Paisaje de invierno

desde la finca de la herrería reducida

Finca de la Herrería (o Dehesa de las Ferrerías de Fuentelámparas), al suroeste de San Lorenzo. Detrás, el monasterio. Y allá lejos, el monte Abantos. “Fresneda adehesada”,  llaman a la Herrería. Los fresnos se pelaron  durante décadas para usar los ramos del año como forraje para el ganado al mediar el verano, cuando el prado se agostaba.  “Adehesada” por eso, porque la fresneda es una masa  aclarada que podían cruzar las vacas. Hoy sólo se ven turistas, o gente del pueblo con sus niños y sus perros. Pero en las fincas vecinas sigue habiendo explotaciones ganaderas, y las vacas pastan entre  fresnos y robles desmochados. La mayoría de los árboles de la Herrería, como los de la foto, ya no se tocan. Crecen  sin agobios, con su copa más o menos recuperada,  pero si se explora a fondo el lugar todavía pueden encontrarse algunos fresnos aislados que sí, que sí  han sido podados recientemente, conservando la silueta que debió de marcar este paisaje durante cientos de años.  Cuando Felipe II se asomaba a la ventana no vería otra cosa. Fresnos en la parte baja, robles melojos más arriba, frailes trajinando en el huerto,  torrenteras desordenadas… Y vacas con sus terneros.

 

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7 pensamientos en “Paisaje de invierno

  1. el paisaje es el resultado secular de la interacción con el entorno de los hombres y sus ganados en la mayoría de los casos que los urbanitas llaman ‘naaturaleza’

    • El resultado, en este caso, me parece especialmente equilibrado y hermoso. ¿Tú sabes si los prebostes de Patrimonio permiten todavía el paso de las vacas por la Herrería, siquiera estacional, o acotado a determinadas zonas?. ¿Habrá algún tipo de contrato de arrendamiento, qué se yo, para seguir utilizando de algún modo esos recursos…?

    • Hola Merceditas/Emma. A mí me gusta mucho pasarme por El Escorial de vez en cuando (siempre en invierno). En lugar de ir a Madrid por la autovía cruzo por la carretera de Robledo. No me importa esa media hora de más. Al llegar al pueblo me doy un paseo con los perros por la Herrería; en esta época del año -y procurando dejar a un lado el Club de Golf- es más que probable que no te cruces con nadie. Así fue el día que saqué esa foto. Después, ¡si tengo tiempo!, me tomo unos churros tejeringos en la calle Floridablanca…Una o dos veces al año, todo lo más, como si fuera un premio (a saber por qué!). Para volver a nacer un poco, puede ser, con el chocolate caliente entre las manos y una sensación de rutina, de cosa conocida, que me resulta muy placentera.

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