Al principio fue la avena

0- fresa-9dic2006Se entra en LRO por un camino en pendiente que pasa por encima del antiguo cauce de aguas pluviales. Este repecho de la entrada vió por última vez un arado a finales de noviembre de 2006, unos días después de comprar la finca. A principios de diciembre, ya con el invierno pisándonos los talones, Anastasio nos ayudó a sembrar  una mezcla de avena (que compramos en el almacén de `piensos del pueblo) y de alfalfa (que tuvimos que encargar, y que en parte fue responsable del retraso  en la siembra).   Como Anastasio araba en la dirección de la pendiente, y fue inútil tratar de convencerle de que lo hiciera al revés, a continuación tuvimos que pasar una “mulilla” en la dirección contraria (foto), con la idea  de reducir la escorrentía.  No fue grave la cosa. A pesar de haber sembrado tan tarde y ya con el frío encima, la semilla germinó, y en abril daba gusto ver aquella pelambrera de color verde cubriendo la pendiente hasta el camino. En otros lugares de la finca, más expuestos, se sembraron cebada y yeros. Y en la pradera de abajo (otra historia, para otro post), un saco de semillas silvestres.  De todas esas siembras del primer año la mejor fue ésta, ésta que cuento ahora, la avena y la alfalfa de la entrada. Ya a principios del verano segamos con la hoz una parte de aquel herbazal y lo usamos como acolchado para moras y frambuesas (entonces en su mejor momento; hoy ya han pasado a mejor vida, véase el post “Adiós a las frambuesas”).  Una banda de tórtolas vino a dar cuenta de la semilla caída. Se esperaban quietecitas en el alcornoque del vecino (ese árbol precioso de la primera foto, del otro lado del camino) y en cuanto la furgoneta desaparecía al caer la tarde… ¡zás!, ellas salían de la copa y se llegaban a la avena.  A mediados de agosto la avena  se secó, pero la alfalfa sí sobrevivió a la calorina, con sus raíces como tenazas agarradas a la tierra. Las ovejas de Miguel, el pastor, vinieron a rematar esa alfalfa  siempre verde y los pocos granos que las tórtolas habían dejado entre la paja.
Y pasó el otoño, y pasó el invierno. Y plantamos una docena de almendros, de los que, seis años después, sobreviven la mitad, ni se sabe muy bien cómo.  La alfalfa, leguminosa vivaz, sigue brotando cada año. Ya he contado en otro lugar que un vecino viene a segarla, por poca que sea, para dársela a sus conejos.  En la primavera del 2008, aunque no se había repetido siembra alguna, incluso la avena volvió a salir, para sorpresa de todo el mundo, gracias al puñado de semillas que habían escapado a los pájaros, ovejas, hormigas, ratones…marzo 09,todavía avenaUna mañana de marzo, mientras yo almorzaba bajo el sombrajo de la casilla, se acercó una vaca negra -de las que suben en invierno a esa finca del alcornoque- y ahí se estuvo varias horas, regalándose con aquella verdura fresca, hasta que se hartó y se volvió a casa.
En el año 2010 pusimos finalmente la primera de las “huertas de la entrada”. Para entonces el pastor estaba ya muy mal de la espalda (y las rodillas). En vez de venir hasta allí las ovejas, iba yo al “tinao” a recoger estiércol. También hemos hablado de esto en otros posts. Bueno. Gracias al “abono verde” de la avena y la alfalfa, a la recuperación de la cubierta vegetal y al fin de la erosión, todo ello acompañado de sacos de estiércol y bastante paciencia (mezclada con vagancia)… la tierra se recuperó. En el 2012 se puso una “segunda huerta de la entrada”, para ir alternando los cultivos y tratar de engañar a algunos parásitos. Los pocos metros cuadrados que pueden robar las raíces de los siete almendros supervivientes se compensan más que de sobra con lo agradecido de su sombra. Que se lo pregunten, si no, a los calabacines. Son dos huertas muy apañadas. En la segunda quincena de agosto la sombra del alcornoque se extiende a última hora de la tarde por la primera huerta. ¡Y cómo se lo agradecen las coles!. Pensando en esa sombra, contando con ella, plantamos precisamente ahí lo que más frescor necesita  en esa época del año.tomates y pim  julio
Y para terminar: véase la primera foto, a la derecha. Sólo ese tramo de la entrada -unos diez metros más o menos-  están cerrados con algo de malla, para impedir que los perros se echen a las bicis cuando bajan como locas por el camino. Para camuflar la malla y aislar un poco la huerta, plantamos tres encinas y muchas jaras y cantuesos traidos de otros lugares de la finca. Pero  lo mejor de la entrada es esta otra encina, la que reproduzco a continuación, y que ha nacido sin que nadie se lo pidiera justo en el punto rojo marcado en la foto de arriba (siete años separan una foto de otra, pues). No era más que un batiburrillo de retoños que todo el mundo pisoteaba al entrar; que ni se veían. Al jubilar el arado, la cosa cambió: los retoños crecieron, crecieron todo lo que puede pedírsele a un retoño de encina en un secarral como éste, y así siguieron, muy lentamente, hasta que, en un momento dado, me animé a coger la tijera y  a poner orden. Sólo he dejado un “fuste”. Limpio todo lo que crece por debajo y alrededor, para que éste crezca sin competencia. Hoy me saca a mí dos buenas cuartas, lo que seguramente no sería nada del otro mundo si no estuviéramos hablando de una encina -y de una encina que no se riega JAMÁS-; está llena de  brotes glaucos, que crecen derechos y decididos, y en los que que más pronto que tarde, si todo va como hasta ahora,  acabará viniendo a anidar algún pájaro.

