Palabros (2)

la turbera antes y despuésTurba. En el colegio, en la EGB de antes (ahora ya no lo sé) nos hacían memorizar la serie “ antracita, hulla, lignito, turba”. Millón de años arriba, millón de años abajo, todo venía a ser lo mismo:  fósiles vegetales sepultados, de cuando la tierra era verde hasta en los polos.  Las turberas son inmensos yacimientos de esos fósiles, esfagnos (un tipo de musgo) en su mayor  parte,  que se han acumulado en zonas cenagosas y frías, permanentemente encharcadas, es decir, sin aire.  Los organismos descomponedores que trabajan en un bosque templado no pueden de ninguna manera trabajar ahí. Los que lo hacen son otros (bacterias “an-aerobias”), y el producto final, como era de esperar, también es otro. En las turberas los restos orgánicos  no se descomponen y forman humus, liberando lentamente sus componentes. En la turbera no hay “humi-ficación”  sino “carbonización”. Otra historia. El resultado de la acumulación de esos restos, durante miles y miles de años, es un colchón de fibras compactas. Como esponjas comprimidas, muy fibrosas y ligeras pero muy pobres químicamente (¡no hay humus!). E inertes. Esto es, un material perfecto para las raicillas de las plantas recién germinadas. Por eso se usa tanto en los viveros de producción y es un componente básico de los “sustratos universales” para macetas (en los restantes sustratos, aunque en menor proporción, también suele estar presente).

…Y todo estaría muy bien si no fuera porque la extracción industrial de turba para jardinería ha provocado la desaparición de marismas  enteras en el norte de Europa, paisajes frágiles donde crece (crecía) el rosolí y cría (criaba) el gallo lira. Una loncha de turba de un metro de espesor de esta turba (la extraen con palas excavadoras) ha tardado 1000 años en formarse. Y esa misma turba, ese tesoro delicado, se va después a rellenar nuestras macetas de geranios. Como efecto secundario –por si  este desaguisado irracional  no fuera suficiente- la extracción de la turba libera a la atmósfera toneladas de CO2 .

gallo lira en una turbera

 (Foto de Erlend Haarbeg para el blog wild-wonders.com)

ATENCION pues a los “sustratos universales” (y a todos los demás también) que vamos a comprar.  Cada casa comercial tiene su receta.  Al leer la etiqueta hay que fijarse  sobre todo en dos cosas:

  1. Proporción de materia orgánica y procedencia de la misma; normalmente no la llevan; la reemplazan por abonos minerales, es decir, por el “bote de micebrina” (véase post anterior). A más vegetal, más calidad.
    2.  ¿LLeva turba?; seguro que sí;  en España es difícil encontrar sustratos sin ella.

Conclusión: lo que solemos comprar en los dichosos “Garden Center” es una esponja de turba triturada a la que le han agregado/inyectado abonos minerales.   Limitándonos por un momento al aspecto jardinero del asunto,  lo recomendable  sería  mezclar el sustrato con “tierra” de verdad, para que el producto final sea más consistente, pues una vez que se seca la turba no hay forma de rehidratarla (el agua corre maceta abajo, sin que nada la frene), y una vez que se consume la micebrina, que lo hará en un visto y no visto, ¿qué hacemos?; ¿empezamos otro bote, y otro…?.  La tierra del jardín lleva también hongos y bacterias (y otras cosas) que le darán vida al sustrato (larga vida, lo que NO nos ahorrará tener que cambiarlo algún día, bastante después, cuando las raíces crezcan y el aporte de materia orgánica se reduzca/detenga –en una maceta es lo normal : no caen hojas ni vienen los animales a anidar…)
drosera rotundifoliaPero el párrafo anterior, en realidad, SOBRA.  A base de romperme la cabeza una y otra vez, y de agobiarme pensando en el rosolí (una especie de Drosera, planta carnívora, la alta-tecnología del mundo vegetal; la foto procede de wikipedia)  he llegado a la conclusión de que lo mejor  es  que cada uno se haga propio “sustrato” para macetas, mezclando tierra limpia del jardín con un puñadito de humus y, si  hiciera falta aligerar la mezcla, con un poco de fibra de coco (la venden en todas partes; son como un ladrillo marrón, que hay que deshacer en un cubo de agua antes de usarlo).  Pero incluso la fibra de coco (o similar) se puede reemplazar por mantillo casero de hojas secas, no completamente desmenuzadas (a medio camino).

Y una última cosa. Lo de verdad importante, lo esencial  de toda esta película, es preguntar una y otra vez en las tiendas por sustratos SIN TURBA, dar la lata en Atención al Cliente, patalear, y no llevarse jamás uno de esos sacos de “sustrato universal” en los que, aunque ni el vendedor lo sepa, van incluidos los huevos del gallo lira,  las flores del rosolí, de las andrómedas, las llanuras brumosas del Mar Báltico, y hasta una porción  de los frondosos bosques tropicales que ocupaban nuestro hemisferio antes de las glaciaciones.

organic and peat free vegetable compost

Foto: en este vivero inglés el sustrato más vendido es el “compost libre de turba” (peat free). De modo que el producto existe; sólo falta que nosotros, como consumidores, lo exijamos. (Por cierto, en la etiqueta de la foto se especifica claramente que el compost es vegetal, es decir, puro mantillo.)

