Coltura promiscua

Agosto 2011

Leo en uno de los manuales de D. Soltner que en Italia central las viñas de Chianti se sujetan a los troncos de los arces campestres o de Montpellier, y que entre líneas se cultivan leguminosas (alfalfa), o incluso tabaco. Y que a este sistema de cultivo combinado se le llama así, “coltura promiscua”. Concluyo que la promiscuidad será tanto mayor cuanto mejores las condiciones del suelo y del clima. Así, mis abuelos podían sembrar en La Coruña judías trepando por el maíz, todo bien pegado, sin que ni las unas ni los otros dejaran por ello de crecer con energía en pleno mes de agosto. Lo que recuerdo de aquellos maizales es que allí casi no se entraba, y que precisamente por eso era un sitio perfecto para esconderse. Por estas tierras, en plena meseta castellana, también lo he visto hacer… Las plantas, sin embargo, eran menudas y de aspecto enfermizo, la producción menor, la maduración de las espigas precoz, los ataques de la araña roja en las judías bastante más serios (a cambio, los tomates están aquí  más sanos, y durante más tiempo, porque no les afecta el oídio hasta que las noches empiezan a refrescar, justamente ahora, al entrar en septiembre). Pero la “coltura promiscua” de maíz con judía no se inventó en mi pueblo, claro, está inventada desde hace mucho, en la región que va desde Nuevo México hasta el norte de Colombia (cosa que mis abuelos seguramente no sabían, aunque hubieran llegado a parecidas conclusiones sobre el cultivo a varios siglos y varios miles de millas marinas de distancia). Los indios hopis añadían un tercer ingrediente, la calabaza, y se referían a ellas como “las tres hermanas”…

Para cultivar juntas en este secarral a dos de esas tres hermanas, quizá bastaría ¿con que las calles fueran más anchas?. No estoy segura de que valga la pena. Puestos a combinar, me ha parecido más prudente reemplazar maíz por girasol (que necesita menos agua), y utilizar judías de ciclo corto, que he sembrado en la segunda mitad de agosto, cuando ya el girasol estaba algo crecido. Las plantas parecen sanas y están ya llenas de flores.

Mi abuelo dejaba sólo cinco metros de separación entre sus frutales, y por los rincones plantaba coles. Aquí el secano –incluso el secano relativamente fresco de La Rama de Oro– impone marcos de plantación que llegan al doble. He leído que en los olivares del sur el marco era deliberadamente amplio, para poder sembrar cereal mientras los árboles crecían (que se tomaban su tiempo). Y le he escuchado decir al anterior propietario de La Rama de Oro que su padre sembraba garbanzos entre los almendros y algarrobos. Así que la promiscuidad duraba pocos meses (los buenos) y se limitaba a cultivos de secano.

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