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La vida en la periferia (bis)

plátano hueco(Segunda parte de : https://laramadeoro.com/2013/03/13/la-vida-en-la-periferia/ ‎)

Así que era verdad, que la vida estaba en la periferia, y lo de dentro – ese hueco “sano”, sin pudriciones- no era más que lo que sospechábamos: un refugio ocasional para gatos, niños, pájaros.
La foto me acaba de llegar, con la indicación de que está sacada hoy mismo a mediodía.

NOTA: Para la explicación botánica, léanse los comentarios a la citada entrada del mes de marzo

Trasmocho (3): turnos de poda

En octubre, cuando las hojas están todavía en el árbol, es decir, cuando se  puede distinguir bien la rama seca de la rama viva, hay que ir empezando a cortar leña. En LRO tenemos leña en abundancia. La voy trayendo a casa poco a poco, en los mismos capachos que utilizamos hace unos días para vendimiar…

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Savvinskaya sloboda, cerca de Zvenigorod (43 km al NO de Moscú).

savvinskaya slobodaEl pintor Isaak Levitan,  hijo de un funcionario del ferrocarril, nieto de rabino, y pobre como las ratas, fue deportado de Moscú con su familia en 1879 por pertenecer a la raza maldita. Se le “perdonó”  en virtud de su ya probado talento con los pinceles (entre sus protectores aristócratas estaba Tretiakov, cuya galería de arte es hoy una de las más visitadas de la ciudad) de modo que, a los pocos meses de su partida forzosa, Isaak pudo regresar a Moscú y seguir pintando. Lo suyo eran los paisajes agrícolas de los alrededores.  O bosques, sobre todo en otoño, con una marcada preferencia por los  abedules. O la orilla de un lago.  No solía incluir figuras -aldeanos-  en sus paisajes, pero sí se fijaba mucho en las huellas que dejaban, como aquí, en este  roble trasmocho junto al camino (así suelen estar los árboles útiles:  muy a mano).
Detrás del cuadro hay un grupo de personas, una familia. La misma que cuida de esas gallinas que picotean lo que pueden al pie del árbol. La escena es así: adultos , ancianos y niños, todos ellos pelados de frío, esperando que las ramas del roble engorden para poder cortarlas, echarlas al fuego, y hacerlas cundir.  Muchas veces (quizá la mayoría) el árbol no es de ellos. Tienen arrendado el usufructo, como quien compra el derecho a las castañas pero no el árbol que las produce. Y en el mismo contrato de arrendamiento suele estar escrito -en esta aldea moscovita como en una pedanía de Cuenca, o del Aveyron, o de Sussex…- cuántos años han de pasar entre corta y corta.
