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Acerca de ccoutodafonte

1968, La Coruña. En la Comunidad de Madrid desde 2005. Sector: jardinería. Blog: www.laramadeoro.com.

Chuches para gallinas

2013-11-05 13.16.42Éstas de la foto son orugas de la mariposa de la col. Según el momento del verano en que se planten (coliflores, lombardas, repollos…), y según la intensidad de la calorina al iniciarse el otoño, el ataque puede ser más o menos peligroso, en especial para las coliflores. Las orugas siempre están ahí, pero es muy diferente que el estallido coincida con las primeras fases de desarrollo de la planta o en las últimas. Si en las primeras, adiós a las coles; si en las últimas, y además el frío acecha, entonces la convivencia es más fácil.  Noviembre está siendo más cálido de lo normal.  A juzgar por lo sucedido otros años, las orugas deberían estar ya medio atontadas de frío, ¡y no ser tan abundantes!. Si la cosa se desmadra, reducirán la superficie foliar a un suspiro (el nervio central de la hoja), la capacidad fotosintética quedará muy limitada (lo que es tanto más grave cuantas menos horas de luz vamos teniendo) y la flor, o la pella, o lo que se coma en cada caso, será muy pequeña, una flor o una pella menguantes… El remedio eficacísimo es el Bacillus thuringensis (la famosa «merienda de negros», de la que ya hemos hablado en otros posts: véase, en el listado de etiquetas, «lucha biológica»). El sobre lo tengo aquí, en la guantera del coche. Pero cuando llega el momento de actuar siempre encuentro alguna buena razón para no hacerlo (total, cualquier noche empieza a helar; total, estas coles ya no son para vender…). Una voz en mi interior me dice muy claramente que estoy metiendo la pata, que así no hay huerta que  se haga respetar;  y me recuerda otros casos de bobería manifiesta, como cuando me puse a hacerle fotos a las chinches, tan bonitas con su gabán naranja y negro. ¿Alternativas al Bacillus, entonces, que se cargaría malamente (parasitándolas) todas las orugas que haya en esa zona?.  Sí la hay.  Recoger las orugas a mano y echarlas en el gallinero de mi vecina Mayca.  La  muerte es mucho más rápida… y mucho más útil. 2013-09-03 09.44.38Ya Perico me había dicho que las coles eran un manjar para las gallinas. De hecho, él suele  llevarse las plantas que sobreviven al invierno, una vez consumidas flores y pellas. Pero este año están las gallinas de Mayca primero: tres extremeñas azules y cuatro castellanas negras, todas ellas con nombre y apellidos, debidamente bautizadas (viven muy, muy bien, que es como tiene que ser; la de la foto es Daisy, extremeña de año y medio). Les he metido en un saco lo que queda de las hojas mordisqueadas, y en un taper aparte, también con restos de hojas, los «ferrero rocher» para el postre, esto es, las orugas, para que no se vayan a la aventura por el coche antes de llegar al gallinero.

Con los huevos de estas siete gallinas clarificaremos el vino en mayo. Quince huevos harán falta. Las claras se batiran y se echarán a la cuba. Y con las yemas haremos un flan (o unas yemas de Ávila).

Aguachirle

Continuación de «Vino casero en cinco pasos»:  3 (prensado) y 4 (desfangado)
(Paso anterior: https://laramadeoro.com/2013/10/20/vino-flor-la-flor-del-vino/ ‎)

prensaEsta foto preciosa la hizo mi vecino Óscar durante el prensado del sombrero (torta de hollejos y semillas que se forma encima del mosto cuando fermenta). Nos dicen que el vino prensado, si la uva no estaba completamente sana, puede arrastrar con él sustancias poco deseables, gérmenes de enfermedades futuras…Si ese mismo hollejo se vuelve a prensar, el vino que  salga de ahí estará más sano (lo «malo» ya ha salido en la primera prensada)…pero quizá no sepa a nada. En conclusión, por lo que voy aprendiendo sobre la marcha, el vino de prensa (primera o segunda o ambas) es un vino de calidad mediana. Un aguachirle. Se mezcla al escurrido (al vino flor) porque son muchos litros de vino que no hay que perder, y porque al mezclarse (me aseguran…) el bueno tiene la oportunidad de corregir al malo.

