A siete siglos de distancia

«La génesis de este libro fue el deseo de averiguar qué efecto tuvo en la sociedad el desastre más mortífero que recuerda la historia, la Muerte negra de 1348-1350, la cual, según se estima, mató un tercio de la gente que vivía entre la India e Islandia. Teniendo en cuenta la situación en nuestro tiempo, resulta patente la razón de mi curiosidad. La respuesta fue esquiva porque el siglo XIV sufrió, en palabras de un contemporáneo, tantos «extraños y grandes peligros y adversidades», que su desórdenes no pueden atribuirse a una sola causa (…) Todos esos desórdenes, salvo la peste, brotaron de un estado de cosas preexistente a la Muerte Negra y se prolongaron después de haberse extendido la pandemia.
Si mi pregunta inicial quedó, en parte, sin contestación, el período en sí mismo (…) encerraba un interés seductor y, a mi juicio, consolador para el actual, de similar confusión. Porque, si las dos últimas décadas (…) han sido un tiempo de malestar poco común, tranquiliza saber que la especie humana ha sobrevivido a azares peores.
(…) El siglo XIV fue una mala época para la humanidad. Hasta hace poco los historiógrafos propendían a detestarlo y eludirlo, porque no lograban que encajase dentro de la pauta del progreso de los seres humanos. Mas, tras las espantosas experiencias del siglo XX, sentimos mayor simpatía por una edad desconcertada… Reconocemos con una dolorosa sensación los síntomas de un período de angustia en el que no existe percepción de un futuro cierto.»

Extracto del preámbulo de Un espejo lejano, Barbara W. Tuchman, 1978  (ed. española Plaza & Janés 1990) * Gracias a E. Rius/ notasparalectorescuriosos.com, por su recomendación. Al protagonista, Enguerrand de Coucy, también lo cita P. L.Fermor -otra lectura de estos días- hacia el final de Entre los bosques y el agua, pero en un contexto infinitamente más amable (el Danubio a la altura de las Puertas de Hierro, 1934, cuando el río aún fluía libre hacia el Mar Negro).

En la foto: lilas recogidas esta mañana.

 

Otra vez las rosas

Rosal  ‘Old Blush China’ (o ‘Parson´s Pink China’ -por el nombre del viverista inglés que inició su comercialización-, ‘Bishop Pompallier’s Rose’, ‘Chang Wei’, ‘Common Monthly’, ‘Daily Blush’, ‘Fen Hong Yue Yue Hong’, etcétera) introducido en Europa hacia 1750, cuando todo lo que venía de China era bueno sin excepción: rosas y porcelanas, peonías, sedas, azaleas, amapolas azules o los Poemas del río Wang.
La foto es de la pasada primavera en LRO. Otros rosales han fallado: jamás el ‘Old Blush China’. Pero este año aún habrá que esperar un mes, mes y medio…  Como siempre, los trepadores se adelantan: el también chino ‘rosal de Banks’, que hace reventar, en amarillo limón, la esquina del jardín. O el fragantísimo ‘Zéphirine Drouhin’, más rezagado, del que ya he podido cortar algún capullo.
Esta lluvia de abril les está sentando bien a los rosales. La floración del ‘Old Blush’, aunque se haga de rogar un poco, será espectacular y sostenida.

https://open.spotify.com/playlist/4MWtCEIgIWQqJzfJTYPN47

 

Nota– Sobre las rosas chinas en LRO (esta  ‘Old Blush’ + la ‘Mutabilis’),: https://laramadeoro.com/2011/11/24/honorables-rosas-chinas/osas chinas): 

Go, bind thou up yon dangling apricocks

W. Shakespeare, Richard II, acto III, escena IV. 

1.
En inglés moderno: Go, bind you up young dangling apricots…
«Anda, ve y sujeta esos jóvenes albaricoqueros que se balancean…»
Puesto que el español necesita más palabras para decir lo mismo, habría que añadir dos frases que especifiquen cómo (cómo exactamente) ha de ser la sujección: «levanta las ramas (up) y átalas (bind)».  En el contexto de esta escena -una conversación entre maestro jardinero y su ayudante- hasta podríamos añadir un dativo ético: venga, sujétame esas ramas… dice el jardinero de más edad, personalmente empeñado en el asunto. To dangle -leo en el diccionario on line– significa to hung loosely. Indica que las ramas pendulean, llevadas por el viento.

