La crisis de 2009 paralizó las obras de la enésima promoción inmobiliaria del pueblo. Dos enormes pinos se salvaron de los buldóceres y, con ellos, los micelios de níscalos que fructifican puntualmente a sus pies cada año. Los perros corren por ahí. Yo voy moviendo un poco las acículas con un palo fino. Y aquí están por fin, burbujeando a unos dos o tres metros del tronco. A las máquinas les dio tiempo a empezar los movimientos de tierra. Cantuesos y jaras han recolonizado las orillas de las zonas ya excavadas, y en el fondo, que se encharca todos los inviernos, hay ranas haciendo su puesta en abril, y después todo son renacuajos, y después niños, que vienen de Madrid a pasar el fin de semana y chillan de alegría cuando ven el bullir en el agua, y tratan de pescarlos y llevárselos a casa, a esos renacuajos a medio hacer, en recipientes improvisados que después sus madres les ordenan devolver a la charca…
Ahora es octubre. Así que níscalos, que vienen a ser, en el equinoccio de otoño, como el croar de las ranas o los gritos de los niños madrileños en el de primavera. Los corto con cuidado y los guardo en la chaqueta dada la vuelta, procurando que no se me rompan mucho. Nada es como antes, ya lo sé (¿cuándo era Antes…?), pero hoy comeremos níscalos, con ajo y perejil y una copa de garnacha.
Archivo por meses: octubre 2021
Esplendor en la hiedra
En septiembre y octubre huele a miel en el jardín. ¡No hay que podar las hiedras! No, al menos, hasta marzo. Ahora florecen y cuajan. Y también ahora, cuando tan pocas flores se ven ya por el campo, las abejas terminan de reunir sus reservas para el invierno. Después maduran las bayas; racimos densos, de color negro mate, que alimentan a las tórtolas turcas que empiezan a verse por aquí, rondando los comederos de los perros y los gatos (jugándose la vida, de hecho: más les valía meterse entre la hiedra y no salir). En el vídeo también se ven avispas. Se las distingue bien por la librea amarilla/negra, muy marcada, y porque no tienen ni pelambrera (las abejas sí; unas más y otras menos) ni corbículas de polen en las patas traseras.
Esta es una abeja de la miel, una abeja «común», Apis mellifera, que murió en acto de servicio al pie de la hiedra que cubre el tejadillo de la entrada de la bodega. Hay otras que se le parecen. Las del género Colletes , las del género Andrena... se distinguen principalmente (i.e., ante la duda, hay que mirar ahí) por la venación de las alas y por el tamaño y forma de la lengua. Apis, Colletes, Andrena y alguna más tienen en común las tres celdillas submarginales (sm, en la foto de abajo). Mi abeja es Apis mellifera porque la celdilla marginal (m) llega casi al extremo del ala. Además, porque tiene la lengua larga y fina de las abejas del género. Además, por esas patas planas características que le cuelgan en vuelo, literalmente «cargadas hasta las trancas»… (Link: M.Chinery, guía de insectos + http://www.abejassilvestres.es/resources.html – o directamente: //www.abejassilvestres.es/media/Chuleta_id_abejas.pdf)


