Severo en la viña (parte 3)

Si no se les quita lo seco las cepas se arreviejan. A los muñones sin yemas, o con una clara desproporción entre lo viejo (que es mucho) y lo nuevo, que es una chuchurría, Severo les dice cucazos. Fuera con ellos. Y Miguel, para que me quede claro, completa la descripción: peñuscos, miseria, guarrería… La herramienta para quitar todo eso: la azolilla (zapapico pequeño con dos filos, uno vertical y otro horizontal)

Cuando se raspan bien los cortes de esos cucazos reviejos, apurándolos con las tijeras una segunda y hasta una tercera vez, se sacan trozos finos de madera, como monedas, que Severo llama centimiles.

 

Continuará

Severo en la viña (parte 2)

En una viña como es debido las cepas están mondadas y/o chapodadas antes de la poda. Mondar: seleccionar los sarmientos y dejarlos largos, sin rebajar (diferencia con chapodar, que era solo recortarlos todos -chá, chá, chá…¿de ahí vendrá el palabro?- quizá para que pase mejor el arado por las calles).

Mondadas, chapodadas, o como buenamente quedaron tras la vendimia (nuestro caso), llega el momento de podar. En cada brazo quedará un pulgar y en cada pulgar dos o tres yemas: la casquiza de abajo, que no cuenta, y dos al aire (o solo una, si ya no hiela). No se puede dejar ninguna yema que no haya sido seleccionada. Para ello, dice Severo, hay que lamer bien los sarmientos, mejor dicho, sus cicatrices, que hemos dejado al ras. Mucho ojo con esas yemas casquizas que puedan quedar por los sobacos de la cepa. Ante la duda: pase de desroñador (véase parte 1).
Muy importante: la yema al aire del pulgar ha de estar cubierta por un tocón. Este tocón le dará resistencia al nuevo sarmiento (el que brote de la yema al aire) cuando se cargue de racimos… Para estar bien seguros de que dejamos tocón, el corte se hace por medio y medio de la yema/nudo siguiente, tal como hace Severo en el vídeo (arreglando una cepa podada por mí, con pulgares demasiado largos):

 

Continuará

Severo en la viña (parte 1)

Nadie sabe más que Severo. A él le enseñó su abuelo cuando tenía diez años. Durante los cincuenta, sesenta, setenta siguientes… Severo podó viñas sin parar. Las de la familia y las del tío León, y todas las que se le ponían  por delante. Las chapodó, sarmentó, despampanó, desroñó…
Severo es el mejor: el último de los buenos, el único que aún puede contestar a todo cuanto se le pregunta.
Para celebrar la clase -en el campo, acompañados de Miguel Manduca, buen amigo de ambos- yo llevé un queso San Simón da Costa y él una botella de moscatel.

Chapodar: cortar un poco los sarmientos nada más terminar la vendimia, de modo que cuando llegue el momento de la poda -propiamente dicha- solo haga falta rebajarlos, dejándolos reducidos a un pulgar de dos yemas.

Desroñar: quitar las tiras de corteza vieja, llenas de tierra y suciedad, usando un desroñador ( herramienta entre el hocino/fouciño y la serpeta)

Peras 1920

Variedades más cultivadas en Francia hacia 1920

Una de las planches en couleurs de la Larousse agricole. Sobre las peras “Buenas Cristianas” (segunda hilera, segunda pera por la izquierda), este post antiguo: https://laramadeoro.com/2012/03/26/peras-buenas-cristianas/

Comentarios 2020
La ‘Buen Cristiano’ actual madura a finales de agosto. Pera de verano/otoño, pues, de “media temporada”, que sigue a nuestra ‘Blanquilla’ de LRO, la ‘Ercolini’ y la limonera, y a estas dos peras tempranas que también están en la foto: la ‘Duquesa de Angoulema’ y la ‘Louisse Bonne’ (última hilera; aún se encuentran los plantones de peral on-line, pero no la fruta). ‘Buen Cristiano’, de orígenes disque medievales (1), dio lugar al peral Williams de los ingleses; al Barlet de los yanquis. Es la pera-pera por excelencia. La más cultivada. La más aromática y jugosa. La más probable en la mesa de Downtown Abbey.