Go, bind thou up yon dangling apricocks
which, like unruly children, make their sire
Stoop with opression of their prodigal weight:
give some supportance to the bending twigs.
Go thou, and like an executioner,
cut off the heads of too fast growing sprays,
that look too lofty in our commonwealth:
all must be even in our government,,,

Tal es el huerto de Langley, propiedad del duque de York. Los jóvenes albaricoqueros, privados de poda,
1. crecerían desordenadamente (like unruly children), y de hecho ya empiezan a hacerlo, despatarrándose y penduleando;
2. fructificarían de más (prodigal weigh), comprometiendo -esto no lo dice Shakespeare aquí, pero parece sugerirlo más abajo- tanto el crecimiento del propio árbol como la fructificación del año próximo (eso que se llama vecería: cuando un árbol produce mucho un año y apenas nada el siguiente).
En un frutal sin podar: si la maraña de ramas recibe suficiente luz y aire (cosa poco probable) y si la fruta llega a cuajar, o será pequeña o no madurará, o bien -en terrenos muy fértiles, con variedades vigorosas y ejemplares jóvenes: Langley-  habrá tanta fruta que, además de quedarnos sin nada la próxima primavera (muy probablemente),  la rama se partirá y desgarrará el tronco al caer. 
Ergo: hay que podar.

2. 
En esta commonwealth que es el huerto de Langley,  los jóvenes frutales  se podan de modo que la copa crezca equilibrada:  eliminando chupones (too fast growing sprays) e  igualando las ramas estructurales (all must be even ). Además, cuando la poda no ha bastado, o no ha llegado a tiempo.. hay que sostener (levantando+atando) los ramos del año cargados de fruto (give supportance to the bending twigs).
El ayudante pregunta entonces a su jefe que por qué se van a molestar ellos en cuidar el jardín cuando todo el reino de Inglaterra es en esos momentos un sindiós. Toda la tierra llena de weeds, las flores más bonitas ahogadas (choked up, por culpa de las weeds), los frutales cabeza abajo (upturned), los setos hechos un asco, los parterres revueltos y la plantación de hierbas útiles «rebullendo de orugas»:
When our sea-walled garden, the whole land,
is full of weeds, her fairest flowers choked up,
her fruit-trees all upturned, her hedges ruin’d
her knots disorder’d and her wholesome herbs
swarming with catterpillars?

El jardinero reconoce que sí, que es una pena que el rey Ricardo, por no haber sabido poner coto a los excesos de sus aduladores, ahora se vea desposeído de su trono. Y, continuando el juego de metáforas, aprovecha para explicarnos  la práctica del pinzamiento (trimming) y de las incisiones/ muescas en la corteza (we do wound the bark). Técnicas complementarias de la poda propiamente dicha, destinadas a equilibrar crecimiento y producción.
... Oh, what pity is it
that he had not so trim’d and dress’d his land
as we in the garden!
 We at time of year
do wound the bark, the skin of our fruit trees,
lest, being over-proud in sap and blood,
with too much riches it confound itself
(*con demasiada riqueza se confunde:
¿referencia a la vecería, a ese fructificar de forma irregular, desordenada, «confusa»?)

Respecto a los pinzamientos, (sobre brotes tiernos, aún no lignificados, que  cortamos/pinzamos por la mitad), con ellos se consigue ralentizar el crecimiento vegetativo en un determinado punto, impedir que se desmadren ramos que no nos interesan… que a lo mejor vamos a terminar reemplazando por otros.  
Respecto a las incisiones. ¿Es una tradición salvaje, esto de andar marcando a navajazos la corteza, que el jefe de jardineros de Langley perpetúa porque sí?  No exactamente: «A principios de la primavera, la traslocación de agua, nutrientes y reservas es básicamente ascendente hacia las yemas en inicio de brotación; y un corte dado sobre una de las yemas localiza la aportación de reservas hidrocarbonadas en ella, en detrimento de otras situadas por encima, con lo que su desarrollo se verá claramente reforzado,,,» (Gil-Albert, nota 1, p.66).
Detrás del trimming y del wounding, en el jardín y en cualquier lado, siempre la misma idea: no dejar que las cosas se desmanden.

3. 
«Mientras tú me sujetas los ramos del albaricoquero, yo iré a arrancar esos hierbajos apestosos que se llevan la fertilidad del suelo…» . La palabra aparece repetida tres veces en la escena: weeds, weeds,  noisome weeds
También se limpia por dentro el árbol, para dejar solo los ramos fructíferos ( referencia a la poda «de fructificación», sin entrar en más detalles: seleccionar lo mejor, quitar lo ya fructificado o inútil, nota 2). Pero el rey, en mal podador, en pésimo gardener, nada de eso hizo.
superfluous branches
we lop away, that bearing boughs may live:
had he done so, himself had borne the crown,
which waste of idle hours hath quite thrown down.