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Resumen de lo que hicimos por si lee esta entrada algún compañero vinatero interesado en los detalles.
…Teníamos, finalmente, tres cubas, en las que se realizó la fermentación alcohólica durante 12 días.
1ª- Una de acero, con vino rico correctamente sulfitado.
2ª- Una segunda de plástico con vino malo sobre-sulfitado , según contamos en el primer post (no es que fuera malo-malo, malo sin remedio; es que el sulfito en exceso  retrasa la primera fermentación y compromete la segunda).
3ª….Y una tercera cuba, también de plástico, con uva que vendimiamos y despalillamos a toda pastilla cuando decidimos que la segunda no podría mezclarse con la primera; necesitábamos esta cuba 3 como «surplus» para rellenar la 1 cuando le quitáramos el sombrero (que ocupaba, sin exagerar, un tercio del volumen de la cuba).aprovechando hasta la última gota

Como el vino de este año no se va a envejecer (más adelante, ya hablaremos…) decidimos hacer esta operación -retirada y prensado de los sombreros – un poco antes de que terminara del todo la fermentación, para que  el vino no saliera excesivamente cargado de taninos. Cuando el densímetro empezó a bajar de 1000g/L, señalando «el comienzo del fin», procedimos.

Una vez retirados los sombreros (y apartados en capachos), el vino bueno de las cubas 1 y 3 se mezcló en la de acero, cubriéndose así todo el volumen disponible. Sólo vino escurrido, pues  (véanse los vídeos del anterior post). Y el  vino malo de la cuba 2 se volvió a su sitio, a su cubita de plástico, usando como relleno el vino prensado de los hollejos buenos (esto es: sombreros de las cubas 1 y 3; los de la 2, malos con avaricia, se fueron a abonar un rosal trepador). Quedaron en la bodega, pues, las dos cubas que se ven en la foto.
vino descansandoUna semana después de retirados los hollejos, cuando dimos por terminada la fermentación, trasegamos nuevamente para «desfangar» el vino, es decir, para quitarle del fondo las levaduras muertas en acto de servicio (acabado el azúcar, se quedan sin combustible y el motor se para). Usamos un tubito de plástico de uso alimentario, varios barreños de diferente altura, y el principio de los vasos comunicantes.
STOP.

¿Y qué pasa ahora?, ¿hay alguna posibilidad  de que nuesto vino realice, aunque sea a trompicones, la segunda fermentación ( la dichosa fermentación  maloláctica)…?

(Suspense)

Castañas y mosto

HEL218361(Castañas y vino joven, Albert Anker, 1887).
Entre mediados de octubre y mediados de noviembre – límites elásticos, en especial hacia el verano- los habitantes de una franja de tierra que va desde los montes del Caurel hasta las estribaciones del Caúcaso, bajando por el sur hasta la cordillera del Atlas y subiendo por el norte hasta los valles recoletos del Tesino,  han empezado a encender sus hornos, asadores portátiles y paelleras agujereadas, y, al tiempo que preparan el primerísimo vino del año (es el momento del descube), separan las castañas buenas de las picadas, les hacen un cortecito con una navaja para que no estallen, y las van echando con parsimonia a las brasas, donde se irán calentando lentamente, una media hora, o, para ser exactos,  «el tiempo de rezar un rosario».
Como el cuadro está en un museo de Berna, y su autor era de allí, puede pensarse que las castañas proceden  de Ascona, a orillas del Lago Maggiore, donde cada mes de octubre se sigue celebrando la «castagnata», hermana gemela de nuestros magostos (algo más tardíos). ¿Y ese líquido pastoso de la copa? ¿Vino joven, como dice el título? No, no lo parece. Mosto espeso, más bien. Será un mosto de chasselas, procedente de unas viñas de la vecina región de Lavaux, plantadas a lo loco, «en foule», que es como se hacía antes en toda Europa (antes de las calles ordenadas y simétricas, las espalderas, las podas rigurosas, etc) y vinificadas en un visto y no visto, como todavía hacen algunos por aquí (Anastasio, por ejemplo, «corre» el vino a mediados de noviembre)

Nota.
Albert Anker es especialmente conocido por sus escenas de género – niños, juguetes, perritos e institutrices-, reproducidas en calendarios y diverso «merchandising» alpino, un monumento a la gazmoñería que, sin embargo, es lo que en su tiempo le daba de comer a este señor. No los bodegones, que pintaba para él, por puro placer, y que hoy, hoy que el mundo está tan gastado, es lo que de verdad nos encandila a nosotros, necesitados como estamos de que nos ayuden a recordar las cosas tal cual eran. Es decir, tal cual son.

