Love-in-the-mist

cápsulas nigelia fin junio«Amor -en -la -niebla» es como llaman en Gran Bretaña a nuestra «arañuela», la Nigelia damascena, flor anual del sur de Europa, que ellos han introducido en sus jardines y ha terminado desperdigada por cunetas y lindes Como muchas ranunculáceas (¿quizá todas?), la nigelia es tóxica. Incluso muy tóxica. Lo que favorece su dispersión, porque las ovejas son muy listas y no se la comen. El amor-en-la-niebla es uno de los «hits» de la pradera de junio. Bonita cuando florece y espectacular cuando fructifica. Pero mala toda ella, una mala pécora de la cabeza a los pies. En la «tira de flores» de LRO (véase post correspondiente) se sembró un sobrecito de nigelias hace años. Como sólo se riega -y poco- el espacio que ocupa la tira, la nigelia no se ha salido del lugar que le fue asignado, manteniéndose formal y sumisa entre los márgenes. Se resiembra sola. Todos los años la fotografío, y nunca me canso.

nigelias

NO sin mi desbrozadora

Todo el verano

no sin mi desbrozadora

No se puede vivir sin desbrozar en una finca donde no se ara. Tampoco hay ya  rebaños  ni caballerizas que mantengan a raya las hierbas (hasta hace dos años venía el pastor, Miguel, con sus ovejas y cabras, pero la artrosis ya no le deja aventurarse tan lejos del tinao).  Si viene una primavera lluviosa, como ésta, la pradera nos llega al cuello – literalmente, e incluso más arriba-, lo que está muy bien de marzo a mediados de junio,  cuando todo está aún verde y los insectos enloquecen de felicidad entre la avena loca, las alfalfas, las anchusas….  Pero la cosa cambia mucho  en cuanto empieza a hacer calor de verdad, al rondar los treinta grados. El campo se convierte entonces en un peligroso y crujiente almacén de paja seca, y ya no se puede esperar más: hay que sacar las máquinas, ponerlas a punto, preparar la mezcla de gasolina y aceite. De junio a septiembre se hacen, como mínimo, tres depósitos semanales (en realidad, uno diario durante la segunda quincena de junio).  Tenemos dos desbrozadoras manuales, de las que se cuelgan de la cadera agarradas a un arnés, y con un cabezal de corte “de pelo”, esto es, de hilo de nylon grueso.  La primera es una Stihl 230, que de joven trabajaba con mucha furia pero que desde hace un año empieza a dar problemas (el carburador, dizque; pero cambiarlo no baja de 200 euros). Su hermana pequeña es una Stihl 55,  con menos potencia pero mucho más segura al arrancar. Una es mi brazo derecho, la otra mi brazo izquierdo.  Todos los días están zumba que zumba por la finca. Han de desbrozar los caminos, las zonas contíguas a la casilla y las huertas, y las calles entre las viñas. La pradera de abajo  se deja a su aire (linda con la viña de Perico, tan perfectamente arada que no puedo imaginar mejor cortafuegos que ése).
hierbas enredadas en el cabezalLa hierba alta y de caño duro se corta moviendo la máquina de arriba abajo. Aquí no interesa ir formando haces largos, que se tiendan ordenadamente a un lado, como al guadañar. Primero, porque el diámetro de corte no pasa, en el mejor de los casos, de 40 cm, y habría que darle un fuerte impulso a la máquina para que, además de cortar, desplazara toda esa broza. Y ni esta máquina ni mis brazos están pensados para eso. Segunda razón: mucha de esa hierba no se recoge (sólo una parte; luego lo explico), así que interesa dejarla bien triturada, para que se descomponga antes y rebaje unas décimas (¿?) el riesgo de incendio.
La desbrozadora corta mal -¡ fatal!-  los tallos de las margaritas, de las alijonjeras, y de las malvas. Se enredan salvajemente  al cabezal  y hay que parar el motor para deshacer la maraña. Un incordio. Por eso es recomendable cortar esos cañotos con la hoz antes de empezar con la máquina. Y digo la hoz en vez de la guadaña porque guadaña -por la que llevo suspirando AÑOS- aún no tengo. (Está de camino: mi amigo Rubén me la va a traer de Asturias este verano, una guadaña negra, elegantísima, con su “kit” de afilado incluido…).
¿Qué se hace con la broza?. Con la mejor, esto es, la más fina y más limpia (sin grama ni demasiadas semillas), se acolchan la huerta y el pie de los árboles frutales. La más basta se divide en dos: una parte se queda «in situ», procurando pasarle una segunda y hasta una tercera vez la desbrozadora, y otra parte se rastrilla y se acumula en los composteros, que están en zonas donde se llega bien con la manguera. Siempre que se puede se mezcla con hierba fresca -verde, nitrogenada- que me traigo de otros jardines o incluso de las segadoras de césped del Ayuntamiento (cuando las pillo). En esos composteros, más o menos regados, sembraré cucurbitáceas el próximo año, o sacaré la  tierra de la parte baja -la hierba ya descompuesta – con una pala de mango largo, como si fuera  un horno de pan…