A este roble trasmocho del cuadro le están dejando crecer un número suficiente de ramas (las de grosor medio, destinadas quizá al fuego de este invierno, o a la producción de carbón, se amontonan detrás; alguien vendrá pronto a picarlas). Y no es más que eso, un viejo árbol bien cuidado,  lo que Levitán quiere pintar. Conservará su copa, más o menos estructurada. Se recuperará, almacenará reservas, y cuando vuelva el turno de trasmocho (8, 10, 12 años), la cicatrización será buena. Pero no todas las podas eran tan cabales, eso ya lo sabemos…. En la Rusia decimonónica, como en cualquier pais de miseria y analfabetismo, los recursos se explotaban según el solo criterio de la urgencia. Pan para hoy, hambre para mañana. (Llevado a su extremo más doloroso, lo ví -lo tuve que ver- hace ya unos años en Angola: baobabs y acacias literalmente machacadas para obtener leña rápida, sin dedicarle ni medio pensamiento al árbol, ni una duda, ni una pregunta.)
Isaak Levitan era amigo de Anton Chéjov, cuya dacha en Crimea frecuentaba, y de cuya hermana, cuentan, andaba enamoriscado. Era amigo íntimo de hombres como Ástrov, el médico  de la aldea, siempre atareado, siempre exhausto, que paraba de cuando en cuando en casa de tío Vania a charlar y compartir un vaso de vodka . Ástrov, enamorado también él sin esperanza, el mismo que plantaba árboles por dónde pasaba, y que ya en 1899 se rebelaba contra las talas irracionales:

“…Puedes utilizar carbón mineral para las estufas y piedra para los graneros…Pero, en fin, yo estaría conforme con que se talen los bosques cuando es absolutamente necesario, ¿pero para qué arrasarlos?. En Rusia los bosques gimen bajo el hacha, se destruyen millones y millones de árboles, se aniquilan las guaridas de animales y pájaros, disminuye el caudal de los ríos y acaban por secarse, desaparecen para siempre espléndidos paisajes…y todo ello resulta de que la gente es demasiado haragana y estúpida para agacharse y recoger combustible del suelo. (a Yelena). ¿No es verdad, señora?. Hay que ser un bárbaro irracional para quemar toda esa belleza en la estufa, para destruir lo que no podemos crear (…) …y con cada día que pasa la tierra es más pobre y más fea  (a Voinitsky). Veo que tú me miras con ironía y que nada de lo que estoy diciendo te parece serio, y…y quizá no sea más que una chifladura mía; pero cuando paso junto a los bosques de los campesinos que yo he salvado de la tala, o cuando oigo el rumor de los árboles jóvenes que yo he plantado con mis propias manos, comprendo que, hasta cierto punto, el clima también depende de mí (…)”

 (A.Chéjov, Tío Ványa, al final del Acto I. Alianza editorial, 2003. Traducción de J-López-Morillas)

NOTAS
La galería Tretiakov posee los mejores paisajes de Levitan: http://www.tretyakovgallery.ru/en/search/_page/1/?searchme=isaak%20levitan
Rusia, a juzgar por estos paisajes, se diría sembrada de abedules.También en este cuadro los hay: ese grupo de corteza blanca que se distingue al fondo, con las hojas todavía en su sitio pero ya doradas (¿ finales de octubre?)

