegetación (tala masiva de árboles) de las riberas, islas y presas del río en la zona afectada por esta primera fase del proyecto.

El río Sarria discurre acompañado por un bosque de ribera formado principalmente por alisos (Alnus glutinosa) que, tal y como se constata en el propio proyecto (pág. 13 del Anejo 21, “Documento ambiental”) “posee gran valor ambiental”. Esta vegetación de ribera se encuadra en el hábitat prioritario 91E0 (Bosques aluviales de Alnus glutinosa y Fraxinus excelsior).  Incluso en el tramo urbano, el río Sarria conserva una vegetación arbórea autóctona considerable y en buen estado.
Pues bien, a partir del 8 de enero se iniciará la tala de 178 árboles que forman parte de ese bosque de ribera de reconocido valor ambiental y paisajístico y, a continuación, el movimiento de tierras que tendrá por resultado la modificación del cauce y la destrucción de parte de las riberas e islas.
La “Plataforma sarriana polo río”
(https://www.facebook.com/salvemosoriosarria?ref=stream)  está recogiendo firmas para apoyar una solicitud dirigida a la Confederación Hidrográfica Miño-Sil y al Ayuntamiento de Sarria a fin de que se paralicen las obras, en particular, la inminente tala masiva de los árboles de ribera, y se consideren alternativas al actual proyecto. La petición puede ser firmada en este link:

https://www.change.org/es/peticiones/confederaci%C3%B3n-hidrogr%C3%A1fica-mi%C3%B1o-sil-concello-de-sarria-unha-pr%C3%B3rroga-que-permita-a-reconsideraci%C3%B3n-do-plan-de-adecuaci%C3%B3n-de-cauce-y-ordenaci%C3%B3n-de-m%C3%A1rgenes-de-los-r%C3%ADos-sarria-y-celeiro-1a-fase

muiñoEl objetivo declarado del proyecto de encauzamiento es reducir el riesgo de inundación en la villa de Sarria. Sin embargo, ¿justifica tal objetivo una intervención tan agresiva? Desde 1890 Sarria ha sufrido una gran riada en el año 1909 y otras tres o cuatro de menor intensidad que causaron la entrada de agua en los edificios más próximos al río. ¿El reducir la frecuencia o los efectos de esas inundaciones, ya que no es posible eliminarlas, compensa el coste en términos medioambientales y paisajísticos, y también económicos, de este proyecto? La intervención proyectada sólo tendrá efectos limitados sobre la reducción del riesgo de inundaciones. Tradicionalmente el río se sale de su cauce aguas arriba y llega al pueblo atravesando los terrenos de labor o prados y vegas inundables naturales que lo bordean. En lugar de constituir una protección, la elevación artificial de la ribera del río que resultará del movimiento de tierras contemplado en el proyecto, el levantamiento de barreras adicionales, podría, por el contrario, en caso de inundaciones excepcionales, dificultar el desalojo de las aguas, agravando así los daños. La “Plataforma sarriana polo río” argumenta que cierto número de intervenciones menos agresivas, bien localizadas, probablemente con menor coste económico, contribuirían sin duda a reducir el riesgo de inundación sin necesidad de destruir la riqueza medioambiental y paisajística de las riberas e islas del río Sarria. Y no solo la vegetación y el paisaje se verán afectados por este proyecto. La destrucción de elementos del patrimonio cultural, como el llamado “Ponte de Ferro”, construido en 1890, no ha suscitado ninguna reacción de las autoridades encargadas de su protección.”

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ADDENDA, día 20 de enero:
Adjunto fotos sobre el estado actual del río y el estado futuro de llevarse a cabo el proyecto. Las superficies pintadas de verde claro en la foto 2 , y que reemplazan a las frondosas copas de los árboles actuales, se corresponden mayoritariamente con zonas de cesped. Harían falta muy buenos argumentos (¡y aquí no los vemos por ningún lado!) para acabar con un bosque de ribera maduro, con tantas décadas de vida a sus espaldas.  Más información, en la web de la “Plataforma sarriana polo río”:
2Perimetro_actuación   4Estado futuro

Palabros (2)

la turbera antes y despuésTurba. En el colegio, en la EGB de antes (ahora ya no lo sé) nos hacían memorizar la serie “ antracita, hulla, lignito, turba”. Millón de años arriba, millón de años abajo, todo venía a ser lo mismo:  fósiles vegetales sepultados, de cuando la tierra era verde hasta en los polos.  Las turberas son inmensos yacimientos de esos fósiles, esfagnos (un tipo de musgo) en su mayor  parte,  que se han acumulado en zonas cenagosas y frías, permanentemente encharcadas, es decir, sin aire.  Los organismos descomponedores que trabajan en un bosque templado no pueden de ninguna manera trabajar ahí. Los que lo hacen son otros (bacterias “an-aerobias”), y el producto final, como era de esperar, también es otro. En las turberas los restos orgánicos  no se descomponen y forman humus, liberando lentamente sus componentes. En la turbera no hay “humi-ficación”  sino “carbonización”. Otra historia. El resultado de la acumulación de esos restos, durante miles y miles de años, es un colchón de fibras compactas. Como esponjas comprimidas, muy fibrosas y ligeras pero muy pobres químicamente (¡no hay humus!). E inertes. Esto es, un material perfecto para las raicillas de las plantas recién germinadas. Por eso se usa tanto en los viveros de producción y es un componente básico de los “sustratos universales” para macetas (en los restantes sustratos, aunque en menor proporción, también suele estar presente).