Las “peras de invierno” (en negrita) son las que se recogen tarde, desde finales de septiembre, y terminan de madurar al frío, conservándose aceptablemente hasta enero o febrero (y marzo; y hasta el infinito y más allá si uno se empeña en tenerlas medio congeladas). Hojeando listados de variedades, encuentro que las más antiguas, anteriores a los modernos sistemas de refrigeración, son casi siempre de finales de verano/ otoño. De la plancha de la Larousse, solo la tardía `Decana del congreso’ (última hilera, abajo, Doyenné du comice), a pesar de su cutis delicado, podría pasar de Reyes. Otras peras de invierno antiguas, muy conocidas y comercializadas, pero que no salen en esta plancha: la Anjou y la Beurrée Bosc.
La pera invernal más famosa, tampoco incluida en la Larousse agricole, es la ‘Conferencia’, conseguida en un vivero inglés a finales del XIX. Son las peras que comerá usted hoy si baja al mercado a por fruta (2), y no solo porque a esa variedad le guste el frío de enero o de las cámaras frigoríficas industriales, que sí le gusta, sino también por su “resistencia a los golpes” (meses de traqueteo y manipulación). Pero cuando la Larousse publicó esta plancha (1921) la Conference aún no se había extendido por el continente. No sé si la ‘Conferencia’ sale reproducida en alguna otra plancha… Quizá no. A lo mejor el conde de Grantham las comía en Yorkshire. Pero lo más probable es que Claude Monet, en Giverny, comiera en enero peras ‘Anjou’, o solo compota de peras, espolvoreada de canela.

Perales Conferencia en Ponferrada. El consejo regulador de esta variedad, la más cultivada en el Bierzo, organiza una ruta el 7 de mayo para ver los perales en flor (www.peraconferenciadelbierzo.org)

Notas
(1) Ms. La Quintinie la consideraba la mejor pera del mundo. Prodigándoles los necesarios cuidados, Monsieur podía hacer llegar sus peras Bon chrétien hasta Cuaresma y servírselas a Luis XIV en su punto de madurez.
(2) En el Carrefour virtual las `Conferencia’ bio ya están agotadas hoy, 25 de enero. Entre las no-bio, ¡hay incluso blanquillas y limoneras, las peras de julio-agosto! Pero la ficha que acompaña la foto no especifica su origen, probablemente Aragón/Cataluña. En cuanto al precio: 1,59 el kilo, tiradas (= fruta que pasa meses en cámaras frigoríficas), mientras que las ‘Conferencia’ bio agotadas estaban a más de cinco euros (y no eran caras). Sobre la producción de peras en España, variedades, problemas, etc, aquí: https://www.interempresas.net/Horticola/Articulos/208480-El-cultivo-del-peral-en-Espana-situacion-actual-e-innovacion-varietal.html

Limpiar barricas

Tres barricas de roble francés reciclado. De 128 litros, porque las grandes de todo (256) no nos entraban por la puerta de la bodega. Tienen ya cinco años, pero tendrán que durar alguno más. No por lo que aporten al sabor del vino -que ya es nada- sino como recipientes para que continúe “haciéndose”, suavemente. Solo trasegamos una vez. En invierno, cuando el frío, no demasiado intenso este año, ha facilitado la decantación de los sólidos e “impurezas” varias que pudieran haber quedado por el vino. Lavamos la barrica a la antigua. Primer lavado con la manguera. A continuación, meneo (¡enérgico!) con una cadena dentro, que rasque bien las paredes. Tercer lavado con agua caliente. Y ya está: a darle swing a derecha e izquierda, con ganas, hasta que el agua empiece a salir clara.
Cuando haya goteado bien (quince, veinte minutos con el agujero hacia abajo), volvemos a meter el vino, que teníamos esperando/ tiritando en la cuba de acero.

Comienzo del fin

Vanessa cardui apurando las flores de una abelia, el mejor de los arbustos todo-terreno que se plantaron hace años entre las rocas, pegados a la casilla, a su calor, y ahora crecen solos, sin riego ni protección alguna. Queda en flor esa abelia y el rosal ‘Old Blush’, mi preferido entre los chinos, cuyas flores no dan de comer más que a las cetonias (y en primavera, con el sol en lo alto). Dos cólias -amarillo azufre, lunar negro y lunar plateado- aletean con la vanesa en torno a la abelia. Casi no se alejan de ella. Vuelan bajo, como sofocadas, se posan enseguida y pliegan las alas.

