Prados (1)

Después de la lluvia y el frío, el tercer factor que decide quién -qué flor- ha de adelantarse o rezagarse, asomar ya o esperar turno, cuándo sí y cuándo no, es el rebaño de Wasa. Según por donde lo lleve -que no “lo lleva”, en rigor, sino que “lo deja quedar por ahí” mientras él se va a sus otros business en el pueblo, para desesperación de Miguel Manduca, cabrero de la antigua escuela- así la colcha de flores será de una u otra altura, de uno u otro color. Pero Wasa lleva ya tres meses sin venir al prado. Pregunto y me dicen que ha trasladado el rebaño a otra zona del pueblo, por donde el Punto Limpio. Por eso el prado, este prado de detrás de casa, estercolado a fondo durante el otoño pasado, crece más que otras veces. Ni lo ramonean ni lo pisan. De momento (y hasta cuándo, no lo sé) ha dejado de ser “prado de diente”.

No hablo de las gramíneas – las cebadillas, la grama…- tan evidentes que pasarían desapercibidas, pero imprescindibles en la trama del prado, y tenaces y hasta machaconas, como la línea del bajo continuo. Acompañando esa línea hay un fondo dominante de flores que varía de año en año y de trecho en trecho. Aquí arriba, esta primavera, es de llantenes. Abajo será de gallocrestas (1), ya empezando a abrirse. Vendrían a ser como los acordes de la línea del bajo: con la grama y las cebadillas envuelven la floración de las especies que se enseñorean del prado, menos abundantes pero más aparentes, y repetidas con una lógica oculta (una física y una química) de la que es principal sospechoso, insisto, el rebaño de Wasa. Coquetas como las collejas y otras parientes silvestres del clavel, por ejemplo, cuyo nombre tendría que buscar en un manual (2), o fachendosas como una viperina (una malva, una borraja, una cañaheja abierta o a punto), estas son las flores que llevan la voz cantante. En algunas hondonadas, sin embargo, y de forma más clara en las cunetas -por breves que sean- el esquema del bajo continuo +solistas se sustituye por un cuarteto de arvejones, margaritas, últimos jaramagos y primeras amapolas en la parte alta, todo él sostenido, a ambos lados, por esa especie de espuma que son las hojas de las férulas, de los hinojos.

NOTAS
(1) Bartsia trixago, en sus dos formas: amarilla o blanca y rosa. ( Flora de Madrid, Javier Grijalbo, 2019)
(2) Silene scabrifolia. Ibidem

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