…Y todo estaría muy bien si no fuera porque la extracción industrial de turba para jardinería ha provocado la desaparición de marismas  enteras en el norte de Europa, paisajes frágiles donde crece (crecía) el rosolí y cría (criaba) el gallo lira. Una loncha de turba de un metro de espesor de esta turba (la extraen con palas excavadoras) ha tardado 1000 años en formarse. Y esa misma turba, ese tesoro delicado, se va después a rellenar nuestras macetas de geranios. Como efecto secundario –por si  este desaguisado irracional  no fuera suficiente- la extracción de la turba libera a la atmósfera toneladas de CO2 .

gallo lira en una turbera

 (Foto de Erlend Haarbeg para el blog wild-wonders.com)

ATENCION pues a los “sustratos universales” (y a todos los demás también) que vamos a comprar.  Cada casa comercial tiene su receta.  Al leer la etiqueta hay que fijarse  sobre todo en dos cosas:

  1. Proporción de materia orgánica y procedencia de la misma; normalmente no la llevan; la reemplazan por abonos minerales, es decir, por el “bote de micebrina” (véase post anterior). A más vegetal, más calidad.
    2.  ¿LLeva turba?; seguro que sí;  en España es difícil encontrar sustratos sin ella.

Conclusión: lo que solemos comprar en los dichosos “Garden Center” es una esponja de turba triturada a la que le han agregado/inyectado abonos minerales.   Limitándonos por un momento al aspecto jardinero del asunto,  lo recomendable  sería  mezclar el sustrato con “tierra” de verdad, para que el producto final sea más consistente, pues una vez que se seca la turba no hay forma de rehidratarla (el agua corre maceta abajo, sin que nada la frene), y una vez que se consume la micebrina, que lo hará en un visto y no visto, ¿qué hacemos?; ¿empezamos otro bote, y otro…?.  La tierra del jardín lleva también hongos y bacterias (y otras cosas) que le darán vida al sustrato (larga vida, lo que NO nos ahorrará tener que cambiarlo algún día, bastante después, cuando las raíces crezcan y el aporte de materia orgánica se reduzca/detenga –en una maceta es lo normal : no caen hojas ni vienen los animales a anidar…)
drosera rotundifoliaPero el párrafo anterior, en realidad, SOBRA.  A base de romperme la cabeza una y otra vez, y de agobiarme pensando en el rosolí (una especie de Drosera, planta carnívora, la alta-tecnología del mundo vegetal; la foto procede de wikipedia)  he llegado a la conclusión de que lo mejor  es  que cada uno se haga propio “sustrato” para macetas, mezclando tierra limpia del jardín con un puñadito de humus y, si  hiciera falta aligerar la mezcla, con un poco de fibra de coco (la venden en todas partes; son como un ladrillo marrón, que hay que deshacer en un cubo de agua antes de usarlo).  Pero incluso la fibra de coco (o similar) se puede reemplazar por mantillo casero de hojas secas, no completamente desmenuzadas (a medio camino).

Y una última cosa. Lo de verdad importante, lo esencial  de toda esta película, es preguntar una y otra vez en las tiendas por sustratos SIN TURBA, dar la lata en Atención al Cliente, patalear, y no llevarse jamás uno de esos sacos de “sustrato universal” en los que, aunque ni el vendedor lo sepa, van incluidos los huevos del gallo lira,  las flores del rosolí, de las andrómedas, las llanuras brumosas del Mar Báltico, y hasta una porción  de los frondosos bosques tropicales que ocupaban nuestro hemisferio antes de las glaciaciones.

organic and peat free vegetable compost

Foto: en este vivero inglés el sustrato más vendido es el “compost libre de turba” (peat free). De modo que el producto existe; sólo falta que nosotros, como consumidores, lo exijamos. (Por cierto, en la etiqueta de la foto se especifica claramente que el compost es vegetal, es decir, puro mantillo.)

NOTAS
En los paises europeos firmantes de la red Natura 2000 ya no se permite la extracción de turba. En la actualidad el gran proveedor de nuestros mercados es Estonia.
La primera foto procede de pronatura.ch. A la derecha, la turba virgen. A la izquierda, la explotación industrial.

Cerrar las grietas

Antes del invierno

palos y pedras en las grietasLa lluvia y la pendiente convierten las grietas en cárcavas allí donde no hay nada que sujete la tierra.
(1) En el campo el problema era el arado. Al dejar de arar la hierba ha vuelto a crecer y sus raíces se han convertido en la mejor herramienta contra la erosión. Donde las grietas eran profundas hemos  utilizado un relleno de palos y piedras -para que escurra el agua de lluvia entre ellas-, todo cubierto de tierra y rizomas de grama.

