Cosas que he aprendido sobre los tomates en estos dos últimos años (1ª parte)

1. Que necesitan una buena cantidad de materia orgánica, y por eso se cultivan bien según el sistema de lasañas (véase entrada “Lasañas”, en “La tierra”).

 2. Que si se cultivan según el sistema de lasañas hay que colocar los tutores muy firmes. Pero muy muy firmes, y recalzar sin descanso el pie de las plantas durante todo el verano, pues las raíces, que son vigorosas, se mantendrán bastante arriba, donde el cúmulo de materia orgánica. Y al crecer y cargarse de tomates, la planta se desestabilizará.

3. Aumenta la desestabilización de la tomatera (a veces, el completo desarraigo) el hecho de que, al haber tanta paja y restos de siega en superficie, y además un nivel de humedad mayor que en el resto de la finca, también habrá muchas posibilidades de que pequeños y no tan pequeños roedores, mirlos, incluso sapos, vengan a escarbar al pie de cada planta.4. Que el sistema de lasañas no es incompatible con una buena cava antes de empezar a acumular las capas de materia orgánica. Algo así como un término medio entre el “método del bancal profundo” de J. Seymour y las lasañas estándar. Naturalmente, los partidarios de la lasaña preconizan su método allí donde la tierra es mala o donde no hay demasiadas ganas de cavar. Funciona. Y si ponemos buenos tutores, la verdad es que el problema no es grave. Menos aún, supongo, si la mala tierra de partida es algo arenosa. Ahora bien, en una tierra mala y dura, el trabajo que no hemos pasado cavando lo pasaremos después afianzando sin descanso los tutores y añadiendo nuevos soportes allí donde las tomateras empiezan a desmadrarse. Los partidarios a ultranza del sistema de lasañas me dirán:que la altura final de la lasaña no era suficiente, que hay que subir másque a lo mejor no riego lo suficiente, y por eso la “mala tierra dura” no se abre debajo de la lasaña, o no lo suficiente para que entren las raíces y se agarren a ella.

Yo insisto en que, con plantas muy vigorosas, es más seguro cavar un poco (no digo los 60 cm de J. Seymour, aquí no tiene sentido, pero al menos  20 ó 30) antes de colocar la lasaña. Las raíces bajarán, la planta estará mejor anclada. Y el agua en exceso se filtrará mejor. ¿Que con el tiempo el aporte de la enmienda orgánica mejorará la estructura del suelo y éste estará suficientemente mullido también en profundidad?. Ya lo sé. Y por eso creo que en los años venideros la cosa irá mejor. Pero en este primero no. Es una cuestión de tiempo. En los cuatro-cinco meses que tengo las tomateras ya crecidas y produciendo, una tierra muy mala, arcillosa, en la que he puesto por primera vez una lasaña, no va a dejar que  las raíces vigorosas de una tomatera la penetren. (Observación: la lasaña de tomates del año pasado no cuenta, porque vamos rotando; este año a los tomates les toca una lasaña nueva del trinque). ¿Que tengo que preparar la lasaña varios meses antes de trasplantar las tomateras, para que, en efecto, la tierra haya tenido tiempo de mejorar su estructura, incorporando la materia orgánica aportada, y ya francamente descompuesta?. Así sí, claro. Siempre y cuando uno tenga el tiempo y el espacio de su parte para poder planificar (y ejecutar!) con antelación suficiente a la llegada de los plantones…

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