NO sin mi desbrozadora

Todo el verano

no sin mi desbrozadora

No se puede vivir sin desbrozar en una finca donde no se ara. Tampoco hay ya  rebaños  ni caballerizas que mantengan a raya las hierbas (hasta hace dos años venía el pastor, Miguel, con sus ovejas y cabras, pero la artrosis ya no le deja aventurarse tan lejos del tinao).  Si viene una primavera lluviosa, como ésta, la pradera nos llega al cuello – literalmente, e incluso más arriba-, lo que está muy bien de marzo a mediados de junio,  cuando todo está aún verde y los insectos enloquecen de felicidad entre la avena loca, las alfalfas, las anchusas….  Pero la cosa cambia mucho  en cuanto empieza a hacer calor de verdad, al rondar los treinta grados. El campo se convierte entonces en un peligroso y crujiente almacén de paja seca, y ya no se puede esperar más: hay que sacar las máquinas, ponerlas a punto, preparar la mezcla de gasolina y aceite. De junio a septiembre se hacen, como mínimo, tres depósitos semanales (en realidad, uno diario durante la segunda quincena de junio).  Tenemos dos desbrozadoras manuales, de las que se cuelgan de la cadera agarradas a un arnés, y con un cabezal de corte “de pelo”, esto es, de hilo de nylon grueso.  La primera es una Stihl 230, que de joven trabajaba con mucha furia pero que desde hace un año empieza a dar problemas (el carburador, dizque; pero cambiarlo no baja de 200 euros). Su hermana pequeña es una Stihl 55,  con menos potencia pero mucho más segura al arrancar. Una es mi brazo derecho, la otra mi brazo izquierdo.  Todos los días están zumba que zumba por la finca. Han de desbrozar los caminos, las zonas contíguas a la casilla y las huertas, y las calles entre las viñas. La pradera de abajo  se deja a su aire (linda con la viña de Perico, tan perfectamente arada que no puedo imaginar mejor cortafuegos que ése).
hierbas enredadas en el cabezalLa hierba alta y de caño duro se corta moviendo la máquina de arriba abajo. Aquí no interesa ir formando haces largos, que se tiendan ordenadamente a un lado, como al guadañar. Primero, porque el diámetro de corte no pasa, en el mejor de los casos, de 40 cm, y habría que darle un fuerte impulso a la máquina para que, además de cortar, desplazara toda esa broza. Y ni esta máquina ni mis brazos están pensados para eso. Segunda razón: mucha de esa hierba no se recoge (sólo una parte; luego lo explico), así que interesa dejarla bien triturada, para que se descomponga antes y rebaje unas décimas (¿?) el riesgo de incendio.
La desbrozadora corta mal -¡ fatal!-  los tallos de las margaritas, de las alijonjeras, y de las malvas. Se enredan salvajemente  al cabezal  y hay que parar el motor para deshacer la maraña. Un incordio. Por eso es recomendable cortar esos cañotos con la hoz antes de empezar con la máquina. Y digo la hoz en vez de la guadaña porque guadaña -por la que llevo suspirando AÑOS- aún no tengo. (Está de camino: mi amigo Rubén me la va a traer de Asturias este verano, una guadaña negra, elegantísima, con su “kit” de afilado incluido…).
¿Qué se hace con la broza?. Con la mejor, esto es, la más fina y más limpia (sin grama ni demasiadas semillas), se acolchan la huerta y el pie de los árboles frutales. La más basta se divide en dos: una parte se queda “in situ”, procurando pasarle una segunda y hasta una tercera vez la desbrozadora, y otra parte se rastrilla y se acumula en los composteros, que están en zonas donde se llega bien con la manguera. Siempre que se puede se mezcla con hierba fresca -verde, nitrogenada- que me traigo de otros jardines o incluso de las segadoras de césped del Ayuntamiento (cuando las pillo). En esos composteros, más o menos regados, sembraré cucurbitáceas el próximo año, o sacaré la  tierra de la parte baja -la hierba ya descompuesta – con una pala de mango largo, como si fuera  un horno de pan…

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9 pensamientos en “NO sin mi desbrozadora

    • No, en este momento no me queda otra. Qué más quisiera. A las visitas del rebaño he de dedicarles un post. Era una chulada. En el futuro, quien sabe..no digo un rebaño, pero quizá el caballo de algún vecino…Ya veremos.