(2) En el camino. La sociedad de cazadores, en vísperas de abrirse la veda, mete una pala excavadora para tapar esas cárcavas con la tierra (fértil) que va mordiendo de aquí y de allá, en los taludes linderos de las fincas contíguas… No echan zahorra (no gastan dinero en eso). No echan nada. Rutinariamente, para que el camino aguante unas semanas, repiten año tras año la operación. El camino se va ensanchando tontamente, y los cazadores -encantados- pueden pararse a charlar cuando se cruzan, cada uno en su respectivo 4×4. No les importa que, si la primavera viene lluviosa, en unos pocos días toda esa tierra robada al campo, a los nidos de abejarucos y serpientes,  vuelva a correr pendiente abajo…
grieta con grama y tierraCuando limpiamos de grama las huertas, operación agotadora donde las haya, capachos enteros de rizomas y tierra se van a continuación al camino. Después procuramos pisotear el mejunje pasándole con la furgo por encima, para que la grieta quede bien bien tapada. Vaciamos también -mezclado con lo demás- los haces de sarmientos (picados con la tijera de dos manos) que hayan podido quedar olvidados por la viña, e incluso los calderos con ceniza de la chimenea. En alguna ocasión hemos llevado escombro: pero cuidado, ha de ser escombro seleccionado, menudo, que colmate bien el fondo de la grieta al tiempo que deja correr el agua .  Hay que ir vaciando saquito a saquito  y cubrirlo todo cuidadosamente con tierra (llevar azada en el maletero). Los trozos grandes de cemento, ladrillos, yeso, etc, además de horrendos son peligrosos (si una moto de cross o un “quad” -verdaderas plagas del campo-  los pinza y te los deja para arriba…adios neumático)

Adios a las frambuesas

2007-2012

En la primavera de 2007, sólo unos pocos meses después de llegar a LRO, y apenas terminadas las obras de drenaje, compramos en Viveros Monjarama  varios manojos de frambueseros y los dejamos plantados en la terraza más grande de la finca. Cuatro variedades: Blissy, Tulaneen, Glenn Lyon, y Heritage.  Clavamos estacas, tendimos alambres, y colocamos líneas de goteros a lo largo de las calles. Ese invierno había llovido tanto -pero tanto tanto- que nos parecía un cultivo idóneo para una terraza así, que además está orientada al norte -lo que protegería a las frambuesas en plena canícula. Tuvimos cuidado de enterrar las raíces entre arena y mantillo, temiendo que el problema viniera más por un posible encharcamiento que por defecto de agua… Esparcimos humus de lombriz año tras año.  Las acolchamos con paja de avena (sembrada como abono verde donde ahora están las huertas). Cuando la cosa empezó a torcerse hicimos un tratamiento antibotritis con Amicos-B.  No digo que nos hayamos desvivido: es cierto que en el 2008, cuando más vigilantes tendríamos que haber estado, nos confiamos excesivamente en el riego por goteo (algunos goteros estaban obturados: cuando nos dimos cuenta ya era tarde). Y tampoco hemos tenido las calles tan limpias como deberíamos… Sea como sea, cinco años después de la plantación el fracaso es tan absoluto que hay que dejarse de tonterías (a ver si este año viene mejor, a ver si remontan…) y tirar la toalla de una buena vez.  Los dos primeros años recogimos bastantes frambuesas. El tercero incluso pudimos vender bien algunas docenas de tarrinas, producto de superlujo -tratándose de frambuesa ecológica certificada.  Pero es que los episodios de sequía, o de heladas a destiempo, se han hecho tan frecuentes y, sobre todo, tan imprevisibles, que no es sensato apostar por un cultivo así donde no se le puede garantizar agua + relativo frescor de forma natural y constante.  Los contrastes en esta tierra son radicales. No hay estaciones intermedias. No hay transiciones. Y hay que mirar por cada gota de agua como si fuera la última: ¿a quién se la echo, a estas frambuesas desganadas -míralas, como me piden que les acerque la manguera un rato – o a estas moras feúcas que, mejor o peor, nunca me fallan?. No he sido capaz de no regar las frambuesas este verano. Una locura completa, pues no han producido nada y no ha habido agua casi ni para las huertas (minúsculas lechugas que se suben a flor en cuanto me doy la vuelta, minúsculas berenjenas,  cherris como abalorios,  arañuela en los tomates…). Por mucho que cueste, hay que renunciar, y aquí dejo por escrito mi firme propósito de hacerlo. ( A ver si es verdad y las arranco pronto, antes de que las yemas de las Blissy -qué ricas son- vuelvan a hincharse y  empiecen a mirarme, un año más, con ese aire contrito que tienen en abril…).


Fotos de arriba: Antes de podar. Después de podar. En junio de 2008, creciendo.
Fotos de abajo: Tratamiento 2010. Limpieza a principios de marzo. Última limpieza, este mes de junio, después del invierno más seco que se recuerda.

