El taparrabos de Adán

Enero 2012

L. Cranach el Viejo, S.XVI, Londres.

Primera pregunta. ¿Con qué se taparon Adán y Eva tras comer el fruto del Árbol de la Ciencia y sentir por vez primera vergüenza de su desnudez?.

Segunda pregunta, atención. ¿Cuál era ese fruto prohibido?.

Tercera pregunta, que en realidad es consecuencia de lo que respondamos a las dos anteriores. ¿El árbol con cuyas hojas se taparon era, por tanto, el mismo árbol cuyo fruto comieron… u otro que crecía por allí cerca?. La pregunta no es tan tonta como parece.

Creo que, de buenas a primeras, todos nosotros responderíamos lo mismo: que se taparon con hojas de parra y que lo que comieron era una manzana; ante la tercera pregunta quizá nos quedaríamos un poco pensativos… Lo lógico es que, como el sentimiento de pudor surgió en el momento mismo de morder el fruto, Adán y Eva se taparan con lo que tenían más a mano, ¿no?. Con lo primero que pillaron. Pero claro, entonces se taparon con hojas de manzano. ¿Y se puede tapar uno –tapar bien tapado– con hojas de manzano?.

Para solucionar este dilema lo suyo es consultar el Génesis, capítulo tres. Y ahí está la sorpresa, que en el Génesis no se dice nada, ni una palabra, sobre cuál era el «fruto prohibido», pero sí se dice explícitamente que se taparon con… ¡hojas de higuera! (estupendas, por su buen tamaño, para tapar lo que se quiera). Así pues, ¿de dónde hemos sacado nosotros eso de la manzana de Eva y eso de que se taparon con hojas de parra?. No de la Biblia, desde luego. Lo hemos sacado de las imágenes, no de los textos. De las imágenes que desde el Renacimiento en adelante nos han ido acostumbrando a una determinada iconografía (y el hecho de que no estuviera sustentada en las Escrituras era lo de menos, porque tampoco las contrariaba en lo sustancial: fuera una manzana fuera un kiwi, lo grave era habérselo comido).

Codex Aemilianus, S. X, El Escorial.

En las historias del arte hay docenas, cientos de representaciones de esta escena. Si se miran con atención se aprecia un corte muy claro entre los Adanes y Evas de la alta Edad Media (capiteles y pórticos de las catedrales, miniaturas de los códices…) y los que se empezaron a representar a partir del siglo XIV, quizá antes. Hasta ese momento lo que tenían entre manos Adan, Eva y la Serpiente era una higuera, o bien un árbol esquemático, una abstracción geométrica que podía ser cualquier árbol frutal de hoja ancha. Y entonces, en los albores del Renacimiento, y muy particularmente en los países del Norte que tenían relaciones comerciales y culturales con el Mediterráneo (Flandes, Alemania), empiezan a multiplicarse las manzanas y las parras… Sucede que a estos pintores lo que de verdad les interesaba era pintar desnudos. Como excusa para hacerlo, la única imaginable, la Biblia les proporcionaba el retrato de Adán y Eva. En cuanto a la forma, estos pintores miraban con admiración –como sus colegas del sur– hacia el pasado grecolatino, tan rico en desnudos integrales. Ahora bien, lo que no podían saber, salvo que cruzaran los Alpes y/o los Pirineos, es cómo era una higuera. En los mosaicos, la cerámica y la escultura antigua veían a Dionisios (y su alegre compañía) con hojas de parra a modo de taparrabos. En el sur de Alemania conocían perfectamente la vid, llevada por los romanos hacía siglos. Además, la propia hoja se parece vagamente –por su tamaño al menos– a la de esa higuera que veían en las representaciones antiguas. Total, que se hicieron un lío.