Consultorio (2)

FumigatorEstimada señora Barbie Jardinera:
Tengo un problema con los geranios que se ha ido convirtiendo en pesadilla y que, desde hace unos días, amenaza la estabilidad de mi matrimonio e incluso la vida de mi mujer.

Todo empezó esta pasada primavera. Era domingo. Como todos los domingos, me había levantado tempranito para afilar mi hacha de monte, el set de cuchillos carniceros, las sierras, serruchos y serrotes, y las cuatro motosierras. Es lo que yo digo: uno nunca sabe en qué momento va a tener necesidad de estas herramientas, así que más vale tenerlas siempre a punto.  Guardo mis cosas en una cabaña de jardín, de esas de resina rígida que venden en el centro comercial.  El jardín es un rectángulo de baldosas, terminado en un semicírculo con tejadillo, que es donde hemos instalado la barbacoa. El abeto lo talamos hace años,  hartos de los gorriones que se metían entre las ramas.  No  era sólo el ruido  que metían. Lo que me ponía malo era que hicieran sus necesidades en el parabrisas del coche y en las baldosas del jardín.  Con la palmera de China y el macizo de chumberas que crecen en la parte de atrás tenemos más que suficiente. Delante de las chumberas he puesto el columpio de mi nieto, para que no estorbe al fregar las baldosas. A veces se pincha un poco las piernas, como es lógico, pero es lo que yo le digo: hijo, tendrás que hacerte un hombre. Por poner alguna planta en el jardín de delante mi mujer insistió en comprar unas macetas y colocarlas en los peldaños de la escalera de entrada. Bueno, le dije. Un peldaño sí y otro no. Para no exagerar. Fuimos al centro comercial y las compramos. Y plantamos unos geranios rojos, muy sencillos.  Los primeros días todo fue bien. Mi mujer regaba los geranios, los geranios crecían, y yo los miraba complacido desde el ventanuco de la cabaña, mientras le pasaba una gamuza a mi katana japonesa….
No habían pasado ni dos semanas cuando empezaron los problemas.  Era domingo, como ya he dicho, y yo andaba ya ocupado con el afilado de la primera motosierra. En eso me llama mi mujer para que vaya a ver un bichito que acaba de localizar en un geranio.  Cogí un cuchillo de caza, por si las moscas, y salí a ver qué pasaba.  Nunca había visto nada igual . Nunca en MI jardín. Era pequeño, verde, repugnante. Era un pulgón.  Esa misma tarde lo rocié con un producto que me vendió el de la tienda de piensos del pueblo (Arturo).  Repetí la rociada cada pocos días y al principio la cosa resultó.  Pero a mediados de mes aparecieron nuevos pulgones, más grandes y más gordos. Volví a lo de Arturo. Y le dije, le digo, “necesito algo más potente”.  Me vendió  un frasco de cristal lleno de cruces negras,  con la recomendación de que  no lo dejara cerca del columpio, y unas horas después de pulverizar  las macetas por allí no quedaba ni la sombra de un pulgón. Entonces mi mujer me hizo ver que tampoco los geranios tenían muy buena cara. Normal, le digo. Pero mañana verás que bien.  Y en efecto, al día siguiente los geranios habían mejorado un poco.  No era ése, sin embargo, el final de la historia. Muertos los pulgones, pronto empezaron a aparecer docenas, cientos, miles, millones, trillones de arañitas rojas…Voy corriendo a lo de Arturo. Lo que yo te diga: dame algo que mate a todos los bichos, no sólo a los pulgones.  ¡Y rapidito!. Me vine con una mochila de 16 litros, un mono de trabajo plastificado, y una escafandra. Rocié todo, escaleras y fachada de la casa incluidas. Las arañas desaparecieron. Los geranios también. Pero es lo que yo digo: se compran otros y listo, porque sólo valen dos euros con cincuenta cada maceta y porque lo que es a las arañas y a los pulgones no les han quedado ganas de volver. Mi mujer, que por entonces empezó con una tosecilla perruna que no termina de curársele, fue al centro comercial y se vino con los nuevos geranios.  Y yo, tranquilo, empecé por fin a ordenar mi cajas de munición, que bastante tiempo había perdido ya con la tontuna de los geranios. Poco duró la paz. A la semana los geranios estaban negruzcos, huecos, y una oruga gris, fea como un demonio, asomaba la  cabeza (o el culo, no sé) por uno de los tallos.   Arturo me sacó entonces un catálogo de productos “fitosanitarios” y juntos miramos qué podía encargarse.  Hicimos un pedido a Chicago. Los tres sobrecitos  (que aquí están prohibidos) valieron ciento cuarenta dólares cada uno.  Volví a ponerme la escafandra y rocié todo,  todo, hasta las juntas de las baldosas. Las orugas desaparecieron. … Calma. Consigo terminar de limpiar el arpón ballenero, la colección de dagas indonesias…  ¿Victoria?.  Qué va. Dos días después mi mujer me viene a buscar a la cabaña, golpea en el cristal con los nudillos y me dice, entre toses,  que acaba de ver un pulgón en una maceta.