4.
Jardín de albaricoqueros, espejo de príncipes.
Al Ricardo II no se le da bien reinar: llevar sus resoluciones hasta el final, respetar las posesiones de sus súbditos… Ricardo es ligero, insustancial. Presta oídos a los aduladores que medran en torno a él como los hongos al pie de un árbol débil. No se toma nada demasiado en serio (waste of idle hours). No sabe ser firme, no lo es, y por eso su primo Bolingbroke -futuro Enrique IV-  se le acaba de echar encima.

La mujer del rey pasea por el jardín del Duque de York en Langley, donde se ha refugiado al estallar la guerra entre su esposo y Bolingbroke. Ella y su doncella escuchan sin ser vistas la conversación entre los jardineros: poda de formación, poda de limpieza… mezclando entre unas y otras cosas alusiones al mal gobierno. Si el rey hubiera hecho lo mismo que ellos -dice sin tapujos el viejo jardinero, dándole la razón a su ayudante- ¡cuánto mejor le habría ido a nuestro reino, este otro jardín rodeado de agua! Los parásitos del rey (weeds!) han sido ya ajusticiados por Bolingbroke. Se dice que el Rey está preso.
Pero la reina, que nada sabía aún del rumbo de la guerra, al oír estas noticias sale hecha una furia de su escondite y se encara con el jardinero/mensajero…

NOTAS

(1) F. Gil-Albert, Tratado de arboricultura frutal, MP, Madrid 2003
(2) Sin embargo, detallar cómo fructifica un frutal de hueso sería útil para visualizar el balanceo. Uno vigoroso, como este albaricoquero de Langley, lo hará sobre todo en «ramos mixtos» (yemas vegetativas y florales repartidas):  de no podarse, el  tramo que fructifica cada primavera se va quedando  atrás, lignificándose… y el extremo pendulea con el peso de la fruta nueva, progresivamente alejada del tronco, cada año más canija. Por tanto, incluso en un albaricoquero joven/vigoroso/plantado en una buena tierra, la falta de poda tendrá consecuencias: a corto plazo, rama que se parte; a medio plazo: pérdida de calidad.

Y enlaces:
Para profundizar en este vínculo de la Gran Bretaña con el apricok: https://laramadeoro.com/2014/05/20/comen-orejones-los-anglosajones/)
La forma arcaica apricock va pegada al latín praecox, de la que procede, por ser fruta de maduración temprana. También en otro post, aún más antiguo que el de los orejones: https://laramadeoro.com/2011/09/26/en-tiempos-del-gran-rey-kanishka/

Programación de abril + golondrinas

 

Programación  de LRO virtual para la cuarentena de abril:

  1. Cimbidium en primavera (Orquídeas)
  2. Albaricoques y política en la Inglaterra isabelina (Lecturas, frutales de hueso)
  3. Latas de guisantes: macetas de Echinocactus (Reciclaje, cactus)
  4. ¿Marconas o larguetas?   (Recetas, almendras)
  5. Finas hierbas (Cuadros, recetas)
  6. Seguimiento del semillero de madroños de Gema (Árboles, semillas)
  7. El haba, esa gran desconocida (Huerta)
  8. Brezo atlántico, lecho de amor (Lecturas, Alemania, flores silvestres)
  9. Felicidad rubí: oporto Messias  (Bodegón, licores)
  10. Otros…

 Aparte de la programación, las cosas que vayan saliendo al camino (Miguel el cabrero, sin ir más lejos, anteayer a primera hora de la mañana; escapado fugazmente del encierro después de diez días a cal y canto; sentado en una piedra, apoyado en su garrota  y tomando el fresco, con dos flores de cantueso en la nariz, a falta de mascarilla,  «para que no me entre el bicho…:»). También las cosas que habíamos olvidado, o no habíamos olvidado exactamente, pero sí hasta qué punto nos importaban. Por ejemplo, no debería ser «sorpresa» que hayan vuelto las golondrinas a anidar al porche de Mercedes. Qué sorpresa ni qué sorpresa, dirá un vecino, si llevan haciéndolo más de veinte años. Sin embargo, esta primavera todos hemos sentido su regreso como un regalo. Una alegría multiplicada por mil. ¡Una proeza! Y como no son amigas de perder el tiempo, ya se han puesto a preparar el nido (a retocarlo por dentro; el nido, de hecho, es el suyo de siempre)