Ballena varada en el parque

           otoñoinviernoprimavera……….Un haya caída. El leñador ha ido girando amorosamente cada troza, y el resultado es esa especie de columna vertebral. Alguien en el servicio de “espacios verdes” del ayuntamiento de Ginebra decidió dejar ese mamotreto en su sitio.  Como una ballena varada. Las hojas de las restantes hayas lo cubren en otoño-quizá clones suyos, pues el tocón retoña a placer-, la lluvia y la nieve lo empapan después, los excrementos de los pájaros lo pintarrajean de blanco en abril; los yesqueros, duros como piedras, se van formando en cada corte.  Y cuando alguien encuentra por el paseo la correa perdida de un perro, o un zapato de niño, o un llavero  o un teléfono móvil…lo recoge y lo deposita sobre el haya, por si el dueño, al darse cuenta, volviera al parque a buscarlo .

La vida en la periferia

Invierno 2013

la vida en la periferiaUn plátano de sombra hueco en el camino de Fessy. ¿Está vivo, muerto, catatónico?. Si está muerto, ¿por qué  sigue en pie?. ¿Vale para algo?.¿Quizá para guardar  la bombona de repuesto, o una escalera, o una pila de cajas, o..?. Si está vivo ¿brotará?. ¿Florecerá?. ¿Qué le ha pasado?. ¿Cuánta gente cabría dentro, bien apretada?. ¿Dónde está la copa?.  Si se apoya una bici o una moto, si se recuesta uno contra él, ¿se desplomaría?. ¿Quién lo plantó y cuándo?. ¿Anida algún pájaro en él…?.
(Todas las respuestas, próximamente…)

Los tres amigos del invierno.

Entre febrero y marzo

Three_Friends_of_Winter_by_Zhao_MengjianEl pino (song) y el bambú (zhú) atraviesan el frío y la noche invernal sin apenas inmutarse (algunas ramas partidas, la punta de las hojas helada). El tercer amigo, el albaricoquero (méi) , se suma ahora a sus dos compañeros. Lo hace en un momento muy preciso del año,  a la salida del invierno, cuando marzo  quiere ser abril pero todavía parece febrero: las yemas están hinchadas, ya se ve el color de los pétalos, y sólo falta  que la temperatura suba un poco para que las flores se decidan a abrirse del todo.
Este motivo song-zhú-mei – o también, según donde se lea, Suihan Sanyou, “tres amigos del invierno”-  empezó a utilizarse en la pintura y la cerámica chinas hace mil años. Los japoneses lo heredaron y lo estilizaron.  Lo convirtieron en  Matsu-take-ume. Y lo reprodujeron, con un sinfín de variaciones, en teteras, platos, biombos, kimonos, arreglos florales.  img_2554Los libros de arte insisten en el valor simbólico de cada planta, como cuando se trata de analizar la supuesta “vanitas” que todo bodegón barroco debe esconder… Los pintores, entonces, ¿escogían éste o aquel motivo por su valor moral?. El pino por su fortaleza. El bambú, por su perseverancia. El albaricoquero por su humildad, quizá por su optimismo (floreciendo mientras aún nieva, sin amilanarse). Y los tres -con el bambú  en cabeza- vendrían a representar originariamente al “hombre letrado”, hombre superior,  ideal de Confucio…

Ayer

Ayer

Del bambú  (uno de los dormideros preferidos por los gorriones): el frufrú de las ramas cuando las mueve el viento. Del pino: el olor de la pinocha en verano, cuando el sol lo tuesta todo. Del albaricoquero: estos días antes del desborre, aquí o en la isla de Hokkaido: unas ramas  en un frasco de agua, junto a la ventana de la cocina. Y dentro de seis meses,  la mermelada.

