Una garza

De diciembre a febrero, más o menos

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La charca que excavamos al pie de la alberca permanece helada durante semanas, a veces durante meses. La orilla está en silencio; las hierbas, cubiertas de una capa de cristal, crujen al pisarlas,  y los únicos animales que dan señales de vida son los mirlos (incansables), el petirrojo que vive entre las frambuesas, y los milanos volando en círculos, cielo arriba.  Por esta época también se ven con frecuencia bandos de pinzones. Están siempre atareadísimos. Se posan en las terrazas de viñedo, en especial las ya podadas – que son las que antes y más a conciencia calienta el sol-  y levantan el vuelo en un abrir y cerrar de ojos, todos a una.
 El día que hice esta foto acaba de dejar la furgoneta aparcada en lo alto del camino  y bajaba  a pie hacia la finca. Comprobaciones rutinarias: que el manantial no esté atascado, que no nos hayan robado más postes de la linde…. Entonces distinguí la silueta de la garza junto a la charca, encogida de frío, tan aterida que entraban ganas de correr a abrazarla. Inmóvil y paciente, con hielo hasta las cejas,  la garza esperaba a que se moviera algo entre las hierbas. Una culebrilla de agua, supongo, o un ratón, o quizá uno de los sapos, no completamente adormecidos, que sientan sus cuarteles de invierno en los composteros de esa terraza (la de las moras).
En cuanto me sintió llegar –en cuanto me barruntó, diría el pastor- la garza abrió las alas, que parecían pesarle muchísimo, y se marchó lentamente valle abajo, en dirección al pantano de San Juan.

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19 pensamientos en “Una garza

  1. Qué hermosa y solitaria la garza! Parece una vieja dama, pendiente de no perder su dignidad. Afortunada eres que puedes observar en silencio las idas y venidas de tantos y diferentes pájaros. Creo que es muy bueno para el alma.

    • Sí que lo es, Enma. Pero con el sentimiento de felicidad (o serenidad, al menos) surge un sentimiento pararlelo, mucho más pesado: con los años -y éste ya es el séptimo- te sientes responsable de todo, incluso de esa garza. Y como somos conscientes de que esto no es Estocolmo, y un día vemos pasar a los cazadores borrachuzos, jactándose de sus fazañas, y otro a unos jovenzuelos en sus “quads”, destrozando el camino (y de paso, los nidos de serpientes, abejarucos, etc)…pues que así estamos siempre, entre la alegría y la angustia, y no se puede remediar. La idea era que en el blog sólo hubiera alegría, pero no siempre puedo mantenerme a mí misma a raya, y en algunos posts se nota. Anyway: Lansky, sí, la garza levantó el vuelo, claro. Fue a principios de febrero, hace dos años. Sólo se las ve en invierno, después se marchan (…¿a Estocolmo?, ¿a Ennis?). bsss
      P.D. ¡Me encanta la imagen de la “vieja dama”!, no sé si vigilando su dignidad… o el bolso, bien apretadito en el sobaco.

      • Comprendo lo que sientes. A mi me pasaría lo mismo. Piensa que no existe la alegría sin tristeza. Piensa también que eres una super heroína sin super poderes, por eso a veces ganas y otras pierdes. La mejor super heroína de todas.

      • Gracias por los ánimos, Emma, eres realmente muy amable. (Lo de los superpoderes lo estoy trabajando; está ya casi, casi a punto…).bss

  2. La belleza hace siglos que es algo que, siempre milagrosamente, pervive porque los signos de los tiempos (la masa) deja olvidada. Yo procuro vivir en la belleza, buscando esos lugares a salvo de los demás (“el infierno son los otros”: Sartre) y esos momentos (madrugar ayuda) en que tampoco están esos demás. Y lo consigo, pero no puedo regresar a los lugares de mi infancia y juventud que conocí, a esa Doñana de mis primeros años de naturalista o a ese Daimiel que visité con mi abuelo…

  3. Alla en la Fraga del Eume, de un tiempo a esta parte se pueden ver cada vez mas garzas, nutrias, patos, corzos o jabalies, y las primeras en volver a aparecer fueron las garzas.
    No se por que, me gusta el nombre Heron que recibe en ingles.

    • Hola Antonio. Hace años que no voy por allí (por lo menos 5 ó 6). La primavera pasada estuvimos en vilo cuando se anunción el incendio en la fraga …Creo que al final la parte quemada fue “relativamente” pequeña. ¡Lo que cuentas es una buenísima noticia! En especial lo de las nutrias, que no irían si el agua del río no estuviera bien limpia.