Foto de su llegada, la tarde del 28 de marzo:

Sigilosamente

25 de marzo de 2020


Miguel Manduca, uno de mis vecinos, cabrero jubilado, está encerrado en casa desde hace una semana. Rabia por salir, pero no puede.
Ya lo he contado en otros lugares: Miguel vendió el rebaño, traspasó (de algún modo) la instalación a Wasah, el nuevo pastor, y él conservó para su uso y disfrute la casilla y la huerta. Comparten el pozo y la alberca/estanque que hay frente a la casilla. El «moro»  necesita el agua para dar de beber a su rebaño. Miguel Manduca para regar la huerta. En el estanque viven unas carpas gordas como tiburones, que Miguel alimenta con pan duro, y que si te acercas mucho a ellas capaces son de llevarte un dedo. Todos los años siembra en la huerta unas patatas precoces (variedad ‘Jaerla’), y esos mismos días de febrero, cuando empieza a haber más luz, inicia un semillero de tomates y pimientos usando como recipiente unas cajas de polispán y dos piezas de loza (lo que queda de ellas) de un cuarto de baño que alguien desmontó y tiró en el monte. Miguel pasa por un cedazo varias paladas de tierra buena; rellena con esa tierra el lavabo, por ejemplo; vacía una cajita de semillas de tomate; lo cubre con una capa de estiércol fino; riega todo suavemente, con una lata grande agujereada (especie de alcachofa de ducha pero de Conservas Zallo-Bonito superior en escabeche) y después tapa el sembrado con maderas, trozos de uralita, chapas. Esto es esencial hacerlo, porque de madrugada todavía hace frío. Aún estamos en marzo. Encima de los semilleros Miguel coloca unos ladrillos, unas piedras, para que el viento no los destape y las plántulas se hielen.
Desde el pueblo hasta el tinao y la huerta se llega caminando. Un kilómetro, poco más o menos. Cuesta arriba al ir, cuesta abajo al volver. Miguel sube por la mañana a destapar sus semilleros (ha de darles el aire y el sol), y vuelve a subir de noche a taparlos. De paso se para a charlar con unos y con otros. Le vigila las gallinas y los patos a Wasah mientras él o su hermano entran a limpiar en el tinao. Tienen dos gallinas pintadas, por cierto, que alguien le debió de traer de Marruecos. Gallinas pintadas o de Guinea. Muy guapitas, dice Miguel. Pero también desconfiadas, chillonas, un poco locas… A veces Miguel se ocupa de las ovejas y las cabras «del moro», a quien ha enseñado cómo llamarlas para que le obedezcan (en buen español con acento de Ávila, pero condimentado con una serie de largos cúúrrrri-curri-curri, o bien: chivi-chivi-chivi-chivi,  muy rápido, en staccato, y amenazas intercaladas del tipo: me cago en Roma, me cago en ros, me cago en la madre del diablo verde, etc.- que ellas entienden al instante, sin que haya que repetírselo).
Yo vivo en la parte alta del pueblo. Todos los días, con o sin cuarentena, paseo a mis perros por el viñedo y el descampado que me separa de la huerta de Miguel. Ahí precisamente conocí a Severo. A Wasah, a Lalo, a la Inés.

Wasah se ha llevado estos días el rebaño. Lo habrá soltado en algún lugar seguro, bien alambrado, para no tener que pasar el día en el tinao mientras dure la cuarentena. Se turna con su hermano, creo, para atender a las gallinas. Recoger los huevos, rellenar bebederos, y darle de comer a la mastina que protege el gallinero de «las zorras»  (la tratan bien y le hablan con cariño pero, que yo sepa, nunca la sacan de paseo). El que venga de los dos hermanos para muy poco. No más de diez, quince minutos.

Oigo la furgoneta de Wasah que arranca y se va.  