NOTAS
La primera foto, de wikipedia, reproduce una pintura en papel de Zháo Mengjian,  hacia 1200. La segunda es un plato de cerámica japonesa, hiperestilizada (atención al pino bajo la nieve: en la parte inferior; la nieve es esa línea que lo cubre, como una bolsa transparente). Procede de aquí: tokiojinja.com.
sake_shochiku-01A pesar de todos esos nombres exóticos diseminados por el post, el nombre más corriente para la tríada pino-bambú-albaricoquero parece ser ésta: Sho-chiku-bai, que no es ni chino ni japonés, sino, por lo visto, la lectura china de los caracteres kenji (japoneses)… Anoto esta tercera (o cuarta) forma de referirse al mismo motivo  porque en un museo de arte asiático es algo tan familiar como lo sería en uno nuestro, por ejemplo, una “Adoración de los pastores”…Tan familiar que hasta le ha dado nombre a un tipo de sake, el más tradicional. (Véase la reproducción, con las tres etiquetas circulares,  correspondientes a cada uno de los tres amigos. Procede de una tienda de venta de alcohol on-line)

Trasmocho (2): un prado en Salisbury

Un prado en Salisbury, 1829

un prado en salisbury

A nasty green thing, una cosa verde y desagradable, dijeron los académicos, sin arrugarse, cuando John Constable les presentó su cuadro. Hoy este  “Water-meadow at Salisbury” está valorado en varios millones de euros ( veintiocho le dieron a la Baronesa Thyssen por su “Esclusa”). Pertenece al Victoria and Albert Museum de Londres, pero estos días – hasta el 17 de febrero- forma parte de una exposición en la ¡Royal Academy! sobre los orígenes de la pintura de paisaje en Inglaterra.
Estamos a unos treinta y pocos kilómetros del mar, en la enorme llanura del sur de Inglaterra, cruzada por una miríada de ríos y arroyos de aguas calcáreas (chalk streams), famosas por la calidad de sus truchas y salmones.  Lo que se ve junto al río son sauces trasmochos: pollards, seguramente en agosto. Los ramos del año no han sido cortados aún y el prado amarillea. Entre las hierbas y juncos  de la orilla habrá algún nido de carricerín; entre las raíces de los alisos, río arriba, algún nido de martín pescador. Los pollos estarán crecidos, haciendo sus primeras pruebas de vuelo. Algún paseante vendrá al atardecer, después del té y la tertulia -quizá el propio John, o su amigo Fischer, obispo de la Catedral, que lo ha invitado a pasar con él unos días-. Con las fuertes lluvias invernales el río se hinchará y el prado quedará intransitable. Para entonces los sauces serán verdaderos pollards, con sus cabezones rasurados al viento.  Pero a ellos no les molesta tener durante meses los pies en el agua. Por lo demás, un antiguo sistema de canales y compuertas regula la entrada y salida del agua en el prado,  “prado de diente”, llano y siempre empapado, como en Holanda.  Las vacas podrán ramonear las briznas del mundialmente famoso “Raygrass inglés” en cuanto se despejen las nubes y vuelva el sol.  Sospechamos (siendo el pasto tan espeso) que el dueño del prado, o el que lo arriende, o el paisano con derecho a entrar en él, no necesita el sauce para forraje. Utilizará esos ramos flexibles para hacerse media docena de nasas en forma de embudo (?); irá colocándolas con paciencia -metido hasta la cintura en el agua- y volverá a revisarlas cada día, y a vaciarlas de truchas si la cosa va bien. O puede que, previsor, sí se lleve los ramones. Y que los ensile, pensando en dárselos a sus vacas en invierno, un poco fermentados, cuando el prado  vuelva a ser un puro charco…

NOTAS
Sobre la conservación e importancia medioambiental de estos prados periódicamente inundados, véase: http://www.salisburywatermeadows.org.uk/waterlocate.htm

El “famoso Raygrass inglés”, Lolium perenne, crece desde siempre en toda Europa. Pero es verdad que prefiere las zonas húmedas y el clima oceánico. Entiendo que también podríamos llamarlo raigrás normando, raigrás bretón, raigrás asturiano…Lo que sí han inventado  y exportado los ingleses, desde el siglo XVIII, son sus céspedes ornamentales, formados por una mezcla de gramíneas en las que siempre termina por dominar el raigrás. Pero ésa es otra historia.