      • Hace unos años, mi hermano salió en piragua al río una madrugada de diciembre y, si mal no recuerdo, llegó a tocar una nutria, aunque tengo que preguntarle porque quizá sea un recuerdo distorsionado, ya que no estoy seguro de que una nutria se deje tocar.
        Efectivamente la parte quemada fue menor de lo que cabía temer. Estas Navidades hablé con gente de la zona y me decían que, aparte del incendio en sí, fue lamentable que los servicios de socorro, por guardar las apariencias y ser más papistas que el papa, se ocuparan antes de apagar el fuego en las zonas de bosque que cerca de donde había casas
        Pero el río está más cuidado que nunca, este verano había muchas bandadas de patos y no se asustaban de nuestra presencia. Por la noche vi alguna familia de jabalíes que cruzaban la carretera y subían monte arriba, daba la impresión de que se hubieran acercado hasta el río para tomar unas copas. Y yendo en moto por caminos alejados de la carretera me crucé también con varios corzos.
        El mejor momento allí es en pleno invierno, algunas tardes después de haber llovido, que es cuando más bonito está todo, no se oye pasar un solo coche (pero por favor no se lo cuentes a nadie…)

  4. Me encantan las riberas del Eume, aunque ni he navegado por él ni me creo que se pueda acercar uno y tocar una nutria. Por lo demás, estamos de acuerdo: ¡no hay que contar esto!

    • Yo ni siquiera las he visto, sólo las he intuido, moviéndose bajo el agua. Me imagino que si intentas tocarlas te darán un buen ñasco en la mano.
      Y de acuerdo con lo de madrugar (..a pesar de aquel aforismo tuyo: “a quien madruga,Dios le ignora”).

  5. No hay que contar según qué cosas…
    Lo digo en agradecimiento a Barbie, a su sensatez y buen gusto al ver que no dejó pasar un comentario ‘raro’, marranete, que envié hace ya días respecto a las albercas.
    Gracias: eres un sol.

    • ¡Pero si no he recibido nada! ¿Un comentario guarrón sobre las albercas…?. Dios mío, a quién se lo habrás enviado, ¡a mí no, insisto! (además, no te lo borraría sin consultarlo contigo o darte explicaciones, ¿qué pensabas?, ¡ya estás tardando en mandármelo, y asegúrate de que esta vez me llega!)

  6. Bueno. Te lo mandaría si lo tuviera o supiera encontrarlo. Tampco era para tanto: solo te contaba que de chiquillos, durante las largas vacacines de verano, íbamos los hermanos a bañarnos a la alberca de una finca contigua a la nuestra, de agua turbia y fondo resbaladizo con sapos y culebras (sic), y que por debajo del nivel del agua le metíamos mano descaradamente a la hija del hortelano, que se dejaba hacer encantada y en cueros, (no tendría braguitas ni bañador, claro); hasta que un verano ya algo mayorcitos y ‘hormonados’ salió el padre furioso amenazándonos con una hoz.

    Ahora entiendo que aquello era un abuso: en número y en ‘educación’. Una cosa bastante ‘primitiva’. Por eso creí que lo censurabas con sentido común.

    Nosotros y la niña (‘Puri’) vivíamos muy alejados del pueblo, sin nada con que ‘socializar’, y creo que allí nos desfogábamos ya algo más de la cuenta. Lo cierto es que el padre nos quitó a todos la juerguecita de un tirón y para siempre.

    • Cosas parecidas, con variaciones en los detalles (alberca, hoz, etc.), hemos vivido más o menos todos, que también para eso están los ¿doce, trece..? años. Para explorar. ¿Volviste a saber de Puri?. Quizá ella lo recuerde con nostalgia.

  7. No. Ni idea de ‘la Puri’.
    Aunque apostaría el cuello a que ella (made o abuela hoy) se acordará perfectamente y hasta pudo agradecer que fuéramos nosotros los que le metíamos mano en vez de algún gárrulo más bestia, más ‘animal’ que pudiera pasar por allí. Su mismo hermano, un año mayor, tenía una mirada de susto… Curiosamente nos llamaba la atención que era rubita con los ojos muy claritos , cosa que ocurría a menudo en Andalucía. La criatura era consentidora, ya digo, y sonriente, pero apenas hablaba… lo cual nos daba más morbo.

    LLegando a una edad nos plantamos hermanos y hermanas (9) y decidimos no volver al cortijo, que era un aburrimiento, aunque aprendimos de cosechas, labores, de animales, partos, plantas, etc. etc. . Nuestra madre intercedió y convenció a padre. Era mucho más apropiado pasar ya tan laegas vacaciones en la ciudad.

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