Vuelve a hacerse el silencio.
No se ve a nadie por los alrededores. No se oye a nadie. Cacarean un poco las gallinas. Ladra la pobre mastina.
Son las ocho de la mañana y no hay ni un alma. Como ayer, como anteayer, pasan en vuelo rasante las primeras golondrinas.
Pero el tiempo ha cambiado: hoy saldrá el sol. Vuelvo a ver a la abubilla que ya vi el otro día, recién llegada de Africa. Camina con la cresta levantada entre los caños de patatas ‘Jaerla’, que están blandos, frescos, gracias a la llovizna de estos días pasados.
Me pongo unos guantes de plástico, de los que dan en la frutería del Carrefour. Sigilosamente deshago el nudo que cierra la puerta de la huerta de Miguel. La abubilla levanta el vuelo. Voy hasta los semilleros y empiezo a retirar, uno a uno, los ladrillos y las piedras.  Las plántulas de los tomates ya tienen tres o cuatro centímetros. Es esencial que les dé el sol. Pero decido no destapar del todo los pimientos, que apenas asoman entre el estiércol, por miedo a que se enfríen (o se sequen; mañana tocará regarlos). Solo los entreabro, colocando un trozo de ladrillo entre la tapa y el semillero. Vuelvo a atar el cordel de la puerta. Me quito los guantes. Silbo a los perros y desaparezco.

Esta noche, sigilosamente, mientras mis perros echan a correr por el descampado, volveré a entrar en la huerta de Miguel, me pondré un par de guantes limpios, taparé los semilleros que acabo de dejar aireándose, volveré a colocar los ladrillos y ataré de nuevo el cordel de la puerta. Saldrá la luna. Los grillos empezarán a desgañitarse. En el pueblo, ahí abajo, la gente estará ya abriendo las ventanas, los balcones: en cinco minutos darán las ocho. Las tres gatas que aún conserva Miguel (felizmente castradas, las tres) vendrán un momento a saludar. Comprobaré que en la tolva tienen pienso. En silencio absoluto, para que las gallinas de Guinea -¡esas locas!- no se pongan a chillar y me delaten, echaré unos curruscos de pan duro al estanque. Después, sigilosamente, me quitaré los guantes, silbaré a los perros y me volveré a casa.

 

Cabeza de viejo

 

 

 

 

 

 

Guanajuato, Hidalgo y Puebla son las tres provincias mejicanas que vieron nacer a los viejitos (o cabezas de viejo, o barbas de viejo). Cephalocereus senilis. Cactus columnares, altivos, con un peluquín en la cumbre, blanco como la nieve menguante del volcán Iztaccihuatl (ya no del Popocatepl, 1), en cuyas proximidades prosperan, tan a gusto. A diez mil kilómetros de distancia y con un océano por el medio, también lo hacen en mi jardín, conformándose con ver a lo lejos la aún más menguante nieve del cerro Casillas, provincia de Ávila, que en el mejor de los inviernos apenas pasa de unos centímetros.  Allí alcanzan alturas de 6 a 15 metros (como un roble o un haya, 2); aquí no pasan del metro, ¿dos metros? cuando se le cultiva en invernadero, en suelo calizo como el de las colinas de Puebla, con luz y calor sin tasa (a más luz, más melenas blancas, 3).
En abril, si hay suerte, a mi cabeza de viejo le crecerán una o varias narices de Pinocchio:  narices de color rosa, primero chatas y después puntiagudas, desplegadas en su extremo como matasuegras, o como fanfarrias, que solo se abrirán del todo al caer la tarde. 

Sobre los cactus en general:  todos, o con alguna excepción vintage (¿género Opuntia?), que queda para otro día, entran en la misma categoría de los alhelíes & Co (tag flora viejuna).  Hoy se plantan en jardines de exposición y colecciones de plantas xerófitas, y a lo mejor, en versión enana, en una mini maceta  de Ikea junto a la pantalla del ordenador…  Pero antes se veían mucho en los patios y en los alféizares, metidos en latas oxidadas, apilados alegremente entre unos geranios, unas begonias y unas cintas.  En Galicia se combinaban con áloes, que florecen en rojo y naranja. Aquí en Madrid se ven más los ágaves/pitas, otras mejicanas viejunas, imponentes…

 

 

(1) En su vecino Popocateptl el glaciar ya se ha declarado extinto. Al Izta disque le quedan 5 -10 años. Algunos más, con suerte, al Pico Orizabal. Fuente: https://sitquije.com/medio-ambiente/ecologia/adios-popo-pronto-te-alcanzara-companera-izta
(2) Fuente: el primoroso libro de Isaac Ochoterena, Las cactáceas de Méjico, 1922, disponible en https://archive.org. También la foto procede de ahí.
(3) Foto arriba/derecha: todo el cactus es un poco lanoso, pero a medida que crece  el «peluquín» se hace más denso y destaca sobre la parte de abajo

Alhelí de invierno

No es en La Habana sino aquí mismo, en casa de mi vecina Mercedes. 

