De Cayena a Padrón

No plantamos guindillas todos los años, solo uno de cada dos o de cada tres. Más que suficiente. Proceden de un único sobre de semillas Clemente Viven (Guindillas de Cayena), que, si no recuerdo mal, me habían regalado en la liquidación de una sección de jardinería (atentos por estas fechas: mallas de sombreo, estacas, semillas, sacos de mantillo… todo lo que se considera “fuera de temporada” pasa a los saldos de otoño).
Se hace un mínimo semillero por febrero-marzo. Se riega con parsimonia. Se protege muy bien del frío nocturno. Se tiene paciencia. A finales de mayo (al menos en esta zona, de clima continental) se plantan en la huerta. Las guindillas crecen despacio, florecen tarde, cuajan tarde, maduran tarde. Mucho más tarde que los pimientos de comer a mordiscos -los italianos o los morrones, por ejemplo-, porque a estos hay que aclararlos (quitar flores, quitar fruto cuajado) y a las guindillas no. Es lo que tienen en común los de Cayena con los de Padrón, no menos rabiosos: interesa que haya muchos, no que sean pocos, grandes y gordos (razón del aclareo). Un buen día de finales de septiembre -y después, durante todo octubre- ahí los veo por fin. Tres plantas olvidadas al final del bancal de los tomates, que han dado guindillas color carmesí, de nariz respingona, de piel satinada, para casi un lustro. Voy cosiendo los pedúnculos con aguja e hilo. Hago collares para colgar en la cocina, la bodega y la caseta de herramientas. Así se secarán bien -aunque el carmesí se apagará un tanto, como le pasa al vino, y el satén se hará pergamino- y se conservarán por siempre jamás, rechumidas como momias egipcias, entre los rastrillos y los trastos de la caseta.

Consejos a la juventud en tiempos de crisis

Pisar bien la tierra alrededor de las coles recién plantadas.
Arrancar las hojas bajas de las coles.
No enterrar el cuello de las lechugas.
Poner tutores a todas las tomateras, incluso a las que nos venden como “de mata baja”.
Los tutores se ponen antes; las tomateras, después.
Arrancar las hojas bajas de las tomateras.
Despuntar regularmente las tomateras, para que los racimos que quedan maduren bien.
Los calabacines aguantan la media sombra.
Si hay flores silvestres cerca (es decir, insectos), los calabacines cuajarán mejor.
Los rabanitos crecen muy rápido y son compatibles con todo.
No regar con el chorro a tope: doblar un poco la manguera, o colocarla en el interior de una maceta (sobre el suelo), o hacer un manguito con sacos y atarlo con un alambre al extremo…

 

 

 

 

 

 

El riego por goteo es para perezosos (o para huertas muy grandes).
Cavar favorece el enraizamiento y la penetración del agua donde esta es escasa.
Cavar favorece la aireación donde el agua sobra.
Cavar en exceso, allí donde el agua es escasa, favorece la evaporación.
Hay que elegir entre cavar o acolchar.
Acolchar impide que el agua se evapore (se riega colocando la manguera debajo)
El acolchado orgánico mantiene mullida la tierra, rica para las lombrices.
El acolchado orgánico, al descomponerse, aporta nutrientes al suelo.
Cavar perjudica al grillotopo.
Pero acolchar lo favorece.
El acolchado protege la tierra del golpeteo de la lluvia y el granizo.
Pero el acolchado es perjudicial al final del invierno, porque impide que el sol caliente la tierra.
Solución de compromiso: se puede cavar al principio, en primavera, y colocar el acolchado después, incluso renovándolo al “limpiar” la huerta en otoño.
Mucho cuidado con el verbo “limpiar”.
Las gallinas de Perico se comen los restos de la huerta: ¡y también al grillotopo!
Mirlos, rabilargos, alcaudones… a todos les gusta comer grillotopos.
Grillotopos y cebollas son incompatibles.
Grillotopos y patatas son incompatibles.
Hacer lo que se pueda (y más) por cazar grillotopos.
Lo mismo con los buprestes, que devoran las hojas de los albaricoqueros.
Las orugas de Chupaleches no son nocivas a menos que se acumulen muchas en el mismo árbol (en cuyo caso las recogeremos delicadamente, para redistribuirlas)
Las mariposas Macaón son, además de preciosas, inofensivas en la huerta: sus orugas solo comen hojas de ruda e hinojo; se les pueden dejar algunas plantas, enteramente para ellas.

Habas y guisantes se siembran enseguida.
Donde el verano es intenso, habas y guisantes se recogen también enseguida: mayo a más tardar.
Y en su sitio se plantan tomateras.
Las varas de la poda de los almendros sirven de tutores para los guisantes pero no para los tomates (tampoco para las judías)
Los mejores pimientos son los de septiembre.
Los mejores puerros, los de abril.
Si se aprietan mucho las cebollas en la línea, saldrán más pequeñas. Si se las espacia, más grandes.
En tierras pesadas: manzanos y ciruelos.
En tierras ligeras: perales y almendros.
Nada justifica no tener un compostero.
Nada justifica no aprender a obtener semillas propias. Nada justifica no intentarlo.
El hortelano que trabaja solo puede quitarse la mascarilla en la huerta.
Nada justifica no volvérsela a poner en cuanto sale.