En cuanto a la fruta, si uno lo piensa bien, ¿qué fruto podía crecer en el norte de Europa en esos siglos, fruto que sea suficientemente apetecible y tentador, tal como lo describe el Génesis?. Si descartamos los pequeños frutos silvestres, los membrillos y nísperos (imposible morderlos)… sólo quedan las manzanas y las peras. Cuanto más al norte, más manzanas y menos peras. El peral aguanta muy bien el frío pero necesita sol para que la fruta madure bien y sea de calidad; además florece antes que el manzano, lo que le hace muy, muy sensible a las heladas de primavera. Así que manzanas. Se puede añadir una segunda explicación: ¿no fueron también una mujer, Helena, y una manzana, la del juicio de Paris, las que provocaron la guerra de Troya?. Mujer guapa, lujuria, manzana, promesa rota, desastre. Cuando en el Génesis no se dice claramente qué fruto era ése del Árbol de la Ciencia, la manzana era una opción plausible porque remitía a un modelo conocido, con parecidas connotaciones morales. Las historias de la antigüedad grecolatina se mezclaban al buen tuntún con las de la Biblia, como pasaba con las representaciones de los Santos, y a nadie le parecía extraño.

Y así, entre manzanos del norte, higueras del sur, y parras aquí y allá, las combinaciones posibles resultaron numerosas y curiosísimas. Un resumen:

Detalles del díptico de Durero en el Prado; del grabado de Durero en Frankfurt, y del cuadro de Baldung Grieg en Budapest.
  • Adan y Eva se tapan con hojas de manzano y el fruto es una manzana. La opción más nórdica. Coherente pero sin relación con el Génesis. Es el cuadro de Durero en el Museo del Prado, por ejemplo.
  • Los dos se tapan con hojas de parra pero el fruto es una manzana. Incoherente y sin relación con el Génesis. Es el cuadro de H. Memling, alguno de los de Cranach, el grabado de Durero, etc.
  • Adán se tapa con una hoja de parra (que casi parece una hiedra) pero Eva con un ramito de manzano. Y comen una manzana. El cuadro de H. Baldung Grieg, en Budapest.
  • Los dos se tapan con hojas de higuera pero comen una manzana. De hecho, hay dos árboles: higuera y manzano, claro está. Es la opción “diplomática” de Tiziano, copiada más tarde por Rubens (las dos en Madrid).

  • No se tapa nadie y lo que comen son higos. Fresco de Miguel Ángel en la Capilla Sextina (y no vale decir que estaban a punto de comerlo: en la escena contigua ya lo han mordido, así que si están en cueros es porque Miguel Ángel así lo quiso).
  • No se tapa nadie y lo que comen son manzanas. Cuadro de J. Gossaert en el Museo Thyssen.
  • Se tapan los dos con hojas de higuera y comen higos. Versión de las representaciones antiguas (capiteles, códices…),  coherente con el Génesis, y que recientemente he visto en un cuadro enorme del Museo de Ginebra, cuyo autor no recuerdo (el celador de la sala, de origen tunecino, me distrajo haciéndome notar dos cosas: que el autor del cuadro se había equivocado pintando una higuera en vez de un manzano, y que Adán y Eva tenían ¡seis dedos en cada pie!).
  • Estas que he citado son las versiones habituales, las que he encontrado haciendo una batida rápida por mi biblioteca. Pero seguro que hay otras muchas, y muy originales. Por ejemplo, la de H. Van der Goes en Viena: Eva se tapa con un lirio, Adán con la mano derecha, y los dos comen manzanas. O la de J. Van Eyck en Gante: los dos se tapan con ramitos de manzana, pero comen…¡ un limón! (*Addenda de 1.noviembre 2025: los únicos cítricos que se conocían en Europa en la antigüedad y alta edad media eran las cidras, denominadas en latín -y así en Virgilio- malus medica, es decir, manzana de Media (norte de Persia), que es más o menos por donde nos dicen que  caía el Paraíso. Por tanto, la malus de la traduccion latina de la Biblia podía ser también un cítrico. Jan Van Eyck era flamenco. En neerlandés «naranja» se dice Sinaasappel, o sea, manzana de China… En estos años -muchos, los que han pasado desde que se subió el post- he visto más limones/cidras en retablos de antiguos flamencos)   Etcétera.