Estimada señora Barbie. A mi mujer le han diagnosticado una bronquitis de pronóstico reservado. Escribo esta carta desde la sala de espera del hospital. Los geranios han muerto. Mi nieto tiene prohibido venir a vernos. Los pulgones corretean alegremente por las escaleras y empiezan a acercarse a la cabaña. ¿Qué hago?. ¿Le prendo fuego a todo?. Tengo un lanzallamas ruso que compré por internet y que podría valernos.

Suyo afectísimo.
Firmado: Fumigator.

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Respuesta:

Estimado Fumigator:

No hay que perder los nervios. Si la carrera de armamentos  consiguió acabar con la antigua Unión Soviética,  qué no hará contigo, que sólo dispones de un pequeño arsenal de jardín.  Sucede que el uso repetido de ciertos insecticidas  favorece la aparición de “cepas resistentes”, o sea, individuos a los que ya no hace efecto el tal producto. Por otra parte, esos mismos productos acaban provocando un problema serio de arañas rojas, que se cuelan de rondón…. Lo de las orugas es otra cosa. Son unas polillas venidas de Africa, difíciles de combatir. Tú has llegado quizá a un punto de no retorno.  Un producto lleva a otro, que a su vez lleva a otro, y a otro, y a otro,  en una espiral rabiosa que no acaba nunca. Veamos

