Brezos, brecinas, queirugas.

Agosto 2012, una aldea del norte.

En la ladera que baja  a la playa, en las zonas más rocosas y ásperas, más expuestas al sol, al viento, al salitre, donde la tierra es escasa y pobre,  florecen desde la primavera diversas especies de brezos y brecinas – queirugas grandes e pequenas, géneros Erica, Calluna y Daboecia-  mezclados con gramíneas, toxos (Ulex), algunos cardos y poco más.

El viento del nordeste rompe las ramas resecas de los pinos y esculpe a su manera las masas de laurel y madreselva que crecen ya muy abajo, donde sí se ha acumulado una buena capa de tierra. El monte se ha quemado varias veces. En la parte alta crecen los eucaliptos, inmediatamente más abajo (otro tono de verde), grupos de pino marítimo; en la siguiente franja, donde haya un mínimo de humedad, helechos y zarzas, y donde no, queirugas... Cuando éramos niños esa bajada a la playa era un pastizal, dividido por regos que canalizaban el agua de lluvia y de los manantiales de la parte alta; el agua lo empapaba todo, todo el año, y hacía salir al camino unas babosas gordísimas, como no he vuelto a ver desde entonces; las vacas de Evaristo, que pastaban pendiente abajo, levantaban parsimoniosamente la cabeza cuando nos veían bajar corriendo…. Pero el fuego, la sustitución de los carballos por pinos y eucaliptos, el abandono de los pastos, han contribuido a que el suelo sea ahora más pobre y más ácido. Donde la tierra es mínimamente rica todavía hay tojos y xestas (ginesta, retama). Pero donde domina el brezo la cosa no tiene duda: ahí ya no puede crecer nada más.

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Camelias y tricornios

Febrero 2012

Los camelios ya están floreciendo a todo trapo en los jardines del norte. Hoy es un buen día para hablar de ellos. Primero de los camelios y después, de postre, de los tricornios.

Para el resumen que viene a continuación me he servido, además de mi propia experiencia cuidando camelios en Galicia, de estas dos estupendas fuentes: una  entrevista a J. Thoby[1] –productor de Nantes, patria del camelio en Europa–, y el manual correspondiente de “Les Carnets de Courson” (1998).

Lo único que no parece discutible sobre el cultivo de los camelios es que necesitan una tierra ligera, rica en materia orgánica, y fresca. Pero en todo lo demás se pueden hacer matices:

1. Nos dicen que los camelios han de plantarse siempre a la sombra. De Madrid para abajo desde luego, y muy especialmente la C. japonica. Pero en las zonas atlánticas, donde la humedad del aire es siempre alta y el sol no se encarniza como en el sur, los camelios sí soportan una exposición relativamente soleada; de hecho, variedades de camelios menos umbrófilas, como la C. sasanqua o la C. reticulata, de floración precoz, si no tienen suficiente sol no florecerán bien.

2. Que no toleran la sequía. A veces la sequía se complica con la competencia radicular, incluso en la costa; si por aquello de que esté a la sombra lo hemos plantado arrimado a una o varias coníferas –así crece, silvestre, en los bosques de Japón–, cuando la reserva de agua del suelo descienda son las poderosas coníferas las que se llevarán hasta la última gota. Algo similar sucederá si está pegado a un gran rododendro. Consejo: goteo nocturno. Las variedades de C. sasanqua, con raíces más profundas, sufrirán menos.

3. Que no toleran el frío. Lo tolerarán mejor en tierra que en una maceta. Y siempre con un espeso acolchado de hojas secas protegiendo las raíces. Variedades muy rústicas, que salen adelante en el Botánico de Madrid: ‘Gloire de Nantes’, ‘Dr. Clyfford Parks’.

http://www.mobot.org (Botánico de Missouri).