Conclusión. El fruto prohibido era un higo, el Árbol de la Ciencia una higuera, pero los pintores renacentistas del norte no tenían la más remota idea de cómo era este árbol ni su fruta. Los taparrabos estaban hechos con hojas de higuera, como dice el Génesis. En los manuales de iconografía se nos dice que los primeros exegetas de la Biblia siempre hablaron del higo-fruta prohibida, y en las representaciones más antiguas tampoco hay duda. Adán y Eva, nuestros padres, desoyeron las órdenes de Yahvé –no probaréis el fruto del Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal– se comieron el higo, y fueron inmediatamente expulsados del Paraíso. Y nosotros con ellos. La pregunta que queda en el aire, para terminar, es si empezó ahí la mala prensa de la higuera. Una higuera estéril fue maldita por Jesús de Nazaret. De una higuera se colgó Judas, por lo visto… Y sin embargo, la higuera fue durante siglos la fuente principal de azúcar –junto con la miel– de todos los pueblos del Mediterráneo. Inseparable de la vid y del olivo, que conocieron mejor suerte, hoy la higuera hace las veces de pariente pobre. ¿Por qué, si los higos son tan ricos?… (Ahí lo dejamos, para otro día).

9 comentarios en “El taparrabos de Adán

    • Hola. La primera vez que me llamó la atención lo de la manzana fue hace unos años en el museo de Gante, donde exponen El Cordero Místico de Van Eyck. Ahí se veía claramente que lo que llevaba Eva en la mano era un cítrico. El verano pasado encontré este libro en una biblioteca pública: Mémoires de la figue, de Henri Joannet, que me hizo recordar lo del limón de Gante y me puso sobre la pista de los higos. No sé de otra bibliografía, más allá del propio Génesis, y de los libros de arte y catálogos de museos que tengo por casa. El tema de la Expulsión del Paraíso es inabarcable, así que me imagino (estoy segura, de hecho) que las variaciones sobre el fruto prohibido y el taparrabos son todavía mayores que las que aparecen resumidas en mi blog.

  1. Espléndido. Muy bien documentado y analizado. Supongo que a la mayoría de los mortales no se nos ha ocurrido pensar cual fue la fruta prohibida ni con qué tipo de hoja se taparon las partes pudendas… pero si eligieron una hoja de higuera no te quiero decir cómo le debió raspar a ella el higo (perdona, pero lo pones a huevo) y a él lo suyo.

    ‘El sentimiento de pudor ante su propia desnudez’… ay, hay, ay… Pienso que en muchas ocasiones no es la hoja ni la ropa lo que nos impide sentirnos bien desnudos, sino la piel.

  2. Despues de leer este articulo y hacer una busqueda de imagenes concluyo que el fruto prohibido era el utero por su forma y tamaño similar a una pera.
    Entonces el arbol de la vida era un peral.
    Basta con buscar imagenes de replicas del utero

  3. Hombre, las «peras» en castellano popular (muy popular) son más bien otra parte del cuerpo femenino… pero bueno, todo viene a dar a lo mismo. Por no hablar del higo… ¡Quién sabe! Gracias por tu comentario, Jorge (lo que da de sí este post de hace 10 años, ya ni me acuerdo de lo que ponía)

  4. Muy buenas! Veo que llovió desde tu publicación. Pero me la encontré ahora buscando que se dice por ahí del tema y la leí interesado a ver qué conclusiones habías sacado.

    En realidad es todo más simple. La realidad es que no hay nada. Ni árbol como tal ni la higuera para taparse, concretamente.