Matthiola incana
, planta vivaz en España pero anual o bianual en la Europa más fría, si es que aún existe tal cosa. Cientos de variedades hortícolas, de todos los colores, de similar fragancia, y a veces, en las variedades más antiguas, con nombre de señora (‘Isabella’, ‘Milena’…). Muy cultivadas en invernadero por los productores de flor cortada -en variedades monstruosas con nombres coherentemente monstruosos, tipo ‘Mamut’, ‘Excelsior’, ‘Climax’ (?)-,  los alhelíes son sobre todo plantas de jardín, ya muy distanciadas de un ancestro autóctono, mediterráneo, al que han olvidado hace mucho. Tienden a escaparse del confinamiento… A veces un alhelí de flor doble aparece en el intersticio de las baldosas sin que nadie lo haya sembrado. Como algunos Antirrhinum sospechosos, demasiado multicolores para ser botánicos. Plantas, en realidad, de jardin de grand-mère, con ese aire que se gastan, maravillosamente pasado de moda. Un jardinero minimal ni miraría para ellas (¡pero bien que las olería al pasar!) y las metería, displicente, en el mismo saco que los geranios, las malvarrosas, los gladiolos… Todo en la sección «viejunos».  Las flores que le gustaban a mi abuelo. Las que me gustan ahora a mí, cada vez más.
En cuanto al cultivo: suelo rico, agua con tiento (ni una gota de más) y pleno sol. Algunos libros, traducción o adaptación poco atenta de originales escritos en el norte, nos dicen que florece en verano. Pero esta foto es de ayer. Mercedes me dijo  -asomada a la ventana de la cocina, en rigurosa cuarentena- que todos los años empezaba a florecer ahora. Marzo, segunda quincena de febrero. Por eso aquí le dicen «alhelí de invierno».  Solo su primo de la costa, M. sinuata, más suave y aterciopelado, pero también más sufrido, florece a principios del verano (yo lo he visto incluso en julio, en la Costa da Morte, punteando de morado/púrpura el camino entre las dunas)

 

Pequeña selección de buenas noticias (2)

Después de 70 años sin criar, nace por fin un quebrantahuesos en Picos de Europa:
https://elpais.com/ciencia/2020-03-18/nace-el-primer-quebrantahuesos-en-el-parque-nacional-de-los-picos-de-europa-en-70-anos.html
Nutrias en el Manzanares: https://elpais.com/sociedad/2019/06/20/actualidad/1561007625_268315.html
Aguila imperial, remontada en Madrid: https://www.abc.es/espana/madrid/abci-aguila-imperial-alcanza-record-parejas-reproductoras-comunidad-madrid-202002010129_noticia.html
Sección buenas ideas: «Apadrina un olivo», protección rentable del patrimonio en Oliete. https://apadrinaunolivo.org/es/recuperacion-del-olivar
Las flores del Museo del Prado, en este libro curiosísimo: https://www.abc.es/cultura/arte/abci-delicias-jardin-prado-202002142013_noticia.html

*Más dos noticias del pasado verano, que tenía por ahí traspapeladas:
El mejor té del mundo se produce en Galicia
https://www.elmundo.es/vida-sana/estilo-y-gastro/2019/06/26/5d10054afdddff6baa8b4620.html
Ejército de cabras y ovejas para limpiar el monte (desbroce sostenible y profesional)
https://www.lavozdegalicia.es/noticia/somosagro/forestal/2019/07/06/cabras-ovejas-alistan-agentes-forestales/00031562444622043680923.htm

Y en LRO, albaricoqueros y perales en flor. Cinco caños de patatas ‘Mona Lisa’ plantados hace unos días y regados por la lluvia de anteayer. Crecen ajos, guisantes, habas, alcachofas. Lagartijas a carreras por los muros de piedra. Un cuco empezando a ensayar en la finca de enfrente. Los iris abiertos. Las dos albercas llenas. Una abubilla en la huerta de Miguel Manduca (ha tenido suerte: son voraces consumidoras de grillotopos). El rosado de este año -todavía en la cuba- huele bien, yo diría que a caramelo de fresa… Y para terminar, el mandarino que se fue a Saint-Louis, Senegal, metido en la maleta de mi vecino Baba, parece que ha llegado sano y salvo y ya está plantado (es el mismo de este post: https://laramadeoro.com/2020/01/29/abrigos-de-gasa/  Para que pudiera entrar en la maleta lo podamos bien y le cortamos un tercio las raíces)