Hemos repuesto ya, para compensar las bajas de este año atroz, tres almendros (dos ‘Guara’ y un ‘Ferragnés’, de floración tardía), una higuera `Cuello de Dama’ y un hermoso nogal sin pedigrí. Quedan por plantar al menos otros cuatro almendros y tres olivos. Quedan también muchas almendras sin recoger. Hay más que el año pasado, pero pocas buenas. Las guardamos en saquitos de yute, que fueron de patatas, y vamos descascarillándolas poco a poco con un artilugio muy útil que compré en Griñón (modelo “cocodrilo”; lo tienen en cualquier ferretería; la ventaja respecto al martillo es que la cáscara no sale volando).
Crecen bien, pero despacio, las coles, alcachofas y puerros. La alberca de arriba rebosa. El pilón frente a la casilla vuelve a tener agua, y ya rebosa también, aunque más discretamente que la alberca, sobre un cauce tupido de tierra y grama que habrá que limpiar más pronto que tarde.

Hace dos días, de vuelta de poner los ajos, se me cruzó un meloncillo en el camino. Eran las tres de la tarde. Cruzó disparado, sin mirar, y se puso a salvo de un brinco entre las zarzas del otro lado. Nunca había visto uno tan de cerca (de lejos puede parecer un gato paticorto, o un hurón de buen año…) Tienen el pelaje oscuro, color chocolate, y la cabeza pequeña y puntiaguda.
No sé si veo o adivino a los alcaudones. Una pareja de plumas negras y blancas, con una gota de rojo teja.¿No deberían haberse ido? ¿Con qué otros pájaros me los confundo entonces?
Los cazadores, como cada año, han arrancado postes y carteles: propiedad privada, prohibido cazar. Ni caso. Cojo el mazo, unos carteles nuevos (fotocopias plastificadas), y volvemos a empezar. Cartuchos rojos o verdes, en los que me cabe el pulgar, aparecen entre las cepas peladas.
Al guardar la azada en la casilla me encontré una larga culebra de escalera deslizándose lentamente, muy lentamente, entre dos bloques de piedra de la pared. ¡Qué bien hicimos en dejarlos así, sin mortero! Una salamanquesa pequeña y adormilada, de cuatro o cinco centímetros, se cayó de espaldas desde el quicio de la puerta. Pero la culebra ya estaba yéndose. No la vio. Puse a la salamanquesa del derecho y la empujé con un dedo para que se metiera entre los capachos y cajas que usamos para la vendimia (el resto del año se ordenan justo ahí, detrás de la puerta).

El fin de semana pasado vino por LRO la familia de Anastasio, el anterior propietario, fallecido por Todos los Santos. Plantaron un almendro y enterraron las cenizas de Anastasio en el alcorque. El almendro crecerá en la parte alta de la finca, donde él solía poner su huerta. El valle del Tórtolas, que vierte en el Alberche, se extiende a sus pies: un ancho paisaje de encinas, olivos, viñedos, jaras. Muy a lo lejos, chalés desperdigados (urbanizaciones fantasma, en suelo rústico), plásticos de un invernadero, antenas del centro espacial de Robledo No fue nada triste. Anastasio tenía un montón de nietos, que bajaron riendo y alborotando por el camino. Cuando se despidieron subí a echar un vistazo. Añadí un tutor, del lado del viento dominante (noroeste) y protegí el tronco con un manguito de malla de plástico, muy fea, pero también muy necesaria para que los corzos no estropeen la corteza cuando vienen a frotarse los cuernos.

En quince días, a partir de ya, empezará a crecer el sol.

Por San Martín el ajero

Después de una semana de lluvia (lluvia despaciosa, de la buena), el cielo estaba azul y la tierra fresca. También estaba blanda, la tierra; fácil de trabajar. Preparé para los ajos una cama ancha, de modo que me cupieran dos líneas (más una tercera por el medio, haciendo un quincunx) y de un codo de alto, para que las raíces estén siempre bien drenadas.
Desde mediados de noviembre (San Martín) y a lo largo de todo el invierno, cualquier día es bueno para plantar ajos, con la sola limitación del hielo o del suelo encharcado. En cuanto a la luna, ya es otro cantar. Los que se lo creen a pies juntillas me reprocharían haber plantado ayer. Conviene al ajo la luna menguante, no el cuarto creciente en que estamos. ¿Por qué no esperar un poco, qué trabajo cuesta? Pues sí cuesta. Los ajos “de siembra” no pueden aguantar eternamente en su redecilla, porque corren el riesgo de empezar a brotar; y eso es peor, en mi opinión, que lo que diga la luna.