 4. Que necesita suelos ácidos. Sí, pero menos que los rododendros, por ejemplo. Una curiosidad que cuenta J. Thoby “En Vietnam hay camelios de flores amarillas que prosperan en suelos con un pH de 7.5 a 8.2… Claro que estos árboles se alimentan tanto por sus hojas como por sus raíces, pues viven en una especie de bruma permanente…”. Un camelio apto para suelos calcáreos: “Château de Gaujac” (que es el que vende este J. Thoby). Añado algunas de las variedades más sanas del Botánico de Madrid, donde el suelo es seguramente neutro (los jardineros habrán tratado de corregir el pH pero, aún así, el agua de riego siempre llevará algo de cal): ‘Adolphe Auduson’, ‘Dr. Baltasar de Mello’, ‘Duchesse de Berry’, ‘Àlba Plena’, más las citadas en el punto 3.

5. Que son arbustos banales; que las flores, además de durar poco, parecen de plástico. Muchos C. japonica de flores dobles a mí sí me lo parecen… Como también me parecen aburridas y exageradas esas hortensias cabezonas que en Galicia aparecen hasta en la sopa…. Pero –al igual que sucede con las hortensias– a día de hoy ya existe una inmensa gama de camelios donde elegir: los hay de hojas finas, los hay de botones florales rojizos, los hay olorosos (C. ‘Naromigata’, `Fragrant Pink’), y, sobre todo, los hay de flores sencillas, infinitamente más atractivas, en mi opinión, que las previsibles flores dobles, “imbricatas” (manipuladas para que en vez de estambres crezca una segunda, una tercera tanda de pétalos). En cuanto al arbusto, siempre me ha parecido un tanto aparatoso y oscuro, sobre todo teniendo en cuenta la brevedad de la floración. Por eso, seguramente, prefiero los camelios en seto, porque permiten plantar diferentes variedades, de modo que se vayan solapando las floraciones de unas y otras.

Han salido citados algunos de los camelios del real Jardin Botánico. El conservador de las “plantas vivas” de este jardín (herbarios excluidos) es desde hace muchos años el Sr. Juan Armada. Su padre, el Marques de Rivadulla, general golpista de todos conocido, es un anciano de noventa y un años que cultiva los mejores camelios de Galicia en su pazo de Santa Cruz de Rivadulla (lugar de Ortigueira, Vedra, La Coruña). Alfonso Armada empezó con el cultivo comercial de los camelios al salir de la cárcel de Alcalá Meco, indultado, la nochebuena de 1988. Cuando llegó a su casa, después de seis años meditando a la sombra, los camelios sasanqua del pazo debían de estar empezando a florecer. Con su mujer –y no sé si alguno de los hijos– montaron una empresa de venta al por mayor de productos agrícolas y construyeron los viveros para la reproducción de camelios. En su web www.ortigueiraplant.com cualquiera puede visitar “on line” las instalaciones, consultar el listado de variedades a la venta, y hacerle un pedido a D. Alfonso.

La historia del Marqués es muy conocida. Quizá lo sea menos la del Sr. Antonio Tejero, que por lo visto se dedica a cultivar aguacates en una finca de Alaurín (Málaga), o la de ese otro guardia civil condenado, el Sr. Miguel Manchado, que lleva personalmente la plantación de limones que heredó su mujer en Murcia. Encuentro esta información en internet, en artículos publicados diez, veinte años después del golpe. La historia parece inventada pero no lo es: parte de la tropa golpista se dedica desde que salió de la cárcel al sano deporte del azadón. Uno camelias, otro aguacates, un tercero limones. A mí me tranquiliza saber que esta gente tiene las manos ocupadas. Con todo y eso, hay algo inquietante en el asunto. ¿Cómo se explica semejante evolución, desde el tricornio hasta el sombrero de paja?, ¿del tanque a la carretilla, del pistolón al rastrillo, del uniforme de infantería a la camiseta de tirantes?. (Y sobre todo, ¿es posible que semejante evolución se dé algún día… en sentido inverso?).


[1] La Gazette des jardins nº 22, enero 1999. Tiene su propio vivero, en Gaujac, y su propia web: www.thoby.com.