NOTAS

Las plantaciones de frambuesa, según los libros, no suelen pasar de siete u ocho años. Aquí no han pasado del  cuarto; el quinto y el sexto sólo han sido una pérdida de tiempo y recursos.
Quien tenga dudas sobre la poda de las frambuesas que me escriba corriendo: si algo he aprendido a lo largo de estos años es a adaptar la teoría (pensada para otras latitudes, me temo; las variedades de frambuesa cultivada, como las de fresones, proceden de  las zonas más templadas y fértiles de América del Norte) al contexto de esta tierra  -arcillosa- y este clima -durísimo,
Amicos-B es un fungicida de la marca Seipasa, a base de extracto de alga y otras muchas cosas, tratamiento completamente inútil -como todos- si las condiciones de cultivo no son buenas.

El amor no debe tocar nunca el suelo

Primavera-otoño 2012

“El amor no debe tocar nunca el suelo,
PARA QUE NO SE LO LLEVEN LAS HORMIGAS”
Pedro Casariego Córdoba (Cuaderno amarillo, rojo, verde y azul. Ardora Expres, 1998)

Ojo con ellas pues. Son golosas, irreflexivas, arramblan con todo lo que encuentran aunque no sepan muy bien para qué ha de servirles. En la huerta tienen una preferencia marcada por las acelgas que empiezan a subirse a flor. Tierra arenosa, calor intenso, acelgas que maduran deprisa. Ergo: pulgones. Ergo: hormigas. Y entre los frutales, a principios de la primavera -y muy en especial si no cae una gota-, por los melocotoneros. Es sabido que las hormigas pastorean a los pulgones. Los protegen de sus depredadores (mariquitas, crisopas…) y los conducen a los brotes más tiernos.  A cambio los pulgones les entregan su melaza: ese jugo azucarado que producen tras chupar y sorber la savia de las hojas frescas. Pero la película empieza más atrás. Con un exceso de abono, seguramente. O con una poda exagerada. Ambas cosas producen brotes numerosos pero débiles, excesivamente blandos,  tentadores. Sé lo que digo porque son mis propios errores los que me han enseñado.  Así como no volveré a plantar acelgas en una zona tan protegida, tampoco volveré a darles podas de formación tan agresivas a mis raquíticos frutales.  Las hormigas que recorren alocadamente el tronco del melocotonero, o el corazón de las acelgas, son sólo el eslabón más conspícuo de toda esta cadena de causas y efectos. El sol excesivo. La tierra pobre (cada año lo estará menos). Mi inexperiencia.  Una vez que se ha asimilado de verdad esta historia, entonces y sólo entonces puede uno plantearse combatir a los pulgones en alguna de sus fases de desarrollo. Sobre la melaza que produce el pulgón se desarrolla el hongo de la Fumagina -“negrilla”-; cuando las hojas están cubiertas de esta sustancia pringosa (y ahora oscura) la actividad fotosintética se reduce peligrosamente, tanto más cuanto los árboles/plantas son todavía muy frágiles…Así que no se les puede dejar a su aire. Un buen chaparrón limpia las hojas en un abrir y cerrar de ojos. ¿Hay agua en la alberca, con suficiente presión, para chorrear el melocotonero, las acelgas, al atardecer?. Plántense lavandas, salvias, y ajo, que las hormigas tratarán de dar un rodeo…y puede que hasta se aturullen  y se  les pierda el rebaño. Hay quien dice que albahaca, pero yo digo que no: que aquí, no. La albahaca quiere mucha agua, más de la que tenemos. ¿Y si ni por esas?. El último recurso es un aceite. Es decir, un insecticida, un pulgonicida (las hormigas deben irse antes, pues hacen mucho bien en otros frentes- bastará con un reguerito de azúcar). Un aceite de potasa (ya anda por ahí comercializado, como insecticida “bio”…), o un aceite de “neem”.  Pero lo suyo sería que la tierra, de puro fértil, produjera plantas tan robustas que al pulgón se le quedaran los morros clavados en sus hojas y desistiera… Y una finca tan “biodiversa” que autorregulara sus poblaciones de parasitos/depredadores sin que nadie tuviera que intervenir (el principio más eficaz en una huerta de éstas  siempre será el de la “merienda de negros”). En conclusión. Las hormigas se llevarán todo lo que caiga al suelo. Trocean, trituran, limpian y esconden, incluso adultos y  larvas de muchos bichos malos (como esos saltamontes superabundantes que liquidan las judías en cuanto brotan: el vídeo de este post está filmado “in situ”). Hay que vigilarlas de cerca, por si acaso se llevan lo que no deben. Pero el balance, siendo justos, las hace más buenas que malas pues, aun siendo omnívoras, preferirán unas chuletillas de saltamontes a un poco de melaza de pulgón…  Y si favorecen el aumento del número de pulgones,  la culpa de que  ellos aparezcan ahí, ahí precisamente,  no es de las hormigas sino mía.