Recóndito Retrete

2013-10-29 18.58.55Por ahí, al fondo a la derecha, está el excusado de LRO. Unas paredes de madera -procedentes de un kiosko de feria- aguardan en vano en el cobertizo a que alguien se anime a atornillarlas a cuatro postes. Se supone que esas paredes, escondiendo en su interior un tablero con dos cubos (uno lleno y otro sólo medio lleno de serrín: lo que en los libros llaman «váter seco»), servirían para darle algo de intimidad a la cosa. Pero ya han pasado tres años desde que recogí esas paredes y, la verdad, cada vez me parece más tonto pasar el trabajo de montarlas. ¿Para qué, en realidad…?. Al abrigo de ese bosquete de zumaques sólo  un mirlo o una liebre de paso pueden apartarle a una de sus meditaciones en cuclillas.  En primavera el suelo se cubre de lupinos y jacintos silvestres. Hay que prestar atención a las chinches, a las hormigas, que se desperezan y azuzan unas a otras, siempre apuradas.  En noviembre (véase foto que cierra esta entrada), los zumaques pasan del verde al naranja, con muchos medios tonos en el camino.  Siempre agachada, muy entretenida, remuevo con un palito entre las hojas y hago salir una lombriz de su agujero…Una vez encontré una egagrópila. Otra vez, un cilindro terroso punteado de escaramujos: excrementos de zorro, seguramente.

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«…Un pabellón de té es un lugar encantador, lo admito; pero lo que sí está verdaderamente concebido para la paz del espíritu son los retretes de estilo japonés. Siempre apartados del edificio principal, están emplazados al abrigo de un bosquecillo de donde nos llega un olor a verdor y a musgo (…) Agachado en la penumbra, absorto en tus ensoñaciones, al contemplar el espectáculo del jardín que se despliega desde la ventana experimentas una emoción imposible de describir. El maestro Soseki, al parecer, contaba entre los grandes placeres de la existencia el hecho de ir a obrar cada mañana, precisando que era una satisfacción de tipo esencialmente fisiológico; pues bien, para apreciar plenamente ese placer no hay lugar más adecuado que esos retretes (…) Cuando me encuentro en dicho lugar me complace escuchar una lluvia suave y regular. Eso me sucede, en particular, en aquellas construcciones  características de las provincias orientales donde han colocado a ras de suelo una aberturas estrechas y largas para echar los desperdicios, de manera que se puede oir, muy cerca, el apaciguante ruido de las gotas que, al caer del alero o de las hojas de los árboles, salpican  el pie de las linternas de piedra y empapan el musgo de las losas…En verdad tales lugares armonizan con el canto de los insectos, el gorjeo de los pájaros y las noches de luna; es el mejor lugar para gozar de la punzante melancolía de las cosas en cada una de las cuatro estaciones y los antiguos poetas de haiku han debido de encontrar en ellos innumerables temas…»

Jun´ ichiro Tanizaki, Elogio de la sombra, Ed.Siruela 1994, pp.14-16. Traducción de Julia Escobar

NOTAS.
La pintura es de Hiroshigue, y representa a un gorrión sobre la rama de una mimosa.
Sobre váteres secos (que están muy bien): Fosse septique, roseaux, bambous?. S. Cabrit-Leclerc, Terre Vivante 2008.
DSCN3060

Vino flor, la flor del vino.

Continuación de «Vino casero en cinco pasos»: 2 (descube)
Paso anterior: https://laramadeoro.com/2013/09/27/vino-casero-en…os-mas-o-menos/



A punto de terminar la fermentación alcohólica, retiramos con espumaderas y cazos el «sombrero» (hollejos y semillas que suben a la superficie de la cuba). A continuación trasegamos el vino abriendo el grifo ( primer vídeo: poníamos las manos para que el chorro no saliese disparado). El vino se pasó a unos barreños temporales, mientras fregoteábamos las dos cubas en el jardín. Después lo devolvimos a su sitio, pero aprovechamos el momento para filtrarlo un poco con un simple colador de cocina (segundo vídeo). Al llenar de nuevo las cubas, salpicando desde cierta altura, se forma una espuma rosa, muy rica y fragante.  Hemos leído que a este primer vino trasegado se le llama vino «escurrido» o «vino flor». ¿Y qué hicimos con el sombrero…?.

(Continuará: paso 3)

Jardín limpio, cliente contento

 chaumont 07Voy de visita al festival de jardines de Chaumont-sur-Loire cada tres años. He ido ya en el 2007 y en  el 2010. Este año tocaba, pero entre la vendimia y el vino se me ha echado el tiempo encima y ya no podré ir. No faltaré, sin embargo, a la cita de primavera.
La primera vez fuimos en la furgoneta desde Madrid, sin prisas, haciendo varias paradas por el camino; al llegar a Chaumont, que es uno de los pueblos que se esparcen por la orilla del Loira (muy cerca de Amboise) nos quedamos a dormir en el camping. La segunda vez cogí un tren muy temprano en la estación de Austerlitz, en Paris; la parada es en Onfray, a dos kilómetros del castillo donde se celebra el festival. Fui caminando hasta Chaumont, pasé el día allí, y al atardecer regresé a París. En las dos ocasiones me quedé con la impresión de que el tiempo y el dinero invertidos  (150 euros en el segundo caso, por un «forfait» de avión +2 noches) eran muy poca cosa para lo que se podía obtener a cambio: ver en unas seis horas el mejor festival de jardines de Francia y volver a casa con la cabeza en estado de ebullición.