  1. Grillo en 24 junio, 2013 en 5:35 pm dijo:

    Mira a ver rociando esas hierbas altas y secas con una solución casera a partes iguales de leche, vinagre y bicarbonato sódico. Válido también para tu consultante de lo geranios.
    Responder ↓

    cccouto en 24 junio, 2013 en 10:15 pm dijo:

    Grillo, necesitaría tres vacas contratadas a tiempo completo para poder “atacar” las hierbas de casi una hectárea… Locurones aparte, una cosa he de decirte: que la leche se está usando como remedio muy efectivo contra el oídio. A minúscula escala, claro, y quisiera creer que sólo con leche caducada (pero vete a saber!). Bss

    Grillo en 25 junio, 2013 en 2:02 pm dijo: Editar

    Uy, chica perdona; me he confundido… Esa mezcla tan casera la usábamos hace mucho como pegamento y como fijador para el pelo. ¡Qué pestazo !

    • Por La Coruña andaba uno hace años (un pobre muy pobre, y muy toliño) que se fijaba las greñas a lo alto de la cocorota con bosta de vaca. Pero lo vuestro no está mal, oye. Y dicen que el vinagre mata los piojos.

  2. En casa nunca hemos tenido piojos, por suerte o por higiene.

    Y otro fijador de temporada que nos hacía una niñera era con las pepitas del membrillo… Las dejaba en agua unos días y salía una gelatina muy parecida al fijador y hasta con cierto buen olor a membrillo. Deben ser esas cosas del fantástico ‘saber popular’ .

    Te diré más (que te va a dar risa):
    Nuestra hermana mayor, con 16 o 18, parecía tener las piernas gordas… y en ayunas le hacían beber agua de garnanzos puestos en remojo durante tres o cuatro días. Y se le quedaron las piernas estilizadas y bien, normal.

    Recuerdo perfectamente hacer en el campo jabón verde con ceniza, sosa cáustica, grasa, aceite y no sé qué más. Luego, una vez solidificado, lo cortaban con un alambre.

    La casera se llevaba al regazo la camada de pollitos recién nacidos y les metía con el pulgar, bien hondo en la boca, un granito de pimienta para fortalecerlos… Le preguntábamos a nuestro padre si eso era bueno y nos respondía – No llega a matarlos…

    Hacíamos chicle mascando un mezcla de resina de los almendros y trigo crudo.

    Yo creo que nos hicimos totalmente inmunes a la picadura de las avispas, porque con agua del pozo y barro hacíamos castillos y casitas los hermanos y hermanas; nos picaban por todas partes. Al final no nos dolían.

    Contra golpes y cardenales nos daban Zotal con un pincel hecho a mano con plumas de palomas: tal cual se lo daban a las bestias.

    Absolutamente prohibido coger nidos, pajaritos, lagartijas, culebras, ratoncillos, tórtolas, etc. Había castigos para quien se supiera que lo habría hecho. Y si algún hermano se chivaba el castigo correspondiente era para el sopolón.

    Ya sabes las retorcidas y fantasmagóricas formas de los viejos olivos… Bien: pues padre no convencía para jugar al escondite entre los más cercanos al anochecer, para vencer el miedo. A los pocos días le pedíamos jugar más y fijo que ya no merecía la pena…

    Un labrador nos enseñó a tirar con onda contra algún blanco o simplemente para ver quién llegaba más lejos. Esas hondas las hacía él con soga deshilachada y un trozo de cuero en el centro para la piedra. Luego ya nos las hacíamos nosotros mismos. Para qué decirte cómo nos miraban en la ciudad cuando acababa el verano y seguíamos por las calles con una honda en la cintura…

    • Qué maravilla, Grillo. Qué maravilla ser niño así, en ese momento y ese lugar. Tu padre era extraordinario: en vez de sobreprotegeros (no te metas ahí, cuidado donde pisas, ojo con las avispas…), os echaba a los olivos, no os consentía el miedo. Y no os premiaba lo que otro consideraría una azaña: saquear nidos, sino que os lo prohibía seriamente. Es un placer leer esos recuerdos, Grillo, con los mejunjes de garbanzos y el Zotal…. Pero sabemos que TODA tu vida ha sido intensa y llena de pequeñas y grandes maravillas, no sólo la infancia!. Bss

      • Estoy de acuerdo, el padre de Grillo era un fellow (todo un tipo), pero, en cambio, la niñera esa con sus potingues era todo.. un peligro, tradicional, de cultura popular y demás, pero peligro

  3. Ah, qué suerte, envidio a Grillo y a su infancia y también, por qué no decirlo, envidio tu Guadaña negra asturiana. En cuantico te llegue nos pones una foto en La Rama de Oro.
    Supongo que los insectos seguirán locos de alegría aunque les hayas desbrozado la finca, en la broza que dejas para el compost estarán la mar de contentos.

    Ahora que lo pienso : yo también he llegado a mascar granos de trigo hasta convertirlo en chicle. Pero no recuerdo quién me contó el truco.

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