NOTAS:
Esta entrada estaba en la “bandeja de salida”, a medio redactar, desde que Emma declaró su simpatía por las hormigas, “en especial las negras como el carbón, de culo gordo…”. Sus  comentarios, así como las respuestas que siguieron, pueden leerse aquí: https://laramadeoro.com/2012/07/23/lro-hotel-resort-spa/#comments

Copio el siguiente párrafo del manual “Jardinez avec les insectes”, citado mil veces en este blog: “La invención de la lucha biológica se remonta a los campesinos chinos, quienes, hace más de 2000 años, colocaban perchas de bambu entre los árboles de sus naranjales, para que una especie de hormigas carnívoras  pudieran pasar fácilmente de una rama a otra, limpiándolas de orugas y otros insectos vegetarianos…”

De rama en rama

Julio 2012

 

Para poder cargar con la familia Tarzán al completo la rama en la que todos ellos se sientan ha de cumplir, según los manuales técnicos al uso (1), las siguientes características:

 

  1. Ha de tener un diámetro no inferior a un tercio del diámetro del tronco (o de la rama de orden inmediatamente anterior en la que va inserta)
  2. Ha de tener un ángulo de 45-60º. Si más, la rama se parte. Si menos, aplastan a la mona Chita.
  3. Ha de estar suficientemente separada de la siguiente, que además no crecerá exactamente encima (la de la familia Tarzán no habría podido desarrollarse tanto, pues la rama vecina la habría sombreado, achicándola, y no habría sitio para Jane).

Para conseguir todo esto basta con ir formando el árbol de rama en rama desde los primeros años, en cuanto el tallo haya crecido hasta una altura suficiente para que podamos escoger la primera (pongamos a unos dos metros del suelo, según la especie arbórea y lo que queramos hacer con el árbol: ¿colocar una mesa debajo, aparcar el coche o el elefante?, ¿nada?). La propia naturaleza haría el trabajo por nosotros si nos estamos quietos (morirán las ramas bajas y el árbol se irá estirando). Pero si queremos adelantarnos, porque a la familia Tarzán le corre prisa,  y ajustar la altura y forma  general de la copa a esa función descrita, entonces podemos ir haciendo la selección de ramas  nosotros, dejándolas -eso siempre-  bien separadas y bien orientadas.  Lo suyo es que que el árbol siga creciendo hacia arriba y mantenga su porte natural.  Si quisiéramos –pero  NO queremos- formarlo artificialmente, como un “vaso” de tres o cuatro ramas, entonces hay que proceder a cortar el tallo/tronco,  dejando por debajo las 3 ó 4 ramas estructurales elegidas.  No queremos, decía, porque eso se hace cuando el árbol es demasiado grande para el espacio que ha de ocupar (una acera de Madrid, por ejemplo) o cuando se trata de árboles frutales ( para que la mano llegue a la fruta).
En fin, después se continúa eligiendo las siguientes ramas, que a su vez van insertas en estas principales…La película acaba bien –incluso con los árboles en vaso- si la formación prosigue ordenadamente. La película acaba mal si aparece por la selva un funcionario municipal indocumentado, que procede a terciar o desmochar el árbol con su motosierra (terciar: dejar un tercio de cada rama y eliminar el resto). Y encima le dice a Mister Tarzán que lo hace porque en su pueblo “siempre se ha hecho así” (como tirar a la cabra del campanario), añadiendo : que al árbol “le sienta bien” la operación y que esos cortes sirven para “rejuvenecer” al árbol (y a la cabra, que queda como nueva al llegar al suelo…). Si esto sucede, si se tercia la copa, las ramillas que broten la próxima primavera formarán una bola enmarañada sin orden ni concierto. Todas ellas nacerán de yemas subcorticales, en el perímetro de la herida. La inserción es insegura. Muy peligrosa. A ese árbol no volverá a subirse nadie, so pena de partirse la crisma …lo que seguramente no sucederá, porque al año o  a los dos años volverá el susodicho con la motosierra, y ¡zas!, nuevo terciado cuando el árbol apenas había empezado la compartimentación de las heridas (una solución intermedia hubiera sido la poda “en cabezas de mimbrera”, pero exige más pericia y más tiempo).  Conclusión: el debilitamiento  del árbol es progresivo, imparable, y árboles que podían llegar a ser dos, tres, cuatro veces centenarios, malviven mutilados y terminan muriéndose de forma irracional a los  20 ó 30 de haber sido plantados.

NOTAS.

(1)  Fuentes principales: Las podas de las especies arbóreas ornamentales, F.Gil-Albert, Ed. Mundi-Presa.  Todo el capítulo quinto, sobre podas de formación. Y pp.27 a 32:”aspectos que condicionan la solidez estructural de un árbol”.  Y Ch. Drénou, La poda de los árboles ornamentales, Ed. Mundi-Presa, en especial pp.162 y ss: “Seis ideas recibidas sobre la poda radical”.
(2) ¡Todo esto no tiene nada que ver con las podas de trasmocho, escamondas, etc, que se hacen en zonas rurales por razones de aprovechamiento ganadero y forestal.! Esa sí es otra película, que corresponde a otra entrada del blog.