Al mes de volver quedé con un amigo jardinero en Madrid para tomar una cerveza. Venía todo sudoroso, después de horas trabajando con la sopladora, barriendo y recogiendo en bolsas de plástico las hojas caídas al pie de las plataneras… Saqué la cámara digital y empecé a enseñarle mis fotos. Déjate de mariconadas, me dijo. Mis fotos de Chaumont –como la que reproduzco aquí arriba– no le interesaban ni mucho ni poco. Pasamos a hablar de otras cosas.
Y es que aquí no tenemos nada que pueda compararse a un festival como el de Chaumont. Tenemos festivales gastronómicos, musicales, y otro tipo de cosas estupendas. Pero de jardines, nada. Cuando uno salta desde la plataforma en la que trabajan los grandes paisajistas –los de «Casa y Jardín», para entendernos– va a darse de bruces directamente contra el suelo: el terreno de los jardineros de mantenimiento, que son albañiles o agricultores reciclados en el mejor de los casos, y en el peor (que es lo habitual), jóvenes españoles sin cualificación, que sienten el mismo interés por podar un rosal que por conducir una carretilla elevadora; estos jardineros que pululan por las comunidades de vecinos y urbanizaciones de las afueras se reparten el business con los emigrantes sudamericanos, marroquíes y rumanos, quienes, como ellos mismos, trabajan por cuatro perras (qué remedio) y han aprendido  a marchas forzadas en las grandes compañías de mantenimiento, las que se llevan las contratas de los ayuntamientos (desbrozar cunetas, limpiar aparcamientos, etc). Pueden ser buenos trabajadores, pueden  tener pericia en el manejo de las máquinas, pero ni saben una palabra de botánica o agronomía, ni consideran que sea necesario saberla para cuidar un jardín. Naturalmente, los propietarios del jardín no son exigentes. En España no lo son, ni siquiera cuando creen serlo… Y lo que están dispuestos a pagar a estos jardineros  improvisados es lo mínimo (ocho euros/hora, cinco si es en negro).  Chaumont. Soluciones para suelos muy secos.Una familia de nivel económico medio dedicará el  95% de su presupuesto a la casa y al coche, pero ¿al jardín?. Con que esté limpio basta. Seto de “arizónicas”, + extensión de césped + puñado de rosales sin padre ni madre en la entrada. Este tipo de propietario estándar –el de los miles de chalés/segundas residencias surgidos como hongos al calor de la burbuja inmobiliaria, o el coprietario distraído de una comunidad de vecinos– tampoco considera la posibilidad de que haya otra forma de hacer las cosas. Y si sale a otros países de vacaciones, no ve lo que no llama su atención, aunque lo tenga delante de los ojos (foto 2: Chaumont, soluciones para suelos muy secos; más abajo, foto 3: chumberas, rosas y gramíneas). O puede que sí lo vean  y puede que sí se admiren, pero eso no significa que vayan a hacer comparaciones constructivas y a extraer de ellas la menor conclusión práctica. ¿Por qué somos así?. No lo sé.
pompas de jabón en un cuasi-desiertoEl ciudadano español medio tampoco le pide mucho a su ayuntamiento en cuestión de espacios verdes públicos. Pide, de hecho, lo mismo que para su pequeño jardín (el que lo tiene). Y ni él, ni su jardinero, ni el representante de la administración necesitan festivales de jardinería ni nada por el estilo. En todo caso, si se hace una “feria del jardín” a lo grande, como acostumbramos a hacerlo todo por aquí, lo que encontraremos en ella es lo último en maquinaria, nuevos cachivaches, pérgolas y casitas de jardín, barbacoas, horripilantes cabezas de Buda, tumbonas de maderas imputrescibles (procedentes de selvas tropicales en peligro de extinción), etc, etc.  Supongo que la falta de empatía con la naturaleza (¡la de verdad, no la de adorno!) es un defecto cultural que arrastramos desde la noche de los tiempos pero ¿por qué nos hemos curado en tantas otras cosas y en esta seguimos así?.
Cuando salgo al extranjero a ver jardines siempre vuelvo cabizbaja. En España no hay nada comparable –no digo ya a los grandes festivales, ¡pienso simplemente en las rotondas ajardinadas de Francia, por ejemplo!– no hay nada comparable porque casi nadie lo echa en falta (y los que sí lo hacen todavía son minoría: basta con abrir los ojos).  Como cuando paseamos por el campo. Si uno se da un paseo a pie por cualquier zona rural del sur de Inglaterra, o de Aquitania, o de la Toscana… puede estar bien seguro de que no se va encontrar ni neumáticos, ni bolsas de plástico, ni restos de palés, ni trozos de uralita… Por supuesto, las posibilidades de que se encuentre un perro abandonado, esquelético y muerto de miedo, son también muy bajas, e irán disminuyendo a medida que nos dirijamos al norte.

crocus hederifolius


En este jardín (Oxford), las hojas se descomponen al pie de los árboles, y en el mantillo que se acaba formando  brotan unos crocus diminutos.