NOTAS
En los paises europeos firmantes de la red Natura 2000 ya no se permite la extracción de turba. En la actualidad el gran proveedor de nuestros mercados es Estonia.
La primera foto procede de pronatura.ch. A la derecha, la turba virgen. A la izquierda, la explotación industrial.

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Palabros (1)


Entre el 2006 y el 2008 estuve contratada como profesora de  jardinería en los Talleres del Parque de la Fuente del Berro (Madrid).  La mayoría de los alumnos eran jubilados, prejubilados, amas de casa, con las mañanas desocupadas y muy buena disposición. Empezábamos  muy serios, hablando del tema programado para ese día –“el riego por goteo”, “las plantas de rocalla”…-  pero siempre, siempre sin excepción, terminábamos por los cerros de Úbeda (la trilla en Segovia, la mermelada de limón…). Así que, al mes de empezar, me propuse como único objetivo realista de aquel curso  que mis alumnos aprendieran a usar bien las palabras del siguiente listado:

Sustrato.
Sería sinónimo de” soporte”, es decir: “cualquier cosa”. Cada sustrato es una mezcla de diferentes ingredientes. Tendríamos que leer la etiqueta antes de comprarlo para ver si esa mezcla sirve –o no- para lo que ese día queremos hacer con ella (por ejemplo, a los rosales les gusta un sustrato pesado y rico; a las azaleas uno más ligero y ácido, etc).  Sí, las casas comerciales – Compo, Burés, etc- ofrecen sacos de “sustrato universal”. Hablaremos de él al final del post.
Tomasiño cargando tierraTierra. Así, sin más, la tierra  que tenemos bajo los pies es un compuesto en parte mineral (partículas más o menos gruesas, procedentes de la fragmentación de la “roca madre” que está ahí mismo, bien abajo) y en parte orgánica (lo que resulta de la descomposición de restos vegetales y animales). Más el agua y los gases. No todo es tierra sólida: no habría vida en ella. En el agua están disueltas las sales minerales que las raíces absorben.  Esas sales proceden en su mayoría –como los gases- de la parte orgánica descompuesta (las moléculas se rompen y va saliendo de todo: el carbono, nitrógeno, etc,  en diferentes combinaciones, listas para que la planta los aproveche).

Mantillo. Son restos orgánicos, en su mayor parte vegetales (si no en su totalidad), que se encuentran en fase de descomposición  avanzada.  Toda la “tierra” fértil ha de tener, pues, su parte orgánica.  El mantillo del bosque es esa capa de hojas húmedas, musgos, hongos, plumas, excrementos…que huele tan bien en otoño. En su fase final de descomposición (una legión de invertebrados y microorganismos la llevan a cabo), la fracción más rica y concentrada, la “quintaesencia” del mantillo descompuesto, es lo que podríamos llamar “humus”.   El mantillo aparece descrito a veces como “enmienda” orgánica:  como es vegetal, como tiene  fibra, mejora de forma estable la estructura del suelo (la “física”), haciendo que retenga mejor el agua (lo justo y necesario, sin encharcar), facilitando al mismo tiempo la aireación y la vida de los microorganismos.  Al terminar la descomposición también mejorará la “química”.
NOTA: hay otras enmiendas además de las orgánicas; enmiendas calizas, por ejemplo, para corregir el pH del suelo cuando es muy bajo…

Compost.
No debiera ser nada. No es palabro castellano. Es un anglicismo que casi siempre reemplaza a mantillo. Y sin embargo… cada vez se usa más con un significado propio, diferente de “mantillo”, en el que predomina el componente vegetal. “Compost” se usa, pues, como “producto de la descomposición de la materia orgánica de diferentes orígenes  y producido en un compostero controlado” (quiere decirse: no en un montón abandonado  donde se echan a la buena de Dios los restos de la cocina, los excrementos del perro…eso, así, sólo vale para atraer a las ratas al jardín).

esterco de cabalo espallado pola horta

Abono orgánico. (Foto: estiércol de caballo cubriendo lo que queda de la huerta en invierno; lo suyo sería taparlo bien con una buena manta de hojas secas).  El abono orgánico,  el que compramos como tal, en realidad está formado casi exclusivamente (“casi”, según lo que nos vendan en cada caso…) de restos orgánicos animales. Estiércoles deshidratados. Muy ricos químicamente –no sólo en los tres “macronutrientes” imprescindibles, N, P, K-  pero no siempre estables en el suelo o no siempre disponibles para las raíces (la capacidad de asimilar ese alimento depende del estado del suelo y de la planta; si éste es malo, el abono no hace nada; sería como ofrecerle una mariscada a un enfermo terminal). Por otra parte, los abonos fuertemente nitrogenados -y los orgánicos, con matices según el origen, lo son-  duran un telediario (en realidad, la estabilidad del N depende de su forma de presentación: amoniacal, nítrica…pero como principio general creo que vale). En conclusión: un abono mejora la alimentación de la planta (siempre y cuando todo vaya bien), pero una “enmienda” –mantillo, humus- mejora  las condiciones del suelo (y a la larga, lo hemos visto, también la alimentación).  El abono es “química” y para  ya; la enmienda es “física y química”, y para un buen rato.
NOTA: Además de los abonos orgánicos hay abonos minerales, que, de hecho, son los que más se venden. La diferencia entre unos y otros es la que va de un plato de lentejas con chorizo a un bote de Micebrina

                             (Continuará. Palabros 2: turba)