Sospechosos habituales: el alacrán cebollero (grillotopo)

Últimos días de primavera

A éste lo pillé esta mañana. Llevaba varios días preguntándome por qué se marchitaban las lechugas de la huerta de abajo. Las hojas aparecen lacias; se tira de ellas y resulta que la lechuga no tiene cuello, ni raíces. Y una galería como de dos centímetros de diámetro recorre la línea de lechugas, y la cruza hasta la de los puerros, donde los más tiernos (los grandes no) muestran exactamente los mismos síntomas. Grillo topo, también llamado alacrán cebollero (Grillotalpa grillotalpa) Enemigo de todos los céspedes del planeta tierra. ¿Y en las huertas?. En las huertas es más bueno que malo (¡o debería!) porque el grueso de su dieta son larvas/insectos del suelo, considerablemente más dañinos. Con todo y eso, y a la vista de que éste de la foto (y sus amigos) suelen servirse de mis lechugas como guarnición, consulto el libro de referencia en estos casos, Jardinez avec les insectes (V. Albouy, Ed. de Terran , 2009) que, aún siendo bastante comprensivo con toda esta fauna de costumbres dudosas, no por ello deja de incluir un buen listado de posibles métodos represivos.  El más útil este caso: recipientes enterrados hasta el borde, para que los grillotopos se caigan de patas en él cuando salen de noche a la fresca. La segunda alternativa que propone Ms. Albouy me parece bastante chusca; consiste en colocar en torno a cada hortaliza un collarín protector formado por  un “gros pot de fromage en plastique”, es decir, uno de esos envases de requesón o de nata fresca… (Por pequeña que fuera la huerta, tendríamos que pasarnos el invierno comiendo queso para poder tenerla protegida en primavera contra el alacrán cebollero).  En cuanto a los depredadores, son muchos y variados. Pájaros, topos, y una avispa que los parasita. Pero la realidad sobre el terreno es que hay que pillarlos. Abriéndoles las galerías, colocando recipientes, buscándolos con paciencia entre el acolchado de paja. Lo que yo hago a continuación es esto: primero, la “ficha policial” (ésta), y después los llevo a la parte de abajo de la finca, a la maleza. Allí los dejo quedar, con la esperanza de que los rabilargos y los alcaudones lo encuentren y se entiendan con él.

Para qué sirve una motosierra

Marzo 2012

Tengo una motosierra Stihl MS-200, con un espadín de 40 cm. Estoy contenta con ella, pero he de decir que procuro utilizarla lo menos posible; prefiero con mucho los serrotes, grandes y pequeños, en especial los de doble hilera de dientes (cuyo único inconveniente es que no pueden afilarse). De todos modos, confieso que nunca me ha gustado apear árboles vivos, ni siquiera grandes ramas, ni con motosierra ni con serrote ni con nada. En el momento de meter la cadena en el tejido vivo siempre me tengo que parar un instante y plantearme, una vez más, la misma-eterna pregunta: ¿es de verdad necesario hacer esto?. A veces no lo tengo tan claro. Otras, sin embargo, la respuesta es un SÍ rotundo: cuando las raíces de un fresno empiezan a levantar el suelo de un garaje, o cuando el abeto de Navidad –tan canijo al principio– llega por fin al segundo piso y tapa la ventana de la cocina, o cuando un pino piñonero plantado en un talud empieza a inclinarse peligrosamente sobre el aparcamiento… Todos estos casos son errores que se podían haber evitado el día de la plantación, errores que al final acaban pagando los árboles, precisamente cuando más grandes y más hermosos están.

Bueno, pues para ejemplificar lo útil que puede llegar a ser una motosierra cuando se trata de “arreglar” errores humanos, vamos a resumir la historia del Bosque de Zérnikov: cómo se descubrió e intentó hacer desaparecer la esvástica vegetal que crecía en el bosque; una esvástica formada por alerces (Larix decidua), de 60 por 60 metros, plantada hacia 1938 por un guarda forestal en medio de un pinar y descubierta por casualidad cincuenta años más tarde.

(Un paréntesis antes de seguir. En los libros de botánica se explica que las coníferas son en su mayor parte árboles de hoja persistente. Pinos, abetos, píceas, etc. Pero hay tres excepciones a esta regla general: el ciprés de los pantanos –Taxodium–, la metasecuoya –Metasequoia–, y el alerce –Larix–. Estos tres géneros, aun compartiendo las características botánicas de las coníferas en lo que se refiere al modo de reproducción, tipos de tejidos, etc., son árboles que pierden la hoja en invierno, después de un otoño espectacular en el que sus copas adquieren tonalidades cobrizas –el ciprés–, rosadas o rojas –la metasecuoya–, y de un amarillo luminoso los alerces. De estos tres géneros de conífera caducifolia, sólo una especie de Larix es autóctona en Europa, L. decidua, que crece desde los Alpes Dolomitas hasta las llanuras del Vístula, en Polonia. El Bosque de Zérnikov, en el distrito de Uckermark, está al nordeste de Alemania, en lo que antes se llamaba Prusia Oriental, ahora Brandemburgo, no lejos de la frontera polaca…).

La historia, en cinco actos, puede ser contada de atrás adelante.