En cuanto a mi colega jardinero, no me afectó gran cosa su desinterés.  Es un buen hombre que preferiría otro tipo de trabajo, mejor pagado y menos ingrato. Me quedé, eso sí, con ganas de decirle que estaba haciendo el canelo. Que las hojas de las plataneras debía soplarlas hacia el centro del césped, esparcirlas lo más posible y, acto seguido, pasar la segadora por encima. La bolsa de la segadora irá recogiendo una mezcla impagable de briznas de hierba y hojarasca triturada. Lo que él –y una mayoría de sus clientes y colegas, para qué negarlo– consideran “suciedad” es lo que mantiene fértil y protegido el suelo (por no hablar de la cantidad de pequeños invertebrados que encontrarán refugio en esa capa mullida y caliente de materia orgánica). De modo que, en vez de tanto sudar y tanto ir y venir al contenedor,  a lo mejor debería limitarse a ir vaciando esas bolsas al pie de  árboles y arbustos, devolviéndoles lo que es suyo, los nutrientes que ellos mismos han fabricado y de los que depende en buena medida su futuro. Así se mantienen esos jardines ingleses que tanto admiramos (foto 4). Y la única diferencia respecto al mantillo de los bosques  (foto 5, abajo) es la velocidad: allí todo es lento, aquí, por razones estéticas (y a veces funcionales: no resbalar por un camino lleno de hojas), se acelera el proceso de descomposición, pues las hojas secas vuelven a la tierra ya trituradas, amontonadas, y mezcladas con hierba.

hojas que formarán el mantillo

Notas.
Los troncos de la primera foto, pintados de azul y puestos cabeza abajo, como hombres caminando, procedían de los bosques azotados por las tormentas que arrasaron Francia en 2005. Algunos años después leí esta noticia en una revista de jardinería: los hombres azules de Chaumont habían arraigado en el fondo el estanque y se estaban cubriendo de hojas. Es decir, volvían a ser árboles.

La vida en la periferia (bis)

plátano hueco(Segunda parte de : https://laramadeoro.com/2013/03/13/la-vida-en-la-periferia/ ‎)

Así que era verdad, que la vida estaba en la periferia, y lo de dentro – ese hueco «sano», sin pudriciones- no era más que lo que sospechábamos: un refugio ocasional para gatos, niños, pájaros.
La foto me acaba de llegar, con la indicación de que está sacada hoy mismo a mediodía.

NOTA: Para la explicación botánica, léanse los comentarios a la citada entrada del mes de marzo

Trasmocho (3): turnos de poda

En octubre, cuando las hojas están todavía en el árbol, es decir, cuando se  puede distinguir bien la rama seca de la rama viva, hay que ir empezando a cortar leña. En LRO tenemos leña en abundancia. La voy trayendo a casa poco a poco, en los mismos capachos que utilizamos hace unos días para vendimiar…

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Savvinskaya sloboda, cerca de Zvenigorod (43 km al NO de Moscú).