    Del Génesis se sabe además, que lo que no te especifica (puede que incluso hasta la ausencia del nombre del autor), puede haber sido omitido de forma intencionada. Hay teorías que atribuyen la autoría a Noe o a Moisés. Pero hay motivos más que de sobra para creer que no es así y que es intencionadamente y desde su creación, un texto anónimo. Lo cual teniendo en cuenta el contenido e intencionalidad visible en el mismo, habla muy bien de ese autor desconocido. Porque lo que transmite el Génesis adoptando ese formato de fábula, admitámoslo, no va a ser nunca jamás, porque lo diga él, tú tía o el vecino del 5º derecha.

    Se observado claramente que si bien es cierto que error hasta en cuadros puede provenir tanto de intereses estilísticos como del «error» involuntario de san Jerónimo… San Jerónimo tuvo un problema serio derivado de la omisión previa de los signos de acentuación gráficos del latín escrito. Él escribió ‘malum’, pronunciando ‘mâlum’ al hablar del bien y del mal en referencia al árbol. Y la gente no supo después si leer eso mismo o ‘mālum’ (manzana, también ‘pômum’), durante épocas de Vulgata latina. Lo previo a las lenguas romances.

    También se teorizó sobre si el Edén se encontraba entre el Tigris y el Eufrates y los posteriores ciclos climáticos se lo comieron. Lo cual resulta muy divertido, todas esas conjeturas rocambolescas, pero también es falso.

    El Génesis es una fábula utilizada para explicar una serie de cosas en sentido figurado al no encontrarse otra forma de explicar literalmente cosas tan abstractas o difíciles de visualizar. Luego además contiene al inicio un texto que pretende nada menos que condensar y a modo de fábula también algo que ni el autor sabía que duró en realidad millones de años y conllevaría muchos más e intrincados detalles de los que ofreció. Luego, nos hemos dado cuenta de que en realidad el Génesis ni miente ni oculta información ni deliberadamente ni sin darse cuenta exactamente.

    En cuanto al árbol del fruto, el libro no lo especifica adrede, precisamente por evitar lo que luego aún así ha pasado. No es un árbol. No busques un árbol o un fruto literal. Se describe un árbol y su fruto pero la intencionalidad en el texto nunca fue esa. El Génesis no es un libro de botánica. Comer del fruto prohibido significa, hacer lo que no se debe por ser dañino y/o problemático, por mucho que hacerlo resulte atractivo o tentativo. Por eso es «árbol del conocimiento del bien y del mal». Hacer eso lo que sea, te hace descubrir por qué lo que parecía maravilloso, te ha mostrado su cara real con consecuencias horribles.

    En cuanto a las hojas de higuera, lo mismo. El ser humano descubre aquello que le avergüenza tarde. Sus errores reconocidos y su deseo de ocultarlos por vergüenza. Porque no es perfecto como pretendía dar a entender. El autor escogió un árbol que todo el mundo sabe que tiene las hojas anchas.

    Todo esto dio lugar a obras de arte maravillosas y muy bonitas como las alegorías de Dios con forma de humano hebreo supergigante. Todo eso está muy bonito. Son obras de un valor artístico increíble y muy bellas, al menos desde el punto de vista cultural del ser humano. No lo vamos a negar. Pero el Génesis no es más que la construcción de una fábula sobre lo que está bien o mal en la vida, que de otra forma sería imposible de explicar y escrita además, por un ser humano observador cualquiera, que no tiene porqué ser nadie y así te ahorras tus malditos prejuicios humanos. Esto no es porque lo diga él, tú tía o tu vecino del quinto, como sí sucede con otras cosas. Sin ir más lejos un claro caso del porque lo digo yo, son todas las ideologías políticas creadas por el ser humano. Con el Génesis la cuestión no es quien. Tampoco importa para nada, si había un jardín del Edén, si existieron Adán y Eva o si había manzanos, higueras o parras. Si no se entiende lo que quiere decir con todo eso y nos centramos sólo en los recursos que utiliza el autor o hasta intentamos descubrir quién fue, perdemos el tiempo y no hemos entendido nada.

    Saludos!

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