Empezando, pues, por el año 2000, quinto y último acto (¡de momento!), no creo que los operarios del departamento forestal del land de Brandemburgo vacilaran ni medio segundo cuando el día uno de diciembre, de buena mañana, los motores de una docena de motosierras volvieron a hacer retumbar el Bosque de Zérnikov. Y esta vez no se detuvieron hasta que la esvástica de alerces quedó patas arriba. Con hachas les hubiera llevado semanas; con unas buenas motosierras, horas.

Y digo “esta vez” porque hubo otras antes. En el 2000, en efecto, se talaron veinticinco alerces. Pero es que en el año 1995 –cuarto acto–  se habían talado ya cuarenta y tres. Los alerces, en el entretanto, habían brotado de nuevo, de modo que la cruz gamada volvía a ser reconocible cinco años después de aquella primera tala. Un aeroplano la fotografió en noviembre de ese año, cuando el dorado de los alerces destaca contra la masa verde de los pinos. La agencia Reuters difundió la imagen.  En noviembre del 2000 la BBC, la CNN, y todos los medios de comunicación europeos, pusieron otra vez el grito en el cielo: “la esvástica de alerces del  Bosque de Zérnikov vuelve a ser perfectamente reconocible desde el aire”.

Tercer acto: 1992. Nadie supo (¿?) durante cincuenta años de la existencia del tal bosque. Para distinguir la esvástica hacían falta dos requisitos: tener un avión y pasar con él por encima de Zérnikov la primera quincena de noviembre. Si se pasa antes o después –o si no se tiene un avión…– la esvástica se diluye en el verde de los pinos que la rodean. Hace falta, además, una tercera cosa, que las autoridades locales te expidan un permiso de vuelo. Pero el distrito de Uckermark pertenecía a la República Democrática de Alemania. Poco amiga de dar permisos, seguramente. Hizo falta que cayera el muro y que se reunificaran las dos Alemanias para que un buen día de noviembre de 1992, el piloto de un aeroplano –¿un funcionario reconociendo la zona, un hobby-pilot…?– descubriera desde el aire una enorme, enorme esvástica dorada. Consiguió que no le diera un infarto y la fotografió. Poco después las autoridades del recién creado land de Brandemburgo empezaron a hacer gestiones para talar rápidamente los alerces. Y no les resultó fácil. Aunque parte del bosque seguía perteneciendo al estado, otra parte fue parcelada y su propiedad –muy discutida– pasó a diferentes manos. Por otra parte, no todos los propietarios estaban por la labor de dejar entrar las motosierras, por muy “anticonstitucional” que fuera aquella esvástica. Entre unas cosas y otras, hubo que esperar tres años hasta las primeras talas.

Segundo acto: entre 1992 y el final de la guerra. Según las investigaciones publicadas, los archivos demuestran que las autoridades comunistas sabían de sobra que en ese bosque había una enorme esvástica vegetal. Pero, por lo visto, no le dieron mayor importancia. Ellos mismos, pensaría el funcionario de turno, ¿no hacían también inmensos diseños florales con la forma de la hoz y el martillo?.

Y llegamos así al comienzo de la historia, que es el final de la nuestra. Aunque todavía no se conocen los detalles (1), los periodistas apuntan a esta versión del primer acto: en 1938, un guarda forestal de la aldea de Zérnikov pagó no sé cuantos pfenings a un grupo de las juventudes nazis locales para que le ayudaran a plantar un centenar de alerces en el bosque. Y así se hizo. Por esos distritos del norte de Berlín pasaban las divisiones de la Wehrmacht que estaban empezando a concentrarse en la frontera. Muy pronto se pondrían en marcha camino de Dantzig, iniciando a su paso la segunda guerra mundial. Había que celebrarlo, desde luego, pensó nuestro entusiasta guarda nazi, mientras regaba los pequeños alerces recién plantados. Lejos estaba de sospechar que por esas mismas llanuras, cuatro años después, entrarían los tanques rusos que dividirían su país en dos, como una nuez, y les privarían de libertad durante cincuenta años.

Los alerces no tenían culpa, pero los errores se pagan. Y se pagan caros: en el año 1995, cuando se iniciaron las talas, los árboles pasaban de dieciséis metros. No sé si los ecologistas tuvieron algo que decir, quizá aceptaron la tala masiva como un mal menor. Pero eso es lo que pasa cuando se planta un fresno demasiado cerca del garaje, o un abeto debajo de la ventana de la cocina, o un pino piñonero en un talud… Que al final hay que talarlo. Y para eso precisamente sirve una motosierra. (2)

NOTAS
(1). Por ejemplo, la fecha exacta de la plantación, entre el 38 y el 40. O quién fue exactamente el piloto que la descubrió.