savvinskaya slobodaEl pintor Isaak Levitan,  hijo de un funcionario del ferrocarril, nieto de rabino, y pobre como las ratas, fue deportado de Moscú con su familia en 1879 por pertenecer a la raza maldita. Se le «perdonó»  en virtud de su ya probado talento con los pinceles (entre sus protectores aristócratas estaba Tretiakov, cuya galería de arte es hoy una de las más visitadas de la ciudad) de modo que, a los pocos meses de su partida forzosa, Isaak pudo regresar a Moscú y seguir pintando. Lo suyo eran los paisajes agrícolas de los alrededores.  O bosques, sobre todo en otoño, con una marcada preferencia por los  abedules. O la orilla de un lago.  No solía incluir figuras -aldeanos-  en sus paisajes, pero sí se fijaba mucho en las huellas que dejaban, como aquí, en este  roble trasmocho junto al camino (así suelen estar los árboles útiles:  muy a mano).
Detrás del cuadro hay un grupo de personas, una familia. La misma que cuida de esas gallinas que picotean lo que pueden al pie del árbol. La escena es así: adultos , ancianos y niños, todos ellos pelados de frío, esperando que las ramas del roble engorden para poder cortarlas, echarlas al fuego, y hacerlas cundir.  Muchas veces (quizá la mayoría) el árbol no es de ellos. Tienen arrendado el usufructo, como quien compra el derecho a las castañas pero no el árbol que las produce. Y en el mismo contrato de arrendamiento suele estar escrito -en esta aldea moscovita como en una pedanía de Cuenca, o del Aveyron, o de Sussex…- cuántos años han de pasar entre corta y corta.
A este roble trasmocho del cuadro le están dejando crecer un número suficiente de ramas (las de grosor medio, destinadas quizá al fuego de este invierno, o a la producción de carbón, se amontonan detrás; alguien vendrá pronto a picarlas). Y no es más que eso, un viejo árbol bien cuidado,  lo que Levitán quiere pintar. Conservará su copa, más o menos estructurada. Se recuperará, almacenará reservas, y cuando vuelva el turno de trasmocho (8, 10, 12 años), la cicatrización será buena. Pero no todas las podas eran tan cabales, eso ya lo sabemos…. En la Rusia decimonónica, como en cualquier pais de miseria y analfabetismo, los recursos se explotaban según el solo criterio de la urgencia. Pan para hoy, hambre para mañana. (Llevado a su extremo más doloroso, lo ví -lo tuve que ver- hace ya unos años en Angola: baobabs y acacias literalmente machacadas para obtener leña rápida, sin dedicarle ni medio pensamiento al árbol, ni una duda, ni una pregunta.)
Isaak Levitan era amigo de Anton Chéjov, cuya dacha en Crimea frecuentaba, y de cuya hermana, cuentan, andaba enamoriscado. Era amigo íntimo de hombres como Ástrov, el médico  de la aldea, siempre atareado, siempre exhausto, que paraba de cuando en cuando en casa de tío Vania a charlar y compartir un vaso de vodka . Ástrov, enamorado también él sin esperanza, el mismo que plantaba árboles por dónde pasaba, y que ya en 1899 se rebelaba contra las talas irracionales:

“…Puedes utilizar carbón mineral para las estufas y piedra para los graneros…Pero, en fin, yo estaría conforme con que se talen los bosques cuando es absolutamente necesario, ¿pero para qué arrasarlos?. En Rusia los bosques gimen bajo el hacha, se destruyen millones y millones de árboles, se aniquilan las guaridas de animales y pájaros, disminuye el caudal de los ríos y acaban por secarse, desaparecen para siempre espléndidos paisajes…y todo ello resulta de que la gente es demasiado haragana y estúpida para agacharse y recoger combustible del suelo. (a Yelena). ¿No es verdad, señora?. Hay que ser un bárbaro irracional para quemar toda esa belleza en la estufa, para destruir lo que no podemos crear (…) …y con cada día que pasa la tierra es más pobre y más fea  (a Voinitsky). Veo que tú me miras con ironía y que nada de lo que estoy diciendo te parece serio, y…y quizá no sea más que una chifladura mía; pero cuando paso junto a los bosques de los campesinos que yo he salvado de la tala, o cuando oigo el rumor de los árboles jóvenes que yo he plantado con mis propias manos, comprendo que, hasta cierto punto, el clima también depende de mí (…)”

 (A.Chéjov, Tío Ványa, al final del Acto I. Alianza editorial, 2003. Traducción de J-López-Morillas)

NOTAS
La galería Tretiakov posee los mejores paisajes de Levitan: http://www.tretyakovgallery.ru/en/search/_page/1/?searchme=isaak%20levitan
Rusia, a juzgar por estos paisajes, se diría sembrada de abedules.También en este cuadro los hay: ese grupo de corteza blanca que se distingue al fondo, con las hojas todavía en su sitio pero ya doradas (¿ finales de octubre?)

Vino casero en cinco pasos (más o menos)

CIMG5505 Paso 1. 21 de septiembre, víspera del equinoccio de otoño.

Hemos comprado una despalilladora-estrujadora-con bomba, a medias con unos amigos de Segovia,  que trabajan aquí mismo pero suben a hacer el vino a su pueblo, Cantalejo, casi un mes más tarde que en LRO.  La idea era hacer 300 litros de vino casero, para lo que necesitábamos unos 600 kilos de uva. La nuestra, la garnacha tinta. El resto de la cosecha se iría a la cooperativa, y de ahí, suponemos, a la China conchinchina….(https://laramadeoro.com/2012/09/29/vino-tinto-en-…eleste-imperio/ ‎) Además de la máquina y la correspondiente manguera, compramos una cuba de acero inoxidable con su super-tapa- sistema “siempre lleno” (la tapa lleva por dentro una cámara de caucho, como la de las bicis, para que el cierre sea hermético), otras dos cubas de plástico más pequeñas para los trasiegos, un termómetro, un densímetro, y unos sobrecitos de metabisulfito de potasio.

CIMG5441

Cepas en vaso: hay que vendimiar con faja, o doblar un poco las rodillas.