Uno planta cuando le cuadra. Hay que hacerlo en una tierra limpia de hierbas, raicillas, piedras. Una tierra en tempero, como la de ayer. En un caballón alto y bien drenado. En un rincón aireado, que quede expuesto al sol cuando el sol llegue. Con un material vegetal sano; ni viejo y reblandecido, ni con la yema verdeando, apuntando ya al cielo. A la profundidad adecuada: no tan abajo que se pudran, o se enfríen y tarden demasiado en brotar, ni tan arriba que el viento o un chaparrón, o el pico de un pájaro hambriento, los puedan descalzar a la primera de cambio. Por San Martín el ajero, dicen, siembra ajos con el dedo: escarbando con la mano en la tierra muy suelta, o empujando simplemente el diente de ajo, bien hacia dentro. Si además de todas esas cosas uno puede organizarse y esperar a que la luna se ponga a tiro, ¿por qué no? Dicen que plantando en creciente el ajo “sube” antes de tiempo, es decir, antes de echar buenas raíces. Es posible. Mi vecino Miguel Manduca, el cabrero, lo cree así. Pero también es posible que no. Lo único seguro es que si los dientes de ajo están malos, la tierra encharcada, la parcela poco soleada… no habrá nada que recoger en el mes de junio. En esto también está de acuerdo Manduca.

(Otros requisitos que se imponen a la luna; tener tiempo y tener la espalda bien. No dejarse olvidada la faja en el armario; cavar firme, sacudir los terrones con energía)

Cançó protesta contra los mirlos

10:30 (actualizado a las 16:30: lo mismo; y las 20:30: lo mismo en la NII; lo mismo también en Irún)

Dedicado al camionero Luis, que lleva más de veinticuatro horas en la Junquera con un tráiler de lechugas que tenía que haber entregado ayer en Ginebra. Todavía no sabe si el cliente las va a aceptar, pero mucho se teme que no. Mientras él trepa por las paredes del camión, rezando para que no se le acabe el gasóleo (y con él, la posibilidad de mantener refrigerada la carga) los responsables de que esté ahí atascado con sus lechugas cantan a coro Venim del nord, venim del sur…

A los pájaros les asustan los reflejos de los cedés colgados de las ramas de los árboles. He comprobado, sin embargo, que el efecto no suele ser duradero. Aunque depende un poco del cedé (los hay más eficaces que otros, como este de la foto), de la orientación y de la longitud de la cuerda que los sostiene, en general a los pocos días los mirlos se acostumbran. Si uno quiere proteger sus cerezas, sus manzanas, sus higos.., tendrá que cambiar con frecuencia el cedé de rama, de modo que los reflejos vengan por donde (todavía) el pájaro no se lo espera.
Todo el mundo tiene por casa cedés que no escucha nunca. Esta es una posible salida (porque, además, creo que son difíciles de reciclar).

Solo tiene tiene 5 años pero ya produce en abundancia. Peritas blancas de Aranjuez, que maduran a finales de agosto. El cedé ahuyenta con eficacia a los mirlos.

Actualizado día 13, 10:00: lo mismo. Aurevoire a las lechugas. (https://elpais.com/politica/2019/11/12/actualidad/1573557549_796979.html )

¿Ya es tarde para poner unas coles?

En teoría, sí. En la práctica, habida cuenta del cambio climático y el año que llevamos, yo creo que NO. De hecho acabo de plantar dos docenas. Coliflores, por ejemplo, las hay de sesenta días, noventa, cien… Coles picudas y repollos se podrán comer pronto, aunque la pella no esté demasiado crecida (a cambio, se ponen más). En teoría la cosa va así. En la práctica, demasiadas variables en juego para atreverse a poner fecha a nada. En esta zona (al pie de Gredos) las coles se suelen poner a mediados de septiembre porque en esa época las noches ya son claramente/bastante/muy frescas. Las hojas están tersas. Los insectos mantenidos a raya por el frío nocturno… Pero no es el caso este año. Los que hayan puesto las coles siguiendo la antigua rutina habrán visto que el calor las hace subir a flor antes de tiempo. Coliflores y brécoles raquíticos, y toda la planta comida a conciencia por las orugas y las chinches. Lo sensato era esperar. Y aún así… Hoy, día diez de octubre, la mínima ha sido de 15 grados y la máxima de 28. Ni una nube en el horizonte. En condiciones normales, en vísperas del Pilar ya estaría empezando a helar. Y en Galicia, en el interior, lo mismo: xiadas nocturnas ocasionales, desde antes de la entrada oficial del otoño.

Se non puxestes aínda os repolos… ídelos poñendo.

Nota 16 de octubre. Han caído cuatro gotas y esta pasada noche, por fin, bajó la temperatura. Aún tiene que bajar más -¡por la tarde seguimos de manga corta!- pero este primer “alivio” otoñal es perfecto para las coles (menos perfecto para lo que pueda quedar del verano; esas plantas de albahaca, por ejemplo, que ya empiezan a arrugarse…)