Barbie Jardinera

 

NOTAS:
Completar con una guía de buenas asociaciones: https://laramadeoro.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=1528&action=edit
La foto de la macaón es del jardín de Gema.

Todo é fiuncho

Cruzando a Costa da Morte. A carón dos camiños, nos solares, nos taludes, arredor das leiras… Fiunchos xa maduros. E nos soutos: ourizos de castiñeiro mailas primeiras follas caídas no chán, aínda verdes. Hai quen, non tendo anís, tira de fiuncho para aromatizar as castañas. Nós faremos magosto terra adentro, onde en outono todo é fiuncho tamén, máis pequeno pero igual de abondoso se a terra é lixeira -aquí, case que area. As castañas serán as que trouxemos da aldea. A metade delas terán «bicho» dentro (Curculio elephas, un gorgojo); a outra metade irá asarse ao lume, feito esta vez- hecho esta vez de jaras, romeros, sarmientos y leña menuda de las encinas de LRO.

Venezia calma

El sistema de compuertas «Moisés» parece haber funcionado. https://www.ilgazzettino.it/nordest/venezia/marea_acqua_alta_ecco_le_previsioni-5501410.html. Aquí, un recordatorio de la inundación histórica del pasado noviembre + explicación del sistema Mose (tres compuertas, que se levantan cuando la marea sobrepasa los 110 cm) :https://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2019/11/14/eterna-obra-deberia-proteger-venecia-emergencia-climatica/00031573736419709503225.htm

Desde que murió la pobre Mari Luz tengo un sueño recurrente: que Venecia se hunde, se hunde ya, ahora, mientras yo escribo esto y tú lo lees… Venecia se hunde, créetelo, ¡y a nadie le importa! La gente sigue cruzando la calle en dirección a sus trabajos, los niños van al colegio, los autobuses circulan como cada día. ¡Pero señores, por el amor de Dios, que Venecia se hunde!, les grito. Y nadie me escucha. Aunque no estamos allí, Mari Luz y yo, digo, en el sueño puedo sentir físicamente el lento hundirse de la plaza de San Marcos bajo mis pies… Todos esos cuadros. Los mármoles de colores… Y así varias noches seguidas. Pero mira cómo son las cosas, Máximo. Como pensado deliberadamente para curar mi monomanía, una mañana leí en la contraportada del periódico que una compañía de hoteles de lujo había comprado los viejos vagones del Orient-Express y reiniciado sus fletes desde París-Gare de l’Est con destino a Venecia, a través del túnel del Simplon; los pasajeros que lo desearan podrían seguir hacia Zagreb y Estambul. Estábamos en octubre. ¿Qué tal si me voy enseguida a París?, me dije, ¡y pronto, ya mismo!, antes de que empiece a hacer frío. El precio era un disparate…”. (…)
Tan entretenido iba con la decoración de los vagones, el cambio de una a otra vajilla, el hermosísimo paisaje del Valais, que tú conoces tan bien, las pendientes cultivadas de los Alpes –las cuadrículas de albaricoqueros, con las hojas ya amarilleando, los huertos de alcachofas y cardos, envueltos –estos últimos– en sacos y cartones, para blanquear las pencas de aquí a Navidades; ¡pero si hasta azafrán se produce aquí!, me dicen, a un paso de los últimos glaciares– … que cuando el tren empezó a entrar en la estación de Santa Lucía ni me di cuenta de que habíamos llegado. Y sí, allí seguía todo. Todo en su sitio. Toqué con mis manos las paredes de San Marcos. La columna de la Piazzeta. Todo tan decrépito como siempre, o un poco más, si cabe. Acepté humildemente aquel sosiego, aunque fuera producto de mi propia capacidad de sugestión –lo que no le restaba eficacia: se puede vivir muy bien así, Máximo– y hasta fui capaz de hacer abstracción de “aquello”: un crucero monstruoso de veinte cubiertas que se abría paso, cual moderno Godzilla, por el Canal de la Giudecca… Desayuné y dí un pequeño paseo. Después cogí un vaporetto hasta el Lido para ir a misa de 11 en la Chiesa di Sta. Maria Elisabetta, que es lo que habría hecho mi querida esposa. Ya podía volverme a casa tranquilo… –El Sr. Andrade se saltó varias líneas y concluyó– …Y de pronto dicen los ingenieros que Venecia no se hunde. No todavía. Parece mucho más probable que se hunda antes Shanghai…”.

Perfiles de cebra, pp. 72, 76
El cuadro reproducido, una vedute de Alberto Prosdocimi (mutual-art.com)