Seis adultos y dos niños procedimos a vendimiar el sábado 21. Tres días antes le habíamos llevado una muestra de las uvas a un amigo enólogo (entusiasta y paciente, nos atendió a pesar de estar él mismo en plena melé). Las metió en la licuadora, midió el azúcar del mosto, y  nos dijo que el futuro vino andaría sobre los 13º. Que vendimiáramos ya. (Curiosamente, en la cooperativa no vendimian la garnacha hasta finales de mes. Ahora andan con el tempranillo. ¿Por eso salen después esas bombas de relojería, que más parece coñac que buen vino tinto?). Encargamos una paella grande.  Pusimos unas cervezas a refrescar en el pilón. Se repartieron tijeras, cubos, capachos. pesar la uvaPara pesar la uva utilizamos una báscula y un taburete puesto del revés.  Procuramos recoger sólo la crema del viñedo, los mejores racimos, descartando “rebuscos”  (los “nietos”: racimillos tardíos del extremo de los sarmientos) y uvas enfermas o a medio madurar.
A las cinco de la tarde, ya comidos y bebidos, dimos por terminada la primera parte del día.  Los cuatro adultos que continuaríamos con la “vinificación” cargamos la furgoneta y nos volvimos al pueblo.  El resto de los vendimiadores se fueron a descansar, cada mochuelo a su olivo. Lo que tocaba ahora era: descargar ordenadamente la uva, colocándola cerca de la puerta de la fresquera (convertida desde el sábado en “bodega”); atornillar la manguera a la bomba de la despalilladora; extender una lona bajo la máquina, para que vayan cayendo en ella los raspones.entrada en la bodega
Uno se encargó de encender la máquina y controlar posibles atascos/problemas. Otro de  sostener la manguera en la boca de la cuba. Otros dos, de ir vaciando las cajas en la despalilladora y echándolas, ya vacías, al jardín, para que no mancharan ni estorbarán en la bodega. En veinte minutos habíamos terminado. La cuba estaba llena de una pasta  violeta, formada por el mosto, los hollejos y las semillas. Los raspones –el “escobajo”, le dicen algunos- formaban una montañita al pie de la máquina. Los retiramos en capachos y los echamos al pie de un olivo (hoy que escribo esto, tres días después, me los he llevado ya de vuelta a LRO, para que se pudran sin prisas en la misma tierra que los produjo). probando el mostoHicimos un alto. Extrajimos por el grifo de la cuba dos buenos litros de mosto, que nos bebimos ahí mismo, encantados de la vida.  A continuación calculamos el volumen de pasta real; la cuba es de 300 litros ; la pasta, 291 ( hay que dejar un poco de espacio para poder mecerla…luego lo cuento). Decidimos echar el metabisulfito en una  dosis mínima: 8 mg por hectolitro (podían ser 4 mg ahora y otros 4mg después de prensar, dentro de unos días, pero los que saben de esto por aquí nos dicen que mejor ahora y todo de golpe; con todo: la dosis considerada estándar es de 10mg;  la habitual por la comarca –a pesar de lo que se recomienda en la consejería de agricultura- 20 mg; y la dosis máxima, según el propio fabricante, 30mg; si uno se pasa con el metabisulfito, el vino perderá color y la segunda fermentación NO se producirá). Retomo el hilo: dijimos que 8 mg por hectolitro. Teníamos casi 3 hectolitros en la cuba, pero redondeamos a la baja y echamos 20 mg, medidos en una báscula de precisión. Los polvos se disuelven en una probeta con un poco de mosto. Se bate bien. Y uno lo va vertiendo lentamente en la cuba mientras otro mece la pasta con el artilugio previsto para la ocasión ( está hecho con un mango de herramienta y una tapa de olla, comprada en el chino del pueblo). Como nos sobró bastante uva, la guardamos para repetir la operación el lunes por la tarde (1) .
Medimos el pH (3.3), la temperatura (23º) y la densidad de la pasta (1090gr/L). Lo anotamos todo en el cuaderno de bitácora , que hay que cuidar como oro en paño de ahora en adelante. Tapamos el “vino” con un plástico y unos pulpos, para que no entre n moscas ni polvo. Barrimos y fregoteamos la bodega. Dejamos bien limpia la máquina, que  este año todavía tiene que dar buena cuenta de las uvas de Cantalejo.
meciendo el vinoY nada más. Ya sólo queda esperar a que fermente, bazuqueando y tomando la temperatura una o dos veces al día. Explico lo del bazuqueo: en los hollejos están los pigmentos, aromas, etc que darán vida al vino. Al mecerlo todo junto, el mosto se colorea y enriquece. Por eso no había que rellenar la cuba hasta el borde, para evitar salpicar alrededor.
Me dicen los amigos de Segovia, que ya saben mucho de todo este jaleo, que cuando arranque la fermentación lo oiré antes de verlo…Bajo unas veinte veces al día a la bodega y pego la oreja a la cuba a ver qué pasa. En cuanto empiece, aviso a todo el mundo por sms.