(2) Supe de esta historia a raiz de un viaje a Berlín hace dos años: M. Kopleck, Past Finder. Berlin Ch. Links Verlag, edición francesa, Berlin 2008, p. 89. El bosque está cien kilómetros al norte de Berlín. Otra fuente, que difiere en algunos detalles: archives.cnn.com/2000/WORLD/europe/12/04/germany.swastika.reut/

La foto del alerce dorado pertenece al catálogo de semillas de semencesdupuy.com

Manual de heridas (1)

Parece difícil de creer, pero hasta hace relativamente pocos años no se tenía la menor idea de cómo cicatrizaba un árbol sus heridas. Se sabía lo evidente: que, a diferencia de los animales, los árboles no regeneraban el tejido de la herida, sino que intentaban aislarla y cubrirla, dejando dentro –cuando lo conseguían– el trozo de madera necrosada, ese “clavo” con el que después habrían de vérselas los carpinteros… Pero no hubo una explicación del mecanismo fisiológico hasta que Alex Shigo introdujo el concepto de compartimentación y lo sintetizó en las siglas C.O.D.I.T (“compartimentation of the decay in trees”). Publicó sus conclusiones en 1975. A España no llegaron hasta diez años más tarde, y por la puerta de atrás. La mayoría de su obra sigue sin traducirse, por razones que desconozco. En cuanto a las originales, pueden comprarse online en la web de sus herederos y socios: www.shigoandtrees.com.

Javier López, al que llamo por sistema siempre que tengo dudas sobre lo que debo hacer con un árbol (www.arbolsano.com), me pasó hace años unas fotocopias del Compendio de arboricultura moderna. Me quedé bastante sorprendida, con la impresión de que iba a tener que cuestionarme muchas de las cosas que me habían enseñado en los cursos de poda hasta ese momento. Este no es el lugar para hablar de la compartimentación, ni yo la persona indicada para hacerlo. Baste con insistir en la idea de partida: cuando uno tiene una motosierra o un serrote en la mano debería poder visualizar en su cabeza lo que va a pasar con toda probabilidad en el interior de ese ser vivo si el corte está mal hecho, o si se hace en un momento del año en que la compartimentación será más difícil, o simplemente es un corte gratuito, o realizado en una especie arbórea que compartimenta mal, y que, por tanto, condenará al árbol a una muerte lenta pero segura, etc. En los cursos de poda tradicionales –al menos en los dirigidos a estudiantes y jardineros de a pie– también se recomienda el “saneamiento y regularización” de las heridas (mucho más que una simple limpieza de tierra y trozos rotos de corteza), incluso su cierre con productos “cicatrizantes”; capítulo aparte serían las grandes heridas y oquedades; ahí todavía se sigue recomendando la instalación de tubos de drenaje, secado de las paredes con hornillos y sopletes, etc, etc. Ningún experto en arboricultura moderna hace eso ya, pero los antiguos hábitos se reproducen monótonamente en las webs más frecuentadas sobre jardinería y paisajismo… A. Shigo insiste mucho en esto de las dosis y el sentido común: no llega con saber cortar (“dónde”, “cómo”, “cuándo”), es que también hay que saber “cuánto”. Si cortamos y limpiamos de forma obsesiva eliminaremos las barreras químicas con las que el propio árbol está autoprotegiéndose y acabaremos dañando sin remedio la “zona cambial” (ese anillo de células con capacidad de reproducirse activamente, y del que depende, no sólo el crecimiento de cada primavera, sino también  la generación de los tejidos protectores que aislan la madera herida de la sana).

Yo ya no cojo las tijeras con la misma alegría. Ni limpio nada antes de estar bien segura. Un ejemplo: la goma que supuran los frutales de hueso; he estado quitándosela a los troncos durante mucho tiempo, convencida de estar haciendo lo correcto, cuando lo único que hacía, en realidad, era dejar esos árboles todavía más desprotegidos.

En LRO hay pocos árboles y en su mayoría están enfermos. Ya he contado al hablar de los drenajes lo que les pasó a los melocotoneros cuando el anterior propietario desvió hacia ellos el agua excedente de la terraza grande. En cuanto a las encinas y almendros más grandes, todavía recuerdo el consejo que me dio el guarda del coto de caza una de las veces que vino por aquí: tienes que “cortar con la motosierra todos los brazos, para que se ponga verde otra vez…”. Eso es lo que hacía el anterior propietario (aunque dudo que lo hiciera su padre en los años cincuenta, y no sólo por falta de motosierra). Y eso es, pues, lo que yo he heredado. Heridas de motosierra de hasta veinte centímetros de diámetro que no han empezado siquiera su compartimentación; ramas desordenadas, tocones necrosados, desgarros, inserciones muy frágiles. Y heridas brutales como las de la encina que encabeza esta entrada; heridas hechas por puro capricho, tan irracionales como apalear una serpiente o lanzar una botella de cristal contra las piedras.

Bueno, he empezado un catálogo de “heridas” de todos los árboles de la finca. Me gustaría dejar registrado cómo se van cerrando. Lo harán lentamente, muy poco a poco, como todo lo que hacen los árboles (“trees make love quietly”, reza uno de los leit-motiv de A. Shigo). Mi objetivo es familiarizarme con esas heridas, seguirlas de cerca, como si yo misma las llevara grabadas en un brazo. Las primeras de la serie (habrá más) serán las de los melocotoneros.