–       Si decides tirar para delante,  prueba con una pequeña bomba atómica de fabricación casera. Arturo el de los piensos podrá echarte una mano, seguro. Para la información técnica, el uranio y la piecería, puedes mandar un mail amistoso a la embajada de Corea del Norte-, o mejor,  consultar esa web donde compraste el lanzallamas.
–       Si decides rebobinar y empezar de cero, prueba con un buen chorro de agua a presión al atardecer.  Es una opción, en cualquier caso, mucho más barata que la anterior.  No tendrá efectos secundarios en el aparato respiratorio de tu mujer (salvo si se asoma en ese momento a la ventana). Tampoco te creará problemas con la CIA en caso de que investiguen tu correo electrónico. Enchufas la manguera y empapas bien las plantas donde haya pulgón.  Respecto a los tallos perforados por la polilla, ten buen cuidado en ese centro comercial que frecuentáis: inspecciona  las plantas antes de llevarlas a casa, y corta enseguida –y tira a la basura- los tallos afectados.

Con mis mejores deseos para ti, tu mujer, y tu nieto.

Firmado: Barbie Jardinera.

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NOTA
El dibujo de «Fumigator» procede de un folleto del Jardín Botánico de Montreal.

Junio

 Primeros días de junio, 2013

vilanos junioExtraña primavera. Como las temperaturas nocturnas no han subido de 8-10º durante semanas, y el cielo ha seguido cubierto un día sí y otro también (aunque sin lluvia), los tomates están flacos, las berenjenas pálidas, los calabacines lentísimos, las fresas menos dulces de lo que acostumbran…Del lado bueno: los albaricoqueros plantados hace dos años, y los melocotoneros tardíos plantados este invierno, están brotando bien.  Las viñas se han llenado de flores, y también las moras, que en los sitios más soleados empiezan a cuajar. A los puerros, remolachas y lechugas parece serles indiferente este ir y venir del sol entre las nubes. Las patatas siguen creciendo, mejor que peor; algunas hojas ya amarillean y hay que regarlas cada poco. El grillotopo asomó la nariz unos días y se comió unos ajos. Pero todavía no se ha puesto pesado.   Entre ayer y hoy –los dos primeros días de calor- he visto aparecer los primeros hormigueros. lagarto ocelado junio-13Un lagarto ocelado tomando el sol en medio y medio del camino. Conejos de fiesta al atardecer (atardecer en junio: diez de la noche). Hay alondras  revisando a fondo las cunetas, y aviones (de culo blanco)   haciendo el loco muy cerca del suelo. Las amapolas y arvejas van dejado el sitio a los carraspiques, silenes, cañahejas, cardos. En la orilla de la finca, donde hace un mes florecían los majuelos, lo hacen ahora (y con ganas) los rosales silvestres y las madreselvas.  De las retamas cuelgan legumbres peludas. De los bajos del pantalón, y de las orejas de mis perros, rascamoños grandes como garbanzos.  En la charca se emparejan las libélulas y los caballitos del diablo, pero las ranas ya no se desgañitan como hace un mes. El cuco insiste menos, casi nada… Las matas de angélica – que debería estar empezando a arrancar, al menos algunas- ciegan el cauce del arroyo y se llenan de flores blancas.  Perico, el vecino, ha terminado de arar y requete-arar su viña.
Empieza a hacer calor.

alondra 11-6-13(Fotos: vilanos de Tragopogon, lagarto ocelado, y alondra escondida detrás de un cantueso)

Ballena varada en el parque

           otoñoinviernoprimavera……….Un haya caída. El leñador ha ido girando amorosamente cada troza, y el resultado es esa especie de columna vertebral. Alguien en el servicio de «espacios verdes» del ayuntamiento de Ginebra decidió dejar ese mamotreto en su sitio.  Como una ballena varada. Las hojas de las restantes hayas lo cubren en otoño-quizá clones suyos, pues el tocón retoña a placer-, la lluvia y la nieve lo empapan después, los excrementos de los pájaros lo pintarrajean de blanco en abril; los yesqueros, duros como piedras, se van formando en cada corte.  Y cuando alguien encuentra por el paseo la correa perdida de un perro, o un zapato de niño, o un llavero  o un teléfono móvil…lo recoge y lo deposita sobre el haya, por si el dueño, al darse cuenta, volviera al parque a buscarlo .