(Continuará: pasos 2,3,4,y 5  +/-. Para leerlos, pinchen ustedes en la etiqueta «la uva y el vino»)

Post data

Esta tarde ha arrancado POR FIN la fermentación, cuatro días después del encubado. Se oye muy bien  el gru-gru-gru… muy suave, el borbotear de las levaduras haciendo su trabajo.  (Al volver del campo me encontré una especie de globo encima de la cuba: el plástico sujeto con los pulpos, inflado con el gas que desprendía el vino. Hubo que sacar con espumaderas y coladores una buena cantidad de hollejo, que estaba ya a punto de rebosar. Otra razón, pues, para no llenar hasta arriba la cuba)

vendimiadores 2013

La garnacha de LRO. Lo siguiente: el tempranillo de Cantalejo.

NOTA
(1) …Y así lo hicimos, pero con algún que otro percance. Despalillamos-estrujamos y pusimos la uva a fermentar. Nuestra intención era usar este excedente como relleno en el descube, cuando desalojemos los hollejos de la cuba principal (paso dos). El percance consistió en lo siguiente: no usamos una báscula de precisión (de las de laboratorio) sino la de la cocina, que falsea los datos por debajo de 20 gramos.  Echamos más metabisulfito del que queríamos, y no nos dimos cuenta hasta que vimos que el mosto parecía cola-cao.  Llamamos enseguida a nuestro enólogo de proximidad, que nos tranquilizó, asegurándonos que el mosto fermentaría lo mismo, sólo que más lentamente. Decidimos no tirarlo -por aquello de experimentar- pero no lo mezclaremos de ninguna manera con el otro… («Sus pasasteis», me dijo Miguel, el pastor, cuando le conté el caso)

Cabeza Negra

aeonium siluetaTuve durante tres años en la terraza un aeonio «cabeza negra», Aeonium arboreum, de apellido «Schwarzkopf», como el de aquella soprano alemana de los años 50.  Erguido en su maceta  azul turquesa, brillante y exótico en medio de las plantas del montón que por entonces me daba por almacenar, el aeonio era, junto con el calamondín, el señorito de la casa.  A los dos los envolvía en sábanas de algodón cuando empezaba a hacer frío de noche; a los dos les reservaba el rincón que daba al este durante el verano, y el que daba al sur durante el invierno. A los dos los abonaba con humus de lombriz una vez al mes en primavera, mezclándolo bien a la tierra de superficie con un tenedor de postre, y les refrescaba las hojas con agua mineral (sin cal ni cloro) en los atardeceres de verano. Un viaje a la Orotava me permitió conocer a sus inmediatos parientes y ancestros, los  aeonios de Cabeza Verde, que por las islas llaman «bejeques». Dos días antes de volver a la península una tormenta tropical -el «andresito», por producirse en torno al día de San Andrés- arrancó muchos bejeques de los muros y tejados. DSCN3249Este de la foto me lo traje conmigo a Madrid.  Fui al control de seguridad del aeropuerto con él en la mano (las raíces envueltas en una bolsa), lo coloqué como si tal cosa en la cinta transportadora, lo recogí del otro lado…y nadie me hizo preguntas.
Pero nuestro plebeyo bejeque verde se puso a florecer como un loco al poco de llegar al barrio, lo que le llevó a perder fuelle y a agotarse en el intento.  Quizá le comía la moral su primo Schwarzkopf, mirándole con sarcasmo  desde el rincón vip de la terraza. Sea como fuere, el verde creció mucho (llegó a ser tres veces más grande que el otro), produjo una enorme y horrible espiga de flores, agachó la cabeza, perdió toda su apostura, y se fue de este mundo lentamente, arrugándose poco a poco. En cuanto al señorial y capichoso aeonio, también él nos dejó, una noche de abril de 2010. Un descuido, o mejor dicho, un exceso de confianza por mi parte,  me llevó a creer que el aeonio ya podría sobrevivir sin su bufanda pasado el equinoccio. Craso error: se heló en menos que canta un gallo. (El calamondín sí pudo pasar el trago. Sobrevivió y sigue conmigo.). Por supuesto, a mi aristocrático aeonio  jamás se le pasó por su Negra Cabeza la grosería de florecer. Se fue de golpe y porrazo, como un capitán de húsares a caballo,  atravesado en plena noche por una lanza enemiga.

NOTAS
La foto que encabeza el post `procede de una web de plantas crasas, levemente retocada con «photoshop»: capcactus.blogzoom.fr
La soprano citada en el primer párrafo es Elisabeth Schwarkopf, la «Diva Nazi», famosa  por sus interpretaciones de Mozart y Richard Strauss.  Hierática y soberbia como el aeonio var.atropurpurea.