Trasmocho (1): ramos del año

Fresnos y sauces en invierno

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 A estas podas les decían “de trasmocho”. O “desmoche”. Se cortaban con hachuela los ramos de uno o dos años, lo más cerca posible de la inserción, y los toconcitos que iban quedando formaban con el tiempo una cabeza grande y pesada. Así los fresnos y melojos de la Herrería (post del día 15, y foto de la izquierda). Así los “vimbieiros” de las Rías Baixas (post del día 10, y fotos de abajo). Allí los ramos del año (ramones) servían para forraje, aquí para atar las vides. Y en ambos casos, y en todas partes, para tejer cestos, incluso nasas. Cuando el trasmocho se hacía por leña, entonces los turnos de poda forzosamente eran más largos (8, 10 años… lo que fuere, según la especie), y lo que se cortaba, con bastante más trabajo, ya no eran los esbeltos ramos de la última primavera, sino las gruesas ramas  que se habían ido formando a lo largo de ese tiempo…(continuará

vimbieiras cambados reducparra-vimbio reduc

 

NOTAS: 
En Francia, a los árboles deformados por estas podas radicales se les llama trognes. El sustantivo tiene por lo visto un segundo sentido en francés, entre peyorativo y admirativo: un trogne es la cara colorada y regordeta del que le gusta el vino… He tenido recientemente entre las manos un libro dedicado a ellos (Le Trogne: l’ arbre paysan aux mille usages, Dominique Mansion, Ed. Ouest-France, 2010). El libro es una colección de fotografías de viejos árboles trasmochos, retratados con inmenso amor y gratitud, y un almacén precioso de información sobre su cultivo y aprovechamiento.
Trognes y restos de  setos champêtres fueron/son objeto de un mimo envidiable por parte de muchas asociaciones francesas, alarmadas por la hecatombe que suponían para sus paisajes los programas de concentración parcelaria llevados al extremo y muchas -demasiadas- veces totalmente injustificados….A día de hoy lo que les trae de cabeza es el proyecto de aeropuerto del Grand-Ouest, una  enormidad incomprensible, habida cuenta de que toda esa zona lleva años conectada con París por un TGV, un tren de alta velocidad, que además se está renovando. El aeropuerto se llevaría por delante dos mil hectáreas agrícolas, cien kilómetros de setos y trognes, etc. – ¿Pasará como con nuestro aeropuerto de Ciudad Real?. Ya veremos.
http://www.lemonde.fr/idees/article/2012/12/13/notre-dame-des-landes-une-resistance-qui-ne-se-laissera-pas-dicter-sa-conduite_1805511_3232.html

                

 

Paisaje de invierno

desde la finca de la herrería reducida

Finca de la Herrería (o Dehesa de las Ferrerías de Fuentelámparas), al suroeste de San Lorenzo. Detrás, el monasterio. Y allá lejos, el monte Abantos. “Fresneda adehesada”,  llaman a la Herrería. Los fresnos se pelaron  durante décadas para usar los ramos del año como forraje para el ganado al mediar el verano, cuando el prado se agostaba.  “Adehesada” por eso, porque la fresneda es una masa  aclarada que podían cruzar las vacas. Hoy sólo se ven turistas, o gente del pueblo con sus niños y sus perros. Pero en las fincas vecinas sigue habiendo explotaciones ganaderas, y las vacas pastan entre  fresnos y robles desmochados. La mayoría de los árboles de la Herrería, como los de la foto, ya no se tocan. Crecen  sin agobios, con su copa más o menos recuperada,  pero si se explora a fondo el lugar todavía pueden encontrarse algunos fresnos aislados que sí, que sí  han sido podados recientemente, conservando la silueta que debió de marcar este paisaje durante cientos de años.  Cuando Felipe II se asomaba a la ventana no vería otra cosa. Fresnos en la parte baja, robles melojos más arriba, frailes trajinando en el huerto,  torrenteras desordenadas… Y vacas con sus terneros.