Blanco cerezo vs. blanco peral

Las flores de los cerezos, como una funda blanca, están tan estrechamente pegadas a las ramas que, vistas desde lejos, entre los árboles que aún no tienen ni flores ni hojas, en un día soleado pero todavía frío, se podría creer que lo que se ve es nieve, fundida alrededor pero conservada ahí, detrás de los arbustos. Los grandes perales, sin embargo, envolvían cada vivienda, cada modesto patio, de una blancura más vasta, más homogénea, más resplandeciente, como si todas las casas y todos los jardines del pueblo estuviesen a punto de hacer a la vez su primera comunión…”

El lado de Guermantes, M. Proust. Gallimard 1967, p. 155.

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